Capítulo 2—

— Al día siguiente –Mitsui continuó su relato, toda la energía con la que había comenzado a hablar parecía haberse esfumado; le dolía recordar aquello y lo enfurecía caer en la cuenta de todo el daño que el simple recuerdo de Fujima aún era capaz de causar en él— No tenía cabeza para entrenar ni para nada, estaba enojado con Kenji, conmigo mismo, con el basketball que hizo que nos conociéramos ¡con todo!

Hizo una pausa para calmarse y tomó aire antes de continuar.

— No recuerdo nada de lo que sucedió ese día en el colegio, gracias a Kogure te sé decir que ocurrió durante el entrenamiento pero sí recuerdo fue que, cuando Anzai-sensei nos dividió para enfrentarnos en un partido de práctica, apenas y escuché sus indicaciones, sólo repetía en mi cabeza una y otra vez las palabras de Kenji…Estaba distraído y…me lesioné la rodilla –se meció suavemente en el columpio, carraspeando un par de veces antes de poder continuar.

No sabía cómo poner en palabras el torbellino de emociones que lo habían sacudido como bandera al viento, el dolor, la indignación, la humillación, las dudas– Lo peor fueron las malditas dudas, tantas preguntas, ¿cómo no lo noté? ¿por qué no lo noté? ¿me gustarían en realidad los hombres? –el sólo recordarlo le daba dolor de cabeza. Aquella noche, después de semejante revelación, no durmió nada, parecía muerto en vida cuando llegó a entrenar así que se había sido descuidado y su rodilla había pagado las consecuencias.

— ¿Lo volviste a ver después de eso? –la conmoción se apoderó de Ayako. Su senpai tenía razón, la suya no era una historia común y mucho menos simple ¿habría presumido demasiado cuando aseguró que podría ayudarlo? No tenía idea de qué podría hacer por él salvo escucharlo, pero comenzaba a temer que esto no fuera a ser suficiente, y ¿qué pasaría al día siguiente cuando se enfrentara en el partido con la persona que tanto había afectado su vida? Ahora estaba preocupada, muy preocupada.

Mitsui asintió.

— Kenji me fue a ver al hospital cuando supo de mi lesión, pero yo…

— ¿Qué haces aquí? ¿Cómo te atreves a venir? –él era la última persona que deseaba ver, la causa de todos sus problemas y, al encontrarlo ahí, de pie en la entrada de la habitación, lo hizo explotar.

Fujima no lo veía, sus ojos azules clavados en el piso como esperando de éste una respuesta mágica a sus problemas, y las manos apretadas a sus lados. Lucía tan mal como se sentía, su peor pesadilla, la que lo asaltaba por las noches haciéndolo despertar en medio de gritos, se había hecho realidad y lo arrastraba hacía el fango sin que él pudiera hacer algo por evitarlo.

— E-escuché que te lastimaste –su voz era apenas un susurro mientras avanzaba un par de pasos hacía él— Sólo…sólo quiero saber cómo estás y…

— ¡Todo esto es tu culpa! –gritó Mitsui, decepcionado, frustrado, enojado…y ya no sabía qué más. Sentado en su cama de hospital ya no veía más a Fujima como lo más preciado en el universo, ya no había amor en sus ojos, sólo odio. Su voz era cruel y desquitaba todos sus sentimientos en la acongojada figura de pie a su lado— ¡Tú me engañaste, me mentiste, y por tu causa ahora no puedo jugar basketball!

— Hisashi, por favor…—no sabía qué decirle. Lo amaba y no quería perderlo, no podía perderlo. Mitsui era su todo y Fujima no quería, ni sabía, cómo aprender a vivir sin él ¡Era imposible! Sería mucho más sencillo pedirle que aprendiera a vivir sin respirar— Nunca quise engañarte pero tenía miedo, miedo de que…si sabías que yo…si sabías que era un chico tú…—su voz tembló— Por favor…no…no te enojes conmigo…no…

— ¿Y me creíste tan estúpido como para no darme cuenta nunca? –le recriminó Mitsui con odio— Ahora entiendo porqué nunca me dejabas abrazarte, el porqué de la ropa que usas, porqué nunca te vi en uniforme escolar ¡Ahora lo entiendo todo! Yo me enamoré de una mentira y lo tú no hiciste nada ¡NADA!

