"Reto 20 días OTP!Vampire del Foro I'm Sherlocked"

Capítulo 16: Longevidad

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Esperas los muchas Respuestas a tus miles de preguntas.

MILES DE PREGUNTAS.

Porque era obvio lo que iba a pasar a continuación, ¿no?

Se te negó la aún existencia de… bien, de él, para que 30 años después (lo doble de la mitad de tu vida… ¡Una vida entera!) te dijeran que sí, él estaba vivo. Tan vivo que lo veías correr por las calles de Londres persiguiendo a los delincuentes como si de un hobbie se tratase.

¿Y es que nadie se le pudo ocurrir la fantástica idea de que quizás una parte de ti aún seguía arrepintiéndose de por vida lo que había ocurrido en ese día negro en la preparatoria y que darías la vida y el alma por hacerlo desaparecer y nunca haber despertado ese día?

¿Nadie se dio cuenta de que necesitabas como si fuese un salvavidas esa frase de "no es tu culpa, John, él lo decidió así" o mejor aún "él jamás podría morir así, es un vampiro, por el amor al cielo"?

No, claro que no.

Mejor que se pudriera en su arrepentimiento, ¿no?

Vamos y dejemos al pobre y estúpido John Watson creer que el idiota de… ¡Ah, carajo, él! ¡Estaba vivo!

Eso es lo cuenta.

Estaba vivo.

El malnacido…

-Está vivo, si –levantas la mirada, estabas sentado enfrente de ese costoso escritorio de caoba o de algún árbol exótico que se podía costear alguien como Mycroft Holmes. – Lamento que te enteraras de esa manera, doctor…

No puedes evitar una risa socarrona y fría.

-Vamos, que lo único que jamás sentirías por mí, sería lástima o un acercado a eso –lo miras ya sin enojo, ni para eso tienes ganas de hacer. – Lo que si quisiera saber es… ¿Por qué? ¿Jamás…? –no, ni hablar quieres.

-¿Quieres saberlo? – El lindo y simpático Mycroft Holmes siempre tan atento para estas situaciones, ya empezabas a extrañarlo.

-¿Piensas decírmelo?

-Si es tu decisión… no tengo por qué no decírtelo.

-¿En serio estás autorizado para tal cosa?

-Estoy más autorizado de lo que mi hermano pequeño podría estarlo en su eternidad – Ves una minúscula ráfaga de molestia en aquellos ojos sin ese brillo de vida. –Además, son cosas en las que él no tiene ningún tipo de opinión, si tú quieres saberlo, estás en todo tu derecho por saber lo que en verdad sucedió.

-Cuando lo vi en la calle corriendo supuse que lo que quería saber era la verdad tal cual, no importándome de quién viniese – Miras los puños viejos de tus manos, con una que otra cicatriz por la guerra. –Pero ahora no lo sé –Te atreves a mirarlos a los ojos, intentando creer que aún tiene algo de humanidad dentro de su cuerpo y por estar en dicha situación no se atrevería a mirarte con burla o sorna. –Y ahora simplemente no sé qué es lo que quiero.

-Es totalmente comprensible, John –Aunque no quisiera aceptarlo, sabes que Mycroft se debate entre decirte las cosas como son o darte a escoger una manera de disipar el dolor sobre la verdad; miras como se ablanda un poco por ti y eso es ya un gran decir. –Por lo mismo hasta que tú me digas que estás listo, lo sabrás todo.

-Quiero que él sea el que me lo diga –No estabas del todo seguro si querías eso, pero en verdad que era necesario volverlo a ver, él tenía que darte la cara para sopesar esa mentira de 30 años. –Quiero verlo… otra vez.

Mycroft te miró atentamente, sabías que analizaba cada músculo de tu rostro, así como la presión sanguínea que delataba tu verdadero estado de angustia, aparente calma y una ira interna que no sabías que existía en el fondo de tu inconsciente.

