Los personajes de Crepúsculo son propiedad de Stephanie Meyer, Si ya quisiera yo ser la dueña... Por el momento soy la dueña ama y señora de este lobo... Y que Meyer m,e perdone por trasformar a su vampiro

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Gracias a Mi beta hermosa, por el apoyo, esta historia a subido mis niveles de intensidad para con ella, Gine te quiero mi Bruji

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Bella y la Bestia…

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Triste mortal, solamente su siervo,

Roto de amor es su amor lo que anhelo,

Mi bella flor, ruego a Dios,

Dame el valor, pues sin ella nada soy, ni nada tengo.

Hoy te busque, y te hallé,

En mis sueños, soy un ladrón,

Pues robarte pretendo.

Mi bella flor, nuevo adiós,

Dame el valor,

Solamente quiero robarle un beso.

Warcry - La vida en un beso

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Más de 100 años habían transcurrido en los que Edward Cullen no había percibido ese olor. Su hembra, su mitad su compañera de vida la que era arrancada de su lado una y otra vez como un maldito castigo, detuvo el hacha en el aire aspirando fuertemente el olor dulzón en el ambiente.

Maldito Chocolate y su inexplicable esencia… Sintió como su cuerpo se tensiono levemente, y dejo de respirar por breves segundos mientras se giraba y obligaba a la bestia que poseía a calmarse.

Fijo su mirada en la diminuta figura que había frente a él, era ella nuevamente, ella como cada cien años, su cuerpo, su mirada, diferente pero igual… Su mujer, su vida, su Bella…

—Bella… —susurro entumecido por el olor, debía dejar de respirar, debía contenerse, vio como la mirada de la mujer recorría su cuerpo hasta toparse con su cicatriz… Negó con la cabeza dando dos pasos hacia atrás mientras soltaba el hacha y cubría con su mano parcialmente su rostro.

¡No!, ella no podía verlo así, ella… Negó con su cabeza en repetidas ocasiones, ella ¡no era su Bella!, quito la mano de su rostro con fuerza mientras veía como la mujer frente a él se levantaba del suelo.

El cosquilleo reconocido en su cuerpo se hizo más intenso, el calor corporal empezaba a aumentar… Rabia por seguir creyendo en un maldito espejismo, creyendo que ella volvía a él.

— ¿Quién eres? —rugió sintiendo la ya conocida opresión en su pecho, cada 100 años ella volvía a él, volvía y se iba dejándolo más maldito de lo que ya estaba, sintiendo como si lo quemaran en brazas lentamente… La mujer no contesto, sus ojos estaban enfrascados en los suyos… Chocolate, maldito chocolate.

Sintió el deseo de recorrer cada una de sus entrañas, necesitaba calmarse, necesitaba… —No respires Edward—, se repetía como mantra. Su deseo por la mujer que apenas conocía no era sano, quería enterrarse en ella de una vez por todas quería tomarla como llevaba deseándolo desde hacía un par de años atrás necesitaba calmar la sed que ella le daba... Cada jodidos 100 años..

— ¡¿Qué no me escucho?! —Rugió duramente — ¡le he preguntado quién diablos es y qué demonios está haciendo en mi propiedad! —Gritó nuevamente haciéndola saltar, su respiración era arrítmica ya que evitaba que el maldito chocolate se apoderara de él y lo hiciese perder el control — ¡Seth!

Isabella retrocedió dos pasos, el hombre hermoso que ella había admirado hasta hacia unos minutos atrás parecía intimidante y peligroso — ¿Es sorda usted? —volvió a rugir, Isabella suspiro fuertemente, el frio estaba calando sus huesos mas sin embargo ese hombre hermoso y misterioso estaba apenas con unos vaqueros y parecía no tener ni un ápice de frio era como si… — ¡¿Me está escuchando maldita sea?! —Dijo el hombre caminando dos pasos hacia ella —está invadiendo propiedad privada señorita y yo-

— ¿Propiedad privada? —dijo saliendo de su ensoñación.

