Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es anhanninen, yo sólo traduzco.

Gracias a Isa por corregir este capítulo.


Fatherhood, Formula and Other F Words

Outtake 2: Primer hueso roto

—Es negativo, ¿verdad? —pregunté, recargándome en el marco de la puerta del baño mientras Bella veía la prueba de embarazo.

Asintió, agachó la cabeza y se secó las mejillas con su mano libre.

—Lo siento.

Apenas tenía dos días de retraso, no debí dejarla hacerse la jodida prueba. Ya llevábamos seis meses intentando tener otro bebé, pero no pasaba nada. Supusimos que pasaría con facilidad, pero no era el caso. Seis meses. Seis veces que Bella se había sentido decepcionada. Cada vez se hacía más y más difícil, ¿pero en esta ocasión? Realmente creyó que ya había pasado.

—Lo siento mucho, Bella —dije, acercándome y arrodillándome frente a ella que estaba sentada en la tapa cerrada de la taza. Le quité la prueba de las manos y la lancé al bote de basura junto a ella—. Oye, es que todavía no es tiempo, ¿de acuerdo? Eventualmente lo será.

—Lo sé —dijo suavemente—. Quizá si no me llega el periodo en unos días, me haré otro. ¿Qué piensas?

¿La verdad? No creía que estuviera embarazada. Si lo estuviera, esta prueba lo hubiera mostrado. En estos días esas pruebas eran bastante certeras, especialmente las de este tipo. Aunque no quería aplastar su esperanza; así que asentí y dije:

—Mejor espera hasta que regreses a casa, pero… si es el mismo resultado, sólo seguiremos intentándolo. No me opongo a la parte de intentarlo. —Sonreí.

Sus labios se curvaron en una ligera sonrisa al asentir.

—Por supuesto que no. Supongo que sólo estoy triste. Quiero decir, no soy tan vieja. ¿Por qué no pasa? ¡Las mujeres se embarazan a mi edad sin siquiera intentarlo!

—Algunas lo hacen, pero a veces toma tiempo. Prometo que no nos rendiremos. Algún día tendremos un bebé cuando sea el momento adecuado. Quizá todavía no lo es. En unos meses Sofía empezará en la escuela, así que eso será una buena carga.

Suspiró.

—Tienes razón. Perdón por estar tan… emocional por esto.

—No lo sientas —dije sonriendo al acariciarle la mejilla—. Aunque es mejor que pongamos manos a la obra. Me sorprende que Sofía no esté golpeando nuestra puerta.

—Le puse las caricaturas —se rió—. Está muy ocupada.

—Por supuesto que sí.


Ya que eran vacaciones de primavera y la escuela descansaba durante una semana, Bella quería tomar un taller en Seattle que la escuela iba a pagar. Duraba tres días completos y la verdad no sabía de qué jodidos se trataba. Era algo sobre niños con necesidades especiales y cómo incorporarlos en clase. Al parecer el siguiente año tendría a un niño autista en su clase, así que quería saber cómo ayudarlo. Después de todo, Forks no tenía clases para niños con necesidades especiales.

Yo había tenido que salir de la ciudad antes por conferencias médicas, pero esta era la primera vez que era Bella la que se iba. Pequeña estaba algo enojada por eso, pero ahora ya estaba mejor. Bella prometió llamarla todas las noches y también hablarían por Skype. Sofía seguía sin estar feliz, pero viviría. Después de todo sólo serían unos días.

—¡Espera mami! —dijo Pequeña, corriendo hacia la habitación mientras Bella cerraba su maleta—. Olvidas a Fluffinton. —Le ofreció el viejo conejo rosa que Charlie le había dado en su primer cumpleaños.

—Corazón, es tuyo —le dijo Bella, sentándose en la cama y tomando el conejo—. No lo olvidé.

—Quiero que te lo lleves. Te cuidará, ¿decuedas?

Bella sonrió y se agachó para ayudar a Sofía a subirse en la alta cama. Abrazó al conejo mientras besaba la frente de nuestra hija.

—¿Estás segura de que no lo extrañarás mucho?

Sofía asintió.

—Papi me cuidadá mientdas él no está. Quizá puedo hablad también con él en la 'putadoda. ¿Cuántos días son hasta que degdeses?

