Disclaimer: Nada de este me pertenece, salvo algunos OC que aparecen por ahí. Todo lo demás es propiedad de Marvel.


Hold my head inside your hands,
I need someone who understands.
I need someone, someone who hears,
For you, I've waited all these years.

For you, I'd wait 'til kingdom come.
Until my day, my day is done.
And say you'll come, and set me free,
Just say you'll wait, you'll wait for me.

Til Kingdom Come de Coldplay


11

Nada más

36 llamadas. Todas de la misma persona: Loki. 36 llamadas. ¿Por qué le llamaba? ¿Querría arreglar las cosas? ¿Para qué? Había dejado muy en claro que no le interesaba ser su amigo, sin contar que el pasado mes la trató como si fuera una prostituta enteramente a su disposición. ¿Acaso pensaba que lo perdonaría tan fácilmente? Soltó el celular encima del sillón y emprendió el camino de vuelta a su cuarto. Sus pasos se interrumpieron al escuchar el lejano timbre de un celular. Giró su cabeza en busca de la fuente de dicho sonido, determinando que provenía del pasillo afuera de su departamento. Se aproximó a la puerta y observó a través de la mirilla, topándose con una imagen que le oprimió el pecho. Era Loki, afuera de su casa, revisando su celular y maldiciendo entre dientes. Dio unos cuantos pasos hacia atrás, hasta chocar contra el reposabrazos de su sillón. Loki estaba ahí y solamente los separaba un pedazo de madera. ¿Qué haría? ¿Lo dejaría pasar o lo dejaría ahí afuera? ¿Y si había cambiado de opinión? ¿Y si deseaba disculparse? ¿Y si quería arreglar la situación? Podría perdonarlo… después de gritarle un rato y darle una buena patada en cierta parte de su cuerpo que no le agradaría. Todo volvería a ser como antes. Serían amigos de nuevo. Cenarían cada noche mientras miraban televisión. Platicarían y debatirían sobre temas trascendentales o las tonterías más grandes del mundo. Se reirían juntos de incoherencias. Oh, cómo extrañaba todo eso. Cómo extrañaba a su amigo.

Caminó hacia la puerta, posó su mano sobre la manija, la giró y haló el objeto hacia ella. Loki apartó su mirada del aparato en su mano y la fijó sobre la joven.

- ¿Qué haces aquí? – inquirió Darcy con seriedad, cruzando sus brazos sobre su pecho – Pensé haber sido clara ayer.

- Muy clara – asintió Loki sereno - ¿Podemos hablar?

- ¿De qué? – cuestionó Darcy – No tenemos nada de qué hablar.

- Pienso que ambos nos extralimitamos anoche – opinó Loki – Después de una noche de descanso, me parece que podremos conversar con mayor tranquilidad.

- ¿Qué esperas? ¿Qué haya cambiado de opinión? Porque no lo he hecho – aclaró Darcy – No me interesa continuar con esto, Loki. Nuestra relación… el sexo… eso se acabó. ¿Ok? Lo único que puedo ofrecerte es una amistad y me quedó muy claro ayer que eso no te interesa.

- ¿Puedo entrar? – pidió Loki.

- No – negó. El Dios del Engaño rodó los ojos y bufó molesto.

- ¿Al menos puedo saber la razón detrás de tan inesperada decisión? – preguntó Loki a punto de perder la paciencia.

- No lo sé, tal vez tratarme como una puta – soltó Darcy, sintiendo un escozor en sus ojos.

- ¿De qué estás hablando? – inquirió Loki alterado – Yo no…

- Oh, por favor, ahórratelo – lo interrumpió Darcy dolida – Estoy cansada de esto. De que vengas todas las noches sólo para satisfacerte. De que me trates como un objeto a tu disposición. De tu desinterés. De tu frialdad.

- Darcy… - comenzó el hombre turbado.

- ¡No! ¡No quiero escucharte! ¡Estoy harta de tus mentiras! ¡De tus dulces palabras y promesas! – exclamó Darcy - ¡Prometiste que nada cambiaría y todo cambió! ¡De un día al otro pasamos de ser amigos a… a… unos desconocidos! ¡¿Qué demonios pasó?! ¡¿Dónde quedó todo?! ¡¿Este año de amistad?! ¡¿No significa nada?! ¡¿Yo no significo nada?! Oh no, espera, claro que significo algo para ti… ¡UNA AGRADABLE COMPAÑÍA! ¡ESO ES LO QUE SOY! ¡TU PERRO! ¡TU PUTA PERSONAL!

Loki la sujetó de los antebrazos y la acercó peligrosamente a él.

- No vuelvas a repetir esas tonterías – le advirtió Loki con dureza.

- Es la verdad – señaló Darcy sin poder contener las lágrimas – Me lo has demostrado estas semanas. Yo no soy nada para ti, Loki. Yo no te intereso. Nunca lo he hecho. Soy como Jane con Thor. Soy tu mascota. Tu juguete. Y cuando te aburras me desecharas como a uno.

