Capítulo 4—

— ¿Qué está haciendo Fujima? –se preguntó Jin. De alguna manera, y sin explicación aparente, el juego había pasado de ser una contienda de basketball a una especie de drama adolescente/reality show/parodia que tenía al publico gritando como un en concierto de Justin Bieber. De pie en la duela, al lado de sus compañeros de equipo, sólo podía preguntarse cómo demonios habían llegado a esto— Creí que estaba marcando al número 7 –Kiyota rió.

— ¿Qué más va a estar haciendo? ¿No escuchaste la discusión en el pasillo? –Nobunaga rió sin ruido, más por aparentar coolness, ocultando su nerviosismo y conmoción al escuchar las noticias de que el segundo mejor PG de la prefectura era gay, que por otra cosa— Mitsui en verdad tiene que haber sido un patán con Fujima para que lo siga odiando después de 2 años.

— Éste no es el Fujima que conozco –dijo Maki, captando de inmediato la atención de Jin y Kiyota— Fujima siempre está calmado, mantiene la cabeza fría y es muy buen observador; sabe cuando atacar, cuando cambiar jugadores, cuando pedir tiempo fuera, analiza todo y saca lo mejor de sus compañeros de equipo pero…—Maki siguió al As de Shoyo con la mirada mientras caminaba hacia la banca— Mitsui está sacando lo peor de él.

— Pero Shoyo está ganando el juego –insistió Kiyota, señalando el tablero— Seguro no es tan grave.

Maki ya no habló pero su silencio lo dijo todo.

o0o—

— Kenji no odia a Mitsui –habló Sendoh. Ryonan se hallaba de pie demasiado cerca de Kainan y había escuchado toda la conversación.

— ¿De qué hablas? –quiso saber Koshino, arrugando la frente, él también había escuchado el intercambio y era de la misma opinión que Kiyota— Sólo hay que verlo para saber que ya lo habría matado de tener una oportunidad.

— No. Si Kenji lo odiara lo estaría ignorando –continuó Sendoh, sus ojos paseándose del número 14 blanco al 4 verde— Ken es el capitán y As del segundo mejor equipo de la prefectura, ha competido en el Campeonato Nacional y no tiene nada que demostrarle a nadie; si odiara a Mitsui le tendría indiferencia no estaría compitiendo contra él.

Sendoh conocía a Fujima ¿por qué? Era algo que no estaba dispuesto a compartir con sus compañeros de equipo, pero lo conocía mejor de lo que alguien pudiera imaginar. ¿Eran amigos? Habían sido más que eso y aún le tenía mucho aprecio y gran respeto.

¿Alguna vez te has enamorado, Akira?

No.

Tienes suerte, no hay nada más espantoso –la respuesta de Fujima lo confundió— No me veas así, quien te haya dicho que el amor es de color rosa con sabor a algodón de azúcar jamás lo ha vivido. El amor duele en el alma y te consume por dentro. Es una maldición, tan terrible como hermosa.

Te lastimaron –no era una pregunta.

No, Akira. Él no me lastimó, me destruyó.

De lo poco que Fujima alguna más le confesó acerca de su pasado, y la persona de la cual se había enamorado, a Sendoh no le tomó mucho ver que el misterioso personaje era Mitsui y que, por más que Kenji quisiera odiarlo y destruirlo, no podría hacerlo mientras no matara por completo el amor que aún sentía por él— Ken, estás luchando una batalla perdida y sólo vas a hacerte daño.

— ¿Entonces? Si Fujima no lo odia, ¿por qué se comporta así? –Koshino insistió pero Sendoh sólo se encogió de hombros.

— No sé. No leo mentes pero, sea lo que sea que esté sintiendo Fujima, no es odio –mintió a medias. Cierto, no sabía exactamente qué pensaba su amigo pero tenía una buena idea…sólo que esto tampoco estaba dispuesto a compartirlo con sus compañeros de equipo.

o0o—

— Ken, no te enfades… pero… tenemos que hablar…ahora… —Hanagata le sostuvo la mirada, jadeando, tratando de recuperar su aliento y de contener toda la desesperación que lo tenía tenso como cuerda de violín. Fujima tomó aire y limpió su rostro con la toalla, asintiendo con la cabeza.

— Ya sé lo que vas a decirme.

— Entonces no perdamos el tiempo y vayamos directo al punto –dijo Hanagata, dando un paso más hacia él— No puedes marcar a Mitsui, te está afectando más de lo que estás dispuesto a admitir y, si seguimos así, podemos perder el partido –cruel y directo, así era su amigo, pero lo cierto era que tenía toda la razón.

