Fotografía.

Resumen: "Ven, Sting, tomemos una fotografía de este momento que nos haga recordar que tú no eres solo un villano despiadado y yo una princesa en cautiverio". Sting/Lucy. Short Fic. AU.

Pareja: Sting Eucliffe-Lucy Heartfilia.

Género: Drama, Romance, Crack.

Disclaimer: Fairy Tail pertenece a Hiro Mashima.

Capítulo Uno: Lucy y Sting.

Escrito por: Amaya-chan.


Lucy Heartfilia observó tranquilamente el panorama que tenía al frente: un enorme y vasto bosque se extendía bajo aquel acantilado en el que se encontraba parada. Sonrió con algo de nostalgia al sentir una potente brisa chocar contra su cuerpo, alborotando su rubio cabello y dándole vuelo a su vestido blanco.

El imponente amanecer comenzó a salir en ese momento, dándole un toque casi mágico a aquél solitario lugar. Lucy divisó a la lejanía unas cuantas aves volando sobre el cielo, cuya dirección pareciese que fueran hacia el astro rey.

Lejos.

Volando hacia la libertad.

―Libertad ―murmuró como fuera de sí misma―. Yo también quiero ir hacia la libertad.

Extendió el brazo, tratando de alcanzar aquellos animales, obviando el hecho de que cada paso que daba la acercaba más hacia un abismo peligroso y mortal. Tampoco es como si le importara, su vida en realidad dejó de tener sentido hace unos días atrás y aquello parecía una salida aceptable.

Un paso, otro paso, un poco más y todo acabaría.

―Oye, si sigues caminando más, me harás creer que realmente las rubias no tienen cerebro.

Lucy paró en seco, asombrada de la voz que había intervenido su ensoñación pasajera. Solamente en ese momento comprendió lo cerca que estaba de caer al vacío, un paso más y aquello habría acabado. Tragó en seco cuando bajó casi accidentalmente su vista.

―Mierda ―murmuró para sí misma.

―Bien, ¿vas a hacerme caso o realmente piensas saltar? ―oyó que decían tras de sí, el tono del desconocido parecía una mezcla de fastidio, burla y lástima. Una combinación un tanto difícil de lograr, según la perspectiva de Lucy.

―Y-yo… no puedo moverme ―admitió, tragando en seco, mientras su estómago se revolvía de las nauseas provocadas por ver hacia abajo y notar lo tan cerca que estuvo de morir.

―¿Cómo que no puedes moverte?

―H-he visto accidentalmente hacia abajo y mi cuerpo se ha paralizado ―explicó, mientras sus mejillas se coloreaban al notar la ridícula escena que posiblemente estaba haciendo.

El silencio volvió a reinar el lugar y Lucy tuvo miedo. ¿Se habría ido el desconocido? Eso no era buena señal, aun no tenía el valor para alejarse de ese risco, era como si sus pies hubieran echado raíces allí y no le permitieran moverse.

Si lo hacía, tenía el presentimiento de que perdería el equilibrio y caería.

―O-oye, ¿sigues allí? ―el silencio siguió presente―Por favor, ayúdame, yo… ¡Ah!

Lucy no pudo terminar su frase porque sintió como era halada hacia atrás y, prácticamente, arrojada contra el piso, lejos del acantilado. Soltó una queja de dolor cuando su cuerpo chocó contra una piedra. Aturdida, le costó un momento asimilar qué había sucedido.

―Bien, misión cumplida, rubia. No morirás hoy.

La chica abrió la boca para responder algo, pero las palabras se le quedaron atravesadas en su garganta. En ese momento, imponente y orgulloso, su salvador la miraba con soberbia, curvando la comisura de sus labios.

―Pero mira nada más ―la miró con bastante detenimiento―Lucy Heartfilia de la clase A… ¿tratando de suicidarse?

―¡E-eso no es cierto! ―fue lo único que salió de sus labios, aunque debía admitir que las circunstancias no estaban a su favor.

La mirada que Sting Eucliffe le dedicó parecía llena de sarcasmo, arqueando una ceja, sonriendo de medio lado y cruzándose de brazos, Lucy podría jurar que la próxima vez que aquél chico rubio abriera la boca sería para decirle algo como: ¿Pretendes que me crea eso?

