"De tal palo, tal astilla"

CAPÍTULO II "¿SE GUSTAN?"

Las 2:30 de la tarde era la hora que marcaba el gran reloj de pared del Uchan´s. El restaurante estaba tranquilo, tal vez no todas las mesas estaban llenas como en otras ocasiones, pero había clientela suficiente como mantener a Ukyo tras la plancha muy ocupada preparando los tradicionales okonomiyakis. La chef trabajaba con gusto mientras veía de reojo a un entretenido Ryoga, quien se encontraba a un lado de la caja registradora haciendo algunas notas en una pequeña libreta al mismo tiempo que presionaba las teclas de su calculadora, en su rostro se podía ver un semblante satisfactorio, no era para menos, el negocio iba viento en popa, los años recientes habían resultado bastante productivos, incluso, si no le fallaban las cuentas, en pocos meses, él y su esposa tendrían la oportunidad abrir otra sucursal de panes japoneses en pleno centro de Tokyo como tantas veces lo habían planeado.

-Creo que es hora de ir a buscar a Akemi a la escuela, Ukyo-san –habló Konatsu quitándose el delantal captando la atención de su jefa.

Después de que el ninja superó aquel amor platónico que sentía por la castaña al verla finalmente casada con Hibiki, la pareja no tuvo corazón para echar al pobre kunoichi del restaurante, así que a Ukyo y a Ryoga no les quedó más remedio que aceptarlo nuevamente como su mesero, además de también convertirlo en la "niñera" oficial de la pequeña Akemi, de quien Konatsu se había encariñado desde el primer momento.

-De acuerdo, no tarden –respondió la cocinera al momento en que el ninja puso un pie en la calle. Ukyo suspiró, agradecía a Konatsu por cuidar tan bien de su hija, ya que la niña no sólo había heredado los ojos y la fortaleza de Ryoga, sino desafortunadamente también algo de su mal sentido de la orientación. La chiquilla no llegaba a perderse tan drásticamente como su padre, ni tampoco permanecía desaparecida por días, pero sí era bastante distraída, confundía con mucha facilidad las calles, los caminos y las direcciones, era por eso que su niñero siempre estaba al pendiente de ella.

-¿Muy ocupado, Ryo-chan? –dijo la ojiazul acercándose a su esposo quien fue tomado por sorpresa al sentir un par de manos en sus hombros

-Casi termino –respondió él levantando la mirada y mostrándole algunas de sus notas –Mira Ukyo, éste mes nos ha ido bastante bien.

-Eso parece –sonrió –Quién iba a decir que mi chico perdido resultaría tan bueno con los números, eres un excelente administrador

-Vamos, no todo el crédito es mío –dijo sonrojándose ligeramente –Mi cocinera también es una estupenda negociante, además de que su comida siempre es deliciosa

Ukyo rió y no pudo evitar darle un fugaz beso en la mejilla a Ryoga, quien de ser por él, hubiera besado de regreso a la castaña, pero un par de clientes esperaban justo al frente de la caja registradora aguardando para pagar su cuenta y otros más ingresaban al establecimiento listos para ordenar su comida. En ese momento, la pareja regresó a sus labores, Ryoga a la caja y Ukyo a la parrilla, ambos con una mirada perspicaz. Unos cuantos minutos más pasaron cuando la puerta del restaurante se abrió dando paso a una saltarina niña acompañada de Konatsu.

-¡Ya llegamos! –gritó la pequeña entrando de lleno en el lugar, dirigiéndose primero a la plancha donde detrás estaba su madre para saludarla.

-Qué bien que ya estés aquí, cariño –dijo Ukyo dedicándole su sonrisa especial, esa que sólo reservaba para las personas que ella más quería, no era como aquella que le mostraba a los clientes, no, esta era diferente, dulce, cálida. El tipo de sonrisa por la que Ryoga era capaz de caminar kilómetros y kilómetros en tiempo récord sólo para volver a ver.

