Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es anhanninen, yo sólo traduzco.

Este capítulo fue corregido por mi queridísima Isa.


Fatherhood, Formula, and Other F Words

Capítulo 7: Primera salida de noche

Los días parecieron transcurrir en semanas y demasiado pronto Pequeña ya tenía las catorce semanas. Sí, sobrevivimos nuestro primer mes. Ya me había hecho a la idea y habíamos construido una cierta rutina. La niña incluso había decidido empezar a dormir por más tiempo en las noches. Usualmente conseguía cinco horas completas, a excepción de unas cuantas noches cuando se despertaba mojada o con hambre.

Chica Nueva tenía razón sobre la guardería. Parecía ser buena así que Pequeña empezó a ir el lunes siguiente. La dejaba a las 6:30 cada mañana y la recogía al salir de trabajar a las 7. Unas pocas veces mamá o papá la recogían si yo salía tarde, pero usualmente todo funcionaba de acuerdo al plan. Papá me había quitado las guardias por ahora —haciendo enojar a Rosalie y Emmett—, así que todavía no tenía que preocuparme por eso, pero había dicho que no era permanente, y tenía que resolverlo pronto.

—¿Hay alguna posibilidad de que consigas niñera para este viernes? —me preguntó Jasper mientras yo llenaba uno de los historiales.

Levanté la vista.

—No sé. ¿Por qué?

—Pues ya llevo un mes saliendo con Alice y quiere conocerte —dijo—, quiere conocer a mi mejor amigo. Le dije que tenías las manos llenas ahora, así que entenderá si no puedes venir.

—Puedo decirles a mis padres. —Sonreí—. Entonces, ¿quiere conocer a tu mejor amigo?

Rodó los ojos.

—Sí, aparentemente pareces ser divertidísimo. —Me reí.

—Soy bastante increíble.

—Ella piensa que es divertido que un mujeriego como tú se convirtiera en padre. Quiere saber cómo funciona eso.

—¿Seríamos solo nosotros?

—Va a llevar a una amiga para que no se pongan las cosas incómodas cuando nos deshagamos de ti. —Levanté las cejas.

—¿Una amiga?

—Sí, pero ahora eres papá. —Sonrió—. No puedes follarla. Además, Alice me mataría si su amiga se convierte en una de tus aventuras.

—Bien —suspiré—. ¿Te he dicho que la paternidad no le hace ningún bien a mi polla?

—Pues tu polla te llevó a la paternidad, así que yo tendría cuidado al usarla. Quién sabe cuántos hijos más tienes por ahí.

—Le ruego a Dios porque solo sea Pequeña. Con ella tengo más que suficiente —dije, bajando la pluma y pasándome una mano por el cabello—. ¿Ya te conté lo que hizo hoy en la mañana?

—¿Es gracioso?

—Probablemente para ti sí.

Se sentó en el mostrador.

—Cuenta.

—Se dio la vuelta sobre el cambiador. Me asusté porque pensé que iba a rodar y caerse, así que solté el pañal con caca y la agarré.

—Eh, eso no es muy divertido.

—Luego me olvidé del pañal y lo pisé. —Se rió un poco—. Estaba descalzo.

Casi se cayó del mostrador a causa de la risa.

—Apuesto a que la mirada en tu rostro fue graciosísima. Debería instalar una cámara en su habitación.

—Me mareé, hice un horrible trabajo limpiándolo de mi pie y luego vomité en el cesto de pañales sucios. Después tuve que lavar la alfombra.

—¿Vomitaste? —Asentí.

—¿Por un poco de mierda?

—Estaba entre mis dedos.

—Amigo, es caca. Tú lo haces, yo lo hago, todos lo hacen. Supéralo —dijo—. Yo toco caca de adultos todos los días y no vomito.

—Te repito, entre mis dedos a las 5:30 de la mañana. —Sonrió.

—Pobre de ti.

—Oye, deberías cambiar tú uno de sus pañales. Necesito cambiar su formula u otra cosa porque lo que sale de ella no es normal, no puede serlo.

—Ya cambio muchos pañales, así que no voy a agregar los de tu hija a la lista —dijo—. Ahora necesito regresar a trabajar… A menos de que quieras intentar cambiar uno de los míos.

—Joder, no.

—Entonces diviértete con los de la pequeña —se rió.

Tenía dos cirugías programadas después del almuerzo y luego una apendectomía de emergencia. Aun así pude salir del hospital justo después de las siete. Pequeña ya estaba lista para irnos en cuanto llegué a la guardería. Estaba bien despierta y chupaba su chupón cuando la cargué.

