Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es anhanninen, yo sólo traduzco.

Beta: Isa.


Este capítulo viene dedicado especialmente para Zanzamaru, cielo, ¡Feliz Cumpleaños! Espero que pases un día divertido y lleno de bendiciones. Te mando besos, abrazos y mis mejores deseos.


Fatherhood, Formula, and Other F Words

Capítulo 27: Carajo, me caí del bote

Más pronto de lo que pensaba, se llegaron las cinco de la jodida mañana. Demonios, Bella ni se levantó de la cama. Les di un beso de despedida a ella y a Pequeña antes de salir con Charlie. Nos fuimos en una camioneta vieja —no tan vieja como la de Bella, gracias a Dios— con un bote enganchado a ella y condujimos unos veinte minutos hasta el lago.

Me explicó cómo meter el bote al agua e hice lo que pude para ayudar. Afortunadamente no tuve que hacer mucho, sólo tenía que informarle cuando llegara a cierto punto con irregularidades en el suelo. Aparte de lo del bote no hablamos mucho. Seguía jodidamente cansado, y él estaba muy... callado. Funcionaba bien para los dos.

—Nunca has pescado, ¿verdad? —preguntó Charlie cuando llegamos al centro del lago.

Sacudí la cabeza.

—Nunca. Mi papá no es... del tipo que anda al aire libre, supongo que ya lo adivinó usted.

Asintió pasándome una de las cañas.

—No hay problema. Primero te enseñaré cómo usar la caña.

Me dijo cómo lanzar la línea, enseñándome cómo hacerlo antes de darme la caña. Luego de joderlo un par de veces, finalmente descubrí cómo hacerlo. En realidad no parecía ser tan difícil. Luego de que terminó de explicarme todo, Charlie le puso un asqueroso gusano al gancho de mi caña y me la dio antes de preparar la suya. Luego sólo nos quedamos sentados. Los únicos sonidos provenían de las aves y otras criaturas que estaban en las cercanías del bosque.

Estaba a punto de quedarme dormido de lo aburrido que estaba. El tiempo pasaba lentamente cada vez que veía mi reloj. Charlie sólo estaba sentado viendo la cosa moverse en el agua.

—Está muy tranquilo —dije chasqueando la lengua.

Gruñó asintiendo.

—Sí.

—Sí hay peces aquí, ¿verdad?

Me miró alzando una ceja.

—Sí, sólo necesitamos ser pacientes. Ya vendrán.

Y así seguimos esperando por más tiempo. Eventualmente él atrapó algo, aunque luego lo soltó y me dejó preguntándome por qué carajo haría eso. ¿El propósito de esto no era atrapar peces?

—Revisemos tu caña —dijo poniéndole un gusano nuevo a la suya.

Enredé la línea y descubrí que ya no estaba mi carnada. ¿Cómo... qué demonios? Ni siquiera sentí nada. Joder, odiaba que un pescado me hubiera superado.

—No sentí nada —le dije.

Se encogió de hombros.

—A veces los bastardos son bastante sigilosos.

Luego de poner nuevas carnadas, volvimos a lanzar nuestras líneas. Tenía que preguntar. No podía evitarlo.

—¿Por qué lanzó de regreso al primer pescado?

—Era demasiado pequeño. No me lo iba a poder comer, así que para qué matarlo. Además, hoy no se trata tanto de la pesca. Quería un poco de tiempo a solas contigo... para hablar.

Tragué. Ayer se portó genial. Pensé que nos estábamos llevando bastante bien, así que me pregunté de qué querría hablar. Jesucristo, si me preguntaba cuáles eran mis intenciones con su hija, podría morir de risa o de vergüenza. No estaba muy seguro de cuál sería la definitiva.

—Oh —dije—. De acuerdo.

Miró hacia el agua antes de hablar.

—Es raro, ¿sabes? Ver como es Bella con tu hija. Parece tan... natural. Si no lo supiera, diría que ella es la mamá de esa pequeñita.

