Hola a todos!Tenía esta historia por ahí escrita y como no hay muchas de Kouga y Ayame decidí publicarla. No me convence mucho, pero lo dejaré a vuestro criterio. Son dos capitulos. Espero que os guste

***Capitulo 1- La noticia***

Llevaba mucho rato ahí sentada, en la misma posición y con la mirada fija en su vientre totalmente plano, sin ningún signo de que en esos momentos un pequeño ser estuviese creciendo dentro de ella.

Era extraña la sensación que ello le provocaba, saber que ese pequeño, que debía de tener en esos momentos el tamaño de una nuez, cambiaria su vida por completo y que formaría parte de ella hasta el fin de sus días. Sonrío dulcemente al pensar en ello mientras un hormigueo recorría todo su cuerpo y se acaricio maternalmente la tripa.

Un bebe, todavía no había nacido y ya lo amaba más que ha su vida. Son curiosos los lazos que se forman entre una madre y su hijo. Ella no había podido disfrutar de la suya, pero sabía que su madre la había querido por encima de todas las cosas, su abuelo siempre se lo había dicho y por lo poco que recordaba sabía que verdad. Ahora era ella la que iba a ser madre y aunque la idea la hacia inmensamente feliz un ligero temor e incertidumbre la habían acompañado desde que se entero provocado por…

- Ayame- sus hermosos ojos verdes apartaron rápidamente la mirada de su vientre para dirigirla al dueño de esa voz la cual conocía perfectamente, el mismo por el que su felicidad no podía ser completa. Kouga, su compañero y el padre del cachorro que esperaba.

-Kouga-contestó observándolo atentamente. Era el hombre más apuesto que jamás había visto. El color de su piel trigueña que acentuaba cada uno de sus músculos perfectamente tonificados, los largos cabellos oscuros como la noche dignos de un gran guerrero, y sus ojos, ese par de ojos azules como el hielo en los que se podía perder durante horas sin aburrirse.

-¿Te ocurre algo?-preguntó acercándose a ella- Me han dicho que llevas un buen rato aquí y que no has ido al río con las mujeres.

El río, pensó. Se había quedado tan sorprendida por la noticia de su estado que había olvidado por completo de sus deberes.

-La verdad es que me sentía un poco mal pero creo que ya se me ha pasado- inventó rápidamente mientras se mordía el labio con nerviosismo. No sabía mentirle a Kouga, podía hacerlo con todo el mundo y bastante bien, pero por alguna extraña razón no con él. Por suerte su compañero parecía no estar prestándole mucha atención.

-Esta bien, si ya te encuentras mejor será mejor que continúes con tus deberes. No debes descuidar tus obligaciones siendo mi compañera- agregó en tono severo.

-Lo siento.

Sin más palabras salio de la cueva con rapidez. No estaba preparada para enfrentarse a Kouga en ese momento y mucho menos darle la noticia. En realidad no estaba segura de ser capaz de dársela en algún momento, pero sabía que tendría que hacerlo, un embarazo no era algo se pudiese esconder para siempre. Solo tenía que encontrar el momento indicado para hacerlo, uno en el que pudiera contar con la suficiente fuerza como para poder afrontar lo que él le dijera.

Sabía que Kouga no la quería, nunca se lo había dicho, además su matrimonio había sido por conveniencia. Su abuelo había pactado con Kouga un acuerda para que él la aceptará como compañera, pero eso no la había preocupado en un principio. Podía aceptar que no la quisiera porque pensó que con el tiempo se terminaría enamorando de ella, se esforzaría al máximo para que asi fuera. Pero el día que escuchó esa conversación supo que eso nunca ocurriría.

FLASH BACK

Estaba preocupada, hacia una cuantas horas que no veía a Kouga. Sabía que estaba en una reunión muy importante con Raidon, el líder youkai de las tierras del sur con el que había tenido algunos problemas.

Raidon sabía que Kouga era joven por lo tanto pensaba que podría aprovecharse de su inexperiencia invadiendo parte de su territorio sin que este hiciera nada. Pero se había equivocado y cuando Kouga se entero de lo que estaba ocurriendo solicito una reunión para poder hablar del asunto. El líder del sur acepto, curioso por saber que era lo que le tenía que decir.