- ¡NO ES VERDAD! – gritó Loki fuera de sí - ¡¿ES QUE NO LO VES?!

- ¿Qué se supone que debo de ver? –preguntó Darcy.

El jotun abrió y cerró su boca en un intento de hablar, más las palabras no escapaban de su garganta. Darcy negó con la cabeza y trató de zafarse del férreo agarre de Loki, sin conseguirlo.

- Suéltame, por favor – solicitó Darcy.

- No – masculló Loki.

- Loki, esto es una locura – expresó Darcy – Esto nunca debió de haber pasado y tiene que terminar. Tú y yo… Esto se acabó.

- Por supuesto que no – negó Loki con determinación – Esto no va a terminar, no puede terminar. Tú eres mía. Eres mi mujer. Mi amiga. Mi compañera. Mi todo. No voy a perderte, Darcy. No puedo perderte. Te amo.

- ¿Qué? – pronunció Darcy sin aliento.

Los labios de Loki sobre los suyos fueron su única respuesta.

Sus ojos se abrieron de golpe desorientados. Un incesante pitido rápidamente alcanzó sus oídos, devolviéndola lentamente a la dura realidad. Estiró su mano derecha en busca del molesto despertador que descansaba sobre la mesita de noche y lo apagó. Giró hasta quedar recostada sobre su espalda, su mirada perdida en el techo del cuarto. Llevó su mano a sus labios, cerrando los ojos. Su sueño se repetía una y otra vez en su cabeza. Te amo. Te amo. Suspiró cansada, apartó las cobijas de ella y se sentó en la orilla de la cama. Permaneció varios minutos inmóvil, decidiéndose entre levantarse o acostarse de nuevo. Se había prometido a si misma que ese día regresaría al trabajo. Sabía que si llamaba para reportarse enferma nadie la reñiría por tomarse otro día más de descanso, sin embargo, las cuatro paredes del departamento de Jane resultaban cada vez más asfixiantes. Además, Darcy quería recuperar su vida. Volver a la normalidad lo más rápido posible. Aún no contaba con el valor de regresar a su casa y vivir sola, pero reanudar sus actividades laborales era un comienzo hacia la mejoría.

Se puso de pie, caminó hacia el armario, sacó ropa limpia y lo suficientemente decente como para presentarse en el trabajo y salió de su cuarto, por poco chocando con la persona que menos deseaba ver en ese momento. No después de soñar con él. Loki alzó su vista de un cuaderno que cargaba en su mano izquierda, le dio un sorbo a la taza de café en su otra mano y le sonrió con esa maldita sonrisa que simplemente la derretía.

- ¿Lista para tu primer día sin Angerboda? – inquirió Loki.

Darcy ladeó su cabeza sin comprender las palabras del hombre, sin embargo, cuando su cerebro al fin descifró su significado, dejo caer su ropa al suelo y cogió a Loki de los hombros sacudiéndolo.

- ¿La sacaste de mi cabeza? ¿Terminaste? ¿Ya no está? – exclamó Darcy entusiasmada, mientras Loki intentaba por todos los medios que el contenido de la taza no cayera sobre el cuaderno.

- Completamente – afirmó Loki entretenido.

- ¡OH POR DIOS! – gritó Darcy feliz, para después lanzarse sobre Loki en un fuerte abrazo - ¡TE ADORO!

Desapareciendo la taza y el cuaderno, Loki la rodeó entre sus brazos contento, ciñéndola aún más contra su cuerpo.

- ¡¿Qué pasó?! ¡¿Por qué gritan?! ¡¿Qué… - interrumpió la escena Jane, asomándose al pasillo con una sartén en la mano y un volteador en la otra. Loki levantó su vista amenazantemente contra la astrofísica, al tiempo que Darcy lo soltaba y corría a abrazar a la mujer en cuestión.

- ¡Loki terminó de curarme! ¡Darcy 2.0 ya no existe! ¡Adiós, Angerboda! – anunció en tono festivo la muchacha.

- ¡Eso es maravilloso! – festejó Jane - ¡Tenemos que celebrarlo!

- Después, ahora tengo que bañarme y arreglarme para mi primer día de trabajo – señaló Darcy, alejándose de la mujer para recoger su ropa del suelo - ¿Te importa si uso tu maquillaje? No, ¿verdad?

- ¿Trabajo? ¿Estás segura de eso? Tony te dijo que podías tomarte el tiempo que necesitaras para recuperarte – comentó Jane, al tiempo que Darcy caminaba al cuarto de baño.

- Creo que una semana es suficiente, mamá – apuntó Darcy en el umbral de la puerta del baño.

Y sin más, cerró la puerta tras de sí. Jane volvió su vista a Loki, quien aún la miraba con cierto tinte de fastidio detrás de su reaparecida taza de café.