Se mordió el labio inferior con cierta dureza tratando de buscar las palabras adecuadas para arreglar todo ese malentendido. Realmente no pensaba lanzarse por el acantilado, solo había tenido un momento de debilidad, uno pequeño como podría pasarle a cualquiera, pero sus actuales problemas y desgracias aun no la volvían tan loca como para tomar una drástica decisión.

El chico la siguió mirando fijamente, haciendo que Lucy deseará ser tragada por la tierra ante semejante espectáculo que le había ofrecido.

Esperó, porque en algún momento su inesperado 'salvador' tendría que burlarse de ella para demostrarle lo patética que era, porque así era él: Un rebelde sin causa que disfrutaba de las desgracias ajenas, bastardo de pies a cabeza, un delincuente en su institución que siempre buscaba la manera de sacar a Natsu de sus cabales.

Alguien que ahora tenía en su poder un secreto enorme que podría destruirla si saliera a la luz.

Esperó, mientras las lágrimas invadían sus ojos, bajó la vista y se dio cuenta que tal vez lo mejor hubiese sido terminar en el fondo del acantilado.

Aun así, para su sorpresa, Sting le tendió la mano, la cual ella aceptó con cierta duda.

―Ven, Lucy, te acompaño a casa.

Esa fue la primera vez que él usó su nombre de pila.


―¡Sting y Natsu, a la oficina del director! ¡AHORA! ―la voz del profesor Macao se elevó de una manera tal que Lucy se sintió atemorizada. Sorprendida, vio como Natsu Dragneel comenzaba a chillar sobre la injusticia que se había canalizado en su contra, mientras Sting se encogía de hombros y marchaba como si nada a través del enorme desastre provocado en la cafetería.

El silencio reinó durante un momento en el lugar antes de que el murmullo de los estudiantes comenzara a oírse. A su lado, Erza Scarlet terminó de comerse su preciado pastel de fresa.

―Delicioso ―fue lo único que dijo antes de mirarla con una sonrisa―. Lucy, ¿por qué tienes pizza sobre tu cabello?

¿Estaba bromeando, cierto? La, posiblemente, guerra de comida más grande de la historia acababa de suceder y ella no se había dado por enterada. De hecho, Erza no tenía ni una pizca de alimento sobre ella, su perfecto uniforme seguía intacto.

―E-Erza, no te has ensuciado ―Lucy se quitó el trozo de comida de su cabello con cierto asco.

La aludida parpadeó confundida y miró el panorama.

―Vaya ―comentó―, ¿qué ha sucedido aquí?

―Nada de lo que debas preocuparte, Erza ―respondió Gray Fullbuster, mientras se quitaba su camisa como si nada.

―Gray, deja de desnudarte ―aconsejó Mirajane Strauss con una sonrisa calmada, a pesar de que tenía una enorme mancha de refresco sobre su camisa blanca. El aludido soltó una maldición al verse casi desnudo en plena cafetería

―Bueno, ¿por qué ha comenzado todo esto? ―preguntó Erza usando ese tono que camuflaba prontas consecuencias si la respuesta no era de su agrado

Lucy asintió, esperando una explicación aceptable y por qué solo acusaron a Natsu y a Sting cuando técnicamente todos los presentes, hasta Jellal Fernandes y Ultear Milkovich quienes figuraban entre los más 'santos' de toda la institución se habían anotado a tremenda batalla. Miró como todos los estudiantes buscaban la manera de quitarse los restos de comida, algunos reían divertidos por la situación, otros miraban preocupados aquellas semejantes manchas sobre sus uniformes.

―Nada fuera del otro mundo ―replicó Jellal, quien se había acercado junto a Ultear y Meredy―, Eucliffe le dijo algo desagradable a Natsu, el cual reaccionó de manera violenta, y sin querer le tiró el jugo encima a Elfman, ocasionando que éste le lanzara una manzana a Natsu quien mágicamente la esquivó y terminó a parar sobre la sopa de Laxus, salpicándolo todo y, bueno, lo demás fue la misma cadena de arrojar comida. Fin de la historia.