—Dios habla al menos —escupió sarcástico —escucho bien propiedad privada —sus ojos antes tan azules que parecían grises se habían vuelto oscuros como el carbón — ¡Seth! —grito nuevamente el hombre ¿Qué solo sabía gritar?

—Mire, señor —La castaña hizo señas con sus manos.

—No creo que le interese mi nombre —dijo con desprecio — ¡la quiero fuera de mi propiedad en este momento! —Exclamó con voz atronadora antes de caminar hasta pasar a su lado en dirección a la casa, si se quedaba un poco mas no respondería por sus instintos —Seth maldita sea ¿dónde diablos te metes? —murmuro entre dientes sin importar la mujer que venía detrás de él.

—Esta no es su casa —gimió Isabella tratando de que su voz sonara dura, pero el castañeo de su dientes hacia la tarea algo difícil — ¡Esta casa le pertenece a Marie Swan! —el hombre seguía caminando ahora estaban dentro de la casa, cosa que la chica agradecía ya que el frio estaba calando cada uno de sus huesos —Mi nombre es-

—Ya cállese, y retírese, no me interesa saber quién es usted —Su voz perdió la fuerza que había tenido en un momento, mentía y le dolía más esa mentira a él de lo que cualquier persona podía imaginar, quizás no era su Bella, no en carne y hueso pero su esencia estaba ahí, su olor su mirada toda ella gritaba a Gabriella Higginbotham, a Anabella Black, Clarabella Dwyer... Su Bella, su nena bonita, rubia, pelinegra, ojos azules, verdes o cafés... Era ella...

— ¡El que no entiende es usted! —grito la mujer, —es un cavernario, poco caballero, patán de lo peor —Edward dejo de escuchar mientras seguía su camino hacia la sala de estar de su fortaleza, empuño sus manos, la luna llena estaba cerca, el deseo carnal de poseerla en cuerpo y alma se apoderaba de sus sentidos, necesitaba que se fuera, solo el hecho de tenerla tan cerca y a la vez tan lejos estaba acabando con su autocontrol, al menos aún había sol así que podía soportarlo. Pero no podía decir lo mismo una vez la luna se dejase ver en el cielo oscuro de Forks — ¡Escúcheme! —grito ella encolerizada haciendo que él se detuviese abruptamente no solo por el grito que ella había dado sino por el duro objeto que había lanzado contra su espalda desnuda, inspiro aire por la boca empuñando aun sus manos fuertemente antes de girarse —Soy Isabella Swan, Mi abuela es Marie Swan dueña de esta casa y-

—Le compre esta casa a su abuela hace seis meses —expreso con voz dura mientras tragaba grueso —así que dentro de estas paredes usted no es nadie más que una visitante no deseada, no pienso volvérselo a pedir retírese antes que la haga pasar una noche en la comisaria por invasión a la propiedad privada, lesiones personales —iba a seguir con su diatriba cuando un pequeño chasquido lo hizo mirar en otra dirección.

— ¿Me buscaba Señor? —dijo un muchacho joven de tez morena y cabello oscuro estaba de pie en el marco de una de las puertas.

—Acompaña a… —dio una mirada desdeñosa a la figura de la joven mujer frente a él —la señorita a la salida Seth —dijo fuertemente antes de caminar un poco más y encerrarse en una de las habitaciones de la casa.

Rugió como poseso, él lo sabía, claro que lo sabía, la sentía venir como sentía la tormenta, camino hacia el bar donde tomo una botella de coñac, ni siquiera le importo usar un vaso tomo directamente de la botella dejando que el ardor del licor combatiera con el propio calor de su cuerpo, esta vez no iba a perderla, la alejaría de él y así ella podría vivir una vida tranquila y segura, el animal dentro de él la quería, la añoraba... Necesitaba su escencia.. Su aroma.. Marcarla.. que fuese suya Como él era de ella...…Deseaba tenerla bajo su cuerpo gimiendo de placer desesperado. Pero su parte humana esa que él trataba de conservar aun le gritaba a viva voz que ella merecía vivir, ella merecía algo mejor que su mundo oscuro y su adicción a su esencia... Ambos hombres en su interior, luchaban por ese sabor necesario e irrevocable el saber que ella volvía a el que ella una vez mas estaba tan cerca de ser uno, pero esta vez sería diferente, esta vez cambiaria lo que fuera solo por tenerla más tiempo, aunque eso sea tenerla lejos de el.

