NUESTRA PROMESA

Capitulo 1-Después de tanto tiempo.

Hola, este es mi primer fic que hago, espero que les agrade, bueno actualizaré tan pronto como acabe el segundo capítulo así que dejen reviews de cómo les pareció el primer capítulo. Hasta pronto y gracias por leer...

"AVISO": He subido de nuevo varios capítulos del fic, arreglando faltas de ortografía y alguna información que no había puesto en los capítulos. Si son nuevos lectores, bienvenidos, y no se preocupen, es la misma trama sólo que trato de aclarar puntos que se me pasaron. Y si ya lo has leído como estaba escrito antes, te invito de nuevo a leerlo, si quieres. Y repito, es para aclarar ciertos puntos, conductas, faltas de ortografía, etc. Gracias por escuchar/leer.

DANNY PHANTOM NO ME PERTENECE, LE PERTENECE A BUTH HARTMAN.


Capitulo 1- Después de tanto tiempo.

El ligero mareo del avión comienza a irritarla, no es la primera vez que viaja en uno, pero está tan nerviosa que existe excusa como para detener el avión y bajarse en cualquier aeropuerto más cercano. El sonido de las guitarras y la batería, provenientes de los auriculares que rodean su cuello, calman un poco sus enredados pensamientos.

Sube la persiana de la ventana a su costado, sus ojos violetas no tardan en entrecerrarse recibiendo un fuerte brillo dorado, sus labios pintados de un tono morado forman una pequeña y traviesa sonrisa dándole una bienvenida a la radiante puesta de sol que observa. Capta algunas de los grandes monumentos y edificios de la ciudad, que le avisan que no está muy lejos de aterrizar.

Sus ojos se cierran lentamente sintiéndose, por primera vez en meses, relajada. Creyendo que las preocupaciones que tanto la atormentan durante las noches cesarán y que son sólo poca cosa contra la alegría que tanto quiere despistar. Y es que Sam Manson aún no puede creerse eso de que ahora regresa a Amity Park, eso de que es libre de aquel colegio, el cual según ella deberían llamarlo "cárcel para adolescentes", al cual sus padres la obligaron a ir hasta Europa; y no porque pensaran que ella quería estudiar en el extranjero o porque creyeran que la educación era mejor allá, pero para Sam estaba más que claro que sólo había sido una traición de sus padres.

A sus 16 años le llego la noticia, o más que nada un aviso, de que la habían aceptado en una de las más prodigiosas universidades de Europa, exactamente en Londres, sabiendo perfectamente que ella no mandó ninguna solicitud, por supuesto, era obra de sus padres. Después de aquel accidente que estuvo a punto de arrojarla en un ataúd bajo tierra, sus padres ponían todo su esfuerzo por convencerla de que lo que hacía nunca estaba bien; de que Daniel, su ex novio, solo terminaría lastimándola o peor aún, poniéndola de nuevo al borde de la muerte. Ella simplemente los ignoraba y trataba de hacer todo lo posible para ver a Danny. Sus padres creyeron que la única opción existente era el de alejarla de él por todo medio posible, y lograron su propósito: proteger a su hija.

Como Sam aún era menor de edad en ese entonces, no podía decidir legalmente hacia donde continuar con sus estudios, sus padres la obligaron a viajar a Europa para que se quedase a vivir con uno de sus tíos; Y su vida continuó ahí por 4 largos años, en los cuáles sus únicos pensamientos eran el de volver a casa, volver a ver la amada nieve de invierno sostenida en las rama de los árboles de Amity Park, observar el atardecer junto con su amado en aquella colina donde declararían por fin sus sentimientos, deseaba sentirse viva y tener en mente que su futuro sería algo parecido al que todo ser humano quiere: Ser feliz.

Las incesantes vibraciones de su teléfono celular causan que salga de su reflexivo sueño rápido, se separa un poco del respaldo del acolchonado asiento y toma el molestoso aparato. La pantalla indica que tiene una llamada perdida y el nombre de Tucker aparece de repente causando que el aparato vibre nuevamente.

-Hola, Tucker. ¿Cómo va todo allá en el aeropuerto?- dice en voz baja tratando de no despertar al sujeto que se encuentra dormido en el asiento junto a ella.