— ¡Te amo! – exclamó Fujima desde lo más hondo de su corazón, al fin levando el rostro para verlo— No quiero perderte, ¿por qué no lo entiendes? –insistió y las lágrimas nublaron su vista— Te amo, y…no puedo…por favor, no me hagas esto, me moriría sin ti…Hisashi –trató de tomar su mano pero Mitsui se apartó.

— ¡Yo NO soy gay! –ahora estaba gritando con toda la fuerza de sus pulmones— ¡Me mentiste! Sólo jugaste conmigo ¡Te detesto!

— Hisashi…

— ¡LARGO! –gritó con todo el odio que fue capaz de invocar— ¡Fuera de aquí! ¡No quiero verte nunca más! ¡NUNCA!

— ¿Qué está pasando aquí? –la enfermera que siempre coqueteaba con Mitsui casi fue atropellada en la puerta cuando Fujima salió corriendo. Era más de lo que podía soportar, un dolor terrible le oprimió el pecho y en verdad Fujima creyó que no podría vivir otro día más sabiendo que la persona que amaba más que a sí mismo lo odiaba de esa manera…

— Dejé el basketball no sólo por mi lesión –Mitsui continuó su historia pero ahora se escuchaba cansado y triste, quien lo viera tendría problemas creyendo que se trataba de un chico de 18 años; el peso del recuerdo de aquella noche tan triste lo hacía ver mucho mayor— Lo dejé también porque me recordaba a Kenji y, si continuaba jugando, tarde o temprano nos encontraríamos de nuevo y era lo último que quería.

Ayako abrió los ojos sorprendida.

Senpai…—murmuró sin voz.

— No puedes imaginar lo que es romperle el corazón a la persona más importante en tu vida –él continuó como si ella no hubiese dicho nada— Yo nunca había visto tanta miseria en los ojos de alguien como la que había esa noche en la mirada de Kenji, tanto dolor, cada palabra que salió de mi boca fue como un hierro candente contra su piel. Lo destrocé sin piedad.

Mitsui hizo una pausa, cerrando los ojos por un instante.

— Durante mucho tiempo me cuestioné a mí mismo –continuó casi como si hablara solo— ¿Sería gay? ¿Por qué me había enamorado de un chico? ¿Por qué no me di cuenta antes? ¿Me gustaban en verdad los hombres?…Fue una época horrenda. Norio y los demás me ayudaron a dejar de pensar tanto, a alejarme de todo, no quería más que arrancarme el corazón, que dejara de doler y por un tiempo lo conseguí, pero un día…

Mitsui salió con Norio Hotta y el resto de su pandilla; era día festivo, el Día de la Cultura, así que aprovecharon para no hacer nada bueno y vagar por las calles sin rumbo fijo. Aún se estaban riendo de un chiste pésimo de Norio cuando Mitsui se giró y sus ojos se encontraron con Fujima. Palideció de inmediato como si hubiese visto el fantasma de su difunto abuelo, ahí, cruzando la calle al lado de un chico muy alto de lentes y cabello negro.

Kenji…—su corazón se entumió y el aire pareció no alcanzar sus pulmones, tenía un año desde su lesión, y desde aquella noche en el hospital no había vuelto a escuchar palabra alguna de Fujima. Había creído olvidarlo, había creído ya no sentir nada por él salvo desprecio pero, en ese momento, al seguirlo con la mirada, se dio cuenta de que la herida en su corazón aún sangraba. Los vio entrar al cine, ambos todo sonrisas y felicidad y aquello sólo sirvió para irritarlo.

— ¿Pasa algo, Mitsui? –Norio lo devolvió a la realidad.

— No –mintió, haciendo uso de toda su fuerza de voluntad para no voltear en dirección al cine— Vámonos.

