Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es anhanninen, yo sólo traduzco.

This story doesn't belong to me, the characters are property of S. Meyer and the author is anhanninen, I just translate.

Thanks anhanninen for this opportunity!


Fatherhood, Formula, and Other F Words

Por: anhanninen

Capítulo 1: Famosas Últimas Palabras

Si tú me preguntas cuál es mi cosa favorita de todo el mundo, te diría que está debajo de mí. Ella era sexy, buena en la cama y no parecía ser del tipo que se comprometen. Bien para mí y bien para ella. No me iba a atar con nadie. Tenía toda mi maldita vida frente a mí. Había terminado la residencia —jodidamente gracias a Dios— y estaba a punto de comenzar mi carrera como cirujano. Como dije, tenía toda mi vida delante de mí. Y desde este ángulo, se veía malditamente brillante.

Las chicas tenían algo con los doctores; no era un secreto. Aprendí eso en mi tercer año en la escuela de medicina. El uniforme, la bata de laboratorio, joder, el estetoscopio… Todo eso las atraía. Ellas llegaban a mí y, Dios mío, me encantaba. Como ella, la chica debajo de mí. Me quería por mi profesión. Sus primeras palabras fueron, y estoy citando: —Vamos a jugar al doctor.— Demonios sí, nena. Jugaremos al doctor. Jugaremos al doctor toda la jodida noche.

La chica era buena. Su boca era jodidamente genial. Créanme. Descubrí eso bastante rápido. Aun así, nunca la volvería a ver, y eso estaba bien conmigo. Era buena, pero no tan buena.

—¡Oh, doctor! —gritó mientras yo embestía dentro de ella.

—Sí, nena. ¿Te gusta? —susurré con voz ronca en su oído.

—¡Mmm, sí!

No me tomó mucho tiempo soltar mi carga. Se sintió jodidamente increíble. Me quedé dormido junto a la chica, rezando porque ya se hubiera ido para cuando me despertara. Gracias a Dios, así fue. No la volví a ver de nuevo…


Los meses pasaron y la vida era buena. Después de terminar mi residencia en Nueva York, mi padre me ofreció un trabajo en su hospital, en Port Angeles, Washington, mi ciudad natal. Honestamente, fue fácil para mí. Quiero decir, me esforcé en la escuela, pero no muchos cirujanos tienen un trabajo cómodo esperando para ellos como yo. Sin embargo, yo era el hijo de mi padre. Él tenía manos talentosas, y por algún milagro, me las había heredado a mí. Demostré mis habilidades una y otra vez. Si no fuera un buen cirujano, no tenía duda alguna de que mi padre sería el primero en decírmelo. Antes de contratarme oficialmente, fue a Nueva York a observar mi trabajo. Aparentemente estaba impresionado, incluso me lo dijo.

—Entonces, ¿unos tragos esta noche? —Jasper, mi mejor amigo, me preguntó mientras yo llenaba un expediente.

Conocía a Jasper desde que teníamos seis años. Crecimos juntos junto con Emmett. De verdad eran los mejores amigos que un chico podría tener. Aunque actualmente éramos casi siempre solo Jasper y yo. Emmett estaba casado —con mi hermana, de todas las personas— y acababa de tener un hijo. Estaba feliz por él. Él sabía lo que quería de la vida: una esposa hermosa, una linda casa, buen trabajo y niños. Estaba cumpliendo sus sueños. Jasper quería cosas parecidas a las de Emmett, aunque nunca lo decía abiertamente. Después de que nos graduamos de la preparatoria —Emmett dos años antes que nosotros— Jasper se fue a Seattle y obtuvo su Licenciatura en Enfermería mientras yo me iba a Nueva York para ser médico y asistir a escuelas de medicina. Cuando regresé aquí hace diez meses, Jasper y Emmett ya estaban trabajando en el Olympic Medical Center. Emmett era cirujano general como yo y Jasper era un enfermero de la Unidad de Cuidados Intensivos. Supongo que al crecer todos alrededor de mi padre hizo que se nos pegara algo de él.

A los doce años supe que quería ser doctor, igual que mi padre. Él era brillante. Todos lo respetaban y salvaba vidas. No había una elección de carrera más honorable. Salvar vidas… Eso era lo que quería hacer. El cuerpo humano me fascinaba infinitamente. Mi materia favorita era biología. Probablemente fui el niño más feliz de esa clase el día en que sostuve un bisturí por primera vez para diseccionar una rana. Se sentía…, bien en mi mano. Eso era todo lo que quería. Niños…, no era bueno con ellos, lo cual era la razón por la que casi me mato durante mis rondas en el área de pediatría. Y sobre una esposa, disfrutaba los beneficios de no estar atado. No confiaba en mí mismo para estar con solo una mujer por el resto de mi vida, y ciertamente no quería ser un bastardo infiel. No casarme era perfecto para mí.

—Sí, pero tengo que trabajar a primera hora mañana, así que no puedo quedarme hasta tarde —le dije.

—Entonces, ¿te quedarás el tiempo suficiente para conseguir una chica y partir? —se rió sacudiendo la cabeza—. Como sea, ¿puedes dejar tu polla de lado y solo ir a tomar algo conmigo?

—Claro, Jazz. Creo que mi polla puede pasar una noche sin un coño envuelto a su alrededor.

—Vulgar.

Me reí y cerré el historial, metiéndome la pluma en la bolsa de mi bata. —Checo y luego nos vamos.