La reunión había empezado cuando el sol estaba en el punto más alto y desde entonces hasta ahora que ya se había escondido no había sabido nada de él. Ayame sabía que su compañero podía defenderse perfectamente pero no era invencible y no conocía lo suficientemente bien al líder del sur como para estar segura de que no fuese a intentar nada.

La joven pelirroja se fue acercando sigilosamente hacía la cueva donde sabía que se habían reunido. No quería que Kouga supiera que estaba preocupada y menos interrumpirles. Cuando ya estaba en la entrada pudo escuchar un par de carcajadas provenientes del interior de la cueva de las cuales, para su alivio, una era de su compañero.

Al parecer la reunió había ido bien, y ahora debían estar celebrando los acuerdos a los que habían llegado. Ya más tranquila decidió irse pero algo en la conversación llamo su atención.

-Dicen por ahí que habías estado persiguiendo a una sacerdotisa humana. ¿Es eso verdad?- preguntó el líder del sur con curiosidad. Kouga había dejado de reírse en cuanto escucho la pregunta y su mirada se volvió melancólica.

-Ella desapareció hace algún tiempo y cuando supe que había vuelto ya se había casado con el estúpido chucho- apuntó sonriendo con tristeza.

-Así que es verdad, ibas detrás de una simple humana- cuestionó con algo de incredulidad. No lo conocía muy bien pero el rato que había hablado con el le había parecido un buen líder y alguien inteligente, lo suficiente para saber que aparearse con una humana no le habría beneficiado para nada.

-Kagome no es una simple humana. Es una sacerdotisa muy poderosa. Fue capaz de derrotar a Naraku con solo la ayuda de un pequeño grupo.

-Naraku…-susurró Raidon asombrado-había escuchado hablar de él. Si logró vencerlo entonces seguro que es tan poderosa como dices. Por lo tanto ¿Por qué no te apareaste con ella?

Kouga hizo una pequeña mueca de dolor-como te he dicho para cuando me enteré de que había vuelto ya había elegido al chucho mestizo y además estaba preñada de él-suspiró levantando la mirada al techo recordándola- Es la única mujer a la que he amado, y la única con la que querría tener descendencia .

Raidon lo observó atentamente durante unos segundos y luego preguntó-¿Y qué pasa con la princesita de cabello color fuego? ¿No es tu compañera?

-¿Ayame?- preguntó dirigiendo de nuevo su mirada hacía el líder del sur-Esta enamorada de mi desde que la salve de las aves del paraíso, o al menos eso dice. Hice un trato con su abuelo y por eso se convirtió en mi compañera. Ella es feliz y yo tengo mi territorio por lo que supongo que todos contentos.

Ayame no escuchó más, no quiso quedarse más rato. Ya había tenido suficiente. Con el corazón destrozado decidió regresar a su cueva he intentar dormirse antes de que llegase Kouga porque de ninguna manera podría disimular en ese momento el dolor que esa conversación le había provocado.

FIN FHASH BACK

A partir de ese día supo que Kouga nunca llegaría a amarla, por lo que intentaría conformarse con la situación que tenía en eso momentos. Su compañero la trataba bien, cumplía con ella en todos los aspectos. Pero que pasaría cuando se enterase de que estaba embarazada. No estaba segura de poder soportar la indiferencia o el malestar de Kouga ante su cachorro. Tampoco estaba segura de que pasaría con ella cuando se enterase.

Sabía que habían manadas en las que, en caso de matrimonio de conveniencia, una vez tenían un cachorro la hembra era relegada a un segundo plano y, aunque la pareja no rompía su unión, no volvían a compartir el mismo lecho, pasando ella a una cueva anexa a la de su pareja.

Sinceramente no pensaba que Kouga fuese a llegar a eso extremos, pero tenía miedo a su reacción. Y si al enterarse empezaba a odiarla, o peor aun, empezaba a odiar al cachorro que esperaba.

No quería que algo asi sucediera. Tal vez Kouga no la amase pero ella a él si y no soportaría que eso ocurriera.


Ayame se estaba preparando para salir de caza con un pequeño grupo. Ellos serían los encargados de traer toda la comida ese día.

Le encantaba salir de caza, ir al bosque, correr libremente, sentir el viento contra su cuerpo y enredando sus cabellos, era una sensación de libertad que la fascinaba y la apasionaba que la renovaba por dentro y la envolvía en una inmensa felicidad. Sin duda los días de caza eran sus favoritos porque desconectaba de las tareas cotidianas de la manada. Pero si había algo que la alegraba mucho más que un día de caza, era cuando su compañero iba con ellos.