-Hola papi –Akemi se acercó a donde estaba Ryoga, quien la recibió con un enorme beso en la frente

-¿Cómo le fue hoy a mi angelito en la escuela? –"mi angelito", así era como él llamaba a su hija

-Muy bien –respondió la pequeña quitándose la mochila de los hombros –Por suerte no me dejaron mucha tarea, pero adivinen qué fue lo que le sucedió a la maestra Mihara

-¿Qué cosa? –preguntó Ukyo volteando un okonomiyaki

-¡Kei y Liang la derribaron contra el suelo!

-¿En serio? ¿Y por qué hicieron tal cosa? –habló la cocinera de nueva cuenta, no parecía estar muy sorprendida, Akemi siempre llegaba con una nueva historia de alguna de las travesuras de ese par, después de todo, eso se podía esperar de los hijos de Ranma y Mousse.

-Bueno…en realidad fue un accidente, al parecer, ambos corrían en una carrera hacia el colegio, la profesora se atravesó en el camino y ellos no pudieron detenerse a tiempo

-Supongo que no se salvaron de un buen castigo

-Así es papi, justo ahora deben estar en detención –dijo la niña con un tono algo triste

-No te preocupes cariño, tus amigos estarán bien –mencionó la cocinera haciendo un ademán para que la pequeña tomara asiento en uno de los bancos altos frente a la barra para luego servirle un plato con comida.

-Eso espero… -suspiró para después probar el delicioso platillo, no cabía duda, su mamá era la mejor cocinera del mundo.

-¿Y al menos alguno ganó la carrera? –la castaña reanudó la plática mientras se limpiaba las manos con su delantal.

-Después de todo el alboroto que causaron, no se supo exactamente quién llegó primero…pero estoy convencida de que fue Kei

-¿Y por qué? –preguntó Ryoga un tanto serio y extrañado ante el gran entusiasmo de su hija

-Pues porque Kei es el más rápido, seguro que él ganó

La chiquilla continuó hablando de las hazañas del día con mucha emoción mientras terminaba su plato. Ryoga comía a un lado de ella mientras que Ukyo continuaba detrás de la parrilla y Konatsu limpiaba mesas. La ojiazul no podía evitar una sutil sonrisa al ver cómo en la cara de su esposo, poco a poco, se comenzaba a fruncir el ceño a medida en que la niña mencionaba una y otra vez el nombre de cierto jovencito de ojos y cabello azules.

-Será mejor que ya me vaya a cambiar de ropa –dijo Akemi bajando del banco –Falta poco para la fiesta de cumpleaños de Kei

-¿Qué te pondrás?

-El nuevo vestido que me regaló la madrina Akari, mamá –mencionó la niña con una sonrisa al pensar en aquel lindo vestido morado. Akari Unryuu se lo había obsequiado hacía unas cuantas semanas, ella y Ryoga, a pesar de no haber sido el uno para el otro, sí se habían convertido en muy buenos amigos y la joven no pudo negarse cuando él le pidió ser la madrina de su pequeña hija.

-Ah por supuesto, ese vestido te sienta muy bien, enseguida subo para ayudarte ¿está bien?

Akemi asintió con su cabeza y le sonrió a su madre, salió del restaurante y subió las escaleras que conducían hacia la casa, para después dirigirse hacia su habitación. Mientras tanto, Ryoga y Ukyo continuaban trabajando con normalidad, ese día cerrarían temprano.

-Pareces molesto Ryoga –dijo Ukyo con un tono de burla

-¿Molesto? ¿Y por qué habría de estarlo? –respondió sarcásticamente

-No lo sé, dímelo tú…cada vez que Akemi-chan menciona el nombre "Kei" te pones así

-Simplemente hay algo en ese chiquillo que no me gusta

-Bueno ¿qué esperabas?, es el hijo de Ranchan después de todo

-Precisamente por eso, el apellido Saotome es sinónimo de problemas

-Oh vamos Ryoga… -sonrió –los niños sólo son amigos, no creo que exista ningún problema

-Si tú lo dices…

-Además, tienes que aceptar que Akemi va a empezar a salir con chicos algún día

-¡¿Cómo dices?! Mi angelito apenas tiene 9 años, para eso todavía falta mucho, mucho, mucho tiempo, Ukyo

-Tarde o temprano sucederá Ryo-chan –rió la castaña al notar que los brazos del joven se cruzaban sobre su pecho.