—Regresará el miércoles en la noche, Pequeña —dije, poniendo las manos bajo sus brazos para acomodármela en la cadera—. Marcaremos cada día en el calendario, ¿de acuerdo? Se pasarán volando. Después de todo, nos divertiremos muchísimo. No habrá hora de dormir, toda la comida chatarra del mundo, ¡y ni siquiera tendremos que recoger tus juguetes!

Me reí cuando Bella me vio horrorizada por mis palabras. No podía prometer que no pediríamos pizza todas las jodidas noches, pero probablemente la casa seguiría en pie para cuando ella regresara.

Espero.

—¡Sí! —Pequeña se rió—. ¿Ya te vas, mami?

Bella suspiró y asintió.

—Sí, tengo que recoger primero a la tía Alice, así que ya es hora.

Se puso de pie y cerró su maleta antes de que yo le pasara a nuestra niña. Agarré sus bolsas de la cama y luego las seguí, bajamos las escaleras y nos dirigimos al carro. Obviamente, Pequeña ayudó muchísimo al meter al Señor Fluffington —también conocido como Fluffinton— en su asiento para carro y ponerle el cinturón.

—¿Está seguro? —preguntó Bella y ella asintió—. Bien, dale besos a mami.

Aparte de unas cuantas lágrimas por parte de ambas, la despedida no fue tan mala. Cuando llegó mi turno, la abracé fuertemente entre mis brazos. La última vez que se había ido fue cuando Charlie tuvo su ataque al corazón, así que esto también me jodía un chingo a mí. Ya ni siquiera estaba seguro de saber cómo cuidarme a mí mismo.

—Te amo —dije, presionando mis labios contra los de ella. Lo hice durar, besándola profundamente y saboreando el momento. Anoche tuvimos un sexo jodidamente fantástico de despedida, pero eso no era todo lo que extrañaría esta semana—. ¿Estás segura de que sigues queriendo irte después de lo de esta mañana?

Ella sonrió tristemente y asintió.

—Estoy bien, Edward. Sólo… triste por ello. Seguiremos intentando hasta que pase.

—Me parece bien. —Sonreí besándola suavemente una vez más—. Llámame en cuanto tengas una oportunidad, ¿bien?

—Por supuesto. Cuida a nuestra niña por mí. Nada de perros o gatos sorpresa mientras no estoy, ¿entendido?

—Ni siquiera sus suplicantes ojos tristes me convencerían de ello —me reí—. Te amo, Mordelona.

—Yo también te amo. A los dos.

Luego de otro beso de Pequeña y mío, finalmente se subió al carro y salió del camino de entrada. Nos despedimos con la mano hasta que giró en la carretera principal, y luego sólo nos quedamos parados allí por un momento.

—Y bien, ¿qué hacemos ahora, princesa? —pregunté, limpiándole las lágrimas de las mejillas.

Se encogió de hombros.

—¿Le llamamos?

Me reí entre dientes.

—Buena idea.

Quiero decir, ya había pasado al menos un minuto desde que se fue.


Ya que Bella estaba fuera de la ciudad, reprogramé todas mis cirugías y decidí quedarme en casa con Sofía. Pequeña y yo pasamos la mañana del lunes en mi oficina para poder encargarme del papeleo antes de estar realmente libre, y luego fuimos a Port Ángeles a ver una película antes de irnos a casa. En realidad no era tan malo no tener a Bella cerca.

Quiero decir, la extrañaba jodidamente mucho, pero… Sofía y yo no pasábamos mucho tiempo solos, no de esta manera, al menos. Me recordaba un poco a sus primeros meses cuando sólo éramos nosotros dos, aunque ahora ya podía hablar. Y santa mierda, sí que le encantaba hacerlo. Ya no tenía a mi terapeuta silenciosa, sólo eso diré.

—Y todos vivieron felices para siempre —leí, cerrando el libro y viendo a Pequeña – que seguía completamente despierta conmigo en su cama—. Ni siquiera un bostezo, ¿eh?

—¿Puedo ver televisión? —preguntó sonriendo tontamente—. ¿Pod favod?

Probablemente Bella me mataría si le dijera que dejé a Sofía ver televisión hasta las diez de la noche, pero lo que no sabía no le haría daño. Además, usualmente Pequeña se dormía si apagabas todas las luces y mantenías bajo el volumen de la televisión.

—¿En mi cama?

Asintió.

—¿También puedo dodmid contigo?

