Después de una media hora Chris despertó a Leo para que bajara a comer, y a Peter para que comiera, en la bandea que le había llevado. El chico seguía sin querer probar bocado, pero Chris tuvo paciencia y decidió darle su espacio. Llamó a Wyatt, y le dijo que tenían que hablar con su padre, y contarle todo. Su hermano estuvo de acuerdo, y a los pocos minutos orbitó. Wyatt le reiteró su entera disposición para encontrar y destruir a Barbas, y Chris se lo agradeció:

- Es peligroso, sobre todo si cuenta con unas víctimas tan….colaboradoras – dijo Chris, con cierto pesar.

- ¿A qué te refieres?

Le contó a Wyatt lo que había pasado con Peter. Chris se sorprendió al ver que se enfadaba. Wyatt quería a Peter más de lo que creía posible, pero a veces no le entendía. Tanto pesimismo, tanto autodesprecio, tanta culpabilidad absurda estaban fuera de su campo. Sin ser superficial, Wyatt se consideraba bastante simple. Tenía sentimientos, por supuesto, y no siempre tenía días buenos. Pero nunca, ni en sus peores momentos, había llegado a pensar que dejarse matar por un demonio pudiera llegar a ser lo mejor para su familia. Le frustraba la actitud de su sobrino, e iba a decirle a Chris lo estúpido que le parecía cuando Peter bajó de su cuarto.

- ¡Oh! ¡Hola tío! – saludó al verle.

- Hola. Por decir algo. – le dijo de forma brusca.

- ¿Pasa algo? – preguntó Peter, deteniéndose de pronto, guardándose el abrazo que le iba a dar.

- Pasa que casi te matan hace dos días, y por lo visto te quedaste con ganas de más.

- Ah. Eso.

- Sí, eso. ¿Es que te crees que esto es un juego?

Eso era otra cosa que le molestaba: Peter no entendía lo peligrosos que podían llegar a ser los demonios. Parecía no entender del todo ese mundo suyo, pero se dijo que era normal, que aún tenía que acostumbrarse.

- No, tío, claro que no. Es que…

- Es que nada. Te has puesto en peligro.

- Sí…- admitió Peter, sin nada más que decir. Sin previo aviso, Wyatt le dio un azote.

- No vuelvas a hacerlo nunca ¿me oyes?

- Papá ya me castigó…-protestó Peter, conteniendo el impulso de hacer un puchero. Quería que le mimaran, no que le castigaran más.

- ¡Me da igual! –gritó Wyatt. - ¡Eres un irresponsable!

Su enfado se esfumó de pronto al ver que los ojos de Peter se llenaban de lágrimas. Suspiró, y le dio un abrazo.

- ¿Te duele mucho? – le preguntó, en voz mucho más dulce, sorprendido por oírle llorar. Quizá Chris hubiera sido bastante duro con él…

- No. Es que me has gritado.

Sin poder evitarlo, Wyatt sonrió.

- Estás sensible ¿eh?

- Es que papá se ha enfadado mucho – dijo Peter, y esta vez soltó el puchero perfecto.

- Porque tú metiste la pata mucho – intervino Chris, que les había dejado algo de privacidad. – Y no me he enfadado. Sólo he dejado claro mi punto.

- Cristalino. No te enfades, tío - pidió, en un tono infantil y lastimero. Wyatt le estrechó en sus brazos una vez más, y luego le soltó.

- No quiero que te pase nada malo. – le dijo. – No quiero que vuelvas a pensar en esas cosas.

- Descuida. Papá ya fue muy convincente.

- Pobrecito – le dio Wyatt, en un tono que Peter no le había escuchado nunca. Chris si le había hablado así alguna vez, como si fuera un niño pequeño, pero Wyatt no. En sus labios sonaba raro, y gracioso.

- Hace un momento tú mismo le querías asesinar ¬¬ - dijo Chris, al ver que se ponía de su parte.

- Sí, pero tengo que defender a mi sobrino. – dio Wyatt, aun medio bromeando. Pero luego se puso serio, y miró a Peter. – No fue culpa tuya. Espero que lo sepas.

- Papá también fue muy claro en eso – respondió Peter, y luego abrazó a Chris. – No sé si tendrás razón, pero gracias por tratar de que lo entienda.

- Te quiero – susurró Chris, y le acarició el pelo. De pronto aquello le pareció poco, y le abrazó con más fuerza, como si se quisiera fusionar con él.

- Pero qué nenazas…- murmuró Wyatt.

- Totalmente de acuerdo – dio Nick, apareciendo desde las escaleras.

- Nadie se cree vuestra fachada – replicó Chris – Así que dejad de intentarlo.