-Baahh…tonterías

Ukyo sabía que Ryoga adoraba profundamente a su hijita y le resultaba divertido verlo en el típico papel de "papá celoso", no era para menos, Akemi era una niña muy linda, a pesar de ser todavía muy pequeña, ya comenzaba a mostrar potencial para convertirse en una gran belleza al crecer, factor que preocupaba a Hibiki a más no poder, ya que sabía que en unos pocos años se vería en la imperiosa necesidad de "hablar" muy seriamente con cada uno de los muchachos que tuvieran malas intenciones con su angelito.

-Bien, subiré ya con Akemi –dijo Ukyo quitándose el mandil de cocina –Es mejor que Konatsu y tú cierren ya el restaurante o llegaremos tarde a la fiesta de cumpleaños.

Ryoga suspiró y sin tener otra opción junto con el ninja comenzaron a dejar todo en orden. En el piso de arriba, la cocinera se encargaba de su pequeña. Ukyo veía a Akemi como la muñeca que nunca tuvo en su infancia, por eso mismo disfrutaba enormemente arreglándola, vistiéndola y peinándola, y esa ocasión no iba a ser la excepción.

OOOOOOO

-¡Ya estoy peinado, mamá! –exclamó Kei un tanto fastidiado de sentir el peine pasando por su cabello una y otra vez

-Solo trato de que te veas presentable, hijo –mencionó Akane bajando a la altura del niño y acomodándole su playera azul dentro de sus shorts negros.

-Pero si ya estoy bien –dijo el pequeño revolviéndose de nueva cuenta el pelo y corriendo hasta la puerta de su habitación –Voy abajo, quiero ver mi pastel de cumpleaños

-Ese niño... -pensó Akane suspirando con resignación y agitando de un lado a otro la cabeza, sin duda su hijo era igual de testarudo que Ranma, además todavía no había olvidado que aquel día Kei había estado en detención, pero en fin, hablarían de eso más tarde.

Después de huir de su madre, en menos de un segundo, Kei ya se encontraba en la cocina de la casa admirando la enorme tarta de chocolate que la abuela Nodoka terminaba de decorar con algunas cerezas.

-Aún no, mi pequeño –dijo la dulce mujer deteniendo a Kei, cuyo dedo índice trataba de robar un poco de merengue –Mejor ¿qué te parece si haces el favor de ayudar a tu abuela a llevar tu pastel al dojo?

Al no tener más opción, el chiquillo junto con Nodoka, cargaron la bandeja con la tarta y la llevaron hasta el dojo, allí se encontraba Ranma subido a una silla terminando de poner los últimos adornos, el lugar estaba decorado perfectamente para una fiesta infantil, había globos y serpentinas en cada esquina, además de algunas mesas alrededor del salón y una muy larga justo en el centro, ahí fue donde el pastel fue colocado junto a varios platones con comida.

Kei aprovechó una pequeña distracción de su abuela para tratar de tomar una de esas suculentas cerezas que sobresalían en la crema achocolatada, pero antes de que pudiera abrir la boca para comerla, escuchó la voz de su mamá llamándolo, para después verla abrir la puerta del dojo.

-Kei, es mejor que vengas –dijo Akane con una sonrisa –Acaban de llegar tus primeros invitados

El pequeño Saotome no lo pensó mucho, comió rápidamente la cereza que tenía en la mano y siguió a la peliazul hasta la casa con un gesto de emoción en su rostro. Al llegar al recibidor, vio que quien había llegado era Akemi junto con sus padres. Kei no pudo evitar sorprenderse un poco al ver a su amiga, la niña llevaba un vestido color púrpura con sandalias blancas y su cabello estaba peinado en una larga trenza castaña que caía en su hombro derecho siendo sujetada con un lazo que hacía juego con su atuendo. Kei la observó de nuevo, pocas eran las veces en que ella se vestía de esa manera, él la conocía prácticamente de toda la vida y sabía de sobra que Akemi prefería usar jeans y blusas, ya que según ella, los vestidos eran totalmente incómodos, fue por eso que el chiquillo quedó un poco extrañado al verla de aquella manera.