No quería pensar en Fujima, quiso engañarse diciendo que le importaba un rábano con quién saliera o lo que hiciera de aquél desperdicio de espacio que llamaba vida, pero no pudo, y en la primera oportunidad que se le presentó dejó a sus amigos y volvió al cine— A Kenji siempre le ha gustado venir al cine –y por más tonto que pareciera, el saber que aún disfrutaba haciendo esto pero con otro hizo que su enfado se extendiera al infinito. Su cara de pocos amigos fue suficiente para que la gente se apartara de su camino como si huyera de un Tsunami.

No tenía sentido, era infantil, y por más que se repitiera que todo era una simple pérdida de tiempo, permaneció ahí, sentado en la dulcería por casi por una hora hasta que los vio salir. Fujima hablaba animadamente con el desconocido cuatro-ojos, demasiado feliz para gusto de Mitsui, y por varias cuadras caminaron juntos hasta que finalmente se despidieron en la entrada del tren.

— Tanto me amabas que no tardaste en encontrarte otro –la burlona y cruel voz de Mitsui hizo a Fujima girarse.

— ¿Hisashi? –le tomó una parpadeo reconocerlo con el cabello largo y la pinta de delincuente salido de un remake de Grease que traía. Mitsui era la última persona que hubiese esperado encontrarse (más después de la forma tan amable en la que se despidieron la última vez) y aquello lo dejó inmóvil el suficiente tiempo para que Mitsui lo tomara del brazo, con tal fuerza, que dejó los dedos marcados en su piel.

— ¡Respóndeme! –lo sacudió— ¿Cuánto tiempo te tomó olvidarme? ¿Un día? ¿Una hora? ¿Eh? –estaba furioso, a él le había tomado meses dejar de levantarse por las mañanas pensando en Fujima, había creído olvidarlo pero, al verlo hoy, su corazón había vuelto a doler. ¿Por qué tenía que sufrir mientras que el estúpido Fujima iba al cine a divertirse?

— Toru es sólo mi amigo y, aunque no fuera así, lo que haga de mi vida no es de tu incumbencia –trató de soltarse de su agarre pero no pudo.

— No eres más que una puta, Kenji ¿Al menos tu amigo sabe que eres un chico o también le estás viendo la cara de idiota como a mí? –Fujima trató de golpearlo pero Mitsui lo sujetó de la muñeca sin ningún problema, sonriendo burlonamente con un aire de superioridad que hubiera hecho a Fujima erizarse de haber sido gato— Si quieres golpearme primero aprende a pelear como un hombre.

— ¿Tú me quieres dar lecciones de hombría a mí? –esta vez fue Fujima quien respondió con odio, gruñendo cada palabra— No eres más que un cobarde que salió huyendo al primer problema que tuvimos.

— ¡¿Cobarde?! –Mitsui estaba pasando de enojado a furioso, apretando inconscientemente el brazo del otro— ¿Yo soy un cobarde? ¿Y qué hay de ti? Al menos yo nunca fui un mentiroso de mierda como tú.

— Yo te quise, Hisashi; te quise como nunca he querido a nadie más y confié en ti, en que entenderías, en que me amabas tanto como siempre me hiciste creer pero me decepcionaste –Fujima nunca supo lo mucho que sus palabras le dolieron a Mitsui, 'te quise' escucharlo hablar en pasado fue peor que sufrir una paliza.

— ¡Eres un chico! –levantó la voz, hablándole como si fuera retrasado— ¿Cómo demonios se suponía que entendiera eso? ¿qué esperabas de mí?

— ¡Que me escucharas! Sólo quise que me dejaras hablar, que…

— ¿Para qué? No me gustan los hombres, ¿qué demonios podríamos haber resulto hablando? ¡¿Eh?! ¿Te ofende que no te entendiera después de decir que te amaba? Yo me enamoré de una chica no de un freak de circo –se acercó más a él, siseando cerca de sus labios hasta que sintió el aliento de Fujima sobre su piel. Tan cerca, estaban tan cerca, si se estiraba tan un poco más podría besarlo…El pensamiento lo asustó y soltó a su presa alejándose lo más aprisa que su dignidad le permitió…

— No lo he vuelto a ver desde ese día –continuó Mitsui, ya era tarde y sabiendo que el partido contra Shoyo era al día siguiente debería estarse despidiendo de Ayako para tratar de dormir algo pero…En esos momentos Mitsui era como una grifo de agua, una vez abierto se había desbordado y ahora ya no podía detenerse— Sé que Fujima asistió al Campeonato Nacional el año pasado y que es el capitán y coach del equipo de basketball, pero eso es todo.

