Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es anhanninen, yo sólo traduzco.

Beta: Isa.


Fatherhood, Formula, and Other F Words

Capítulo 23: Sin razón alguna

—¿Qué opinas, Pequeña? —pregunté, moviendo frente a ella la pulsera de dijes que le había comprado a Bella.

Estiró la mano para agarrarla con una enorme sonrisa. Ella estaba sentada en el sofá y yo estaba arrodillado frente a ella. Joder, ya había logrado sentarse… casi por completo. Claro, todavía se tambaleaba un poco, pero la mayor parte del tiempo lo hacía increíble. Sólo diré que yo era un papá orgulloso.

—Te estoy dejando que lo veas, no que lo pruebes —me reí, evitando que se lo metiera a la boca—. ¿Crees que le gustará? Espero que sí, ya que más tarde vamos a salir, supuse que sería lindo sorprenderla con algo. Bueno, además de las flores que va a traer la abuela.

Lo cual me recordaba, ¿dónde demonios estaba mamá? Cuando le pedí que cuidara esta noche a Sofía, dijo que vendría a recogerla para que yo no tuviera que manejar hasta allá. Se suponía que debía llegar hace cinco minutos, y yo debía irme con Bella pronto, con las flores que mamá prometió traer.

Quería que esta cita fuera… especial, supongo. Había hecho reservaciones en el restaurante más caro de la ciudad, e incluso estaba usando corbata, lo cual fue una chinga para ponérmela, y estaba bastante seguro que se veía chueca.

—En realidad no supe qué dijes ponerle, así que pensé que el corazón y la manzana serían suficiente —dije, apartando los deditos de Pequeña de la pulsera y guardándola en la caja—. El corazón es porque la amo y la manzana porque es maestra. Supongo que es muy simple, pero funciona.

Sofía hizo un puchero cuando puse la caja en la mesita y la cargué cuando sonó un golpe en la puerta. Me acerqué, la abrí y encontré a mamá.

—Lamento llegar tarde —dijo cuando me agache para abrazarla—. ¿Ya está lista para irnos, mi preciosa niña?

—Sí, tengo su pañalera lista —dije, guiándola dentro del apartamento. Acosté a Pequeña en el porta bebé y le puse el cinturón de seguridad.

—Aquí están tus flores. Una docena de rosas, justo lo que querías.

—Gracias mamá. ¿Puedes ponerlas en la mesa?

—Claro… ¡Oh! —jadeó.

La miré y vi que agarraba la cajita de la pulsera.

—Ábrela —dije, cargando el porta bebé de Sofía.

Sonrió cuando levantó la tapa.

—Está hermosa, Edward. ¿A qué se debe?

Me encogí de hombros.

—No hay una razón en especial. Sólo pensé que sería lindo comprárselo.

Cerró la caja, dejándola junto a las flores, antes de avanzar unos pasos para cerrar la distancia entre nosotros. Palmeó mi mejilla con una sonrisa.

—Te crié bien.

Me reí entre dientes rodando los ojos.

—Entonces, ¿te gusta? ¿Crees que le gustará a Bella?

—Le va a encantar. Pónselo en la muñeca, ¿de acuerdo? No sólo se lo des.

—Entendido —asentí, pasándole el porta bebé. Me agaché para ponerme al mismo nivel que Pequeña—. Pórtate bien con el abuelo y la abuela, ¿de acuerdo? No te comas nada que no sea comida.

Mamá se rió.

—Tendremos cuidado.

—Te amo, bebita. —Me incliné para besar su mejilla, haciéndola reír.

—¡Ma na! —balbuceó.

—Claro, yo también te ma na —me reí, besándola una vez más antes de pararme.

—¡Diviértete en tu cita! —dijo mamá cuando la envolví con mi brazo.

—Lo haré. Llámame si tiene problemas. Pasaré por ella poco antes del medio día, ¿bien?

Asintió.

—Me parece bien, cariño.

