A/N: Hola, gracias por entrar y leer :) estoy segura de que les gustará y se divertirán mucho. Si tuviera que describir esto es una sola frase sería: "Las Apariencias Engañan" o "No hay peor ciego que el que no quiere ver" xD

Hay una gran cantidad de historias en las que Edward llega a confundir y "deslumbrar" a la tranquila Bella, y son geniales pero a veces falta algo diferente... y esta es al revés, también es M pero nada demasiado profundo (sólo un poco :$).

Este capítulo es un poquito largo pero porque es su primer encuentro y me parece que es una de las cosas que más se disfruta en un fic :P

Disclaimer: Todos los personajes originales pertenecen a . Los lugares mencionados tienen nombres reales pero con descripciones ficticias.
PD: ¿Debo decir esto antes de cada capítulo?


CAPITULO 1: Cuando la conocí (y no fue lo que esperaba)

Blanco con manchas que parecían causadas por una pelota de fútbol y unas gotas rojas de la gelatina de fresa que Alice había lanzado por los aires cuando la asusté el día que me mudé aquí, hace 3 años.

Sé que observar el techo de tu habitación no es el pasatiempo más divertido del mundo... no, tachen eso, no es ni siquiera un pasatiempo, pero no sabía que hacer. Mi rutina me decía que debí haber ido por mi café de las mañanas hace 30 minutos pero estaba cansado de ese estúpido plan. Si este día fuese como hace 6 meses, Kate ya me hubiese arrastrado de la cama pero ese ya no era el caso.

Estábamos en marzo, la semana antes del inicio de clases, y hoy quise algo diferente. En realidad llevaba un tiempo queriéndolo y es una de las razones por las que ya no estaba con Kate. No es que no me divirtiera o no fuese feliz porque si lo soy. Tengo la dicha de contar con muchas cosas y personas buenas en mi vida, pero a veces, cuando estoy yo solo, siento que algo falta. Mi hermana decía que lo que necesitaba era vivir la vida un poco pero eso sólo me molestaba más. Detesto que la gente hable de "vivir la vida al máximo" como si eso fuese la GRAN solución, ¡ni siquiera saben a que se refieren! Y ciertamente yo tampoco.

Para el momento en que salí del dormitorio de la universidad ya eran las 10 de la mañana. Tenía mi violín en su estuche guindado en mi espalda porque después iría a comprar cuerdas nuevas y siempre me gustaba probarlas de inmediato. El clima en Seattle aun estaba bastante frío y lamenté no llevar mi chaqueta.

Cuando crucé la calle hacia la cafetería me quedé paralizado un momento viendo a través del vidrio de la ventana. Una muchacha de piel blanca y largo cabello caoba que llegaba a su cintura estaba en la fila para ordenar, pero no fue eso lo que llamo mi atención sino su extraña ropa. Tenía unos pantalones morados muy desteñidos, una chaqueta marrón que se veía un poco vieja y le quedaba algo grande y una bufanda al rededor de su cuello que tenía muchas manchas de más colores de los que creía posible.

Todo el conjunto era la mezcla más extraña que había visto en una persona y a medida que me acercaba a ella para hacer la fila, me costaba más aguantar la risa. Justo cuando alguien más terminaba su pedido y nos adelantamos para ordenar, no pude soportarlo más y rompí en risa con las manos en la boca para opacar el sonido pero no funcionaba y tuve que poner mis manos en mis rodillas para no caerme.

Mientras miraba hacia el suelo tratando de controlarme sentí como la chica se volteaba hacia mí lentamente.

—¿Te pasa algo?— Inquirió en un tono divertido.

—No, no, estoy bien— Respondí entre jadeos finalmente tomando un poco de aire.

Comencé a mirar hacia arriba lentamente y al verla más de cerca sentí como la risa se formaba dentro de mí otra vez. Era tal cómo la había visto tras la vitrina pero la chaqueta era aun más grande, de cuero y cubría su blusa blanca llena de manchas de pintura. Cuando finalmente llegue a su rostro, la risa comenzó a cesar.