Tan sencillo como eso, en realidad esa respuesta no sorprendió mucho a Lucy, sabía que Natsu tenía un temperamento demasiado grande y no hacía falta demasiado para sacarlo de quicio. Simplemente tenías que decirle: 'peleemos' y ya con eso bastaba para que él se lanzara a los golpes.

Todos comenzaron a reírse ante la versión de los hechos que había aportado Jellal, exceptuando Erza, quien le reñía al chico su participación en tan estúpido y deshonrado acto de vandalismo estudiantil, y Lucy.

La rubia tenía un extraño nudo en el estómago que la hacía sentir incómoda. El simplemente hecho de pensar en el nombre de Sting Eucliffe y de que hubiese pasado una semana desde su fortuito encuentro sin que nadie en toda la Academia Fiore lo supiera le ponía los pelos de punta.

Aun estaba en guardia, buscando indicios de algún posible chisme sobre aquél incidente, pero nada se oía.

Sorprendentemente, Sting Eucliffe había mantenido su secreto a salvo por algún extraño motivo desconocido para ella.


Había muchas razones para que ella repudiara a los de la clase C. Quizás los únicos con quien se pudiera tener una conversación agradable fuera Rogue Cheney y Yukino Aguria, pero los demás le causaban cierto malestar… exceptuando Minerva.

Lucy sentía algo totalmente distinto hacia la mirada penetrante que aquella persona tenía, parecía como un tigre buscando una presa con quien divertirse.

Erza la odiaba. Kagura Mikazuchi la odiaba. Lucy le tenía miedo.

―Será divertido, Lucy ―la voz de Minerva sonó con un matiz de burla―. Bienvenida a la familia.

Lucy tembló ligeramente al sentir la mano de la mujer sobre su mejilla, ofreciendo una suave caricia llena de intenciones burlescas. Minerva palmeó ligeramente la cabeza de la rubia y se fue, dejando aquella fragancia fuerte que la caracterizaba en el ambiente. Recordándole una y otra vez a Lucy que ella era un corderito que pronto sería degollado.

Sintiéndose débil dejó su cuerpo caer de rodillas contra el piso y comenzó a llorar. Al principio fueron meras lágrimas que rodaban poco a poco por sus mejillas, luego empezó a hipar levemente y, sin saber en qué momento sucedió, ya estaba envistiendo sus manos contra el suelo chillando como a una niña a quien se le ha privado de algún dulce.

Pero a ella no le estaban negando el derecho a un dulce. No, era algo más grande que eso. Agradeció que estuviese en la parte lejana de la escuela, que ya la hora de salida hubiese pasado hacía rato y que nadie anduviera cerca para verla romperse como pocos veces se lo permitía. No quería que sus amigos la vieran en ese estado, sería demasiado para ella y solo le causaría problemas no necesarios a sus seres queridos.

No, sería valiente como solo Lucy Heartfilia podía serlo y afrontaría sus problemas sola.

Tan sola como siempre había estado.

―Hey, rubia, si sigues así abrirás un hueco en el piso. ¿Qué te ha hecho el pobre suelo como para recibir semejante castigo?


Sting Eucliffe tenía el cabello rubio natural, pero muchos no le creían aquello. En realidad, lo tacharon de yankee* sin conocerlo a fondo, aun así él no les prestó mucha atención. Admitió que al principio fue molesto y por eso solía meterse en muchas peleas de pequeño, pero poco a poco comenzó a adquirir esa rebeldía de la que lo juzgaban, no por darles la razón, sino porque comprendió que así era más divertida la vida.

Natsu se lo demostraba a cada rato.

Por eso un buen día se perforó la oreja, después dejó de usar el uniforme correctamente y en menos de un mes comenzó a pelear con Natsu cada vez que le apetecía una buena descarga de adrenalina.

El pobre tonto era muy fácil de sacar de quicio.

Y así fue como, sin proponérselo realmente, había terminado convirtiéndose en algo que al principio repudiaba.

Era el 'villano del lugar'. Tenía una reputación en ese instituto, le daba igual si era buena o mala, pero era reconocido y eso lo complacía enteramente. Para Sting la palabra casualidad no existía, o al menos eso creía. Lucy Heartfilia de la clase A parecía la típica niña rica cuyo mayor problema en la vida podría ser sobre lápiz labial.

