Capítulo Dos

Reviviendo el pasado

- Sus manos, señora Tenoh-. Haruka aflojó los puños. No podía dejar de pensar en Michiru Kaioh y sus arrogantes amenazas: Me voy a comprar las últimas piezas de la Corporación Tenoh, y luego te llevaré a la quiebra y comprare ese castillo desvencijado y la tierra que por derecho le pertenece a los Kaioh. Luego voy a talar cada árbol, derribar cada edificio y vender cada animal. -. Haruka la creía capaz de tal atrocidad. Esa maldita perra de corazón de piedra. Su abuelo había terminado en un manicomio antes de suicidarse. ¿Estaba perdiendo la cabeza ella también yendo a tierras enemigas con un arma sin cargar? Debería estar agradecida de que Michiru la había despachado como si fuera un insecto molesto.

-Observar los músculos faciales-, comentó Kaoru a su protegido Momono, un joven delicado, con una deformidad de espalda que le dificultaba caminar.

-Sí, maestro. Está muy tensa-. El joven estudió el rostro de Haruka con la fascinación de un niño avergonzado de ver más de lo debido. -La mandíbula. La boca. Los ojos. Su apariencia es... molesta.-

-Un cambio de la música, tal vez-, sugirió el artista.

Momono sustituye el tapón en un tubo de pintura y cojeó hacia el reproductor de CD. Se dirigió hacia la mujer. -¿Mozart? ¿Shostakovich? ¿Dixie Chicks?-

-¿Tú crees que me importa?- inmediatamente se arrepintió de su respuesta grosera. No había necesidad de sacar su frustración con alguien que no tiene que ver en el asunto. Ablandó su tono, dijo: -Prefiero la música clásica.-

Miró a través de las ventanas. La luz de la tarde iba a bajar pronto y podría escapar. Había querido cancelar la cita. Pero Kaeru se va de la ciudad en poco tiempo para pintar a un senador de los . y se había empeñado en terminar con ella primero. Haruka le tenía cierta consideración. Él había rechazado una comisión prestigiosa y cambió sus planes de viaje varias veces para acomodarse a los Tenoh.

El la miró fríamente. -Relájate. Frente lisa. Mantenga su posición.-

-¿Cuándo podré verlo?- Le preguntó Haruka.

-Cuando se esté terminado.-

Momono cierra el reproductor de CD. La música comienza a sonar estrujando el pecho de Haruka. Aquella famosa pieza había sido tocada en el funeral de su hermano, nueve días atrás. Kaeru, obviamente, lo recordó. Miró a su protegido y deslizó un dedo por la garganta.

-Oh, perdóneme-, tartamudeó Momono. -Por favor, lo siento mucho-.

-No te preocupes por eso.- respondió la rubia secamente: -Por lo menos no es Agnus Dei.-

Haruka se esforzó para mantenerse serena. Sus pensamientos vagaron con la melodía inquietante.

Hacía apenas un mes desde que había estado allí mismo, de pie con la mano apoyada en el hombro de Darien mientras él se sentaba en el sillón que ella ocupaba ahora posando juntos para su retrato. Las fotos tomadas durante sus sesiones eran las últimas que le habían tomado. Estaba agradecida de que él hubiera sido tan insistente para que posaran juntos en lugar de tener retratos separados como todos los que había en las galerías de Akihabara. También gracias a la pintura tenía una fotografía que demarcaba un domingo cotidiano: Darien tirado en su sillón favorito recuperándose de una resaca y ella regresando de un largo paseo a caballo, con su rifle adorado bajo el brazo.

Ella y su hermano tenían un carácter completamente diferente. Haruka era un animal solitario, sin el encanto que hizo de Darien un accesorio en la escena de las fiestas de élite, un soltero codiciado, el hombre que estaba destinado a revertir la fortuna familiar Tenoh a través de un matrimonio brillante y de inversiones inteligentes. Muchas esperanzas fijadas en él antes del trágico accidente.

Michiru era demasiado inteligente como para quedar involucrada en un homicidio. De seguro había conseguido a alguien que supiera mantener la boca cerrada. Los Kaioh llevaban más de un siglo intentando destruir a los Tenoh. Quizás al enterarse del compromiso de Darien con la hija de un multimillonario pudo haber pensado que sus posibilidades de ganar la partida se esfumaban. Así que de alguna manera ella debía sabotear el avión Darien. Se estuviese sobresaltó al pensar que Michiru no se detendría hasta que todo el trabajo estuviese hecho. Éste pensamiento comenzó a alterar sus nervios. Pero se calmaría. Ella era perfectamente capaz de cuidarse a si misma además difícilmente importaría si ella sigue viviendo o no. Pero, ¿Qué pasaría con las personas y animales que dependen de ella? No podía esperar para volver a Akihabara y asegurarse de que su perro y sus caballos estaban a salvo.

