Resumen: Érase una vez, en un lugar muy lejano, un muchacho engañado llamado Mitsui. Su corazón burlado a una falsa princesa fue entregado, pero una tarde de verano, la verdad lo alcanzó. Ninguna princesa lo había atrapado, un joven todo lo había tramado, y furioso y humillado, por años huyó. Su suerte maldijo, odiando su destino, hasta que un día todo cambió. A Fujima de vuelta deseó, rogando perdón, pero aventuras y problemas lo persiguieron sin ninguna razón. Su historia de amor cuento de hadas no fue, pero algún día espera lo pueda ser. Y al alcanzar su final pueda sin más encontrar 'y felices por siempre fueron' punto final.

Disclaimer: Slam Dunk, todos sus personajes, historia, bromas y demás maravillas, le pertenecen a Takehiko Inoue. Yo sólo arruiné la historia y le di un toque yaoi ^^ (oh, sí, temo informar que esta historia es yaoi).

Advertencia: Como ya mencioné la historia es yaoi, la pareja central son Mitsui y Fujima pero como subplot vamos a leer mucho de Sendoh y Rukawa, y un ligeramente mencionado Sendoh y Fujima. La historia está clasificada como —T— pero de vez en cuando encontraran un capítulo marcado como —M— (¡lemon! ^^) ¿Qué pueden esperar? ¡De todo! Jaja, en mis historias suelen pasar tantas cosas que usualmente lo único que falta es que bajen los marcianos. Espero que les guste, gracias por leer, y comentarios y demás son más que bien recibidos.


Capítulo 1

— Este domingo es el partido contra Shoyo –Mitsui resopló cansado al escuchar a Akagi repetir lo mismo por centésima vez. Cada miembro del equipo lo sabía ya, el próximo juego no era algo que pudiera olvidarse tan fácilmente como las llaves de la casa sobre la mesa… o la tarea que justo debía entregar ese día, al profesor más desgraciado de la escuela y que, por si fuera poco, lo odiaba como si hubiese asesinado a su madre.

No es mi culpa haberlo olvidado, no he podido dormir bien las últimos noches…Además el profesor de matemáticas me tiene mala fe –con toda necedad Mitsui se cruzó de brazos, convenientemente olvidando todas las veces que había caído dormido en clases y absolutamente creído de que el mundo conspiraba en su contra— Shoyo…—aunque, por otro lado, tal vez el mundo sí conspirara contra él.

El partido del día siguiente era la causa de sus noches de desvelo, ojeras, escaso apetito y malas notas…Una vez más resopló. De acuerdo, las malas notas eran enteramente culpa suya, pero el próximo partido le estaba jugando malas pasadas a sus nervios y en su casa ya estaban comenzando a considerar seriamente que debían llevarlo pronto al médico, no era normal que un chico de 18 años visitara tantas veces el sanitario.

— ¡Sakuragi! –Akagi levantó la voz, sacando a Mitsui momentáneamente de sus problemas y pensamientos, sus ojos fijos en su chico problema número 1— ¿Estás escuchando?

Pero la completa atención de Hanamichi se hallaba puesta en el celular que le había robado a Yohei, y en una manipulada fotografía de Akagi con disfraz de gorila que estaba causando sensación en facebook. Bum, bum y en dos retumbantes zancadas Akagi ya estaba de pie a su lado. Al capitán el rojo se le subió hasta el blanco de los ojos al ver la fotografía y…

— ¡ESTÚPIDO! –gritó Akagi, haciendo temblar las paredes del gimnasio antes de que su poderoso puño cayera sobre la desprotegida cabeza de Hanamichi.

En un día normal Sakuragi recibía una nada saludable dosis de gritos y se marchaba a casa con una colección de chichones palpitando en su roja cabeza, en un día normal Mitsui se uniría a Ryota para reírse del talentoso zopenco que tenían por compañero de equipo, en un día normal Rukawa suspiraría cansadamente encogiéndose de hombros e ignorando por completo a sus fan-girls. En un día normal…pero, al menos para Mitsui, éste distaba mucho de ser un día como cualquier otro.

Mañana es el juego –el sólo pensar en ello hizo su corazón latir con más fuerza y sus manos sudar.