—Siempre ha sido muy buena con ella, pero puedo ver por qué es raro para usted. Anoche se inquietó un poco cuando esa mesera asumió que era hija de Bella.

Asintió.

—Así es, pero no es que tenga algo contra ti o tu hija, Edward. Sólo me preocupo por mi niñita.

—Yo la amo. Sé que he cometido errores en mi vida y no la merezco, pero ella significa mucho para mí. No quiero perderla. No puedo sentarme aquí y decirle que sentiría lo mismo si ella no quisiera tanto a mi hija, porque eso es un factor importante. Pero que la amo por más que sólo eso. Ella me ha hecho una mejor persona. Creyó en mí cuando ni yo mismo creía en mí. Conoce mis defectos, pero aún así me acepta por quien soy.

Sonrió un poco y el pornstacho se removió.

—Ve lo mejor de las personas, igual que su madre.

—Es cierto, y amo eso de ella. La verdad, Charlie, no sé qué haría sin ella. Asumió el papel de mamá de Sofía y todavía no hablamos sobre eso. Apenas llevamos unos meses juntos, pero sé lo que quiero; y es ella. La quiero a ella y a mi hija. Quiero... que algún día seamos una familia.

—Hijo, ya lo son —se rió—. Aunque todavía no lo hablen, ella se ve a sí misma como la mamá de esa pequeña. Eso es lo que me preocupa. Si te la llevaras, la destrozarías.

—Nunca haría eso. De verdad quiero pasar el resto de mi vida con ella. Yo sé que nuestra relación no es convencional. Tengo una hija, y eso hace que las cosas sean diferentes, pero también las hace mejores. No estamos perdiendo el tiempo, preguntándonos hacia dónde vamos; lo sabemos. En mi corazón sé completamente bien qué es lo que quiero.

Asintió.

—Eso era lo que necesitaba escuchar. Sabes, cuando vino ya hace un tiempo, estaba hecha un desastre. Lloró, y me juré a mí mismo que no dejaría que otro hombre la lastimara al igual que Jacob. No quería que me agradaras después de todo lo que ella me dijo, pero ahora que veo cómo eres y cómo actúas..., pues eres bueno para ella. Tú y tu hija lo son.

—Creí que me odiaría —dije cuando sentí un tirón en mi línea. Santa mierda—. ¡Atrapé algo!

Puso su mano en la caña porque yo estaba a punto de soltar la maldita cosa.

—¡Dale vuelta!

Le di vuelta tan rápido como me era posible, sintiendo la resistencia. De repente un pez enorme salió volando del agua causándome un susto de muerte. Me tropecé hacia atrás, cayendo fuera del jodido bote hacia el lago. Floté hacia la superficie con rapidez gracias al chaleco salvavidas. Escuché su maldita risa antes de abrir los ojos.

Pornstacho estaba riéndose a carcajadas con los ojos cerrados y se aferraba a su estómago. ¿Qué. Mierda? Nadé de regreso al bote poniendo las manos en la orilla para subirme porque él no se molestó en ofrecerme ayuda. Aunque en cuanto el bote comenzó a mecerse se tranquilizó y me ofreció su mano.

—Ladea el bote y te odiaré —dijo cuando me ayudó a subir.

Luego de que estuve dentro del bote siguió riéndose mientras yo escupía el agua y encontraba a mi pescado saltando a mí alrededor. Odiaba pescar, y para demostrar mi punto me iba a comer a ese cabrón

—Santa mierda, hijo —dijo intentando calmarse—, ¿estás bien?

Sacudí la cabeza salpicándolo de agua.

—Sí, estupendo —lo miré mal—. Por cierto, yo comeré a esa cosa.

Lo levantó para examinarlo y luego asentir.

—Una buena pesca. Lo prepararé para ti.

Me quité los zapatos para escurrirles el agua.

—¿Ya terminamos?

Sonrió.

—Claro, demos por terminado el día.


El camino de regreso a la casa de Charlie fue bastante incómodo, por no decir más. No me arrepiento de haber mojado su asiento porque cuando me quejé de eso, él se rió de nuevo. Al parecer el hombre sí tenía sentido del humor. ¿Quién lo diría?

