Capítulo dedicado a Keisi.

Capítulo uno: La muerte de las Charmed.

Cole sintió la peor sensación del mundo estrujando su pecho, una mucho peor al rechazo de Phoebe. El dolor era tan fuerte que no podía respirar. No tenía idea de qué estaba pasando, pero sí que ella tenía que ver: estaba en problemas, y no lo sabía solamente porque Paige se lo había dicho hacia un rato, si no porque podía sentir su miseria como si le estuviera pasando a él. No lo pensó dos veces y, concentrado en su dolor, se transportó. En medio de su viaje, sintió como si un gancho se ensartara en su corazón y se lo rasgara de cuajo, algo en él había muerto.

Phoebe había muerto.

Paige apareció entre chispas de luz en la playa y, con ella, Leo, Piper y Phoebe. Su cuñado era uno con su hermana mayor. Leo estaba completamente perdido. No podía pensar con claridad. Todo lo que tenía en mente era que su esposa se había ido y su hijo también. Una vida de sueños, rota en segundos. No quedaba nada. No solamente había muerto Piper, sino también Phoebe: las Charmed ya no existían, el mundo estaba condenado y la balanza se había inclinado hacia el mal. La última Halliwell abrazaba a Phoebe, acariciando su cabello mientras sostenía la mano de Piper. Había perdido una familia cuando tenía diecinueve y cuando creyó que estaba sola en el mundo, sus hermanas habían aparecido en el mapa y cambiado su vida para bien. Pero ahora...Piper había muerto por Phoebe, y ésta había muerto por ella.

A pesar de su desolación, ambos sobrevivientes reaccionaron ante la aparición de un hombre cayendo sobre sus rodillas; se afirmaba el pecho y miraba para todas partes, desesperado. Cole corrió hasta Phoebe apenas la vio, cojeando.

― Phoebe, no...―dijo al tiempo en que sus lágrimas comenzaron a caer por sus mejillas. Reemplazó a Paige y envolvió a su esposa entre sus brazos y apoyó su cabeza sobre su pecho. Estaba muerta. Había muerto antes de poder demostrarle que podía cambiar por ella. Había muerto antes de poder explicarle lo ocurrido, antes de darse otra oportunidad.

Paige se tapó la boca y se abrazó a sí misma, mirando a los dos hombres llorando sobre los cuerpos de los amores de sus vidas. La escena era terrible, y Necron tenía razón: no había necesitado matarla, porque ya estaba muerta.

― ¿Qué pasó? ―gritó, mirando a Piper, esperando una respuesta.

Leo cambió la dirección de su mirada de los labios de Piper a la cara de Cole, la cual estaba completamente roja, su cuello enseñaba venitas hinchadas. Apenas podía respirar, su corazón estaba en el ojo de un huracán. Lo entendía a la perfección, más de lo que le hubiese gustado.

― Piper...―notó Cole, sintiendo profunda tristeza ante su muerte; nunca había creído que iba a llorar la partida de las Charmed, pero cuando Prue había muerto él lo había resentido, quizás no tanto como a Piper, ya que ésta era diez veces más dulce que la primera, pero aún así...y más allá de eso, era el dolor de Leo el que le hacía más daño, porque él se sentía igual por la pérdida de Phoebe. Era como si de repente, todas las luces se hubiesen apagado.

Leo lo miró a los ojos y, por un momento, se olvidaron de que eran un ángel y un demonio. Por un momento, eran exactamente la misma persona: ambos habían perdido a la persona más importante en sus vidas, a sus hijos no nacidos, todos sus sueños y esperanzas de una vida junto a ellas. Ambos habían perdido la única razón para seguir viviendo, para luchar; uno a la mujer que le había enseñado a amar y a ser amado, que le había enseñado la bondad que había dentro de él. El otro, había perdido a la mujer que le había enseñado a ser valiente y luchar por lo correcto, incluso cuando el mundo entero se ponía en tu contra. Les habían enseñado qué era el amor de verdad, y ahora, a qué sabía el infierno.

― Trató de salvar a Phoebe...―dijo Paige, temblando en su lugar. Se limpió la cara de lágrimas, recién comprendiendo lo ocurrido― Necron la asesinó, y eso hizo que Phoebe se volviera sirena definitivamente...

Cole miró a la mujer en sus brazos y se dio cuenta de que aún tenía cola y superior de escamas. Estaba helada, ahora que se daba cuenta, congelada. La acercó aún más tratando de abrigarla, a pesar de saber que aquél esfuerzo era inútil.

― Murió por mi culpa. ―agregó, cerrando los ojos con impotencia― ¡Él le pidió su vida por la mía! Y ya que...ya que Piper...ya que ella ya estaba...muerta...―logró decir, entre sollozos― se la dio.

Las mandíbulas de Cole se apretaron y su visión se tornó borrosa. Estaba cegado por la ira y el objetivo de ésta estaba justo frente a él.

― ¡TU! ―gritó Cole, saltando sobre ella intentando ahorcarla. Paige, quien lo vio venir, no se movió.

Leo reaccionó finalmente, despertando de su ensueño.

― ¡Suéltala! ―protestó, golpeándolo con todo el dolor que tenía contenido.

Ambos hombres cayeron a la arena y comenzaron a pelear como mortales. La pelea no era por Paige, tampoco por Piper o Phoebe, si no por ellos. Ambos sabían que Paige era inocente y que los verdaderos culpables eran ellos: si Leo hubiese prestado más atención a Piper se hubiera dado cuenta de que estaba bajo un hechizo, la hubiese rescatado y ahora ella estaría con él, pero no; era débil y se había desmayado y ahora ella estaba muerta por su culpa. Cole no se sentía mejor, al contrario: todo lo que había estado ocurriendo con Phoebe desde un tiempo a esa parte era culpa suya. Él la había roto. El amor que él sentía por ella y que una vez la había hecho más fuerte que nunca, había terminado por destruirla debido a su debilidad; había sucumbido ante la maldad, la había traicionado y había terminado por matarla.

― Ya basta. ―les rogó Paige, viéndolos golpearse mientras las chicas seguían recostadas sobre la arena― ¡Ya basta dije!, ¡Mis hermanas están aquí! Si van a pelearse vayan a hacerlo a otra parte, no delante de Piper y Phoebe.

Apenas ambos nombres fueron mencionados, la pelea cesó. Cole le ofreció su mano a Leo y se pusieron de pie. El ángel caminó lentamente de regreso hasta su esposa.

― No. ―dijo Cole cuando vio a Paige intentar tocar a Phoebe― Tú hiciste esto.

El demonio caminó hasta su esposa mirando a Paige a los ojos; ésta simplemente se quedó ahí, a medio camino de sus hermanas. Leo no dijo nada: sabía que Cole necesitaba decir adiós. Una vez que éste se reunió con su esposa, la envolvió entre sus brazos, besó su mejilla y desapareció.


Respuesta(s) de review(s):

Keisi: Wow, la gente va a empezar a creer que te pago para que me comentes jajaja, ¡Linda! Oh este cap original es buenísimo! Gracias por todo, te quiero amiga, éxito en todos tus exámenes.