- Me disculparía, pero vivir con superhéroes simplemente destruye mis nervios – se defendió Jane - ¿Hot cakes?

- Usted y Thor son perfectos el uno para el otro, doctora Foster – manifestó Loki, pasando a su lado en su camino a la cocina.

- No estoy segura si eso fue un insulto o un cumplido – dijo Jane, siguiéndolo.


Una semana. Ese era el tiempo exacto que Thor llevaba supervisando y ayudando en los trabajos de reconstrucción del palacio y sus alrededores. Sus días comenzaba al amanecer y concluían al anochecer sin un solo minuto de descanso, todo para devolver en el menor tiempo posible su característica gloria a los dorados corredores de su hogar. Su tiempo se dividía entre los establos, el patio principal, las casas aledañas y la sala del trono en una establecida e inamovible agenda. Después de tomarse un par de días de descanso, Sif y los Tres Guerreros se habían unido a él, al igual que la mayoría de los guerreros y miembros de la corte. Era su hogar al fin y al cabo.

Una vez que Darcy había recuperado la energía que el conjuro de Loki le había arrebatado, Thor había arrinconado a su hermano en la cocina del departamento de Jane para exigir algunas explicaciones. Empezando por su falta de confianza al no ponerlo al tanto de la totalidad de su plan, pasando por la ubicación de la manzana y finalizando con el destino de Angerboda. Transcurrieron una hora entre disculpas y argumentos que en nada aplacaron los ánimos del rubio. No importaba cuantas veces repitiera Loki que su silencio había sido en pos de salvaguardar la vida de Darcy, el Dios del Caos había confiado en Stark, no en él, y el Dios del Trueno no podía evitar sentirse dolido y un tanto celoso. El tema de la manzana se zanjó cuando Loki prometió que no la usaría en contra de Asgard mientras Asgard no se entrometiera en su vida y en sus asuntos. Thor se conformó con ello, sabiendo muy bien que batallas valían la pena pelearse y cuáles no. En cuanto a Angerboda… Thor habría preferido no preguntar, quedarse en la ignorancia como Darcy, quien se negaba a saber el exacto fin de la hechicera y se contentaba con saber que nunca más los dañaría. Su hermano no sólo había repetido su espectáculo de tortura contra el doble de Darcy, sino que también había encerrado a la desdichada mujer con lo Desconocido, condenándola a pasar sus últimas horas sufriendo de la tortura psicológica que ese monstruo le provocaría. La imagen de su cuerpo sin vida cuando lo hallaron aún plagaba sus pocas horas de sueño.

Como cada mañana, Thor se encontraba en los establos, cargando madera recién cortada para reconstruir las casas de los caballos, cuando uno de los guardias personales de su padre solicitó su presencia ante el rey de Asgard. Tras delegar algunas acciones a sus inseparables amigos, el Dios del Trueno se dirigió al encuentro de su padre, saludando a cuanto se atravesara en su camino y preguntándoles si requerían de algo. Al llegar a la ante sala de los aposentos reales, se topó con la agradable presencia de Sigyn. La mujer estaba de pie a unos cuantos pasos de la entrada, con sus manos entrelazadas sobre su abdomen y mordiéndose el labio inferior con nerviosismo.

- ¡Sigyn, buenos días! – saludo Thor con entusiasmo.

- Buenos días, su majestad – devolvió el saludo la mujer con una ligera reverencia.

- Basta de tantas formalidades – la reprendió Thor con una inmensa sonrisa – Somos amigos, compañeros de armas.

- ¿Compañeros de armas? – repitió Sigyn levemente sonrojada. El hombre se acercó a ella y posó sus manos sobre sus hombros.

- Por supuesto, tu valentía en estos tiempos de necesidad es digna de cualquier guerrera honorable – indicó Thor.

- Muchas gracias – agradeció Sigyn avergonzada.

La Diosa de la Fidelidad siempre había pasado inadvertida, oculta por las imponentes presencias de su madre y hermana; sin embargo, su participación en la liberación de Asgard era de dominio público y no existía habitante de la dorada ciudad que no le haya mostrado sus respetos a la vanir con reverencias y regalos, desde los más sencillos, hasta los más elaborados.

- Señor, lady Sigyn, pueden pasar – anunció uno de los guardias al salir de las recámaras de los reyes.

Thor le hizo una seña a Sigyn para que fuera delante y la mujer marchó hacia el interior de la habitación con el rubio detrás de ella. Adentro se encontraban los reyes de Asgard, su padre recostado en su cama y su madre sentada a un lado de él. Después de pasar un mes encerrado bajo los precarios cuidados de Angerboda, la salud del Padre de Todo era débil. Eir insistía en que el Sueño de Odín era la única opción de que el regente recobrara su vitalidad, no obstante, el obstinado hombre aplazaría el suceso hasta no saber que su reino una vez más estaba en armonía.

El Dios del Trueno y la Diosa de la Fidelidad hicieron el ademán de arrodillarse, mas Odín los contuvo con un gesto de su mano.

