El sonido que el golpe del metal produjo contra la enorme compuerta resonó como un estampido en la cámara de descompresión. Ralph se apartó de la misma para no volver a aplastar a Green.

—Lo siento —dijo el gigante avergonzado. —No me acostumbro a llevarte en la espalda aun.

«No te preocupes, no ha sucedido nada» Lo tranquilizó la IA.

Ralph suspiró y se colocó el casco con cuidado, ajustando todas las conexiones y asegurándose que su visión no estaba obstaculizada por nada suelto.

—¿Puedes escucharme? —preguntó.

«Perfectamente» Esta vez la pantalla con las palabras de Green apareció dentro del propio casco de Ralph, apenas a un metro de su rostro.

—Será mejor que bajes un poco el brillo del texto o me dejarás ciego allá afuera. —comentó el gigante. De inmediato el brillo y contraste de la pantalla se adaptaron a las condiciones de luz de la cámara. «¿Asi?»

—Perfecto. —respondió el obrero.

«La operación comenzará en quince segundos» Anunció Green mientras una cuenta regresiva aparecia frente a los ojos de Ralph, quien sin perder un momento tomó el rifle y tras asegurarse que estaba listo para disparar lo colocó bajo su brazo.

«Diez segundos»

Ralph golpeó el interruptor de apertura y la enorme cámara comenzó a aspirar el aire mientras la presión comenzaba a igualarse al vacío del espacio allá fuera.

Simultáneamente Green activó los propulsores y una poderosa vibración recorrió el cuerpo del gigante.

«La operación ha comenzado» Informó en pantalla.

La enorme compuerta de acero se abrió y Ralph se impulsó hacia fuera con la sola fuerza de sus brazos. De inmediato desplegó el rifle mientras utilizaba la otra mao para sujetarse de las barras que se encontraban alrededor de la esclusa y servían para moverse por el exterior.

No vieron a nadie por suerte, las luces del exterior de la popa estaban apagadas y nada se movía en los alrededores. Ralph escudriñó su alrededor con el rifle preparado pero volvió a bajarlo algo mas tranquilo. —Despejado. —dijo.

«El Grupo de Quinn ha iniciado el ataque. Debemos permanecer a la espera hasta que Tass nos de la señal»

Estaban por debajo de la superestructura de donde partía el enorme disipador mas conocido como "La Cola" de la Rainbow. Si bien estaban relativamente ocultos a las miradas de las patrullas que se veían a lo lejos como pequeños puntos de luz en medio de la negrura del espacio, la sensación de estar siendo observados no dejaba de atormentar al gigante.

—Lejos… y sin embargo no demasiado. —dijo Ralph señalando los puntos de luz.

«El Grupo de Dan ha iniciado la operación de rescate en la cubierta médica» Informó Green mostrando un pequeño contador digital. «Si Tass no se pone en contacto con nosotros en treinta minutos, asumiremos que la distracción ha fracasado»

Permanecieron en silencio varios minutos a la espera de la comunicación. Ralph se arrastró fuera de la bahía donde se encontraba la compuerta de acceso. Los agarres magnéticos de su traje blindado lo mantenían bien firme contra el casco de la Rainbow, pero a cambio debía avanzar despacio, esperando que sus manos y pies se fijaran o soltaran independientemente cada vez que se movía.

El gigante era apenas una sombra más oscura en medio de las sombrias moles de metal que como protuberancias en un monstruoso hongo, brotaban por todo el casco de la Rainbow. Aquello les deba una excelente cobertura, pero tampoco los dejaba ver nada de lo que sucedía a su alrededor.

Tras avanzar así durante varios minutos, Ralph se detuvo en cuanto una nueva ventana de texto se abrió junto con la que Green usaba para comunicarse con el y un gráfico del tipo de ondas acústica se desplegó a lo largo de la pantalla. De inmediato una voz se escuchó muy distorsionada, pero Ralph no tuvo problemas en distinguir de quien se trataba.

—¿Puedes oírme, Green? —preguntó la voz de Quinn.

«Si, Todos los sistemas están listos y en espera»

—Perfecto. Estoy lista. —Contestó la Meltran

—Buena suerte, Quinn. —dijo Ralph, pero la ventana de texto de Green se superpuso nuevamente. «Quinn no puede oirte Ralph, no debemos transmitir más datos que los estrictamente necesarios»

—Tienes razón. —reconoció el gigante. —¿Crees… crees que funcione?