Peter se abochornó un poco por aquella muestra "pública" de afecto, y se fue con Nick, dedicándole a Chris una última sonrisa.

- Da envidia, ya lo sabes – dijo Wyatt.

- ¿El qué?

- Ver que te quiere tanto. Tendría que estar por ahí, criticándote con sus amigos, y en lugar de eso te da una media de diez abrazos por día.

- Peter ha vivido mucho tiempo sin nadie que le quiera. Supongo que aprecia mucho lo que es tener una familia. Aunque creo que aún no termina de entender cómo funcionan. Sigue queriendo hacer todo sólo…

- Fíjate, que a mí me recuerda a su padre…

- Muy gracioso, Wy. Hablo en serio.

- No, si yo también. Tú has hecho básicamente lo mismo que tu hijo.

- ¡No! ¡Yo no he ido por ahí buscando la manera de invocar a un demonio para que haga lo que quiera conmigo!

- Pero te has enfrentado a uno sin decirle nada a papá…

- No voy a ponerle en peligro…

- …que es básicamente el razonamiento que ha seguido Peter…

- Oye ¿has hablado con Nick? – preguntó Chris, algo molesto.

- No – respondió Wyatt, sin entender el cambio de conversación. - ¿Por qué?

- Porque él me dijo algo parecido.

- Al menos, uno de tus hijos tiene sentido común.

- Que el del sentido común sea Nick da escalofríos. – le dijo Chris – Escucha…No es lo mismo ¿vale? Peter es mi hijo, y no puedo dejar que se ponga en peligro…

- Y tú eres el hijo de papá. Y no puede dejar que te pongas en peligro.

- Pues…¡tendrá que acostumbrarse! Somos brujos ¿no? ¡Es lo que hacemos!

- Juntos, Chris. Lo hacemos juntos.

- Bueno, te he llamado para hablar con papá. Estoy dispuesto a hacer las cosas bien ahora.

- Me alegra oírlo. Dices que papá estaba molesto: eso es porque no oíste a mamá. Me sorprende que no haya venido ella también a gritarte un rato.

Poco después se les unió su padre, y estuvieron buscando la forma de acabar con Barbas. Wyatt y Chris hicieron pociones. En un determinado momento, cuando llevaba un rato pensativo, Chris dejó caer con fuerza uno de los ingredientes, con frustración.

- ¡No tiene ningún sentido! ¿Qué interés tiene en Peter? ¿O en cualquiera de mis hijos? Que quiera a Leo puedo llegar a entenderlo, tiene poderes. Pero...¿ellos? ¿Qué interés tiene un demonio en dos mortales?

- Lo averiguaremos, Chris.

- Papá, no puede pasarle nada – dijo Chris con mucha intensidad, como si quisiera ordenarle al destino como tenía que hacer su trabajo.

- Lo sé. – le aseguró Leo, y puso una mano en su hombro – No lo permitiremos.

Estuvieron aún un rato más y Chris encontró que las palabras de su padre le reconfortaban. No consiguieron gran cosa, pero se sentía más liberado. Ya no cargaba él sólo con aquél enorme peso. Quizá fuera cierto que debía dejarse ayudar más a menudo. Cuando su padre y su hermano se fueron, se quedó pensando al respecto.

Una vez a solas, fue a ver qué hacían sus hijos. Leo estaba en su cuarto, haciendo deberes. Chris se quedó con él un rato, y le ayudó.

- ¿"Absorber" va con b o con v? – preguntó el niño.

- Con b las dos.

- ¿Y "abochornarse"?

- También.

- Pues entones escribo fatal – dijo el niño con voz triste, mientras corregía algo en el papel – Las había escrito las dos con v.

- Dos faltas de ortografía en una redacción está bastante bien – le dijo Cris, que lo creía de verdad. Le parecía bastante poco para un niño de ocho años. – Todo es cuestión de práctica, campeón. No va a salirte perfecto a la primera, pero eso no quiere decir que escribas mal.

Leo esbozó una sonrisa para él.

- Ya he terminado – anunció.

- ¿Todo? Estupendo, campeón.

- ¿Puedo jugar al ordenador con Nick?

- Claro que sí, si él no está ocupado.

Nick no lo estaba. Y desde ese momento y en lo que quedó de tarde, no existieron más "Nick y Leo", porque se vieron abducidos por la pantalla del ordenador. Chris se puso nervioso a la tercera vez que quiso decirles algo y se sintió ignorado, así que les dejó en paz, y se alejó de su habitación maldiciendo por lo bajo.