-¡Feliz cumpleaños de nuevo, Kei-chan! –exclamó Akemi sonriendo mientras sostenía una caja envuelta en papel colorido

-Hola Akemi-chan –saludó haciendo sus pensamientos a un lado

-Pero cómo has crecido Kei-chan –dijo Ukyo acariciando la mejilla del chico

-Gracias, tía Ukyo -tal vez no eran sus tíos de verdad, pero los Hibiki y los Saotome mantenían una amistad tan estrecha que simplemente ya eran considerados de la misma familia, lo mismo ocurría con Mousse y con Shampoo, tantos años de convivencia, aventuras y peleas tenían que dar su fruto.

-Hola Akane, gracias por la invitación

-Hola Ukyo, me alegra que hayan venido –dijo sin quitar de su cara la familiaridad de siempre.

-Akane-san, qué gusto saludarte –mencionó Ryoga para después dirigir sus ojos hacia el niño, bajar a su altura y colocar la mano en su hombro –Qué tal, jovencito

-Buenas tardes, tío Ryoga –Kei se puso un poco nervioso al estar frente a la penetrante pero gentil mirada de aquel hombre, tragó saliva y observó por un segundo la pañoleta amarilla que desde siempre portaba en la cabeza, sabía que, después de su padre claro, su "tío Ryoga" era también de los mejores artistas marciales de Nerima, por lo tanto, su presencia le imponía lo suficiente.

-No cabe duda, eres idéntico a Ranma –dijo el joven adulto dejando escapar una leve sonrisa que tranquilizó al pequeño

-Pues claro que sí –se oyó la voz de Ranma quien avanzaba hacia los recién llegados con su siempre travieso gesto –No por nada es mi hijo…

-Ranchan ¿Qué tal todo? –saludó Ukyo

-Hola Uchan, hola pequeña Akemi –respondió el ojiazul sonriendo para luego dirigirse a su otro amigo –¡P-chan, qué bueno verte!

Ryoga sencillamente hizo una mueca de disgusto al escuchar el típico apodo por el que Ranma siempre lo había llamado, tal vez ya no se convertía más en un cerdito pero nunca pudo librarse de aquel sobrenombre, Akane nunca entendió el por qué del afán de su esposo de nombrar a Ryoga de esa manera, pero tanto ella como el joven de pañoleta, simplemente acabaron por rendirse y dejaron de discutir con Ranma por aquello.

-No empieces Ranma, no querrás que te dé una paliza ahora mismo –dijo Ryoga también con una sonrisa burlona

-Sí claro, eso tengo que verlo –respondió con picardía

Kei miraba muy entretenido a ambos hombres, aunque él sabía que todo era broma y que aquellos dos eran grandes amigos, era cierto que moriría por ver algún día a Ranma y a Ryoga en un verdadero combate, ya había escuchado que su padre había peleado innumerables veces con el chico perdido en el pasado, pero el pequeño no podía evitar pensar en lo increíblemente emocionante que seguramente debió haber sido.

-Pasen a la sala un momento en lo que esperamos a que los demás lleguen –Ukyo, Ryoga y Ranma tomaron las palabras de Akane y se dirigieron hacia la estancia, enseguida, la menor de las Tendo miró a su hijo –Kei ¿por qué no llevas a Akemi al dojo mientras vienen tus primos?

El chiquillo asintió y ambos niños salieron de la casa hacia el ahora adornado salón de entrenamiento. Al entrar, Akemi se sorprendió un poco al ver todas las decoraciones, ella ya había estado ahí muchas veces, ya que junto con sus amigos asistía a las clases de combate que impartía Ranma, y al ver la habitación tan llena de color, una sonrisa se dibujó en su rostro.

