Los personajes de Sailor Moon son propiedad de Naoko Takeuchi, este lobo es complemente mío

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Enséñame a rozarte lento,

Quiero aprender a quererte, de nuevo,

Susurrarte al oído, que puedo.

Si quieres te dejo un minuto,

Pensarte mis besos, mi cuerpo, y mi fuego,

Que yo espero si tardas, porque creo que te debo, mucho.

..Tanto-Pablo Alboran..

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Tuyo…

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Darien Shields se mantuvo vigilante. El aroma a chocolate llegaba hasta sus fosas nasales manteniéndolo levemente embotado; echado sobre sus patas traseras miraba fijamente la habitación en la que dormía la rubia, hacía más de una hora ella había apagado todas las luces, así que supuso que estaba dormida.

Cerró sus ojos por unos segundos y permitió que el olor a chocolate inundase sus sentidos.

El viento revolvió su pelaje oscuro; alzo la vista observando su luna bonita cubierta por grandes nubarrones negros, una tormenta se acercaba, podía olerla, seria fuerte y muy intensa. Respiro fuertemente intentando captar el olor de Nicolás cerca... Nada, se levantó del frio césped y corrió hacia el bosque, internándose en la maleza por varias horas, el deseo de ir a verla lo estaba acabando, era tan intenso que estaba seguro que vencería su autocontrol, aunque corrió, aulló y lucho contra su instinto nada lo detuvo hasta llegar a la habitación de su dulce adicción.

Ver a Serena Tsukino tendida en su cama se había convertido en una obsesión para él, su respirar acompasado, la forma en como su pecho subía y bajaba ¡Dios! estaba desesperado por tocarla… Se llevó dos dedos a sus labios rosas y carnosos delineando con fuego aquel beso que le había dado.

Serena…

Selene…

Serena…

Serenity…

Una mujer, su mujer, la que volvía a él, la que buscaba la manera de encontrarlo, no quería resistirse más estaba muriendo lentamente cada vez que se alejaba de ella, las palabras de Andrew taladraban su cabeza, ¿arriesgarse a perderla? ¿a amarla de nuevo…? Amarla de nuevo…¿La he dejado de amar?

Es tan fácil decirlo mi amigo…tan fácil, pero hacerlo me duele.

Ella era su sol, era su frio invierno que lo acechaba.

Sin descuidarse ella le recordaba lo imperfecto que solía ser, ella era su talón de Aquiles, su punto débil, lo que hacía que cada día de su existencia fuese una eternidad terrible sin ella.

Su fragancia era como un perfume dulce, con solo mirarlo ya se había adueñado de su corazón. No importaba si sus ojos eran negros, verdes, marrones o tan celestes como eran en ese momento, era esa mirada de niña inocente, coqueta y traviesa que tanto amaba y añoraba, que tanto deseaba volver a poseer.

Le era tan difícil dejarla sola… Su piel le ardía, gritaba de dolor por el simple roce de sus dedos, el fuego que lo consumía minuto a minuto, todo era tan real y tan efímero, todo tan injusto.

¿Cómo explicarle que eran el uno del otro? Que se complementaban… ¿cómo hacerle entender a su corazón el peligro que corría su pequeña?

Ardía por ella como un fuego que no se logra consumir. Porque no importa cuántos siglos pasaran, ella volvía a él, se consumía en él. Era una completa estupidez sufrir por algo que seguiría pasando, él la deseaba como mujer, como hembra como compañera, ellos eran uno solo.

Tan sumido entre sus propias cavilaciones estaba que no la vio moverse, no sintió su aroma corporal exaltarse y cuando reacciono era demasiado tarde, la débil luz iluminaba su rostro aun con vestigios de la trasmutación, sus orejas no habían desaparecido por completo, su nariz no tenía su forma original.

— ¿Darien? —Murmuró ella con voz ahogada, abrió la ventana dispuesto a saltar, —Sé que eres tú… Enfréntame. —Murmuró con dientes apretados, —Intuyo lo que eres y no te tengo miedo.

Por un segundo su corazón se detuvo, maldijo entre dientes.

—No sabes lo que dices. —gruño él con voz ronca y distorsionada, vio como la mano de Serena se acercaba a la lámpara más cercana —No hagas eso… —su voz aunque más suave seguía siendo gruesa y enfadada —No enciendas la luz Sere.