—Claro —me reí entre dientes sabiendo que no era una buena idea. Me paré de la cama y la cargué antes de llevarla a mi habitación. La lancé en la enorme cama y se rió—. Mami no se enterará, ¿de acuerdo?

—¡No le didé! ¡Lo pdometo! —dijo, gateando hasta la parte superior para agarrar una almohada.

Aparté mi vista de ella un momento para apagar las luces y terminé con una almohada lanzada a mi espalda. Oh, carajo. Giré la cabeza, sonreí cuando se rió y gateó bajo las cobijas.

—Pelea de almohadas, ¿eh? —pregunté, levantándola del piso—. Esconderte debajo de las cobijas no te ayudará si puedo ver tu bulto.

—¡Yo no fui! —gritó—. ¡Sólo pasó! ¡Almohada mágica!

—¿Qué? ¿Es mágica? ¿En serio?

Asomó la cabeza y asintió.

—Síp. Voló por sí sola. Como en Aladdin.

—Esa era una alfombra —me reí caminando hacia ella—. No estoy convencido de que esta almohada sea mágica. Creo que tú me la aventaste, lo cual me lleva a creer que quieres empezar una guerra. Y sólo para que lo sepas, papá no pierde las guerras. Jamás.

Agarró otra almohada y me la lanzó, pero falló completamente. Su risita era jodidamente adorable, y aunque probablemente debería estar durmiéndose, decidí divertirme un poco con ella. Ella amaba su jodida versión de luchar conmigo. Yo siempre la dejaba ganar, después de todo.

Me subí a la cama, dirigiéndome directo a su bulto debajo de las cobijas donde intentó esconderse de nuevo y le hice cosquillas en los costados mientras ella gritaba "¡Papi!" una y otra vez. La dejé levantarse y agarró otra almohada, golpeándome suavemente en un lado de la cabeza.

Pretendí caer de cara contra la cama, haciéndole creer por un momento que me había derrotado antes de saltar. Gritó y se rió, saltando lejos de mí. No me di cuenta de lo cerca que estaba de la orilla de la alta cama hasta que se cayó de ésta.

Con fuerza.

Su grito de dolor fue instantáneo, o eso pareció, y apenas pasó un momento antes de que yo gritara su nombre, bajándome de un salto de la cama para encontrarla en el piso. Se acunaba la muñeca contra el pecho, revolviéndose a causa del dolor sobre su espalda.

—¡Papi! —gritó, el chillido se fue directo a mis huesos—. ¡Papi!

—Oh, bebita, lo siento mucho —dije, alejando su mano buena de la que tenía acunada contra el pecho. Gritó más fuerte y en el momento en que vi la enfermiza deformidad en su muñeca, supe exactamente por qué—. Carajo.

La cargué en brazos, levantándola del piso y acostándola en la cama ridículamente alta. La cabrona era una locura, pero fue lo que le gustó a Bella cuando redecoró nuestra habitación el año pasado. Estaba listo para quemar a la hija de puta.

—Estás bien —la arrullé acariciándole la mejilla—. Todo va a estar bien.

Mi consuelo no pareció calmarla, por supuesto. Sus gritos seguían siendo igual de ruidosos cuando volvió a acunar la muñeca lastimada contra su pecho. Por un momento se distrajo por el dolor, así que aproveche la oportunidad para correr a la cómoda y agarrar el teléfono de ahí, marqué el número de Emergencias de Forks mientras agarraba mi maletín de primeros auxilios del armario.

—Departamento de emergencias del Hospital Comunitario de Forks, habla Chelsea —respondió la voz en el primer timbre.

—Chelsea, soy Edward Cullen —dije, sosteniendo el teléfono en mí oído con el hombro mientras buscaba en la bolsa, encontrando la banda elástica que estaba buscando—. Necesito que me hagas un favor.

—Por supuesto. ¿Qué está pasando? ¿Alguien está gritando?

—Mi hija se acaba de fracturar la muñeca. Estaremos ahí pronto, pero necesito que llames al Doctor Embry Call por mí, ¿de acuerdo? Es un cirujano ortopédico de Port Ángeles, pero tiene privilegios.

—Um… sí, puedo hacerlo. ¿Necesita una ambulancia?

Una vez más alejé la mano buena de Sofía de su muñeca —haciéndola gritar más— y se la envolví con la banda, estabilizando lo mejor posible la fractura.

