Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es anhanninen, yo sólo traduzco.

Este capítulo fue corregido por mi queridísima Isa.


Fatherhood, Formula, and Other F Words

Capítulo 4: Amigable Vecina

Una vez más me quedé solo con la niña. Afortunadamente estaba callada, pero me estaba mirando. Sus enormes ojos parecían atravesarme. Era…, desconcertante. Intenté arrullarla para que se durmiera, pero solo parpadeaba y volvía a abrir los ojos. Intenté sonreír, por alguna jodida razón, pero su expresión no cambió, y sus ojos no se movieron.

—Ellos eran mis padres —le dije. Estaba hablándole a un bebé… ¿Qué carajo estaba mal conmigo?—. Creo que les agradas a los dos, lo que significa que es algo bueno si eres mía —dije—. Voy a ser honesto ahora. No tengo ni idea de qué hacer contigo. No soy una…, persona de niños. Quiero a mi sobrino y todo, y estoy muy feliz por mi hermana, pero yo no…, congenio con bebés. —Comenzó a parpadear más, dejando los ojos cerrados por periodos de tiempo más largos. En serio estaba rezando porque se durmiera—. En realidad nunca planeé en tener hijos, así que eres una jodida sorpresa —dije—. Lo siento. Supongo que no debería decirte eso… Me refiero a la palabra con J. Aunque no es como si la pudieras entender. Aun así debería intentar detenerme. Mi papá ya se enojó por eso. —Más lentos parpadeos. Quizás mi voz la estaba haciendo dormir. Genial, solo tenía que seguir hablando—. Sé que no entiendes lo que estoy diciendo, y no hay problema. Probablemente es mejor que no sepas lo que pasó hoy. Me siento mal por ti, ¿sabes? El haber sido abandonada de esa manera… Es de mierda.

Sus ojos se quedaron cerrados. Su boquita estaba ligeramente separada. ¡Estaba dormida! Joder, sí. Me levanté gentilmente y la acosté en el porta bebé que mamá había subido a la mesa. No hizo ningún sonido, y me sentí con ganas de hacer un baile de victoria. Siempre y cuando no llorara me sentía emocionado. Solo necesitaba quedarse dormida hasta que regresaran mis padres. No era tan difícil lidiar con un bebé dormido.

Saqué de la pañalera todos los documentos que Kate me había dejado. Había planeado esto por adelantado y dejó su información para contactarla, de esa forma podría declarar legalmente que Pequeña era mía, si es que era el caso. Incluso incluyó una copia del historial médico de la niña. Era algo que podría mantenerme ocupado. Leí todo cuidadosamente. Pequeña estaba saludable, incluso al haber nacido un poco antes. Todavía no le ponían sus vacunas correspondientes a los dos meses, así que eso tenía que hacerse. Si resultaba que era mía, necesitaría llevarla pronto con el pediatra. Al menos eso era algo con lo que sí sabía cómo lidiar. En todo lo demás estaba jodido.

Después de unos veinte minutos de pacífico silencio, la niña decidió comenzar a gritar de nuevo. Mecí el porta bebé, pero no servía de nada. Su cara estaba toda fruncida y se veía como si le dolería algo.

—Shh, Pequeña, no pasa nada —dije—. ¿Quieres que te cargue? —La saqué del porta bebé y la recosté sobre mi hombro. Me puse de pie y camine en círculos, pero seguía llorando. Tenía la sensación de saber qué la estaba haciendo llorar. Tenía sentido. Acababa de comer—. Estás mojada, ¿no? —pregunté.

Más gritos.

Alguien comenzó a tocar mi puerta. Me apuré en abrir rezando porque fueran mis padres. La abrí de golpe y encontré a Chica Nueva. Probablemente el bebé había despertado a todo el complejo de apartamentos.

—Lo siento, pero no es mi culpa —dije.

—No hay problema —dijo—. Um… Escuché que alguien se iba y creí que necesitarías un poco de ayuda. No pareces ser exactamente una persona que sepa de niños.

—No lo soy. ¿Tú sí?

—Solía trabajar en una guardería y cuidaba niños los fines de semana cuando era joven.

—¿Sabes cómo cambiar un pañal?

Asintió. —Sí.

—Entra. —Me moví para que pudiera entrar y luego cerré la puerta detrás de ella. Miró a su alrededor, pero no se movió mucho—. En la bolsa hay pañales, toallitas y una crema —dije, señalando con la cabeza la bolsa rosa que estaba en el sofá.

—De acuerdo. ¿Puedo cargarla? —preguntó, extendiendo las manos.