Respiro trabajosamente el dulce y adictivo sabor al chocolate fundido que desprendía su nena aún estaba en el ambiente, quiso abrazarla y devorar sus labios, tan pronto la había visto el animal reclamaba, el hombre se contenía, suspiro un par de veces y se desplomo en el sillón de cuero mullido pasando las manos por su cara una y otra vez, respirando lentamente hasta que una imagen del periódico local llamo su atención.

Observó la noticia burlándose internamente…

Osos, el Comisario Newton declaraba toque de queda por los osos que merodeaban en el bosque, tiro el informativo a la basura mientras presionaba el puente de su nariz, ahora estaba más calmado, pero con el olor de Isabella Swan impregnado en su cuerpo y en la punta de su nariz, cerró los ojos recostando su cabeza en la tapicería del sillón.

Sintió que la puerta se abría y respiro el aroma deseando o al menos creyendo creer que no fuese Bella.

— ¿Se ha ido Seth? —pregunto sin mirarlo.

Un silencio tenso se alojó en la habitación por lo cual Edward abrió los ojos enderezándose en su asiento y llevando la botella una vez más a su boca.

—Estoy hablando Seth, sabes que odio cuando me das silencios —murmuró.

—Es ella ¿verdad señor? —dijo el chico encogiéndose de hombros.

— ¿Me preguntas algo que ya sabes Seth…? —inquirió enérgicamente.

El chico no se amedrento a pesar de lo fuerte que sonaron sus palabras, conocía a Edward Cullen hacía ya varios años, conocía todos sus secretos y a todas sus Bellas.

—No se ha ido señor —murmuro en voz baja —la tormenta ha tocado tierra, ella está sin coche y sin un lugar a donde ir, yo considero-

—La quiero fuera de mi casa Seth, es lo único que puedo hacer para que ella se mantenga viva —tomo otro trago directo de la botella — ¿Cómo hace para encontrarme siempre Seth? —preguntó.

— ¿Cómo nos trasmutamos señor?... —expreso el muchacho— Quizás su destino es estar juntos.

—Destino... —Edward río sardónico— ¿Crees que personajes como tú o yo lo tenemos Seth? —nuevamente el silencio absoluto reino en el ambiente —Quiero que se vaya Seth, contrata a alguien, paga lo que tengas que pagar pero la quiero lejos de mí, pero sobre todo la quiero lejos de Paul Atenas.

Seth lo miro como se observan dos amigos respiro fuertemente antes de hablar —Ella sigue preguntando por su abuela —Edward sonrió al recordar a la señora vivaracha y audaz, le había sacado una buena cantidad de dinero por una propiedad que estaba prácticamente en ruinas, pero él quería paz, necesitaba tranquilidad pero sobre todo necesitaba estar lejos de Bella... Cuan estúpido había sido al pensar eso… si la tenía a menos de un metro de distancia —Si se va con esta ventisca va a morir de hipotermia señor.

— ¡La luna llena se acerca Seth! —Grito frenético— ¡No la quiero cerca de mí! —camino de un lado a otro.

—No es su culpa señor, nunca es su culpa ni de Paul, es simplemente destino... —dijo el muchacho desesperado —Señor nunca lo he juzgado siempre le he servido desde aquella vez en esa cacería —Edward negó al recordar ese fatídico día había pasado tanto tiempo pero el recuerdo continuaba allí... en su memoria tan fresco como si hubiese sido en la mañana.

— ¿Qué es lo que sugieres Seth? —pregunto sin mirarlo.

—Dejar que el destino sigo su curso... —dijo el chico en voz baja.

La sonrisa estridente de un hombre que ha sufrido mucho sonó sombría por las pareces oscuras de la fortaleza de Edward Cullen — ¿Y que muera Seth?, ¿volver a sentir como miles de alfileres atraviesan tú cuerpo? —Negó melancólicamente —estoy harto Seth, de todo esto...