—No, sólo llámalo. Probablemente se quejará por la hora, pero dile que es para mí. Vendrá.

—Entendido. ¿Algo más?

—Asegúrate de que radiología esté libre para cuando lleguemos ahí.

—Lo haré. Lo veo pronto, Doctor Cullen.

Colgando el teléfono, lo deslicé dentro del bolsillo de mi pantalonera y me concentré una vez más en la muñeca de Pequeña. Carajo, era malo. No rompió la piel, pero obviamente estaba desplazada. Maldición, no debí haber estado jugando con ella en la cama.

Bella va a matarme.


Los gritos de Pequeña se habían apagado durante el transcurso al hospital, pero sus lágrimas seguían cayendo con toda la fuerza, y no podía culparla en absoluto. Había llamado a Emmett durante el viaje, pidiéndole que mandara a Call para acá si intentaba negarse al pedido de la enfermera. Emmett era el jefe del tipo, después de todo, y juró que mandaría a Embry a Forks lo más pronto posible.

Retrasé la llamada a Bella sabiendo que escuchar el llanto de Sofía sólo la alteraría más. Estaba a cuatro horas de distancia, así que no había nada que pudiera hacer al momento. La llamaría en cuanto Pequeña estuviera hasta arriba de drogas. Era una jodida pena que yo no pudiera consumir nada de esa mierda, porque mis nervios estaban destrozados. Básicamente le había roto la muñeca a mi niña.

En cuanto entramos a emergencias, Chelsea ya estaba ahí para recibirme y guiarnos a una sala de examen. El pequeño departamento de emergencias estaba casi vacío, con excepción de un borracho que se estaba curando la cruda dormido en una de las camas.

—Tengo que bajarte, amor —dije, acostándola en una de las camillas mientras ella se aferraba al cabello que tenía en la nuca fuertemente con su manita—. El dolor terminará pronto. Lo prometo.

—Duele, papi —lloró, soltando su agarre letal en mi cabello—. ¡Duele muchísiiiimo!

—Ya está abierto radiología —dijo el doctor Garrett Nichols, entrando en la habitación justo detrás de nosotros.

Él era un empleado contratado recientemente; nuestro cuarto doctor dedicado a emergencias. Era joven, pero parecía competente. Aunque hubiera preferido que uno de los doctores más experimentados estuviera aquí esta noche, pero no se le ve diente a caballo regalado, o una mierda así.

—Necesita medicamento —dije—. Está desplazada. Denle morfina intramuscular, ¿por favor?

Le asintió a Chelsea antes de avanzar un paso, diciéndole qué dosis poner. Luego de registrar los signos vitales de Pequeña, se apuró en salir de la habitación mientras Garrett removía gentilmente el vendaje que había puesto en la muñeca de mi bebé. Gritó; con fuerza. Me costó un gran esfuerzo no arrancarle la cabeza por causarle más dolor, pero sabía que era necesario.

—¿Cómo se lastimó? —preguntó, examinando el hueso deformado que se levantaba hacia arriba.

—Se cayó de la cama. Estaba removiéndose al caer, así que debió estirar la mano al golpear el piso. No perdió consciencia y busqué algún signo de dolor en su cabeza antes de meterla al carro; no creo que se la haya golpeado.

Asintió sacando su lámpara del bolsillo.

—Sólo hay que asegurarnos. ¿Cuál es tu nombre, cariño?

—S-Sofía —sollozó, agarrando fuertemente mi mano.

—Qué bonito. Mira aquí, ¿de acuerdo?

Revisó cuidadosamente sus ojos, confirmando lo que yo ya sabía: no había trauma en la cabeza. Mientras estaba terminando, Chelsea volvió a entrar en la habitación con el medicamento. En cuando Pequeña vio la maldita jeringa en su mano, comenzó a llorar con más fuerza. Deslicé mi brazo debajo de su espalda con mucho cuidado, acercándola a mi pecho para agarrarla bien. Afortunadamente Chelsea fue rápida al inyectarle la aguja en el músculo, pero no lo suficientemente rápido para que mi pequeña no lo notara.

Gritó en mi odio, casi rompiéndome el tímpano, cuando la aguja le perforó la piel.

—Shhh, está bien —susurré, besando su sien—. Ya terminó todo, princesa. Todo el dolor se irá pronto.

—Papi —lloró, acurrucando su cara en mi cuello—. Haz que pare.