— Equipo, una cosa más antes de que se marchen a sus casas –Akagi habló de nuevo mientras que, en el fondo del gimnasio, humo salía del nuevo chichón de Hanamichi— Al fin, y contra todo pronóstico, estamos en las finales, entre los 4 mejores equipos después de derrotar a Takezato; somos un equipo fuerte pero ésa no es razón para confiarnos. Shoyo es el segundo mejor equipo en Kanagawa y Fujima es uno de los mejores PGs…

Fujima Kenji –el corazón de Mitsui pareció entumirse. Al fondo, como abejas zumbando, se escuchaba la voz de Akagi diciendo algo acerca del equipo, del capitán, de la rivalidad con Kainan y bla, bla, bla pero él ya no escuchaba, su mente perdida en un momento suspendido por siempre el tiempo, en una noche que cambió su vida, un recuerdo que siempre lo perseguiría como alma en pena…

Hisashi, nunca fue mi intención engañarte, déjame explicarte…¡Hisashi!…

Debe odiarme tanto como yo a él –sólo tenía que cerrar los ojos y podía ver las lágrimas brillando en las siempre suaves mejillas de un chico con rostro de niña que le había visto la cara de estúpido. ¿Lo odiaba? ¿Era desprecio lo que hacía a su corazón entumirse? ¿Sus manos sudaban ante la posibilidad de estar, una vez más, frente a una persona que tanto dolor le había causado?

—…nadie espera que podamos ganar el juego de mañana, ni siquiera después de perder contra Ryonan por un sólo punto, de haber derrotado a Tsukubu 111 a 79 o incluso después de destronar a Takezato 120 a 81…—y Akagi se interrumpió al ver que el cuerpo material de Mitsui estaba ahí, de pie, pero su mente orbitaba en algún sitio del espacio exterior— Y mañana Mitsui jugará vestido de rosa y traerá el almuerzo para todos…¿estás de acuerdo Mitsui?

Al fin pareció reaccionar al escuchar su nombre, encontrándose con las miradas de todo el equipo sobre él. No tenía idea de qué hablaban así que…

— Sí, claro. Totalmente de acuerdo –y el gimnasio explotó en carcajadas.

o0o—

— ¡Maldito Akagi! –Mitsui golpeó el enrejado de la primera casa que tuvo el infortunio de cruzarse en su camino.

¡Aún no lo puedo creer! Ahora resulta que tengo que comprar 13 almuerzos para mañana –maldijo y, en esta ocasión, pateó la reja hasta que las luces de la abusada casa se encendieron, tuvo que salir corriendo antes de que alguien lo atrapara. Tenía pensado ir al hospital para que le hicieran una revisión de su rodilla, pero lo cierto era que no tenía ni las más minúsculas ganas de hacerlo— Demasiados malos recuerdos.

¡No! Yo nunca quise que esto ocurriera…¡Hisashi!…¡Créeme! ¡Hisashi!

Mitsui se cubrió las orejas y apretó los ojos como si tan infantil gesto pudiera acallar la fastidiosa voz en su cabeza. Desde que supo que jugarían contra Shoyo…No. Desde que leyó el nombre SHOYO en el cartel que colgaba de la pared del gimnasio, los recuerdos lo habían golpeado como granizo: sin piedad y sin descanso, haciendo un ruido terrible que no hacía más que robarle el sueño y quitarle el apetito.

Dos años le había tomado dejar de pensar en Fujima, dejar de maldecirlo y de cuestionarse su propia sanidad todas las mañanas y, en un parpadeo, todo se había ido al cesto de la basura— No puedo estarme distrayendo, no ahora –tomó aire y continuó su camino hacia el hospital. Tenía un partido que ganar, debía dejar sus problemas para otro día pero, ¿estarían de acuerdo los problemas en darle una tregua?

o0o—

— ¡Senpai! –la voz de Ayako lo sorprendió antes de que pudiera cruzar la calle; se hallaba demasiado distraído esa noche, debía tener cuidado o terminarían por atropellarlo y entonces sí sería adiós a su sueño de alcanzar el Campeonato Nacional. Al girarse se encontró con la manager, corriendo hacía él en uniforme escolar y la mochila colgando de su hombro.

Primero Tetsuo y ahora Ayako –al salir del hospital Mitsui se encontró con su amigo Tetsuo, el cual parecía sacarle salpullido a su madre quien, lo odiaba tanto, que en una ocasión no le había importado gritar hasta que toda la cuadra la escuchó, amenazando a su hijo con innombrables tormentos (entiéndase por estos cortar el Internet) si lo volvía a encontrar con Tetsuo.