— ¿Sabía usted que Isabella Swan es Francesa?, ¿que viajo a Nueva York por cosas del destino y que por esas mismas cosas esta aquí hoy para usted señor? —Edward dio una sonrisa ladeada, mirando a su fiel lacayo —Lo siento no he podido evitarlo.

— ¿Es interesante su mente Seth? —enarco una ceja.

—Es exactamente igual a los últimos trescientos años señor solo que... Esta vez, —el chico desvió la mirada.

— ¿Qué hay de nuevo esta vez Seth? —lo alentó a hablar.

—Tiene el corazón roto señor, está huyendo… Su tristeza —el chico calló al ver la cara de su señor.

— ¿Qué tipo de tristeza Seth? —pregunto dubitativo.

—Similar a la suya señor, ella —trago grueso— ella ama a alguien más —Edward sintió como su corazón oscuro lleno de dolor y resentimiento se encogía por esa aseveración, sentir como miles de espinas se incrustaban dentro de él al saber que no era su Bella, no esta vez, era la Bella de alguien más —esta dolida —Seth hablo— y al parecer usted no le cayó muy bien —dio una sonrisa traviesa de niño malo —su mente es un revoltijo de sentimientos, yo pienso que no hay problema, al menos hasta que pase la tormenta señor —hablo pausadamente.

Edward, de mundos tenebrosos y adicciones letales cayo en su silla como peso muerto, paso la mano por su rostro que parecía haber envejecido aunque eso fuese imposible, suspiro larga y pausadamente —¿Dónde está ahora? —pregunto minutos después.

—La he dejado en la cocina señor, le he dado un té la pobre titiritaba de frio, ¿Su mente no está muy clara, no señor? —Inquirió el fiel empleado.

Su mente era un sinfín de preguntas sin respuestas, de amores y perdida de desengaño y dolor… —Ubícala en una de las habitaciones de huéspedes la que quede más retirada de la mía y por Dios bendito Seth que se vaya antes de la noche de Luna llena, sabes perfectamente que no puedo controlarme cuando ese día… La necesito lejos de mí y de Paul— suspiro levemente y recostó su cabeza en su asiento, saber que el corazón de Bella latía por otro que no era él le estaba carcomiendo el alma, aunque era lo mejor que ella no estuviese junto a él.

Tanto desear no sentir esto que rugía dentro, esta vez ambos tenían la desdicha del corazón roto e irónicamente sangrando.

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Temblaba como una hoja al viento, nunca le había gustado el frio, su madre la envolvía en metros de tela para que no pescara un resfriado en épocas de invierno… Nunca daba resultado, estornudo por tercera vez.

Genial su vida era un desastre. No solo Alec le había puesto unos cuernos de la tierra a la estratosfera, había dejado todo buscando a una abuela que no sabía dónde estaba, y para poner la cereza en el pastel la tormenta había empezado y ella estaba en casa de ese hombre que la asustaba y atraía a igual magnitud… a este paso iba a enloquecer, sintió unos pasos acercarse y tomo la taza de té de hierbas que aquel chico había preparado para ella.

—Señorita Swan —el chico sonrió frente a ella— el señor Cullen le concede quedarse mientras la tormenta pasa.

—El señor Cullen es la mata de la cordialidad—bufo sarcastica

Seth volvio a ladear la comisura de su boca dandole una sonrisa lobuna y picara— si gusta acompañarme —volvió a sonreír mostrándole confianza, ahora tenía dos dilemas.

El primero quedarse con míster arrogante, cavernícola, maleducado, hermoso espécimen bajado del Olimpo o salir a la tormenta pescar una neumonía y que un oso le mordiese el trasero… No, definitivamente no quería que un oso le mordiese el culo, se encerraría en la habitación hasta que la tormenta pasara y no vería a míster arrogante en lo que estuviese allí.

— ¿Sabes algo de mi abuela? —le pregunto al chico que caminaba delante de ella…

—Creo que la última vez que la vi hablaba de un crucero por el Caribe —dijo Seth subiendo las escaleras que colindaban al segundo piso.