—Parará pronto. Lo prometo. Lo siento mucho. Te amo, bebita.

Mientras esperábamos unos momentos a que la medicina hiciera efecto, Chelsea puso un paquete de hielo en la muñeca de Sofía y la elevó sobre una almohada por ella. Garrett había salido de la habitación para mandar la orden de los rayos x y llenar su historial. No tardaron mucho en mandar a alguien de admisión para darle a Pequeña su primera pulsera de identificación del hospital. Ese era una primera experiencia que pudimos habernos saltado, por no decir más. La vez en que necesitó puntadas siendo bebé había sido suficiente.

—Ya está —dije, sonriéndole tristemente a Pequeña que parpadeaba con lentitud, sintiendo la morfina hacer efecto—. Está mejorando, ¿verdad?

Asintió lentamente.

—Sí, pedo… estoy cansada.

—Es algo bueno. Vamos a tomarle unas fotos a tu muñeca, ¿bien? Podrás ver tus huesos. Eso es genial, ¿no?

Era jodidamente horrible, en realidad.

—Supongo —dijo, bostezando—. Quiedo a mami.

—Le llamaré pronto.

—Y un perrito —murmuró.

No pude evitar reírme.

—Uh-huh, hablaremos de eso más tarde.

No le iba a dar un jodido perro.


Me quedé con Sofía, moviendo su muñeca de posición mientras le tomaban los rayos x. Las pocas veces que había tenido que ponerme detrás de la pared fueron horribles. Decía mi nombre y se la mantenía moviéndose, arruinando la imagen. Cuando finalmente tomamos los rayos x, la cargué yo mismo de regreso a la sala de examen.

No se quedó dormida, pero estuvo bastante cerca de hacerlo en ciertas ocasiones; el milagro de opiáceos. En cuanto pude ver las radiografías estuvo claro que tenía una fractura de radio distal desplazado, lo cual ya había supuesto. No necesitaría cirugía, pero sí necesitaría una reducción cerrada para acomodar el hueso en su lugar. Era una herida muy común, pero… eso no lo hacía menos terrorífico.

Ahora sólo teníamos que esperar a que llegara Embry Call para hacerlo.

Sacando el celular de mi bolsillo, mantuve el dedo sobre el nombre de Bella hasta que lo presioné, sabiendo que tenía que hacerlo. Sonó y sonó hasta que me mandó a buzón de voz, y no pude decidir si era algo bueno que ella durmiera como muerta y no lo hubiera escuchado.

—Hola Bella, soy yo —le dije a la máquina—. Necesito que me llames cuando escuches esto. No te alteres, pero Sofía tuvo un accidente. Estará bien. Te lo juro. Sólo llámame. Te amamos.

Se alteraría, y probablemente lo haría aún más porque le dije que no lo hiciera. Pensé en mandarle también un mensaje para que lo viera primero.

Llámame cuando despiertes, ¿por favor? Es urgente. Te amo.

—¿Mami? —preguntó Sofía en la voz mareada más dulce del mundo. Parpadeó de nuevo, concentrándose en mí—. ¿Cuándo mami llega?

—Vendrá lo más pronto que pueda —dije, pasando mi mano por su cabello—. ¿Por qué no descansas un poco, eh?

—Me siento… divertida. Como, no sé.

—Lo sé. —Sonreí tristemente—. Aunque es por las medicinas. ¿Te duele?

Sacudió la cabeza, abriendo todo lo que podía sus ojos y exhalando un gran suspiro.

—Whoa.

—Cierra los ojos, bebé. Te sentirás mejor pronto y el doctor estará aquí para mejorar tu muñeca.

De hecho, Call necesitaba apresurar su jodido culo, pero supuse que decirle eso no sería buena idea. Ella asintió lentamente, moviéndose un poco de costado hacia mí y cerrando de nuevo los ojos. Esperamos otra media hora hasta que finalmente entró el jodido Embry Call. Era un cirujano ortopédico bastante decente, y sabía que podría manejar con facilidad una reducción cerrada.

—¿Está dormida? —preguntó suavemente abriendo su historial.

Asentí.

—Sí, logré que cerrara los ojos. Gracias por venir.

—No hay problema —dijo, revisando su historial—. Perdón por tardar tanto. Entonces, ¿reducción cerrada? ¿Supongo que no quieres que se quede?