-¡Hey, Sam! Todos estamos muy emocionados por verte, después de 4 años no puedo imaginarme si aún eres la misma Sam de siempre: gótica, vegetariana, sarcástica y un poco gruñona.

-¡Oye!- reclama la pelinegra tratando de sonar enojada.

-Es broma, Sam.- responde entre risas. -¿Y qué tal tú viaje en avión? Sabes que nunca me gustó subirme a ellos.

-Bien. Si no me equivoco, creo que pronto aterrizaremos. ¿Y cómo va todo allá en el aeropuerto? ¿Él está ahí?

-La verdad tengo que decirte algo, antes de que te des cuenta de una forma no correcta.- el tono serio de su amigo hace que la pelinegra se preocupe.

-¿Qué pasa, Tucker, algo malo pasó?

-No, es sólo que… es que…- vacila tratando de decir de la manera más correcta lo que a su amiga dejaría lastimada.

La voz de la azafata resuena a lo largo de filas llenas de pasajeros, dando todas las indicaciones antes de que aterricen. -Tucker, tengo que colgar, te veo en unos minutos.- corta la llamada y guarda su teléfono mientras acota todas las indicaciones.


En el aeropuerto, precisamente en la sala para esperar, un enorme cristal los separa de la pista de aterrizaje. Jazz y Valerie conversan emocionadamente acerca de algún artículo publicado referente a las combinaciones de zapatos, y Tucker, un poco harto de escuchar notas de revistas, se encuentra sentado con los brazos cruzados sobre su pecho preguntándose mentalmente el cómo Sam se tomaría la noticia de que Danny contraerá, en un par de meses, matrimonio.

A lo lejos, en uno de los aviones acabados de aterrizar en la gran pista, pueden ver a su antigua y querida amiga bajar por una de las escaleras de aquella blanca y gigantesca nave. Lleva unos pantalones de mezclilla negros ajustados y entubados; una blusa color morado con pequeños olanes figureados en el cuello y orillas; una hermosa remera negra y un par de botas negras no muy distintas a las que llevaba en su adolescencia. Su ahora largo cabello llegaba mas allá de los hombros pero manteniendo su estilo de peinado, algunos de los mechones salían desde su frente hasta esconderse detrás de sus orejas. Era más alta y su esbelta figura le quedaba bien con el atuendo gótico que traía puesto.

Bastaron unos minutos para que los brazos de Tucker, Jazz y Valerie rodearan su cuello con tanta fuerza que parecía quererla asfixiar.

-¡Me da mucho gusto verlos de nuevo!- Sam comentó con una sonrisa en los labios dejando en reposo sus maletas.

-Sam, mírate, te ves tan diferente-. dijo Valerie extendiendo sus manos un poco a los costados, creando un ademán.

-Creo que mi cabello me delata. ¿Y… en dónde está Danny?- preguntó la gótica buscándolo con la mirada, pero no lo encontró, la idea de que no estuviera ahí le atemorizaba tanto, nunca comprendió el por qué Danny tenía esas ideas que apoyaban a las de Pamela y Jeremy Manson, que separarse y llevar la idea de que entre ellos no habría nunca un futuro era lo mejor.

-Justo ahí vienen.- Jazz apuntó con la mirada, un poco lastimosa, detrás de donde se encontraba la joven de cabello negro.

Sam pregunta en un silencioso susurro "¿VieneN?" haciendo énfasis en la última letra. Vuelve su mirar hacia donde la hermana de Danny ha apuntado. Sus ojos no creen para nada lo que ven, Danny y Paulina frente a ella, tomados de las manos como si fuesen novios, o ¿lo son?, el debate en su cerebro comienza dándole un fuerte dolor de cabeza que más tarde, seguramente, se convertirá en migraña.

Danny se abalanza hacia ella entregándole el más cálido abrazo que puede dar, pero Sam apenas y pudo sentirlo pues su cuerpo no corresponde de igual manera. El shock en su cabeza aún no se aleja de sus pensamientos que chocan entre sí debiéndole múltiples respuestas. Sus brazos apenas flexionados casi a la fuerza, desean a la vez alejarse del cuerpo de Danny. Su mente pide a gritos que lo que acaba de ver sea sólo una estúpida pesadilla y desea que pronto despierte gritando en su habitación de la universidad. Pero no sucede, todo es real, tanto, que quisiera nunca haber entrado al avión.