—Su jefe es algo egocéntrico —expreso Isabella mirando el cuadro que estaba en la planta superior de la casa, los ojos grises y la mirada vacía y arrogante del hombre en la pintura, su rostro era aún mucho más perfecto sin esa espantosa cicatriz.

—Mi jefe es una buena persona, solo que la vida le ha dado muy duro y por diferentes ángulos, no se puede juzgar un libro por su tapa —Isabella asintió si alguien sabia de libros era ella misma —si necesita algo más señorita, puede bajar y solicitármelo en esta casa solo somos el señor y yo —se detuvo frente a la puerta más alejada del corredor.

—Isabella —dijo la castaña mientras el joven abría la puerta dejándola pasar a la habitación —Mi nombre es Isabella, los que me conocen me llaman Isa —el chico sonrió coqueto y pícaro.

— ¿Nunca la han llamado Bella? —ella enarco una de sus cejas antes de negar con la cabeza mientras una sonrisa se dibujaba en su rostro, sonrisa que murió cuando recordó que el esposo de Emily la había llamado así.

—Mi nombre es Seth —La castaña camino hasta la ventana que colindaba con la parte trasera de la casa.

—En el pueblo dicen que el bosque está infectado de osos —no fue exactamente una pregunta.

—En el pueblo se escuchan muchas cosas señorita, pero créame cuando le digo que no he visto ningún oso en ese bosque —Seth sonrió e Isabella sabía que le ocultaba algo —en un par de horas la cena estará lista —la castaña miro su reloj de pulsera el día había pasado rápidamente y faltaba muy poco para las cinco de la tarde —Estoy a su servicio Isabella, le recomiendo cambiar su ropa por algo más acorde con el clima y menos húmedo, han dicho que la tormenta será inclemente.

— ¡Mierda! —maldijo la castaña había dejado la mochila dentro del coche estaba completamente empapada y sin ropa.

— ¿Mierda? —repitió Seth confuso.

—He dejado toda mi ropa en la camioneta —paso la mano por su cabello antes de sentarse en la cama.

—Pues si no quiere pescar un resfriado es mejor que se cambie esa ropa húmeda, el baño está allí —señalo la única puerta en la habitación —iré a buscar algo con lo que pueda vestirse mientras su ropa se seca —dicho esto el joven abandono la habitación.

Isabella respiro levemente antes de levantarse, las tormentas ya no le aterraban o al menos eso quería pretender, no sabía porque pero desde niña le temía a los rayos y a las noches muy oscuras, Jasper siempre le hacía un espacio en su cama… Pero ella ya no tenía diez años y Jasper ya no la apoyaba como en aquel entonces.

Deambulo por la habitación de color gris mirando cada mueble, parecían antiguos tallados a mano, una cama tamaño King adornaba la estancia con edredones blancos y el suelo estaba finamente tapizado por una alfombra esponjosa y suave, la puerta se abrió mostrando a Seth quien traía toallas y ropa de vestir.

—Es lo más pequeño que he encontrado señorita, eran del señor Cullen, espero le queden bien… —lo dudo al instante ya que el señor Cullen le sacaba un par de cabezas y era mucho más ancho que ella.

—Hubiese sido mejor si usase ropa suya Seth, no creo que al señor Cullen le agrade que use su ropa —dijo mordazmente recordando al señor de las cavernas.

—No juzgue al libro por su portada señorita Swan puede parecer excitante y ser extremadamente aburrido o viceversa —murmuro antes de salir, sabía que no estaba jugando limpio, pero su jefe merecía un poco de felicidad, todos la merecían.

Isabella se quedó sola en aquella oscura habitación con el viento silbando en el exterior de la casa y la lluvia repiqueteando contra la ventana, tomo las prendas que Seth había traído nada del otro mundo toallas azul turquesa bordadas con las letras EC y una sudadera negra junto con una camisa sin mangas.