- No es necesario – habló el rey – Seré breve.

- Por supuesto, padre – asintió Thor.

- Heimdall me ha puesto al tanto en los avances de la reconstrucción – comenzó Odín – Tus esfuerzos son impresionantes, hijo mío. En cuestión de días habremos enterrado este amargo episodio en lo más profundo de nuestras memorias. Te felicito.

- El pueblo de Asgard merece un mayor reconocimiento por su solidaridad, padre – señaló Thor – Mis acciones son pocas en comparación a todo lo que ellos hacen cada día.

Odín movió su cabeza en afirmación, mirando a su hijo con orgullo. Hace unos años, ver a un Thor tan humilde y maduro era uno de los tantos sueños que el Padre de Todo alimentaba; ahora era una realidad. Si tan sólo todos los sueños se cumplieran como ese.

- Lo hemos reflexionado y creemos conveniente organizar una fiesta en honor a los dos libertadores de Asgard, sin los cuales no estaríamos disfrutando de este momento de paz - tomó la palabra Frigga – Sigyn y Loki.

- ¿Perdón? – pronunció la vanir descolocada.

- Tus acciones merecen las mayores ovaciones, Sigyn – apuntó Frigga – Sin tu valentía, lealtad y fortaleza, nosotros seguiríamos encerrados y el trono de Asgard usurpado. Tú y mi hijo orquestaron la liberación de nuestro pueblo y les debemos el reconocimiento.

- Estoy completamente de acuerdo – apoyó Thor con una sonrisa de oreja a oreja, la cual amainó al instante – Aunque dudo que mi hermano acepté presentarse.

- Transmítele nuestro deseo de que participe en la festividad – concluyó Odín – Será su decisión asistir o no.

- Si, padre – asintió Thor - ¿Y para cuando planean llevar a cabo la celebración?

- En cuanto los trabajos hayan concluido y el palacio esté presentable para invitados – señaló Frigga sonriente.

- En otros asuntos más apremiantes, concluido el festejo, me sumiré en el Sueño de Odín – informó el Padre de Todo – Thor, en mi ausencia, he decidido que la responsabilidad del trono recaerá sobre ti.

- ¿Sobre mí? – repitió Thor en una mezcla de excitación y miedo – Será un honor, padre.

- Confío en que lo harás bien, hijo – aseveró Odín.

- Espero cubrir tus expectativas, padre – expresó Thor con una leve sonrisa que no llegó a sus ojos.

Acabada la reunión, Sigyn y Thor partieron caminos, la primera en busca de su familia para contarles la grata noticia y el segundo de vuelta a los establos. Jamás, en las múltiples veces que su padre había estado bajo el Sueño de Odín, le había permitido ostentar el título de rey, ni siquiera en los días que lo pensaba erróneamente preparado para ascender al trono. Debería de estar contento, festejando, no obstante, se percibía inexplicablemente incomodo. Ser rey, aunque fuera sólo por unos días, era un prospecto atemorizante. ¿Podría con semejante responsabilidad? ¿Y si se equivocaba? ¿Y si aún no estaba preparado? Era poco el tiempo transcurrido entre su fallida coronación y el presente. ¿Habría madurado lo suficiente? ¿Ya no era ese muchacho impertinente, arrebatado y arrogante?

- ¿Nervioso, hermano? – cuestionó en tono burlón Loki.

Thor suspiró pesadamente. ¿Nervioso? No. Nervioso era poco. Por Valhalla, cómo le vendría tan bien la compañía y apoyo de su hermano en ese momento.


Darcy aún no sabía por qué había aceptado que Jane la acompañará a la Torre Stark. Después de pasar el desayuno discutiendo sobre lo recomendable que sería que todos se tomaran unas merecidas vacaciones, era obvio que la astrofísica aprovecharía la caminata para convencer a su joven amiga de prolongar su descanso. Sin embargo, Darcy no cedería. No importaba cuantos destinos turísticos enumerara la mujer, lo que la muchacha quería era restablecer su vida, no alejarse más de ella. Quería volver al trabajo. Quería regresar a su casa (en un futuro próximo, tal vez la siguiente semana). Anhelaba pasear por la ciudad sin la necesidad de un acompañante. Deseaba deshacerse de la sensación permanente de paranoia y ansiedad. Quería recuperar su vida antes de que Angerboda se metiera en ella y la hiciera pedazos. Antes de pronunciar ese fatídico "si" que mandó todo en espiral.

Se detuvo frente al impresionante rascacielos que ostentaba en su punto más alto esa "A". Este era el primer paso. Lo demás vendría con el tiempo. Era Darcy Lewis. Había escapado de las garras de la muerte a los 18 años. Sobrevivido al ataque del Destructor a Puente Antiguo. Conocido a los seres más poderosos del planeta. Encarado a Thanos sin temblar. Lidiado con un demente, desequilibrado y sexy dios nórdico por casi dos años. Podría con esto. Superaría este bache. Todo volvería a la normalidad y esos terribles dos meses no serían nada más que un mal recuerdo enterrado en lo más profundo de su memoria.

