Saludos a todos los lectores, aqui Mariel Kaioh con un nuevo emprendimiento. En éste caso no es una historia original mía, sino una adaptación de un libro que me fascinó (Dark Garden de Jennifer Fulton) que al leerlo me dibujó claramente a nuestras heroínas. Así que quise compartir con ustedes ésta historia. Que espero que les guste. Seguramente haya errores pero sepan disculpar no soy traductora de inglés y mucho menos editora xD


Jardin oscuro

Los Kaioh y los Tenoh han sido enemigos jurados desde 1870 y Michiru Kaioh mantiene la tradición de la familia, disparando a los Tenoh en cada oportunidad. De todos modos, se sorprende cuando Haruka Tenoh irrumpe en su oficina y la acusa de asesinato. Michiru podrá librarse de la impresionante y sexual Haruka gracias a seguridad, pero que no podrá librarse tan fácilmente de esa poderosa atracción hacia la mujer que ha sido preparada a destruir desde su infancia.

La última de una larga lista de -Tenohs malditos-, como la prensa local los llamaba, Haruka, acaba de salvarse del accidente de avioneta que mató a su hermano. Ahora, está a cargo del imperio tambaleante de negocios de su familia. Sospecha de sabotaje y cree que la hermosa y despiadada Michiru Kaioh es responsable. Temiendo por su vida y de duelo por su hermano, Haruka contrata a un investigador privado para obtener evidencia que pueda llevar a la policía. Pero se siente frustrada cuando el hombre no encuentra nada más que hacerle la extraña sugerencia de contratar a un psíquico para deshacer la -maldición- de su familia. Él le da un nombre. Rei Hino. Los sueños de Rei siempre se han centrado en las víctimas de delitos, razón por la cual no se sorprendió cuando la mujer se acercó a ella pidiéndole ayuda.

Sin embargo la exposición de los secretos de familia siempre tiene un precio. Con la pasión y honor de los Tenoh en la balanza, Haruka está dispuesta a pagar sus deudas. Pero ¿puede persuadir a Michiru a aceptar una tregua antes de que sea demasiado tarde?

El Jardín oscuro reúne a dos poderosas mujeres que deben enfrentar el pasado, si quieren aprovechar el futuro.

Capítulo uno

-El arma está cargada-, dijo la mujer apuntando con el rifle desde la cadera. Era alta y desaliñada. Su lacio cabello rubio caía pesadamente sobre su cara. Cerró la puerta detrás de ella. -Muévete y te juro que te vuelo la maldita cabeza-.

Michiru activó la alarma de seguridad debajo de su escritorio. Un equipo especializado de seguro ya estaba en camino. -¿Qué quieres?-

-¿Sabes por qué estoy aquí?.-

La intrusa era hosca y desconfiada, como un animal salvaje asomándose desde detrás de las rejas de hierro. Sus ropas pertenecían al set de una película de época, no a una oficina del centro de Tokio. ¿Quién llevaba un abrigo de longitud de tres cuartos de terciopelo y una camisa blanca con una especie de pañuelo en el cuello? Sólo Haruka Tenoh. Michiru supuso que el tapado le había servido de camuflaje para pasar desapercibido el rifle. Sin embargo, ¿los pantalones negros y botas de montar?

-¿Puedes bajar el arma?- le pidió. -Está haciendo que me ponga nerviosa-.

- Una Kaioh con sentido del humor, quien lo diría -. Haruka se dirigió al otro lado de la oficina y se detuvo a unos metros de la imponente mesa de madera de cerezo. Los amenazantes ojos verdes oscuros se apoderaron de Michiru. -¿Crees que esto es divertido?-

Michiru se negó a demostrarse alarmada. Estaría condenada si se mostraba atemorizada con un rifle apuntando a sus entrañas

-Sólo estás empeorando las cosas para ti-

-¿Qué puede ser peor? Tu familia ha destruido la mía. Y ahora que has matado a mi hermano. ¿Fue ese tu mejor momento? -

Michiru evaluó sus posibilidades de sacar el revolver que guardaba en el cajón superior antes de que Haruka pudiera disparar su arma. Se obligó a mantener la calma y pensar con cuidado -Siento mucho lo de tu hermano.-

El largo cañón avanzó hacia su pecho.

