Los personajes son de la hermosa Stephenie Meyer. Yo sólo juego con ellos.

Advertencia: Esta historia (Rated M) contiene lenguaje vulgar, violencia y escenas de sexo.

ACLARACIÓN: Ey, recuperé esta cuenta de FF. Esta historia, con el nombre de "Red Paradise" había sido subida en otra cuenta (Daria Jaymes ), pero la eliminé. Yo era la autora, así que, no es plagio ni ninguna de esas cosas (:

Summary: Isabella Swan es locura. Con pantalones ajustados y camisetas recortadas. Edward Cullen es peligro. Con ropa negra y droga en el bolsillo. Metidos desde siempre en un mundo de sexo, fiestas, drogas y alcohol, rápidamente se involucraron sexualmente y lo que parecía ser sólo una noche llena de excesos los unió. ¿Cómo dos adolescente sin control podrán afrontar las consecuencias?

NOTA AL FINAL.
Advertencia: Capítulo con lemmon.

Playlist:

Gorilla- Bruno Mars.
In the dark – DEV.

Capítulo seis: Éxtasis.

Isabella.

La mañana del viernes Charlie me esperaba con una simple manzana en el desayuno. A penas me vio, me indicó con la barbilla una caja de leche de chocolate. Le agradecí con una pequeña sonrisa y tome la caja con la manzana.

—Por fin viernes—comentó Charlie.

Rodé los ojos y acomodé el bolso en mi espalda.

—Charlie, no puedes ser casual conmigo. Depende de mis ánimos si salgo esta noche, gracias.

Charlie no se mostró sorprendido al verse pillado, en cambio –y para mi sorpresa-, me mostró una sonrisa brillante.

—Bien, yo saldré.

Fruncí el ceño y detuve mi lucha con la caja de leche.

— ¿Tienes una cita o algo así?—lo molesté.

Charlie masculló una mierda por lo bajo.

—No, tengo que viajar a Seattle.

— ¿Me dejarás sola?

— ¡Por Dios!—exclamó, pasándose la mano por la nuca— Por lo menos no estaré para ver que cagada haces. Ya sabes, serán como unos días libres.

A pesar de su comentario, podía ver lo difícil que era para él dejarme sola. Y no, no era por el hecho de que temiera que me pasara algo, era por el hecho de que temía lo que yo podría hacer.

—Me da igual si estás o no—me encogí de hombros—, pero cuídate, todavía no puedo mantenerme por mí sola.

—Tierna como siempre—lo escuché mascullar.

Sonreí en su dirección. Él negó con la cabeza y me escabullí fuera de la cocina. Ya era hora de irme, así que deje de joder con la cajita de leche y la eche al bolso. Tomé mi celular y mis llames y me fui a buscar a mi bebé.

Las calles parecían más despejadas que de costumbre. No me costó meterme por las pequeñas calles. Los vehículos no eran muchos y todos se movían de forma rápida.

Antes de llegar al instituto verifiqué la hora.

7:44

Tenía quince minutos para poder ir a la cafetería que estaba una cuadra antes del instituto y tomar una gran taza de café.

El olor a café me golpea a penas abrí la puerta. El interior está vacío, pero el olor a café me hace sentir cómoda. Es una manía extraña, el café me hacía recordar a mi abuela Marie –que en paz descanse. Ella solía prepararlo de una manera diferente y siempre que la veía le pedía una taza de café. Nunca supe cómo mierda preparaba el café. Una vez intenté ver, pero ella me envió de regreso al sillón, a esperar.

Volviendo al presente, la chica de cabello negro y mirada amable estaba esperando a que dijera algo. Con una sonrisa fingida, me acerqué al mostrador.

—Un café.

Ella asintió con la cabeza y se movió hacia un costado, donde había una máquina de café. Comenzó a trabajar en ella y en menos de un minutos tenía una taza de café, que había sido preparado por ella misma. En la bandeja, venían unas bolsas de azúcar y un pequeño vaso de agua mineral.

Después de cancelar la cuenta, me senté en unos asientos pegados a la ventana y comencé a disfrutar de mi café, como si tuviera todo el tiempo del mundo.

Al otro lado de la ventana, se podía ver a las personas caminar. Algunas personas traían paraguas y estaban enfundados en prendas de lana, tanto así que parecían ovejas. Me entretuve un momento mientras me burlaba de una vieja que traía miles de carpetas encima. Yo no era una mala persona realmente, pero la vieja traía unos tacones inmensos y se veía ridícula. Jodidamente ridícula. Después de un rato, me aburrí de burlarme de ella. Había terminado mi tazón de café y el agua mineral iba por la mitad. Verifiqué la hora.

8:10

Mierda.

Tomé el resto del agua mineral de un trago y me puse de pie. Me arreglé mi poleron, subí mis pantalones y salí corriendo del local.

Afuera hacia un frio de mierda que me golpeó el rostro con más fuerza de la que creí. Me debatí entre saltarme el instituto e irme a casa, pero no tenía anda interesante que hacer en casa. Menos de cinco minutos me demoré en llegar al instituto en mi moto. El estacionamiento solo tenía autos y ninguna persona caminaba por el lugar.

—Llegas tarde, Swan.

Rodé los ojos, aunque él no me podía ver. Tenía el casco todavía puesto y le estaba dando la espalda.

Con la gracia que poseía, me baje de la moto y me quité el casco. Me di el lujo de agitar mi cabello, como en las películas, y luego posé mis ojos en los verdes de Edward.

—Deberías estar en clases, Cullen.

—Nah. Me toca contigo y no estabas—se encogió de hombros—. Te quería correr mano.

Solté un bufido bastante fuerte y terminé por guardar mi casco. Me colgué el bolso en mi hombro y caminé al interior del instituto.

—Eres un imbécil engreído, Cullen—mascullé, caminando más rápido cuando lo noté a mi lado.

—Por la mierda, Swan.

Me detuve por un momento para ver cuál era su problema, pero él estaba demasiado entretenido en intentar meterse una línea de cocaína como para prestarme atención.