Calmándose a sí misma, Haruka volteó al ver una paloma caminando en el borde de la ventana mirando hacia el interior del estudio y golpeteo con el pico el panel de vidrio. Por la mirada de culpable de Momono, supuso que solía dejar migas de pan en el lugar, pero al parecer no habían. Se detuvo a observarla mejor y se dio cuenta de que le faltaba un pie.

-Disculpa-. Abandonó su ventana y se acercó a la ventana. Quitóla traba y le preguntó: -¿Tienes algún alimento para darle?-

Momono se apresuró a buscar una bolsa con semillas de girasol, y la rubia cogió un puñado. Le ofreció su mano abierta a la paloma. Ésta la examinó durante unos segundos, y luego tomó las semillas de su mano.

Momono parecía sorprendido.

-Por lo general, ella no viene a mí. Pongo las semillas y se alimenta sola.-

-Las aves son como yo-, comentó Haruka. Pensando en la libertad que los animales sentían al cruzar el cielo y volviéndose parte del viento –Creo que hoy está hambrienta-.

Kaeru carraspeó. -Cuando estén listos ... tenemos treinta minutos de luz y me gustaría utilizarla-.

Momono se apresuró a regresar al otro lado de la habitación. Haruka derramo las semillas restantes en la cornisa y cerró la ventana. La paloma siguió comiendo. Mutilada, se puso a la tarea de sobrevivir a pesar de los golpes paralizantes de la vida.


-Esto es indignante-. Se quejó Miharu Kaioh -¿Por qué no dejaste que la arrestaran?-

-Mamá, ella acaba de perder a su hermano.-

-Y piensa que tu lo mataste. Como si fueras capaz de arriesgarte a la cárcel por un inutil playboy. Deberías acabar por quitarle todo.-

-Lo sentí muy fácil-, respondió Michiru.

-Vas a tener que dejarla en la miseria tarde o temprano. Los Tenoh están acabados y ella lo sabe.-

-No estoy tan segura de que lo sepa. Deberías haberla visto.-

-Ellos son todos iguales.- Su madre resopló con desdén. - Impredecibles. Peligrosos. Su padre era un monstruo.-

-Lo sé. Lo conocí una vez. Antes de aquel día.-

Miharu frunció el ceño.

-¿Cuándo lo conociste? Nunca lo mencionaste.-

-¿Qué importa? Está muerto-.

-¡Menos mal!. Solía ingresar nervioso a la casa con acusaciones paranoicas-. Michiru se abstuvo de mencionar que las acusaciones estaban bien fundadas. Los Kaioh habían utilizado sus conexiones políticas para matar un contrato con el gobierno que podría haber salvado la Corporación Tenoh. -Como estaba diciendo, ella no puede manejar esa compañía sin su hermano-, continuó Miharu. -Me enteré de que estaba a punto de comprometerse con esa chica. ¿Cuál es su nombre?-

-No me acuerdo-. Michiru echo un vistazo alrededor del restaurante con la esperanza vaga de detectar algún conocido de negocios a quien pudiera saludar.

-Estuviste en Windsor con ella, ¿no es así?- insistió su madre.

-Estábamos en diferentes divisiones.-

Michiru no quería volver a sus días en la escuela preparatoria, pero ya era demasiado tarde. Sus manos habían comenzado a temblar. Durante años había tratado de olvidar aquel recuerdo fantasma, pero para su tristeza aquel incidente era uno de sus recuerdos más vívidos.

Tenía alrededor de quince años y Haruka estaba en la escuela preparatoria. Su hostil rivalidad en el Hockey era dulce comparada con su rivalidad familiar. Michiru era mediocampista en Windsor Academy en el primer partido de la temporada, esperaba para competir contra Sekai Gakuen. Todas habían tomado sus posiciones. Estaba lista hasta que la vio. Se quedó atónita al encontrarse frente a frente con Haruka.

Michiru perdió el sorteo de inicio, presagiando lo que sería el resto del partido. Un tiempo rudimentario donde todo parecía salir mal para las chicas Windsor. En el segundo tiempo su construido en torno a Haruka, que era por lejos su jugadora más agresiva. Y fue ella que casi al final del juego en un uno a uno hizo lucir frente a todos a Michiru como una idiota.