—Lo lamento, pero fue una de las cosas más graciosas que he visto en mucho tiempo —dijo mientras yo intentaba encender mi celular. No funcionó, claro. La cosa había estado en mi bolsillo.

—Sí, definitivamente no lo olvidaré —suspiré.

—Aun así gracias por acompañarme. Me alegra que pudiéramos hablar.

Asentí.

—Por supuesto, pero no se repetirá.

Se rió entre dientes.

—No puedo culparte. Quizá podamos ir a cazar para la próxima. ¿Has usado una pistola antes?

Joder, rezaba porque estuviera jugando, pero tenía la sensación de que no era así.

—No, y me temo que no puedo decir que tenga ganas de hacerlo.

Se encogió de hombros.

—Lo entiendo. Además, si terminas pegándote un tiro, Bells me mataría.

Cuando llegamos a la casa también Bella se rió de mí. En serio, yo no le encontraba lo gracioso. Sólo Dios sabe qué clase de bacterias había en el agua. Al darse cuenta de que yo no me estaba riendo, Bella se detuvo y me besó, sonriéndome al separarnos.

—Lamento que te hayas caído —dijo—. Si te hace sentir mejor, yo también me he caído. Pero para ser justos, fue por mi torpeza, no porque un pez me asustó.

—¿Ya lo viste? —le pregunté, abriendo las manos para enseñarle el tamaño—. ¡Tenía razón en asustarme! Iba volando hacia mí, ¿de acuerdo?

Se mordió el labio intentando no reírse.

—De acuerdo, Edward. ¿Por qué no vas a bañarte? Papá va a preparar tu pescado monstruo y lo va a freír para la comida. Estoy segura que para cuando termines Sofía estará lista para su biberón.

—¿Se portó bien?

Sonrió asintiendo.

—Fue una perfecta angelita como siempre, aunque creo que extrañó un poco a su papi.

Me agaché para besar sus labios por un momento antes de dirigirme a la ducha. Cuando terminé me senté en la sala con Pequeña y le di su biberón. Bella estaba en la cocina con su papá, así que estábamos solos.

—Juro que nunca te obligaré a pescar —dije besando su frente—, pero la buena noticia es que le agrado a Charlie. Básicamente me dijo eso. Tú también le agradas, pero eso se daba por hecho. No estaba seguro de qué tan ligada está Bella con nosotros, pero creo que ya lo entiende.

Ella estaba agarrando el biberón, lo sostenía sin ayuda y me miraba.

—Ya estoy listo para ir a casa. He tenido suficiente emoción. Y, uh... creo que le preguntaré a Bella algo más tarde. —Sonreí agachándome para susurrarle—: Esperemos que diga que sí, ¿de acuerdo?

Luego de que Pequeña terminó su biberón, me senté en el piso mientras la ayudaba a mantenerse de pie. Ella rebotó felizmente con mi ayuda hasta que Bella llegó para avisarnos que la comida estaba lista.

—¿Puedo cargarla? —preguntó cuando me senté en la mesa.

Alcé a Pequeña y la niña estiró las manos hacia Bella, balbuceando con mucha alegría para ella. Bella le hizo arrumacos y vi a Charlie sonreír un poco. Al parecer está empezando a acostumbrarse. Al menos eso esperaba. Bella estaba claramente feliz, la sonrisa en su rostro lo demostraba.

Mi pescado sabía bien, pero aun así no valió la pena tanto como para tener agua de lago en mis pantalones. Aunque a Charlie sí le gustó. Ya que estaban pasando un juego de los Seahawks, nos preguntó si queríamos quedarnos a verlo. El día de mañana yo lo tenía libre, y Bella quería quedarse un rato más, así que miramos el juego con él. Los Seahawks terminaron perdiendo, algo que no le causó mucha gracia a Charlie.

Era tan malo como Emmett.

Cuando llegó la hora de irnos, Bella abrazó a su papá con fuerza, prometiendo volver pronto.

