Elora

Me acaban de decir todo, el por que era inevitable que tenia que volver con la compania de Frederic. Y no era por que fueramos unos rebeldes y nos tuvieramos que escapar de casa. Si no, por que al parecer tengo un reino que gobernar. SIgo conmocionada, pero al menos no tuve que seguir con la farsa que he tenido durante estos casi veinte años.

Al parecer tengo una hermana mayor llamada Sybilla -sinceramente, el peor nombre- mi madre es una imponente reina llamada Ella y mi padre es un hombre solitaro llamado Waldo y proximamante yo me llamare Elora. Elora. Todo cambia muy rapido, y eso que aun no sucede lo peor.

Alguien toca la puerta de mi habitacion- Adelante- trato de sonar confiada cunado estoy gritando por dentro. El que pasa es Frederic, aun no lo puedo perdonar.

-Su Alteza la llama para una junta sobre usted ya sabe- suspiro pero el mi se inmuta. El no lo sabe ya que al menos mi `madre` ha querido guardar esto en secreto. ME voy a casar con un viejete de setenta y cinco años.

-Dile que no voy- le dije, ya era mucho, he tenido mi rimer beso, nunca he tenido un novio formal, y sto me dan ganas de vomitar.

-Usted sabe que es imperativo que...- levante la mano y lo calle.

-Si, si ahorita voy, dame cinco minutos- hizo una notable reverencia y dijo.

-Por supuesto, Princesa- no estoy acostumbrada a esta clase de respeto pero me obligue a dar una sonrisa a medias.

Por fin me deja en paz- Janet, vas a morir- me dije a mi misma y mordi la almohada para no gritar. Si lo hacia, me iban a mandar otra vez al psicologo.

Tuve que buscar algo presentable, sino Sybilla me encerraria hasta que lo lograra. Un vestido por debajo de las rodillas, blanco como la nieve con un chal con detalles negros. ME miro al espejo, por fuera sigo pareciendo yo, joven, soñadora, y con metas. Pero este lugar que quiere encerrar en una burbuja y ser su marioneta. En el tocador encuentro un cepillo, este lo utilizaba para mi cabello antes. Dorado, antiguo y con una punta en el mango. lo tomo y lo arrojo contra la puerta y queda clavado en la foto de mi prometido. El rey de mis enemigos. Oren Elsing el inmortal.


-Los Vittra han atacado nuestra tribu Carmenia, la unica en España, los daños no han sido reportados como graves, secuestraron a un par de mänsklig, nada importante, y un robo en la casa de cambio.- mi `madre y padre` apoyaban ambos su mano el la barbilla y pensaban. Mi hermana Sybilla en cambio, miraba al markis Kingler con reproche por su horrible combinacion de un saco de lunares amarillos con un pantalon blanco. Y este ultimo miraba a la marksinna Aurora la cual estaba enfatizada en su madre.

-Supongo que solo hay que reponer los daños materiales- dijo mi padre con su voz grave y me enfurecio.

-?A caso no les importa la vida de ellos?- me levante imponente haciendo u ruido cuando golpee la mesa- seran humanos pero no por eso son menores. Siguen siendo personas, parte de nuestra tribu.

-UNa princesa no debe interrumpir asi en una junta del consejo- dijo mi madre con esos ojos miel taladrandome, y de repente senti un agudo dolor en los musculos que se desvanecio en cuanto aparecio. Ella recobro la compostura- Sera mejor que te vayas- ordeno.

Frederic queria ayudarme pero lo negue y al salir azote la puerta casi trotando a mi habitacion y por enojada y no fijarme choque con alguien- Perdon, no fue mi intencion- escuche decir.

-No, no pasa nada, iba... apresurada- al fin pude ver mi pared, era alto con ojos negros con un tono gris y cabello despeinado, musculos debajo de esa camisa y una sonrisa genuina que merecia la pena admirar.

-Disculpe, princesa- genial, todos me deben reconocer- me dirigia al lugar de donde usted vino- dijo señalando la sala de conferencias

-Creeme es un nido de serpientes.- esboce una sonrisa y extendi mi mano- Janet.- el la estrecho y beso.

-Su servidor, Thomas Holmes.