—Hay un baño por ahí. —Asentí hacia el pasillo—. ¿Puedes lavarte las manos primero?

—Sí…, lo siento.

Acosté a la niña en el sillón y desenvolví la manta antes de volver a cargarla y arrullarla un poco para intentar tranquilizarla. Arrullarla la tranquilizaba, ¿cierto?

Chica Nueva regresó, agarró la manta del sillón y la extendió en el piso. Me paré y acosté a Sofía frente a ella. Agarré la pañalera al sentarme y se la di a Chica Nueva.

»Oh, qué bien —dijo—, tiene otro mameluco aquí.

Sacó un pañal, toallitas, crema y una cosa rosa antes de empezar a desvestir a la niña. Pequeña no parecía estar muy feliz con el procedimiento. Gritó más fuerte y agitó los brazos.

—Está tobo bien, corazón —dijo Chica Nueva, sonriendo y acariciando la pancita de Sofía—. Vamos a limpiarte.

—Entonces, ¿sabes de bebés? —pregunté.

Asintió. —Un poco. No he estado cerca de uno en años, pero como dije, cuando era joven trabajaba en una guardería y a veces de niñera. No creo que uno se pueda olvidar de cómo cambiar un pañal.

—Yo nunca lo hice.

Ella desabrochó el pañal y comenzó a limpiar a Sofía. —No es de mi incumbencia pero, ¿es tu hija?

—Tienes razón. No es de tu incumbencia —dije.

—Lo siento —dijo, apartando la vista de mí.

—Pero ya que me estás salvando el trasero, te lo diré. No lo sé. Puede que sí.

—¿A dónde se fue su mamá?

Me encogí de hombros. —Probablemente de regreso al aeropuerto.

—¿La dejó aquí sin más? —preguntó, se veía horrorizada.

—Síp.

—Lo siento.

—Igual yo.

—Um… También lamento haberla invitado a pasar. Yo solo…, creí que sería amable. Dijo que era una amiga.

Asentí. ¿Qué jodidos debería decirle? "¿Desearía que no lo hubieras hecho porque ahora mi vida está jodida por completo?" Eso hubiera sido muy maldito.

»Si sirve de consuelo, no veo por qué alguien querría separarse de esta pequeña. Es tan linda —dijo, poniéndole el mameluco nuevo a la niña—. Probablemente debí mostrarte cómo hacer esto.

—Estuve viendo con mucha atención.

—¿Ha comido recientemente?

—Sí, mi mamá le dio un biberón. Ella y mi papá fueron a comprar una cuna portable y cosas que necesitan los bebés.

—Qué bien —dijo, cargando a la niña y poniéndosela contra el hombro al levantarse.

—Gracias —dije—, no tenías por qué ayudarme.

—Para eso estamos los vecinos. Si me necesitas de nuevo estoy al otro lado del pasillo.

—Es…, muy amable de tu parte.

Sonrió, meciendo a la niña ahora tranquila. Parecía que a Pequeña le agradaba también ella. Entonces, ¿por qué a mí me odiaba?

—Supongo que ahora quieres que te deje solo, ¿huh? —preguntó.

—¿Conoces alguna manera fácil de ponerla a dormir?

Se rió suavemente. —No puedes hacerlos dormir, Edward. Pero mecerla ayuda con eso. Ten, cárgala.

Me pasó a Sofía y la niña empezó a llorar al instante. ¿Ves? Me odia. —Creo que no le agrado mucho.

—Es que eres alguien extraño. No te conoce.

—Tampoco te conoce a ti o a mis padres.

Se encogió de hombros. —Está en un lugar desconocido. Se acostumbrará a ti.

—Sí, bueno, gracias otra vez. —Sonreí.

Se mordió el labio y asintió. —Adiós.

Básicamente salió corriendo de mi apartamento. ¿De qué jodidos se trataba eso? Cuando estaba cambiando el pañal de la niña estaba bien, pero luego se puso tímida. Aun así fue jodidamente amable de su parte ayudarme. Supongo que después de esto le debía una.


—Dejas de llorar con otras personas —le dije a Sofía moviéndome por el apartamento, intentando hacerla dormir de nuevo. Mis padres llevaban fuera casi dos horas—. Te juro que no soy una mala persona. Intento ser calmante y esas mierdas.

Su llanto me estaba volviendo loco. Qué. Demonios. Estaba a punto de comenzar a jalarme el cabello. Si yo fuera su padre, ¿no debería caerle bien? No a esta niña.