Agarré la pañalera de Pequeña del sofá y mamá la tomó, poniéndola en el hombro. La acompañé a la puerta preguntándole si necesitaba ayuda. Claro que dijo que no. Cuando se fue me puse mi chaqueta y me miré en el espejo una última vez, pasándome la mano por el cabello. Agarré las flores y metí la caja en el bolsillo de mi chaqueta antes de cruzar el pasillo.

Levanté la mano y toqué sólo una vez antes de que la puerta se abriera, revelando a una Bella hermosa y sonriente.

—Hola —dije sonriendo y ofreciéndole las flores.

Las aceptó y besé su mejilla, luego la seguí dentro de su apartamento.

—Gracias, Edward. Están hermosas.

—De nada. Pues mamá tiene a Pequeña y dije que iría por ella mañana a medio día. Tenemos la noche para nosotros solos.

Entramos a la cocina y ella agarró un jarrón de debajo del mostrador para llenarlo con agua.

—¿Sofía se fue bien? No estaba renegona, ¿verdad?

—No, creo que estaba feliz por estar lejos de mí —me reí—. Creo que mi mamá la mima o algo así. Sofía estaba demasiado feliz de irse con ella.

—Qué dulce. —Sonrió acomodando las flores—. Y, en serio, Edward, no tenías que traerme flores, pero me encantan.

—Pues entonces supongo que tampoco debí haber traído esto —dije, sacando la caja de mi chaqueta.

Sus ojos se agrandaron como platos al mirar la caja.

—¿Qué es eso?

Sonreí, moviéndome para ponerme frente a ella y abrir la caja.

—Es una pulsera de dijes. Quería… darte algo lindo. ¿Me permites tu muñeca?

—Edward —suspiró, ofreciéndome su muñeca izquierda mientras yo sacaba la pulsera.

Sonreí suavemente al ponérsela.

—¿Intentas decirme que te gusta pero no tienes las palabras para explicarlo?

Levantó la mano para ponerla en mi mejilla. Noté las lágrimas que había en sus ojos al sonreír.

—No debiste hacerlo, pero me encanta. Muchísimas gracias.

Bajé la cabeza, capturando sus labios. La acerqué a mí moviendo la mano a su cuello, envolviendo con ella su nuca mientras con el pulgar acariciaba detrás de su oído. Se alzó, encontrándose conmigo y profundizando el beso. Nuestras lenguas se movían juntas, al principio de manera lenta, pero pronto el beso se hizo más apasionado. Nuestros labios se separaron y recargué mi frente en la suya, sonriendo.

—¿Y lo hice bien? —pregunté.

Se rió suavemente dejando un besito en mis labios.

—Lo hiciste muy bien —dijo, envolviendo los brazos en mi cuello para abrazarme.


Con una meticulosa planeación y con la ayuda de mi cuñado, Bella y yo estábamos sentados en una mesa apartada cerca de la parte trasera del restaurante. Estaba tenuemente iluminada por una vela que parpadeaba entre nosotros, creando lo que yo creía era una cena romántica. Al menos así parecía, y Bella lo estaba disfrutando, lo cual significaba mucho para mí. Tendría que darle las gracias a Emmett. Si había una cosa que él sabía por haber estado tanto tiempo con mi hermana, era cómo hacer mierdas románticas. No sabía de dónde lo aprendió, pero no me importaba. Él me dio el nombre y el teléfono de dueño del restaurante, y me dijo qué debía pedir.

—Te superaste —dijo sonriendo mientras levantaba su copa de vino.

—Me ayudaron —admití—. Quería hacer que esto fuera romántico y ya que ciertamente no soy el hombre más romántico del mundo, supuse que era mejor pedirle ayuda a alguien.

—Hubiera estado feliz con comida a domicilio y una película, pero esto, Edward… Trabajaste tanto por esto y me encanta. ¡Y la corbata! —se rió.

—¿Está chueca? Joder, sabes que odio estas cosas.

—Está perfecta. Te ves… sexy todo arreglado. —Se sonrojó—. Me halaga que hayas luchado con una corbata por mí.

—Deberías. Me costó una eternidad ponérmela bien —me reí entre dientes—. En realidad Pequeña eligió ésta. Puse dos frente a ella, y agarró ésta. Bueno, luego intentó agarrar la otra, pero decidí irme con la primera que eligió.