-¿Lo sientes? Mi hermano aún no está frio en su tumba y tienes el descaro de decirme eso.

Haruka parecía que no había dormido desde el funeral. Michiru reconoció que la situación era peligrosa, pero se negó a sí misma el lujo del pánico. Las personas que entran en pánico siempre cometen errores. Ella pertenecía a una estirpe diferente, personas que habían cometido errores, sobrevivido a ellos, y nunca han vuelto a perder el control. Se obligó a respirar de manera uniforme mientras analizaba sus opciones. Si pudiera conseguir el revólver del cajón, sólo necesitaba un solo tiro. Sería en defensa propia. Cualquier abogado competente podía asegurarse de que nunca presentaran cargos en su contra.

Pero disparar a Haruka sólo podía ser el último recurso. Aparte de cualquier otra cosa, Michiru nunca sentiría satisfacción si ella tuviera ese final. Quería que Haruka presenciara la destrucción final del legado Tenoh. Quería que ella tomara su oferta porque no tenía otra opción.

-Con Darien ido, sólo queda uno de nosotros,- dijo Haruka con voz ronca. -Y uno de ustedes. La última de los Tenoh se lleva a la última de las siete Kaioh. Justicia poética, ¿no te parece?-

Michiru suspiró.

-No tengo nada que ver con el accidente, y si te hubieras molestado en investigar los hechos lo sabrías-

El puño de Haruka se estrelló contra el escritorio derribando unos archivos y esparciéndolos por el suelo.

-Mentirosa- gritó con voz apagada, como si hablara en sueños. -Asesina-.

-La policía estará aquí en cualquier momento-. Michiru aprovechó que el cajón se cedió por el golpe y lo termino de abrir unos centímetros más. -Por el amor de Dios, te van a lastimar. Van a dispararte. ¿Quieres morir por nada?-

Respirando con dificultad, Haruka gruñó:

-¿Crees que me importa? Sostuve mi hermano en mis brazos mientras él tomó su último aliento. Le prometí venganza-.

-Entonces, por lo escoge a la persona correcta -, dijo Michiru con desdén. -Te sugiero que comiences con el mecánico de aviones.-

-¿Por qué? ¿Lo has contratado para que se viera como un accidente?-

Michiru casi podía alcanzar el objeto del cajón. Ella mantuvo sus hombros hacia atrás para disimular sus intenciones. Suavizando la voz, dijo:

-Haruka, no tengo nada que ver con el accidente. Te lo juro, por la vida de mi madre.-

Ella la miró atentamente durante un largo rato, y luego bajó el rifle. Sus párpados se cerraron por el cansancio, pero esos ojos verdes y salvajes aún brillaban vengativamente por debajo de sus largas y densas pestañas.

-¿Por qué es que cuando las mujeres hermosas mienten, es tan fácil creer en cada una de sus venenosas palabras?-

-Wow, puedes matar a alguien con una adulación como ésa.-

Su mirada era pesada, una muy diferente Haruka de repente miró hacia fuera. El estómago de Michiru se revolvió y su pulso aumentó considerablemente. Un escalofrío punzante se extendido por debajo de su piel, como si estuviera siendo delicadamente lamida por todo el cuerpo. Sus pezones reaccionan, presionándose contra el fino encaje de su sujetador. Michiru se mordió el labio para que no jadear, pero Haruka parece haber notado la reacción. Su mirada insolente la invadió provocándole un gran calor y le dedicó una sonrisa sensual y cínica que molestó a Michiru más que el arma de fuego.

Había algo crudo y salvaje en Haruka que siempre la inestabilizaba. Eso no había cambiado desde la última vez que sus caminos se habían cruzado y, enloquecedoramente, Haruka se había vuelto aún más atractiva físicamente al pasar los años. Su cuerpo delgado había dado paso a una musculatura ablandada por las curvas femeninas. Las huellas persistentes de la infancia se habían alejado, dejando la mandíbula dura más nítidamente definida. Michiru reparó en la tendinosa belleza de la mano que sujetaba el rifle, la extraña combinación de elegancia y practicidad artesanal. Sabía cómo se sentían esas manos. A veces parecía que había pasado toda su vida tratando de acabar con ese recuerdo. Todavía no podía dar crédito al efecto que Haruka producía en ella.