—Hola Pequeña —dije, haciéndole cosquillas en la pancita.

Joder, sí, había empezado a hacerle cosquillas a la niña. Se estaba acercando a reírse de verdad y, aunque pareciera raro, quería escucharla. Gorgoreó un poco y sonrió, dejando caer el chupón de su boca, pero no se rió. En un mes había decidido sacarle provecho a esto. Ella no se iba a ir a ningún lado, tampoco yo. Me gustara o no, tenía una hija y no era tan malo. De hecho, a veces era jodidamente genial.

Aunque acepté el hecho de que no iba a tener relaciones en un futuro cercano, descubrí que cuando la llevaba a correr conmigo las mujeres se me acercaban. Bueno, se acercaban a la carriola frente a mí, pero aun así me encantaba. Usar a mi hija para obtener atención estaba horriblemente mal, pero extrañaba esa atención. Solo porque por ahora no podía tener sexo no significaba que no podía coquetear. Y sí que coqueteaba. Además, la mitad del tiempo las mujeres sexis que se agachaban para ver a Pequeña me exponían sus pechos. Amaba la primavera.


Después de darle de comer, bañarla y cambiarla, Pequeña y yo nos sentamos en el sofá para ver un documental. La cargué en mis brazos y le di mi dedo como siempre. Descubrí que le gustaba más chupar eso que su chupón. ¿Quién era yo para negarle algo de felicidad? Además la mantenía callada y así podía ver la televisión.

—He participado en ésas —le dije, mirando la televisión—. Es un trasplante de riñón. Cosas muy interesantes. Sabías que seguí los pasos de mi padre al convertirme en doctor.

Ella siguió chupando y mirándome.

—Sería jodidamente fantástico si tú también siguieras mis pasos. —Sonreí—. Doctora Sofía "Pequeña" Cullen. Creo que encaja.

Sonrió en mi dedo. Creo que le gustaba que le dijera "Pequeña". A mí me gustaba un poco decirle de ese modo, así que era algo mutuo.

Le sonreí.

—Pequeña.

Hizo otro gorgorito, pero nada más. No risa. Ni siquiera un poco. El libro de bebés decía que debería pasar alrededor de este tiempo. La arrullé un poco en mis brazos y la dejé seguir chupando mientras terminaba de ver el documental. Ella tomó su siesta de siempre cuando me puse a ver televisión regular.

Hice el biberón de Pequeña justo antes de acostarla, lo cual últimamente parecía ser a las once. Eso es mucho mejor que dos o tres de la mañana, como antes. La guardería era algo bueno para ella. Toda esa mierda de la rutina hacía maravillas para mantenerme cuerdo.

En los últimos días Pequeña había empezado a usar sus manos para agarrar cosas. De vez en cuando me ayudaba a sostener el biberón. En realidad no era un agarre muy firme, pero lo intentaba. A veces su manita se ponía sobre la mía. Era…, dulce, creo.

La mecí suavemente en la mecedora mientras ella bebía y le sonreí. Había algo en ella que me hacía querer sonreír cuando me veía. De ninguna jodida manera me iba a suavizar, aunque eso pareciera. No iba a empezar a hablarle como bebé. Ella merecía algo mejor que eso. Las habilidades del habla eran algo importante.

—Le voy a preguntar a la abuela si quiere cuidarte el viernes en la noche —dije—. Necesito salir. Necesito más interacción con adultos. Chica Nueva es buena compañía en ocasiones, cuando viene por su correo o para ver cómo estás, pero necesito una conversación de verdad con un adulto que no te incluya a ti o al trabajo.

Limpié el exceso de fórmula que había alrededor de su boca y ella agarró el biberón para beber más.

—Serás buena con la abuela, ¿verdad? ¿Y no reirás para ella sin mí? —Sonreí—. Quiero escucharte reír pronto. El libro de bebés dice que debería pasar en esta etapa. Ya sé, ya sé, no todos los bebés son iguales. Hay diferencias y todo, pero desearía que pasara pronto. Así podría saber que eres feliz.

La vida de la niña ya había sido un torbellino de mierda por la desaparición de su madre. Quería darle una buena vida a partir de ahora. Quería hacerla feliz. Quizás era una jodida estupidez pensar que eso era lo que indicaba una risa, pero sería un buen comienzo. Las sonrisas eran geniales. Las sonrisas…, me daban calidez en el corazón o algo así. No sé. Era algo así. Quería una risa, una risita.