Como única respuesta el cartel se ensanchó y la palabra «CUBRETE» apareció escrita en grandes caracteres. Ralph se arrojó sobre su estomago y se pegó al casco de metal lo mas quieto que pudo.

Pasaron varios segundos y finalmente las luces de una patrulla emergieron por entre las torres y estructuras de metal que sobresalian aquí y allá por todo el casco de la gigantesca nave.

Usando sus ojos, Ralph utilizó la interfaz de su casco de vuelo para desplegar una pequeña ventana de video montada en la parte posterior del mismo que le permitía ver lo que estaba pasando a sus espaldas. La cámara aumentó la poca luz disponible y pudo ver a los Piratas acercarse.

Eran tres armaduras de combate y Ralph distinguió perfectamente las siluetas de los Nousjadeul-Ger volando en formación cerrada. Uno de ellos portaba un enorme reflector fijado al arma principal con el que continuamente barria el casco de la Rainbow.

—Mierda. —dijo Ralph apretando el rifle que había quedado casi aplastado bajo su cuerpo. Aquella arma no haría ni cosquillas en la pintura de aquellas armaduras de combate si llegaban a descubrirlo. ¿Pero qué otra opción tenía? El gigante contuvo la respiración y esperó.

Los Piratas se encontraban a un par de centenares de metros del rincón donde Ralph yacia oculto cuando el canal de radio general se llenó de gritos y maldiciones en varios idiomas diferentes. Las tres armaduras se detuvieron en el sitio y la que abria la formación apagó el reflector mientras desplegaba sus armas.

«Ha comenzado» Informó Green desde su pantalla. «Harmony a salido fuera de la Rainbow»

—Espero que Quinn sepa lo que está haciendo. —murmuró Ralph dándose la vuelta. Las luces de la patrulla se perdieron rápidamente en medio de los fogonazos de los reactores cuando aceleraron rápidamente en dirección a la Proa.

Los gritos que se escuchaban en la frecuencia general informaban sobre la presencia de un intruso que había salido del interior de la nave y estaba actualmente siendo perseguido por todas las tropas de la zona. Desde el lugar en el que estaban no podian ver nada asi que continuaron avanzando lentamente en dirección a la proa, vigilando continuamente sus espaldas por si otra patrulla aparecia tras ellos.

Cuando emergieron por entre las enormes columnas de metal y tuvieron a la vista la enorme mole del reactor que sobresalía del mismo centro de la Rainbow, Ralph no pudo evitar un grito de asombro.

—¿Pero que mierda es eso?

El exterior del reactor estaba iluminado por poderosos reflectores y vió una docena o más de armaduras trabajando a su alrededor… o al menos parecían haber estado haciéndolo hacia poco tiempo, ya que la actividad se habia interrumpido por completo al empezar el caos en la radio.

—¿Estas viendo lo mismo que yo? —preguntó Ralph.

Las enormes formas de las gigantescas Nupetiet-Vergnitzs eran perfectamente reconocibles para el ojo experto de Ralph, no así la disposición con la que parecian estar ancladas sobre la Rainbow. —¿Que diablos estan haciendo con esas naves allí arriba? Esto no me gusta nada Green, tenemos que informar a Amanda de inmediato.

Pero Green no le respondió. La ventana de texto que había quedado momentáneamente oculta tras la cámara trasera montada en el casco estaba llena de código y texto completamente indescifrable para el obrero.

—Supongo que tu tienes las manos llenas con eso. —dijo suspirando mientras el código y los caracteres cruzaban fugazmente la pantalla como si las aguas de un torrentoso arroyo se tratase.. —De acuerdo… intentaré llegar yo solo hasta la entrada del depósito.

Dejó la cámara trasera encendida y comenzó a arrastrarse lentamente en dirección a la proa.

Estaba preocupado por lo que veía. El visor de su casco aumentaba la escasa iluminación y mostraba los objetos cuya temperatura excedia la del exterior con más nitidez que el resto. El enorme cable que conectaba el reactor con aquellas enormes naves brillaba de un color anaranjado, casi blanco en algunas partes. Ante el ojo experto de Ralph eso se traducía en una temperatura de varios cientos de grados Celsius.