Mitsui debería sentirse feliz, el doctor le había informado con una enorme sonrisa que su lesión en la rodilla no volvería a darle problemas, su amigo Tetsuo lo había llamado "deportista" y dado el visto bueno a su cambio de actitud, y era sábado, lo cuál significaba que era noche de pizza. Pero no, simplemente no podía sentirse feliz— ¡Maldito Fujima! ¿Por qué me sigue afectando tanto?

Senpai, creí que ya te habrías marchado a casa –Ayako se detuvo a su lado y ambos esperaron en la esquina a que cambiara el semáforo.

— No. Tenía cosas que hacer –fue la seca respuesta.

Silencio. Incómodo silencio. Raras veces Mitsui había tenido oportunidad de hablar con Ayako y casi siempre sus conversaciones se resumían a: '¿qué hora es?', 'hace calor', '¿dónde nos encontramos mañana antes del partido?', '¿qué dijo Akagi?' Y 'Hanamichi es un idiota.' No estaba de humor para conversaciones triviales ni para tratar de sociabilizar, así que se limitó a observar la calle y hacer de cuenta que Ayako era parte del escenario.

El semáforo pareció tardar siglos en cambiar y al fin, después de que Mitsui se rascó la cabeza y carraspeó 3 veces no sabiendo qué más hacer, ambos cruzaron. Él esperaba que Ayako se despidiera y siguiera su camino pero, para su absoluto terror e incomodidad, lo siguió varias calles hasta que llegaron al parque donde un par de solitarios columpios esperaban un nuevo día pobremente alumbrados por una lámpara que había visto días mejores.

— Ayako, ¿vives cerca de aquí? –fue lo único que se le ocurrió preguntar en vez del nada amable: '¿me estás siguiendo o qué pretendes?' La chica no le respondió enseguida, siguió caminando hasta detenerse cerca de la lámpara, girándose para verlo. Le sostuvo la mirada, casi como si lo estuviese retando, y colocó los brazos en jarras.

Senpai, te has estado comportando muy extraño desde el partido contra Tsukubu –directo al grano. Ayako nunca había sido de las que se ruborizan tímidamente, ven al piso y esconden las manos detrás de la espalda mientras se bambolean. No. Era práctica y directa y, sin saberlo, esto era precisamente lo que se necesitaba para tratar con él.

¿Tan obvio soy? –se preguntó Mitsui, sin molestarse en ocultar su sorpresa ante tal afirmación.

— Estoy nervioso –admitió con medias verdades— Tiene dos años desde que dejé de jugar y Shoyo es un equipo muy fuerte.

— Pero eso no es todo, ¿cierto? –la chica continuó sosteniéndole la mirada—El resto de los muchachos están nerviosos, sólo hay que ver como Kogure-senpai camina en círculos hablando solo, o como Ryota se truena los dedos con insistencia. Pero tú…tú estás distraído, confundido, casi parecería que enfermo. A ti te preocupa algo más que el partido.

¿Cómo puede saberlo? –ahora Mitsui estaba a dos rayas de enojarse. ¿Quién diablos se creía Ayako para interrogarlo así? Ellos no eran amigos y, hasta hacía unas semanas, ni siquiera se conocían. Ella pareció notar su creciente enfado por lo que suavizó la voz y, al fin, le retiró la retadora mirada de cazador a punto de lanzarse sobre su presa.

Senpai, yo sé que me estoy entrometiendo pero me preocupa verte así –aquello sí que lo sorprendió, exitosamente reduciendo sus niveles de enojo— Ustedes, todo el equipo, son mis amigos y, aunque tal vez tú no me veas así, yo te considero un buen amigo y si tienes algún problema me gustaría poder ayudarte –apenas había terminado de hablar y Ayako lo volteó a ver como si Mitsui la hubiese golpeado, escuchándolo reír como villano de película. Era una risa histérica, burlona, divertida pero también triste. ¿Ayudarlo? ¿A él? ¡Oh! Eso sí que era divertido.

— Nadie puede ayudarme –dijo Mitsui, en ese tono pedante que de inmediato le recordó a Ayako al hijo de mala madre que había ido a golpearlos al gimnasio de basketball— ¿Quién te crees para presumir que puedes ayudarme? ¡Tú no me conoces! Y lo mío no es un simple problema de mala suerte con las chicas –¡auch! Hanamichi y Ryota— Lo que me pasa es mucho más complicado y alguien como tú nunca podría entenderlo.