Debía haberme quedado mirándola mucho tiempo porque lo siguiente que vi fue su mano pasando una y otra vez ante mis ojos como queriendo despertarme.

—¿Estás seguro de que estás bien?

Sus ojos, del mismo color que su cabello, me observaban fijamente. Tenía una mirada divertida y la boca ligeramente curvada en una sonrisa.

—¡Si! ¡Si! ¡Bien!— Exclamé demasiado alto.

Ella amplió sus ojos, mirándome como si estuviese loco y me sonrió —¡Ok!— Replicó, usando el mismo tono nervioso que yo, y volteó justo a tiempo para caminar hacia la barra y hacer su pedido.

Me quedé paralizado nuevamente. Cuando se inclinó en el mostrador pude ver un mechón rosado en su cabello que no había notado antes y, justo al terminar de éste, el mejor trasero que había visto en mi vida, en serio, redondo y perfecto. Estaba fantaseando con levantar mi mano y probarlo cuando escuché como alguien se aclaraba la garganta, era ella que me miraba con el ceño fruncido y una media sonrisa.

—Es tu turno— Dijo mientras se apartaba al otro lado del mostrador para esperar su orden

—¡Claro! si...— Caminé hacia adelante y ordené rápidamente un latte de vainilla ¡Nunca me había pasado nada tan vergonzoso! Me descubrió con las manos en la masa y a mi NUNCA me pasa eso. Sentí las orejas calientes al momento, ¡estúpida y extraña chica de ropa rara!

Cuando pase al otro lado de la barra tuve que detenerme junto a ella ¡Genial! Aun podía sentir mis orejas calientes. Si volteo ahora pensará que soy un tonto y que me gusta, aunque no es que no sea muy cierto. Me atreví a mirarla disimuladamente de un lado y me encontré con que ella estaba viéndome de frente, todo su cuerpo girado hacia mí, yo sólo podía pensar: ¿Quién demonios se le queda mirando tan de frente a un completo extraño?

—¿Qué?

—En serio no te acuerdas de mi— Afirmó ella aguantando la risa

Traté de hacer memoria lo más rápido que pude entre mis compañeros de clase y los poco amigos que tenía pero no pude encontrarla.

—Disculpa, ¿nos conocemos?— Cuestioné sonriendo suavemente. Ahora que lo pienso, esos colores llamativos me parecen conocidos pero no se de donde.

¿Dónde?

—¡Nop! No me conoces— Y sólo así se volteó, tomo su pedido y caminó hacia el fondo del lugar dejándome sólo y confundido otra vez.

¿Que diablos pasa con esta mujer? No recuerdo la última vez que alguien me confundió tanto y, otra vez, ¿quién actúa así con un completo extra...? Bueno... según ella ya nos conocemos así que supongo que no somos tan extraños.

—¡Señor!— Gritó una chica de lentes tras el mostrador, sosteniendo mi café y viéndose totalmente molesta.

—Si, gracias— Lo tomé de sus manos y caminé por donde la chica se había ido. Si nos conocemos de algún lado entonces eso me da la excusa perfecta para hablar con ella.

Tuve que buscarla por un buen tiempo entre la gente, la cafetería estaba hasta el tope, hasta que finalmente la vi sentada con las piernas cruzadas sobre un puf y junto a una larga mesa. Tenía un libro abierto entre sus piernas y estaba comiendo a grandes bocados algo directamente de una bolsa de papel. Al acercarme pude notar que se había puesto unos lentes de pasta negra gruesa y de repente me dí cuenta ¡Es una nerd! ¡Ja! Pues eso explica la extraña ropa.

—Hola— Ella no pareció escucharme porque ni siquiera levantó la mirada de su libro así que aclaré mi garganta y probé nuevamente pero nada pasó ¡Genial! No sólo es nerd sino también creída.