En pocas palabras: alguien que no merecía mucho la pena su atención.

Pero últimamente la chica parecía vivir para sorprenderlo. La había salvado de un suicidio, aunque ella negara rotundamente esa intención, y ahora la estaba viendo tirada en el suelo, llorando como si no hubiese un mañana, destruyendo sus huesos de las manos, porque Sting dudaba que algún día rompiera el piso con aquella fuerza, y sola.

Siendo como realmente era él, hubiese dado media vuelta como si no viera nada de eso y siguiera su vida, pero le causó curiosidad y aquello era algo que no podía dejar pasar.

―Hey, rubia, si sigues así abrirás un hueco en el piso. ¿Qué te ha hecho el pobre suelo como para recibir semejante castigo? ―Bien, allí estaba, lo había dicho. Se arrepintió de aquello apenas sus palabras salieron a flote y Lucy alzó la vista con aquellos ojos llorosos.

Maldita mocosa.

―¿Q-que haces aquí, Eucliffe? ―la chica se había puesto en guardia, mirándolo fijamente.

―Salgo de la sala de castigo ―respondió con mofa―. Por culpa de tu novio, ahora tengo que tener un tutor a partir de mañana.

La cara de Lucy palideció tanto que Sting sintió una ligera preocupación.

―Tú… ―la frase de la chica se cortó a la mitad cuando comenzó a llorar nuevamente, dejando al rubio más perplejo de lo que creía posible.

―O-oye ―Sting no sabía qué hacer, pero ese día había comprendido que no le gustaba ver a las mujeres llorar por muy tontas que fueran―, sé que es desagradable que te emparejen con Natsu ―sus palabras de 'consuelo' comenzaron a fluir―. Solo bromeaba, ya sabes, para darle humor a tu berrinche y...

Calló, porque parecía que sus palabras no hacían efecto alguno en aquella desdichada mujer. Suspiró levemente y, sin comprender por qué, se agachó al mismo nivel de ella y palmeó levemente su cabeza. Dejó que descargara la rabia contenida que tenía, muy grande desde su punto de vista, y esperó.

Si Rogue lo hubiese visto, habría pensado que el castigo lo había vuelto loco, pero tuvo una paciencia enorme para aguantar a Lucy Heartfilia, una desconocida total, y luego cuando se hubo calmado la llevó a comerse un helado de vainilla.

El único momento en que la chica sonrió fue cuando su helado se derramó sobre el uniforme de Sting, quien la miró ceñuda mientras ella se reía divertida, y un imbécil camarógrafo les tomó una fotografía en ese momento para luego cobrarle a Sting unos cuantos yenes a cambio de la misma.

Claro, él verdadero Sting Eucliffe no lo habría pagado, pero aquél que acompañó a Lucy Heartfilia en ese momento no era el mismo villano de la clase C, y solo bastó que la chica dijera 'por favor' para que accediera a comprarle el inútil pedazo de papel.

―Es un 'momento'.

Frunció el ceño mientras oía los disparates de Lucy.

―Es solo un pedazo de papel que guarda una evidencia que podría ser usada en mí contra ―aclaró―, si alguien me ve con los pantalones llenos de helado, sería el fin de mi reputación.

Lucy negó con la cabeza.

―Es una fotografía, Sting ―corrigió, usando su nombre como algo tan natural―, y guarda un precioso momento que nos hará recordar.

―¿Recordar que lanzaste helado sobre mí?

La risa de la chica estalló.

―Eso… y quizás algo más.


Cuando se designó que Lucy Heartfilia de la clase A fuera su tutora, Sting no supo si tomar eso para bien o para mal.

―Pudo haber sido peor ―comentó Yukino calmadamente―. La señorita Lucy es una buena persona.

Sí, sí. Lucy era un pan de Dios, pero no era como si ya fueran los mejores amigos del mundo.

Aunque algo le hacía pensar que nadie de sus 'amigos' sabía sobre los secretos de la chica. En realidad no es como si Sting supiera mucho, comprendía que algo estaba haciendo a Lucy sufrir, pero no tenía en claro que era.

