Situado en el primer episodio de la temporada cinco, "Una bruja sirena, parte 2" o "La cola de una bruja, parte 2" (depende si es Latinoamérica o España).


Prólogo.

Piper estaba atada a una reja gigante con medio cuerpo dentro del agua, pero eso le daba lo mismo: ella era la mujer más valiente en la Tierra, no había ni una pizca de miedo en su cuerpo o cabeza y ese famoso Necron debía enterarse de ello. Ella era una bruja y no cualquiera: era una Charmed, la mayor de ellas, la más poderosa y él no iba a detenerla con un poquito de agua y electricidad barata.

― Ok, ya me hartaste. ―le dijo aburrida, buscando algo de acción.

― ¿Cuál es tu última voluntad? ―le preguntó, cansado de su actitud y sin dejar de preguntarse dónde demonios estaba la sirena.

― No eres suficientemente poderoso para matarme, si no, ya lo habrías hecho. ―respondió Piper con una mueca insolente, ¿Quién se creía ese tipo?

― Al contrario, no tenía hambre hasta ahora, pero creo que ya es hora de comer.

Piper no se preocupó, no era una gallina. Necron levantó su mano, listo para hacer desaparecer a esa estúpida bruja, cuando una cola se asomó a la superficie.

― Déjala ir, es a mi a quien quieres. ―le dijo Phoebe. Ella no era la persona más valiente, pero sabía que jamás lograría perdonarse si algo llegase a pasarle a una de sus hermanas, menos a su sobrina: sabía lo doloroso que era perder un hijo, realmente lo sabía y no se lo deseaba ni a su hermana ni a su cuñado, incluso desearía que Cole no tuviera que sentir ese dolor. Su dolor.

Necron hizo aparecer la concha sobre su mano de inmediato.

― Oh, cuidado Phoebe, ¡Tiene una concha! ―se burló Piper. ¿Eso era lo mejor que tenía? Por favor.

― ¿Sabes qué es esto? ―preguntó a Phoebe, ignorando a Piper quien ya lo tenía enfermo.

― Sí, una caracola que succiona la vida eterna. Mira, te daré mi inmortalidad si dejas ir a mi hermana. ―le exigió, mirando a Piper.

El demonio movió su mano, haciendo que la reja saliera despedida por el agua y golpeara la pared de rocas. Las cadenas de Piper se soltaron, haciendo que cayera con fuerza contra el piso.

― ¡No! ―gritó Phoebe, entrando en pánico, nadando tan rápido como pudo hasta alcanzar a su hermana quien intentaba sentarse y recomponerse.

― Prometo que acabaré con ella si no me das lo que quiero. ―le dijo Necron, tomando el toro por los cuernos.

― Piper, ¿Estás bien? ―preguntó Phoebe, ignorándolo completamente: necesitaba saber si estaba bien.

― Mi bebé...―murmuró, tocando su estómago ensangrentado. Ya no sentía valor, si no rabia. Su sangre hervía y había perdido todo el control sobre sus emociones― ¡Qué hiciste! ―le gritó al demonio.

Necron hizo desaparecer la concha sobre su mano y luego reaparecer en el corazón de Phoebe. No bien la concha tocó su piel, ella pudo sentir cómo el dolor y la desesperanza desaparecían de su corazón: lo único que sentía ahora era el ardor de la herida.

― Cumple tu promesa, bruja.

La ira de Piper cambió de golpe a miedo y desesperación. El hechizo se había roto y todo el valor se había transformado en dolor y pánico, tanto físico como emocional. Estaba perdiendo a su bebita y era su culpa. Estaba perdiendo a su hermana menor y también era su culpa. Había traído dolor y desgracia a la familia...¡Debía haber muerto en lugar de Prue!, ¿Por qué había tenido que irse? Si ella hubiese estado allí jamás hubiese permitido que Phoebe se rompiera hasta llegar al punto de decidir hacerse sirena y desaparecer. No habría tenido miedo ni necesitado un hechizo de valor para aniquilar a un demonio y jamás hubiese permitido que nadie dañara a su bebé. Su bebé. Había matado a su propia bebé. Era culpa de ella que Prue estuviera muerta y también era culpable de que Phoebe se le uniera.