Se levantó de su asiento, se paseó un rato por el estudio, termino en el mini bar que tenía, sirvió dos grandes vasos de un whisky que seguramente en tu vida conocerías, regreso para darte el tuyo y el suyo solo lo miro, era la costumbre de beber desde que era humano que no le dejaba de hacer aun cuando ya no le supiese a nada en realidad.

Del tuyo solo sorbes una mínima cantidad. Te quema la garganta al bajar a tu estómago. No te complace.

-Es curioso, ¿no lo cree, doctor Watson? –Vuelves la mirada a tu interlocutor, él seguía observando el ámbar líquido reposar en el vaso de cristal. –Muchos hombres lo único que han querido en esta vida es eso, vida. Quieren dominar cualquier absurda e insignificante ley natural que te da de golpe en la cara con la noticia de que nunca serás perpetuo, que llegará el momento en que… - Bebe de su whisky sin hacer ningún tipo de gesto. - … te corten la vida y fin.

-¿Y eso qué tiene que ver con lo que me engañaron por años? –Le das un gran trago y a comparación de Mycroft, tú si haces gestos por el ardor. -¿Qué me importa el que sean inmortales? ¿Eso les da un derecho divino de poder engañar a la gente o qué?

-Es más bien, el que como un humano común debe de saber que las personas de mi… condición, no mueren solo por aventarse de la azote a y hacer un drama que aparecerá en el periódico de la mañana siguiente –Te mira con reproche. – Debiste de ser más inteligente…

-¿Inteligente, dices? ¡Estaba en shock! –Reclamas sin poner tanta atención a lo que decías. – Ver a tu mejor amigo de la infancia caer desde la azotea después de que discutiéramos como para ya no hablarle, obviamente te deja en shock.

-Y ahí tenemos otra curiosidad –Pareciera que ignoro todo lo que le dijiste. – Te refieres a Sherlock –Auch, si te duele. – Como un "mejor amigo" cuando en realidad… bien, ambos sabemos… -Levanta una ceja, el muy maldito.-

-¿Qué nos acostamos? ¿A eso te refieres? –Ya habías tenido el tiempo suficiente como para dejar de estar avergonzado por lo que viviste. – Si Mycroft, nos acostamos y aún sigo diciéndole mejor amigos porque desde un principio eso es lo que fue…

-Y volvemos al tiempo – Se sienta junto a ti, en el otro sillón frente al escritorio. – Es lo único que tenemos por seguro los de mi condición y lo único no seguro para ti y los humanos. Sherlock ha hecho cosas tontas desde un principio… desde que se mató la primear vez por "amor" enfermizo que se apoderó de él y por el cariño que te tuvo. Tiende a ser dramático y no toma mucho en cuenta lo que las otras personas…

-Pero tampoco –Le interrumpes, dejas del vaso a medio terminar en el escritorio. – Significa que tiene el derecho a dañar a las demás personas.

-He ahí el error de mi hermano, nunca se da cuenta de las demás personas…

-Las demás personas no valen la pena.

Ambos hombres se dieron la vuelta a la puerta. El joven de 17 años se encontraba parado en el marco de la puerta.

-Así que te decidiste a venir… hermanito.

-Prefiero ser yo quien hable con él, algo me dice que puedes deformar la información a tu propósito –Lo ves entrar, con esa gabardina que le hace resaltar la palidez de su rostro, ese rostro que jamás se envolvió de arrugas como las tuyas.

-Jamás haría eso –De los tres sabes que ninguno creía eso.

-¿Nos permites? –Sherlock le dejo libre la puerta para que de una vez saliera.

Mycroft no tuvo de otra que salir, dejándote al fin a Sherlock para ti solo.

-¿Y bien? –Te preparas mental, física y sentimental para el brutal golpe que significaran sus palabras.

-Deberías de dejar de comer tanto pan –Te dice de golpe.

-¿Perdona? –Te volteas a verlo sin entender nada.