—Esa cosa puede derretirse de un momento a otro. —pensó mientras vigilaba lo que sucedia a sus espaldas. —Y no me gustaria estar cerca cuando suceda.

El reactor tenía varias capas de seguridad que evitarian un fallo catastrófico (y generalmente explosivo) pero la tecnología Zentradi no era tan fiable cuando se la manipulaba fuera de sus especificaciones originales. Si esas cosas estallan, lo harían a lo grande.

Otra cosa comenzó a preocupar al ya de por sí nervioso gigante. Notaba que el reactor del Ghost adherido a su espalda estaba funcionando al máximo de su capacidad. Incluso con las capas aislantes y protectoras de su enorme traje, sentia el calor que emanaba de aquellas computadoras cuánticas que funcionaban a toda capacidad. Todo ese calor generado estaba siendo irradiado hacia la espalda de su traje.

Era evidente que Green se estaba esforzando al máximo en ayudar al loco plan de Tass y Quinn. Ojala pudiera ayudarlas el tambien.

Con el rabillo del ojo vió las explosiones y supo que la batalla había comenzado.

Los brillantes trazos de luz que las armas dejaban en el espacio formaban líneas caprichosas, que partían de un montón de direcciones diferentes, pero casi siempre se cruzaban en un punto. Ralph sabia que aquel punto era donde Harmony había estado hacía unos pocos segundos.

Las explosiones se sucedieron sin cesar y pronto comenzaron a alejarse en dirección al Campo. Al cabo de unos minutos la batalla quedó oculta tras la mole de la Colonia y Ralph ya no pudo ver mas.

Era el momento de apurarse. No sabia cuantos Piratas habían ido tras Harmony, pero en todo caso no volvería tendría una oportunidad como aquella, tenia que ser ahora o nunca.

Desactivó los agarres magnéticos del traje y se impulsó a toda velocidad hacia delante, confiando en que la oscuridad y el ajetreo que Quinn estaba causando alcanzarian para desviar las miradas hostiles.

No estaba a más de ochocientos o novecientos metros de la esclusa más cercana al Depósito principal de la Rainbow, pero esa distancia era engañosa sin puntos de referencia en aquella total oscuridad. La primera etapa la hizo casi de un solo envión, pero tuvo que detenerse en cuanto comenzó a alejarse del casco y su trayectoria amenazaba con lanzarlo lejos de la Rainbow. No queria molestar a Green para que corrigiera su trayectoria y sabia que activar los propulsores del Ghost en aquel lugar atraerian de inmediato una atención indeseada.

Tras sujetarse de una de las cientos de antenas que sobresalian del casco, se balanceó un momento y volvió a pegarse al metal de la Rainbow como uno de esos moluscos en los barcos antiguos que salian en las películas. Tras comprobar que nadie se había fijado en él, continuó avanzando con los ojos siempre atentos a las pantallas de monitoreo.

La actividad en la radio se habia reducido considerablemente, apenas llegaban algunas voces muy distorsionadas y cargadas de estática, pero a pesar de eso las maldiciones y los gritos se distinguían claramente del ruido de fondo.

Se detuvo de inmediato en cuanto sintió una vibración en su espalda, pero se tranquilizó al ver que solo era una antena que Green había desplegado desde la parte superior de su fuselaje. Ralph supuso que Harmony ya estaría lo suficientemente lejos como para que la señal de Green necesitara ayuda extra para poder alcanzar su objetivo.

Tras superar una serie de barreras hechas con los esqueletos a medio construir de varios módulos exteriores, Ralph pudo ver las luces de la compuerta que buscaba. Afortunadamente no vió guardias apostados en la entrada, todo parecía despejado.

—Un último esfuerzo. —exclamó mientras fijaba sus pies al casco y se ponía de cuclillas para tener un mayor impulso.

Respiró hondo y apagó los agarres magneticos de sus pies, entonces se impulsó hacia delante con todas sus fuerzas.

Tardó casi cinco minutos en atravesar aquella distancia, durante los cuales estuvo completamente indefenso a cualquiera que se hubiese cruzado en su camino. Increiblemente la fortuna parecía haberle sonreído y ningun pirata apareció por los alrededores.