— Lo sé, lo siento –estaba avergonzado. Tenía muy presentes cuáles eran sus errores y sabía que no estaba jugando como siempre. Tenía que calmarse y lo que Hanagata decía era verdad: no podía marcar a Mitsui.

— Yo me encargaré de encajonar a Mitsui –se ofreció Hasegawa— Déjenmelo a mí.

o0o—

— Mitsui –Akagi se acercó a él mientras tomaba agua, tratando de recuperar las escasas fuerzas que aún le quedaban y haciendo un esfuerzo sobrehumano por mantenerse en pie— No te quiero cerca de Fujima –declaró con toda la autoridad que fue capaz de invocar— Déjaselo a Miyagi y sólo concéntrate en tirar canastas de 3 puntos ¿me escuchas?

— Sí, papá –no le gustaba que le dijeran qué tenía que hacer, y odiaba a sobremanera cuando Akagi le hablaba como si fuese un niño, pero tenía un punto: no podía estar cerca de Fujima.

— Mit-chi, si no puedes con tu ex novia yo me haré cargo –lo molestó Hanamichi señalándose con aire de autosuficiencia— Este talentoso puede hacerse cargo de cualquiera –pero Akagi lo golpeó en la cabeza.

— Tú hazte cargo de los rebotes, zopenco.

— Mitsui –lo llamó Ryota, deteniéndose a su lado y bajando la voz— He estado pensando y estoy seguro de que tengo razón.

— ¿De qué hablas? –no estaba de humor para acertijos y ya había soportado demasiado bullying por un día.

— Tú no me golpeaste al final del trimestre pasado sólo por estar en el equipo de basketball –Miyagi le sostuvo la mirada— Lo hiciste porque sabías que mi posición en el equipo es PG, igual que Fujima –Mitsui guardó silencio por tanto tiempo que Ryota comenzó a pensar que no le respondería, y estaba listo para girarse y volver a la cancha cuando…

— Así es –admitió Mitsui, logrando que se detuviera— Te vi jugar un día cuando salía con Norio y lo demás y tú…—suspiró, recordando aquel día. Se había impresionado tanto que Norio creyó que estaba enfermo pero, al ver a Ryota correr con el balón, el estilo de sus pases, su velocidad, lo hizo ver una vez más el fantasma de Fujima, lo hizo sentir algo que le daba asco sentir y aquello lo enfureció— Tu forma de jugar se parece mucho a la de Kenji –sus palabras lograron sorprender a Miyagi— Por supuesto eso me irritó y…bueno, ya sabes el resto.

Silencio.

— ¿En verdad…crees que juego como Fujima? –Hisashi comprendió el verdadero significado de la pregunta y le sonrió.

— Esfuérzate un poco más y no tendrás rival –Ryota le devolvió la sonrisa.

o0o—

Cuatro minutos, quedan cuatro minutos y ya no puedo más –Hasegawa no le daba respiro y tenía que correr continuamente para poder hacerse con el balón. Mitsui estaba a punto de caer desmayado pero aún no estaba listo para rendirse. Después de mucho esfuerzo logró burlar a su oponente y tiró una vez más, una canasta más de 3 puntos— ¡Entra! –vio el balón elevarse en un arco pero la sombra de Fujima lo cubrió. Kenji brincó con todas su fuerzas para bloquearlo, levantando el brazo.

Y entonces, varias cosas ocurrieron al mismo tiempo: el As de Shoyo no consiguió detenerlo, el balón demasiado alto para él; antes de caer perdió el equilibrio, cayó encima de Mitsui y el balón entró en la canasta levantando todo tipo de exclamaciones, desde quien maldijo con todas sus fuerzas hasta quien le dio gracias a Dios por el basketball y por Mitsui. Hisashi cayó de espaldas contra la duela, golpeándose la cabeza, el peso de Fujima le sacó el aire y por un instante vio estrellas y pollitos volando en círculos sobre él, arriba se transformó en abajo y abajo en arriba.

El árbitro sonó su silbato declarando tiempo fuera pero Mitsui sólo podía escuchar un molesto zumbido en su cabeza.

— ¡Kenji!

— ¡Fujima!

— ¡Mitsui!