—¡Aww, estás haciendo que la extrañe! No la pude ver hoy. —Frunció el ceño.

—¿Pero terminaste de organizar tu clase?

Asintió.

—Sí, estoy completamente lista para que lleguen los niños la siguiente semana. Me alegra regresar a trabajar, pero no esperaba que el verano se pasara tan rápido.

—De hecho el tiempo parece irse volando —dije, levantando mi copa.

—¡No puedo creer que en dos meses Sofía cumple siete meses! No parece posible. Y el hecho de que… —se detuvo.

—¿Qué?

—Que cumplimos tres meses de estar saliendo… el primero.

Mierda, ¿cómo no me había dado cuenta de eso? Quiero decir, no existía un aniversario de tres meses del que debiera saber, ¿verdad?

—Lo siento.

Sus ojos regresaron de golpe a los míos y frunció el ceño.

—¿Por qué?

—Yo no… Lo olvidé.

Suspiró, sonriendo y moviendo una mano.

—No lo dije porque esperaba que lo recordaras. En serio está bien. Creo que tienes cosas más importantes de las cuales preocuparte.

¿No estaba enojada? Qué bien.

—Como sea, lo recordaré. Es el primero. No debería ser difícil.

Cuando llegaron los aperitivos y comenzamos a comer, la conversación regresó a su trabajo. Me contó sobre algunas de las cosas que había planeado para los niños de su clase, y yo la escuché. Me di cuenta que ser maestro de preescolar no era tan fácil como parecía. Todo contaba con una gran cantidad de planificación. Más de lo que me hubiera imaginado, en realidad. Tenía que lidiar con muchos niños. Pequeña me dejaba agotado y ni siquiera había cumplido los siete meses, así que no sabía cómo lo hacía Bella.

La conversación siguió después de que llegó la cena, y platicamos sobre otras cosas que no tenían mucha importancia. A mitad de nuestra cena, decidí sacar a colación las cosas que quería saber, cosas que ella todavía no me había dicho.

—¿Puedo preguntarte algo sobre tu pasado? —le pregunté, sintiéndome nervioso porque fuera a decirme que no.

Asintió.

—Tenía la sensación de que querías saber algo, así que adelante.

—Tu… ex novio.

—Su nombre era Jacob y fue mi único novio antes de ti. Lo conocía desde hace mucho tiempo.

—¿Y te engañó? ¿Fue por eso que dejaste Seattle?

—Es que no te he contado algo que probablemente debí decirte antes —dijo, bajando los ojos hacia su plato y mordiéndose el labio.

—No mantienes contacto con él, ¿verdad?

Sacudió la cabeza.

—No, claro que no. Él no era, um… sólo un novio. Era mi prometido.

La miré por un momento, no sabía qué decir.

—¿Cuándo iba a ser la boda?

—Dos semanas después de que lo encontré en mi cama con mi dama de honor, Leah —bufó, pausó por un momento y sacudió la cabeza. Puse la mano en la mesa para agarrar la suya. Envolvió sus dedos alrededor de los míos y me miró a los ojos de nuevo—. Cancelé la boda de inmediato. Lamento no habértelo dicho, es sólo que no parecía haber un buen momento para hacerlo… Y me da vergüenza.

—Parece que él es un jodido cabrón por haberte hecho eso. Tú no… te abres mucho a mí, ¿sabes? Supongo que es por eso, ¿huh? Quiero decir, te conozco, pero no sé quién eres, supongo.

—Lamento no haberme abierto a ti como debería.

—Creo que no sé cómo deberías abrirte a mí. Pensé que lo habías hecho, pero esto es algo muy grande que nunca me habías contado. Casi estuviste casada.