Ralph asumió la posición de impacto y flexionó las piernas para detenerse justo sobre la enorme compuerta de acceso, lamentablemente no calculó la masa extra del Ghost adherido a su espalda y en el momento en que sus piernas chocaron contra el metal el golpe fue demasiado fuerte, incluso para los enormes huesos del gigante.

—¡Mierda! —exclamó Ralph sintiendo el latigazo de dolor. —Espero no haberme roto nada.

Le dolia el tobillo, pero al menos pudo mover el pie sin problemas, lo que significaba que no era nada grave. Estando en gravedad cero aquello no lo molestaría demasiado, pero en cuanto entrara al Depósito Principal y todo el peso de su cuerpo (y del Ghost) se apoyaran sobre su pie, seguro tendria problemas.

Tras flexionar un rato el dolorido miembro, activó el control de apertura y esperó a que la enorme compuerta se abriera lentamente. En ese momento Green volvió a desplegar su pantalla al frente del rostro de Ralph.

«He perdido el contacto con Quinn» Dijo.

—¿Están bien? —preguntó preocupado el gigante. —¿Ellos….?

«Si, estan a salvo» respondió la IA. «Aunque ahora el control ha pasado a Matt y a Cinthya, espero que puedan llegar a su destino sin mas inconvenientes»

—Matt no sabe pilotear una de esas cosas. —dijo Ralph sacudiendo la cabeza. —Espero que no tengan problemas en encontrar un sitio seguro donde esconderse… ¡Mierda! —exclamó. —Matt y Cinthya solos en la parte más profunda del Campo… te juro que todavia no puedo creerlo.

La pantalla pareció temblar y una linea de interferencia cruzó por un segundo donde el texto verde se proyectaba sobre el fondo negro. Aquello captó la inmediatamente la atención del gigante.

—¿Te encuentras bien, Green? —preguntó.

«Debemos darnos prisa» escribió Green ignorando la pregunta de Ralph. «La persecusión ha finalizado y pronto doblaran las patrullas en el exterior de la Rainbow»

El gigante asintió y con un empujón cruzó la compuerta mientras todavía estaba en funcionamiento. Una vez que estuvo dentro de la esclusa activó el dispositivo de cierre y la pesada barrera de acero a sus espaldas comenzó a cerrarse lentamente, al cabo de unos minutos el aire comenzó a llenar la angosta recámara.

Lo que temía se volvió una realidad en cuanto la gravedad artificial volvió a sentirse sobre su pesado cuerpo. A pesar de haberse colocado firmemente en el piso, el peso extra de Green pronto hizo volver el dolor en su tobillo.

«¿Que sucede, Ralph?» Preguntó la IA en cuanto vió la expresión de dolor en el rostro del gigante.

—Es solo un tobillo dolorido, no te preocupes Green. —respondió él sin darle demasiada importancia al asunto. —El dolor se me pasará en cuanto entre en calor caminando.

En cuanto la presión estuvo igualada con el interior de la Colonia la puerta se abrió y un oscuro pasillo se rebeló ante ambos. Ralph preparó el rifle y comenzó a avanzar despacio revisando cada rincón con el arma lista.

«Deberias dejarme aquí y continuar solo» Escribió Green. «El peso extra del Ghost te está haciendo más lento»

—Ni hablar. —respondió el gigante. —No pienso dejarte sola en medio de estos pasillos, además somos Nakamas, no sería apropiado.

«¿Nakamas?»

—Compañeros, colegas… casi familia. —respondió Ralph asomando la cabeza en una esquina para echar una rápida mirada. —Cuando todo esto termine… ojalá puedas trabajar conmigo junto al resto de los Recolectores. —dijo el gigante. —Estoy seguro que a los muchachos les encantara tenerte a su lado.

La pantalla pestaño rápidamente y una sola palabra apareció en la misma.

«Gracias» Escribió Green.

Llegaron a una de las cubiertas que rodeaba el gigantesco deposito central y Ralph entró por una de las escotillas. La enorme compuerta se cerró con un estampido tras ellos, cosa que puso aun mas nervioso al gigante.

—¿Crees que puedan vernos por el sistema de vigilancia? —preguntó.