—Demonios, sí. Ya arreglé las cosas con el anestesiólogo para que le ponga un sedante ligero. —Presioné el botón en el control remoto de Pequeña, señalándole a Chelsea para que regresara—. ¿Ya viste sus radiografías?

—Les eche un vistazo, pero en un minuto las examinaré mejor. Seré gentil, pero necesito examinar su muñeca.

Asentí suspirando y apreté ligeramente la mano de Sofía cuando él movió el paquete de hielo, inspeccionando de cerca la fractura. Cuando quedó satisfecho, se fue para ver sus rayos x mientras Chelsea regresaba. Le pedí que alertara en quirófano y en menos de diez minutos ya llevábamos a Pequeña al piso superior.

Ya tenía puesta la intravenosa y los monitores, ella dormía pacíficamente. Me senté junto a ella, sosteniendo su mano buena mientras el anestesiólogo le ponía el sedante para asegurarse de que se mantuviera inconsciente durante el procedimiento, aunque la morfina parecía estar haciendo un trabajo jodidamente bueno para eso.

Embry se tomó su tiempo, manipulando el hueso para ponerlo de nuevo en su lugar. No fue muy brusco, lo cual me había preocupado. Aun así apestó ver el hueso de mi bebé ser puesto de nuevo en su lugar. Luego de tener una radiografía que confirmaba la colocación, le envolvió la muñeca en una tablilla. Le pondrían un cabestrillo cuando bajara la hinchazón, y luego más rayos x mientras el hueso sanaba para asegurarse de que se formara correctamente.

—¿Tenemos cinta rosa? —pregunté mirando a Paul, el anestesiólogo, mientras Embry terminaba de envolver su muñeca.

—Sí, tengo un poco —dijo Paul sacándolo de su carrito—. ¿Para la intravenosa?

—Sí. Ella… ama un chingo el rosa. Demonios, probablemente se decepcionará al no tener aún el cabestrillo rosa.

—Dámela —dijo Embry, riéndose al estirar la mano—. Le pondré unas cuantas banditas rosas en la tabilla. Aunque no durará mucho.

—Gracias hombre —le dije sonriendo.

Luego de terminar con la tablilla, movimos a Pequeña hacia recuperación para que se despertara. Fue una sincronización jodidamente perfecta que cuando estuvo acomodada, mi teléfono comenzó a sonar en mi bolsillo. La cara de Bella apareció en la pantalla y suspiré, respondiéndolo y llevándomelo al oído.

—Hola —dije.

—¡No escuché el teléfono! —gritó—. ¿Qué pasó? ¿Sofía está bien?

—Va a estar bien. En realidad es mi culpa. Estábamos jugando en nuestra cama. Ya sabes, una estúpida pelea de almohadas. La asusté y se cayó de la cama. Lo siento mucho, Bella. Se fracturó la muñeca muy feo, pero acaban de terminar de acomodársela. Nos iremos a casa cuando despierte.

—¡Dios mío! Y-ya voy en camino a casa. Registraré mi salida y estaré ahí lo más pronto posible. Dios, ¡no puedo creer que no escuché el celular!

—Está bien.

—¡No, no lo está! Ella está herida. No debí venir a esta cosa.

—Es mi culpa —suspiré, pasándome la mano por el cabello—. Chingado, Bella, lo siento mucho.

—No pretendías que eso pasara, Edward. ¿Estás seguro de que está bien? ¿Qué le hicieron? ¿Necesita cirugía?

—No, lo acomodaron sin cirugía. Estará de seis a ocho semanas con un cabestrillo y estará como nueva para cuando comience el verano.

Exhaló largo y tendido.

—Bien. Llegaré pronto. ¿Ya se despertó? ¿Puedo hablar con ella?

—Uh… —miré a Sofía tararear suavemente, moviéndose un poco—. Sigue un poco desorientada, pero puede que te oiga. Espera.

Puse el teléfono en el oído de Pequeña, manteniéndolo ahí mientras parpadeaba lentamente.

—¿Mamá? —murmuró—. Yo… mami… sueño.

—Está bien, Pequeña —susurré acariciándole la mejilla—. Dile a mami que la amas.

—Mo, mami.

Sonreí para mí, extrañaba ese "mo". Luego de unos momentos más, regresé el teléfono a mi oído.

—Supongo que todavía no está despierta.