—Pensé que solo vendías—murmuré.

Edward me miró con sus ojos fríos de siempre.

—Deja de mencionar esa mierda.

—Es la verdad.

Edward terminó de meterse la línea y me mostró el dedo. Tenía que tener mucha experiencia como para poder meterse la línea de pie. Siempre creí que era necesario tener una mesa. Yo sólo lo podía hacer en una mesa. Aunque, claro, nunca lo había intentado de pie.

—De igual manera, deja de mencionarlo.

— ¿Por qué me jodes tanto con ese tema?—escupí, harta—Muchos imbéciles por aquí saben que vendes mierda.

—Pero casi ninguna mujer sabe sobre eso. Los hombres no son metiches.

—Yo no soy metiche, de todos modos.

—Claro—ironizó, alzando un poco la voz—. Tanya y Kate son las únicas, aparte de ti, que saben. No me defraudes, ella no lo han hecho.

Apreté los dientes. Sentía que me estaba comparando y eso me molestaba como la mierda.

—Que sorpresa. Pensé que todas tus putas sabían que vendías mierda…

Edward rodó sus ojos y apretó un poco su nariz.

—Sólo jódete, Swan.

—Prefiero que me jodan, gracias—sonreí.

Él alzó las cejas rápidamente y la sonrisa seductora cruzó por su rostro. Incluso antes de que él pudiera abrir la boca para contestar, yo ya estaba negando con la cabeza.

—Pero tú no.

Con una sonrisa de triunfo, me di la media vuelta para entrar el instituto. Aunque, pensándolo bien, era mejor perderme por el bosque hasta la próxima clase.

—Yo sí—escuché que Edward susurraba en mi oído. Rápidamente sus manos se fueron a mis caderas al momento que me atraía a su cuerpo.

—Déjame—pedí, pero mi trasero se frotó por sí solo contra su polla.

Maldito trasero.

—Desde que te vi ese aro en la lengua he deseado saber cómo se siente contra mi polla.

Mierda, mierda.

Decir que sus palabras no me habían prendido era una jodida mentira. Demonios, no podía hacer esto. No podía, él era el maldito desgraciado que se encargaba de tratarme como una cualquiera. Pero demonios, una follada estaba ante todo…

Después de una pelea interna, decidí que: sí, follar estaba ante todo, pero menos ante mi dignidad.

—No—solté con firmeza, escapándome de las garras de sus abrazos—, conmigo no. Demonios, no.

Él caminó a mí como yo sabía. Con un andar elegante que había visto a lo largo de estos días que utilizaba con sus chicas. Yo no sería otra estúpida que caía dos veces. Conocía una parte de Edward y la odiaba.

—Vamos, Isabella —él usó ese tono—sólo será un momento en mi auto.

Sus últimas palabras salieron de sus labios como si fueran el pecado más placentero del mundo. No creo que acostarse con alguien sea pecado, pero sí era placentero, lo puedo afirmar. Sin embargo, con Edward era diferente. Ya sabes, todas esas estúpidas chiquillas quedaban prendidas de él y lo único que Edward les podía ofrecer, a parte de la noche de sexo, era el placer de su indiferencia. La humillación en su pureza. Él era la perdida de la cordura y dignidad.

—Dije que no—volví a repetir.

Él no dejo de caminar y me di cuenta de que yo retrocedía y me detuve. Yo no le tenía miedo a Edward, no caería a sus encantos.

—Si tú lo dices—murmuró a centímetros de mí. Movió su cabeza hacia delante y sus labios quedaron casi encima de los míos—, no te voy a presionar.

Sus palabras sonaron dulces y supe que esta era una de sus técnicas. Después de rogar él, dejaba que su víctima creyera que ella tenía el control. Y ahí es donde cometían el primer error. El segundo era volver a buscar a Edward después del primer error. Posiblemente, no había tercer error.

—Gracias—mascullé y lo moví a un lado.

Avancé con la esperanza de que él no me siguiera y no lo sentía detrás de mí. Me giré levemente para ver qué mierda hacía, pero me sorprendí al verlo con una sonrisa burlona en el rostro.

Caerás otra vez, escuché la voz de Edward susurrarme en mis pensamientos.

Posiblemente caería, pero no en el maldito instituto.

.

.

.

Había olvidado por completo que compartía biología con Edward. Después de nuestra charla caliente, había recorrido los pasillos mientras me fumaba un cigarro. Era extraño ver los pasillos vacíos y al pasar al lado de los casilleros no pude evitar colocar una nota de amor en el de Edward.

"Cariño, amo tu polla".

Bien, no era buena con las notas de amor y toda esa mierda, pero de alguna manera era de amor, ¿No?

Bufé.

¿Qué mierda importaba?

— ¿Estás? —Alguien preguntó a mi lado.

Fruncí el ceño ligeramente y me gire hacia Mike. El chico parecía que me seguía o algo así, porque solía encontrármelo seguido.

Asentí con la cabeza.

—Mi amigo, Tyler, pregunta si estas disponible hoy en la tarde — Mike había apuntado al otro extremo de la habitación, en donde un chico e piel morena me miraba con cierto nerviosismo.

—No salgo con tímidos— Me encogí de hombros, y aparte la mirada a la ventana de mi lado izquierdo.

—Fuera— Escuche que decía Edward.

Sonreí casi con malicia cuando Mike se fue mascullando. Giré mi cabeza para ver al tal Tyler y su mueca de decepción cuando Mike llego a su lado. Fue lo suficientemente perra como para sonreírle y tirarle un beso.

—Pobre chico, eh—Dijo Cullen a mi lado.

Moví la cabeza y me rehusé a hablarle. Sin embargo, me preguntaba si había leído la nota de casi amor que le escribí.

—Ley del hielo para Edward— Murmuró Edward y sentí su mano en mi muslo, obligándome a mirarlo.

—Suéltame.

Edward mostró esa sonrisa y me soltó delicadamente, no sin antes darme un ligero apretón en el interior de mis muslos. Salte un poco cuándo lo hizo

—Bien, ya que te comportas como la perra que eres, te daré mi verdadero lado.