—Tienes que explicarme muchas cosas —dijo ella tratando que su voz se mantuviese firme.

—Entraste a mi ático, —sonrió burlón— el que mucho busca, puede encontrar cosas que quizá no sean de su agrado.

— ¿Soy yo?- Serena preguntó con voz tímida y ansiosa.

—Sí… No, quizás —Serena se levantó de la cama acercándose a él —Un paso más y me iré. —sentencio rudamente.

—Déjame tocarte —a través de la luna podía ver su cuerpo cubierto por el vello oscuro, alzó su mano estirando sus dedos.

—No lo hagas por favor —su voz ahora fue agónica— no empujes mis limites nena, coloco uno de sus muslos en el marco de la ventana.

—No te vayas… —susurro la Rubia— Por favor quédate, dame una razón del porque tu presencia me afecta, —apretó sus manos en puños mirándolo a través de la semi oscuridad de la habitación — ¿Por qué siento que tú y yo nos conocemos desde antes? ¿Porque siento que mi lugar es a tu lado?

Todo se repite de nuevo…todo, el amor, la necesidad ¡todo! Y vuelvo al mismo lugar de siempre…amarte y perderte.

—Sere… —el nombre pronunciado por sus labios fue un susurro agónico y electrizante, la rubia sintió como cada musculo de su cuerpo se activaba al escuchar el apodo cariñoso, nadie nunca la había llamado así y ahora que lo había escuchado de los labios de ese hombre quería seguir escuchándolo —Déjame ir —suplicó— por favor…

— ¡No! —Su respuesta fue tajante —No deseo, Cristo- quería golpear alguna cosa, la sensación de impotencia era abrumadora- ¡¿Cómo demonios quieres que te explique algo que no sé de dónde proviene?! Es química, atracción, es… —la respiración de ella se hizo errática, el chocolate inundo los sentidos de la bestia que aún estaba en dominio del Peli Negro.

Quiero correr y no puedo…huir para no tocarte.

—Chocolate, —murmuró nuevamente con voz agónica —dulce manjar de los dioses —su mandíbula se apretó— déjame ir Serena.

— ¡Te necesito!... Es eso, es necesidad, me quemo Darien, me quemo como si estuviese en una cámara ardiente, no es deseo, es… —su pecho subía y bajaba rápidamente —Es… Eres tu —murmuró —Por todos los cielos dime que está sucediendo, Andrew dijo que tú me darías las repuestas.

El cuerpo de Darien se contrajo salvajemente, su mujer lo necesitaba, su hembra lo deseaba casi con la misma intensidad que él, esto iba más allá de la pasión desmedida, era algo inexplicable que solo sucedía una vez por licántropo, ella era y sería por siempre su pareja de vida… Suspiró fuertemente entregándose a las maravillas de su diosa reinante: la luna, su luna que sería más brillante y más hermosa a partir del momento en que Serena lo aceptara como pareja.

Aulló sin importarle revelar aún más su verdadero ser, aulló porque nada lo hacía más feliz que las palabras de su pequeño manjar, aulló como el animal herido que reconstruye sus heridas luego de una batalla, mientras sentía el latir desenfrenado del corazón de Serena retumbar en sus oídos y el dulce olor de su aroma filtrarse por su nariz.

La trasmutación, el paso de hombre a lobo era dolorosa, pero dolía aún más forzar su naturaleza a esconderse en su interior.

Las cartas estaban sobre la mesa y sólo Serena tenía la que continuaba el juego. Su nariz volvió a su forma original, sus puntiagudas orejas se recogieron hasta tener el tamaño ideal, sus garras volvieron a ser sus dedos largos y esbeltos, todo bajo la atenta mirada de la Rubia.

Darien se giró mirando a Serena con ojos tristes y melancólicos de todas sus mujeres ella era la única que había visto como se trasmutaba, miraba los ojos de la mujer que aun parecía no entender lo que acababa de suceder y se odio a sí mismo al ver la mirada de Serenity en ella…

—Eres un licántropo —formuló Serena… —Un hombre lobo —su corazón bombeaba tan fuerte como si una estampida de animales salvajes corriese desbocado en su interior.

— ¿Me temes? —Preguntó él con temor… —Por años, he estado tras de ti... siempre tras de ti, necesito saber si yo te doy miedo —la Rubia se acercó levemente hasta que la punta de sus dedos rozaron el contorno de los brazos del hombre.