»Desearía que pudieras decirme lo que quieres —suspiré—. ¿Qué tipo de cosas quieren los bebés? Ya comiste y te cambiaron. Busquemos en esta pañalera para intentar encontrar algo. —La acosté de nuevo en el porta bebé y excavé por todos los bolsillos de la enorme y útil pañalera. Lo juro por Dios, toda la mierda que estaba metida ahí parecía no tener fin. Encontré unos juguetitos y los agité frente a ella. Nada. Luego encontré un chupón. Joder, sí. Lo llevé a la cocina para lavarlo antes de regresar y ponerlo frente a ella—. ¿Quieres esto? —pregunté, moviéndolo a su boca.

Sus gritos se detuvieron, pero las lágrimas no. Se lo puse en la boca y ella empezó a chuparlo. Las lágrimas se detuvieron mientras chupaba contenta. ¡Punto para mí! Supongo que no andaba completamente perdido. Ella solo quería chupar algo.

Me senté en el sofá pasándome las manos por el cabello. El reloj decía que eran casi la una de la madrugada, y ya comenzaba a sentirlo. Quería que mis padres se apresuraran de una jodida vez. No podía hacer esto. No podía tener una hija. Ella estaría jodida más allá de lo posible si intentaba criarla.

Los ojos se me salieron de las orbitas cuando, finalmente, llegaron mis padres. Al parecer, unas enormes cajas y un montón de bolsas de mierda eran "necesidades". Había un columpio, una sillita mecedora, una cuna portable, bolsas con ropa, pañales, biberones y más formula. Cuando terminaron, mi apartamento se veía como un maldito zoológico de mierdas.

—¿Esas son necesidades? —pregunté.

—Bueno, el columpio y la sillita mecedora, no, pero le gustarán —dijo mamá sonriendo—. ¿Está dormida?

Se movió al otro lado de la mesa para ver a la niña. Hizo "Ohh" y "Ahh" a la niña.

—¿Te causó problemas? —preguntó.

—Santa mierda, sí —suspiré.

—Tienes que empezar a cuidar tu lenguaje con un bebé cerca —dijo—. Ahora, ¿qué pasó?

—Estaba mojada.

—¿Le cambiaste el pañal? —sonrió—. ¿Tú solo?

Me burlé. —Sí, claro. Mi vecina nueva vino a ayudarme. Escuchó que los gritos no paraban.

—Qué amable de su parte. Bueno, ahora esta cosita se ve tranquila ahora —dijo, besando la frente de la niña.

—Ya era hora.

—Ve a ayudar a tu padre a instalar la cuna en tu cuarto, yo la cuidaré.

—¿Necesita estar en mi cuarto? Tengo una habitación de invitados.

Rodó los ojos. —Va a estar en tu cuarto. No encontré un monitor para bebé de mi agrado, así que necesitas estar cerca de ella hasta que vayamos de compras de verdad.

Cuando la cuna estuvo instalada, la niña decidió despertarse de nuevo y llorar. Mamá dijo que tenía hambre, así que me llevó a la cocina para enseñarme cómo hacer un biberón.

»La última vez tomó cuatro onzas, así que intentaremos con eso de nuevo —dijo mamá—. Necesitará comer cada pocas horas. Han pasado tres horas desde la vez pasada, eso es normal.

—¿Cada tres horas? —pregunté—. ¿Cuándo puedo dormir?

—Cuando ella lo haga. —Sonrió—. Te acostumbrarás.

—Genial —suspiré mientras ella me pasaba el biberón para que lo checara.

A mí me parecía estar bien, pero ella lo revisó de nuevo. Al parecer tenía razón. No era un total fracaso para saber la temperatura del biberón. Viva yo. Regresamos a la sala y me senté en el sofá. Mamá me pasó a la niña y me dijo que le diera de comer. Fue… Toda una experiencia.

Todo lo que sabía es que seguía sin tener ni una jodida idea, y esta niña y yo estaríamos fregados hasta que pudiera pensar en algo. Ya sentía como si tuviera que despedirme de mi vida. Las posibilidades de que fuera mi hija eran altas. De hecho, estaba bastante seguro de que sí lo era.


Les dejo rapidito el capítulo porque voy corriendo hacia la uni.

Un pequeño detalle, a lo largo de la historia Edward le llama muy seguido "Pequeña" a Sofía, es un apodo de cariño, lo voy a poner con mayúsculas para que se distinga.

¿Qué les pareció la primera noche a solas, de muchas, de Edward con Sofía?

¡Muchas gracias por sus comentarios a todas!

Que tengan un buen fin de semana

Fungys