Inhaló, exhaló e ingresó al edificio decidida. Como era de esperarse, Jane se ofreció a acompañarla hasta el piso en que laboraba, ofrecimiento al que la joven ni siquiera trató de oponerse. Grande fue la sorpresa de Darcy y Jane al encontrarse con el Departamento de Relaciones Públicas decorado enteramente en forma festiva con serpentinas, globos y un inmenso cartelón que rezaba "¡Bienvenida, Darcy!". Steve, Tony, Pepper, Bruce, Hannah, Kity y Gerald encabezaban el grupo de amigos, compañeros de trabajo y colegas que no tardaron en darle una calurosa bienvenida a la castaña con efusivos abrazos y sacudidas de mano. Stark incluso se atrevió a llevar un pastel, el cual tardó menos de cinco minutos en desaparecer. La celebración se habría prolongado más allá de lo debido si no hubiera sido por la rápida intervención de Pepper, quien dio por terminada la reunión en cuanto el dueño de la compañía le dio la orden a JARVIS de poner música. La CEO, Jane y los Vengadores se retiraron, dejando a Darcy en compañía de Hannah, quien de inmediato la puso al corriente de lo transcurrido en las pasadas semanas.

Minutos más tarde, sentada frente a su escritorio con una pila de papeles reposando sobre este, la muchacha encendió su computador con una sonrisa de oreja a oreja, sintiendo como poco a poco una sensación de paz la embargaba por completo.


Jane subió las escaleras hacia su departamento en tiempo record. La pequeña fiesta de bienvenida y platicar casi media hora con Steve no habían sido parte de su plan cuando decidió acompañar a Darcy a la oficina esa mañana y dejar a un aparentemente reformado villano solo en su casa. Debía admitirlo, aún en contra de todo lo esperado, Loki era un agradable inquilino. Limpio, silencioso, amable y servicial. No cabía la menor duda de que Loki había prestado más atención a las lecciones de buenos modales que Thor en su infancia. No obstante, permitirle rondar su casa sin la vigilancia de alguien más era un tema con el que la astrofísica no se sentía nada cómoda. No confiaba en el hombre aún. Una semana y media de convivencia no era suficiente. Sacó las llaves de su bolso, la metió en la cerradura y abrió la puerta, suplicando porque su casa continuara tal y como la había dejado hace más de una hora atrás.

Para su sorpresa y tranquilidad, el lugar estaba impecable y Loki sentado en el sillón principal leyendo. Ingresó a la casa con un inaudible suspiro de alivio, cerrando la puerta tras de sí. Colocó sus llaves en el llavero colgado al lado de la entrada y dejó su bolsa sobre una mesita localizada exactamente en el mismo punto. Dirigió sus pasos a la cocina, echando un rápido vistazo al Dios del Caos, vistazo que la hizo interrumpir su camino y volver toda su atención al hombre plácidamente sentado en su sillón. Se aproximó a él, apoyó sus manos en el respaldo del asiento y se agachó levemente para ver con mayor claridad el objeto de lectura de su huésped.

- Ese cuaderno es mío – puntualizó Jane alarmada, antes de alargar una mano con el fin de arrebatarle su preciada pertenencia al hombre. No era un simple cuaderno. Era EL cuaderno. Ese en el que escribía todas sus teorías y descubrimientos. Loki apartó el cuaderno del alcance de la mujer, cerrándolo en el proceso, a lo que la castaña frunció el ceño. A continuación, se lo entregó con una ligera sonrisa maliciosa en su labios.

- No se preocupe, doctora Foster. Únicamente lo estaba leyendo – indicó Loki, poniéndose de pie - Anoche estaba aburrido, no encontré nada de calidad que leer en este hogar y me tope con sus anotaciones.

- Esto estaba en mi cuarto. ¿Entraste a mi cuarto? ¿Anoche? ¡¿Mientras dormía?! – cuestionó Jane sin saber cual emoción era más intensa en su pecho, el enojo o el miedo.

- Corrección, lo dejó sobre la mesa de la cocina – increpó Loki, cruzando sus brazos detrás de su espalda.

La astrofísica abrió su boca con la intención de argumentar, mas se contuvo al recordar que había pasado casi dos horas antes de irse a la cama la noche anterior releyendo sus anotaciones en la cocina. Percatándose de que había ganado la discusión una vez más, el Dios del Engaño sonrió con cierta superioridad.

- Remarcable, debo decir – opinó Loki – Jamás pensé que una simple humana tuviera tal comprensión del universo y sus dinámicas.

Jane ladeó la cabeza incrédula. ¿Estaba recibiendo un cumplido de parte de Loki?

- Eh… ¿gracias? – pronunció Jane incierta.