Lucecitas blanca y azules aparecieron en el aire trayendo a Paige y Leo consigo, éste último se apresuró hasta Piper cuando sus ojos la encontraron.

― Tranquila cariño, aquí estoy. ―le dijo, agachándose a curar sus heridas pero Necron fue más rápido y lo hizo volar a través de la habitación y caer inconsciente tras un montón de rocas.

― ¡Phoebe! ―gritó Paige y, siguiendo sus instintos, se escondió tras una estatua que Necron destruyó en un segundo― ¡Concha!

El demonio abrió los ojos como platos al sentirla sobre su pecho, sorprendido.

― ¡Piper, toma la mano de Phoebe! ―le pidió sosteniendo la suya― Prepárense para una explosión de proporciones. ―agregó, lista para recitar el hechizo y terminar con el asunto para poder enfocarse al fin en el miedo de Piper y el corazón de Phoebe.

Las tres hermanas comenzaron a leer el hechizo, mientras Necron se sacudía atónito.

"Marea de maldad limpia la costa. Ya no traigas esta oscuridad. Con todas nuestras fuerzas peleamos contra este destino. Destruye esta maldad

Una gran explosión los repartió por el cuarto. Paige cayó en las rocas y se golpeó la nuca, desmayándose al instante. Phoebe cayó al agua, golpeándose la frente por la fuerza del movimiento, aturdiéndose un poco. Piper en tanto, fue arrastrada por la reja deslizándose bajo el agua.

Necron abrió los ojos, encantado ante la idea de seguir vivo. Algo había salido mal y él sabía qué: la chica no era cien por ciento bruja, por lo que el hechizo no había funcionado, ¿Cómo sabía eso? por el suave brillo de la caracola: tampoco era una sirena completa, por lo que la calidad de la vida eterna que ella podía darle no era la que él deseaba. Había una sola cosa que hacer para resolver el problema y ese era el mejor momento para atacar.

Phoebe abrió los ojos, mareada; todo lo que podía ver era una figura borrosa acercándose a ella desde la orilla.

― Buen intento, bruja. ―dijo Necron haciendo una mueca― Haremos esto de nuevo, pero para asegurarme de que no vas a traicionarme, eliminaré al principal catalizador de cualquier plan en mi contra.

El demonio levantó su mano y apuntó bajo el agua en donde Piper se ahogaba mientras luchaba por soltarse de la cadena atada a su pie. Apenas podía respirar y estaba asustada. Su madre había muerto ahogada, su estómago no dejaba de sangrar y Leo estaba desmayado. Iba a morir. Su bebé, si no estaba muerta a esas alturas, también iba a morir. Tenía que luchar, luchar y liberarse de esa cadena: era una Halliwell después de todo y una Halliwell nunca, nunca, se daba por vencida.

Los ojos de Phoebe se llenaron de terror y antes de alcanzar a saltar entre él y su hermana, un sonriente Necron torció su muñeca. El cuerpo de Piper dejó de moverse y las burbujas de su último aliento subieron a la superficie. Leo despertó gritando de dolor, sintiendo su corazón comprimirse de un dolor insoportable. Corrió hasta el agua, intentando encontrar a su esposa, pero era demasiado tarde.

― No, no, ¡No! ―gritó, saltando al mar en un intento desesperado de atrapar su cuerpo.

Paige despertó y se sentó apenas su corazón le hizo hacerlo, y en todo lo que pudo pensar, fue en Piper, al punto en que orbitó bajo el agua de manera automática sin notar aún que estaba muerta. Desató el pie de Piper por instinto y la orbitó junto a Leo y sí misma a las rocas.

Las lágrimas de Phoebe comenzaron a caer al instante, mirando la escena en silencio. El dolor era sofocante y sentía cómo su pecho estaba a punto de explotar de afuera hacia adentro. Era tan fuerte que no podía seguir ningún sentimiento porque todos trataban de hacerse con ella al mismo tiempo sin que ninguno lograra golpearla por suficiente tiempo como para reaccionar a él. Y lo sintió. Fue rápido, sublime, tan suave que casi no lo notó, pero sabía que había pasado: su último amago de humanidad había muerto junto a su hermana y sobrina; ya no era bruja, ni siquiera un mortal con el corazón roto: era una sirena y necesitaba que su corazón se congelara, o morir.

