Disclairmer: Tanto la historia como los personajes me pertenecen, cualquiera que quiera publicarla en otro sitio necesita de mi autorización. Este fics también está publicado en Potterfics.

Summary: Priscilla Witman, una chica con un poder excepcional que odia, siente que su vida es un asco, pero no podía estar más equivocada. Luego de conocer a Benjamin Rusin su mundo se quiebra para dar lugar a una pesadilla de la cual no sabe si podrá escapar. La única certeza que tiene es que su don la ha conducido a aquel destino desalentador. T por escenas de violencia.


Capítulo 2: Retroceso

Sin darme cuenta ya me encontraba en mi asiento de la última hora, por fin iba a terminar este día, pero lo malo era que luego debía afrontar el siguiente. Suspiré.

En la clase anterior habíamos hecho dibujos con diferentes indicadores espaciales, que por alguna extraña razón los podíamos elegir nosotros mismos. Había hecho lo que quería, era una buena señal de que mi suerte podría estar volviendo, sólo podría, no iba a confiar mucho en este cambio, seguramente era algo pasajero que debía disfrutar con ganas, el problema luego sería la perdida de este y volver nuevamente a la depresión.

El profesor todavía no estaba en la clase, así que para matar el tiempo garabateé con mi lápiz el cuaderno, nada interesante.

Siempre me preguntaba como hacia la gente para pasar el día hablando, bromeando o haciendo cosas con otras personas. A veces intentaba recordar como yo misma lo hacia, pero no lo podía ni creer. Esa época había sido tan monótona, creyendo que tenía todo en mis manos, y de repente puff, todo eso que creí desapareció. Que ingenua había sido.

El profesor por fin entró en la clase seguido de un estudiante que obviamente todos reconocimos, era el muchacho nuevo que hizo el espectáculo con su hermana en la cafetería. La mayoría de las chicas que iba a esa clase se pusieron a reír como hienas. Seguramente habían estado tramando alguna estrategia para tenerlo sólo para ellas. Volví a suspirar, sus hormonas eran insaciables.

-Buenos días clase- saludó el docente- Seguramente ya todos lo saben, pero hoy ingresaron dos nuevos estudiantes al instituto y uno de ellos- miró al alumno a su lado- Estará en nuestra clase, espero que le den una buena bienvenida- terminó mirándonos seriamente, quería que nos comportásemos con el chico nuevo.

Por mi parte lo haría, él me ignoraría de todas formas, así que nuestra relación sería igual que todas mis demás, sería lo mismo de siempre.

A mi pensar, el glamour de su incorporación ya había pasado de moda, y eso que era su primer día.

El profesor lo dijo algo al joven y levantó su perfecto rostro hacia la clase. Escuché muchos suspiros.

-Soy Benjamín Rusin y vengo con mi familia de Londres- su voz era aterciopelada, con el punto justo de dulzura y sensualidad, lo hacía más hermoso de lo que aparentaba.

-Muy bien, señor Rusin, ahora por favor tome asiento con la señorita Witman- le indicó señalando el asiento a mi lado.

Al escuchar las palabras del profesor se me abrieron los ojos como platos ¿Ese chico se sentaría conmigo?

Por un lado era perfecto, el tipo más guapo de todo el instituto se sentaría a mi lado en geografía y todas las otras niñas empezarían a envidiarme. Por otro lado, esto significaba llamar excesivamente la atención y era precisamente lo que yo no quería. Definitivamente, que Benjamín Rusin estuviera a mi lado en la última clase, no era bueno.

El chico avanzó por el pasillo entre los bancos dejando a su paso caras de ensueño, suspiros y mordidas de labio. Había que admitir que se asemejaba a un dios griego, pero apenas se acercó lo suficiente a mí, de nuevo esa sensación de amenaza surgió en mi interior haciendo un nudo en mi estómago. Fruncí levemente el seño y disimuladamente moví mi cuerpo hacia el costado opuesto de donde él se sentaría. Era grosero, pero lo hacía por simple instinto de supervivencia.

Cuando por fin llegó y ocupó su asiento mi estomago se encogió más, me sentía acorralada, a mi derecha había una ventana y a mi izquierda estaba él, detrás una pared y delante dos estudiantes que intentaban captar la mirada de Benjamín, que, en mi caso, había tomado el lugar de una puerta por la que no podía escapar de mi cárcel.

La clase comenzó y los minutos se hacían eternos, estaba muy incomoda con el presentimiento de tener a un asesino a mi lado. Mi respiración era irregular y mi corazón bombeaba nerviosamente. Intentaba prestar atención a las palabras del profesor, pero me era imposible.

Me estaba ahogando y sofocando de calor, así que decidí abrir la ventana y esperaba que a mi compañero no le molestara la brisa del exterior por que no me importaría. Sin hacer mucho ruido lo conseguí y por vez primera desde que el chico perfecto se acercó a mí me sentí aliviada. Respiré el aire frío que entraba por la ventana, no había tal brisa para que nadie se quejara, suspiré aliviada lo mejor sería que no hubiese tacto entre nosotros, ya que no quería ser más grosera de lo que ya estaba siendo. Si mi tutora se enterase de ello me mataría.

Mi mente se despejó gracias al aire proveniente del exterior, pude prestar más atención a la clase, pero mi estomago cada vez se encogía más ¿Qué demonios tenía este chico que me hacia sentir así? A decir verdad era muy incomodo, y me ponía ansiosa no saber el por qué de todo eso. Mi pie empezó a golpear el piso mecánicamente con un deje de impaciencia.

