Cincuenta Sombras Perdidas

Capítulo 1:

Después de leer el mensaje de la perra zorra de Elena Robinson, decidí hacer mi maleta rápidamente, evitando hacer ruido para que Christian no se despertara. Tome una hoja, un bolígrafo y escribí:

Christian:

Puedo ignorar que seas un controlador de mierda y que seas un estúpido voluble pero la manera en que me has tratado por la noticia del bebé y la manera en como llegaste borracho y la noche que pasaste con Elena no lo puedo soportar.

No me busques y sé feliz con ella.

Ana

Pd: Leí el mensaje que ella te envió.

Después de leer dos veces la nota, la coloque bajo la lámpara que se encuentra en la mesita de noche, abandone la habitación con maleta en mano y salí del edificio, a través del ascensor de servicio con cuidado para que Sawyer ni Taylor se dieran cuenta de mi escape.

Corrí hasta la recepción para tomar un taxi y me gire para ver si alguien me seguía pero no había nadie.

En el taxi me pongo a pensar a dónde diablos me dirijo, así que le digo al conductor que me lleve a Coast Bellevue hotel.

Al llegar saco mi billetera para pagarle, sigo a la recepción del hotel. Veo a una joven muy guapa como de unos veinte años, usa uniforme azul y aun lado de la camisa hay una plaquita que dice Lucy Grimaldi.

-Buenas noche señorita – dice ella con una voz muy suave y amable.

-Buenas noches deseo hospedarme aquí por una noche.

-Muy bien señorita me permite su identificación, por favor –me dice la recepcionista, con la permanente sonrisa en su rostro.

Dudo en si entregarle o no mi identificación, seria facilitarle el camino a Christian para que me localice en cuanto vea que desaparecí de su casa. Bueno, el mismo me ha dicho antes que todos tienen un precio, creo que nada pierdo con intentarlo ahora.

-Que le parece si le ofrezco cincuenta dólares y nos inventamos una identificación?-le pregunto a la chica, mientras observo rápidamente mis dedos, dudosa de que mi oferta surta los efectos que espero.

Lucy, la guapa recepcionista, me mira dudosamente. Me pregunto si ella pensara que soy algún tipo de delincuente fugitiva.

-Emm... no sé, seria saltarme el reglamento interno…-dice Lucy

¡Rayos! ¿Será que quiere más dinero? Me estoy arriesgando mucho con estos cincuenta dólares…así que decido contarle una parte de mis problemas…

-A ver Lucy, que harías tu si tu …-dudo y busco las palabras adecuadas- si tu esposo el maniático trata de buscarte y tú solo quieres alejarte?-

Lucy se pone inmediatamente pálida y luego sus ojos se desenfocan por unos segundos, como si estuviera recordando algo. ¿Será que por primera vez logró mentir bien o simplemente le he recordado algo?

-me ayudarías?-le digo tentativamente

Ella parece pensárselo pero cuando veo su mirada determinada y mi subconsciente salta de alegría por el triunfo.

-Está bien…señorita …-dice Lucy con una sonrisa amistosa

-que te parece Alice Brandon?-le digo rápidamente

Ella asiente y teclea la pantalla de su computador, menciona todas las actividades que ofrece el hotel y me limito a decirle que solamente deseo pasar esta noche aquí, pagó y todo lo que deseo es irme a descansar. Se acerca un joven para tomar mis maletas y llevarme a la habitación, le doy las gracias a Lucy y me giro donde se encuentra el Bellboy.

-Buenas noches Señorita Brandon – Me dice y le sonrío.

Nos dirigimos a los ascensores y me siento incomoda con él, trato de pensar otra cosa y lo primero que pasa por mi mente es la imagen de Christian, trato de contener las ganas de llorar, las puerta del ascensor se abren y nos dirigimos a la habitación. Él me entrega las llaves y se despide.

Entro y lo primero que veo es una gran ventana de vidrio con vista a los grandes edificios de Seattle, hacia un lado se encuentra una gran cama en donde no dudo en recostarme.