En el segundo tiempo las cosas parecieron mejorar, ya no les llevaban tanta ventaja pero cuando Michiru iba acercándose al objetivo pero nuevamente su casi victoria fue truncada por la rubia que le impidió igualar el marcador. El resto es historia, una derrota para el colegio, Michiru y sus amigas quedaron como poco más que una academia de niñas víctimas de la moda sin cerebro.

Después del partido, los alumnos debían socializar en un día de campo combinado, pero debido a su enojo, Michiru había decidido salir a caminar. Vagando por el desconocido campus de Sekai Gakuen, había terminado en el establo y se dirigió hacia el edificio de centro del taller de equitación. Tenía que haber un mapa en algún lugar, mostrándole cómo encontrar el área de estacionamiento. En poco tiempo tendría que reunirse con el resto del equipo para regresar.

-¿Perdida?- La voz provenía de una alta figura de pie en la sombras de una valla.

-No, sólo Sali a dar un paseo.-

Incluso entonces, ella tenía las características de una mujer Madura, no de una chica de secundaria ya con su cabello más corto. Era completamente diferente a las típicas chicas del Sekai Gakuen, Simplemente no podía imaginarla como el resto de ellas, preparando fiestas e intentando ser popular. Ella no podía ser popular era más que seguro que Las otras chicas tenían miedo de ella, pensó Michiru.

-Ha pasado mucho tiempo-, comentó Haruka.

-¿Me extrañaste?- La respuesta impertinente parecía estúpida, pero ¿qué se suponía que tenía que decir? No era como si hubieran sido amigas cuando eran niñas.

Haruka la observó. Había un calor extraño en su mirada. -Sí, te he echado de menos.-

Desconcertada, Michiru cambió de tema. -Buen juego-. Y añadió mentalmente, "te odio, perra".

Haruka sonrió a sabiendas de sus pensamientos, Michiru se preguntó si por casualidad había pensado en voz alta. – Necesitas practicar más con tu palo. Debes manejar un poco mejor tu mano izquierda, parece ser tu debilidad. Si quieres puedo darte algunos consejos.

Michiru la quería patear. Estaba nerviosa. – Tenemos entrenador. Gracias -

-Sí, parece que está funcionando-, dijo Haruka secamente.

-Es sólo el comienzo de la temporada-.

-Que pensamiento más deprimente. Para ti, quiero decir.- Haruka la miró de arriba abajo con insolente calma. Al parecer, no pudo resistirse a echarle sal en las heridas. –Vas a quedar fuera del equipo si sigues así.-

-Oh, por favor. No sabes lo que estás hablando.- le molestaba la forma en la que Haruka la miraba, hacía que sintiera comezón por todos lados. Y estaba consciente de que su rostro estaba completamente rojo. Ese era el problema de tener la piel blanca como porcelana.

-Entiendo. ¿Crees que la donación de tu papa te dará pase libre?-. Su sonrisa era exasperante. -Espera a jugar contra Sumei. Ellas te van a mutilar-.

Herida, Michiru espetó:

-¿Por qué simplemente no vuelves a la roca de donde saliste y me dejas en paz.-

-Es tu funeral. – se encogió de hombros. – Ah Otra cosa ... tus brazos son demasiado cortos -. Los ojos de la rubia brillaban con malicia. –Los míos son largos. Parece que eso me ayuda.-

Michiru sintió que se ruborizaba más profundamente.

-Eres más alta que yo.-

Un hoyuelo se formó al lado de la boca de Haruka, le llamó la atención una pequeña cicatriz que la hizo sonreír de manera desigual. Michiru recordó aquel labio magullado.

Haruka la recorrió con la mirada. -¿Cuántos años tienes?-

No quería admitir que ella era demasiado joven para jugar contra una jugadora tan agresiva.

-Dieciséis - mintió

-Eres pequeña para estar en el centro-.

-Vete a la mierda, Haruka-.

Michiru había oído suficiente. Se marchó enojada hacia uno de los caminos por donde había llegado. Ella no era la primera persona que daba a entender que estaba en el equipo gracias a su padre, pero ella se negaba a creerlo. Los comentarios la herían, por eso ella quería demostrar que tenia habilidades, quería tener una actuación estelar ese día pero, gracias a Haruka, había hecho todo lo contrario.

-No quieres caminar por ahí créeme-. Haruka se atrevió a dar un paso delante de ella. –El camino es muy fangoso-.

Michiru resistió las ganas de patearla. -¡Fuera de mi camino!.- Pasó a su lado ignorándola.

Haruka salió con ella.

