Era un día soleado, las aves volaban por el cielo y la brisa era suave y refrescante, en el jardín puesta una mesa con una sombrilla, estaba una joven de larga cabellera oscura tomando un poco de café, mantenía las piernas cruzadas mientras sostenía unos papeles, sentado enfrente un hombre encapuchado, atrás de ella un joven de cabellera entre azulada y ojos grises.

-¿Qué opina señorita Chieko?- pregunto el hombre encapuchado

-Todo lo que dice aquí es absurdo- contesto la menor para molestia del hombre.

-se que suena absurdo, pero usted tiene la prueba que me da la razón- miro hacia la mano derecha de la joven- ese anillo es la gran prueba, el símbolo que indica su único destino.

La joven dejos los documentos en la mesa y miro de reojo su anillo, hasta hace unos meses su aspecto no era el actual, antes era de un estilo simple, por así decirlo, se separaba en dos y al juntarlos llevaba el símbolo de la luna en sus cuatro fases, sin embargo su aspecto actual era totalmente diferente, en el centro llevaba una gema color plata en el cetro de esta se encontraba el símbolo de la luna en sus fases y por fuera sirviendo de protector un pequeño cruce de metal con la leyenda "vongola".

-No sé qué tiene que ver el anillo con esta historia absurda- refuto la joven- este anillo ah pasado de generación en generación en mi familia.

-No pienso discutirle eso señorita Chieko, pero, no se ah preguntado- sonrió con malicia al ver que la menor lo miraba a los ojos- ¿Por qué a pesar de su nombre japonés no vive en aquel país oriental?, es decir su sangre es japonesa, porque tiene que vivir tan lejos de sus raíces aquí en el extranjero.

La menor frunció el ceño.

-No sé bien las razones, eh de admitir que mi sangre es japonesa, pero desde hace ya 9 generaciones vivimos en este país- dijo en defensa.

-Si claro, México es un país rico en todo, seamos sinceros señorita, también desea saber que ocurrió en el pasado de su familia ¿o me equivoco?

-Mario- hablo la joven con voz firme captando la atención del chico- déjame sola con este hombre

-Pero princesa, no puedo hacer eso- dijo con su voz preocupada

-Te lo estoy ordenando, como la decima jefa de la familia Tsukimi-dijo con voz firme y autoritaria

-Si princesa- dijo para comenzar a retirarse del jardín y entrar en la hermosa casa color rojo mientras miraba al hombre con malos ojos, este sonreía sínicamente.

Japón, Ciudad de Namimori, Lunes 9:00 am

El día empezó tan tranquilo para el joven decimo Vongola. Claro tranquilo a lo que ya se acostumbro, primero Reborn lo despertó lanzándole una bola de boliche en el estomago, ¡Oh que dulce despertar! Y ahora el relajo del desayuno, lo bueno es que ese día tenia libre de escuela, y había planeado salir con todos sus amigos al centro comercial. Termino de desayunar y subió a su habitación a arreglarse bajo y salió de su casa encontrándose con sus dos mejores amigos y guardianes de la tormenta y la lluvia.

Reborn se disponía a salir y seguir a los jóvenes, cuando la voz de Nana lo detuvo.

-Reborn-kun- hablo la mujer

-¿Qué pasa Mamá?- pregunto el hitman mientras miraba a la mujer

-Iemitsu te mando esto-dijo mientras le acercaba una carta- me pidió que te lo diera sin que Tsuna se diera cuenta- explico para después irse a la cocina.

El hitman miraba la carta con sumo interés, sin esperar más tiempo la abrió y comenzó a leerla quedando estático y sin creer lo que le comunicaba el jefe de la CEDEF.

Mientras tanto Tsuna y compañía caminabas al centro comercial de Namimori, durante el camino se encontraron cao Haru, Chrome, Kyoko, Hana y Ryohei. Sin duda alguna la paz los invadía, ya no tenían de que preocuparse, la maldición de los arcobalenos había terminado, ahora todo era paz y tranquilidad como al principio. Y asi llegaron al centro comercial de Namimori, con las constantes peleas de Gokudera y Ryohei con un Yamamoto tratando de calmarlos, Chrome riendo de lo sucedido, una Hana enojada, y con Kyoko y Haru sonriendo. Tsuna, por el contrario miraba fijamente un punto del lugar, de pronto echo a correr para sorpresa de todos, quienes buscaban a alguien pero solo vieron una cabellera rubia muy familiar.

-Dino-san- grito el castaño

El joven rubio que iba caminando y se giro a ver quien lo llamaba, sonrió al ver a su hermanito corriendo a su dirección.

-Tsuna- dijo con cierta alegría

-Creía que ya habías regresado a Italia- dijo Tsuna al alcanzarlo

-Eso me gustaría, pero en la escuela no me dejaron, así que seguiré siendo su profesor de ingles

Termino de decir mientras los demás llegaban para empezar a reír.

De pronto una explosión se escucho.