—Supongo que pasará cuando estés lista.

Después de sacarle los gases y cambiar una vez más un pañal mojado, la acosté en la cuna y me quede con ella veinte minutos después de que se durmió. A veces era solo una falsa alarma y se despertaba de nuevo, así que me quedé para asegurarme.


Afortunadamente mamá accedió a cuidar a Pequeña el viernes en la noche. Ella y papá dijeron que me merecía una noche libre, así que acordaron quedarse con ella toda la noche. ¿Estaba emocionado? Joder, sí. ¿Mi plan? Conocer a Alice, esperar hasta que ella, Jasper y la amiga se fueran, y luego seguir tomando y follarme a una chica que no planeaba recordar. Me lo merecía. Había sido bueno con Pequeña, así que era hora de que consiguiera algo. Habían pasado casi cinco semanas desde la última vez.

—Tienes todo para ella, ¿verdad? —le pregunté a mamá pasándole a Sofía.

—Sí, Edward, tenemos todo. Estará bien con nosotros esta noche —dijo, sonriendo mientras mecía suavemente a la bebé—. ¿No es así, Sofía?

Papá solo sonrió mientras yo revisaba una vez más la pañalera para asegurarme de que Pequeña tenía un chupón extra, por si las dudas.

—Estás nervios por dejarla, ¿no es así, hijo?

—No —dije—, es solo que… No quiero que ustedes tengan problemas con ella.

Rodó los ojos mientras mamá sonreía.

—Claro, Edward —dijo ella.

—No es como si no hubiéramos criado dos hijos nuestros y viéramos regularmente a nuestros nietos —dijo papá—. Creo que podremos con ella.

—Sí, de acuerdo, bien —dije—. Supongo que es hora de irme.

Acaricié con la mano la mejilla de Pequeña antes de despedirme de verdad e irme, llevando a Tanya conmigo. Todavía no había reunido el valor para renunciar a ella. Había estado guardada en la cochera de mis padres durante el último mes mientras que yo manejaba la SUV de mamá gracias a Pequeña. A mamá no le importaba. Rara vez conducía la SUV desde que papá le compró un Coupe hace unos meses por su cumpleaños. Eventualmente tendría que deshacerme de Tanya. Ya no era práctico tenerla. Eso rompía mi corazón.

Llegué al bar donde me encontraría con Alice y Jasper, estacioné a Tanya y entré. Le mandé un mensaje a Jasper para hacerle saber que estaba aquí y él me encontró en la puerta.

—Hola amigo, me alegra que pudieras venir —dijo, palmeando mi hombro—. Alice está emocionada por conocerte. —Sonreí.

—Claro que lo está.

—Ésta es una advertencia. Di algo ofensivo y te patearé el trasero. —Me miró mal—. Ella es importante para mí.

Alcé las manos.

—Seré un perfecto ángel, lo prometo.

—Y ni siquiera intentes acostarte con su amiga. Es muy dulce y no necesita que tú arruines eso.

—No follar a la amiga, entendido. ¿Podemos ir ya? Quiero una cerveza.

Al acercarnos a la mesa, una mujer pequeña con un puntiagudo cabello negro nos sonrió. Se bajó del taburete y se apresuró a nosotros. Demonios, era chaparrita. Casi menor a 1.50 metros. Sus bracitos se envolvieron por sí mismos alrededor de mi torso sin que yo me diera cuenta de lo que estaba pasando.

Cuando se alejó sonriendo, me dijo:

—Soy Alice. Es un gusto poder conocerte al fin, Edward.

—Lo mismo digo, Alice —sonreí.

Se giró y mis ojos la siguieron. Ahora, de frente a nosotros, estaba su amiga. Una amiga a la cual conocía. Una amiga que me conocía a mí. Sus ojos se agrandaron cuando me vieron. Parecía que ella no sabía quién era yo cuando aceptó venir.

—Hola Bella —dije.

Chica Nueva se sonrojó y Jasper maldijo por lo bajo, pensando que ya la había follado.

—Relájate, es mi vecina —me reí—. No me he acostado con todas las chicas de la ciudad.

Me miró mal.

—Iré por una cerveza.

Alice me obligó a sentarme entre ella y Chica Nueva mientras Jasper se iba hacia la barra. Chica Nueva estaba jugando con el popote de su bebida frutal, evadiendo mi mirada. Creí que ya habíamos superado la timidez. Ella iba al apartamento al menos una vez a la semana para darme mi correo o ver cómo estábamos Pequeña y yo. Incluso me llevó esa sopa de pollo que había hecho la semana pasada.