- Todo este tiempo pensé que no era nada más que otra mortal queriendo demostrar su inexistente superioridad, sin embargo, parece ser que estaba equivocado – expresó Loki, suavizando su semblante – Su inteligencia y lógica me sorprende. Si sigue por ese mismo camino, será cuestión de tiempo para que logre construir su propia reproducción funcional del Bifrost.

- ¿En verdad? – preguntó Jane pasmada, a lo que Loki simplemente asintió.

- Me encantara ver la cara de furia del Padre de Todo cuando Asgard pierda, como diría Darcy, el monopolio de las comunicaciones interdimensionales – sonrió con malicia el hombre – No se le olvide invitarme a tan extraordinario suceso.

La castaña pestañeó varias veces, su cerebro tratando de darle sentido a la escena de la que era parte. Finalmente, movió su cabeza de manera positiva.

- Lo tendré en mente – asintió Jane.

- Perfecto – dijo Loki – Cambiando de tema, tengo una pregunta para usted. Planeó llevar a Darcy al cine para festejar la absoluta desaparición de Angerboda de la faz del universo y su primer día de trabajo. Imagino que después estará ansiosa de comer, así que me gustaría saber cuál es su restaurante favorito en la ciudad.

La mujer entreabrió la boca, su cerebro incapaz de reaccionar. ¿Qué? Primero la felicitaba por su investigación y después le preguntaba por el restaurante favorito de Darcy.

- Eh… el restaurante italiano que está a dos cuadras de la Torre – respondió Jane levemente turbada – Adora la pasta.

- Es verdad, una vez me llevó allí – apoyó Loki – Gracias, Doctora Foster.

Y sin decir nada más, encaminó sus pasos a la cocina y se introdujo en ella. Jane permaneció en la sala estática el suficiente tiempo para que Loki emergiera de la cocina con un vaso de agua en sus manos y toda la intención de encerrarse en su habitación como era costumbre.

- Perdón – soltó Jane, deteniendo los pasos de Loki al inicio del pasillo que conducía a las recámaras. El Dios del Engaño la volteó a ver con una ceja arqueada. La mujer negó con la cabeza, recargándose en el respaldo del sillón – El día que descubrí que Darcy no era ella misma, discutimos… o platicamos. Ella le había contado cosas terribles sobre ti a Steve y a mí sólo me lo repitió, con algunos extras. Al final… me preguntó si estaba feliz, si estaba feliz por qué tú habías resultado ser el desgraciado que yo supuse. Pensé que lo estaría. Que cuando su inexplicable amistad acabara saltaría de felicidad, pero la verdad es que, viendo a Darcy así, tan… enojada… triste… destrozada, deseé haber estado equivocada – suspiró con tristeza – Luego me di cuenta de que realmente estaba equivocada – posó sus ojos en los de Loki, quien la miraba con una expresión indescifrable - La vez que despertó a la mitad de la noche enloquecida… nosotros no pudimos hacer nada… quisimos tranquilizarla y no pudimos. La seguimos por las calles hasta el cuartel de S.H.I.E.L.D. y cuando llegamos ahí, cuando se encerró en el baño… tú simplemente hablaste con ella y en unos minutos la calmaste. Cuando Darcy abrió la puerta y te abrazó y tú la abrazaste… entonces supe lo equivocada que había estado – secó con el torso de su mano solitarias lagrimas que empezaban a recorrer su mejillas – Todos estos meses no he hecho otra cosa que hablar pestes de ti. Quería que Darcy te viera como yo te veo. Quería que viera al Destructor desolando al pueblo donde llevaba más de cinco años realizando prácticas de campo. Quería que viera el cuerpo inmóvil de Thor tirado en la arena. Quería que viera a una ciudad destruida, a familias separadas y sin hogar. Quería que viera a Erick sedado, gritando en sus sueños. Quería que viera al monstruo. Pero ella no lo veía así. Ni Thor. Para ellos siempre hubo algo más que yo no pude ver hasta esa noche. El hermano que Thor tanto extrañaba. El hombre con el que protagonizaba tantas historias alegres. El hombre que visitaba a Darcy para ver la televisión y cenar juntos comida rápida. El que le hizo un picnic a la orilla de un lago a la luz de la luna. A la persona que con un hoyo en el estomago se puso de pie de su cama solamente para reconfortar a una mortal – sonrió con tristeza – He sido un asco de persona con Thor, con Darcy y todo porque soy muy cerrada en muchos aspectos. Por eso quiero pedirte perdón, por no haber querido ver esta faceta, por no creerla posible. Sé que nunca dejaré de verte como un peligro, pero por lo menos ahora sé que eres capaz de cosas mucho más hermosas que destruir o hacer daño. Así que… perdón y… de todo corazón… espero que tú y Darcy sean muy felices juntos.