Fue a ver a Peter, y le encontró estudiando, para ponerse al día con las clases a las que no había ido. Ariel estaba debajo acurrucada junto a él. Chris no supo decir si estaba dormida. El chico parecía muy concentrado, e iba a seguir de largo para no distraerle cuando se dirigió a él:

- Leo me ha dado las gracias por salvarle la vida. Eso me ha recordado que yo tengo que darte las gracias también, por salvar la mía. Si no hubieras venido, Barbas hubiera acabado con los tres, sin ningún problema. O me hubiera llevado con él. O lo que sea que quisiera hacerme. Eso, que gracias.

- No tienes que agradecerme nada, Peter. Sólo lamento no haberme dado cuenta de que el otro demonio era una trampa…

- ¿De qué hubiera servido que lo supieras? ¿Hubieras dejado sólo al tía Wyatt por eso? No tenías más remedio que hacer lo que hiciste.

- Siento no haber estado para impedir que te hirieran.

Peter tardó en responderle. Levantó la cabeza de su libro, y le miró.

- Por mucho que quieras, no puedes protegerme de todo. No has…podido hacerlo…en el pasado. Pero siempre estás ahí para curarme, y no estoy hablando sólo de heridas físicas. No hay nada que debas sentir, sino que más bien yo tengo otro motivo para darte las gracias.

- Peter, soy tu padre….No tienes que darme las gracias porque desee tu…bienestar.

- Según mi no tan corta experiencia, sí debo hacerlo.

Chris se sentó en la cama.

- Nunca me has hablado…de las otras personas que te adoptaron, aparte de Derek.

- No hay mucho que decir. No eran mala gente, pero no fueron una familia. Jamás les sentí así. Tampoco les di una oportunidad. Me pasé el tiempo intentando que me devolvieran, y encontré una buena táctica en el pasivismo absoluto. No comer, no hablar…les ponía de los nervios. Y, cuando lo de no comer empezó a ser un problema, me devolvieron por fin junto a Nick.

- Deberían haberte hecho comer. Yo te hubiera obligado.

- Lo sé – dijo Peter, con una sonrisa. – También hubieras escuchado mis deseos de volver a ver a mi hermano. Pero supongo que no todo el mundo sabe ser un buen padre. Lo hicieron lo mejor que supieron. Gracias a ellos aprendí cierta independencia, porque no pasaban mucho tiempo en casa. Casi lo contrario de ti, que estás siempre con nosotros.

Chris le miró sin saber si aquello era una crítica. Peter pareció darse cuenta de sus inquietudes, porque le aclaró:

- Lo cual es estupendo. Sólo digo que con ellos era diferente. Reconozco que durante un tiempo les guardé un poquito de rencor. ¿Me adoptaron para ser un mueble más, o para cuidar de mí? Pero después de Derek, me parecen unos tipos estupendos.

Chris no hizo comentarios. Él no podía ser tan benevolente. Aquellas personas habían contribuido a que Peter pensara que debía resolver sus asuntos por sí mismo, porque nadie iba a ayudarle. El chico se había quedado pensativo, y siguió con su monólogo interno exteriorizado.

- A quien más odio es a mi padre. El primero. El que puso su sangre.

Chris meditó sobre el hecho de que Peter odiara a su madre y a su padre biológicos. ¿Aquello estaba bien? ¿Era "natural"? Supuso que cuando tienes unos padres que te abandonan, es una posibilidad bastante lógica.

- No...no le conoces…¿cómo puedes odiarle?

- Precisamente por eso. Él si podía haber estado allí, para protegerme. Y no estaba. Nick cree que ni siquiera sabe que existimos. Si es así….¿qué clase de persona es? ¿Alguien que va por ahí dejando embarazada a la gente por una historia de una noche? Sea cual sea su historia, ese hombre es un fantasma. Un desconocido. Y un ser despreciable.

Chris pensó que Peter estaba siendo un poco duro. Quizá porque estaba acostumbrado a que su hijo no juzgara a la gente, sino que viera sólo el lado bueno incluso cuando éste no existía. Pero estaba en su derecho de detestar al hombre que nunca había formado parte de su vida.

- ¿Y yo dónde encajo en todo esto? – preguntó Chris.

- Tú me salvaste, papá. Puede que no tenga tus genes, pero me has dado una vida. Eres más padre mío que ninguna otra persona. Y aun así, hay algo que no puedo perdonarte.

Aquella última frase descolocó a Chris por completo. Tenía miedo de preguntar, pero tenía que hacerlo. Buscó en su mente a qué cosas podía referirse.

- ¿Qué no haya estado en todos estos años en los que has necesitado a alguien?

Peter negó con la cabeza. Eso no era culpa suya.

- ¿Qué…qué me fijara primero en Nick?