-Tengo un caballo aquí-, dijo ella en un intento sincero de dirigir la conversación a un terreno neutral. -¿Quieres verlo?-

- ¿qué te pasa?- explotó. -¿Por qué iba a querer verlo? Nosotras no somos amigas. ¿Has olvidado quién soy yo?-

Haruka la observó por un buen rato, luego dijo en un susurro: -Como si pudiera.-

Dio un paso más hacia ella, con una expresión lejana. Para sorpresa de Michiru, ella extendió la mano para tocarle el pelo. Sus dedos rozaron su mejilla. De inmediato la miró avergonzada, como dándose cuenta de que había hecho algo extraño. Pero en vez de retirarse se quedó exactamente donde estaba. Su respiración se había acelerado, ella hizo un sonido extraño. Como si intentara ahogar sus palabras. Había una expresión soñadora en sus ojos. Una expresión que hizo que el pulso de Michiru se acelerara.

Sabía que debía retroceder, pero sus piernas se negaron a moverse. Se sentía acalorada y débil. La sangre corrió a sus oídos, impulsada por los irregulares latidos de su corazón. El aliento de Haruka llegó a sus labios. Sus rostros estaban extremadamente cerca, tanto que podía notar el verdadero color de sus ojos. No eran completamente verdes, tenían rastros de color azul, ese azul profundo y oscuro de la medianoche.

Desconcertada, tartamudeó: -¿Qué quieres?-

Haruka sonrió y tocó con la punta de un dedo al labio inferior de la tiritante joven.

-Lo que no puedo tener.- respondió ella empeorando la situación.

Michiru hubiese querido mirar hacia otro lado, pero en lugar de eso cayó en la promesa aterciopelada de la mirada de Haruka. Algo en su rostro la hacia estremecer. Ella sentía que sus cuerpos se atraían, con una fuerza especial, esa fuerza que había notado antes y que recordaba desde hacía tanto tiempo. El día en que se la había llevado del picnic.

Empezó a temblar cuando los dedos de Haruka se deslizaron por su nuca y se entrelazaron en su pelo. Trató de obligarse a moverse, pero su sentido común no era rival para la poderosa atracción que sentía. Algo estaba pasando que nunca había sucedido. Una burbuja de encanto la tenía encarcelada. Tanto que todo a su alrededor parecía remoto.

Cuando los labios de Haruka por fin tocaron los de ella, ninguna de las dos se movió. Su boca era cálida y seca. Más tarde, Michiru se convenció a si misma que aquel acto audaz de besar a una chica no había sido por inercia. Era evidente que Haruka lo había experimentado antes. Ella puso una mano firmemente en su espalda. La otra sobre su mejilla. Y la besó como si supiera exactamente cómo debía hacerlo. Pero aún peor, ella le devolvió el beso, pero lo que le faltaba en experiencia, lo compensaba con su determinación, dejándose llevar hacia cada nueva sensación.

El cálido y resbaladizo deslizamiento de la lengua de Haruka la excitaba. Lo mismo hacía el enamoramiento repentino de sus cuerpos que se acercaban cada vez más. Su calidez, su fuerza, la urgencia de su abrazo habían perdido sus pensamientos. No podía resistirse. De hecho ni siquiera lo intentó. Era consciente de que le pertenecía, la loca idea de que cada paso que había dado en su corta vida la había llevado hasta allí, a ese momento destinado a perder el control.

No estaba segura de cuánto tiempo duró aquel beso fatídico antes de que escuchara un gemido tembloroso y noto que estaba tocando el pecho de Haruka. Respirando con dificultad, se tambaleó hacia atrás. Su rostro estaba ardiendo. Se sentía desorientada, como si hubiera estado con los ojos vendados y se sentó en una calle que no reconoció. Nada fue lo mismo nunca más.

A este ritmo, ella sería la última en llegar al punto de encuentro. El entrenador estaría enojado con ella.

-Me tengo que ir-, gruñó ella-.

-No.- Haruka la tomo por la muñeca. -Por favor. Hablemos-.

-No puedo.- Con un fuerte tirón, Michiru trató de liberarse, pero ella levantó la mano de la que la tenía y le plantó un beso en la muñeca.

-Ven conmigo-, insistió. -Vuelve a Akihabara. No hay nadie. Podemos tener el sitio para nosotras.-

-¿De... de.. de qué estás hablando?- Michiru tartamudeó.