—Fui una estúpida. Pensé que lo que Jacob y yo teníamos era real, pero creo que era más por conveniencia. Él era algo cómodo. Estaba ahí. Cada pocos fines de semana iba a casa de la escuela y ahí estaba él, queriendo hacer algo. Se convirtió en una relación, y ni siquiera me di cuenta. Pero luego consiguió trabajo en una concesionaria en Seattle y nos mudamos juntos. Estuvimos juntos por años y cuando me pidió matrimonio, parecía que era así cómo debían suceder las cosas, así que acepté. Creí que estaba enamorada, pero… él era mi mejor amigo, Edward. Probablemente fue eso lo que siempre fue, pero lo hicimos algo romántico porque parecía correcto hacerlo.

—Aunque lo amabas.

Asintió.

—Sí. Era un buen chico, y estoy segura que lo sigue siendo.

—Fue un cabrón que te engañó.

—Me engañó porque estaba enamorado de verdad. Sólo que no sabía qué hacer.

—¿No lo odias… o a tu amiga?

Suspiró.

—Ya no estoy segura. ¿Odio lo que me hicieron? Claro. Pudo haberme dicho la verdad, pero en lugar de eso los descubrí yo. Pero no sé si los odio a ellos. Me di cuenta de algo gracias a ti.

Alcé la ceja.

—¿De qué?

—No odias a Kate, ¿o sí?

—Yo… no. Fue tanto mi culpa como de ella. Sí, haber dejado a su hija en mi apartamento fue algo horrible, pero gracias a que lo hizo, yo tengo a Sofía. No puedo odiar a la persona que me dio a mi hija.

—Y yo no puedo odiar a Jacob porque, si él no hubiera hecho eso, yo no estaría aquí ahora. No te hubiera conocido a ti o a Sofía. Y no estaría verdaderamente enamorada.

—¿Y de verdad me amas? ¿No es sólo por conveniencia? Me refiero a que vivimos cruzando el pasillo —me reí.

—Te amo. Intentas con todas tus fuerzas ser un buen hombre. Sé que es por Sofía, pero… quiero creer que también es por mí.

—También es por ti, Bella, te amo. Ése era un concepto tan extraño para mí, ¿sabes? Quiero que seas feliz, y quiero ser la persona que te hace feliz.

Me sentía como… como si me estuviera abriendo a Bella. Claro, ya había pensado antes en estas cosas, pero decírselas era algo muy diferente. Lo hacía ser más real. No parecía tan ridículo cuando se lo decía.

—Me haces feliz, Edward. El sólo pasar tiempo contigo me hace feliz. Cuando llegas a casa del trabajo y terminamos en el sofá, hablando sobre el día, se siente bien. No es complicado, es fácil, aunque en realidad no es así. Tienes una hija, y aunque no lo hablemos eso, complica una relación.

—¿Sabes cuál es mi mayor miedo? —pregunté suspirando—. Me preocupa que ella sea lo suficientemente grande para recordarte cuando me dejes porque lo joderé en algo.

—Y ése… ése es mi miedo. Tengo miedo de que te canses de mí y sigas adelante. Te perderé, no sólo a ti, sino también a ella.

—No quiero tener que preocuparme por eso.

—Yo tampoco, ¿pero tenemos que hacerlo? ¿De verdad crees que puedas… encontrar a alguien más? ¿Crees que puedas, algún día, querer a alguien más?

Sacudí la cabeza, sonreí y apreté su mano.

—La verdad, no. No creo que vaya a joderlo.

—Yo tampoco lo creo, así que necesitas dejar de preocuparte por eso. Tú te detienes, y yo también. ¿Te parece?

—Me parece. Pero supongo que Sofía sí complica las cosas. Sabes que confío en tu juicio con ella, ¿verdad?

—También me preocupa eso. Tengo miedo de tomar cualquier decisión con respecto a ella porque puede que tú no lo apruebes. Por ejemplo, hace unos días no me diste pañales suficientes. La llevé conmigo a la tienda y me di cuenta que no revisé qué marca compras tú. Así que abrí su mameluco, a mitad del pasillo, por cierto, y revisé el pañal porque tenía miedo de comprar la marca equivocada.

Me carcajeé y ella me miró divertida.

—Lo siento —dije, intentando controlarme—. Bella, era un pañal. Me importa una mierda qué marca use.

—¿Y si la marca que yo le compraba le provocaba salpullido o algo? ¿Te enojarías conmigo?