Aun así, ni siquiera aquellas experiencias compartidas le permitieron sonreír en la biblioteca escolar donde Lucy lo esperaba para comenzar la lección.

―No me malentiendas, no eres tú… bueno, puede que sí influya en algo, pero el punto es que detesto estudiar.

―Ya me di cuenta, Sting ―la chica suspiró―, pero pienso que tienes más suerte que Natsu.

Sting enarcó una ceja, ¿qué podría ser peor que estar con una rubia voluptuosa, chillona, llorona y demasiado molesta para su gusto?

Como leyéndole el pensamiento, Lucy rodó los ojos.

―¿Prefieres estar con Erza? Con mucho gusto podemos cambiar de alumnos, estoy segura que se llevarían muy bien…

―Adorada tutora, comencemos nuestra lección, muero por saber qué conocimientos me impartirá. ―Sting la cortó, él era algo rebelde y puede que a veces le metiera a lo bruto, pero comprendía cien por ciento que si Erza Scarlet fuera su tutora, podría perder alguna parte vital de su organismo durante el proceso.

―¡Bien! ―Lucy exclamó―, pero antes que nada ―se colocó al lado suyo, sacó su teléfono celular y colocó la cámara frente a ellos― ¡Sonríe!

Sting se quedó sorprendido ante aquella acción, no sonrió por la velocidad en que ocurrieron las cosas.

―¡No sonreíste, Sting! ―chilló la chica al ver la foto―Bueno, no importa, al menos ya tengo otra fotografía.

―P-pero, ¿qué demonios fue eso, mujer? ―exigió saber el chico.

―Nada, Sting ―respondió inocentemente―, solo grabo otro momento.

En ese instante, Sting comprendió que odiaba la manera en que Lucy Heartfilia hablaba en acertijos.


No pasó mucho tiempo antes de que una rutina clave apareciera en la vida de Sting: dormir, ir a la institución, saltarse clases, comer, saltarse más clases, pelear con Natsu, compartir con amigos, verse con Lucy Heartfilia. El mes de tutoría programada por el castigo ya había pasado, pero se notaron visiblemente los resultados que la institución insistió en que se siguieran impartiendo esas clases jodidas. Aunque ya no se veían en la biblioteca, sino en lugares distintos para compartir.

Podría llegarse a la conclusión de que ambos eran amigos. Se saludaban en los pasillos, se sonreían, hablaban de vez en cuando, a veces no estudiaban sino que buscaban otras actividades recreativas.

Y Lucy siempre tomaba fotos.

―Guardo momentos ―se limitaba a decir, a lo que él, ya acostumbrado, ponía la sonrisa más sexy que tuviera para posar al lado de Lucy.

Sus amigos de la clase A no aceptaban mucho su nueva relación amistosa con él, pero daba igual, si se atrevían si quiera a tratar de separarlos se las verían con Sting personalmente. Por su parte, en su propia clase tampoco ponían cara muy buena cuando lo veían con Lucy, exceptuando Rogue y Yukino, el primero porque no parecía interesado en la chica y la segunda porque simplemente era buena.

―Gracias, Sting, me has dado muchas fotos con momentos únicos ―comentó un día Lucy.

Él la miró extrañado, buscando otra explicación a sus acertijos. Ella negó con la cabeza, sonrió e inesperadamente le dio un pequeño beso en su mejilla. Sting no se sonrojó, no se inmutó, no dijo nada, simplemente palmeó la cabeza de Lucy y siguió caminado a su lado.

―La próxima vez toma una fotografía ―le dijo―, así grabaremos otro momento.

Lucy sonrió.

Sting también.

Levy McGarden los vio a la lejanía.

Minerva también observó todo a la distancia, sonrió levemente y entornó los ojos. Había encontrado otra presa con quien jugar.

Continuará... si quieren.


A/N: Bueno, esto iba a ser originalmente un One-shot, pero debido a la longitud preferí dejarlo como Two-shot :). Estoy trabajando ya en la segunda parte, así que espero subirla pronto n.n. Ojalá y se tomen un tiempo en dejarme un review dado que es la primera vez que escribo sobre esta pareja tan crack XD.

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Ama-chan off!