Un largo silencio cayó sobre ellos. Ayako no sabía qué decir y Mitsui ya no tenía más que contar— ¡Que historia! Es mucho más complicada de lo que pensé –la chica sólo podía imaginar lo que su senpai estaría sintiendo; ahora entendía el porqué de su comportamiento desde que derrotaron a Tsukubu, porqué estaba tan nervioso, tan alterado, cualquiera estaría así en su lugar, sabiendo que al día siguiente tendría que jugar contra el amor de su vida a quien había evitado como a la peste negra por 2 años.

— Fujima me odia –Mitsui habló de pronto—Y tiene razón, me comporté como un cobarde con él.

A veces lo llama 'Fujima' y en otras ocasiones 'Kenji', aún debe sentir algo por él –se dijo Ayako, segura de que ni su mismo senpai había caído en cuenta de esto o simplemente no lo quería reconocer.

Senpai, en verdad no sé qué decirte excepto…—Mitsui levantó la vista para verla— Excepto que eres un idiota –aquello casi lo hizo caer del columpio, era lo último que hubiera esperado escuchar— Cierto, Fujima te mintió y no debió hacerlo pero te amaba y por lo que dices, tú también. En ves de gritar e insultarlo debieron sentarse a hablar y nada de todo esto hubiese ocurrido.

— Ayako ¿no escuchaste nada de lo que dije? ¡Fujima es un chico! –ahora Mitsui comenzaba a desesperarse— Aunque hubiéramos hablado de aquí al fin de los tiempos eso no iba a cambiar nunca. Yo NO soy gay, ¿qué se suponía que hiciera?

— Lo que él dijo: escucharlo.

— ¿Para qué? –Ayako estuvo a punto de voltronizarse, sacar su abanico y golpearlo hasta la inconciencia— Después de que habláramos ¿qué?

Senpai, en verdad no puedes ser tan tonto –él apretó los labios molesto—¿Tú lo quieres? ¿aún lo quieres? –ella no era nadie para cuestionarlo así y, para empeorarlo todo, él era mayor y le debía cierto respeto, pero Ayako al fin comenzaba a ver cuál era el problema y su posible solución…además, su senpai estaba terminando con su paciencia. Mitsui se ruborizó tanto que era cómico, humo estuvo a punto de salirle de las orejas y tartamudeó incoherencias antes de recordar como hablar correctamente.

— No lo sé…sí, no…¡No sé! –estaba sinceramente confundido y aquello conmovió a Ayako— En verdad no lo sé pero…aunque sintiera algo por él no importa. Quiero decir, un jugador gay, que gran espectáculo ¿no te parece?

— Tú no sabes nada, senpai –la manager sonrió con la superioridad de alguien que tiene información confidencial que el resto desconoce— Rukawa es gay y nadie está haciendo un escándalo por eso.

— Ru…¡¿QUÉ?! –su voz parecía retumbar en todo el parque, ahora sí, cayendo del columpio.

— ¡Ay, por favor! Esa noticia es más vieja que el mesozoico –Ayako hizo un esfuerzo por no reírse de su expresión— Lo sospeché desde que estábamos en la secundaria, pero lo confirmé hace poco.

— ¿Qué? ¿cómo? ¿cuándo?…¿Qué? –no entendía nada. Cuando Mitsui se levantó esa mañana, nadie sabía de su obscuro pasado y todos sus compañeros de equipo eran hetero, ¿qué había salido mal en el camino? Ahora sí, Ayako rió divertida.

— ¿Nunca te preguntaste porqué, teniendo tantas fan-girls Rukawa nunca se molestó en voltear a verlas? –ahora que la manager lo mencionaba tenía sentido— Yo creo que ni él mismo se había dado cuenta, lo único que había en su cabeza era basketball hasta hace poco.

— ¿A qué te refieres? –ahora estaba intrigado.