—Entonces, ¿de dónde se conocen? —pregunté, mirando a Alice y a Chica Nueva.

—Trabajamos en la misma escuela —dijo Alice—. Yo doy clases a cuarto grado y Bella a los de preescolar. —Sonreí.

—Ya sabía eso.

—Bella, ¿por qué no me contaste sobre tu lindo vecino? —preguntó Alice, mirándola directamente.

—Alice —susurró Chica Nueva con aspereza—. Yo… No era para tanto.

—Bella se acaba de mudar a Port Angeles —dijo Alice—. ¿Te lo contó?

Sacudí la cabeza.

—No me dio muchos detalles.

—Suena a algo que ella haría.

—¿Llevan mucho tiempo conociéndose?

—Nos conocimos cuando ella empezó a trabajar en mi escuela —contestó.

Jasper regresó, me dio mi cerveza y se sentó junto a Alice, tomando su mano sobre la mesa. Eso era…, enfermizo. El pobre bastardo se estaba enamorando de verdad. Joder, de verdad estaba agarrándole la mano.

Tenía que dejar de mirar así que le pregunté algo a Chica Nueva:

—¿Supongo que no te dijo mi nombre?

Sacudió la cabeza.

—No, solo dijo que eras amigo de Jasper. Lo conocí hace un par de semanas —dijo—. ¿Hace cuánto que ustedes son amigos?

Bebí de la cerveza, dándome cuenta de lo mucho que extrañaba esto. Cinco semanas sin sexo y alcohol eran un asco.

—Nos conocemos desde niños —le dije.

Asintió mordiéndose otra vez el labio. La lección de esto era no sorprender a Chica Nueva. Obviamente no reaccionaba bien a las sorpresas. O quizás solo no reaccionaba bien en grupos. Había estado bien con Pequeña y conmigo. Tampoco es que hablara mucho de sí misma, pero al menos hablaba. Ahora se sentía tímida e incómoda.

Conforme avanzaba la tarde y bebíamos más alcohol, las cosas se aligeraron. En realidad, Alice era jodidamente graciosa. Era completamente opuesta a Jasper. Extrovertida, muy abierta y jodidamente hiperactiva. Jasper la miraba como un maldito gavilán, colgándose de cada palabra. Ella lo tenía envuelto alrededor de su dedo fuertemente. Era bastante divertido.

—De acuerdo, déjame aclarar esto —dijo Alice—. ¿La chica se presentó a tu puerta con un bebé y lo dejó ahí contigo?

—Básicamente. Aunque en realidad salió del apartamento de Bella —dije.

Se giró hacia Chica Nueva.

—¿Y cómo es que no me contaste esto?

—No era de mi incumbencia —dijo Bella.

—¿Qué no sabes lo que es chismear?

—No es un chisme, es su vida.

Alice rodó los ojos.

—Bien —suspiró—. Al menos sé que si puedes guardar los secretos de un extraño, puedes guardar los míos.

—¿Tienes la boca chica, Bella? —pregunté.

Se encogió de hombros.

—Supongo que solo pensé que no era algo que debía compartir. —Sonreí.

—Gracias.

Sonrió un poco en respuesta mientras el sonrojo subía a sus mejillas. Pensándolo bien, cada vez que yo sonreía ella se sonrojaba. Comenzaba a pensar que Chica Nueva tenía un enamoramiento conmigo.


Para cuando Alice y Jasper se fueron, Chica Nueva estaba más dispuesta a hablar. Nos quedamos un rato más, bebiendo mientras yo le contaba cosas sobre mi vida, aunque sus labios no revelaron nada de ella. Quería cambiar eso. Conocía todas mis mierdas, pero yo no sabía básicamente nada sobre ella.

—¿Dónde creciste? —pregunté, recargándome en la silla.

—En Forks —dijo—. Es un pueblito a una hora de aquí. —Asentí.

—Sé donde está Forks. ¿A qué universidad fuiste?

—Universidad de Washington.

Era como sacar un jodido diente.

—¿Y supongo que tienes una licenciatura en educación? —Asintió.

—En realidad tengo una maestría.

—¿Quieres compartir algo más? —me reí.

—Um… Es mi primer año de maestra. Apliqué por todo el país y el otoño pasado fui contratada por el Consejo Educacional de Port Angeles.

—¿Qué te hizo mudarte a mi complejo de apartamentos?