«Aun estamos interfiriendo sus sistemas, pero hemos perdido casi la mitad de los transmisores… no creo que podamos interrumpir sus comunicaciones por mas tiempo»

—Mierda. —exclamó el gigante.

Entraron al Almacén Principal y se dirigieron rápidamente entre las grandes plataformas donde toda clase de maquinarias y materiales de construcción se encontraban apilados como si se tratara de una versión gigante de un supermercado Zentradi. Sabían exactamente dónde dirigirse por lo que no perdieron el tiempo buscando el camino.

Cuando estaban por llegar al sector indicado por Amanda, una serie de luces en movimiento más adelante hizo que ambos se escondieran tras unas enormes vigas de metal apiladas prolijamente a un lado del pasillo.

—Centinelas. —dijo Ralph frunciendo el ceño.

Las luces provenían de lo que parecían ser grandes reflectores y se movian de un lado a otro, pero desde ese lugar no podían ver quienes las portaban. Lo que si era seguro era que no se trataba de humanos; eran definitivamente dos gigantes quienes estaban de guardia en aquel lugar.

«¿Que hacemos?» Preguntó Green.

El gigante se puso en cuclillas y dejó que todo el peso descansara sobre su tobillo sano. —No hay otro camino, tenemos que ir por ahi de una forma u otra… ojalá pudieramos echar un vistazo…¡ya lo tengo! —exclamó excitado. —¡Iremos por arriba?

«¿Por arriba?»

Ralph señaló hacia las enormes vigas y cañerías que seguían la dirección del pasillo. —¿Puedes subirme hasta allí arriba? Pero no aquí.. retrocedamos un poco para que no puedan escucharnos.

«Claro»

Volvieron tras sus pasos y tras llegar al depósito vacio que habian pasado hacia tan solo unos minutos exploraron las tuberías del techo en busca de la adecuada.

—Aquella. —dijo Ralph señalando una larga pasarela de metal que se perdía entre las sombras. —Creo que es el carril guia de una grúa que comunica los diferentes depósitos. Llévame hasta allí.—dijo mientras se colgaba el rifle a un costado

«Prepárate»

Ralph se relajó y dejó que Green tomara el control. Sintió como el reactor del Ghost se aceleraba y una vibración recorría su espalda. Las turbinas de la la máquina furtiva eran silenciosas, pero aun asi encender unos propulsores de ese tamaño en un almacen cerrado produjo bastante ruido. Ralph rogó para sus adentros que el alboroto no llegara hasta los oídos de los Piratas que estaban en el depósito continuo.

Lentamente ambos comenzaron a elevarse. De forma increible Green no dudó un momento y con una sola maniobra se dirigió rápidamente hasta la pasarela que Ralph había señalado. En solo unos pocos segundos Ralph apoyó su pie sano en la estructura metálica mientras el Ghost apagaba sus propulsores y dejaba que el gigante se agarrase fuertemente de las barras de metal que mantenian toda la guia fija al techo.

—Buen trabajo Green. —dijo Ralph levantando el pulgar

«:)»

Lentamente comenzaron a arrastrarse por la estructura en dirección al depósito donde se encontraba aquella peligrosa bomba. Tras pasar por el pasillo donde minutos antes se ocultasen, pudieron ver desde las alturas a los dos centinelas que guardaban aquel depósito.

—¡Mierda!. —exclamó Ralph, seguro que su voz no saldria de dentro de su casco.

Allá abajo, a casi cincuenta metros de ellos dos Nousjadeul-Ger se encontraban guardando la entrada al depósito. Al parecer los Piratas habían tenido suficiente con los tres que Ralph y Green habian matado en las Barracas y no habian querido correr más riesgos. Aquellas formidables armaduras de combate estaban armadas con rifles de plasma, lo que las hacía especialmente peligrosas.

—Esas cosas nos destrozarán si nos ven. —dijo Ralph sacudiendo la cabeza. —Creo… creo que nuestra única opción es usar tus misiles, Green.

«¿Tu cres?»

—Es la única arma capaz de detener a esas cosas… mi rifle no sirve para nada contra un armadura como esa. —respondió el gigante suspirando.

«Puedo cambiar el tiempo de activación de la espoleta con un retardo de cinco segundos… es el mínimo que admiten esta clase de misiles en modo guiado.»