Frente a ella estaba un hombre, cuya presencia intimidaba, pero cuyas palabras hacían que en ella hubiese un sentimiento de profunda nostalgia.

— No te temo —declaró ella contundente acercándose más hasta que su mano toco la ardiente piel del licántropo —ardes…

—Mi temperatura corporal es más elevada por las noches… —murmuro él con voz rasgada mientras la veía colocarse frente a él —Dímelo nena… Dime que no me temes…

—No lo hago, no te temo… —las manos de la Rubia recorrieron el torso del hombre —Eres hermoso Darien Shields… —sus palmas palpaban la suave capa de vello facial… — ¿puedes explicarme todo...? Por favor.

Darien sonrió, una sonrisa triste y melancólica, se alejó de ella pasando sus dedos entre su cabello Peli Negro —Huiras…

Si te cuento amor mío…huiras….

—No lo hare, tenme fe… Siento, —tragó fuerte, buscando las palabras exactas para que él se abriera— siento que necesito entender lo que me sucede… No, no es fácil sentir esto —explicó aferrando su pequeña mano a su pecho.

Darien negó con la cabeza, alejándose de ella —Hace muchos años… Salí de caza con dos amigos, mi padre Artemis Shields Tercero, era el mejor cazando, siempre cazaba el venado más fuerte, ninguna presa se le escapaba, yo quería ser como él —murmuró girándose hacia Serena que reposaba sobre el marco de la ventana —tenia veintiún y quería que mi padre estuviera orgulloso de mi, así que convencí a Seiya y… —su rostro se contrajo como si recordase algo— A Nicolás de cazar conmigo… Llevábamos varias horas esperando la presa perfecta pero no llegaba, hasta que lo vi, era un macho aparentemente alfa, perseguimos al ciervo hasta perdernos en el bosque.

—Darien…

—Shss… Fue mi culpa, ¡yo quería ese animal!, tenía hermosos y grandes cuernos, eso era símbolo de fuerza y belleza en él, si lo cazaba era un triunfo para mí, sabía también que eso haría que el orgullo de mi padre se inflara, yo lo seguí y mis amigos me siguieron a mí.

— ¿Nicolás...? ¿Nicolás el esposo de Mina? —pregunto con temor Darien asintió — ¿Qué sucedió? —Serena miró a Darien a los ojos, el gris plata volvía a ser parte de sus ojos tristes.

—La noche cayó rápidamente, era luna llena, teníamos frio y hambre, saque del bolsillo de mis pantalones una barra de chocolate y se las di a mis compañeros, sabía que papá me estaría buscando, Nicolás insistió en quedarse en un lugar y no movernos, pero yo no podía quedarme quieto, seguí caminando, necesitaba encontrar al menos un lugar para pasar la noche —su rostro decayó mientras su cuerpo quedaba completamente en tensión —encontré una cueva y con ello encontré nuestra maldición.

— ¿Mina sabe de…?

—Mina está en una especie de trance, ella solo ve las cosas buenas de Nicolás, él la tiene completamente a su merced —Un jadeo escapó de los labios de la Rubia —Seiya la protege, como ha hecho con todas las mujeres que Nicolás ha tomado.

¡Dios mío! Esto es peor que una pesadilla…estos hombres… pensó Serena de manera triste.

— ¿Te transformas con la Luna llena? —Darien volvió a sonreír tristemente

—Me transformo cada vez que la luna hace su aparición. —Miro a su luna bonita desde su posición —Ella rige sobre mi cuerpo… —murmuró con desgano.

— ¿Cuándo… —la voz de Serena salía temblorosa por lo que la Rubia se obligó a tomar aire para continuar — ¿Cuándo te diste cuenta que eras un hombre lobo?

—Licántropo, —ella lo miro sin entender— no soy un animal nena… mi cuerpo se trasforma pero sigo siendo yo —le dio una sonrisa lobuna la primera radiante que le había visto desde que ella había llegado a ese lugar —cuando la siguiente luna llena se fue acercando empezaron los síntomas.