Me moví un poco ansiosa al notar el tono oscuro de su voz.

— ¿Por qué mierda me dejas estúpidas notas en mi casillero?—Escupió, sacando mi nota del bolsillo de su chaqueta de cuero.

—Fue divertido, ¿No?

—Lo hubiera sido, claro, pero reconocí tu letra con la primera palabra.

—No te comportes como un fastidioso de mierda. Estaba aburrida y estoy encambronada contigo, ¿Cuál es tu jodido problema?

Edward no contestó.

No lo hizo en toda la clase.

Todavía podía notar el efecto ligero de la droga en el cuerpo de Edward y eso me asustaba ligeramente. Edward no era un santo y tampoco un caballero. Habían visto como trataba a las chicas de aquí. Y temía que podía ser peor con droga encima.

O podía ser mejor.

Mi siguiente clase era Idiomas y Edward no estaba conmigo. Por lo que había leído en su horario le tocaba matemáticas.

Genial.

Mientras me dirigía al salón, me crucé con una Alice un poco ansiosa y apurada.

—Tengo matemáticas—se apresuró a decir cuando llego a mi lado.

—Suerte con eso.

Alice sonrió.

— Tendré éxito —Aseguro, tronando los dedos y guiñando el ojo. Su cara fue cómica y no pude evitar reír.

—Te veo.

Mis pies se apresuraron para poder llegar al salón a tiempo. Con una rápida examinada al salón visualice a Tanya en unos asientos de una esquina. Su cabello Rubio estaba a un lado y el tipo que estaba detrás de ella babeaba.

Reí.

Se veía cómico el imbécil. Él miraba a Tanya con adoración, mientras que ella solo tenía ojos para el teléfono que se encontraba entre sus manos. Me pregunto si el chico ha sido siquiera capaz de hablarle... No, definitivamente no. Dejando mi análisis de lado, camine directo al asiento que se encontraba al final del salón. Delante estaba un imbécil de pelo negro con una chica de cabello castaño claro. Se notaba que los dos tenían algo.

—El amor—exclamé con voz cansada.

La pareja me dedico una fugaz mirada y ella se sonrojó. Me encogí de hombros en dirección al imbécil y le dedique una sonrisa, a lo que él respondió con una mueca de disgusto total. Ligeramente desconcertada, pero divertida, le dedique el dedo de al medio y le guiñe un ojo.

—Atención—fue lo primero que pidió el profesor cuando llego al salón. Dejo su grueso libro forrado de cuero encima de la mesa y nos dedicó una mirada severa.

— ¡Qué tal, viejo!—exclamó un rubio al otro extremo del salón.

—Fuera, Collins—escupió el profesor con cansancio, rodando los ojos.

El chico hizo un gesto de victoria con su puño y se retiró sin protestar.

Que idiota.

—Quiero que escriban una historia utilizando los últimos contenidos que hemos estado viendo. Dos hojas mínimo—explicó el profesor, dejándose caer en su asiento con un suspiro cansado.

Un jadeo colectivo se escuchó de parte de todos. Cada uno comenzó a mascullar por lo bajo mientras tiraban sus libros y lápices. No pude evitar sentir un poco de lástima por ellos. Dos hojas no eran nada. Realmente no era nada.

Sí, te lo dice alguien que es buena en idiomas.

.

—Enserio, Kate, púdrete—murmuré por enésima vez en un minuto.

Posiblemente exageraba, pero tenía a Kate pisándome los talones desde que salí del salón de idiomas.

—Te advertí sobre Edward, Swan.

—No me he acostado con él hoy.

—Él está jodido, Swan. Aléjate.

Rodé los ojos y solté un bufido.

—Me importa una mierda, porque no planeo casarme con él, gracias—solté con ironía y la empujé contra los casilleros—Así que deja de ser una molestia en el culo y desaparece—empujé su cuerpo más fuerte contra el casillero y la solté. Ella no se molestó en atacarme, pero una sonrisa media burlona apareció en sus labios.

—Algún día desearás que Edward Cullen nunca se haya cruzado en tu camino—fue lo único que dijo antes de salir, contorneando sus caderas.

Que mujer tan rara.

Dejando de lado el tema de Kate, decidí caminar al salón de matemáticas. Ya habían pasado unos minutos desde que la campana sonó, así que supliqué todo el camino al salón para que el profesor todavía estuviera dando algunas indicaciones. Gracias a no sé quién, el salón todavía tenía las puertas cerradas, con los alumnos dentro. La verdad era que en ocasiones el viejo se alargaba más de lo que debería estar permitido, así que decidí asomarme por la ventana, para comprobar que todavía el viejo estaba hablando frente al pizarrón. Sin embargo, lo único que estaba en el pizarrón eran unos ejercicios y lo demás en el salón eran estudiantes intentando terminar a tiempo.

Ningún rastro de Alice.

Fruncí el ceño ligeramente y me incliné un poco más, para poder ver si ella se encontraba en otra fila. No estaba. Me atreví a mirar al profesor y él me estaba dedicando una mueca de disgusto. Le dediqué una mueca y antes de dejar de mirar por la ventana eché otro vistazo y me di cuenta de que Edward tampoco estaba.

Posiblemente Alice tenía otra clase y se había confundido al decirme.

Posiblemente Edward estaba follando o drogándose, quién sabe.

Y, posiblemente, yo no debería estar pensando en Alice y Edward a la misma vez. Era imposible que ellos…

Negué con la cabeza tan rápido como el pensamiento llegó a mí y decidí buscar a Alice. Lo sé, posiblemente era estúpido de mi parte buscar a Alice en los baños de auxiliares, pero tenía que sacarme la sensación que estaba teniendo en este momento. Esa sensación que aparece cuando sientes que las cosas van mal. El corazón se acelera, las manos sudan y la garganta se seca.

Caminé más rápido.

Mi destino era el baño menos concurrido en todo el instituto. Un baño de auxiliares que nadie utilizaba y que, conociendo a Alice, decidiría usar para que nadie supiera.