Esa era una inquietud que Peter había expresado alguna vez, pero volvió a negar con la cabeza. Chris se estaba quedando sin ideas. Lo de la foto de Derek ya lo habían solucionado. Empezó a pensar en otro tipo de cosas. Algo que él no sintiera haber "hecho mal" pero que Peter pudiera ver de otra manera…

- ¿Qué te castigue?

Peter sonrió, negando al mismo tiempo.

- Que no me hayas traído el helado. Me lo comí todo, como dijiste. – declaró, en tono infantil. Chris suspiró, aliviado. Peter estaba hablando en broma. Se rió. – Ríete, pero quiero mi helado – insistió el chico, pero se rió también. – Para que aprendas a no sobornarme en falso. Tengo muy buena memoria para lo que quiero.

- Ya lo veo. ¿De verdad quieres helado? Hay un arsenal en el congelador. Sólo elige un sabor.

- Chocolate, por supuesto. Chocolate blanco. Es mi favorito.

- También es el mío.

Chris trajo dos helados uno para él y otro para Peter, y estuvo un rato más hablando con él. Luego le dejó estudiar y se fue a la ducha. Cuando salió, Leo y Nick seguían con el dichoso juego de ordenador.

- Se os van a caer los ojos. - les dijo de pasada, y ni siquiera recibió un ruido como respuesta. Probablemente ni le hubieran escuchado.

Chris chirrió los dientes y se fue hacer la colada. Hizo un par de cosas más, y luego se puso con la cena. Tuvo que llamar a Nick y Leo varias veces, y ya no pudo más. Cuando bajaron, habló con ellos.

- Lleváis toda la tarde con ese juego. Ya es enfermizo. Dejarlo por hoy ¿de acuerdo?

Cenaron, y luego estuvieron todos en el salón jugando con Ariel. Tras un rato les mandó acostarse, pues al día siguiente era Viernes y había clase. Peter no había ido en toda la semana y Chris le recordó, aunque sabía que no hacía falta, que volver a hacer pellas estaba descartado.

Cuando subió a acostarse él también, vio que Leo estaba en el cuarto de Nick, jugando los dos al dichoso juego. Chris frunció el ceño, pero no les había prohibido expresamente que lo hicieran, aunque sí les había sugerido que lo dejaran por aquél día.

- Ya es tarde. Tenéis que acostaros, venga. – dijo, tratando de ser paciente, y se llevó a Leo a su cama. Cuando todos sus hijos se hubieron acostado, se durmió él también.

Se despertó a las tres de la mañana, para ir al baño, y le pareció oír algo. Eran…¿teclas? Escuchó con más atención, y oyó murmullos. Tras una rápida inspección, descubrió que Leo volvía a estar en el cuarto de Nick, en el maldito ordenador.

- ¡Son las tres de la mañana! – les dijo, en un susurro airado. Los chicos parecieron sorprendidos de verle.

- Lo siento, papá, ya lo dejamos…

- Teníais que haberlo hecho cuando os lo dije. Mañana no va a haber quien os levante.

Chris no se podía creer semejante obsesión. La cama de Nick ni estaba deshecha: no había dormido nada y le quedaban sólo cuatro horas para tener que levantarse. Lo peor era que Leo iba a dormir lo mismo. Chris se sentó en la cama e hizo que Lo se tumbara sobre sus rodillas. Le bajó el pantalón del pijama e ignoró las protestas del niño.

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- Si digo a la cama, te vas a la cama. Hay vida más allá de un estúpido juego, y mañana tienes que ir al colegio.

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Le levantó y le consoló un poco, porque estaba llorando, pero le mandó a la cama antes de que se hiciera más tarde. Luego hizo que Nick ocupara el mismo lugar que había ocupado Leo sobre su regazo.

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- Te digo exactamente lo mismo que a tu hermano. Habéis estado toda la tarde con el ordenador. Despediros de él durante el fin de semana.

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Le incorporó, y le sorprendió ver que lloraba. No había sido un gran castigo. Le frotó la espalda con ternura.

- Ya sabes que debes obedecerme, Nick,

El aludido asintió, con pena.

- Pues ale, métete en la cama, y a dormir. Y no llores más, cielo. Lo que te pasa es que estás muy cansado. Vamos, acuéstate, eso es.

Casi al momento de que se metiera en la cama, Nick se durmió. Chris le dio un beso en la frente, le arropó bien, y fue a ver a Leo. Al principio pensó que estaba dormido, pero luego se dio cuenta de que sólo tenía los ojos cerrados. Se acercó a él y se agachó junto a su cama. Se miraron a los ojos.

-Me has castigado – le acusó Leo, con voz de estar medio dormido.

- Me has desobedecido – respondió Chris, en el mismo tono. Leo hizo un puchero, y Chris le dio un beso en la cabeza. – Buenas noches, campeón. Descansa, aunque sólo sea un rato.