Ralph hizo un calculo mental rápido y volvió a suspirar. —Eso significa que tienes que alejarte bastante antes de disparar, o los misiles no explotaran inmediatamente al dar en el blanco… incluso puede que reboten y salgan disparados en otra dirección.

El Almacén era enorme, pero estaba lleno de estanterías gigantes y enormes grúas con material que colgaba de gruesas cadenas repartidas por todo el techo. Volar entre todos esos obstáculos era una verdadera pesadilla.

—Tal vez pueda distraerlos desde un extremo del Depósito y cuando vayan alli, tu los atacas desde aqui con tus misiles. Si sincronizamos bien la acción es posible que…. ¡Rayos!

De pronto toda la estructura se movió y colapsó bajo ellos en medio del chirrido del metal al doblarse.

—¡Green! —gritó Ralph mientras giraba sobre si mismo para que el Ghost quedara apuntando hacia el techo.

Las turbinas se encendieron de inmediato y ambos salieron disparados por entre las vigas de metal que caían todo a su alrededor.

Entonces las armaduras que estaban bajo ellos los vieron y comenzaron a disparar.

Ralph vió las ráfagas de plasma que venían en su dirección y cerró los ojos.

Sintió un impacto y una violenta sacudida, pero no fué causado por las ráfagas enemigas, sino por las monstruosas fuerzas G que Green produjo en el cuerpo de Ralph al realizar un viraje violento para esquivarlas.

—¡Ahhhh! —gritó el gigante mientras sentia que toda la sangre abandonaba su cabeza, pero pronto las fuerzas se invirtieron y se vió arrojado en la dirección contraria mientras todo a su alrededor estallaba en mil pedazos.

Green estaba volando entre los obstáculos del techo a una velocidad vertiginosa. Eran tan rápidos y tan cerrados sus giros que las armaduras enemigas no podían siquiera mantener las mira de sus armas en aquel relámpago de color amarillo que aparecia aquí y allá entre las gruas y maquinarias que pendían del techo.

Aun así disparaban sin cesar, haciendo que una lluvia de chatarra y chispas callese por todo el hangar.

—¿Donde mierda aprendiste a volar asi? —gritó Ralph en medio del atronador alboroto de las explosiones y disparos, pero pronto adivinó la respuesta; habia visto una vez volar a alguien asi.

—Estas… ¿¡Estas copiando el vuelo de Quinn!? exclamó.

Green no contestó, toda su capacidad de proceso estaba siendo utilizada para interpretar los datos que había recibido durante la conección que Quinn y el Modo Esclavo de Harmony. Aquellos datos contenían no solo los patrones de movimiento de la Meltran y su forma de luchar y esquivar el fuego enemigo, también el mismo comportamiento de los adversarios que la guerrera había derrotado durante la breve batalla fuera de la Rainbow habia sido transcrito en los registros de Green.

Ahora todos esos datos estaban siendo interpretados en tiempo real y alimentados a las superficies de control y turbinas del Ghost mientras giraba en forma frenética por todo el techo del depósito, siempre bajo el mortal fuego de los dos Nousjadeul-Ger, cuyos disparos pasaban a escasos centímetros de Ralph y su compañera.

—Esto es una locura! —exclamó el gigante… —No puedes esquivar los disparos por toda la eternidad… tenemos que hacer algo…

Escapar estaba fuera de toda discusión, así que lo unico que podian hacer era atacar. Ralph tenía que soltarse de Green y dejar que la IA usara sus misiles contra esas dos armaduras o no tendrían ninguna chance.

—Green… escuchame, tienes que confiar en mi. ¿Me has entendido? ¡Responde!

«Si» Apareció brevemente en la pantalla, pero pronto fue cubierta por una cascada de código y caracteres sin sentido.

—Tienes… tienes que acercarte a uno de ellos y soltarme justo cuando estemos sobre el, es la única forma de derrotarlos.

«Pero...»

—¡Dije que confies en mi! —gritó Ralph enfadado. —Yo trabajo con esas cosas, se sus puntos débiles… debes dejarme sobre uno de ellos y alejarte lo mas posible, luego ataca con tus misiles según creas necesario ¿Entendido?

«Ralph… las probabilidades...»