-Uffff. Se siente delicioso- hablo en voz alta, acaricio mi barriga.-Oh mi pequeño Blip!- la imagen de Christian vuelve a mi mente y comienzo a llorar.

¿Cómo Christian pudo hacerme esto? Y sobre todo con la bruja pedófila de Elena… Después de tanto llorar caigo en un agotado sueño.

Despierto y veo la luz del sol rodear la habitación.

-Buenos días Mi Pequeño Blip – Digo sobando mi vientre.

Entro al baño y me doy una buena ducha, salgo y busco la maleta donde se encuentra mi ropa. Decidí irme a Portland, pero primero tengo que llamar a José para pedirle si me puedo hospedar en su casa, así que tomo el teléfono de la habitación y marco su número.

-José Rodríguez – dice el con un tono suave

-Hola jose, soy Ana.

-Oh Ana ¿Como estas?

-Bien José y tú, como va todo. – trato de no preocuparlo mucho.

-Bien gracias y ese milagro que me llamas – dice con una pequeña risita.

- Bueno es que necesito un favor tuyo.

- Oh claro dime.

- Bueno es que decidí irme a Portland y necesito hospedaje.

-Y ¿Christian?

-Es una larga historia, luego te cuento.

-Ok, bueno Ana tu sabes que siempre serás Bienvenida y puedes llegar en el momento que seas.

-Oh José gracias, otra cosa

-Si dime

-No le digas a nadie por favor.

-Claro nena como tú digas.

-Otra vez gracias José.

-No hay de que Ana.

-Hasta luego José

- Chao Ana.

Cuelgo y termino de peinarme, tomo mi maleta y me dirijo hacia el aeropuerto. Al llegar me dirijo a comprar mi boleto para ir a Portland, ya teniendo los boletos en las manos me dirijo hacia las sillas de espera, decidí coger un avión ya que es más rápido y Christian no me encontrara en Seattle. Después de una media hora llaman.

Ya dentro del avión reviso mi cartera y encuentro la foto de mi pequeño Blip. Lagrimas inunda mi cara y se me viene las palabras de Christian cuando le dije que estaba embarazada.

*¿Cómo pudiste ser tan Estúpida?

*Quería mostrarte el jodido mundo y ahora…Joder. Pañales, vomito y mierda.

*¿Lo olvidaste? Dímelo. ¿O lo hiciste a propósito?

¡Mierda! ¿Cómo me pudo decir todo eso? Agarro un pañuelo y me limpio la cara. Llegamos al aeropuerto de Portland.

Salgo, tomo un taxi y me dirijo hacia la casa de José, bajo las maletas y toco el timbre de la casa.

-Ana – José abre la puerta emocionado y me abraza.

- Hola José.

-Por favor entra – ya dentro de la casa veo el Sr. Rodríguez recostado en el sillón viendo un juego de Fútbol, se gira y me ve.

-Oh Ana, ¿Cómo estás? ¿Qué ha pasado?- José se sienta a lado de su padre mientras que yo estoy al frente de ellos dos.

Le cuento desde que Salí del hospital, el alcance de la Dra. Greene hacia mí, mi embarazo y con lo que Christian me dijo.

-Bueno finalmente decidí alejarme de Christian y me hospede en un hotel y bueno después llame a José para ver si podía quedarme aquí.

-Claro que si Anastasia tu sabes que tú y tu familia son bienvenidos aquí- dice el Sr. Rodríguez.

-Gracias.

-No hay de que Ana – dice José – Bueno ahora voy a mostrarte tu recamara.

Sigo a José y entro a una amplia habitación con baño y una gran cama.

-Gracias José – le doy un gran abrazo.

-Bueno Ana te dejo sola, te llamare entre un rato para que almuerces con nosotros – asiento y él se va.

Me he dado cuenta que no he comido nada desde ayer en la noche.

-Oh pequeño Blip. Que voy hacer, necesito alimentarte para que crezca y nazcas fuerte.