Hanagata y Akagi fueron los primeros en correr hacia ellos en medio del rechinar de los tenis. Fujima estaba aturdido, el mundo giraba a su alrededor y los sonidos le parecían algo lejano, distorsionado; no entendía nada y no tenía idea de dónde estaba o qué había pasado. Podía escuchar el latido de otro corazón además del suyo y, cuando se enderezó un poco, el color se le subió al rostro al ver que se encontraba sobre Mitsui.

Cualquiera que estuviera pasando por la calle en ese instante debió creer que, dentro del estadio, había un concierto de Rock a juzgar por los gritos histéricos de las chicas. Fujima no sabía qué hacer, terriblemente abochornado y nervioso, así que eligió la peor decisión posible y tomó asiento a horcajadas sobre el torso del número 14. Por obra de la coincidencia, esa magia que parece haber sido creada para arruinar la vida de las personas, Mitsui eligió el mismo momento para enderezarse quedando tan cerca de Fujima que parecía que lo besaría.

Las chicas gritaron aún más, haciendo temblar los cimientos del estadio; Mitsui y Fujima se vieron, se sonrojaron y, se alejaron tan rápido uno del otro, que pareció que se hubiesen quemado. Hanamichi y Ryota lucían a punto de vomitar (lo mismo que Kiyota), Uozumi y Maki hicieron un esfuerzo muy pobre por no sonrojarse (o evitar ver a los implicados fijamente con los ojos muy abiertos), Sendoh rió, Norio y co. gritaron aterrados como niñas y Haruko estaba tan sonrojada que creyó que humo le saldría por la orejas.

¿Qué demonios? –pensó Mitsui, jadeando, asustado como si le hubiesen dicho que debía limpiar los baños con su cepillo de dientes. Su corazón parecía tambor de guerra golpeando su pecho y en su mente un millar de ideas zumbaron al mismo tiempo.

— ¿Estás bien? –Akagi levantó la voz para hacerse escuchar sobre el escándalo reinante en el estadio, haciendo un esfuerzo supremo por permanecer en calma.

— S-sí –distaba mucho de estar bien, pero no iba a compartir sus más íntimos problemas con el capitán Gorila.

¿Por qué me siento así? ¿Por qué late mi corazón con tanta fuerza? –para tener 18 años Mitsui cargaba con mucho equipaje, muchos remordimientos de conciencia y arrepentimientos propios de un hombre de 70 pero, cuando Fujima cayó sobre él, el tenerlo tan cerca, el sentirlo una vez más lo hizo darse cuenta de la verdad— Soy un cobarde y un estúpido, Ayako tiene razón –abrió y cerró la mano compulsivamente y se tocó los labios. Había estado tan cerca de besarlo, tan cerca.

Y la idea no le desagradaba.

Dos años trató con todas sus fuerzas de olvidarse de Fujima, en 2 minutos Kogure le hizo ver cuál era su problema y en casi 40 minutos de juego comprendía al fin qué era lo que se escondía en su corazón: amaba a Kenji, extrañaba a su Keni y ya no quería seguirle haciendo daño— Ya fue suficiente –sí, había sido un patán, merecía que lo odiaba e incluso…incluso merecería perder el partido.

Levantó la vista y vio el marcador: 60-55— Dos canastas más de 3 y ganamos— muchas veces consideró rendirse, Fujima merecía ganar más que él, Fujima había trabajado duro por 2 años mientras que él se dedicó a la vagancia con sus amigos, sería sólo justo dejarse ganar, además su cuerpo ya no podía más— Pero los demás no tienen la culpa de mis errores. No voy a peder, no lo haré, porque si pierdo ahora no soy nadie, sólo el idiota que trató de acabar con el equipo de basketball por una rabieta y no alguien digno de hablar con Kenji. Ganaré y después iré a enfrentarme a mi pasado –se dijo con resolución.

Tiró una canasta más y encestó. 60-58. No había fallado y no pensaba hacerlo; en algún momento, no supo cuándo ni cómo, sus ojos se encontraron de nuevo con los de Fujima. Kenji estaba preocupado, por primera vez desde que comenzó el partido temía que realmente fueran a perder, una posibilidad que había parecido imposible, incluso absurda… hasta ahora. Mitsui casi pudo sentir su miedo, y lo conmovió, quería consolarlo y decirle que todo estaría bien, un sentimiento que a él mismo lo sorprendió casi tanto como lo confundió.