—El viaje diario desde Forks era demasiado. Me mudé de regreso con mi papá cuando conseguí el trabajo para ahorrar dinero.

—Una inteligente decisión.

—¿Dónde creciste? —preguntó, poniéndose un mechón de cabello detrás de la oreja.

—Aquí. Nací y crecí en esta ciudad.

—¿Es agradable estar de regreso? Me refiero a que tuviste que haberte ido por la escuela, ¿cuándo regresaste aquí?

—Regresé en enero cuando terminé mi residencia en Nueva York. Mi padre me ofreció el trabajo y lo acepté. Estoy feliz de haber vuelto.

—¿Entonces tu papá también es doctor?

—Sí, supongo que seguí sus pasos. Misma especialidad y todo. —Sonrió.

—Apuesto a que se siente orgulloso.

—Eso parece. ¿Qué hay del tuyo? ¿Está feliz de que te convertiste en maestra? —Asintió.

—Sí. Siempre quise ser maestra. Mi mamá también era maestra.

—¿No fue tu padre quién te crió?

Se removió incómoda.

—Sí, fue él. Ella…, murió cuando yo era pequeña.

Mierda. Con razón no quería hablar del jodido tema.

—Lamento haberlo sacado a tema.

—No pasa nada —dijo con suavidad—. Se está haciendo tarde. Creo que ya me voy a casa.

Joder.

—¿Necesitas que te de un aventón?

Sacudió la cabeza.

—Perdí la cuenta de todas las cervezas que tomaste, así que no creo que deberías manejar.

Estaba sintiendo el alcohol. Ciertamente no estaba tan borracho como había planeado, pero probablemente ella tenía razón.

—Buena idea —me reí.

—Yo puedo manejar si quieres.

—Entonces, yo sí he tomado mucho, ¿pero tú no?

—Me tomé dos margaritas en tres horas.

Huh, creí que había tomado más. Supongo que fue Alice quien estaba pidiendo todas las bebidas.

—Entonces sí, lo apreciaría mucho. —Sonreí, poniéndome de pie y sacando la cartera.

Pague la cuenta —ya que Jasper y Alice se saltaron esa parte— y seguí a Chica Nueva hasta su viejo pedazo de mierda. Tanya estaba estacionada cerca de la parte trasera del estacionamiento debajo de un árbol. Saqué las llaves y me aseguré de que estuviera cerrada antes de subirme en el lado del pasajero de la camioneta. Probablemente hubiera podido manejar bien yo solo, pero Chica Nueva se ofreció.

—Deberías comprar un carro nuevo —le dije—. Sin ofender, pero esta cosa está decrépita y merece un descanso. —Me miró frunciendo el ceño. Al parecer no podía decir estupideces de su camioneta—. Puede que no —dije.

—Mi camioneta está bien —dijo—, pero si prefieres caminar, adelante.

De acuerdo, Chica Nueva puede ser un poco irascible.

Sonreí, intentando aligerar su humor.

—Estoy bien así.

Ella miró a la izquierda, así que no pude ver si se sonrojo o no. Maldición. ¿Estaba mal querer ver si lo había hecho? Había algo en ese sonrojo que me gustaba.

Nuestro complejo de apartamentos no estaba lejos del bar, así que el viaje fue rápido. Rápido y silencioso. Entré detrás de ella al edificio, subiendo las escaleras hasta nuestro piso. Ella se fue a su puerta y quizás fue el alcohol, pero se me ocurrió algo. En realidad, probablemente fue el alcohol y la falta de sexo.

—¿Quieres entrar? —pregunté, abriendo mi puerta.

—No, Edward —dijo—, así estoy bien.

Entró a su apartamento y cerró la puerta con demasiada fuerza. Bueno, lo jodí. Sacar el tema de su madre muerta, insultar su camioneta y proponerle sexo probablemente no era la mejor combinación para hacer una amiga.

Me quité mi camiseta y vaqueros antes de meterme a la cama. Metí la mano en mis bóxers y me masturbé. Joder, odiaba masturbarme.


¿Soy solo yo o será que Edward empieza a comportarse como un padre de verdad? Ya a partir del siguiente capítulo se verá más interacción Bella&Edward, y obviamente no puede faltar nuestra pequeña Sofía.

Las siguientes dos semanas tengo exámenes, así que no sé si podré actualizar, y luego tengo dos semanas de vacaciones, entonces espero poder ponerme al corriente. De todas formas el siguiente sábado les subo el capítulo de Dark Goddess, ese sí ya lo tengo.

¡Muchas gracias a todas por sus reviews!