Ahora me pregunto ¿Qué voy hacer?, necesito ganar dinero no soportaría que José y su padres mantuvieran a mi bebe y a mí, y mi trabajo en AIPS ya murió.

Saco la ropa de mi maleta y las acomodo, Decidí dejar mi celular en Escala ya que Christian no podrá localizarme y lo menos que quiero es verlo.

Me visto y me dirijo hacia afuera para buscar a José, siento un gran olor y me dirijo hacia la cocina y encuentro a José picando Guisos.

-Wooow José se siente delicioso – él se ríe – No sabía que cocinabas ¿Quieres que te ayude?

- Oh no Ana puedo solo, solo quédate hay que pronto podrás alimentar a ese pequeño elefante que tienes ahí adentro.

Terminamos de comer y ayudo a José a recoger los platos

-José estuvo magnifico la comida.

-Me alegro que te haya gustado Ana – me dice con una sonrisa.

Decido caminar un poco así que me pongo ropa deportiva y zapatillas, le aviso a José y me voy. Llego a un supermercado y compro algo de chocolate tenía mucho antojo, voy hacia la caja y el cajero me pide que le compre un boleto de PowerBall – Frunzo el ceño ¡Nunca he jugado eso!, me da tanta ternura por el que decido comprarlo. Le pago y guardo el boleto en mi cangurera, llego a la casa ya casi anocheciendo, saludo a José y al Sr. Rodríguez y me dirijo hacia la recamara, después de un gran baño me recuesto y quedo dormida.

Despierto y veo luz sobre la pequeña ventana francesa, oigo que alguien está tocando la puerta.

-Pase – Digo

-Buenos días Ana – dice José

-Buenos días José.

-Solo era, si quieres ir conmigo a comprar algunas cosas para el desayuno.- me dice un poco tímido.

-Oh claro solo me daré una ducha y te alcanzo.

-vale te esperare afuera.

Me dirijo hacia el baño y me cepillo los dientes, entro a la ducha. A salir elijo algo cómodo para ir al supermercado, elijo una falda corta jeans y una camisa de seda de color blanca con botones negros en el centro y me coloco unos zapatos bajos negro que convine con mi bolsa.

-Joder, solo vas para el supermercado Anastasia – me digo frente al espejo.

Coloco todo lo que tenía en la cangurera a mi bolso, y salgo de la casa. José se encontraba afuera esperándome, al verme noto una pequeña risita en su cara, caminamos ya que el supermercado no esta tan lejos.

-Y ¿Kate? ¿Sabe lo de tu embarazo? – me pregunta ¡Mierda! Me he olvidado de Kate, me va a matar.

-Mmmmm No, no tuve tiempo para hablar con ella.

-Y tu papá como sigue?

-Bueno, ayer que estaba con él, se encontraba muy bien.- ¡Santo! Que voy hacer con mi papá el está en Seattle y no regresare a ese lugar por un buen tiempo. Necesito llamarlo para que sepa que estoy bien.

Entramos al supermercado y José toma un carrito y se dirige a la sección de alimentos congelados, yo voy para la sección de frutas.

Ya en la caja pagamos y el saca un boleto de powerBall para verificar los numero ganadores con el boleto que tiene, Oh José juega eso….

-Mierda que mala suerte la mía – dice muy decepcionado, yo suelto una pequeña risita.

-Yo compre un boleto ayer, mira para ver si tuve suerte –busco en mi billetera y le entrego el boleto, el verifica.

-Joder Ana, Son los número ganadores – me hecho a reír.

-Por favor José deja de bromear.

- Enserio mira – me entrega el boleto y miro los número, Rayos, son los mismo número.

-Oh Ana eres millonaria – mi respiración se detiene; no puedo creer lo que escucho.

-¿Cuánto he ganado? – tartamudeo

- Doscientos millones Ana. – la sangra escapa de mi rostro y veo girar todo a mi alrededor.

-Ana… Ana…ANASTASIA – Alguien me grita a lo lejos y de repente todo se oscurece.