¡Mierda, deja de pensar eso!

Me sentía enferma. Mi cabeza formaba tantos escenarios y ninguno era mejor que otro. Oh, claro que no. Parecía que mi cabeza solo jugaba conmigo y creaba imágenes mentales bastante desagradables.

Al doblar el último pasillo que me quedaba, me paré en seco al ver el cuerpo de Edward salir del baño de auxiliares. Sí, ese baño de auxiliarles, exactamente el mismo que yo buscaba. Me tranquilicé un poco al ver que nadie salía detrás de él (todavía).

Él no fue discreto al arreglarse el pantalón y ajustarse la camiseta. Luego, golpeó la puerta de los baños y con naturalidad se alejó de ahí. Recordé vagamente una historia en dónde el casanova dejaba a sus víctimas en una sala oscura y él solamente se iba como si fuera el dueño del mundo. Con una tranquilidad que me partía la cabeza.

Caminé al baño de auxiliares sin vacilar. Realmente no estaba siendo consiente de mis actos. Solamente me estaba comportándome como una paranoica que se estaba dejando llevar por sus intentos.

Como sea.

Empujé la puerta, -que estaba entre abierta- dejando al descubierto el pequeño cuerpo de una mujer que se arreglaba el cabello.

—Alice—murmuré, abriendo los ojos por la sorpresa.

Alice pareció asustada por un momento, pero luego solamente sonrió con resignación.

—Está bien—soltó el aire de golpe.

Esperé a que ella dijera algo, pero parecía ser que las ideas no se formaban en su cabeza y su expresión de total desconcierto me hizo tomar la iniciativa.

— ¿Te acuestas con Edward?—fui directa.

La pregunta era tonta, porque las evidencias eran muchas.

Algo se estaba formando en mi interior y la palabra traición resonó en mi cabeza como una grabadora. Aleje la idea y cerré los ojos por un momento. No podía reclamar nada sobre de Edward, me sentía como una perra de solo pensarlo. Edward no era nada mío, pero de alguna forma que Alice me ocultara algo así me enfurecía.

Recordé a Jasper. Como un flash la idea de acostarme con él apareció en mi cabeza, pero no le tome atención.

Miré a Alice, esperando su respuesta, pero la cara de culpabilidad que me entregó me dio la respuesta.

—Me queda claro—dije, alejándome un poco de ella.

Alice salió del baño y cerró la puerta a sus espaldas. Tenía que admitir que olía a sexo por todos lados en este lugar.

—Isabella, yo…—comenzó Alice. Su patética manera de intentar explicarme algo casi me hace sonreír. Ella me consideraba lo suficientemente importante como para querer explicarme este tipo de cosas.

—No importa, enserio.

—Tú y Edward…

—Alice.

—Enserio. Bien, me acosté con él. Lo hago desde que llegué, desde el primer jodido día, ¿Okay? —soltó de golpe, dejándome helada—Realmente es bueno con todo esto. Con unas cuantas palabras me tenía encerrada en un cuarto gimiendo su nombre.

Cerré los ojos y casi me tapo los oídos. Yo no quería escuchar esto.

—Detente.

—Realmente deseaba parar, Isabella. No puedo.

Incluso creo que vi como sus ojos se cristalizaban.

—Cállate—pedí.

—Todo este tiempo he sido yo.

Entonces, exploté.

— ¡He teniendo a la perra de Kate persiguiéndome por tu jodida culpa!—grité, perdiendo los estribos completamente.

Alice me miro con sorpresa.

—P-pensé que estaba molesta porque me acostaba con Edward…

Me acomodé el cabello—Mira, Alice, realmente no sé cómo mierda describir lo que siento ahora al enterarme que te revuelcas con Edward. Sin embargo, creo que no me impresiona. Él se acuesta con todas, incluso conmigo, pero me encabrona el hecho de que yo he tenido que soportar la presión de todas las perras por tu culpa.

Ella pareció arrepentida y bajo la cabeza, murmurando un pequeño 'Lo siento'.

—Como sea. No diré que eres tú, así que salvaré tu culo por el momento.

—No tienes que hacerlo—Alice aclaró rápidamente.

—Siempre hago lo que no tengo que hacer—me encogí de hombros.

—Gracias—ella dijo, conteniendo la emoción. Sus brazos se elevaron cuando intentó abrazarme.

—Báñate. Apestas a sexo—me alejé de ella, esquivando su efusivo abrazo.

Alice frunció el ceño, pero lo dejo pasar.

No agregué nada.

Solamente me di la vuelta y me fui.

.

.

.

El sábado por la tarde llené la tina con abundante agua caliente. Enserio, estaba hirviendo. Había sacado unas cuantas sales de baños y jabones a Renée antes de dejar su puta casa en Chicago, así que coloqué un poco de cada cosa en la tina. Me había emocionado mucho al parecer, porque la tina se había llenado de espuma rápidamente.

— ¿Tardaras mucho?—preguntó Charlie, enterrando sus nudillos en la puerta.

Casi me mato al saltar por el sonido de voz.

—Llevo solamente diez minutos aquí dentro, Charlie—gemí, entrando a la tina—. No me jodas.

Sentí a Charlie bufar al otro lado de la puerta y rodé los ojos.

Me sumergí sin pensar en el puto tiempo y me perdí en el agua.

Esto me servía mucho. Era como otra de mis interminables terapias de mierda que solía tener en mi tiempo libre. En unas cuantas horas sería la fiesta de Emmett y tenía que estar relajada. Después de todo, las fiestas eran para perder el control y necesitaba hacer que mi cabeza dejara de pensar en tanta mierda.

Me rehusaba a pensar en Alice y Edward. Ese tema no era de mi incumbencia y yo le había pedido a Alice que no me contara nada al respecto. Respetaba su privacidad como me gustaba que respetaran la mía, aunque en mis momentos de masoquismo o lo que sea, me ponía a pensar en ellos. Era complicado, de hecho. Yo odiaba a Edward. Bueno, no odiarle realmente, pero lo detestaba. Sin embargo, si me ofrecía sexo mis piernas se abrían solas y yo ya no podía hacer nada.