-Pan, hace que te veas más gordo de lo que en verdad estás.

-¿Estás criticando mi peso? –No le entiendes nada.

-No, solo estoy dando una crítica constructiva

-Tú nunca das una crítica constructiva -¿En serio? Después de años y lo único que te dice es sobre tu peso… increíble.

-¡Claro que lo hago! –El joven se ve ofendido.

-Lo único que haces es hablar y hablar y nunca te sabes callar –Le atacas sin saber porque ya te comienzas sentir enojado con él.

-¡Mira quién lo dice!

-¡Yo al menos tengo tacto, no como tú!

-¿Y yo para qué quiero el maldito tacto?

-¿Quizás para decirme que estás jodidamente vivo y no te moriste cuando yo lo creí?

-Técnicamente no estoy vivo –Se atreve a sonreír el muy cínico.

No es de esperarse que lo más congruente que puedes hacer sea aventártele y tirarlos a ambos al suelo mientras intentas ahorcarlo. Sin mucho éxito, claro. Pero si para relajarte y descargar la furia que en verdad si había dentro de ti.

-¿Ahora quiere matarme? –Bien puede zafarse con un movimiento, más no lo hace.

-¡Si en verdad puedo, lo haré! –Aprietas más los dedos sobre su cuello, la ira te hace temblar.

-Sabes que no podrás…

-Eres un… un… -Tan bien se siente aquello, que no te das cuenta de que es estúpido y la ira se ha convertido en un par de lágrimas que salen de tus ojos, él se percata de cómo a pesar de todavía contener la ira , tus ojos están a nada de echarte de cabeza.

Y es que hay varias cosas que te sorprenden de Sherlock.

Una que es vampiro.

Otra que está vivo.

Y quizás de que te abrace como si no hubieran pasado esos 30 años, sería la tercera a tu lista.

-Idiota – Dejas de "ahorcarlo".

-Lo sé – Susurra en tu oído.

-¿Y ahora?

-No lo sé.

-Bien.

-Bien.

Si alguien entrara sería raro que un hombre ya medianamente adulto estuviera en el suelo aferrado a un joven de preparatoria.

-¿Por qué fue?

-Miedo –Sherlock se aferró más a ti.

-¿Miedo?

-A perderte…Es tonto como uno piensa que con hacer algo evitas de esa manera algo desagradable y al final la vida te lo devuelve como si de todas maneras estuviera programado para ti.

-¿Perderme? ¿De qué…?

-La chica, la del río… yo… me supe que tú y ella… estuvieron juntos.

-Sherlock –Un pedacito de tu corazón se rompe al decir su nombre en voz alta. – Eso fue idiota.

-Lo sé.

-¿Pensabas decírmelo alguna vez?

-No, nunca.

Te separas de él, sentándote a su lado.

-¿Jamás pensaste en cómo me sentiría si me enteraba de ello?

-No.

-Nunca piensas en las demás personas.

-Ni siquiera pensé en ti –Se sienta a tu lado. –Solo deje que me cegara la ira y los celos…

-¿Tuviste celos? –Le miras sorprendido. Juras que si pudiera sonrojarse lo haría en este momento.

-Un poco, si –Incluso Sherlock Holmes se llega a cohibir y eso te parece tierno. ¿Y la ira de hace un rato dónde quedó?

-Eres un idiota, un verdadero idiota, Sherlock –Ríes, y a pesar de estar indignado, ríe también.

Ríen por un rato hasta que los estómagos de ambos duelen. Bueno, solo el tuyo.

-¿Y ahora? –Repites la pregunta. Miras a tu alrededor, esa oficina sí que se veía grande desde el suelo en donde siguen sentados.

-Te casaste.

-Tú estabas muerto.

Touché.

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De la nada alguien le dio "Favorito" a esto, así que me dije: "Acábalo, no seas floja". Y por eso, estoy aquí.

Gracias por leer, en serio.