Danny se percata de la actitud de la que una vez fue su compañera cazadora de fantasmas. Se separa un poco de ella y pregunta mirándola detenidamente a los ojos -¿Estás bien?

-Sí, es solo que estoy un poco aturdida por el viaje.- se excusa bajando la mirada y corresponde falsamente el abrazo. -¡Oh, Danny, me alegra mucho verte!- exclama fingiendo muy bien su voz, escondiendo aquel deje de tristeza. Antes de separarse, Sam puede notar por un segundo como Paulina la fulmina con la mirada y se queda torciendo los labios.

-Hola, Samantha, que bueno que hayas llegado bien de tu viaje.- su voz era más que empalagosa, además el hecho de que la llamara por su nombre completo enojó a Sam, un acto que Paulina sabía que molestaría a la gótica. Pero Sam se preguntaba si los demás, a excepción de Danny, se habrían acostumbrado ya a la imitación barata de "soy mejor que ustedes, perdedores" de la Latina.

-Sam ¿En dónde te quedaras a dormir?- Tucker interrumpe el incómodo momento tratando de pasar por alto el tema de la boda de Danny.

-Supongo que en la mansión de mis padres, aunque ellos están ahora fuera, aún tengo las llaves de la casa y puedo quedarme cuando yo quiera.

-Bueno, creo que sería una buena idea irnos antes de que comience a llover ¿no lo creen?- comenta Jazz caminando hacia la salida.

-¿Quieres que te ayude con esto?- Danny toma una de las maletas de Sam y sonríe mientras carga otra.

-Vamos Sam, espera ver la camioneta que compré gracias al trabajo que conseguí en uno de los laboratorios Axion junto al padre de Val. Soy uno de los principales expertos en la tecnología del centro, nada puede salir o entrar del sistema sin que yo lo permita.

-Bien por ti, veo que has conseguido un trabajo en lo que realmente te gusta, y creo que a Valerie le agrada mucho que trabajes junto a su padre- dice Sam dándole un suave codazo en el abdomen.

Suben a la camioneta de Tuck y se disponen a seguir el camino de regreso a casa. Al cabo de un rato comienzan las pequeñas gotas de lluvia a rebotar contra los vidrios polarizados. Sam nota un cambio radical en cuanto a la ciudad, hay mas abastecimientos de comida, ropa, boutiques, centros comerciales; al igual que muchos más edificios de trabajo y empresas alrededor del centro.

Cuando las ruedas del auto se detienen Sam no duda en jalar la manija de la puerta para bajar. Sus ojos vislumbran el gran letrero iluminado con la leyenda "Fenton Works", justo frente al marco de la puerta principal, Maddie, Jack y un hombre con una pequeña niña en brazos, los esperan.

-¡Sam, querida, estoy feliz de que puedas estar aquí con nosotros!- comenta la madre de Danny abrazando a la chica con cariño.

-¡Oh, pequeña, es bueno verte de nuevo!- Exclama Jack Fenton rodeándola junto con su esposa. La gótica, muy feliz les devuelve el gesto.

-Gusto en conocerte, Samantha. Mi esposa me ha hablado mucho de ti.- El hombre que momentos antes estaba detrás del matrimonio Fenton ofrece una mano a Sam en forma de saludo, mientras que con la otra cargaba a una pequeña de no más de año y medio. El hombre viste traje de oficina y lleva consigo unos anteojos rectangulares, su cabello castaño claro, rizado y corto contrasta un poco con sus ojos azules obscuros; por otra parte la niña lleva un vestido muy colorido con detalles de encaje blanco, sus ojos los ha heredado de su padre mientras que su cabello era una perfecta combinación entre ambos: Jazz y Ryan.