— ¿No viste cuando Rukawa llegó a entrenar vistiendo una playera de Ryonan? –Mitsui negó con la cabeza— ¡No lo puedo creer! ¿Qué fui la única que lo notó? –una vez más rió— Bueno, un día Rukawa llegó vistiendo una playera blanco-azul con el logo de Ryonan y lo mandé a cambiarse antes de comenzar la práctica. Ni siquiera se había dado cuenta de que la estaba vistiendo y no se mostró particularmente preocupado de qué yo lo hubiera visto, pero eso fue todo lo que necesité para confirmar mis sospechas: Rukawa está saliendo con Sendoh.

— ¡Espera! –necesitaba un tiempo fuera— ¿Sacaste semejante conclusión por una playera? –definitivamente el mundo había enloquecido. Ayako negó con la cabeza.

— Vi la forma en la que la mirada de Rukawa cobra vida cada vez que alguien menciona a Sendoh, su comportamiento durante el juego de práctica en Ryonan; pequeños detalles como la playera, un termo marcado con el nombre 'Sendoh Akira', como cambia su rostro cuando recibe un mensaje en su celular…—la manager suspiró— No sé cómo explicarlo con palabras, pero créeme, están saliendo y no soy la única que lo nota.

— ¿A qué te refieres?

— Estoy convencida que Anzai-sensei lo sabe.

— ¡¿Y no dijo nada?!

— Que yo sepa, no –aquello sí que era una noticia para él. Le tenía terror a lo que la gente pudiera decir, en especial su madre y Anzai-sensei. Pero si Anzai-sensei estaba bien con esto…—Senpai, yo creo que no importa si se trata de un hombre o de una mujer, lo importante es la persona –Mitsui levantó las cejas sorprendido por sus palabras— Siempre he pensado que no importa si es hombre, mujer, silla o perro, porque lo de lo que uno se enamora es del corazón, de la esencia de alguien, no de cómo luce o de su género.

¿Es eso cierto? ¿Podría ser que Ayako tenga razón? –Ayako tomó su mano y la apretó cariñosamente.

— Yo no te puedo decir qué hacer o qué pensar, pero decidas lo que decidas, yo te apoyaré –por más ridículo que sonara esas palabras significaron el mundo para Mitsui; nunca le había confesado esto a nadie y tenía que admitir que se sentía mejor— Un problema a la vez, senpai –continuó la manager— Como en el basketball, una canasta a la vez.

Tiene razón –sonrió. No sabía qué haría al ver a Fujima al día siguiente pero no tenía caso estarse preocupando antes de tiempo— Una canasta a la vez.

o0o—

A pesar de los discursos, las palabras emotivas, de repetirse que se tomaría las cosas con calma y del apoyo de Ayako, Mitsui se encontró el día del partido yendo por quinta vez al baño, para completa diversión de Hanamichi— ¡Demonios! Esto nunca me pasó en la secundaria…Pero no es sólo por el juego, ¿qué va a suceder cuando lo vea de nuevo? ¿qué voy a hacer? –solía sucederle que cada vez que se encontraba a Fujima de frente reaccionaba de la forma más irracional posible, perdía el control y hacía lo último que había planeado, y él no quería problemas durante un partido tan importante como este— Tal vez sea mejor no pensar y dejar las cosas seguir su curso.

¡Como odiaba sentirse así! Había dejado el basketball precisamente para no tener que encontrarse con Fujima nunca más, para huir del torbellino de emociones que amenazaba con llevarse su sanidad— Es una maldición, estoy seguro –si había dormido 3 horas la noche anterior había sido mucho, había desayunado sólo porque su madre insistió demasiado y amenazó con no dejarlo venir a jugar a menos que llevara algo de alimento en su estómago, pero sus manos no paraban de sudar y él no dejaba de venir al baño.

Kenji, ¿seguirás siendo el mismo? No lo creo, eres el segundo mejor PG de la prefectura, capitán y coach del segundo mejor equipo y tú sí conseguiste llegar a las Nacionales –a Fujima le había ido mucho mejor que a él, y por mucho tiempo el saberlo sólo consiguió que su propio odio y resentimiento hacia él creciera, ¿pero ahora? Ahora ya no estaba seguro pero ni de cómo se llamaba.