Loki bajó su mirada visiblemente incómodo y reanudó su truncado camino. Jane suspiró por la nariz y se dirigió a la cocina. Fue hacia el refrigerador, lo abrió y buscó en el interior una lata de refresco.

- Lamento que mis acciones le hayan causado daño, doctora Foster – se disculpó Loki detrás de ella, provocando que la mujer saltara asustada. Giró su cabeza hacia atrás, encontrándose con un estoico Dios del Engaño, cuya cabeza estaba agachada – No puedo prometerle que mis acciones futuras no la afectaran, mas trataré de mantenerla fuera de cualquier perjuicio – alzó su cabeza y clavó su ojos en los de la astrofísica – A mí tampoco me agrada, pero es un hecho que nos unen dos personas muy importantes para ambos, por lo cual sería una buena idea mejorar nuestras relaciones. Sepa que de mi parte, daré lo mejor de mí.

- Ok – aceptó Jane con una tenue sonrisa – Yo también haré mi mejor esfuerzo. Darcy y Thor se lo merecen.

El jotun asintió en apoyo, antes de abandonar la habitación. La astrofísica devolvió su atención al refrigerador, cogió una lata entre sus dedos, cerró la puerta del aparato y se sentó en la mesa a hojear su cuaderno.


Apagó su computadora, recargando su espalda en el respaldo de su silla plácidamente. El día había transcurrido con la usual quietud que recordaba y añoraba. Ningún sobresalto, ningún problema, ningún imprevisto. Casi parecía como si los últimos dos meses no hubieran ocurrido. Oyó un golpe en la pared de su cubículo y levantó la mirada. La sensación de deja vú la golpeó de lleno. Ahí estaba Loki, en el umbral de la entrada a su pequeña estación de trabajo, sonriéndole. Era como una repetición de esa noche, esa noche que su relación definitivamente se hundió. Darcy mentiría si dijera que no rememoraba claramente ese momento. Mentiría si asegurara que todo ese mes de sentirse una cualquiera, un objeto, ya no le dolía. Aún le dolía. Todavía la molestaba. Las preguntas permanecían en su cabeza. ¿Por qué el cambió? ¿Por qué la frialdad? ¿Por qué la indiferencia? ¿Por qué? Lo más seguro era que jamás supiera las respuestas, pues el simple hecho de cuestionar al hombre frente a ella le aterraba.

Su relación no era la misma de antes. No importaba cuanto intentara negarlo, lo que ella y Loki tenían murió esa noche en ese cubículo. Lo amaba, jamás podría negarlo. Lo deseaba, otro hecho innegable. Confiaba en él, ciegamente. No obstante, si algo le había enseñado toda esta locura a Darcy, era que una simple amistad jamás la satisfaría. Lo quería todo con él. Anhelaba una relación en toda la extensión de la palabra y por muy cercano y cariñoso que el hombre fuera en últimas fechas, dudaba seriamente que la amara de esa manera. Si la amara, ¿por qué tratarla con la punta del pie? Y todo era un círculo vicioso que siempre volvía al mismo punto.

- Hey, ¿qué haces por aquí? – saludó Darcy sonriente, poniéndose de pie y colgando su bolsa en su hombro.

- Vengo por ti – indicó Loki – Hoy es una noche para celebrar.

- Uh, ¿y quién más viene? – cuestionó Darcy, acercándose a él.

- Tú y yo, dudo que el recatado capitán y la agradable doctora Foster disfruten la película que pienso llevarte a ver – respondió Loki, cediéndole el paso para que saliera del cubículo, sin embargo, Darcy se quedó paralizada con un pie afuera y uno adentro. Ellos dos. Solos. Sin posibilidad de ser interrumpidos por un tercero. Por primera vez en semanas. No sonaba como una buena idea.

- ¿Qué película es? – inquirió Darcy, recuperando la compostura.

- La que tanto esperabas ver – señaló Loki, comenzando a caminar.

- ¡¿Aún está en cartelera?! – exclamó Darcy emocionada.

- Al parecer – apuntó Loki.

- ¡Genial! – saltó la muchacha, apresurando sus pasos para alcanzarlo y rebasarlo - ¡Muévete! ¡Quiero los mejores asientos de la sala!

- Sabes que puedo teletransportarnos para ahorrar tiempo, ¿verdad? – puntualizó Loki entretenido, siguiendo los acelerados pasos de su amiga.


Como lo había predicho, la película era una afrenta al buen gusto y sus realizadores deberían de ser masacrados por crear tal abominación. A pesar de ello, las dos horas de insensateces valieron la pena por las constantes risas de Darcy y la permanente sonrisa en sus labios. ¿Cómo le encontraba gracia a todo ello? Ese era un misterio sin resolver. Acabada la función, ambos se dirigieron al pequeño restaurante italiano que Foster le recomendó en la mañana. El nerviosismo en su acompañante a lo largo de la cena no pasó desapercibido para él, mas, a estas alturas, ya se había acostumbrado. Era muy ingenuo de su parte esperar que todo volviera a ser como antes. Con o sin Angerboda, él se había encargado de destruir la hermosa relación que compartía con la joven. Con su propuesta, con su cambio de actitud, con su frialdad, con su indiferencia. La más lógica reacción era que Darcy lo odiara, que rechazara su presencia, pero no era así. La muchacha aún lo apreciaba, aún confiaba en él, aún lo consideraba un amigo y Loki no paraba de agradecer a cualquier fuerza superior que le haya otorgado esta segunda oportunidad.