Su primer e inquietante encuentro regresó a su mente. Los Kaioh habían celebrado una boda ese día en su casa de campo. Después de las formalidades, los invitados disfrutaban de un té y un picnic, esperando que una inminente tormenta de verano llegara. Todos entraron en pánico cuando un caballo negro enorme irrumpió en el lugar y se detuvo delante de la manta de picnic donde una Michiru de siete años de edad estaba sentada junto a sus muñecas. Debido a los rostros paralizados de sus tías y primos, Michiru comprendió que estaba en peligro y se deslizó lentamente hacia atrás alejándose de los cascos inquietos.

Una vez que estuvo a una distancia segura, se puso de pie y sacudió su vestido floreado. Una salpicadura de lluvia cayó sobre su labio superior mientras miraba a los ojos más verdes que jamás había visto. Lamiendo la gota de agua, le preguntó: -¿Puedo dar un paseo?-

El jinete la miró sorprendida.

-¿Sabes quién soy?-

Cuando Michiru negó con la cabeza, la niña de ojos verdes se inclinó y le ofreció la mano para ayudarla a montar. Haciendo caso omiso de las protestas de los que la rodeaban, Michiru se subió en la parte frontal de la silla de montar. Ella pasó un brazo alrededor de su cintura, tomó las riendas en la mano libre, y pateó el caballo para alejarse al galope.

Michiru se echó a reír le encantaba sentir el viento, la niña al notarlo le dijo al oído: -Yo soy Tenoh Haruka. Tu familia nos quiere a mi hermano y a mi muertos-.

Michiru reconoció el nombre al instante y su corazón se aceleró, incluso a los siete años de edad, sabía exactamente lo que se esperaba de ella. Un Kaioh nunca se echó atrás ante un Tenoh. Echándose hacia atrás para hacerse oír, respondió despreocupadamente,

-¿Y qué?-

La risa de Haruka le calienta la mejilla -Agárrate fuerte-, advirtió. Y luego estuvieron en el aire, saltando de un arroyo y corriendo por una pendiente hacia un par de imponentes puertas de hierro forjado.

Por unos pocos segundos Michiru pensó aterrada que intentaría saltar ese obstaculo imposible, pero Haruka se desaceleró y un hombre salió de la casa. Al abrir la puertas Michiru estudió el diseño que había en ella: un león, medias lunas gemelas, y una serpiente.

Haruka extendió un brazo. -Aquí es donde yo vivo. Se llama Akihabara-.

Enormes robles eclipsaban la ancha avenida. A la derecha había un cinturón oscuro de bosques descuidados de la que deriva el olor de la descomposición y hongos. A la izquierda, más allá de los robles robustos, un pequeño templo blanco de pie en la cima de una ladera cubierta de hierba justo a la vista de un lago rodeado de pinos. Por delante se alzaba una casa diferente a cualquiera que Michiru había visto en su vida, una fortaleza siniestra. Torres de piedra se alzaban, ángeles apoyados en los arcos, los demonios se escondían debajo de los aleros. Un ala de la residencia monstruosa se estaba cayendo, el techo destruido y el desmoronamiento de la mampostería. Losas de piedra y estatuas rotas se amontonaban al pie de un muro que sobresale del edificio dañado. Se abrieron paso a través de esa barrera como fugitivos desde el otro lado, derramando a través de los escombros capullos de rosas que se esparcían a lo largo del camino

Haruka hizo una pausa en la subida del puente a medio camino y guio el caballo en un semicírculo para que pudieran mirar hacia el lago sombreado y el templo. Una ráfaga de viento hizo que la corona de capullos de rosa que tenía en la cabeza se enredara con el cabello de Michiru. Haruka arrancó un mechón largo por encima de su rostro y lo colocó de nuevo detrás de la oreja de Michiru. Durante unos segundos, su mano se posó sobre su la mejilla.

-No deberías estar aquí-, dijo.

Michiru sonrió, emocionada ante su cruda honestidad. Ella nunca llegó a divertirse. Su niñera o algún pariente mandón siempre le decían lo que tenía que hacer, recordándole su deber como única hija.

-No me importa. De todos modos, no debería haber cruzado la frontera.-

-Esa tierra en la que estaban teniendo su día de campo-, dijo Haruka con una nota de satisfacción. -Es tierra Tenoh. Su familia tiene que devolvernosla el año que viene-.