— ¿Fue muy duro? —Serena se acercó más a él —El cambio…

Darien asintió —En las noches el calor era insoportable… Era como si te quemaras en brazas ardientes, me quedaba hasta altas horas de la noche fuera recibiendo el frio inclemente de la intemperie, Seiya se quedaba conmigo y dos días después Nicolás empezó a acompañarnos, la primera luna llena fue un infierno —Serena miró hacia el bosque, había empezado a llover y a medida que pasaba el tiempo parecía empeorar— Estábamos fuera de mi casa en Glasgow, cuando Nicolás empezó a cambiar sus orejas se hicieron puntiagudas mientras la nariz de Seiya empezó a alargarse, luego mis manos se llenaron de pelo, no recuerdo nada más, sólo que cuando el sol despunto yo amanecí en el bosque desnudo y envuelto en sangre…

Tantos años y aun así Darien seguía sintiendo el miedo y el terror de verse la primera vez transformado, de ver sobre su cuerpo la sangre…de sentirse un animal.

Los ojos de la Rubia se abrieron ante la declaración —No asesine a nadie Serena… o bueno sí, un venado y un par de conejos y luego desde ahí las noches se convirtieron en un infierno.

—Darien, —musitó Serena llegando hasta donde el hombre frente a ella, quien acaba de confesarle una de las cosas más inverosímiles que ella había escuchado en su vida, quizás la más irreal y sin embargo, una confesión venida desde el mito, que en la boca de Darien se volvió una verdad irrefutable. Acarició con sus dedos el contorno de su cuero cabelludo —es extraordinario lo que te ha sucedido…

Darien se retiró de su calor sonriendo sardónica y cruelmente — ¿Extraordinario Serena…? Esto es una maldición.

—Una que has sabido sobrellevar… No eres peligroso, tu mirada…

—No me conoces Serena…- interrumpió.

—Dime Sere —un pequeño rubor adorno su rostro —me gusta cómo suena en tus labios —miró sus pies— Lo que quiero decir Darien es que es asombroso lo que eres— levantó su rostro de manera tímida y bateó sus pestañas de forma irregular.

—Soy una bestia, pierdo el control de mí mismo la noche de luna llena y no quiero hacerte daño —Darien miro la luna a través de la ventana —No quiero lastimarte.

Sus hermosos ojos y su precioso rubor lo tenían al borde, no deseaba mirarla…ella era tentadora.

Serena colocó las manos sobre la espalda de Darien recostando su frente en ella mientras lo sentía temblar bajo su tacto —No me lastimaras Darien, sé que no lo harás, solo puedes lastimarme alejándome de ti porque ahora que te he encontrado no sé si pueda dejarte ir.

—Debes alejarte… —susurró él.

Ella lo giro dejándolo frente a ella, sus casi dos metros de altura eran intimidantes pero ella no le tenía miedo —No —su voz fue fuerte.

—Si me descontrolo cerca de ti, si llegase-

— ¡No lo harás! —Tomo una de sus manos acercándola al pecho de ella —Dime si puedes soportar estar alejado de mi ahora —bajo la camisa de deporte Darien pudo sentir el latir desesperado del corazón de Serena —Porque yo —colocó su mano en el duro y marmoleo pecho de él —Yo no puedo hacerlo Darien Shields, me siento atada a ti, desde que compartimos ese beso, es algo que no tiene explicación porque sencillamente no hay palabras para expresarlo, sólo puede sentirse y sé que tú lo sientes porque me besaste con la misma entrega como yo lo hice contigo —su otra mano sujeto su barbilla mientras se inclinaba a él —Esto es más fuerte —susurró a pocos centímetros de su boca, —más radical que tú y yo juntos —y con eso lo besó…

Sus labios encajaron como dos piezas de rompecabezas amoldándose al instante, humedad y fuego, calor y frio, años esperando por su regreso y besar sus cálidos labios. Era como tocar un pequeño paraíso, las manos de Serena se anclaron a sus fuertes hombros mientras Darien rodeaba su cintura con sus brazos alzándola en el proceso para tener más acceso a su boca, el beso que empezó tierno y delicado cobró intensidad como si de cinco volcanes se trataba, deseaba tanto esto, sentir a su pareja de vida tan cerca de él lo llenaba de una plenitud satisfactoria, la acerco más a su cuerpo y un débil gemido broto de los labios de la Rubia cuando su pequeño cuerpo chocó contra su hombría, erguida por el pequeño momento de frenesí.

—Estas desnudo —murmuró ella intentando controlar el acelerado latir de su corazón.

—Lo siento… —murmuro él a un centímetro de sus labios.