¡Slap! Ayako le regaló una sonora cachetada que dejó su mejilla palpitando y, sin darle oportunidad de salir de su conmoción inicial…

— Tú tampoco me conoces, así que no me hables como si fuera retrasada –Ayako levantó la voz como sólo solía hacerlo con Hanamichi— ¿Cómo puedes estar tan seguro de que no puedo ayudarte si no me das una oportunidad primero? –Mitsui no le respondió y la chica resopló dejando escapar una pequeña nubesita— Me lo debes –esas palabras hicieron que su senpai levantara las cejas sin comprender de qué rayos le hablaba— Después de los problemas que causaste en el gimnasio, y de atentar contra mi virtud, lo mínimo que puedes hacer para compensarlo es confiar en mí.

Que chica tan más extraña –pensó, viéndola sonreír. Pero Ayako tenía razón, se lo debía, además, nunca antes había hablado de esto con alguien. De todo lo que intentó para superar su más grande problema, lo único que nunca trató fue compartirlo con otra persona— Lo que no mata te hace más fuerte ¿cierto? –no tenía nada que perder así que suspiró y asintió con resignación.

o0o—

— Antes que nada tengo que confesar que tú serás la primera en escuchar esta historia –Mitsui habló sin verla, sentado a su lado, escuchando el rechinar de los columpios cada vez que se movían. No tenía ni idea de cómo comenzar, ¿qué se suponía que debía decir? En sus 18 años de vida jamás fue de las personas que se sientan a tomar el café y platican acerca de sus penas y más íntimos sentimientos, así que pasaron varios minutos en absoluto silencio.

Senpai, está bien, sólo comienza por el principio –lo animó Ayako como si hubiese escuchado sus pensamientos. Eso lo hizo sonreír sin humor, 'comenzar desde el principio', más fácil decirlo que hacerlo.

— Bien. En ese caso tendré que comenzar cuando estaba en el último año de secundaria –esta vez la voz de Mitsui era suave y tranquila, hablando como si las escenas estuvieran transcurriendo frente a sus ojos— Cuando competí en el Campeonato Inter-escolar conocía a una chica…Ya sé lo que estás pensando, pero en verdad que no es una historia como la de Sakuragi –agregó con velocidad, en esta ocasión viéndola directamente.

Ayako le sonrió.

— De acuerdo, prometo no pensar nada hasta que termine la historia –Mitsui tomó aire.

— Noté a…esta chica –no sabía bien cómo llamarla pero decidió continuar así por el momento— Porque iba a todos mis partidos, siempre sentada en primera fila, siempre siguiendo mis movimientos. Te podrás imaginar que mis compañeros de equipo no tardaron en notarla y en hacerme bromas y chistes pesados, "tu fan", solían llamarla. Al principio decidí ignorarla pero un día, después de un partido…

— ¡Mitsui! Mitsui Hisashi –la misteriosa fan se acercó a él, atrapándolo antes de que saliera del estadio. Entonces Mitsui se encontró de frente con una chica muy esbelta, más baja que él, de cabello castaño, suave y lacio a las mejillas y grandes ojos azules como el cielo antes del anochecer. Era bonita y sólo hasta ahora lo podía apreciar.

Convenientemente, en un suspiro, todos sus compañeros de equipo, entrenador y manager incluidos, desaparecieron dejándolos completamente solos— ¡Desgraciados! –maldijo internamente, sintiéndose nervioso y emocionado. Jamás había hablado con una jovencita como ésta y, el ver esos ojos azul sobre él, hacía que se olvidara incluso de su propio nombre. ¿Por qué sentía como si mariposas revolotearan en su estómago?

— Lamento mucho molestarte –continuó la chica, su voz ligeramente ronca como si acabara de despertar por la mañana, sólo hizo que sus nervios empeoraran— Sólo…sólo quiero decirte que tengo mucho tiempo viéndote jugar y…eres realmente excelente.

— Gracias –¿qué más podía decir? Estrujó su cerebro buscando algo inteligente que agregar, continuar la plática, saber más de ella, ¡Algo! Pero toda su astucia pareció haberse quedado olvidada en sus otros pantalones y Mitsui no pudo más que observarla como idiota con los labios ligeramente separados.

Sólo me falta babear, ¿qué pasa conmigo? Debe pensar que soy de esos que sólo sirven para jugar y no tiene más de dos neuronas en la cabeza –se dijo desanimado. Pero, justo entonces la observó con un poco más de detenimiento y vio que vestía ropa deportiva con el logotipo de la secundaria Iwakura.

— Tú…¿ también juegas basketball? –la chica se sonrojó y Mitsui creyó que moriría de hemorragia nasal: era preciosa.