— ¡Kenji! –levantó la voz y 9 cabezas se giraron en su dirección, jadeaba tanto que temió las palabras no le saldrían— ¿Cuántas millas para alcanzar el cielo? –sus compañeros de equipo y los chicos de Shoyo lo vieron como si hubiese enloquecido. ¡Ya! El cansancio había acabado con sus neuronas y estaba diciendo incoherencias, Akagi incluso llegó a pensar en hacerle señas a Anzai-sensei para cambiar a Mitsui y que los amables señores de blanco se lo llevaran a un sitio donde pudiera descansar.

— ¿De qué rayos estás hablando, Mit-chi? –preguntó Hanamichi.

¿Me quieres, Keni?

Sí.

—¿Qué tanto?

—¿Cuántas millas para alcanzar el cielo?

—¿Eh?

—Así te quiero yo, Hisashi. De aquí al cielo.

— ¿Qué le sucede? –preguntó Nagano en voz alta pero, cuando se giró para ver a Fujima, su capitán se hallaba tan pálido que temieron se desmayaría en cualquier momento.

— Ken… ¡Kenji! –Hanagata lo hizo reaccionar; estaba aturdido, parecía que el balón le había dado de lleno en la cara y le tomó un suspiro recuperarse lo suficiente para responder.

— Hay que… concentrarnos en la defensa, no podemos dejar que encesten una vez más –dijo, ignorando por completo el caos en su corazón— Sakuragi no está defendiendo, hay que aprovechar esa oportunidad.

Hanagata sabía que estaba alterado, conocía esa mirada y lo que significaba y aquello lo preocupó, y mucho; pero no había tiempo de preguntar más. Las palabras de Mitsui tenían sentido únicamente para el capitán, y sólo Dios sabía qué había querido decir con eso, pero habían sacudido la realidad de Fujima— ¡Maldito Mitsui!

o0o—

Quedaban 2:30 minutos, 60-60 y Mitsui tuvo que salir del juego después de estrellarse contra las sillas recuperando el balón que los hizo empatar. Después de anotar 20 puntos y haberles dado el espectáculo de sus vidas a la legión de chicas que llenaba las gradas, al fin podía descansar, no sólo su cuerpo si no también su mente y su corazón. Se desplomó en la banca en cuanto Kogure lo dejó ahí y limpió su rostro con la toalla, ignorando por completo los cumplidos de sus compañeros de equipo y los aplausos del público. Por una vez su ego quedó olvidado para darle prioridad a su corazón.

— ¡Senpai! –lo llamó Ayako— Ahora te creo. La tuya sí que es una historia complicada –la chica le sonrió y Mitsui le devolvió la sonrisa.

¿Sólo complicada? –se bebió toda el agua de su termo, sintiendo que éste pesaba una tonelada y sus manos temblar sin control. 'Cansado' era una palabra demasiado pequeña para describir su estado actual, agotado, exhausto, a punto de caer muerto, sería mucho mejores opciones, pero, a pesar de todo, aún no podía permitirse el lujo de descansar— No hasta que hable con él. Esto dista mucho de haber terminado.

— ¡Shohoku! ¡Ataque! ¡Ataque! –gritaron a su alrededor pero él sentía que estaba solo. Desde la banca pudo observar a Fujima con calma, sin presiones, sin ojos curiosos, sin miedo; su corazón se entumió al ver la expresión en su rostro cuando Rukawa anotó una vez más. 62-60. A Mitsui no le quedaba más que aceptar que se preocupaba por Kenji, que deseaba verlo sonreír y que era un suplicio presenciar tanta desesperación en su rostro.

Aquella noche en el hospital, hacía 2 años, había sido igual. El sufrimiento en los ojos azules de Fujima lo marcó con tal crueldad que lo había orillado a alejarse de todo lo que conocía para dejar de sentir— Huí, Kogure está en lo cierto una vez más, soy un cobarde y lo que dijo Miyagi en el gimnasio, cuando llegué a causar problemas, también es cierto: estoy atrapado en el pasado. Tanto miedo le tenía a enamorarme de un hombre que enloquecí pero... Ayako tiene razón.

El fondo de todos sus problemas de manejo de ira era muy simple y se resumía a: que no quería ser gay. No quería que le gustaran los hombres y odiaba a Fujima por ponerlo en semejante dilema, no pudiendo parar de cuestionarse su propia masculinidad día y noche y sufriendo de pesadillas— Pero yo siento algo por él, no porque sea un chico, si no porque es él –la realización pareció caerle como un rayo de luz que bajaba desde las nubes, y casi pudo escuchar el coro de ángeles entonando el Aleluya de Haendel.