El desgraciado folla bien.

Entendía a Alice, realmente lo hacía. Pero… ¿No podía follarse a Jasper en vez de a Edward?

¿Qué mierda estoy pensando?

Perdí mi cabeza dentro de la tina por unos segundos y luego salí al exterior. Esperaba que esto me ayudara a dejar de pensar en Alice y Edward.

No me importa. Que follen como conejos. No me importa.

Esto se sentía mejor, porque realmente no me importaba.

.

Diez minutos después, salí de la ducha gruñendo. Odiaba el hecho de que Charlie no tuviera calefacción en la casa. Según mi reloj negro de pared eran las 21:23, así que el frio en Forks se desata con más fuerza.

—Pensé que no saldrías nunca—escuché a Charlie murmurar antes de entrar al baño.

— ¡Cállate!

— ¡Mierda, hace calor aquí dentro!—exclamó él.

Reí y me saqué la toalla.

Había dejado la ropa que me pondría encima de la cama para evitarme la flojera de rebuscar en mis cajones y mojar la madera del suelo. Secándome con cuidado el cuerpo, me coloqué mis bragas negras y el brasier blanco de encajé. Sí, me gustaba el encaje. Me metí en mis ajustados pantalones negro azulado que eran hasta el ombligo, me coloqué mi camiseta blanca con las mangas y el cuello cortado. La camiseta tenía unos diseños en verde y no era muy larga, así que metí la parte delantera dentro de mis pantalones. Calcé mis botas rojas en mis pies y las abroché rápidamente.

Antes de que me sacara la toalla del cabello, mi IPod se encendió y sonó, indicándome un mensaje.

Alice Brandon:

¿Lista?

Moví la boca y me senté en la cama. Ella sabía que yo no quería llegar con compañía a la fiesta, así que supuse que se refería a otra cosa.

Isabella Swan:

Casi.

Alice Brandon:

Me voy, te veo ahí.

Tiré el IPod a la cama y me quité la toalla con un poco de brusquedad. Parecía que mi relación con Alice se enfriaba gracias al descubrimiento de ayer. Yo no quería que eso pasara, así que haría todo para poder recuperar la amistad que teníamos. Sonó cursi.

No me importa. Que follen como conejos. No me importa, canté en mi cabeza otra vez.

Corrí a lavarme los dientes y luego volví para colocarme lápiz labial rojo.

Listo.

Metí mi cajetilla de cigarros en mi bolsillo, en mi brasier el encendedor y en mi bolsillo trasero unos cuantos dólares.

— ¿Te vas?—preguntó Charlie cuando salía de mi habitación.

—Eh, sí—contesté, tirando la puerta a mis espaldas— ¿Tú?

—Sí, ya me voy. Espero no tener problemas esta vez—suspiró y acomodó su cinturón.

Se supone que Charlie tenía que estar en Seattle en estos momentos, pero por una rueda pinchada no pudo seguir su camino por la carretera. Fue divertido de cierta manera recibir su llamada a las dos de la mañana, indicándome que volvía a casa. No fue divertido que me despertara, pero realmente agradecí un poco que me despertara, porque ver su cara roja por la vergüenza mientras se bajaba del camión del viejo que lo trajo fue lo más divertido que me ha pasado en el último tiempo.

"Cállate, Isabella, sólo cállate" había mascullado mientras pasaba al lado mío anoche.

Me mordí el labio y asentí. Él me miro sospechosamente antes de indicarme que bajara por las escaleras.

— ¡Que caballero!—lo molesté.

Bufó.

Me tropecé estúpidamente en la última tabla de la escalera. Eso me pasaba casi siempre y ya me estaba hartando la maldita tabla.

—Algún día la cambiaré—contestaba siempre Charlie. Y sí, también me estaba hartando de sus promesas.

Charlie salió de la casa seguido por mí. Él se montó en su auto después de una incómoda despedida y se perdió calle abajo.

Sola.

Tenía la maldita casa para mi sola hasta el lunes.

Me abroché mejor mi chaqueta roja de cuero y ajusté mi casco. Eché una última mirada a la casa y conduje en la misma dirección que había tomado Charlie. El auto de él no se veía por ningún lado, así que de seguro había tomado un tipo de atajo, porque era imposible que él condujera más rápido que una abuela.

Reí.

Tal vez Charlie podía conducir más rápido que una abuela, siempre y cuando nadie lo esté mirando.


La casa de Emmett estaba instalada un poco lejos y en una zona acomodada de Forks. No tenía idea que había ese tipo de zonas en Forks. Posiblemente lo más cercano a zona privada de millonarios que había visto era la casa de los Cullen. Sin embargo, el lugar que ocupaba la casa de Emmett era horriblemente grande. Bien, el chico tenía dinero. Mucho dinero.

Había estado buscando un lugar para estacionar mi moto por lo menos cinco minutos. Tres vueltas alrededor de la casa y tenía que decir que era inmensa, pintada de un tono damasco y con grandes ventanales. Incluso, había llegado a la inmensa piscina de su jardín y aun así no encontraba un mísero lugar para poder estacionar a mi bebé.

Los imbéciles me miraban.

Las putas me miraban.

Todos me miran.

Posiblemente era algo así como la loca de la moto. La estúpida que todavía no podía estacionar. Y no era mi jodida culpa. Amaba a mi moto y no la pensaba dejar en algún lugar de mierda en donde se la podían llevar. Si la moto no se podía quedar, yo tampoco.