Cuando finalmente volteó no pude recordar lo que estaba pensando —Hola— contestó con una dulce sonrisa ¿Desde cuando son "dulces" las sonrisas?

—Aun no te acuerdas de mí— Esto no era una pregunta y realmente no podía decirle lo contrario.

—Puedes darme a una pista... seguro que lo recordaré— Lo pedí con mi mejor sonrisa esperando convencerla, no creo que fuese a resistir.

—Nop— Volteó la mirada a su libro nuevamente.

Cansado de que me hiciera lo mismo tantas veces, tomé la silla más cercana que pude alcanzar, me senté a su lado con el ceño fruncido y me dediqué a mirarla detalladamente. Definitivamente me parecía conocida pero pudo haber sido en cualquier momento, tal vez le pasé por un lado en esta misma cafetería o en una clase, pero no recuerdo haberla conocido ¡Eso es! Seguramente me ha visto pero no significa que me conozca y esto sólo era un juego para llamar mi atención.

—No nos conocemos, seguro me haz visto pero te apuesto a que ni siquiera sabes mi nombre— Argumenté con una sonrisa de suficiencia alejándome un poco de ella.

Cerró fuertemente su libro y me pareció que algo se encendía en sus ojos ante mis palabras y la hizo voltear hacia mí rápidamente.

—¿Qué quieres apostar?— Ok, esto era lo que menos me esperaba escuchar.

—¿Cómo que quiero apostar?

—Tu dijiste "te apuesto" así que dime, ¿qué quieres apostar?— Explicó sonriendo en una forma que la hacía parecer una niña en una juguetería.

—Ahm...

—¡Oh wow! Eso suena muy interesante— Su tono destilaba sarcasmo mientras me veía con sus ojos amplios.

—Ahm...— Es oficial, ahora soy monosilábico.

—Ok, que tal esto...— Interrumpió mi balbuceo con un sonoro aplauso —Yo te voy a demostrar que sí nos conocemos. Si gano te pondré una penitencia, si a mitad de la historia me recuerdas entonces tu ganas y haré lo que tu quieras— Anunció con una sonrisa.

—Lo que yo quiera...— Eso no suena nada mal, podría pedirle una foto para mostrársela a Emmet, seguramente se caería de la risa, o podría pedirle una cita... aunque aun no decido si es linda o es odiosa.

—Tierra llamando a Edward ¡Aterriza!— Dijo chasqueando sus dedos en mi cara.

—Esta bien, está bien— Esta chica comenzaba a molestarme en serio, ¿quién se cree? Detesto cuando mi hermana hace eso y si a ella también le gusta hacer eso entonces tendremos problemas.

—Es una trato entonces— Me ofreció una pequeña sonrisa y su dedo meñique... ¿Su dedo meñique? Lo miré extrañado un momento y luego a sus ojos.

—¿Qué significa eso?

—El meñique— Contestó como lo más obvio del mundo y ahora si que me estaba irritando. Yo también puedo mostrarle un dedo y no precisamente el meñique.

—Ya se, pero qué quieres que haga yo con eso.

—Promesa de meñique, tonto— Ante sus palabras no pude hacer nada más, de verdad que no pude hacer otra cosa, que reírme a carcajadas. Apenas fui consciente de la gente al rededor mirándome mientras me doblaba de la risa en mi silla y la chica frente a mi aun seguía con su meñique estirado pero sin sonrisa.

—Eres toda una niña, ¿verdad? Y de doce años aparentemente— Dije jadeando por aire cuando finalmente pude parar un poco.

—Como sea, sólo toma mi meñique y listo— Su cara seria no combinaba con su posición tan relajada.

—No, claro que no— Le respondí sonriendo. Es un poco divertido llevarle la contraria. Ella simplemente ignoró mi respuesta y tomó mi meñique con el suyo fuertemente.