-Vaya, que bien se ve el dojo –dijo ella entrando de lleno en el lugar

-Ya lo sé, se ve súper, mi papá, mis abuelos y el maestro Happosai lo decoraron

-Pues hicieron un gran trabajo -sonrió, se acercó a él y estiró sus brazos aún sosteniendo la caja de regalo –Ahh por cierto, toma, es tu obsequio de cumpleaños, espero que te guste

Kei recibió la caja lentamente tratando de que sus mejillas no se pusieran rojas y comenzó a romper la envoltura frente a una expectante niña, sus ojos se abrieron de golpe al descubrir que el presente era una increíble camisa color verde con una enorme K en el centro.

-Mu…muchas gracias Akemi-chan –dijo sacando la playera completamente de su envoltura para verla más de cerca, estaba muy contento.

-¿De…de verdad te gusta? –preguntó algo nerviosa, sabía que a diferencia de las niñas, los niños preferirían algún juguete o video juego en lugar de una prenda de ropa, pero al parecer a Kei no le había gustado el regalo, le había encantado.

-Claro, está genial –mencionó guardando la camisa con cuidado de vuelta en su caja –Mi color favorito es el verde

-Me alegro mucho, mamá me ayudó a escogerla –Akemi sonrió por segund vez, vió a Kei dejar su regalo en una pequeña mesa junto al pastel y después de un minuto, confiando en el buen humor de su amigo, habló de nuevo –Y…entonces… ¿lo harás?

-¿Qué cosa? –preguntó confundido

-Lo que estábamos hablando hoy en el descanso en la escuela –puso sus manos en sus caderas y se acercó -¿Pelearás conmigo en un entrenamiento?

-Jajaja, no Akemi, ya te dije que yo no peleo con niñas –habló Kei con arrogancia haciendo que la pequeña frunciera el ceño

-¡¿Pero por qué no?!

-Pues porque nunca podrías vencerme –dijo él cruzándose de brazos y transformando el lindo momento pasado, en una de las típicas peleas infantiles en las cuales, Kei, Akemi y las artes marciales solían ser los protagonistas.

-¡¿Cómo lo sabes?!, estoy segura de que puedo ganarte

-Escucha Akemi, las artes marciales son para los más fuertes y las chicas no son fuertes

-¡¿Cómo qué no?! –gritó muy molesta -¡¿Qué hay entonces de mi mamá, de la de Liang y de la tuya...ellas también son...!

-Eso es diferente…nuestras mamás son adultas y por lo tanto pasan a otro plano –la interrumpió Kei con aires de sabelotodo para luego mirarla con superioridad y burla –En cambio, las niñitas como tú no deberían practicar artes marciales, ya sabes…te podrías romper una uña…

-¡¿Ah sí?! –Akemi entrecerró los ojos y se contuvo, recordó que en esa ocasión llevaba vestido y que por lo tanto no podría saltar encima de ese engreído -¡Te demostraré que las niñas también somos muy fuertes!

-¿Y cómo? –exclamó el chico viendo cómo su amiga se sentaba en una de las sillas, para después apoyar su codo derecho en la mesa y estirar la mano

-Juguemos vencidas

-Estás loca, Akemi –dijo Kei sentándose frente a ella viendo directo a sus grandes ojos verdes

-¿Acaso tienes miedo de que te venza, Kei-chan? –mencionó con sarcasmo, lo que fue suficiente para que el niño, sin pensarlo, tomara rápidamente la mano de ella y reclinara su codo también sobre la mesa, no iba a permitir que nadie lo llamara cobarde.