Era tan simple que se sintió como el idiota más grande que alguna vez pisara la Tierra— Lo amo a él y lo amaría así fuera trol, elfo doméstico, orco o white walker –dos años para llegar a la misma conclusión que su corazón siempre supo. Sí, era un estúpido. En la cancha Fujima casi sufrió un infarto cuando Sakuragi salió corriendo con el balón para encestar una clavada y una vez más Mitsui sintió ese impulso, como electricidad, por abrazarlo.

Y contra toda expectativa Shohoku ganó el partido. Fujima nunca supo si lloró de coraje por perder o de tristeza por haberles fallado a sus compañeros de equipo o por la carga emocional que había sufrido durante ese día. Estaba agotado, física y mentalmente, y sólo quería ir a casa y olvidarse de todo. Recogió sus cosas y siguió a su equipo hacia la salida, tragándose sus propios sentimientos para darles ánimos recordándoles que aún no estaba todo perdido.

o0o—

En la banca de Shohoku todo era gritos, felicidad y brincos. Habían derrotado al segundo mejor equipo de la prefectura y estaban a una victoria, ¡UNA!, de pasar a las Nacionales en primer lugar, ¡ellos! ¡Shohoku! ¡Casi Primer Lugar! Era un sueño, tenía que serlo y Akagi se tuvo que pellizcar varias veces para comprobar que no estaba alucinando; él y Kogure lucían como si se hubiesen sacado la lotería y nada podría arruinar ese momento…¿o sí?

— ¡Senpai! –el grito alarmado de Ayako hizo voltear a Ryota, y las cejas del número 7 se levantaron en completo asombro. Tan contentos estaban todos que nadie vio cuando Mitsui salió corriendo detrás de Fujima.

— Akagi-senpai –Ryota tuvo que jalarlo del brazo para hacerlo voltear y los ojos del capitán doblaron su tamaño.

— Ese idiota –la ley de Murphy: si algo podía salir mal saldría mal. Y Akagi salió corriendo tras él. No confiaba en Mitsui en esos momentos, ya se habían arriesgado a una pelea durante el medio tiempo, Hanagata lo habría matado de haber tenido oportunidad, Fujima no había hecho más que enfrentarlo durante el segundo tiempo, todo Kanawaga parecía saber que habían salido hacía 2 años, y no quería ni imaginar de qué serían capaces todos los implicados ahora que habían derrotado a Shoyo y los ánimos estaban tan calientes.

Si Mitsui se pelea con ellos, si los provoca los suficiente, lo pueden expulsar del torneo y sería adiós a nuestro sueño de ir al Campeonato Nacional –¿cómo era que el momento perfecto se había transformado en pesadilla? Con los chicos de Shohoku todo, absolutamente todo, era posible, algo que el capitán estaba aprendiendo y no lo hacía feliz. Detrás de Akagi, corrieron Ryota y Kogure pero no llegaron antes de que el número 14 alcanzara su objetivo.

— ¡Kenji! –todo el equipo de Shoyo volteó con excepción de Fujima. ¿De dónde sacó energía para correr? Fue el misterio de la década, pero ahí estaba, frente al derrotado, molesto e irritado equipo de Shoyo, arriesgándose a sufrir una oleada de insultos (en el mejor de los casos) un escupitajo o una golpiza que lo dejara imposibilitado para continuar en el torneo (lo cual era lo más probable)— Quiero hablar contigo.

— No puedo creer que todavía tengas las agallas para venir aquí después de lo que has hecho –Hanagata estaba tan furioso que Saint Anger de Metallica parecía haber sido escrita y dedicada especialmente para él. Mitsui se ganó muchas miradas de odio mal contenido, pues no había uno en el numeroso equipo de Shoyo, que no culpara al número 14 por la derrota; después de todo él era quien había afectado tanto a su amadísimo capitán, él lo había insultado en el pasillo y si no fuera por él no habrían perdido...o eso querían creer.

— ¿No crees que ya fue mucho por un día? –Nagano habló, estirándose cual alto era. 1.91 m listos para dejarlo inconsciente si daba otro paso— ¡Lárgate, Mitsui! Ganaron el juego, ¡bravo! Ahora deja a Fujima tranquilo.

— Kenji –pero Mitsui los ignoró, sus ojos clavados en la espalda de Fujima, llamándolo una vez más— Por favor, déjame hablar contigo.

— Acabaste con mi paciencia –gruñó Takano, pero antes de que le partiera la cara…

— ¡Mitsui! –llegó Akagi— ¿Qué está pasando aquí?