Tomo la ropa rápidamente y no pudo evitar llevarla a su rostro, olía a él, a tierra húmeda y a bosques, se vio lentamente hipnotizada por aquel momento en que lo vio, una visión casi irreal y luego cuando él hablo y todo su cuerpo tembló concentrándose en el movimiento de su boca, no sabía que había pasado solo estaba segura de que se había sentido aterrorizada, excitada y furiosa al mismo tiempo, se vio nuevamente inhalando el aroma que desprendía la ropa de ese extraño ser. Negó con la cabeza antes de estornudar un par de veces y levantarse dispuesta a darse un relajante baño con agua caliente.

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Había acabado con dos botellas de coñac y una de whisky había colocado la copa en su nariz intentando por todos los medios desaparecer su esencia pero allí seguía, burlándose de él sometiéndolo y haciéndole daño.

—Señor —vio que Seth entraba al estudio, odiaba que lo llamase así, luego de casi 400 años viviendo juntos —la señorita Swan se encuentra en la segunda planta, en la dirección opuesta a su habitación tal como lo indico, le he dado una muda de ropa suya porque ella olvido su mochila en su coche.

Edward sintió el humor de Seth el muchachito de 415 años estaba burlándose de él — ¿Te parece divertido Seth? —murmuro entre dientes.

—Para nada señor —dijo en tono burlón.

— ¿Eres consiente que tu ropa le hubiese venido mejor?

—Soy un simple empleado mi señor —dijo aun con burla haciendo que Edward emitiera una pequeña sonrisa.

—Te aprovechas de mi buen estima Seth… —el joven rio más abiertamente— que no se te vuelva costumbre —una sonrisa ladeada adorno el rostro del cobrizo, la lluvia caía afuera sin clemencia ¿de verdad había pensado en enviarla afuera?

—No pensaba con claridad señor —dijo Seth mirando a todos lados.

—Sal de mi cabeza Seth —se pasó la mano por el cabello —o la próxima vez que quieras desfogarte hare que tu amiguito no reaccione —Seth se llevó la mano a su entrepierna, copular era una de las cosas que más le gustaba hacer —ambos hombres soltaron una carcajada que se detuvo abruptamente al sentir que una presencia extraña llegaba.

—No viene en son de paz —dijo Seth mirando a Edward.

—Nunca lo es en esta época, no Seth, y por alguna extraña razón, castigo divino o lo que sea ella siempre viene a mí —el chico asintió mientras lo veía levantarse y caminar hasta las puertas de roble que comunicaban el despacho con el bosque.

A pesar de la oscuridad pudo ver al hombre que se dirigía rápidamente a él — ¿Esta aquí? —no había sido una pregunta —no me lo niegues Edward, puedo olerla desde aquí —gimió el hombre entre las sombras.

—Sí, está aquí —confirmo para ver al hombre acercarse con una velocidad impresionante — ¿Que le hiciste esta vez Edward? —murmuro entre dientes.

—Simplemente le he dado posada Paul…

—Aléjate de ella —susurro el hombre cada vez más cerca —tú le haces mal.

—Ambos acabamos con su vida siempre Paul —expreso el cobrizo —Ella se ira tan pronto la tormenta haya pasado, ni tu ni yo interferiremos en su vida.

—Sal afuera Cullen —dijo con voz contenida.

—Ve donde tu mujer Paul —respondió estoico.

—Deja a mi mujer fuera de esto.

— ¿Qué diablos haces persiguiéndome Paul?, déjame en paz, déjala en paz a ella.

—No sabes lo que dices Cullen, es por tu culpa que estamos en esta situación.

—Llevas quinientos años recriminándomelo Atenas, estoy cansado, solo quiero tranquilidad así que te advierto vete de mi propiedad.

Una sonrisa retumbo desde la espesa oscuridad del bosque —Tu no me ordenas nada Cullen.

—Quiero que te vayas... Ahora Paúl —murmuro entre dientes saliendo a la espesura de la noche, Paul salió desde los matorrales dejándose ver, el hombre tenía un aspecto más fiero que el de un animal salvaje, más sin embargo esto no atemorizo al cobrizo.