-Puedes llamarme Sam, y también es un gusto conocerte ¿Ryan? ¿Cierto?- dijo la pelinegra estrechando su mano amablemente con la de el señor Anderson, esposo de Jazz.-¿Y tú la pequeña y hermosa Jazzy?- se dirigió a la pequeña mientras le acariciaba el cabello, la niña sonríe moviendo la cabeza ocasionando que varios de sus rizos se muevan.

-Bueno, pues pasen, no querrán que la cena se enfríe.- dice la señora Fenton invitándolos a pasar.


(Pov Sam)

Paso por el umbral y todo es tan cálido a comparación del gélido aire de allá afuera. La casa no parece haber cambiado en sí, a excepción por algunos muebles, pero el color y las paredes siguen intactas. Comienzo a sentirme extraña, después de 4 años de no haber pisado más este lugar es casi nostálgico pasar y recordar los buenos momentos que se vivieron aquí.

La madre de Danny nos invita a sentarnos en el comedor y nos ofrece una taza de café antes de comenzar a servir los platos. Me ofrezco voluntaria para ayudarla al igual que Jazz y Val, las tres comenzamos a llevar cubiertos y platos de espagueti con puré y verduras, servilletas y una canasta de pan cortado en rebanadas, jugo de naranja y vasos. Me siento en una de las sillas al lado de Tucker y observo con tentación la comida, y es que no había comido antes de subir al avión y evite cualquier alimento en él, no quería que las arcadas me atraparan sorpresivamente.

-Se ve todo muy delicioso, señora Fenton.- dije agradeciéndole por la comida.

-Gracias, Sam, Jazz ayudo un poco.

-Sí, Jazz, está muy rica esta cena, a excepción de los vegetales- comenta Tucker fulminando con la mirada a un par de brócoli y zanahorias en ruedas. Lo que pasa a continuación es extraño solo para mí y es que todos comienzan a reír, no esa forma de sonreír y ya, sino que a carcajadas, creo que este momento se ha revivido varias veces.

-¿Y bien Sam, como te ha ido allá en Europa?- pregunta Maddie sacándome de la perplejidad en mi cabeza, tardo en comprender la pregunta haciendo que todos volteen a verme.

-La verdad es que mis tíos no son las personas más… "agradables" del mundo, a decir verdad, tienen el mismo carácter de mi madre, pero no tuve que acostumbrarme tanto a ellos. La preparatoria en donde me instalé contaba con un campus y ya estando inscritos proporcionaban a los alumnos dormitorios compartidos y en los fines de semana era ya de tu elección si querrías quedarte ahí o con tu familia, así que podría decir que me fue bien estando allá. La mayoría de las veces en los fines de semana, cuando no me quedaba con mis tíos, me gustaba visitar los museos o parques que estaban más cerca. Londres es maravilloso.

-Y bueno ¿A ustedes como les ha ido con el negocio de atrapar fantasmas? Tucker me ha contado acerca de que muchos están interesados en sus inventos.- comento actuando menos nerviosa desde que llegué, porque en realidad me siento como siempre ha sido con ellos, tan libre y cómoda, teniendo confianza y cariño, sintiéndome una más de la familia, porque es mi hogar.

-Sí, es verdad, Sam. Nos han llamado revistas y televisoras por que quieren saber de nuestros experimentos, de hecho a los hombres de blanco les interesa trabajar con nosotros.- comenta muy emocionado Jack. Y es ahí cuando los recuerdo, aquellos hombres tan inútiles como para no atrapar ningún fantasma, tan egoístas como para escuchar a las personas y querer estar aferrados a atrapar al héroe de la ciudad solo por creer que todos los fantasmas son malos. De hecho me da gusto saber que Maddie los ha rechazado para cualquier trabajo con ellos, después de todo Fenton Works es así como su empresa familiar; y me gusta su argumento, podría decir que casi piensa como yo, y río al escucharla decir "Los hombres de blanco son sólo personas indiferentes del gobierno que creen que por tener armas atraparán fantasmas, entiéndelo, Jack, tu eres mejor cazando fantasmas que esos sujetos".

La cena sigue así mientras contamos anécdotas divertidos como por ejemplo: la vez que yo había resbalado en uno de los pasillos a causa de que estaba mojado y tiré a uno de los profesores derramando su café en las papeletas que traía en su mano, o la vez que sin querer golpee a mi mejor amigo cuando me estaba enseñando un par de consejos de defensa personal.