Sacudí la cabeza.

—No, porque yo podría haber cometido el mismo error. Pero si tuviera salpullido, querría que me llamaras. No porque no confíe en ti para cuidarla, sino porque querría saberlo.

—Te llamaría.

—¿Entonces estamos en la misma página? Confío en tu juicio, así que no te preocupes de que me enoje. A menos de que no me digas si está enferma, porque entonces sí puede que me moleste.

—Nunca te ocultaría algo como eso. Cualquier accidente o enfermedad será reportada tan pronto como me asuste.

—Podemos asustarnos juntos —me reí—. Estaba pensando en envolverla con plástico de burbujas cuando empiece a caminar. ¿Parece buena idea?

Se rió conmigo ante lo absurdo de la situación, y todos los problemas pesados que habíamos discutido parecieron desaparecer. La amaba. Ella me amaba. Ella había estado comprometida. Yo me había acostado con muchas. Pero toda esa mierda ya estaba detrás de nosotros. Ésta era una relación seria, y lo admitimos discutiendo cosas que debimos haber discutido antes.


Luego de terminar nuestra cena, Bella y yo caminamos un rato a lo largo del muelle. Tenía agarrada su mano y ella recargaba su cabeza en mi brazo. Bajé la vista para encontrarla sonriendo. Se veía malditamente hermosa esta noche. ¿Y el hecho de que ahora llevaba puesta mi chaqueta? Joder. Verla con mi ropa se sentía… Me gustaba. Mucho.

—Está muy bonito aquí afuera, ¿verdad? —preguntó suspirando contenta.

—Sí —dije, mirándola a ella—, sí lo es.

—¿No estás molesto porque básicamente te mentí?

Sacudí la cabeza.

—No, Bella. Puedo… ver por qué no me dijiste. Quiero decir, definitivamente no me hace sentir bien, pero lo entiendo. Aunque si alguna vez me encuentro con ese hijo de puta, le daré una paliza por ti.

Se rió suavemente.

—No estoy muy segura de que puedas, pero te dejaré creerlo.

—Soy fuerte.

—Claro que sí, Edward. Claro que sí.

—¿Se ejercita o algo así?

—Es… musculoso. No te preocupes por eso, ¿sí? Yo creo que puedes con él.

—Bueno, ahora mi ego está un poco herido. Primero me dices que no puedo y ahora me mientes para hacerme sentir mejor.

Se detuvo y se movió frente a mí, poniendo sus manos a cada lado de mi cara.

—Tú eres mucho mejor en la cama. ¿Te sirve eso de algo?

Sonreí.

—Soy asombroso.

Me golpeó suavemente con una sonrisa.

—Creo que tu ego está muy bien.

Levanté una mano y acomodé un mechón de su cabello detrás de su oído. Me incliné para rozar mis labios con los suyos.

—Creo que deberíamos irnos —susurré.

Asintió en silencio cuando tomé su mano de nuevo y comenzamos a caminar de regreso a mi carro. Como dije antes, se veía malditamente hermosa esta noche. Quería llevarla a casa, desnudarla, tocarla y probar cada pulgada de su ser. Una y otra vez. Quería que gritara mi nombre, que rogara por mí, y se viniera mientras yo la veía. Joder, la deseaba, y parecía que no podía manejar lo suficientemente rápido.

En cuanto llegamos a mi apartamento y cerré la puerta, la empujé contra ella, moviendo mis labios sobre su cuello. Enganché su pierna en mi cintura, subí mi mano por su muslo y hacia su trasero, dándole un apretón que la hizo reír. Envolvió sus brazos en mis hombros, y la levanté, alejándome de la puerta con dirección a la habitación.

La dejé sobre sus pies cerca de la cama y me moví detrás de ella. Bajé la boca a su oído y susurré:

—Quiero follarte, hermosa.

Gimió cuando moví su cabello para besar su hombro. Bajé el cierre lentamente y cuando estuvo desabrochado, me moví frente a ella para bajar los tirantes por sus brazos, y mirar cómo el vestido caía por su cuerpo. Se veía malditamente hermosa.