— Llévatelo de aquí Akagi, o no respondo por su seguridad –dijo Hanagata, señalando a Hisashi con odio mal contenido.

— Mitsui, vámonos –Kogure lo tomó del brazo— Necesitas descansar, ya tendrás otra oportunidad para…

— ¡Kenji! –pero Mitsui se había transformado en el pokémon 'Kenji', era lo único que podía decir y no había forma de hacerlo escuchar razones.

— Mitsui, Kogure tiene razón. Vámonos –insistió Ryota, temiendo que, si se quedaban más tiempo ahí, los chicos de Shoyo cambiarían de opinión y terminarían por masacrarlos a los 4.

Akagi no habló, ya había comprobado que era inútil y que todo lo que dijera sería usado en su contra, así que simplemente se acercó a Mitsui, lo tomó por el otro brazo y lo jaló con fuerza. No fue complicado, Mitsui con trabajos se mantenía en pie, era como una muñeca de trapo en las manos del capitán Gorila, y sólo pudo ver cómo lo alejaban de ahí antes de que entre los 3 jugadores más altos de la prefectura de Kanagawa lo redujeran a una pulpa irreconocible.

— ¡KENJI!

— Está bien –habló Fujima, al fin girándose para encararlo, Takano y Hasegawa haciéndose a un lado para dejarlo pasar— Hablemos si es lo que quieres.

— ¡Fujima! –exclamaron sus compañeros de equipo con una sola voz. Akagi soltó a Mitsui, viendo al As de Shoyo como si no lo conociera.

— Ken, ¿estás seguro de que es una buena idea? –Hanagata se acercó a él— No tienes que hacerlo, no le debes nada, ¿o ya olvidaste lo mucho que te tomó superar a este pedazo de estúpido? –Fujima levantó la cabeza, eso era lo malo de medir casi 20 cm menos que su mejor amigo, y asintió despacio.

— Estaré bien –le aseguró.

— Entonces te estaré esperando en la entrada –dijo Hanagata, en ese tono de voz que no daba lugar a discusión.

— Yo también me quedo –se ofreció Kogure.

— No tienes que hacerlo –respondió Mitsui, parpadeando varias veces. Estaba comenzando a ver doble y, aunque cada fibra de su cuerpo estuviera pidiendo a gritos recostarse y dormir, se obligó a permanecer en pie— Éste es mi problema, además, si Hanagata decide utilizarme como saco de box no creo que tú y "tu entrenamiento paramilitar" me ayuden a salir con vida –Kogure negó con la cabeza.

— De cualquier forma me quedo –insistió y les dirigió una mirada a Akagi y luego a Ryota— Vayan a descansar, yo veré que Mitsui no se meta en más problemas –el capitán no estaba muy seguro pero decidió confiar en su amigo.

— Lo dejo en tus manos –se despidió Akagi, y él y Ryota se marcharon.

o0o—

Mitsui siguió a Fujima hasta las escaleras que llevaban a las oficinas del estadio. No había ni un alma cerca y Hisashi no pudo evitar sentir un escalofrío al ver como, un sitio tan lleno de vida hasta hacía unos minutos, se hallaba ahora callado y quieto como cementerio. Fujima tomó asiento en los escalones, dejando caer la maleta a sus pies, y Mitsui se desplomó a su lado.

No había caído en cuenta de lo cansado que estaba hasta que por fin tomó asiento, la emoción del día se marchó y le dejó el campo libre a su cansancio logrando que Mitsui en verdad creyera que no sería capaz de levantarse de nuevo. Sus piernas parecían hechas de concreto, su cuerpo se movía con torpeza y sus manos no paraban de temblar. Cerró los ojos un momento, llevándose la mano a la frente y, cuando los abrió de nuevo, se encontró con un termo frente a él.

— Estás deshidratado –dijo Fujima, con la misma autoridad de un médico— Te sentirás mejor después de beber algo.

Mitsui tomó el termo en completo silencio y bebió hasta encontrarle el fondo, tomándose su tiempo para poder estrujar su cerebro y encontrar algo inteligente que decir. Lo peor fue que toda su astucia parecía haberse quedado olvidada en sus otros pantalones pues, por más que lo intentó, simplemente no supo qué hacer, además de ver el termo como si el desgraciado conociera la respuesta a todos los males del universo y simplemente se negara a compartirlos.

— ¿Por qué quieres hablar conmigo? –Fujima rompió el silencio, incapaz de esperar un segundo más— ¿Por qué después de tanto tiempo? ¿Por qué….?