-Bueno nosotros tenemos que marcharnos, tengo que acompañar a Val en su apartamento ¿Si quieres podemos llevarte a tu casa Sam?- me pregunta Tucker junto a Valerie, despidiéndose.

-Sam si quieres puedes quedarte, allá afuera está lloviendo muy fuerte y tus padres están de viaje, sería algo peligroso dejarte en una gran casa sola. Además sabes que siempre serás bienvenida aquí.- me dice la señora Fenton amablemente. –Es que no quisiera ser una molestia.- contesto, además no quiero por el simple hecho de dormir en la misma casa con Daniel, sabiendo que ahora ya no le intereso, se ha olvidado de mí y en mi lugar a puesto de suplente a Paulina. Estoy triste pero también enojada, enormemente furiosa por dentro, tanto que siento como el corazón comienza a latir tan descontroladamente. Cómo puede ser el hecho de que aquellas palabras de "Te esperaré siempre", "Eres lo que mejor me ha pasado en la vida" o "Te prometo que volveremos estar juntos" se hayan roto y desecho como pequeñas figurillas de hielo.

-Tú nunca serás una molestia, eres como otra hija para nosotros.- me dice dejándose abrazar por su esposo. -Está bien, pero sólo esta noche. Iré por mis maletas.- le aviso yendo tras de Val y Tucker quienes ya han dado gracias por la deliciosa comida.

Salimos, Valerie sube a la camioneta antes de darme un gran abrazo y me dice lo contenta que está de verme. Tal vez nunca me llevé bien con ella a los 14 años, pero después de lo que pasó con el desasteroide pudimos darnos tiempo para conocernos y resulta que no es mala chica. Al final nos hicimos amigas al igual que Jazz.

Camino a la parte trasera de la camioneta evitando mojarme lo menos posible, ayudo a Tucker a sacar mis maletas de la cajuela y veo que me mira de reojo pero no menciona ni una palabra. Coloca las maletas en un lugar de la banqueta donde la lluvia no puede adentrarse a mojar. -¿Sam estarás bien? Porque si quieres voy y me disculpo por ti de que no te podrás quedar e invento una excusa.- habla de repente y luego suspira casi frustrado -Siento no habértelo dicho antes…ellos están comprometidos- La noticia me cae como un balde de agua helada, claro, suponiendo que el agua de lluvia estaba adelantándose. Mi cuerpo tiembla y no es por el frío, mis ojos se ponen borrosos al juntarse lágrimas en ellos, pero obviamente no quiero soltarlas ahora, y si lo hiciera se borrarían con las gotas del cielo nublado. Tuck no lo nota pues su mirada se pierde en el piso y parece no quererme mirar en este momento.

Suspiro con algo de dolor dejando salir un poco las emociones cargadas que ahora están encima de mis hombros. –Sobreviviré.- le digo con voz firme y fría. Él se sorprende por mi respuesta y me abraza sabiendo que en cualquier momento puedo soltarme a llorar. -Lo lamento, Sam, pero sabes que cuentas conmigo para todo.- me tranquiliza y me pide que no este triste, que pronto estará todo bien. Me limpia cualquier rastro de lágrimas en mis mejillas y me acompaña hasta la puerta de la casa.


Me cepillo los dientes después de haber ayudado a Jazz a lavar los platos, y me cambio la ropa por un pijama de dos piezas (blusa de tirantes y un pantalón caliente). Salgo del baño y entro al cuarto de huéspedes, miro la cama y tengo tanta tentación de caer en ella y descansar lo más que pueda, claro, después de que me desahogue un poco y dejar que el nudo de la garganta desaparezca.

Antes de sobreponerme la manta encima alguien llama a la puerta débilmente, me levanto a duras penas y tomo el pomo girándolo. Lo veo ahí, justo frente a mí, con el cabello un poco mojado y sus ojos evitando a toda costa encontrarse con los míos. Tal vez sea demasiado tarde para hablar, y no justamente me refiero a la hora. Solo tal vez el destino quiso que fuera así.