La chiquilla sonrió con una mezcla de satisfacción y desafío al sentir el apretón de la mano de Kei contra la suya, ella también lo sujetó con energía y entonces ambos comenzaron a ejercer presión sobre sus brazos para tratar de ganar el pequeño concurso. El pequeño ojiazul se sorprendió, no se esperó que Akemi fuera tan fuerte, estaba seguro de que en menos de cinco segundos la delicada mano de la niña estaría contra el mantel que cubría la mesa, pero en lugar de eso, ella se mantenía firme, con esa penetrante mirada clavada en sus ojos y esa serena sonrisa en sus labios. Kei comenzó a dudar, tal vez las chicas no eran tan débiles como él pensaba, o al menos, Akemi no lo era. Pero no, no podía permitir que una niña le ganara y menos en las vencidas, eso definitivamente no podía pasar.

-¿Te…rindes? –habló pausadamente ella tambaleando un poco

-Nun…nunca –En ese instante Kei implementó fuerza extra en su brazo haciendo que la parte posterior de la mano de Akemi estuviera a milímetros de tocar la madera. La niña retuvo su brazo con la poca energía que le quedaba, incluso apretó los dientes haciendo aparecer en su rostro una mueca de esfuerzo, tampoco quería perder.

Unos cuantos instantes más pasaron y la situación seguía siendo la misma, un Kei apunto de ganarle a una Akemi que luchaba por no perder. En ese momento, la puerta del dojo se abrió de golpe asustando mucho a los dos niños, cuya concentración y fuerza quedaron desvanecidas después de pegar un tremendo brinco, pero al ver que quienes se encontraban parados en la entrada eran sus primos y amigos que ya por fin habían llegado, ambos se relajaron y se levantaron de las sillas.

-¿Pero qué es esto, primito? –dijo Nakuru mientras entraba de lleno al dojo junto con los otros tres niños, Saori, Hiroki y Liang, quienes los veían igualmente sorprendidos

-¿De qué hablas Nakuru? –preguntó Kei extrañado ante las miradas que todos les dedicaban a Akemi y a él

-No…no puedo creerlo Kei –la chica Kuno se acercaba hacia ellos con sus ojos muy abiertos –Dime ¿Akemi-chan y tú son…novios?

-¡¿QUEEE?! –gritaron los dos chiquillos al mismo tiempo, ambos completamente atónitos, como si lo que acababan de escuchar hubiese sido la mayor barbaridad del mundo.

-¡Sí, sí lo son!

-¡No lo son! –exclamó ahora Liang muy molesto para después mirar a su mejor amigo con cierta preocupación -¿Verdad que no?

-¡Por supuesto que no! –mencionó Kei -¡¿Por qué dices eso Nakuru?!

-Pues porque si no lo fueran, no estarían tomados de las manos –dijo ella alzando una ceja al puro estilo de Nabiki.

Al escuchar eso, Kei y Akemi se miraron el uno al otro y luego apuntaron sus miradas hacia abajo. Era cierto, las manos de ambos estaban entrelazadas sutilmente. Seguramente había sucedido instintivamente al haber sido asustados mientras jugaban vencidas, y lo peor era que ni siquiera se habían dado cuenta hasta ese momento. Fue entonces cuando se soltaron con increíble rapidez y ninguno pudo evitar que un terrible sonrojo apareciera en sus caras.

-¡No…no es eso…es sólo que…! –trató de explicar Akemi pero Nakuru la interrumpió

-¡Kei y Akemi son novios!... ¡Kei y Akemi son novios!...¡Kei y Akemi son novios! -comenzó a dar saltitos por todo el dojo cantando la molesta frase.

Saori y Hiroki no pudieron más que soltar una que otra risita al ver la divertida escena que se desarrollaba, Akemi estaba muda, quieta como estatua, más roja que una manzana madura, y manteniendo su mirada clavada en el suelo como si éste fuera la cosa más interesante del planeta, Nakuru brincaba por doquier y Kei y Liang corrían detrás de ella tratando de alcanzarla.

-¡No es cierto, Nakuru!... ¡No es cierto! –gritaba Liang cada vez más enfadado, la sola idea le disgustaba bastante

-¡Kei y Akemi se gustan!... ¡Kei y Akemi están enamorados!

-¡Ya cállate!... ¡Cállate!... ¡No es verdad!... –el pequeño ojiazul estaba desesperado, una terrible y curiosa sensación apareció en su estómago y sentía su cara arder.