¿Por qué dijiste que me amabas a medio juego? Porque eso fue lo que dijiste con nuestra pregunta –quería una respuesta para aquello pero se contuvo.

— Lo siento –fue lo único que a Mitsui se le ocurrió decir— Perdóname –Fujima abrió los ojos, grandes y redondos como la luna llena cuando pronunció las palabras que por tanto tiempo deseó escuchar. Hisashi levantó el rostro para sostenerle la mirada— No tengo ningún derecho de venir aquí y demandarte nada, pero siento…—negó con la cabeza, eso no era lo que quería decir— Tú mereces una disculpa. No puedo volver el tiempo atrás y resarcir el daño que te hice pero…en verdad lo siento.

Hizo una pausa, por una vez en su vida expresando lo que en realidad sentía, lo que por tanto tiempo deseó negar y esconder.

— Siempre… –continuó Mitsui, su voz tembló y tuvo que carraspear, temiendo no ser capaz de terminar— Siempre creí que tú habías sido lo peor que pudo pasarme pero, cuando ya no te tuve a mi lado, mi vida se desmoronó a pedazos… Ésa es la verdad.

Y eso fue suficiente para que Fujima rompiera a llorar. Dos años había esperado escuchar esto, dos años había deseado con todas sus fuerzas que todo fuese una pesadilla y ahora, al fin, su deseo se cumplió. Lloró sin poder detenerse, al fin explotando después de todo lo que había ocurrido en ése, el día más largo de su vida. Mitsui no supo qué hacer, dejó el termo en el piso y se acercó a él, siguiendo sus impulsos lo abrazó, sintiendo como Fujima se aferraba a él con fuerza, como si su vida dependiera de ello.

— ¿Por…qué…ahora….?….¿por…?—había tanto que deseaba preguntar, que necesitaba saber pero simplemente no podía hablar.

— No lo sé –no era la mejor respuesta pero era lo único que tenía— Tal vez porque sólo hasta ahora puedo…realmente ver con claridad, darme cuenta de que…—acunó su mejilla en la mano, aún temblaba y no podía evitarlo— Te quise odiar por tanto tiempo que al final me di cuenta de que… en verdad nunca dejé de amarte –ahora fue su turno para llorar— Fui un…estúpido…lo siento…lo siento…—tomó sus manos y las besó repitiendo lo mismo una y otra vez.

Se inclinó hacia el frente, casi de forma inconsciente, hasta que su frente descansó sobre la rodilla de Fujima. Lo abrazó por la cintura y se dejó caer en su regazo, llorando y pidiendo perdón, sollozando como un niño y derramando cada lágrima que por dos años había permanecido congelada en su corazón.

o0o—

A Hanagata y a Kogure les dio tiempo de bañarse, cambiarse de ropa, recoger sus cosas, despedir (en el caso de Hanagata) a sus compañeros de equipo y (en el caso de Kogure) cuidar que no se perturbara el sueño de sus agotados amigos; y, aún así, tuvieron que esperar lo que pareció una eternidad en la salida del estadio. A Megane-kun lo ponía nervioso el Miope de Shoyo, caminando enojado de un lado a otro, gruñendo y viendo la hora compulsivamente, listo para morder si alguien se le acercaba súbitamente.

— Por el bien de tu amigo, espero que no le haya hecho nada a Kenji o tendrá que vérselas conmigo –Hanagata amenazó de pronto, tomándolo completamente por sorpresa.

— Hanagata, entiendo que Mitsui no haya sido un modelo de rectitud y derroche de virtudes con Fujima –la verdad sea dicha, Kogure no tenía ni idea de qué había pasado entre esos dos pero sabía que 2 más 2 son 4 y, a juzgar por la discusión en el pasillo, lo acontecido durante el juego y lo que él había presenciado durante su primer año en la preparatoria cuando Mitsui pasó de hablar sin parar de su fabulosa novia Keni (a quién no dejaba de llamar por teléfono) a utilizar su nombre para lanzar maldiciones, algo muy malo había hecho— Pero tengo que darle la razón en una cosa: éste es un problema de 2 y ni tú ni yo podemos meternos.

Bum, bum en dos zancadas Hanagata se paró frente a él y Kogure no pudo evitar cerrar los ojos, levantando el brazo por reflejo seguro de que lo iban a golpear. Pero el golpe nunca llegó.