—Qué bueno, y también tendrás que traer a la calabacita —dijo—. Supongo que a los dos.

Se rió junto con Bella abrazándola una vez más. Ella besó su mejilla y dijo:

—Te quiero, papá. Gracias.

—Claro. Manejen con cuidado y avísenme cuando lleguen a casa. Te quiero, Bells.

—Adiós, Charlie —dije, ofreciéndole la mano—. Gracias por invitarnos.

Asintió.

—No fue nada. Cuídense.

—Usted también. Di adiós, Pequeña —dije, agitando la mano de ella para él.


—Dios, qué bien se siente estar en casa —dije, dejando las bolsas en el piso de mi apartamento.

Bella dejó el porta bebé en el piso y sacó a mi hija durmiente, arrullándola cuando renegó un poco.

—Aunque te la pasaste bien, ¿verdad? Quiero decir, aparte del incidente del bote. —No me pasó desapercibida la sonrisita en sus labios, pero decidí ignorarla.

—Sí, fue mejor de lo que esperaba. Le agradó completamente. —Sonreí sacando a Pequeña de sus brazos—. Y creo que a ti te adora, Sofía.

—Oh, sí es así —dijo Bella sonriendo—. Fue tan lindo verlo con ella. Nunca antes había visto a mi papá con un bebé, pero lo hizo bien, ¿sabes?

—Arrasó con él. —Me incliné y la besé suavemente—. Iré a acostarla. ¿Te quedarás esta noche?

Asintió.

—Claro que sí, pero iré a dejar mis cosas en mi apartamento y a agarrar algo de ropa. Buenas noches, bebita.

Besó la mejilla de Pequeña y luego se fue mientras yo me dirigía a la habitación de la niña. Recosté a Sofía en la mesita cambiadora, le cambié el pañal y le puse su pijama. Estaba medio dormida, parpadeando lentamente mientras la vestía y le quitaba la diadema.

—Mañana te baño, ¿de acuerdo? —le pregunté acariciando su pancita—. Papi te ama, ¿lo sabes? Gracias por portarte tan bien este fin de semana. Eres una niña muy buena.

La cargué y me senté en la mecedora con ella. La recosté sobre mi hombro y palmeé suavemente su colita. Ella bostezó e hizo un sonidito como de chillido. Jodidamente adorable. Enterró la cabeza en mi cuello y agarró mi camiseta sin mucha fuerza mientras se volvía a dormir.

—Tengo miedo, Pequeña —susurré—. Tengo miedo de que Bella se asuste cuando le pida que se mude con nosotros. ¿Es demasiado pronto? Me refiero a que ni siquiera llevamos cuatro meses juntos, aunque Jasper decidió casarse con Alice en menos tiempo que eso. Que la gallina de mierda no se haya decidido a pedírselo todavía es otra cosa. Creo que ésta es una buena idea. Básicamente ya vive aquí, ¿qué es lo que cambia en realidad? Yo saco algunas cosas y ella mete otras. Sin embargo quiero pedirle mucho más, obviamente no me refiero a matrimonio. Es demasiado pronto para eso, pero... quiero preguntarle si se considera tu madre. Hablamos sobre eso tan causalmente que todavía me pregunto qué es lo que realmente piensa. Yo la veo como tu mamá. También la veo algún día como mi esposa.

Sonreí para mí, y seguí meciéndome aunque Pequeña estuviera profundamente dormida.

—Estoy muy feliz por donde se encuentra mi vida gracias a ti, princesa. Cuando seas lo suficientemente grande; créeme, dejaré fuera la mayoría de los detalles, te diré lo agradecido que estoy contigo, y cómo es que me hiciste una mejor persona.

Escuché que se cerraba la puerta de enfrente. Me puse de pie, acosté a Pequeña en su cuna y besé su frente antes de dirigirme a la sala. Bella estaba en el sofá con una cerveza en la mano y me la ofreció con una sonrisa.

—Te la mereces —dijo.

Me dejé caer junto a ella, dándole un trago a la botella.