— S-sí, pero no tengo nada de talento –sonaba un poco avergonzada. ¡Era adorable! Tan delicada, tan frágil, tan inocente. Mitsui estaba sobrecogido, jamás había sentido nada como aquello, ¿cómo una descarga eléctrica? ¿atracción magnética? No sabía, no quería saber, sólo ella importaba. Su estómago parecía albergar una familia completa de mariposas, sus manos no paraban de sudar, su boca se había quedado sin palabras y su corazón golpeaba su pecho con tal fuerza que estaba seguro de que ella podía escucharlo también— Me encanta el basketball pero he pensado en dejarlo muchas veces.

— ¡No digas eso! –la intensidad en su voz lo sorprendió casi tanto como a ella— Si te gusta el basketball no lo dejes, lo único que necesitas es dar tu mejor esfuerzo. El talento no tiene nada que ver, sólo el trabajo duro hace a un buen jugador –ella lo vio como si le hubiesen crecido alas y le sonrió con tal dulzura que ahora fue él quien se sonrojó. ¡Una ángel! Eso era, tenía que ser…

— Me dejó deslumbrado, aturdido y no sé qué más. Jamás había sentido lo que ella me hizo sentir ese día y después de aquel accidentado encuentro, comenzamos a hablar al final de cada partido –Mitsui continuó su relato, sonriendo al recodar lo feliz que lo había hecho aquello, con cuanta ilusión esperaba que sonara el timbrazo anunciando el fin para salir a buscarla— Pero pronto eso no nos fue suficiente y también salíamos los fines de semana, incluso la ayudé a practicar basketball en una cancha pública.

— ¿Fue tu novia, senpai? –si ésta no era como la historia de Hanamichi Sakuragi, entonces lo único que se le ocurrió a Ayako fue que la chica le había roto el corazón.

¿Y si le fue infiel? –la mente de la manager corría a mil por hora, brincando de una historia de telenovela a otra. Ahora estaba genuinamente intrigada, más aún cuando Mitsui sonrió con tristeza.

— Tal vez lo fue –respondió él— Lo que sí puedo decirte es que la quise como un loco, habría hecho cualquier cosa por verla sonreír, habría matado por ella, robado, engañado…¡cualquier cosa!

Y Ayako le creyó. Mitsui no sabía cómo expresar con palabras ese amor que lo había consumido hasta dejar cenizas de su corazón, pero la intensidad en su voz lo decía todo, con sólo ver sus ojos y escucharlo hablar de ella era más que suficiente para entender sus sentimientos.

— Y…¿qué fue lo que ocurrió? –temía conocer la respuesta pero si ya estaban aquí debía saberlo todo.

— Ocurrió que…que no era una chica.

— . . .¿Eh? –un enorme signo de interrogación se dibujó en el rostro de Ayako.

— Mi famosa fan no era otro que Fujima Kenji –la voz de Mitsui tembló con mal disimulado odio.

Al escuchar esto, lo que Ayako deseaba hacer era: gritar con todas sus fuerzas, correr en círculos y desmayarse, pero como eso era una pésima idea. Tan sólo observó a su senpai con la boca abierta, los ojos redondos como la luna, como si no pudiera entender qué había dicho y necesitara que se lo deletrearan.

— ¿Cómo? –fue lo único que alcanzó a preguntar— E-e-es decir, ¿cómo pudo ser eso posible? ¿cómo…?

— ¿Cómo pude no darme cuenta de que era un chico? –la completó Mitsui— ¿Cómo pude salir con alguien durante 4 meses y no saber que era un chico? ¡¿CÓMO?! –Ayako brincó asustada— ¿Tienes idea de cuántas veces me he preguntado lo mismo? ¿Cómo? ¿Cómo demonios pasó? –golpeó su muslo con el puño cerrado y la manager creyó que lloraría.

¡¿4 meses?! –lo único que Ayako podía pensar era que Mitsui era estúpido, pero decidió ser más amable y decir…

— Pero, aún así me resulta increíble que no lo notaras, que no sospecharas nada.

— ¿Alguna vez has visto a Fujima? –él la interrumpió y la manager asintió despacio.

— El año pasado, en el partido de semifinales contra Ryonan.

— Entonces no me dejarás mentir cuando te digo que tiene la misma delicadeza de una chica –se explicó Mitsui y Ayako no pudo más que darle la razón— Cuando tenía 15 años era peor, aún más esbelto, sin músculos marcados, su cabello más largo, de menor altura…Su voz suave y ligeramente ronca.