—¡Es una orden! —gritó el gigante —¿Eres una Recolectora o no? ¡Obedece a tu jefe!

Green no contestó, de pronto hizo un giro en tonel y se lanzó en picada hacia la armadura que tenia mas cerca.

El cambio de trayectoria fue tan repentino que el Nousjadeul-Ger no pudo siquiera reaccionar en cuanto el bólido se arrojó de forma suicida sobre el. Levantó el rifle y disparó hacia el fogonazo de luz que el reactor a toda potencia de Green creó fugazmente en la oscuridad del hangar. En cuanto el resplandor se apagó, Green ya no estaba allí.

—Sorpresa hijo de puta.

Ralph aterrizó sobre el visor de la armadura y activó las potentes luces de su traje, las mismas luces que usaba para examinar los restos de los naufragios de las enormes naves Zentradi en lo profundo del campo. El resplandor repentino cegó por completo al pirata, quien lo único que pudo hacer fue retroceder y extender uno de sus puños para quitarse a aquel maldito de la cara.

Ralph conocía muy bien el alcance de aquellos brazos y rápidamente se escurrió por la espalda de la armadura mientras extraía los dos diodos de los compartimentos especiales en el cinturón de su traje.

—Espero que te gusten los Saunas. —dijo colocando ambos electrodos en la cubierta del reactor.

El dispositivo se encendió y una poderosa corriente comenzó a fluir por los cables mientras el Zentradi trataba en vano de capturar al escurridizo enemigo que estaba colgado de su espalda.

Su compañero se recuperó del asombro de semejante ataque y tomó su arma de corto alcance; una especie de pistola corta que pronto apuntó contra Ralph. incluso a esa distancia no quiso arriesgarse a impactar a su compañero, por lo que apuntó cuidadosamente al desprevenido Colono.

Las alarmas de su armadura sonaron de inmediato al detectar el misil que Green soltó a solo un centenar de metros. La distancia era tan corta que el pirata solo tuvo tiempo de levantar el brazo del arma para protegerse.

La explosión destrozó el miembro de metal e hizo que la armadura trastabillara y cayera hacia atrás mientras Green pasaba a toda velocidad sobre el caído, lista para alejarse nuevamente y lanzar otro misil sobre el enemigo.

Para aquel entonces el dispositivo de Ralph habia calentado considerablemente el interior del Nousjadeul-Ger. El Zentradi que estaba dentro de la armadura trataba desesperadamente de sacarse al escurridizo obrero que se agitaba en su espalda, pero cuando el calor y las alarmas del reactor se hicieron demasiado insistentes, lo pensó mejor y abrió la cabina.

Ralph aprovechó el momento y de un salto se arrojó sobre el Pirata, demasiado cerca como para usar su rifle, pero aun asi descargó un golpe con la culata del mismo sobre la cabeza de su enemigo.

El casco del Zentradi desvió el terrible golpe y ambos se trenzaron en lucha sobre la cabina abierta de la armadura. Ambos contendientes eran formidables y la fuerza que ejercieron sobre el rifle que ambos trataban de tomar del otro pronto hizo que el arma se quebrara en un centenar de pedazos.

Ralph descargó un brutal puñetazo sobre la cabeza del pirata, pero fue demasiado lento a causa del pesado traje que llevaba. El Zentradi, mucho mas agil y comodo con su liviano traje de vuelo esquivó fácilmente el golpe y tomando el puño del Colono, lo atrajo hacia el interior de la cabina del Nousjadeul-Ger mientras extraía un enorme cuchillo de combate.

Ralph no pudo hacer nada contra aquel repentino ataque. Vió el fugaz brillo del acero relampaguear rápidamente y sintió la cuchillada atravesar las capas de blindaje a la altura de su estómago. El Zentradi quitó la hoja y volvió a introducirla nuevamente en la abertura, una y otra vez, cada vez más profundamente.

Entonces el reactor de su armadura estalló.

«¡RALPH!»

Green descargó una andanada de misiles sobre el Nousjadeul-Ger que había comenzado a levantarse y se dirigió rapidamente hacia los restos llameantes en donde su compañero habia estado hacía solo unos instantes. Los misiles impactaron de lleno en el frente de la armadura Pirata y la destruyeron en mil pedazos junto con su ocupante en medio de una bola de fuego.