—Si no lo cumples, se te caerá el meñique— Dijo calmadamente.

—¿Me estás hablando en serio?— Lo dije riendo pero si me dice que si juro que salgo corriendo de aquí, esta chica no es normal.

Frunció su ceño y no tuvo que hablar para saber lo que quería decirme porque su cara ya lo hacía por ella, estaba diciéndome "idiota, por supuesto que no" y me pareció haberla escuchado murmurar algo suavemente pero no le entendí así que finalmente cedí.

—Ok, bien, que se caiga... empecemos— La miré expectante. Tomó aire un momento y así fue como empezó:

—Tu nombre es Edward Anthony Cullen, estudias música, tocas el violín en la Orquesta de la Universidad de Seattle, tu hermana se llama Alice...

—Espera, espera, espera...— La corte a mitad de su retahíla. Si pensó que iba a impresionarme sólo con eso, estaba muy equivocada. —Eso lo pude saber cualquiera, tienes que responder a mis preguntas.

—Bien, como quieras— Nada en su rostro se inmutó ni un poco cuando le dije esto. Esta chica confía demasiado en sí misma.

—Dime más, algo que sólo la gente que me conozca sepa— Le dije con una sonrisa triunfante ¿Qué es lo máximo que puede decirme? ¿Que mi mejor amigo se llama Emmet? ¡Gran cosa! Tanto él como Alice son unos chismosos y hablan de lo que sea con cualquiera.

Un pequeño suspiro salió de sus labios y se inclinó levemente hacia mí. Sus pálidas manos jugaban con su bufanda multicolor y la gran chaqueta casi cubría sus piernas recogidas bajo ella.

—El instrumento que estudias e interpretas en los conciertos es el violín y solamente te gusta tocar el tuyo pero no lo disfrutas mucho. Generalmente te gusta ensayar en el salón del tercer piso los viernes en la tarde o en la noche y te gusta jugar con tu noviesita Kate temprano en las mañanas en el salón de pintura moderna.

Un largo momento de silencio se estiró entre nosotros ¿Cómo sabía ella esto? Muy pocos saben lo del violín y absolutamente nadie sabe lo de Kate.

—Sin palabras, ¿verdad? Mmmm... probablemente no sientes ese delicioso aroma, se llama "Triunfo" y creo que ya es mío— Se burló de mí con una carcajada.

Fruncí mi ceño con fuerza. Quería responderle algo, de verdad que sí, pero todo lo que dijo es verdad y no podía hacer más nada. Entonces, ¿dónde?

¿Dónde...?

—Ok, tu me conoces pero eso no signifique que yo a ti también, ¿te conozco?, ¿sé tu nombre?— Estaba dando patadas de ahogado y era mi última opción para ganar la apuesta pero al menos era algo.

—Eso no es parte del trato— Replicó ella con su sonrisa intacta mientras se recostaba en el sofá nuevamente y acomodaba su largo cabello con sus dedos.

—Pero si tanto quieres saberlo... si, si sabes mi nombre.

—Maldita sea— Farfullé.

Perdí.

—No pensé que saber mi nombre te molestara tanto— Su sonrisa no decayó porque ella sabía, por supuesto que sabía —¡PERDISTEEEEE!— Gritó fuertemente cerrando sus ojos como si lo disfrutara al máximo y atrayendo la atención de los demás nuevamente.

—Ok, ok, perdí, dime qué quieres.

—Yo... quiero...— Sus ojos se estrechaban y frotaba sus manos como si estuviera creando un plan malvado —Yo quiero que... me des tu violín durante dos semanas.

—¿Mi violín?— Dije moviendo el estuche de mi espalda a mi regazo y mirándola con los ojos muy amplios —No puedo, tu no entiendes, esto es...

—Tu preciado violín... si Edward ya se, créeme— Respondió ella rodando sus ojos.

