-Manual de usuario: atención manéjese con cuidado- leyó Gerald en voz alta, mientras intentaba equilibrar las múltiples hojas del manual y a su bebé en una mano.

-¿A quién hay que manejar con cuidado? ¿Al manual o al bebé?- preguntó sarcástica una rubia a su lado, arrebatándole el artefacto rosa al tiempo que lo estudiaba con la vista

-Al bebé Helga…- dudó -…o al menos eso creo

-¡Por favor! ¡Esta cosa pesa una tonelada! ¡Es como si me pidiesen ser delicada con un ladrillo!

La rubia caminó por la habitación con el bebé en mano, examinando los objetos decorativos de la habitación del moreno.

-Vaya, Geraldonio, tienes buen gusto para la decoración

-¿Eh? Gracias

-Estaba siendo sarcástica, genio

-¿Porqué siempre tienes que comportarte así?

-Porque me incomoda tu habitación…es…muy retro- Pero, siendo sinceros, lo que le incomodaba era estar en esa habitación, estando los dos solos.

-¿No tienes ventanas Geraldo? ¿Por qué no la abres? ¡Tengo calor! ¿O acaso tienes miedo de que tire a Sophia por la ventana?

Gerald apartó su mirada del texto. Llevaba media hora intentando leer ese extenso texto y solo conseguía entender la primera frase "manéjese con cuidado". Y, para empeorar, a cada momento la chica lo molestaba con alguna absurda pregunta que lo dejaba más confundido…

-¿Porque no la abres tú? Estás más cerca y por lo que veo, no tienes nada mejor que hacer

Helga bufó observó al moreno con una mirada de "¡¿tengo que hacerlo todo yo?!" , pero el chico simplemente se limitó a concentrarse en su lectura.

-¡Vamos pelos necios! ¿Qué tan complicado puede ser encender a nuestro bebé? Se aprenden más cosas en la práctica…

-Helga, no quiero reprobar por culpa de tu impaciencia. Ya estoy terminando de leer esta página, así que enseguida te mostraré como se enciende- mintió

-¡Oh, genial Geraldito! ¡Ya terminas la primera hoja! ¡Nos falta muy poco para ser buenos padres! Ahora sólo te queda por leer…¡otras cincuenta páginas!

-Helga, no tengo muy buen humor así que…-el moreno se quedó mudo. Allí, frente a sus ojos, Pataki había puesto el objeto rosa de cabeza, buscando algún interruptor.

-¡No es un control de televisión! ¡Helga! ¡No tiene un botón de encendido!

-On/off, genio- sonrió triunfante mientras mostraba orgullosa su descubrimiento: un pequeño botón rojo

-Que sea rojo no lo hace necesariamente un botón de encendido- cuestionó, no queriendo admitir la derrota

-Dí lo que quieras, perdedor

-Está bien. Sí tiene un botón de encendido. Pero no lo aprietes hasta que revise de vuelta el manua…

Tarde. Un sonido metálico lo volvió a dejar callado y observó el inquietante movimiento de Sophia, quien temblaba convulsivamente, hasta que, finalmente, rompió a llorar.

Pataki hizo una serie de gestos, que se contradecían entre sí, pues quería gritar, llorar y reír al mismo tiempo.

-¡¿Como la callamos?!- más que una pregunta, fue una orden.

-¡Te dije que no la encendieras hasta que yo te dijera!

-¡Pero también me dijiste que no traía botón de encendido! ¡Y déjame recordarte que te equivocaste!- diciendo esto, dio algunos bruscos movimientos que resbalaron a la pequeña hasta el suelo

-¡Cuidado!- gritó Gerald, deteniendo la caída justo a tiempo- Si tanto te quejas, ¿por qué no lees tú el manual y yo la intento callar?

-Claro, pero tienes que ser delicado con mi pequeña- murmuró, molesta por la desconfianza

El moreno suspiró abatido pues este trabajo iba a ser uno de los más largos de su vida. Tomó al "bebé" mirándolo con desconcierto. ¿Cómo callaría a esa cosa? Sophia lloraba y movía sus piernas en forma circular, como si se tratara de un juguete poseído.

-¿No alcanzó el presupuesto para "bebés" de mejor tecnología?- pensó en voz alta

-Considerando que la pequeña Sophia pasó antes por otras dos generaciones, debemos estar agradecidos de que aún conserve sus brazos- agregó la rubia sin perder el toque ácido que la caracterizaba. Se desconcentró de las hojas que tenía en las manos mientras miraba fijamente a Gerald.

La situación era tan tonta que daba risa. El moreno había cuidado antes a Timberly, y por ello se creía capaz de tratar con cualquier extraño robot simulador.

Sin embargo, el repentino enloquecimiento de Sophia era algo que lo había tomado por sorpresa y no sabía como controlar la situación.

-¡Sophia! ¡Sophia! ¡Cálmate!- canturreó al tiempo que la mecía bruscamente en sus brazos.

-Hey, ¿porqué no le cantas una canción de cuna?- opinó la rubia, intentando contener la risa

-¿Por qué no te dedicas a tu trabajo, Pataki?- mencionó Gerald molesto.

Sin embargo, acercó su rostro a Sophia y empezó a susurrar una antigua melodía.