—Te dije que nunca más iba a volver a pescar, ¿verdad? —me reí, soltando la cerveza antes de pasar el brazo por sus hombros y acercarla a mí.

—Creo que sí —se rió—. Aunque fue lindo de tu parte el intentarlo. Casi desearía haberte concedido el sexo en un tronco.

—Teníamos tiempo antes. Pudimos haber regresado ahí.

Levantó su mano para palmearme la mejilla y luego me bajó la cabeza para poder besarme.

—Dije casi, pero sí he extrañado estar contigo. Sofía está dormida, ¿verdad?

Asentí.

—Sí, ¿pero podemos hablar primero?

Se sentó ladeando la cabeza.

—Esto es serio. Acabas de rechazar sexo.

Me reí entre dientes.

—Lo pospuse, no lo rechacé. Y sí, es serio, pero espero que bueno. Últimamente he estado pensando mucho sobre lo feliz que soy y como finalmente siento que estoy donde debería estar en mi vida.

Sonrió.

—También estoy feliz. Estamos en un buen lugar.

—Es cierto, pero me gustaría estar en un lugar mejor... un lugar donde vivamos juntos.

Sus ojos se agrandaron un poco, pero la sonrisa no titubeó, así que seguí.

—Estás aquí todo el tiempo. En las últimas semanas, ¿cuántas veces has dormido en tu apartamento? Cero, ¿verdad? Estás aquí y me encanta que estés aquí, así que me gustaría hacerlo permanente. Múdate conmigo.

—¿Estás... seguro?

Asentí.

—Sí. Estoy seguro de que te amo y que mi hija también te ama. Estoy seguro de que eres tú con quien quiero estar para siempre, pero también sé que hay pasos para llegar allí. Sé que es un gran compromiso, pero estoy listo para él. Por favor, dime que tú también.

—Yo... —hizo una pausa, parpadeando. Mi corazón martilleaba en mi pecho mientras rezaba porque dijera que sí—. Me encantaría mudarme contigo.

—¿En serio? —pregunté sonriendo lentamente.

—Sí, pero... no sé. Parece rápido, ¿no crees? No quiero presionarte en algo para lo que no estás seguro.

—Bella, estoy seguro de ti. Sé que apenas han pasado unos meses, pero mira la forma en que actuamos; actuamos como una familia. Tú... actúas como si fueras la mamá de Pequeña.

Carajo, eso se me salió.

Por favor, por favor, no te asustes, pensé al verla sentada allí, quedándose callada por un momento.

—Pienso en ella como mi hija —dijo suavemente—. Sé que no lo es, pero así la quiero. Sólo pasó, ¿sabes? Y la forma en que hablamos de ella parece tan normal para mí.

—También para mí. La mitad del tiempo ni siquiera lo pienso.

—Desearía que fuera mía.

Sonreí tomando su mano y besando el dorso de ésta.

—También desearía que fuera tuya. Juro por Dios que no planeé en sacar el tema esta noche.

—Me alegra que lo hicieras, porque la verdad yo no tenía ni idea de cómo sacar el tema.

—Yo tampoco, así que estoy feliz de que se me haya escapado —me reí—. Entonces, ¿quieres ser su mamá?

Los ojos comenzaron a llenársele de agua, su sonrisa era preciosa.

—Claro que sí, Edward. No sabes lo feliz que me hace eso.

Pasó sus brazos por mi cuello y la abracé con fuerza.

Se iba a mudar conmigo. Quería ser la mamá de Pequeña. Jesucristo, esto era todo lo que no sabía que quería.

—Te amo tanto —dijo llorando.

Me aparté para limpiar sus lágrimas.

—Yo también te amo. Ahora sí ya terminé de posponer.

Se rió suavemente asintiendo.

—Qué bueno. Llévame a la cama, Edward... a nuestra cama.


Espero que les haya gustado, este Edward cada vez es más dulce.

En el grupo de Facebook iré reportando sobre las actualizaciones de las otras historias, pueden encontrar el link en mi perfil.

¡Gracias a todas por sus comentarios!

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