— No dejaré a Mitsui encestar más de 5 puntos en este partido –la voz de un desconocido, que supuso sería jugador de Shoyo, lo sacó de sus pensamientos haciéndolo salir del baño azotando puertas y gritando como si buscara una pelea. Sólo alcanzó a ver el número 6 en la espalda del extraño que, tan osadamente, se atrevía a minimizarlo, y aquello al fin lo hizo tomar una decisión.

Fui un cobarde con Kenji, un patán, y merezco su odio pero, eso no significa que me vaya a dejar vencer por su equipo, eso no –se dijo con firmeza, apretando el puño derecho.

o0o—

— La porra de Shoyo es algo sobrecogedor –comentó Ayako, tan nerviosa como el resto del equipo, quien la viera pensaría que ella también iba a jugar— No me sorprendería saber que sus gritos se escuchan en el colegio.

— Ni que lo digas –el estómago de Kogure pareció encogerse. Solía darle acidez cada vez que se encontraba nervioso y, a juzgar por cómo se sentía hoy, no le sorprendería saber que ya se le había hecho una ulcera— Akagi, Shoyo no nos tendrá piedad –dijo en voz baja, los tres como conspiradores bajo el resguardo de una sombra en la esquina del pasillo— No tienen puntos débiles y, para bien o para mal, ni siquiera podemos decir que nos están subestimando, y sacar ventaja de ello, porque he visto a Fujima en las gradas observando nuestros dos últimos partidos con toda atención, nos ha estado estudiando.

Ayako levantó las cejas sorprendida, ¿sería posible? Ella no lo había notado— ¿Por qué lo haría?

— No –dijo Akagi, tomándolos a ambos por sorpresa— No fueron sólo los 2 últimos juegos, al principio creí que era coincidencia y no le di importancia, pero Fujima ha estado presente en todos nuestros juegos –sus palabras levantaron las cejas de sus compañeros.

— ¿Todos? Pero…¿por qué? –Kogure estaba tan intrigado como confundido— No tenía forma de saber que ganaríamos todos los juegos para enfrentarnos contra él, ¿para qué perder su tiempo con un equipo como el nuestro con fama de no pasar nunca de la primera ronda? –Akagi se encogió de hombros pero Ayako retuvo el aliento y se llevó las manos al rostro.

¡Mitsui-senpai! Fue a ver a Mitsui-senpai estoy segura ¿él lo sabrá? ¿Habrá visto a Fujima entre el público? –Akagi y Kogure la vieron con pequeños signos de interrogación flotando sobre sus cabezas.

— ¿Tú sabes algo, Ayako?—la cuestionó el capitán y la chica comenzó a sudar.

— ¿Quién? ¿Yo? ¡No! ¿Qué podría saber yo? Es sólo…me sorprendió escuchar esto, eso…eso es todo –sonrió tratando de aparentar normalidad pero no los engañó. Akagi abrió la boca para insistir pero, para su buena suerte, en ese instante apareció Anzai-sensei. El partido comenzaría pronto y los chicos se marcharon.

Ayako suspiró—Ésa estuvo cerca.

o0o—

No voltearé a verlo, no lo haré –se repitió Mitsui como un mantra cuando el equipo de Shoyo hizo su aparición en la cancha. Los gritos histéricos de su porra los acompañaron todo el camino hacia su banca, parecían haber comido demasiada azúcar y estar sufriendo los efectos secundarios de un exceso de energía porque no paraban de golpear sus botellas de plástico vacías y gritar como si la vida se les fuera en ello.

Las voces de Haruko, sus amigas Fujii y Matsui, la armada de Hanamichi, las exhibicionistas porristas de Rukawa y Norio y co., apenas y lograban escucharse como un susurro lejano. De no ser por el estandarte de colores con la leyenda Honoo no Otoko "Hombre de Fuego: Mitchan" Mitsui jamás habría sabido que los delincuentes que tenía por amigos estaban ahí— No voy a voltear, no puedo hacerlo, si lo hago estaré perdido –al menos no estaba solo, sus amigos estaban ahí y eso no tenía precio. No serían del tipo de amigos que tus padres invitan a cenar pero, para él, eran los mejores del mundo, siempre listos para ayudarlo en todo.