-¿Por qué?-

-Porque el juez así lo dijo.-

Michiru no tenía respuesta a este hecho incomprensible. En ese momento notó que se encontraba en un oscuro y veloz caballo, con la niña de la que siempre le habian advertido que nunca hablara y estaba dentro de la casa a la que nunca debería entrar. Su padre siempre aminoraba la marcha al pasar frente a la propiedad, para ofrecer diferentes líneas de una letanía de condenación para sus vecinos. Una maldición sobre sus corazones y almas viles.

-Un día, vamos a ver esa casa reducida a polvo. Nunca confíes en un Tenoh.-

Haruka bajó de un salto, diciendo a Michiru que se sostuviera. Ella tomó las riendas y condujo al caballo el resto del camino hacia la casa, donde gritó:

-Sr. Petti,- un hombre agachó la cabeza para pasar por uno de los muchos arcos pequeños a lo largo del frente de la casa tomó a Michiru para bajarla y llevó al caballo.

-No digas nada hasta que lleguemos a mi habitación-, instruyó Haruka mientras subían los escalones de la entrada principal. -Eso es si no te da miedo entrar.-

Michiru hizo una pausa para mirar hacia arriba, una estatua, un ángel de mármol triste con un perro de aspecto extraño a su lado. Un viento fantasma, moldeaba sus túnicas vaporosas dando a notar sus muslos lisos y firmes pechos. Una mano se aferraba al pescuezo del perro, el otro se perdía detrás de ella. Ella tomo distancia y miró hacia atrás como si tuviera miedo de ser seguida.

Haruka arrastró sus dedos sobre la mano de la estatua. -Esta es mi tatara-tatara-abuela, Estella-.

-¿Ella era un ángel?-

-No, le dieron alas porque está en el cielo. Se ahogó en el lago.-

-¿El perro se ahogó, también?-

Haruka le dedicó una mirada extraña. -Estás haciendo preguntas para bebés. Vamos.-

Tomó la mano de Michiru y la acompañó al interior, un enorme salón con paneles de madera atravesado con fragmentos de luz desde las altas ventanas emplomadas a cada lado. Espadas, hachas, cabezas de ciervo, y las pinturas de las paredes desordenadas, las cortinas largas, de color rojo polvoriento estaban atadas con cuerdas de oro deshilachado. Una escalera gigantesca rosa en el centro, que lleva a una pasarela por encima de la galería. El piso crujió mientras caminaban y Haruka mantuvo a Michiru tomada de la mano para darse prisa.

Antes de que pudieran llegar a una puerta lejana, la voz de un hombre ordenó que se detuvieran. Michiru oyo maldecir a Haruka, y se dio la vuelta. El hombre era grande y su rostro parecía estar grabado en piedra, al igual que la casa. Sus ojos ardían en Michiru.

-¿Cómo te llamas, muchacha?- le preguntó.

-Michiru Kaioh.-

-Llévala de vuelta- le dijo a Haruka.

-Pero yo no tengo a nadie con quien jugar. ¿Por qué no voy al campo con Darien?-

Él se acercó. El olor del alcohol estaba impregnado en él. Cerró el puño y se dirigió nuevamente a la niña rubia.

-¡Te digo que la saques de aquí!.- provocó un sobresalto en la visitante

Haruka se puso delante de Michiru.

-No.-

El hombre le golpeó el rostro con tal fuerza que se tambaleó y cayó a los pies de Michiru,

-Tómala y devuélvela a donde pertenece y no vuelvas a traerla aquí de nuevo.-

Michiru se estremeció ante el recuerdo de su rabia. Se preguntó si Akihabara era realmente tan morboso e intimidante como le había parecido aquel día. Tal vez, con el padre de Haruka ausente, era simplemente una casa grande y vieja que necesita reformas.

Suponiendo que ganaría la siguiente batalla, estaría en condiciones de decidir el destino de Akihabara y finalmente pertenecería a los Kaioh.


Bueno les cuento que entre las modificaciones este capitulo se me perdió xD

El 2 y el 1 fueron iguales quien sabe por cuanto tiempo jajajajaja

asi que tengo que subirlo de nuevo. ésto es lo que pude recuperar.

Denme unos dias para poder dejarlo como corresponde

Mariel Kaioh