Caminaban a paso lento y en silencio con rumbo al edificio donde los dos residían provisionalmente. Loki oprimió una vez más la caja que guardaba en el bolsillo de su pantalón. El universo le había concedido una segunda oportunidad, la última que recibiría. No podía equivocarse de nuevo. Cualquier error alejaría a Darcy definitivamente de su lado. Se detuvo frente a la puerta del edificio, provocando que la mujer hiciera lo mismo, volteándolo a ver curiosa.

- Quiero aprovechar este momento para entregarte algo – habló el hombre con calma.

Sacó su mano de su bolsillo con la pequeña caja entre sus dedos. Alargó el objeto hacia Darcy y esta lo cogió dudosa de su mano. Contempló la caja por unos segundos, antes de abrirla y ver su contenido. Era una réplica exacta del collar que había perdido esa triste noche en medio de su enojo y desesperación.

- El reemplazo del que perdí – sonrió Darcy, mirando al Dios del Engaño encantada.

- Es un regalo – estableció Loki para evitar posibles malentendidos – Para protegerte. Contiene cada conjuro de protección existente en el universo y algunos creados por mí. Nadie nunca volverá a lastimarte, Darcy.

La sonrisa de la muchacha se acentuó más y sus ojos se tornaron vidriosos.

- Es bueno escuchar eso – dijo Darcy. Acto seguido, le ofreció la caja a su amigo - ¿Me lo pones?

- Con gusto – accedió Loki, tomando el dije entre sus dedos.

Desabrochó el seguro, mientras Darcy se giraba y apartaba su ondulado cabello del camino. Pasó la cadena por su cuello y cerró el seguro, acariciando tenuemente la suave y blanca piel de la joven. La muchacha lo volteó a ver, la verde gema del amuleto entre sus dedos, desapareció la distancia entre los dos y lo abrazó. El jotun no tardó en rodearla con sus brazos, feliz por la cercanía. Hundió su cabeza en el cabello de Darcy, inhalando profundamente ese aroma que tanto lo tranquilizaba como lo enloquecía.

Y pensar que habría podido disfrutar de todo eso. De la cercanía, de la alegría, de las insensateces, de la confianza, del apoyo, de los besos, de las caricias, de los gemidos, del placer.

Pensar que tuvo la oportunidad en sus manos, la posibilidad de que Darcy no sólo fuera su amiga, sino su amante, su mujer. Y lo arruinó. Por cobardía, por orgullo, por la razón que fuera.

Darcy rompió el abrazo, separándose de él. Le dio un beso en la mejilla y marchó hacia la puerta sonriendo ampliamente. El Dios del Caos suspiró nostálgico, siguiendo a la muchacha al interior del edificio. Con tal de que esa deslumbrante sonrisa nunca desapareciera de los labios de Darcy y el brillo en sus ojos jamás se apagara de nuevo, Loki se conformaría con recobrar únicamente la amistad de la joven. Lo demás no interesaba, era secundario. Si la mujer no deseaba otro tipo de relación, él tampoco. Serían sólo amigos y nada más.


Y aquí está el final de tan difícil, deprimente y larga historia. Les advertí que no sería un final feliz, sin embargo, tampoco es triste. Es… el final y el comienzo de algo nuevo. Sé que muchos se habrán quedado con ganas de más, pero créanme, todos sus deseos se verán cumplidos próximamente.

Con eso dicho, creo que no queda nada más que afirmar lo que ya he venido diciendo en algunos comentarios. Este no es el final. Aún queda un fic más para concluir definitivamente esta historia y desvelar los varios misterios que he establecido a lo largo de estos 30 capítulos. Será un fic más largo, más tranquilo y más alegre (con ciertas dosis necesarias de drama; uno no puede escribir una historia de Loki sin drama). Su nombre será "Debajo del cielo" y no cuento con una fecha posible de publicación porque antes quiero tomarme unas buenas vacaciones de este par. No se preocupen, no pasaran más de dos meses, lo prometo. Mientras tanto, disfruten de la vida, lean y escriban :).

Para terminar, quiero agradecer a todas las personas que desde el principio y hasta el final han leído este fic, comentado o puesto esta historia en sus favoritos. Les agradezco la compañía y el apoyo. Todos ustedes tienen un espacio en mi corazón y les deseo lo mejor en su vida.

Me despido por ahora, mandándoles a todos un fuerte abrazo.

Adiós ;)