Disclaimer: Frankenweenie es creación y propiedad del increíble Tim Burton.

Nota de Autora: Basado en el fan art de la dueña del Tumblr Honeycaneart (También conocida como Britny)


Desde Entonces

Aun recordaba ese día: tenía siete años, y escucho como lo llamaban desde la cocina; en la mesa de esta había una caja pequeña, pero aun así muy bien decorada. Pero si bien no lograba recordar si era de parte de su madre o su abuelo, sí podía rememorar la emoción al retirar con cuidado la tapa de la caja, y ver lo ahí había.

Y sobre todo, recordaba cómo fue ver por primera vez a lo que por entonces era una pequeña bola de pelos, con sus ojos asustadizos viendo velozmente todo a su alrededor.

Pese a no estar prestandoles atención, sus oídos captan, de una forma lejana, la conversación que los adultos mantienen; uno de ellos asegura que un hámster es una gran mascota para un niño pequeño: que son simpáticos y fáciles de cuidar.

Recuerda también ese primer par de días en los que todavía no había elegido -o más bien, encontrado- un nombre para su mascota; fue mientras lo veía ahí, en su jaula totalmente acondicionada para tener al pequeño roedor bajo todas las comodidades posibles, que pudo ocurrírsele uno: el animalito, a pesar de su escaso tamaño, lograba derribar el bebedero –que era dos veces más grande que él- con una facilidad increíble. Era como si con esa fuerza quisiese demostrar que su pequeño exterior no era más que un disfraz que escondía al coloso que era por dentro.

Coloso.

Nassor sonrió para si mismo, al tiempo que volvía a acomodar el bebedero en su lugar y que automáticamente, el hámster lo mirara fijamente, y se le lanzara encima para volver a tirarlo.

Sí; el nombre le sentaba de lo más bien. Coloso sería.

Pero la verdad -le gustase o no-, era que esos recuerdos eran simplemente eso. El escenario presente no era similar a ellos en absoluto; y tampoco era en absoluto bueno.

Esa mañana, se encontraba poniéndose los zapatos en silencio, cuando súbitamente cayó en cuenta. Silencio. Al otro lado de la habitación, donde se hallaba la jaula, no se escuchaban chillidos alegres ni el ruido de la rueda girar.

Y al darse vuelta y mirar a esa dirección, encontró a Coloso recostado, y respirando con muchísima dificultad.

Salió disparado de su habitación en busca de ayuda; y después de poder explicarle a alguien la situación, esta paso para él como un torbellino hasta estar finalmente ahí, en la sala de espera del consultorio veterinario. Nassor no se había movido ni había hablado en todo el largo rato que llevaban esperando; simplemente estaba ahí, atento y expectante.

De pronto, el veterinario esta frente a ellos; y a pesar de que el hombre está mirando a su madre, se da cuenta que no es a ella a quien le está hablando: dice que "se trata de un animalito muy viejo", que también que es seguro que "no le queda mucho" y simplemente deben "volver a casa y esperar". A pesar de los esfuerzos del hombre por sonar condescendiente y delicado, el niño sentía un yunque en el estómago que se volvía más pesado con cada frase.

Paso esa noche en vela en el afán de hacerle compañía; no pudo recordar el momento en el que se abandonó al sueño ni cuanto duro, no debió de ser un par de horas, pero al despertar y ver la jaula, tuvo un horrible presentimiento; con suma delicadeza, saco a Coloso y lo acuno en la palma de sus manos. Parecía dormido.

Pero Nassor lo sabía. Él ya no iba a despertar.

Y fue desde entonces, que él ya no ha sonreído.