—No, no lo sientas… —ella volvió a tomar sus labios con alevosía, el sabor de su saliva era refrescante, el aroma que brotaba de su cuerpo la intoxicaba, hierba, bosque ahora lo entendía todo.

La erección era dolorosa para el cuerpo aun no completamente humano de Darien, pero tener a su nena bonita devorando sus labios con hambre lo hacía querer aullar como jamás lo había hecho. El olor a chocolate blanco inundaba cada una de sus células haciéndolo querer más, sus manos atraparon el níveo trasero de la Rubia y devoró su boca con hambre, con el hambre de un lobo hacia su pareja, con la sangre bombeando aún más a prisa por su cuerpo. Serena enredó sus piernas a la cadera del hombre y encajó sus talones en su fuerte trasero haciéndolo aullar de puro placer...

—Detenme, por favor nena —gimió el Peli Negro con voz baja—por favor, detenme ahora, ha pasado mucho tiempo—murmuró suplicante —trescientos años deseando esto... Detenme por favor... —gimoteó agónico mientras sus manos acariciaban aún más el contorno de sus caderas, la lluvia repiqueteaba fuertemente, los vidrios de la ventana, la respiración de la chica era completamente errática mientras delineaba sus brazos velludos por la reciente trasmutación, ella no tenía miedo a lo que él era, ella quería saciar lo que sentía por él.

—Yo no quiero que te detengas —subió nuevamente sus manos hasta la parte baja de su cabello sintiendo a través de sus dedos como el vello corporal desaparecía levemente —No puedo decir… Que te amo Darien —podía sentir su miembro duro entre los dos y trató de serenarse —Pero hay algo en mí que, —acarició su cabello— hay algo en mí que me impide separarme de ti y no lo comprendo, ni quiero entenderlo, solo sentirlo Darien… Sentirte —dio un beso en el lóbulo de su oreja haciéndolo sisear —Quiero estar contigo.

—No hoy —declaro él fuertemente.

—No, no hoy…

—No hasta que pase la luna llena —la abrazo más a él sintiendo sus pezones duros pegados contra su pecho —Sólo cuando pueda tener el control de mí mismo.

— ¿Cuándo es la próxima luna llena? —murmuro ella con la cabeza apoyada en su hombro.

—Siete días mi dulce, —Inhalo fuertemente su cabello— tienes un aroma realmente embriagador Serena —murmuró él— no sabes lo difícil que ha sido para mí estos días.

— Tu no hueles nada mal —murmuró ella en tono juguetón, él separo su rostro mirándola a través de la oscuridad —Hueles a bosque…

—Y tú a Chocolate nena… Eres la primera que dice que tengo un olor en particular —murmuro él extrañado, —O al menos la primera que me lo dice…

— ¿Los cuadros?

—Selene, Serena y Serenity….

—Sere —dijo ella en un susurro.

—Tú —afirmo él antes de posar sus labios suavemente sobre los de ella, se besaron sin prisas por varios minutos sintiendo como la lluvia repiqueteaba más débilmente —Necesito cambiarme —murmuro él entre risas cuando su entrepierna dio un pequeño tirón —ella rio sonrojándose furiosamente antes de desenroscar sus piernas de sus cintura haciéndolo sisear de dolor cuando sin querer tropezó con su miembro.

—Lo siento…

—No, no lo sientas… —dijo él con voz burlona.

—No te iras… ¿Verdad? No te iras de la casa, no me dejaras sola esta noche, no después de —él coloco uno de sus dedos en su boca.

—Me quedaré… reúnete conmigo en la biblioteca —su voz era suave, melodiosa.

—No. —Sentencio ella —te esperare aquí —él asintió antes de alejarse de ella.

Serena se dejó caer en la cama completamente extasiada llevándose una mano a los labios y delineando el contorno de estos, aún tenía mucho que averiguar muchas dudas en su cabeza pero sabía que Darien contestaría cada una, solo tendría que esperar…

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Awwww Ame este Capítulo!, de todos es mi favorito... Pobre mi Darien...

Quiero agradecer a mis chicas Tania Ga, por sus letras, Salem por su apoyo, Gine por colaborarme en todas mis locuras a mi querida Madame S por su tiempo y su dedicación y a Leslie por su ayuda a partir de hoy y gracias a ella no tendremos más Edwards o Isabellas por aquí

GRACIAS!

Ary...