-¿No lo ves?- La suavidad de la voz de Haruka estaba al minimo. -Podemos cambiar las cosas. Depende de nosotras. Lo he sabido todo el tiempo.-

- No.- Michiru negó con la cabeza firmemente, tratando de despejar la niebla que había nublado su juicio. -No digas una palabra más.-

-Lo sientes también-, insistió Haruka con una sonrisa. –Lo sé.-

Michiru oía un parloteo constante resonando en lo más recóndito de su mente. Sus padres. Su abuela, advirtiéndole a calmarse y recordar quién era. -Estás loca-, dijo. -Mis padres me dijeron que todos en tu familia tienen un problema mental, pero yo no lo creí hasta ahora.-

-¿Un problema mental?- ella soltó la mano de Michiru como si se tratara de algo apestado.

-¿Le has dicho a tu familia que eres lesbiana?- .

Haruka le dirigió una mirada inquisitiva. -¿se lo has dicho tu?-

-Por supuesto que no-, respondió mordazmente ella. –Yo no lo soy-.

-¿En serio? Vamos a ver eso.-

La tomó por los hombros y la atrajo hacia si con tanta fuerza que antes de que pudiera perder el equilibrio la boca de la rubia ya estaba nuevamente unida a la de ella silenciando sus protestas. Intentó liberarse, pero ella los mantuvo clavados a los lados.

-No-, jadeó Michiru, apartando la cabeza para terminar el beso. -Te odio-.

-Odias que te guste-, le susurró en su oído. -Odias que te gusta besarme. Odias que quieres más-.

-Yo no-. Michiru maldijo su contextura pequeña mientras luchaba por liberarse. No había tenido un crecimiento rápido como las chicas de su edad. Haruka era por lo menos cinco centímetros más alta. -Si no me sueltas en este momento, voy a acusarte.-

Haruka se rió. -Adelante. Diles que fuiste besada por una lesbiana del Sekai Gakuen. Sólo esperara y ve cuántas amigas huyen.-

-Perra-. (bitch)

-En realidad, la palabra que estás buscando es marimacho (butch)-.

-Voy a decirle a mi padre-, dijo Michiru débilmente. Cada vez que se movía, sentía su cuerpo completo sensible.

-No, no lo harás,- respondió con convicción. -Vas a pretender que esto nunca sucedió. No tienes el coraje de decirle a su familia que tuviste tu primer beso con una Tenoh-.

-No fue mi primer beso,- mintió Michiru. -Besé a un muchacho del verano pasado-.

-Si, seguro-, rio con sarcasmo-.

Michiru le plantó una patada en la espinilla y se dio cuenta de que llevaba altas botas de montar y, probablemente, no había sentido nada. El peligro de más besos parecía haber pasado y se miraron la una a la otra durante unos segundos con la respiración acelerada. Entonces Haruka soltó las palabras que resultaron ser acido para los oídos de Michiru.

-Ven a verme cuando hayas crecido-.

Michiru se tambaleó dando un paso hacia atrás. Las lágrimas se agolparon en sus ojos pero las espantó. Estaba mortificada por el dolor que le producían sus palabras. Se sentía extraña, Haruka la había descartado como si se tratara de una niña pequeña.

Quería decir algo que le hiciera daño y demostrar que ella era más fuerte, pero en lo único que podía pensar era en ese beso profundo, sorprendente. Ese momento perfecto, con los ojos cerrados y los labios apretados a los de ella. Nunca había experimentado tal felicidad, pero con él llegó la certeza, el terror que había tratado de ignorar desde hacía un año o más. Ella había borrado todas las dudas y confirmó que era en efecto lesbiana. Y peor aún una Kaioh que se había dejado besar por una Tenoh.

Horrorizada amenazó.

-Sólo espera. Algún día voy a hacer que te arrepientas de haberme tocado.-

Haruka la miró con calma.

-Lo único que lamento es que eres virgen. De lo contrario, podría haber tenido un poco de diversión real.-

-eres asquerosa.-

-¿Es algo que se pueda controlar?- Un músculo de su cuello se movió. - Vete a casa a jugar con tus muñecas.-

-Vete a la tuya a darte placer tu misma-.

-No, creo que lo voy a buscar con una chica que sepa cómo dármelo -.

Michiru le dio una bofetada con todas sus fuerzas, tanto que termino ardiéndole la mano. Se quedó mirando la marca que había dejado en su rostro. Haruka lamió una pequeña gota de sangre de su boca..

Temblando, Michiru dijo:

-No vuelvas a hablarme de nuevo.-

Y seis años pasaron antes de que Haruka lo hiciera.


Espero que me cuenten que les va pareciendo la historia

el leer sus reviews me alienta a seguir con éste trabajo que, aunque no

es una historia mía igual tiene gran parte de mi, mucho trabajo y esfuerzo.

Espero lo hayan disfrutado, nos leemos en el capitulo 3