Kouga disfrutaba tanto a más que ella de esas salidas y se maravillaba viéndole divertirse como un niño.

- ¿Problemas con la armadura?-preguntó Kouga de forma burlona mientras entraba en la cueva y la veía forcejear con uno de los cierres de su armadura.

Ella se sobresaltó al escucharlo y rápidamente negó con la cabeza-Es solo que hacía mucho tiempo que no la utilizaba.

-¿En serio?-preguntó observándola detenidamente y fijando su mirada azulada en su vientre- Yo creo que el problema es que estas ganando algo de peso.

La joven pelirroja sintió como le daba un vuelco el corazón al oír esas palabras y luego creyó que le iba a explotar cuando lo vio acercarse.

Cuando se enteró de la noticia estaba de 2 meses y ya habían pasado otros dos desde entonces, por lo que ya se le empezaba a notar. Pese a ello, y a pesar de la insistencia de la curandera de la manada, aún no se había atrevido a contárselo a Kouga. Por suerte para ella, su compañero era bastante despistado para esas cosas y al parecer pensaba que había engordado.

- No deberías descuidarte tanto. No quiero una compañera que no entre en su armadura porque se pasa el día comiendo y descuida sus tareas diarias-lentamente se acercó más hacía ella hasta que sus rostros estuvieron a pocos centímetros y le dijo en voz baja- Te he estado observando más detenidamente, Ayame. Últimamente estas comiendo el doble de lo que solías hacerlo antes y has reducido el número de tareas que realizabas. Además, cuando estas en la cama no te comportas como antes y lo hacemos muchas menos veces.

Ella se sonrojó ante ese último comentario. Claro que lo hacían mucho menos, porque tenia miedo de que la descubriera mientras acariciaba su cuerpo. También era verdad que había cambiado su manera de comportarse en la cama, pero es que si algo había aprendido de Kouga en los tres años que llevaban como compañeros era que ambos disfrutaban del sexo salvaje, en ocasiones demasiado salvaje, eso si, nunca violento y claro, desde que sabía su estado había bajado la intensidad de su fogosidad por miedo que le pudiera pasar algo al cachorro.

Kouga se quedó esperando una respuesta. Su compañera era rebelde por naturaleza y de carácter fuerte por lo que no solía quedarse callada cuando se metían con ella pero curiosamente esta vez había desviado la mirada hacia otro lado mientras se mordía el labio y permanecía sin decir nada. Eso lo extraño, cuando se mordía el labio significaba que había algo que ocultaba o le preocupaba. Frunció el ceño confundido. A Ayame le pasaba algo y al parecer no tenia intención de decírselo.

- Kouga- una voz proveniente del exterior de la cueva interrumpió sus pensamientos y captó su atención- el grupo de caza esta preparado y espera para partir.

- Ahora vamos- contestó posando de nuevo sus ojos azules en la joven pelirroja que escondía su rostro tras su larga melena pelirroja. Se separó de ella disgustado al no poder interrogarla en ese momento, pero sabía que Ayame no sabía mentirle y en cuanto regresasen de la cazaría terminaría averiguando que era lo que le ocultaba

-Vamos-ordenó ahora más serio- nos están esperando.


Estaban corriendo detrás de su presa, llevaban una hora rastreándola y ya se les había escapado un par de veces. Kouga estaba bastante distraído, en su mente, preguntas sobre que podría ser lo que ocultase su compañera. No le gustaban los secretos y menos cuando era a él a quien se los ocultaban.

Aceleró la velocidad obligando al resto del grupo a hacerlo con él. Tenía que terminar rápido y volver a casa para poder interrogar a Ayame como es debido.

- ¡Ya lo tenemos!-dijo uno de los hombre mientras el jabalí era acorralado contra una pared de rocas.

Kouga dio unas cuantas indicaciones y unos cuantos hombres rodearon a la bestia esperando la orden para lanzarse contra él mientras Kouga, Ayame y los más inexpertos se quedaron esperando en la retaguardia por si intentaba huir.