—Está bien —dijo Bella, su voz se rompió un poco—. Déjame decirle a Alice y me pondré en camino, ¿de acuerdo?

—¿Por qué no esperas hasta en la mañana? Es un viaje largo ahora que estás medio dormida, y no necesito que tú también salgas herida.

—Pero me necesita.

—Yo la cuido. Sólo duerme unas horas y luego regresa a casa. Me encargaré de instalarla y estoy seguro que de todas maneras llegarás temprano.

Suspiró.

—No podré dormir. Estaré bien. Iré a casa ahora.

Obviamente no iba a ganar esto. Yo tampoco podría esperarme, pero me preocupaba que manejara en medio de la noche.

—De acuerdo, pero quiero que me llames seguido. Lo siento mucho.

—No fue tu culpa. Ella piensa que es invencible, así que un hueso roto era inevitable eventualmente. Ya no más juegos bruscos en esa cama, ¿entendido?

—Al carajo con eso, compraremos una más baja. —Me reí en voz baja—. Te amo.

—También te amo, Edward. Dale besos de mi parte.


Cuando Sofía estuvo un poco más coherente y obviamente no mostró efectos secundarios por el sedante, dejamos el hospital justo antes de las tres de la mañana. Seguía bastante mareada por los analgésicos, pero aún así de buen ánimo. pidió rápidamente un cabestrillo rosa. Sorprendente, lo sé.

—De acuerdo, puse almohadas a cada lado de ti, así que no te caigas de esta trampa mortal, ¿entendido? —le pregunté, arropando las cobijas alrededor de su cuerpecito en mi cama.

—Uh-huh —bostezó—. ¿Mami llegadá a casa pdonto?

Asentí, quitándome los zapatos y subiéndome a la cama junto a ella.

—Síp, durmamos un poco para asegurarnos de que el tiempo pase rápido. ¿Estás cómoda?

—Síp. Tengo sed.

Sonreí, agarré la botella de agua en la que ya había pensado y le quité la tapa para ella. La empiné sobre sus labios, dejándola tomar unos tragos antes de que juntara sus labios, satisfecha ahora que su sed había sido erradicada.

Estirándome junto a ella, tuve cuidado con su brazo izquierdo y la miré dormir. Bella llamó un par de veces en su camino a casa, así que yo no pude dormir nada. Aunque no hubiera podido hacerlo. Estaba demasiado ocupado viendo a mi bebita, asegurándome de que estuviera bien. Podría pasar el resto de mi vida sin ver a mi bebé con tanto dolor de nuevo. De hecho, lo prefería.

Agregué una muñeca fracturada a mi lista mental de las cosas más terroríficas por las que había pasado, y sabía de hecho que no sería la última. Podría intentar protegerla todo lo que quisiera, pero Sofía tendría tropiezos y caídas de nuevo. Al menos tenía las habilidades para cuidarla cuando pasara por ellos.

Y si Bella y yo alguna vez teníamos otro bebé, tendría que lidiar con todo de nuevo. Aunque el miedo valía la pena. El tan sólo tener a esta pequeñita en mi vida valía la pena por todas las canas que terminaría dándome.

Todas ellas y mucho más.


Quiero dejar algo claro: esta historia ya está terminada. Este capítulo y el anterior fueron outtakes que la autora agregó después, pero en sí la historia termina en el capítulo 36. Ya no hay más outtakes, si en el futuro la autora agrega más, entonces los traduciré, pero de momento este es el último.

Lo digo porque algunas personas dijeron que ya no perderían su tiempo leyendo el fic si no estaba terminado, no es mi culpa que no se hayan fijado bien y no hayan notado que la historia ya estaba terminada. También, si me dejan reviews anónimos y esperan respuesta a alguna pregunta, mínimo dejen una manera de poder comunicarnos, de otra forma no podre responder.

Ahora sí, dejando atrás esas tediosas aclaraciones, ¿qué les pareció el outtake? ¡El primer hueso roto de nuestra Pequeña! Sé que se los debía desde hace tiempo, y agradezco inmensamente a aquellas personas que me tuvieron paciencia.

Recuerden que ya se está publicando la secuela de esta historia "A Few More F Words", por si quieren seguir leyendo de las travesuras de esta Peque y sus papás. No está terminada aún, pero ahí está por si quieren ponerla en alerta para cuando termine de traducirla.

Besos.