― Piper, Piper, por favor. ―rogaba Paige asiendo la mano que caía del abrazo de Leo.

― Cariño, despierta. ―le pedía Leo susurrando en su oído. Lloraba desesperado e intentaba devolverla a la vida, pero no era posible. Su corazón se había roto y sabía que lo había perdido todo. Ya nada le importaba y ni siquiera el amor que sentía por las otras dos hermanas era suficiente como para hacerlo dejar de mecer el cuerpo de su difunta esposa y hacer algo para salvar su vida o la de ellas.

No había motivo, no sin Piper.

― Ahora que eres una sirena de verdad, dame tu vida si quieres que tu otra hermanita siga viviendo. ―le pidió educadamente.

― ¡No! ―le pidió Paige con lágrimas en su rostro, volteándose a verla― ¡Phoebe!

Ella asintió, ya que todo lo que tenía era un dolor en el pecho que ya no podía controlar. Necesitaba dejar de sentir ese dolor. Necesitaba que su corazón dejara de doler tanto. Necesitaba que sus pensamientos dejaran de atacarla. Necesitaba que las voces en su cabeza dejaran de decirle que era su culpa. Necesitaba dejar de ver el rostro de Prue con los ojos cerrados por última vez, ya que se había dejado engañar por Tempus y esa era la razón por la que había muerto. Necesitaba dejar de ver los ojos de Cole poseídos por La fuente. Necesitaba dejar de sentir que se le iba la vida cuando la Vidente le había arrebatado a su hijo. Necesitaba dejar de ver a Piper muerta en el suelo y a Leo llorando su muerte y la de su hija no nacida. Necesitaba reparar parte del daño que había causado y la única forma de hacerlo era salvando a Paige: ella era bondad, un ángel, en cambio ella...ella era malvada y no merecía ni un otro segundo de vida. No si sus hermanas, las verdaderas heroínas de la familia, no podían tenerlo.

― ¡No te atrevas! ―le advirtió Paige― ¡Concha! ―gritó, tratando de orbitarla a su mano pero no funcionó: Phoebe estaba decidida y a pesar de todo seguía siendo una criatura poderosa.

Phoebe miró a Leo a los ojos y luego a los de Paige antes de sostener la concha sobre su pecho.

― ¡Phoebe! ―chilló Paige, cerrando los ojos: no podía mirarla morir, pero sabía que no podía luchar contra el Necron sola. Era el fin, y ella sería la siguiente.

― Lo...siento...―balbuceó Phoebe, cerrando los ojos entre ligeros temblores: tenía frío.

Cuando la concha tocó su piel sintió, de nuevo, que todo el dolor de su corazón se disolvía. El dolor causado por la herida le era reconfortante: se odiaba por el daño causado y merecía eso y mucho más. Podía sentir la vida dejándola y todos sus sentidos siendo drenados por la caracola. Recuerdos de todo tipo, felices y tristes. Ya no sentía dolor, ya no sentía que su corazón sangraba sin parar. Pero no estaba clamada; no podía llamarle a eso paz...era algo diferente, como, ¿adormilamiento? se sentía adormilada. No sentía nada y eso le aterraba. No había ni nombres ni rostros en su cabeza. Había perdido la capacidad de amar y ser amada. No podía siquiera odiar: no había nada corriendo por sus venas y su cerebro de a poco se apagaba.

La concha dejó de brillar y volvió a la mano de Necron. Sonrió, fingiendo tristeza al ver el cuerpo de Phoebe hundiéndose lentamente en el mar, blanca como una hoja de papel, sin vida.

― Gracias, fue un placer hacer negocios con ustedes. ―dijo, guarándose la concha en el bolsillo― Te mataría...―agregó, dirigiéndose a Paige― pero creo que así es más divertido: ya estás muerta de todas formas...―sonrió, mirando a Piper y luego a Phoebe― Humanos, tan básicos.

Dicho eso y luego de girar sobre sus talones, desapareció entre rayos.


Oh, oh...¿Cómo va Paige a salvar el día ahora? Entérense en el capítulo que viene, muahahaha.

Copié el hechizo de la página " charmed―el―poder―de―3. blogspot 2011/03/hechizos. html"