Salí de la casa de Emmett más rápido de lo normal. Anduve por las calles por un tiempo y mientras miraba las inmensas casas, encontré una que parecía deshabitada. Supuse que en algún tiempo la casa fue blanca, porque ahora solo quedaban restos de pintura turbia en las desgastadas paredes. Las ventanas tenían los vidrios rotos y uno que otro marco caído. Casi sin pensarlo había estacionado fuera de las inmensas rejas. Estaba en una especie de trance mientras miraba la inmensa y desgastada casa. Lo admito, me gustaba la casa. Sabía que tenía una pequeña fijación con lo jodido, pero no sabía que se aplicaba con casas. Resulta que estaba desarrollando una obsesión por la casa en un corto periodo de tiempo y estaba comenzando a tener miedo de mí misma. Enserio, posiblemente si alguien veía la casa pensaría que es la casa más fea del mundo, pero yo apreciaba tanto este tipo de cosas. Era bastante vieja la casa, pero irradiaba una paz no tan típica de una casa abandonada. Estaba loca, pero no podía evitarlo. Y como estaba loca, no me costó mucho forjar la cerradura oxidada de la puerta.

—Demonios, sí— suspiré cuando la puerta abrió haciendo un sonido horrible.

Entre con la moto a la inmensa casa y me guie por la luz de mi celular. Los arboles eran inmensos aquí y la luz de la luna no se filtraba bien. Decidí entrar por la puerta trasera, intentando no dañar nada más. Me costó abrir la puerta esta vez. Tuve que utilizar mi cuerpo para empujarla un poco y casi me caigo cuando la puerta finalmente cedió. Una manta e polvo me recibió inmediatamente y un ataque de tos de mierda apareció.

— ¡Mierda! —chillé cuando una araña apareció en la puerta.

Era pequeña, pero les tenía un poco de pánico a las arañas. Miré a mí alrededor con desesperación y encontré un martillo. En tiempo récor lo tome y maté a la araña. Una sonrisa casi sádica se instaló en mi rostro. Metí la moto dentro de lo que parecía ser la cocina de la casa y la deje media escondida. Para ser una casa abandonada, la cocina no estaba tan sucia. Pequeñas cucharas abandonadas estaban en la encimera, cubiertas por polvo y una delgada tela de araña. Un escalofrió recorrió mi espalda al pensar en arañas. Me moví casi con violencia al imaginarme una araña inmensa y peluda.

Como sea.

Caminé por lo largos pasillos y llegué a una sala de estar. Los sillones estaban cubiertos por unos plásticos y, obviamente, polvo. Parecían ser de un color beige con terminaciones doradas en las puntas. Tenían respaldos de madera y se notaban que su precio era bastante elevado. Estaba media hipnotizada por lo que veía, pero cuando la luz de mi celular se apagó repentinamente me vi sumergida en la oscuridad total. Me moví con torpeza y divisé una ventana a los lejos que permitía que un pequeño rayo de luz de la luna se filtrara.

—Mierda, mierda—mascullé mientras retrocedía para salir.

Comencé a apretar los botones del celular para poder iluminar mientras construía mi camino de vuelta. Estaba todo cubierto de polvo y seguramente mi chaqueta estaba ploma de tanto polvo. Jodido polvo de mierda.

La puerta de salida estaba bastante cerca, así que no me costó mucho salir. Procure no tocar la maldita puerta, miedosa por la idea de otra araña, y salí del lugar, cerrando la puerta y atrancándola con una rama que encontré al lado de un macetero lleno de hojas secas.

Para cuando salí de la propiedad, mi ropa ya estaba limpia. Me había costado un poco limpiarla completamente, pero no me fue imposible. Estaba media loca por la idea de tener una araña en mi cabeza, así que había inclinado mi cabeza hacia adelante y la había agitado. Gracias a lo que sea, no había nada con patas en mi cabeza.

Mientras caminaba a la casa de Emmett, la música comenzaba a sonar más fuerte. Sentía el constante bom-bom retumbando en mis oídos cuando logré llegar a la reja que rodeaba la inmensa casa. En la entrada había personas borrachas bailando ridículamente, algunos solamente se movían lento con un vaso en la mano mientras conversaba y otros simplemente estaban haciendo el ridículo con movimientos descoordinados y estúpidos.

— ¡Isabella!—me tensé un momento al escuchar ese tono de voz, pero al darme vuelta y comprobar que no era él, sonreí.

—Jasper—saludé cuando llegó a mi lado y deposito un pequeño beso sobre mis labios.

— ¿Qué tal?—preguntó casualmente, pasando su brazo por mis hombros.

Edward y Alice tienen sexo.

Edward y Alice tienen sexo.

—Bien.

Él se apretó más a mi mientras me guiaba entre el gentío. La mayoría estaba influenciada por el alcohol y una que otra droga.

—Que gente—escuché mascullar a Jasper cuando tuvo que utilizar su fuerza bruta para apartar a un tipo.

Me reí y saque un cigarro. Le ofrecí uno a Jasper y él negó, alegando que quería dejar el vicio. No le creí.

—Estoy cambiando—dijo, indignado.

Alcé una ceja.

Jasper sonrió con malicia y me quito el cigarro de los labios, seguido por un pequeño beso.

—Mentira—susurró en mi oído y luego se separó para llevarse el cigarro a los labios. Vi como en su rostro aparecía una sonrisa de satisfacción y no pude evitar tirarme en sus brazos para besarlo de una manera más profunda.

No sé cómo, pero mi espalda había quedado contra una pared. La música sonaba más fuerte y los jadeos de Jasper se escuchaban despacio. Con mi lengua delineé el contorno de su labio inferior y él gimió cuando mi aro toco su lengua al entrar. Casi con desesperación restregué mi cuerpo contra el suyo.

—Cariño—llamó Jasper, separándose de mí—, la noche recién empieza. Hay que disfrutarla—con un guiño de ojo, me tiro dentro de la casa.

Solté un suspiro y prometí no tirármelo todavía.

Dentro de la casa el ambiente estaba totalmente caliente. Un Dj en un muy bien montado escenario. Pulseras brillantes y luces de colores por todos lados. Veía el cabello de las perras moverse de un lado a otro con el ritmo de la música. Emmett, quien no tenía una camiseta, estaba bailando calientemente con una rubia. La rubia parecía drogada, porque movía su cabeza hacia atrás y reía sola. Conocía muy bien la sensación y sentí un poco de envidia al verla tan libre.

—Caliente—escuché murmurar a Jasper en mi oído. Él extendió su mano y me entregó un porro.