—No te quiero cerca de ella Cullen—rugio con furia el hombre frente a él.

—Pues aquí va quedarse —antes que pudiera preverlo Paul se abalanzó hacia Edward haciéndolo retroceder unos pasos antes de empujarlo fuertemente, su rostro desfigurado por la ira lo hizo arremeter con fuerza contra el hombre piel canela ambos respirando afanosamente, ambos sintiendo que la ira recorría su cuerpo ambos dejando que el animal dominara sus instintos.

—Ni se te ocurra tocarla. ¿Está claro? —Gimió Paul en voz ronca —Te mato como algo llegue a pasarle Edward Cullen, Te juro que acabo con tu miserable existencia.

—Largo de mi casa —grito de vuelta el cobrizo —vete ahora Paul, antes que haga algo de lo cual puedo arrepentirme luego —su voz era rasposa, grave y amenazante, el hombre frente a él gruñó mostrando los dientes puntiagudos antes de negar fuertemente y perderse entre la niebla y los arboles — ¡Seth! —Edward temblaba de rabia, intentado por todos los medios de controlarse, no sería bueno transmutarse con Isabella en la misma casa, respiro fuertemente sintiendo como su fiel amigo Seth llegaba a su lado —Encárgate de Isabella —su voz salió distorsionada debido al coraje —mantenla a salvo Seth, confió en ti —el chico asintió antes de que el hombre corriera a un ritmo frenético internándose entre los árboles y luego el maullido doloroso y tétrico resonaba desde el bosque.

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Seth salía desde el despacho de su jefe justo para ver a Isabella Swan bajando las escaleras de la casa, la mujer sabía que algo había sucedido pero trataba de hacerse la desentendida.

Quizás si le pregunto...

La castaña negó con su cabeza antes de bajar los escalones que hacían falta para llegar frente al empleado.

—El señor Cullen ha salido, pero ha dejado dicho que si usted necesita algo es mi obligación atenderla —La chica asintió —veo que acerté con la ropa —la castaña miro su ropa había doblado los puños de la camisa y hecho varios dobladillos al pantalón para que pudiese ajustarse a su cuerpo.

—Insisto que algo de ropa suya me hubiese quedado mucho mejor —paso la mano por su cabello —necesito un teléfono para llamar a New York —Seth asintió antes de llevarla al despacho para que hiciese su llamada.

Después de haber "hablado" con Rosalie y escuchar sus insultos por haber desaparecido sin decir nada, Isabella comió el emparedado de queso y jamón que Seth había llevado para ella antes de disculparse pues debía ausentarse de casa, el cielo se había oscurecido totalmente y la lluvia repiqueteaba contra las ventanas y el techo de aquella extraña casa, se sentía incomoda y completamente fuera de lugar, era como si fuese la primera vez que visitaba ese lugar, aunque no lo fuese, la casa si estaba muy cambiada pero seguía siendo la misma que ella había visitado una y otra vez para vacaciones.

Subió las escaleras de dos en dos hasta llegar a la segunda planta de la casa, sentía curiosidad por saber que más había hecho Edward Cullen en la propiedad —Eres un egocéntrico, macho, arrogante, cavernario y patán —dijo al retrato colgado en la pared, ahora que ni Seth, ni don cabrón se encontraban allí su curiosidad estaba al límite por lo que empezó a empujar levemente las puertas buscando cual estaba abierta, de las siete habitaciones que habían en el segundo piso de la casa tres habían sido abiertas sin encontrar nada que fuese del otro mundo.