Hisa-chin…

Su voz y su sonrisa flotaron hacia él y Mitsui sintió asco. Dos años y su recuerdo aún podía manipular emociones intensas en su interior— Me hizo brujería, eso fue lo que ocurrió –sólo Fujima lo había llamado así 'Hisa-chin', por eso le había afectado tanto que Sakuragi lo llamara igual durante el partido contra Miuradai.

— No quiero sonar agresiva… y no te estoy cuestionando –Ayako se apresuró a aclarar, levantando las palmas de sus manos al frente en son de paz— Pero su nombre: 'Kenji' ¿no te hizo sospechar nada?

— 'Kenji' normalmente es un nombre de chico, te doy la razón, pero no siempre, todo está en los kanji que se empleen para escribirlo –respondió Mitsui, suspirando pesadamente— Además, jamás se me ocurrió pensar que no fuera mujer. Mis compañeros de equipo, mis amigos, incluso mi madre la única vez que lo vio, todos pensaban que era una chica y el bastardo jamás fue para sacarme de mi error –su voz tembló con ira mal contenida— Siempre vestido en jeans y playeras lo suficientemente holgadas para dejarte preguntando si tendría pechos debajo.

Senpai

— Fue su culpa que me lastimara la rodilla –aquello hizo a Ayako retener el aliento y los ojos de Mitsui brillaron detrás de una capa de lágrimas que nunca brotaron— Un día antes del partido de práctica fue cuando descubrí la verdad…

— Así no Keni, te mueves demasiado –como todos los domingos Mitsui y Fujima entrenaban en la solitaria cancha que, nadie además de ellos, parecía frecuentar— Es muy fácil bloquearte si…sólo te…mueves…sin…pensar…—Mitsui robó el balón y antes de que su oponente pudiera reaccionar, encestó.

Fujima permaneció un momento doblado hacia el frente, las manos sobre los muslos, jadeando. Nunca entendería cómo lo hacía pero Mitsui parecía simplemente no cansarse nunca— Todo lo hace rápido, de forma natural, casi como si el balón no fuera más que una extensión de él –se giró para verlo y sonrió, enderezándose con las manos en la espalda.

— No importa…desde dónde…tires –Fujima respiró hondo, sintiendo su corazón latiendo contra su garganta— Tú siempre encestas.

— No siempre –Mitsui rodeó sus hombros con un solo brazo y besó su cabeza, sonriendo como un tonto al ver que del cuello de Fujima colgaba el medio corazón de plata que le había obsequiado un par de semanas atrás. La pequeña alhaja le había costado un mes de ahorrarse el dinero de sus pasajes y almuerzo pero había valido cada centavo. Él conservaba una mitad con el nombre de 'Keni' y Fujima la otra con el nombre 'Hisa-chin'— ¿Hambre?

— ¿Ramen?

— ¿Hamburguesas? –se vieron y rieron al mismo tiempo. Siempre era la misma rutina: jugar un uno-a-uno, comer, ir al parque y en ocasiones, si había algo decente, una película. Era una rutina que los hacía felices y los mantenía cuerdos en medio de las presiones de la escuela, la vida diaria y sus familias. Estaban juntos y juntos podían hacer cualquier cosa.

Mitsui cargó las maletas de ambos y lo tomó de la mano. Una de las cosas que más deseaba hacer era llevar a Fujima a casa y presentarlo oficialmente con su madre, pero eso no era posible…a menos claro que quisiera suicidarse, experimentando una muerte lenta y dolorosa en el proceso. Sólo una vez Fujima lo había acompañado y Mitsui casi había sufrido un paro cardiaco al ver que su madre se encontraba en casa y no en el hospital donde trabaja como anestesióloga.

La Dra. Sato le había prohibido tener novia, no a los 15 años y ciertamente no durante la preparatoria que era cuando tenía que enfocar todas sus energías en pasar el muy terrible, muy difícil y muy peligroso examen de admisión a la universidad que ya se había cobrado la vida de más de un incauto (literalmente). Lo único que su madre había dicho de Fujima fue 'Es una chica muy hermosa e inteligente, Hisashi…¡Pero ni se te ocurra hacerla tu novia.' Y aquello había matado todas sus ilusiones de gritarle al mundo que tenía una novia maravillosa.

o0o—

— ¿Te gusta Shoyo? –preguntó Mitsui, recostado sobre el césped, la luz del sol se colaba a través de las hojas de los árboles, golpeando sus rostros y haciéndolos cerrar los ojos de vez en cuando. La brisa los acariciaba con una frescura deliciosa, cargando gotas de agua del lago artificial que adornaba el centro del parque.