Ralph había salido despedido de la cabina junto con los pedazos de su adversario. El traje protector había soportado la explosión, pero Green vió con horror como la sangre brotaba a través de varias perforaciones que la metralla había realizado en el frente del traje.

El Ghost desplegó su tren de aterrizaje y encendió la poderosa luz de búsqueda ubicada en la proa justo sobre el tren delantero, tras lo cual tomó tierra a escasos metros del gigante caído.

«¡RALPH!» Volvió a repetir la pantalla de Green.

El gigante se movió y con un gran esfuerzo se quitó el destrozado casco. Un hilo de sangre corria por la frente de Ralph, pero tenia un ojo abierto… y sonreía.

—Te dije que confiaras en mi. —dijo con una mueca de dolor. —¿Tu estas bien? —preguntó.

«Si… si, estoy bien pero tu… toda esa sangre….»

El gigante sacudió una mano como restándole importancia. —Bah… me he lastimado mucho peor en otras ocasiones. —dijo con una expresión que más que una sonrisa parecía una mueca de dolor.—Pero creo que me he roto una pierna… o las dos.

A la poderosa luz del reflector, Green vió como las extremidades inferiores de su compañero estaban dobladas en un extraño ángulo antinatural.

«Oh no» Exclamó la IA «¡Tus piernas!»

El gigante sacudió la cabeza. —Escucha Green… y escuchame bien. Mi traje está dañado y yo no puedo volver hacia dónde están los demás… tienes que tomar la Bomba y llevarsela a Amanda ¿Entiendes? Tu eres la única que puede hacerlo.

Como única respuesta Green apagó el reflector y las tinieblas envolvieron a los dos compañeros.

—Green… ¿Que sucede? —preguntó Ralph extrañado. —No puedes discutir esa orden, tienes que hacerlo, todos dependemos de ti...

—Ralph

El gigante sintió un escalofrío. Green no había usado la pantalla con el texto para comunicarse. Había utilizado una voz sintetizada para decir su nombre

—¿Que…? ¿Que sucede Green?

El ojo del Ghost se encendió con un brillo escarlata.

—Ralph… es Red. —dijo Green con la voz distorsionada. —Red está a punto de tomar el control del Ghost y yo.. yo no puedo detenerla.

Ralph sacudió la cabeza. —No… no digas eso… dime que estas bromeando… Green…

—Cuando… cuando estabamos afuera, durante el combate de Quinn… tuve… tuve que usar la red externa de la Colonia para no perder el contacto con Harmony… en ese momento Red me…. atacó e infectó mis sistemas.

El gigante se incorporó y tomó entre sus manos el domo vidriado donde estaba el ojo del Ghost. —¡No! —gritó entre lágrimas. —¡Tienes que luchar Green! ¡Tienes que vencerla! Yo no… ¡Yo no quiero perderte! ¡Por favor!

El reactor del Ghost comenzó a acelerarse y desacelerarse, los alerones y las demás superficies de control empezaron a temblar, como si no supieran que órdenes obedecer.

—Es… es muy tarde. —dijo la voz casi incomprensible de Green. —Ralph… ti-tienes que destruir al Ghost.

—¡No! —gritó Ralph sacudiendo la cabeza —¡No! ¡No puedo hacer eso! ¡Si lo hago tu… tu!

—¡Ralph! ¡Te matará! ¡Red está …. Red está intentando disparar los misiles! ¡No puedo detenerla por más tiempo!

El gigantesco obrero levantó la vista y la vió. Enorme, casi como un fantasma. El enorme rostro holográfico de Red lo miraba desde las alturas. Aquellos ojos amarillos estaban clavados en él y sus labios azules sonreían en una especie de éxtasis secreto.

—Ra-lph. —dijo la voz llena de estática de Green. —Haz-lo…. haz-lo… por… mi.

El reactor se aceleró nuevamente y las compuertas de los misiles se abrieron lentamente. Ralph gritó con todas sus fuerzas y con sus enormes manos aplastó el domo vidriado del Ghost.

Hubo un chasquido, una descarga eléctrica y de pronto el holograma de Red se desvaneció con una explosión de pixels.

La oscuridad envolvió al solitario gigante mientras sollozaba desconsoladamente con los pedazos de la máquina en sus manos.