— Mitsui –Ryota lo hizo brincar del susto. Estaba demasiado distraído, no estaba bien— ¿Conoces al número 5 de Shoyo?

— ¿Al número…5? –Mitsui volteó y se encontró con el misterioso cuatro-ojos que había acompaño a Fujima al cine un año atrás. Si las miradas mataran, el MVP de la secundaria habría caído fulminado en ese instante; el número 5 no lo dejaba de ver, casi como si sus ojos estuvieran pegados en él— No lo conozco, sólo lo vi en una ocasión pero no tengo ni idea de quién es.

— ¿Estás seguro? Porque tiene rato viéndote como si hubieras violado a su hermana –comentó Ryota.

— ¿Quién? ¿De qué hablan? –preguntó Hanamichi, caminando hacia ellos con las manos dentro de sus shorts.

— Del número 5 –Ryota señaló con la barbilla.

— ¡Ohhh! Mit-chi ¿qué le hiciste al miope para que te vea así? –Sakuragi rió estruendosamente con las manos en jarras y echando la cabeza hacía atrás, Ryota compartió el chiste pero Mitsui estaba realmente intrigado.

¿Qué demo…? A menos que…—sólo le encontraba una explicación al comportamiento del número 5, al que el público aclamaba como poseído como Hanagata— Kenji le contó de lo nuestro, es la única explicación.

— ¡Equipo! ¡A jugar! –los llamó la retumbante voz de Akagi y Mitsui ya no tuvo tiempo de seguir cuestionando su vida, el mundo, su cruel destino, porqué el cielo era azul y porqué demonios había desayunado huevos hervidos. Ya habría tiempo después.

Si es que sobrevivo –pensó.

o0o—

Durante el primer tiempo Mitsui cumplió su objetivo del día (a diferencia de Hanamichi quien, ni había encestado más puntos de Rukawa, ya había cometido 2 faltas y sólo había controlado los rebotes del juego en parte) no había buscado a Fujima en la banca de Shoyo, no había volteado a verlo y había hecho un trabajo excelente ignorando la furia asesina de Hanagata concentrándose por completo en el molesto número 6 que ahora sabía respondía al nombre de Hasegawa.

El primer tiempo había terminado y Shohoku estaba sobreviviendo de milagro, Shoyo había salido ese día matar y no tendrían piedad con ellos. Mitsui caminó a lo último, detrás de todo su equipo, por el pasillo de vuelta a los vestidores, limpiándose el rostro con la toalla que descansaba sobre sus hombros. Su mente al fin se concentraba completamente en el juego, habiéndose olvidado de sus dudas y problemas, cuando la última persona que esperó encontrar le cerró el paso.

— No ganarás hoy, Mitsui –declaró Hanagata, 1.97 m de puro odio y mala leche que hubieran hecho llorar a alguien con menos cojones que Mitsui— No me interesa qué es lo que tenga que hacer, pero no dejaré que alguien como tú nos derrote.

— ¿Se puede saber cuál es tu maldito problema? –era más de lo que Mitsui estaba dispuesto a soportar. Sí, le había prometido a Anzai-sensei que no volvería a pelear, pero eso no significaba que se quedaría ahí callado mientras lo insultaban, por más que quisiera su temperamento era demasiado caliente y explosivo— Has tratado de provocarme desde que inició el partido y no tengo ni idea de quién rayos eres.

— Pero yo sé quién eres y sé que le hiciste a Kenji –¡misterio resuelto! Mitsui había tenía razón, el recién bautizado miope sabía de la historia que traían detrás.

Y esto no va a terminar bien –le irritó más de lo que estaba dispuesto a admitir el que Hanagata supiera acerca de sus problemas, a él le había tomado 2 años podérselo contar a alguien ¡2 malditos años! ¿y Fujima andaba por ahí contándoselo a sus compañeros de equipo?