— Bastante, el equipo de basketball es muy bueno así que voy a tener que esforzarme al máximo si es que quiero llegar a estar entre los titulares –Fujima movió la cabeza, recargándola contra el pecho del otro. Sonrió cerrando los ojos al escuchar el latido de su corazón, el sonido más maravilloso del mundo para él.

— Debiste entrar a Shohoku –no era un reclamo, simplemente un deseo inocente que ahora era muy difícil de cumplir— Nos veríamos del diario en clase.

— Sabes que tu colegio está demasiado lejos de mi casa…Además, yo podría hacerte el mismo reproche –lo molestó Fujima, buscando su mano para entrelazar sus dedos— Eres el MVP de la secundaria y Shoyo es mejor equipo que Shohoku.

Silencio. Ninguno de los dos insistió en el tema, Fujima sabía porqué había escogido esa preparatoria y también sabía que, si le hubiese rogado lo suficiente, Mitsui lo habría escogido a él sobre Anzai-senseiPero Anzai-sensei significa demasiado para Hisashi y no habría sido justo insistir…Además, si fuéramos a la misma preparatoria él ya…—tragó ruidosamente. Sabía perfectamente que lo que estaba viviendo era un espejismo, Mitsui y él estaban ocultos detrás de una cortina de niebla y cuando ésta se disipara lo vería por lo que realmente era.

Hisashi me quiere porque cree que soy una chica –sabía que era injusto, sabía que debía decirle la verdad, pero cada vez que abría la boca para explicarse algo ocurría, y así habían transcurrido 4 meses, los más hermosos meses de su vida pero, por más que supiera que una mentira así no podía durar por mucho tiempo, no podía evitarlo. Mitsui había capturado su atención al verlo jugar, su corazón latía con rapidez en cada partido pero, cuando llegó a conocerlo, cuando pasó tiempo con él, entonces se había enamorado perdidamente.

¡Y él siente lo mismo! –ése había sido el más maravilloso milagro de todos. Fujima estaba en paz con el universo sabiendo desde que tenía memoria que las chicas no le interesaban más que como amigas, pero lo que nunca se imaginó fue el que alguien lo amara como Mitsui— Pero él no está enamorado de mí, está enamorado de una ilusión.

Y completamente ajeno a lo que asaltaba la mente de Fujima, Mitsui se giró hasta descansar sobre su costado, buscando sus labios e interrumpiendo exitosamente aquella letanía de problemas, dudas y miedos. Pronto Fujima apagó sus neuronas y se relajó completamente, disfrutando los torpes besos del otro que le repetían una y otra vez, sin necesidad de palabras, cuanto lo quería y lo necesitaba.

— Keni…—suspiró contra sus labios, el cabello castaño del otro haciéndole cosquillas en sus mejillas. A sus 15 años había muchas cosas que Mitsui desconocía, apenas y sabía cómo besar y aún se sonrojaba al tomar la mano de Fujima cuando caminaban por la calle; pero lo que sí sabía era lo mucho que deseaba tocarlo ¿Cómo? Lo desconocía, pero quería sentirlo de alguna manera más íntima, más profunda o acabaría explotando.

Mitsui llevó la mano a su cintura, muy pocas veces lo había abrazado, y cuando lo llegaba a hacer, Fujima siempre era el primero en apartarse. No se lo tomaba a mal, al contrario, siempre creyó que era 'una chica muy tímida', respetaba eso, pero ese día…

— ¿Qué haces? –Fujima lo empujó al sentir su aventurera mano debajo de su playera, subiendo lenta y temblorosa por su abdomen. Se enrojeció tanto que sus orejas parecieron brillar como el alto del semáforo. Mitsui se sintió como un idiota y el patán más grande que hubiera habitado sobre la Tierra.

— Yo-yo-yo…lo siento, en verdad no quise –sus mejillas ardían y se le olvidó como hablar. Tomó las manos de Fujima y le sostuvo la mirada— Por favor, no te enojes conmigo no quise, yo…No volverá a ocurrir, prometo no hacer nada que tú no quieras –besó sus manos con devoción y ahora fue el turno del otro para sentirse como el más despreciable insecto, ¿cómo podía explicarle qué era lo que en verdad le ocurría?

— Hisa-chin…no…no me veas así yo…—debía decírselo, debía hacerlo y tenía que ser ahora— Yo…no me molesta que me toques es sólo que…no quiero que lo hagas sin saber la verdad –Mitsui levantó la vista y lo vio preocupado.