El porro estaba encendido, así que solo lo lleve a mis labios y lo fumé con fuerzas. Extrañaba esto. Con Charlie en casa no podía fumar un porro, pero admito que si me fume uno en el baño.

—Hay que bailar—le grité a Jasper.

Él me respondió con una mueca divertida y desesperada. Me guio al centro de la pista y posteriormente su cuerpo estaba pegado completamente al mío. Baile contra su cuerpo mientras terminaba de fumarme el porro. Los labios de él estaban pegados en mi cuello y sentía su paquete apretarse contra mi cadera. Una vez terminado el porro, él me entregó otro y seguimos bailando. El Dj en algún momento colocó "Satisfaction" y juro que casi muero de la risa. Jasper cantaba-gritaba la canción conmigo y sus manos estaban alzadas igual que las mías y saltábamos.

Droga y sus efectos.

Yo solamente seguía fumando. Parecía chimenea o alguna mierda de esas. El pelo rubio de Jasper estaba mojado gracias al agua que algún imbécil había tirado. Mi chaqueta roja había volado hace tiempo, solo había sido consciente de las manos de Jasper en mí y luego mi chaqueta fuera.

— ¡Alice!—escuché a Jasper gritar, pero el grito parecía lejano.

Todo ante mis ojos aparecía en cámara lenta, con una canción de Bob Marley de fondo.

Reí a carcajadas y apreté a Jasper contra mí un poco más fuerte. Por sobre su hombro, miré a mí alrededor. Todas las parejas saltaban y agitaban sus cuerpos al ritmo de la música. Algunas chicas ya estaban sin camisetas y bailaban contra los cuerpos sudorosos de sus parejas. A Emmett no lo podía ver, seguramente había subido a follar con la rubia esa. Cuando Jasper dio una vuelta, quede con la mirada en la escalera y me encontré una confundida Alice, o eso parecía. Ella me miro y yo le sonreí abiertamente hasta que apareció Edward en detrás de ella. Mi sonrisa se borró un poco, pero no pude evitar hacer un gesto de sexo con mis manos. Alice negó con la cabeza y termino por bajar las escaleras.

—Alice se acuesta con tu hermano—reí cuando las palabras salieron de mi boca. Podría decir que estaba suficientemente drogada como excusa, pero la verdad era que deseaba decirle eso a Jasper desde hace tiempo. Era como un vomito verbal que siempre me salía cuando estaba bajo los efectos de la droga.

—Lo sé —suspiró Jasper contra mi pelo y en un movimiento rápido, movió mi cuerpo y me beso con violencia.

Yo era la reina de las estúpidas, porque seguí su juego. Sabía que se descargaba conmigo, pero ahora no me importaba. Lo besé al ritmo de la música, con desesperación. Sus manso se colaron rápidamente debajo de mi camiseta y yo no dude en apretar su polla por encima de la tela de sus pantalones.

Gemí.

Él gimió.

Me subía a sus piernas como mono. Mi desesperación y aceleración se hacía presente gracias al efecto de la droga. Vagamente recordaba dos latas de cerveza y eso hacía que los efectos fueran peores. Sin embargo, con el tiempo había aprendido a poder manejar mi cuerpo. La primera vez había sido un fracaso, recordaba a James cogiéndome el cabello mientras vomitada dentro del baño.

—Mierda, Isabella—grito Jasper, apretando mi culo.

Reí y tiré mi cabeza hacia atrás, dándole acceso a mi cuello. Pero, al inclinarse, perdió el equilibrio y caímos al suelo. Fue divertido. Su cuerpo quedo debajo del mío y lo volví a besar, pero tuve que ponerme de pie porque sabía que las parejas a nuestro alrededor serían capaz de pisarnos sin importarles nada.

Jasper se incorporó y movió su cabello— Esto es divertido.

Sonreí mientras bailaba al ritmo de la música. El Dj estaba bailando mientras movía unas cosas y yo no tuve mejor idea que ir a bailar con él. Bajo la atenta mirada de Jasper me subí al escenario y comencé a mover el culo al ritmo de la música. Un grupo de chicos se colocó debajo de mí y gritaba cosas estúpidas. Me quité la camiseta y la tire lejos. Mi brasier estaba humedecido, pero aun así no se traslucía nada. Aunque, claro, podía apostar mis cigarros que se notaban mis pezones erectos. Mi encendedor estaba bien escondido entre mis pechos, así que estaba salvo. De momento.

—¡Baila, baila! —escuché el gentío gritar.

Le bailé lo más caliente que pude al DJ. Él se reía cuando yo perdía el equilibrio y me ayudaba a moverme, guiándome con las caderas al ritmo de la música. El juego de luces cambió y flashes comenzaron a inundar la instancia. A lo lejos divisé la figura de Edward y su nombre se escapó de mis labios. Él giró su cabeza, aunque sabía que mi grito había sido muy bajo. Busco mi mirada y cuando la encontró, agrandó sus ojos. Lo vi decirle alguna mierda a la enana de pelo rojo que tenía al lado mientras le entregaba un vaso. Edward caminó al escenario y me hizo una seña para que bajara.

Bajé.

Bueno, me tiré a sus brazos y él me atrapó justo a tiempo.

— ¿Qué mierda?—preguntó, inspeccionando mi vestuario.

—Uhm—medité—, ¿Viste mi camiseta?—reí.

Rodó los ojos.

—Estás drogada—afirmó.

No contesté. Mi cuerpo se movió contra el suyo rápidamente. Edward respondió a mis movimientos de manera eficaz y su mano no tardo en colocarse en la parte baja de mi espalda. Mi pierna quedo entre medio de sus piernas mientras que una de las suyas quedo entre medio de las mías. Maldita posición. Él acariciaba mi centro con sus piernas mientras nos movíamos al ritmo de la música y yo aproche de hacer lo mismo cuando él apretó su cuerpo contra el mío. Su boca busco mi cuello y me succionó una parte por mucho tiempo.