El animal estaba acorralado y que no tenía ninguna escapatoria. Los hombres se lanzaron contra él con sus garras y colmillos afilados y cuando el jabalí parecía que estaba en el límite, saco fuerzas de donde pudo y logró librarse de ellos emprendiendo una frenética huida. En su desesperada carrera por la supervivencia y lleno de ira fue a embestir con todas sus fuerzas a uno de los jóvenes que se encontraba esperando en la retaguardia para evitar que el animal escapase. El chico, que era de los más jóvenes del grupo y siendo esta la primera vez que salía a cazar, sintió como las piernas se le paralizaba al ver la velocidad y fiereza con la que la bestia se acercaba a él. Sabía que tenía que moverse o el golpe que le diese podría ser mortal, pero por más que su cerebro le gritase que se apartara su cuerpo se negaba a responderle.

- ¡Muévete!- gritó Kouga viéndolo pocos metros del joven.

Ayame que se encontraba cerca de él quiso evitar la posible desgracia y corrió lo más rápido que pudo hacía su dirección. Cuando ya él golpe parecía inminente y todos temían lo peor logró apartarlo, aunque no pudo evitar llevarse un brusco golpe al hacerlo provocando que ambos cayeran al suelo violentamente.

Kouga, que había observado con estupor el miedo del chiquillo y la imprudencia de su compañera, desvío su vista de ellos y la dirigió al enorme animal. Entrecerró los ojos y sacó sus afiladas garras lanzándose contra él para derribarlo. Clavó profundamente sus garras en el cuerpo del animal y le asestó un último golpe mortal terminando así con su sufrimiento. Una vez muerto lo observó y suspiró. Había sido una caza problemática y con complicaciones pero había merecido la pena, ese enorme jabalí junto con los otros dos que había cazado con anterioridad darían de comer a toda la tribu.

Mientra dejaba que sus hombres preparasen al animal para llevárselo, dirigió su azulada mirada a su compañera y frunció el ceño al ver que se encontraba sentada en el suelo. Se fue acercando a ella y a medida que lo hacía pudo escuchar con incredulidad lo que parecía ser su llanto. Se detuvo en frente de ella y la observó algo decepcionado ante su debilidad.

-Ayame, vamos, levántate y deja de llorar. No ha sido para tanto.

Al ver que no contestaba la examinó más detenidamente y se sorprendió al captar como un líquido rojo manchaba sus piernas. No lo había olido. El olor de la sangre del jabalí había camuflado el de Ayame y hasta que no lo había visto con sus ojos no se había dado cuenta de que el golpe que había recibido su compañera era más grave de lo que había imaginado. Rápidamente se agacho a su altura y empezó a buscar alguna herida.

-¡Dime donde te duele Ayame! No encuentro la herida.

La sangre no dejaba de aparecer y su cantidad le estaba preocupando, además el hecho de que ella seguía sin pronunciar palabra aumentaba considerablemente esa preocupación. Desesperado agarró su rostro con ambas manos obligando a que la pelirroja posara sus verdes ojos en él.

-¡Dime algo!- exclamó desesperado observando como las lágrimas seguían cayendo a gran velocidad por sus mejillas.

-Kouga…no…no dejes que lo pierda. No quiero perderlo.

Él la miró sin comprender ¿Qué era lo que no quería perder? ¿Qué estaba ocurriendo con Ayame? De repente, y como si alguien hubiera encendido una bombilla, lo entendió. Sus pupilas se dilataron ante lo que creía que estaba pasando y con algo de temor ante la posible respuesta preguntó.

-¿Estas…estas embarazada?

El llanto de Ayame se intensificó ante la pregunta y esa fue la señal que le verificó que no estaba equivocado. Efectivamente, su compañera estaba embarazada y seguramente eso era lo que le había estado ocultando. Ahora muchas cosas cobraban sentido, pero una gran pregunta las acompañaba. ¿Por qué Ayame le había ocultado su estado? Inmediatamente aparto esos pensamientos de su cabeza. Ahora no era momento de buscar explicaciones, Ayame seguía perdiendo sangre y el color empezaba a abandonarle la cara, por lo que tanto ella, como su cachorro estaban en peligro.

Con rapidez la cogió entre sus brazos rodeándola con cuidado y luego, con toda la velocidad que sus piernas le permitieron, empezó a correr dirigiéndose hacía la cueva en la que se encontraba la curandera de la tribu. No dijo nada a sus compañeros, no había tiempo para explicaciones, pero sabía que Ginta había estado atento a lo que había pasado y confiaba en él para que organizase al resto y los llevase de regreso.


Hasta aquí la primera parte. Comentarios y sugerencias son bienvenidos