Sé que puede sonar un poco tonto pero no es así. Con este violín audicioné para entrar a la universidad, con este violín me gané mi primer concierto solo ¡Que coincidencias ni que nada! Si yo digo que el violín es importante, ¡ES QUE EL VIOLÍN ES IMPORTANTE!

—No, definitivamente NO.

—Ay por favor Cullen...

—¿Qué? ¿Me vas a decir que madure?— La corté de inmediato. Si se le ocurre decirme que madure la mando al diablo con su estúpida ropa.

—¡NO! ¡Asi que aprende a escuchar primero!— Para este momento ambos habíamos comenzado a gritar y a acercarnos más —Una apuesta es una apuesta y creo que Edward Cullen es un hombre de palabra, ¿o no?— Suspiré. Jamás en mi vida pensé que algo tan simple podría convencerme tan rápido ¿Cómo diablos me conoce tanto esta mujer? Ella notó que había tardado mucho en responder y una pequeña sonrisa volvía a tirar de sus labios nuevamente.

—Eso pensé— Declaró triunfante, y algo en su mirada pareció hacerse más cálido, pero probablemente lo hizo sólo para distraerme porque su siguiente comentario volvió a estrellarme con la realidad otra vez.

—Ok, ya puedes dármelo— Estiró su mano hacia mí como esperando por algo.

—¿Dártelo? ¿Ahora? Pero ya casi empezamos clases y...— La miré como si estuviese loca porque... la verdad... estoy casi seguro de que debe estarlo.

—¡Y no habrán conciertos sino hasta dentro de poco más de dos semanas! Te prometo que te lo devolveré antes. No querrás perder tu meñique, ¿verdad?— Y ahora se burlaba de mí ¡Excelente!

—Hay una tormenta afuera y si te vas caminando se te puede mojar— Intenté hacerla entrar en razón pero ella sólo me miraba con sus brazos cruzados y una sonrisa de satisfacción. También con un poco de pintura en su castaño cabello.

—Ok bien, como sea— Suspiré frustrado mientras desabrochaba el estuche de mi violín y ella solamente me veía expectante. Cuando finalmente se lo entregué su sonrisa pareció ensancharse aun más y su pierna rebotaba nerviosamente.

—No era tan difícil, ¿verdad? Ahora me voy ¡Nos vemos en dos semanas Cullen!— Tomó el violín de mis manos, recogió un largo bolso que descansaba a su lado y comenzó a levantarse para irse.

—¿Te vas?— Sin siquiera pensarlo la tomé del brazo suavemente para detenerla. Mi café se enfrió, perdí mi violín, quedé como un estúpido ante ésta mujer ¿Y ni siquiera voy a saber su nombre? Iba a seguir cuestionándola pero me di cuenta de que su mirada estaba fija en mi mano sobre su brazo. No se veía molesta ni alegre, sólo pensativa, así que la solté antes de proseguir —Digo, ¿a donde vas?

—Tengo una vida Cullen y tengo cosas que hacer. No te preocupes, nos vemos en dos semanas exactas, misma hora, mismo lugar y tu preciado instrumento estará intacto...— El tono divertido en su voz comenzaba a hacerme sonreir —Bueno... al menos estará aquí, lo prometo— Me guiñó un ojo y eso trajo mi sonrisa por completo. No pude evitarlo, y ahora parezco una niña de colegio sonriendo como tonta, genial.

Tardé un rato viendo la silueta de su gran chaqueta desaparecer tras la puerta de la cafetería hasta que el sonido de la campana sobre ella me hizo reaccionar. Quise llamarla por su nombre pero eso sólo sirvió para darme cuenta de que aun no lo sabía.

—¡Espera!— Grité tras ella, y salí corriendo hacia la torrencial lluvia para perseguir a la más rara mujer que he no-conocido en toda mi vida.


Mucho más en camino. No olviden dejar un review con el comentario que quieran para saber qué tal o qué les gustaría leer :D Gracias