Gemí y mis manos se colaron debajo de su camiseta. No me resistí, así que agarré el borde de la camiseta y la tiré hacia arriba. Edward no se molestó en protestar, solo levanto los brazos y luego se quitó la camiseta por sí solo, tirándola a algún lado. La sensación de su pecho contra la mía fue increíble. Mi pecho se movió contra el suyo mientras nuestras caderas tenían una batalla. Cuando me aburrí del calor de mi intimidad, me di vuelta y pegué mi culo contra la erección de Edward. Él sujetó mis caderas y embistió contra ellas. Su aliento recorrió mi cuello y me perdí.

Todo se mostraba como un flash.

Las manos de Edward en mis caderas y la insistente presión de su polla contra mi culo.

Sus manos recorriendo mi cuerpo mientras me guiaba a algún lado.

La línea de cocaína que Edward me ofrecía en la cocina.

Sus manos dentro de mis pantalones mientras la droga me hacía efecto.

Las escaleras.

Una habitación rosa.

Una cama.

—Que masculino—había escuchado a Edward decir mientras yo me tiraba a la cama.

Él se quitaba la ropa mientras yo ya estaba completamente desnuda. Sinceramente no tenía idea donde habían terminado mis cosas, pero en mi estado me importaba una mierda. Con la poca coordinación que me quedaba, me puse en cuatro en la cama y pegué mi mejilla a la almohada.

— ¡Cógeme, Cullen!—pedí, olvidándome de mi puto orgullo.

Edward no necesito más.

La cama se hundió detrás de mí y sentí el peso del cuerpo encima de mí por un momento. Él estaba igual de drogado que yo y no tenía idea como es que la tenía parada con tanta mierda encima. Daba igual. El chico tenía una erección y yo deseaba aprovecharla ahora.

—Afírmate—gritó Edward cuando me penetró.

Mis manos alcanzaron justo a tiempo el cabecero de la cama. Cuando Edward dice 'afírmate' hay que tomarlo en cuenta. Dios, me dolía un poco el culo de lo fuerte que me estaba dando. El sonido de sus caderas chocando contra las mías era como un golpe seco. Un golpe constante que me tenía loca.

Gemí.

Gemí como una loca.

Estaba segura que todos en la casa estaban conscientes que yo estaba teniendo sexo. Mis gemidos eran gritos realmente. Edward emitía sonidos gruesos cada cinco segundos y me tenía más que excitada gracias a ello.

—Isabella—masculló cundo apreté las piernas.

Llegué a rodar los ojos de placer cuando él acarició mi intimidad casi con violentos círculos. Mi orgasmo llegó rápidamente y mi cuerpo se dejó caer contra el colchón sin embargo, Edward todavía no terminaba. Él tuvo un poco de consideración conmigo, porque me permitió recostarme de lado en la cama mientras él me follaba por detrás. Mi cabeza se enterró en la almohada cuando se remolino se volvió a formar en mi zona baja. Comencé a gemir otra vez y Edward mordió mi hombro, haciéndome chillar de dolor y satisfacción.

— ¡Edward!—grité fuerte cuando sus dedos se enredaron otra vez en mi clítoris.

Los sentí sonreír en mis espaldas y un pequeño ataque de risa llegó a mí.

—Deja de reír—demandó Edward, golpeándome el culo.

Intenté controlar mi risa, pero no podía. Edward, al ver que no paraba de reír, no encontró nada mejor que cambiar de posición. Ahora él estaba encima de mí y había levantado mis piernas, de forma que ahora descansaban en sus hombros. Su rostro estaba a centímetros del mío y me perdí por un momento en sus ojos nublados por la pasión. Él seguía con sus fuertes embestidas, pero cuando acerco su rostro al mío para besarme disminuyó un poco la intensidad.

Demonios.

Sus besos me hacían temblar. Sabía que la droga afectaba todo, pero parecía que realmente volaba cuando sus labios tocaban los míos. Mi lengua había salido a su encuentro y él había tomado mi cara entre sus manos. Su respiración era fuerte mientras besaba mis labios y seguía con el vaivén de sus caderas. Todo el éxtasis que me entregaban sus movimientos me estaba llevando a la más alta cima. Las sensaciones estaba alteradas y cada toque se multiplicaba por diez. La calidez de sus labios me tranquilizaba, pero no podía evitar la sensación que tenía de estar volando.

—Isabella—murmuró sobre mis labios mientras decencia hacia mi cuello.

Agarré su cabello entre mis manos y lo tire otra vez hacia mis labios. Moví mis caderas contra las suyas y él comenzó con el baile desenfrenado nuevamente. Unió nuestros labios y segundos después ambos gritamos sin despegar mucho los labios.

Jadeé, en buscar de un poco de aire, y él hizo lo mismo. Me miró y luego atacó nuevamente mis labios. Todo comenzó a dar vueltas y solo me quedaba el peso de Edward encima de mí, con sus caderas con en lento vaivén que me estaba torturando. Otro orgasmo nos azotó rápidamente y tuvimos que despegar nuestros labios para soltar el gemido que necesitaba escapar. Rodé los ojos y mire a mí alrededor, sintiendo una felicidad y paz infinita que me estaba arrastrando.

Lo último que sentí fue el éxtasis de Edward llenando mi interior.

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Holla, gente. Primero que todo: perdón la tardanza. A continuación, mi discurso.
Los arreglos en mi casa ya terminaron y eso. Pero por cosas familiares tengo que ir seguido a la casa de mi tía y definitivamente allá no tengo tiempo para escribir. Entré al colegio el miércoles pasado y ya estoy estresada. MUY estresada (sé que mi amiga lee esto, así que ella debe reírse porque sabe que paso durmiendo todo el día). Como sea, ya me estoy acostumbrando –nuevamente- a mi horario, así que espero no demorarme tanto otra vez. Es mi último año, así que tengo más presión.

Espero que tenga una linda semana ;3

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¡Tírenme las orejas! ¡Presiónenme! ¡Grítenme!
Díganme qué les pareció. Ya llegamos al inicio del camino que tendrán que recorrer éstos dos.
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