— ¿Qué ocurre, Keni? –Fujima se apartó de él y tomó asiento, estrujando su cerebro para encontrar una forma de explicarse…pero las palabras le fallaban— Keni, está bien, no tienes que decirme si no quieres.

Mitsui tomó su mano y la apretó cariñosamente y, por un instante, Fujima estuvo a punto de hacerle caso, de olvidar todo y continuar viviendo su ilusión hasta que ya no fuera posible– Pero eso no es justo para Hisashi –pensó al ver sus ojos. Tomó aire.

— Vas a odiarme cuando te diga esto –habló Fujima y Mitsui le sonrió.

— Claro que no, yo nunca podría odiarte –le aseguró— No importa qué hagas, siempre te voy a amar… ¿Cuántas millas para alcanzar el cielo? –citó la frase que Fujima siempre repetía, aquella fórmula que usaba para decirle 'te amo'. Y Fujima le creyó.

— Hisa-chin…yo…no…yo no soy una chica –¡ya! Lo había dicho, no había sido tan difícil…¿o sí? Pero Mitsui no le respondió, lo vio como si hubiese hablado en chino y parpadeó un par de veces como si esas palabras no fueran más que balbuceos sin sentido. Aquello alarmó a Fujima.

— ¿Qué? –fue lo único que Mitsui alcanzó a preguntar. Había escuchado mal, tenía que ser, porque de lo contrario…

— No…no soy una chica –su voz tembló, ahora verdaderamente asustado.

— ¿De qué hablas? –esas palabras no le decían nada, era como tratar de encajar un cuadrado en una entrada triangular y el cerebro de Mitsui simplemente se negaba a reaccionar— Es una broma ¿cierto?

— Hisa-chin…

— ¡¿Qué demonios significa eso?! –sus gritos hicieron a Fujima brincar— ¿Cómo puedes NO ser una chica? –actuó antes de pensar, sus manos se movieron antes de que su cerebro procesara sus acciones y tiró a Fujima sobre el césped, levantando su playera con tal brusquedad que fue un milagro que no se desgarrara.

La expresión de Mitsui fue la de alguien a quién habían golpeado en las bolas. 'Sorprendido' no alcanzaba a abarcarlo; si Fujima se hubiese transformado en un monstruo con 4 brazos no estaría tan afectado, si le hubiese dicho que había asesinado a Anzai-sensei ocultando el cadáver en el patio del colegio lo hubiese tomado con más calma. Mitsui estaba en total y absoluto shock, su mente en blanco y su corazón un torbellino de confusión que amenazaba con enloquecerlo.

Se alejó de Fujima como si tuviera lepra, sus ojos tan redondos que lucían irrealmente grandes y su boca ligeramente abierta.

— Eso no es…esto no…

Fujima arregló su ropa y levantó la vista, una silenciosa plegaria atrapada en el azul de sus ojos que le rogaba lo dejase explicarse. Su peor pesadilla se hacía realidad y Fujima sentía que se ahogaba.

— Hisa-chin, por favor…

— ¡NO ME LLAMES ASÍ! ¿Cómo pudiste engañarme? ¿Te pareció gracioso? ¿Es ésta tu idea de una broma? –dejó que su ira hablara, Mitsui permitió que la furia y la tristeza explotaran y no se detuvo a pensar en qué decía.

— ¡No! –Fujima estaba horrorizado, ¿cómo podía creerlo capaz de una bajeza así?— Hisashi, nunca quise engañarte, déjame explicarte…

— ¿Explicarme qué? –Mitsui se puso de pie, no quería seguir ahí, no podía continuar viéndolo, escuchando su voz, sus palabras que parecían clavarse en su piel como cuchillos— Todo está muy claro ¿no te parece? –tomó su maleta y salió corriendo, ignorando por completo los gritos de Fujima.

Continuará…


N/A: Una breve explicación: Como ya saben al equipo que Shohoku derrotó para pasar a las finales fue a Shoyo, pero, como a mí Takezato me parece de lo más aburrido lo cambié =^^= Así que hagamos de cuenta de que Takezato era el equipo que estaba en el mismo grupo eliminatorio que Shohoku, lo derrotaron y a las finales pasaron: Shohoku, Shoyo, Kainan y Ryonan :D :D

¿Lo odiaron? ¿Lo amaron? Por favor, déjenme saberlo ¿sí? ^^ Espero que no encuentren esta pareja demasiado extraña y ¡muchas gracias por leer!