— Esto NO es un problema de 2 –siseó Hanagata, inclinándose hasta quedar a escasos centímetros del rostro de Kogure— Esto se convirtió en mi problema cuando Mitsui arriesgó la vida de mi mejor amigo.

¿De qué habla? –se preguntó Kogure, ahora más confundido aún.

— A Kenji le tomó 2 años superar lo que ese bastardo le hizo, pasó semanas deprimido, como un fantasma: frío, muerto, gris –continuó Hanagata, recordando el estado en el que Fujima vivió las semanas después de que Mitsui se lesionará la rodilla— Por casi un mes, día y noche, estuve al pendiente de Kenji temiendo que hiciera alguna tontería, escuchándolo llorar y culparse por la lesión de tu amigo –pronunció 'amigo' como si fuera un insulto— Mitsui destrozó la autoestima de Kenji, lo destruyó y, justo cuando Kenji está mejor que nunca, cuando se convierte en un jugador estrella a nivel nacional, aparece Mitsui y lo arruina todo. Si no fuera por tu amigo nunca habríamos perdido este juego.

Hanagata podía estar orgulloso, había conseguido lo imposible: hacer enojar a Kogure; ahora resultaba que no habían ganado por ser un mejor equipo sino porque Mitsui sacó de balance a Fujima— Esto está yendo demasiado lejos –se puso de pie.

— Yo creo que estás subestimando a tu amigo –dijo Kogure, con toda la calma que fue capaz de invocar teniendo a Hanagata furioso frente a él.

— ¿Qué demonios dices?

— Estás preocupado por él, lo entiendo y tienes todo el derecho de estarlo –continuó el vice-capitán, rezando para que el otro no notara sus rodillas temblorosas— Pero tienes que confiar más en él. Estoy seguro de que Fujima es más fuerte de lo que crees.

Hanagata ya no dijo nada pero arrugó la nariz como si oliera a caño. Kogure tenía razón pero ni en un millón de años lo admitiría. Una vez más vio la hora y, harto de tanto suspenso, decidió ir a buscar a Fujima. Kogure adivinó sus intenciones y corrió tras él aunque, tal y como Mitsui dijo, si el número 5 de Shoyo decidía que usaría sus cabezas como balones no habría mucho que él pudiera hacer para evitarlo, pero no dejaría a su amigo solo.

— ¡Ken! –lo llamó Hanagata— ¡Ken!

Por favor Mitsui, no hayas hecho una tontería o ambos saldremos de aquí directo a la funeraria –rezó Kogure, cuando encontraron a Fujima sentado en las escaleras con Mitsui dormido, sí, dormido con la cabeza sobre sus piernas. Ambos se detuvieron en seco al verlos: uno durmiendo con toda tranquilidad y el otro acariciando su cabeza con suavidad, peinando su corto cabello con los dedos. Kenji levantó la cabeza y arrugó la frente como si no supiera quienes eran.

— ¿Estás bien? –preguntó Hanagata, pero su capitán colocó el dedo índice sobre sus propios labios.

— Baja la voz –susurró y Hanagata lo vio como si se hubiese tragado una roca. ¿Qué bajara la voz? ¿Ahora tenía que cuidarle el sueño a ese bastardo?

— Fujima, no tienes que molestarte –habló Kogure en voz baja, viendo a Hanagata nerviosamente por el rabillo del ojo— Yo puedo llevarme a Mitsui de vuelta al vestidor –el As de Shoyo lo consideró por un momento hasta que finalmente asintió.

— Yo te ayudo –y para completo disgusto y asombro de Hanagata, Kenji ayudó a Kogure a levantar a Mitsui.

— Kenji…

— No tardo –le aseguró Fujima, volteando la cabeza para verlo— Te veo en la entrada.

No fue fácil transportar a Mitsui al vestidor de Shohoku, eran 70 kg de peso muerto y no importó que tanto lo sacudieron o si estuvieron a punto de tirarlo 2 veces, simplemente no había forma de despertarlo. Lo dejaron durmiendo junto al resto del equipo y, al salir, Fujima hizo una pausa.

— ¿Podrías darle un mensaje a Hisashi? –Kogure no estaba esperando aquello pero se repuso rápido y asintió.

— Por supuesto.

— Dile que mi teléfono sigue siendo el mismo.

Continuará…


N/A: Esto no hace más que comenzar ^^ Espero no haberles aburrido tanto con el partido (ya no sabía ni qué hacer para resumirlo :P) Una vez más gracias por leer y hasta la próxima semana :D :D