Se quitó el vestido junto con los zapatos. Sus manos se movieron hacia la corbata rodeando mi cuello. La jaló y se puso de puntillas para juntar nuestros labios. Levanté la mano y usé el pulgar para acariciar ese lugar que estaba detrás de su oído. Gimió y podía sentir como tiraba de la corbata, intentando deshacer el nudo, pero estaba muy distraída. Joder, amaba distraerla.

Amo la corbata —dijo, liberándola de mi cuello. Se mordió el labio, sólo para mí.

Sonreí, me quité rápidamente la camisa y los pantalones antes de avanzar hacia la cama. Me tomé mi tiempo con ella, quería darle todo el placer que pudiera. Además, su cuerpo era tan precioso, y yo quería disfrutar de cada centímetro de ella.

La miré luego de sacarle las bragas por las piernas y tirarlas al piso.

—Quiero escucharte esta noche —dije besando su cadera—. Mi nombre, tus gritos, tus gemidos… no te calles nada.

Gimió, moviendo la mano entre mi cabello y enterrando las uñas en mi cuero cabelludo. Joder, eso se sentía bien.

—No lo haré —susurró— Te necesito, Edward.

Abrí sus piernas y besé el camino hasta su coño, separándola y metiendo mis dedos en ella. Estaba tan jodidamente caliente, y amaba como se sentía alrededor de mis dedos. Moví mis labios hacia su clítoris, besándolo antes de hacer círculos con mi lengua sobre él. Sus gemidos fueron cada vez más altos al incrementar mi ritmo.

—¿Te gusta? —pregunté, moviendo mis dedos dentro de ella y encontrando ese lugar. Supe que lo había encontrado cuando gritó mi nombre—. Sí, te gusta que mis dedos te follen, ¿no?

—Ed-Edward —gimió, apretando su agarre en mi cabello—. Dios, .

Seguí golpeando ese lugar mientras que mi lengua volvía a trabajar con su clítoris. La mordí, la besé y la chupé. Mi polla estaba malditamente dura. Quería estar en ella, pero quería más ver esto. Podía sentirla apretándose alrededor de mis dedos, así que moví la cabeza hacia atrás para verla mientras mis dedos seguían follándola. Estaba cerca. Podía verlo, sentirlo.

—Te sientes tan bien, hermosa —dije—. Tu coño cálido y suave rodeando mis dedos. Vente para mí.

Usé el pulgar para hacer círculos en su clítoris mientras metía mis dedos en ella de nuevo. Los saqué lentamente para luego volver a meterlos agregándole la presión suficiente. Eso fue todo lo que necesitaba. Gritó mi nombre y enterró los dedos en mi hombro. Se fue calmando lentamente mientras la miraba, mientras la sentía temblar. Se veía hermosa jadeando suavemente. Después de unos momentos abrió los ojos que se encontraron con los míos. Sonreí y besé de nuevo su cadera.

—Jesucristo, Edward —suspiró y me levanté para acostarme a su lado.

Me reí suavemente al besarla.

—Tomaré eso como un cumplido.

Sus mejillas e incluso su pecho estaban sonrojados mientras jadeaba; todavía no se recuperaba.

—Te amo.

—Yo también te amo.

Descansó por unos minutos antes de darse la vuelta hacia el buró para agarrar un condón. Se dio la vuelta y se subió sobre mí. Me fue metiendo en ella lentamente, gimiendo al hacerlo. Me senté y metí su pezón a mi boca, lo chupé mientras ella cabalgaba mi polla. La abracé con fuerza a mí, quería tenerla en mis brazos.

—Tan jodidamente buena, Bella —gruñí cuando aceleró el paso, moviendo su cuerpo sobre el mío.

Arrastró sus dedos por mi espalda gimiendo mi nombre. No podía satisfacerme de ella, así que subí mis labios por su pecho y cuello hasta llegar a su boca, besándola con todo lo que tenía en mí.

No había ni una jodida manera en que pudiera llegar a desear a alguien más que a Bella.


Creo que la cena resultó muy bien ;)

Espero que les haya gustado, ¡Gracias por sus comentarios! ^^

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