La clase siguió su curso, sólo faltaban veinte minutos para finalizar el periodo escolar y mi tortura nerviosa. Una brisa entró por la ventana despeinando un poco mi negro cabello, y relajándome, pero esa leve sensación duro unos escasos segundos.

Cerré los ojos y escuché como cosas muy duras se partían, al abrirlos lo único que pude hacer es petrificarme en mi asiento. Toda el aula estaba cubierta de sangre; mis compañeros tenían los cuellos completamente partidos, algunos ni siquiera tenían la cabeza, pero no pude apreciar nada más de la imagen ya que algo se abalanzo sobre mí y sólo me dejo pensar que me haría lo mismo que a todos los demás.

Me golpeo la cabeza y en un segundo sentí como algo filoso me abría el cuello y succionaba mi sangre, el dolor era insoportable, pero no pude emitir sonido alguno, mi vida terminaría por segunda vez, y tenía que admitir que mi primera muerte era mucho mejor que la segunda. Mientras el dolor aumentaba la oscuridad se expandía hasta apagar cualquier indicio de luz.

La anterior vez que me había encontrado en la oscuridad me preguntaba cómo era sentirse muerta, pero ahora al no encontrar respuesta de ello después de haber vuelto de la muerte, quería saber como se suponía que había muerto esta vez. Recordé que era algo filoso que después de partirme el cuello, como a todos en la clase, me succionó la sangre…no terminé de pensar en mis conjeturas por que los ases de luz de extendían a mi alrededor. Esto no podía estar pasando de nuevo, tenía que ser una mala broma, era lo mismo que me había ocurrido hace tres años, después de que se regenerar la imagen volvería a estar en esa espantosa aula, con la cosa que me estaba matando y luego todo retrocedería hasta algún punto.

Y exactamente eso fue lo que pasó, el aula parecía una escena de película de terror, llena de sangre y cadáveres. Sentí como mi sangre volví a mi cuerpo y el dolor se aplacaba con cada gota que entraba a mi cuello. Miré hacía donde se encontraba mi asesino y supe que después me tenía que maldecir por haberlo hecho.

Lo poco que pude ver fue el cabello rubio platinado tan característico de Benjamín Rusin, que poco a poco sacaba de mi cuello la cosa afilada y fría que había introducido para matarnos a todos. Mi sorpresa fue tal cuando aprecié su hermoso rostro, sus labios estaban manchados de sangre que recorría su pálida piel hasta caer por el mentón, era tan sexy… ¡Pero en que estaba pensando! Ese tipo estaba demente, nos había matado y al parecer tenía cierto gusto por la sangre como…como los… vampiros. Esas cosas no existían, lo que podía suponer era que el chico estaba loco de remate, era un asesino maniático que justo había dado conmigo y le iba a arruinar su cena.

Benjamín desapareció de mi vista y rápidamente todas las cabezas de los alumnos fueron ocupando su lugar original. Benjamín volvió a su asiento, pero el tiempo no se paró, siguió su rebobinado, como cinco minutos antes de que todo ese horroroso escenario sucediera, hasta que la luz me segó, igual que la última vez, y todo comenzó de nuevo.

Todos ignoraban lo que pasaría en breve a excepción de mí, que casualmente estaba sentada con el maniático. No pude evitar mirarlo de reojo cuando ese pensamiento pasó por mi mente. El me observaba profundamente, con los ojos negros como la noche y su rostro estaba mucho más tenso que en el almuerzo.

Ahora entendía por qué la sensación de amenaza, claro que un asesino me daría ese nerviosismo, y más si se sentaba a mi lado.

Rápidamente dejé mis pensamientos de lado, tenía que hacer algo para que no se produjera el acontecimiento espeluznante, pero no tenía mucho tiempo, y no podía ponerme a gritar que, precisamente que él era un maniático asesino, ya que no sólo no me creerían por que era imposible, sino por que yo lo decía.

No sabía cuánto tiempo me faltaba, pero lo único que podía hacer era salvarme yo, tenía que ser egoísta y dejar a todos con un loco esperando sus muertes para poder volver. Lo iba a lamentar ¿Pero no había pasado eso la última vez? Yo me había salvado y el pobre conductor no. Actué por suma supervivencia.

-Profesor- llamé y levanté la mano temblorosa- ¿Puedo ir a la enfermería?- fue lo primero que se me ocurrió para decir.

El docente me evaluó y no sé que habrá visto en mi, porque me dejó salir a pesar de que faltaban veinte minutos para terminar su clase.

El demente se levantó de su asiento dejándome pasar, lo que más quería era alejarme de él y lo antes posible, sabía que en cualquier momento ocurriría.

Nuestras miradas se volvieron a juntar y lo único que vi en la suya fue ¿gratitud?

Ya fuera del salón las lágrimas saltaron de mis ojos y me dirigí corriendo hacia el baño.

Estaba pálida, casi verde, tenía un leve sudor en la frente y por alguna razón se notaban unas pequeñas ojeras debajo de mis ojos. Tenía ganas de vomitar, no iba a volver, pero necesitaba saber si Benjamín Rusin había cumplido su cometido. Pero de algo si estaba segura: uno ese tipo estaba completamente loco, dos tenía que encontrar la forma de alejarlo del instituto y tres era la persona con más mala suerte del mundo.


Holaaa! Como han estado?

Antes que nada debo admitir que en la otra página en donde publiqué la historia habían criticado mucho la escena de los cuellos partidos, pero esto fue antes de que salieran Los Juegos del Hambre, y ahora todo el mundo, espero, se ha apaciguado un poco con el tema violencia... aunque si les resultó horroroso pueden decirlo de todas formas.

Gracias por leer y comentar!

Besos, nos leemos, Scarlet!