— No sé, ni me interesa saber, qué fue lo que Kenji te dijo, pero lo que haya pasado entre nosotros es nuestro problema—estaba enojado y teniendo serios problemas en ocultarlo— Sigo sin entender dónde entras tú en todo esto.

— No te hagas el listo conmigo, Mitsui –Hanagata pronunció su nombre como si se tratara de una maldición o el peor insulto en la historia de la humanidad—Kenji es mi mejor amigo, desde el primer año en la preparatoria trabajó muy duro para entrar al equipo de basketball y, cuando el coach renunció, la escuela estuvo a punto de cerrar el club de no haber sido por él. No tienes una idea de lo que es mantener un promedio para presentar los exámenes de admisión a la universidad, jugar y entrenar un equipo de basketball como Shoyo, ¡todo al mismo tiempo!

Esto no me puede estar pasando –en verdad que Mitsui no quería pelear pero no encontraba otra manera de salir de ésta.

— Y justo ahora apareces tú –continuó Hanagata— Un bueno para nada que tira 2 años de su vida a la basura y, en un par de meses, decide que de pronto quiere jugar de nuevo basketball y amenaza con arruinar el sueño de Fujima una vez más. ¡Eso no lo voy a permitir!

— ¿Permitirme? –se burló de su tono, levantando las cejas con incredulidad— Yo no tengo que pedirte permiso para nada –al fin explotó Mitsui, comenzando a ver rojo alrededor de su oponente— Lo entiendo, Fujima es lo máximo, todos deberíamos inclinarnos ante él y darle una medalla ¡bien por él! Si tanto lo amas por mí puedes llevártelo a la cama, no tienes porque venirme a avisar.

Y en dos zancadas ya tenía a Hanagata en las narices, sujetándolo por el frente del jersey blanco con el número 14 en rojo, tan cerca de él que podía saber qué había comido hacía unas horas. Pocas veces Mitsui había tenido que ver a un oponente hacía arriba, 1.84 m no era una nada despreciable altura, pero Hanagata le sacaba 13 cm y tenía que admitir que enojado era realmente impresionante.

— ¡Eres un bastardo!

— ¡Y tú un pobre diablo que no tiene nada mejor que hacer que meterse en la vida de los demás!

— ¡Mitsui!

— ¡Hanagata!

Momento incómodo, muy incómodo. Varias cosas ocurrieron al mismo tiempo: justo cuando Mitsui estaba seguro de que Hanagata lo golpearía, aparecieron Akagi y Fujima seguidos por los curiosos ojos del resto de ambos equipos a quienes los gritos habían llamado; pero la suerte no le sonrió a Mitsui y sin pensarlo volteó de inmediato hacia donde se encontraba el coach y capitán de Shoyo. Sus ojos se encontraron, esos ojos azules que tanta felicidad y sufrimiento le habían causado, los mismo ojos azules que no habían hecho más que profesarle amor eterno, que lo habían visto con ira la última vez, un año atrás, y ahora se reflejaba en ellos la más pura sorpresa.

Entonces Mitsui supo que todo estaba perdido.

Continuará…


N/A: La explicación rápida de una Nerd acerca de la edad de Mitsui ^^

De acuerdo al manga, Mitsui se lesionó la rodilla a los 15 años al inicio del ciclo escolar; ahora, en Japón el ciclo escolar comienza en Abril y, según Takehiko Inoue, el cumpleaños de Mitsui es el 22 de Mayo, por lo tanto entró a la prepa a los 15, se lesionó, y cumplió 16 años aún estando en primer año.

La ficha de personaje dice que Mitsui tiene 17 años, ¿pero cuándo? ¿Cuando comienza la historia o cuando termina? El primer partido oficial de Shohoku (contra Miuradai) tiene lugar el 19 de Mayo así que, tomando en cuenta la fecha en la que se lesionó la rodilla, Mitsui tenía 17 cuando llegó a causar problemas en el gimnasio de basketball y luego cumplió 18 durante el torneo. Por esta razón es que en mi historia él tiene 18 (jeje, esto me sonó a algo que dirían en the Big Bang Theory ^^).

Muchas gracias por leer y por favor, recuerden que los reviews son la felicidad de los autores ^^