Tal vez era una exageración infantil de Nakuru decir que aquellos niños ya eran "novios" por el simple hecho de haberse tomado las manos inconscientemente, pero recuerden, a esa edad, la imaginación vuela y cualquier contacto que se tenga con el sexo opuesto es visto casi como una declaración de amor.

La persecución siguió unos cuantos minutos más, los tres niños corrían a gran velocidad entre las mesas y sillas, ella canturreando bromas sobre "los enamorados" y ellos exigiéndole que se retractara inmediatamente, lamentablemente Nakuru era muy rápida, escurridiza y odiosamente bocona.

Kei ya estaba cansado, furioso y muy avergonzado, así que sin pensarlo demasiado, dio un gran salto tratando de caer enfrente de su prima para así poder detenerla de una vez por todas, pero como saben, nunca nada sale como uno lo planea, y en lugar de eso, aterrizó justo en la esquina de la mesa donde estaba colocada la gran tarta de cumpleaños, la cual mecánicamente salió catapultada por los aires directamente hacia la entrada del dojo ante la impactada mirada de los niños, justo en ese preciso momento y para colmo de los males, la puerta se abría lentamente dando paso a los todos los adultos. Los primeros en entrar fueron Genma y Soun quienes miraron con extrañeza las caras de susto que presentaban los chiquillos.

-¡CUIDADO! –gritaron los seis

Demasiado tarde. Para cuando los dos abuelos levantaron la cabeza, se percataron de que un gran pastel de chocolate se dirigía hacia ellos y antes de que pudieran parpadear, ¡SPLAT!...ya se encontraban bañados en merengue y cerezas.

Todos, tanto adultos, ancianos y niños, se petrificaron por unos segundos para después estallar en un mar de risas que acabó por inundar el dojo entero. Genma y Soun se miraron el uno al otro con una expresión seria para luego también soltar más de un par de carcajadas.

-¡Debería verse, Saotome, está ridículo! –se burló Soun

-¡Usted no se ve mejor, Tendo!

Más risotadas se dejaron oír durante unos momentos más, Cologne y Happosai eran los más divertidos, incluso tuvieron que limpiar unas cuántas lágrimas de sus ojos de tanto mofarse.

Tal vez todos parecían entretenidos con el espectáculo, pero eso no evitó que Kei sintiera sobre él la mirada acusadora de su madre. Akane lo veía con sus dos cejas levantadas, no podía engañarla, ella ya lo sabía, sabía quién era el responsable de aquello. El pequeño ojiazul le devolvió la mirada y sonrió con una mezcla de inocencia y picardía al mismo tiempo que se encogía de hombros.

-¿Qué voy a hacer contigo? –pensó la peliazul sin quitarle a su hijo la vista de encima, entonces suspiró profundamente, cerró sus ojos, negó lentamente con la cabeza y sonrió levemente.

Su pequeño era travieso, de eso no tenía ninguna duda, sólo esperaba que durante el resto de la fiesta de cumpleaños, no hiciera otra de las suyas.

FIN DEL CAPÍTULO II

Hola ¿qué tal todo?, lamento el retraso pero en verdad que la universidad me agota, además de que mi mente se está recuperando después de caer en la fosa de la idea ahogada XD.

En feeen aquí estamos de nuevo con éste segundo capítulo, ¿Qué les pareció?, supongo que ya se dieron cuenta de las intenciones que tengo con ciertos niños y del pequeño triángulo amoroso que pretendo formar, ustedes ya saben con quienes muajajaja, pero bueno apenas estamos en el inicio, planeo hacer de ésta una historia algo larguita, así que les pido me tengan paciencia.

La fiesta de cumpleaños de Kei Saotome continuará en el próximo capítulo y esta vez será bajo el punto de vista de los padres de los niños ya que en éste episodio no se vio mucha participación de su parte.

Muchas gracias a todos por sus reviews, favoritos y alertas, me hace muy feliz que les guste la historia.

Nos leemos pronto, Nabiki-san.