La puerta número cuatro estaba trancada con llave por lo que imagino que esa era la de don patán, abrió la quinta puerta encontrándose con un mundo soñado, miles de libros adornaban las paredes de la gran habitación, repaso los tomo con sus dedos hasta llegar a un título que le llamo la atención El Encanto de Un Lobo, siempre le habían atraído ese tipo de lecturas por algo su especialización era la mitología, los hombres lobos eran fascinantes fuese quien fuese el autor que lo describía. Tomo el libro sin importarle si el señor Cullen se molestaba, Seth había dicho que se sintiera como en casa antes de irse, camino hasta su habitación cerrando la puerta y tirándose a la cama dispuesta a entregarse completamente a la lectura

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La noche no había sido muy diferente de las demás para Edward Cullen, el sol, poco a poco, ocupaba su lugar. La visita de Paul Atenas reclamándole algo que no merecía lo había hecho descontrolarse, por eso había partido hacia su mejor amigo… El bosque, necesitaba saciar su ira pero sobre todo necesitaba dejar de pensar en que su Bella estaba tan cerca y tan lejos de él…

Esta vez sería diferente, la primera pensó que había sido cosas del destino que Isabella muriese aquella luna llena en ese accidente mientras lo buscaba afanosamente había demasiado para su corazón.

Él la amaba con pasión desmedida, nunca le había faltado el respeto aun cuando sus deseos animales se confabulaban en su contra y lo único en que podía pensar era en sus labios cubiertos por los de ella, su cuerpo arropándola como un manto y su estrecho centro apretándolo con rudeza.

Rugió como poseso al sentir su erección, la luna se iba dejando ver los primeros rayos del sol y con ella dejando al hombre desgastado luego de un frenesí de sangre y placer.

No quería volver a casa había salido desde el día anterior pero aun sentía el sabor al chocolate fundido en la punta de su lengua, respiro trabajosamente cuando llego a los límites de la casa y el bosque que le daba libertad y placer.

Sus ojos se enfocaron levemente en la ventana abierta de la habitación que se le había asignado a su Bella…

No necesitaba tocarla, solo quería sentirla cerca, verla ahí aunque no fuese para él, lo necesitaba como el aire que respiraba. Antes de poder pensarlo mejor ya estaba dentro de la habitación, Isabella dormía y él pensó que podría pasarse horas o días contemplándola sin cansarse, sintió la sangre en su cuerpo correr más rápidamente, su olor lo aturdió levemente más sin embargo se vio inhalando aún más deseando impregnarse de su fragancia exquisita y exótica, su mirada la recorrió lentamente como un buen cazador a su presa, repaso su pequeña figura y el libro a su lado lo que pinto una sonrisa en su cara, observo su rostro, sus ojos cerrados, su pequeña nariz respingona, se acercó a la cama hasta quedar a un paso de ella e inhalo profundamente… Quería más, su cuerpo exigía más, completamente desnudo y con la agilidad que su condición le daba se recostó en la cama dejando que su nariz se colara entre su hermoso cabello caoba que yacía libre de gomas o cualquier otro moño haciéndolo ver como un abanico extendido sobre la almohada, levanto su mirada nuevamente, su sola presencia lo tentaba a hacer cosas prohibidas. Levanto su mano y con la punta de los dedos le acaricio la mejilla suavemente, su mirada vago nuevamente por su rostro hasta detenerse en sus labios carnosos y rosados, Isabella suspiro, se removió un poco y capturo su labio inferior entre sus dientes.

Por Cristo, él sabía que no podía empalmarse más pero solo ese mínimo gesto lo tenía más duro y erguido que un puto mástil, jamás en sus casi quinientos años como monstruo había sentido una erección tan dolorosa, sus ojos se quedaron clavados en sus labios deseando poder tocarlos con los suyos, volvió a suspirar antes de levantar su mano dispuesto a tocarlos pero antes de siquiera llegar a estar a centímetros de ellos reacciono.

No podía hacerlo, debía alejarse… Negó con la cabeza antes de levantarse de la cama. Salir de la habitación y volver a la espesura de lo único que lo tranquilizaba… El Bosque.

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Mi pobre bebé, ven a mi amor yo soy tu luna... XD me estoy enloqueciendo :P

Gracias Mil gracias a todos aquellos que se han tomado un momento para leer, es una historia rara pero sus coment me ayudan a seguir

Tambien gracias a Salem, a Gianna y a mi Sister Loca Tania GA, por ayudarme en todo el desarollo de cada capitulo

A Mi querida Madame S, que mas puedo decirte mu, gracias por sacar tiempo en tu agenda para mi...

Aryam Shields M,.