Corrí al vestuario para cambiarme en cuanto llegaron las siete. Con mi trasero solo cubierto por unos bóxers, mi padre decidió que era el momento para hablar. Malditamente genial.

—Necesito que te quedes y cubras en emergencias —dijo, acomodándose su corbata.

—Es una jodida broma, ¿verdad?

Sacudió la cabeza con una mueca. —Emmett pidió permiso. Ben está enfermo y necesita quedarse con él. Por favor, Edward, solo quédate esta noche. Emmett cubrirá tu turno mañana.

—Lo más probable es que el niño esté resfriado. No necesita que un cirujano se quede con él. Tiene a su madre.

Suspiró. —Rosalie lo va a llevar al pediatra mañana. Últimamente se enferma mucho y Emmett está preocupado. Estamos hablando de tu sobrino.

—¿Por qué no vas tú a quedarte con él entonces, huh? Es tu nieto.

—Tu madre y yo tenemos planes.

—Yo tengo planes.

—Emborracharse y terminar en la cama con alguna desconocida no es un plan, hijo.

Rodé los ojos recogiendo mi uniforme del suelo. —De acuerdo, pero esto va a contar como horas extras y no voy a trabajar mañana. Más le vale al trasero de Emmett estar aquí anunciando con campanas su llegada cuando se den las siete.

—Lenguaje, Edward. Y gracias.

—Sí, claro.

Después de cancelar con Jasper y prometerle mañana en la noche, me preparé para otras doce horas con un montón de café. Afortunadamente la noche no fue un completo fracaso. Un accidente de carro entró por mis puertas de emergencias y me dejó muy feliz, con los codos hundidos en sangre y tripas. El paciente sobrevivió, lo cual puso una vieja sonrisa en mi rostro. Salvar una vida era agradable, más considerando que era un adolescente. Salvar la vida de alguien era gratificante, pero cuando el paciente es joven y tiene toda su vida por delante, asegurarme de que alcanzaría a llegar a la adultez se sentía jodidamente genial. Incluso puso un pequeño saltito en los pasos de mi cansado trasero.

Aparte de unas pocas consultas, ninguna de las cuales requerían cirugía, pasé el resto de la noche en la sala de descanso, dormitando de vez en cuando. Supongo que el turno de noche no era completamente horrible.


Mientras caminaba a mi apartamento la mañana siguiente vi a una mujer en el pasillo. Debía ser la vecina nueva de la que había escuchado. Era pequeña con largo cabello café. Cuando levantó el rostro para verme, me quedé viendo sus ojos. Eran enormes y cafés… Agradables, supongo. Se veía muy confundida, con una caja a los pies, al intentar abrir la puerta de su apartamento.

—Creo que la puerta se atora —le dije—. Los antiguos vecinos a veces tenían que golpearla. Pensé que el encargado del edificio ya lo habría arreglado.

—Oh, um, ¿gracias? —¿De verdad lo dijo en forma de pregunta? Rara—. Soy Bella.

—Edward. Te veo luego —dije, abriendo mi puerta y entrando.

Me di cuenta de que probablemente debí ofrecer mi ayuda o algo. Debí haber sido amable. Después de lanzar mi bolsa al mostrador, salí para preguntarle si necesitaba ayuda, queriendo actuar como buen vecino y esas mierdas, pero ella ya estaba dentro del apartamento. Me encogí de hombros y volví a entrar para recuperar algunas horas de sueño.

Vi a Chica Nueva otra vez cuando salí unas horas después a correr. Estaba sacando ropa del lado del pasajero de su camioneta vieja. En serio, esa basura era antigua. No me había dado cuenta de que en realidad la gente seguía manejando esas cosas. Parecía que pertenecía al depósito de chatarra o al patio frontal de un campesino. Cuando cerró la puerta con el pie, su cuerpo se movió hacia adelante y quedó desparramada en el suelo.

Bueno, mierda.

—¿Estás bien? —pregunté, agachándome para recoger la ropa que había tirado.

Se sentó y me miró. Sus mejillas estaban tan rojas como era posible.

—Sí… gracias —dijo, levantándose del suelo, usando la puerta de su camioneta. Puso su pie en el suelo y cojeó.

—No pareces estar bien —comenté.

—Se torció, está bien.

Asentí. —De acuerdo, bueno…, deberías ponerle hielo y descansar, por si las dudas, para evitar que se hinche.

Se veía como un ciervo frente a los faros de un auto. —De acuerdo.

—Bien —suspiré, dejándola con su torpeza—. Adiós.

—A-adiós.

Chica Nueva torpe y tímida era rara. La dejé en paz y comencé a correr, sacándola de mi mente. Tenía cosas más importantes por las que preocuparme… Como los tragos de esta noche con Jasper. Ya sabía que no iba a mantener esa promesa de poner de lado mi polla. Era un caliente hijo de puta y no temía admitirlo.


Bueno, bueno, aquí llego con este nuevo proyecto... lo sé, Edward no parece muy agradable, pero apenas estamos empezando. La historia consta de 37 capítulos y es contada en Edward POV.

Las fechas de actualización las pueden encontrar en mi perfil o en el grupo de Facebook, tanto de esta como de las otras traducciones.

Isa, lo digo mucho pero en serio, ¡muchísimas gracias por tu ayuda!

¿Qué les parece este primer capítulo? ;)

Fungys