Nota de la traductora:

¡Holaaaaaaa! He vuelto, y esta vez con una adaptación. Esta historia está originalmente publicada en el fandom de Hakuouki en inglés, y su amable autora, lunar9ueen, me ha dado su permiso para traducirla al español. Nada me pertenece, tan sólo me encargué de traducirlo, y el resto de la autoría es, obviamente, propiedad de Idea Factory.

Ojalá les guste, personalmente me encantó esta historia y es por eso que daré lo mejor para poder entregárselas en el español más fluido y entendible posible xD La historia original (Petals of Time), se encuentra en el profile de la autora. Vale aclarar que quizás algunas frases se hayan cambiado para darle contexto a la situación, ya saben que el inglés y el español manejan distintas formas de escritura. En fin... no los aburro más, ¡a leer! :D


Nota de la autora:

¡Hola! ¡Gracias por pasar por aquí! ^_^ Este es mi segundo fanfic, también sobre Hakuouki~ XD Con Saito y Chizuru como pareja principal.

Esta historia toma lugar en la época actual, así que es un AU y no tiene nada que ver con la era del Shinsengumi... o debería decir, está un poquitín relacionada XD

¡Simplemente lean si sienten curiosidad! ^_^

Sin embargo, dado que el inglés no es mi idioma natal, espero que puedan perdonarme por algunos errores T_T Por favor, sopórtenme, prometo que a pesar de todo es entendible XD

¡Comencemos a leer! XD ¡Espero que les guste!


Pétalos de tiempo

I

Farsa


La tibia luz del sol matinal despertó gentilmente a una chica. Ésta permaneció en la cama unos minutos más antes de levantarse finalmente y cambiarse a su uniforme escolar. Se quedó mirándose al espejo por algún rato y suspiró. Esta muchacha odiaba la mañana: no porque fuera perezosa, ni siquiera estaba cerca de ello. De hecho, era conocida por su personalidad alegre y extrovertida, siendo una estudiante de primer año en una de las más prestigiosas secundarias de Kyoto.

Pero de cualquier modo, eran todas mentiras.

Observó su propio reflejo y sonrió, con su cara de póker habitual.

—Estarás bien hoy... Como siempre, Chizuru.

Chizuru cogió su mochila y le dio un vistazo al reloj nuevamente. Dejó salir un largo suspiro mientras miraba su reflejo una vez más.

—Es agradable ser tú. No tienes nada de qué preocuparte...

A pesar de verse como una chica ordinaria, lloraba por dentro. Siempre sentía miedo de salir lastimada.

Su madre había muerto en un accidente automovilístico, junto a su pequeño hermano gemelo. Esa tragedia había destrozado a Chizuru, quien para ese momento contaba con sólo cinco años. No había querido saber más nada de nadie durante un largo tiempo. Cuando finalmente había logrado desprenderse un poco de la tristeza y volver a la escuela, sus amigos la tacharon de llorona e incluso llegaron a acosarla por ese motivo. No había sido del todo su culpa, pensaba ahora. Eran sólo un puñado de críos, no llegaban a entender las cosas con claridad. Sin embargo, sus palabras y sus actos la habían dañado mucho, dejándole con los años el trauma de la experiencia. Haciéndole frente a esos instantes que se veían tan desesperanzadores, su padre resolvió mudarse de Tokyo a Kyoto para comenzar una nueva vida.

Habían pasado diez años. Y ahora Chizuru se había convertido en una chica con una máscara de felicidad. No podía decirle que "No" a nadie, porque creía que eso haría a la gente odiarla y, en el final, lastimarla. Sólo se encargaba de sonreír y complacer a todo el mundo. Así estaría segura.

Se había perdido en estos pensamientos, que eran su rutina de cada mañana, cuando escuchó un fuerte golpe proveniente del piso de abajo. Corrió rápidamente hacia la fuente del sonido: el laboratorio de su padre. El padre de Chizuru era doctor. Hasta su propia casa hacía las veces de clínica...

Pero además era un científico loco que no escuchaba las advertencias de su hija sobre dejar de experimentar con cosas extrañas y bizarras durante su tiempo libre.

—¡Papá, no de nuevo! —Chizuru tosió cuando, al abrir la puerta del laboratorio, fue recibida por un apestoso humo negro.

En el medio del cuarto, Yukimura Koudou estaba tirado en el suelo junto a una máquina de apariencia sospechosa. Con la ayuda de Chizuru, el doctor pudo ponerse de pie y se frotó la cabeza antes de mirar la máquina que tenía prácticamente un metro de largo.

—Parece que fallé de nuevo...

—¡Claro que sí! Dime, ¿qué clase de artefacto estás tratando de construir esta vez? —gritó Chizuru.

A pesar que no podía oponerse a las decisiones de casi nadie, todavía tenía la valentía suficiente para darle una reprimenda a su padre. Después de todo, Koudou era el único pariente que le quedaba, y se sentía obligada a hacer algo para prevenir que las cosas fueran a peor. Koudou era un doctor amable y dedicado, pero siempre había sido un poco... excéntrico, cuando se trataba de su hobbie.

Koudou sonrió ampliamente.

—Una máquina del tiempo...

Pero antes de que pudiera comenzar a divagar sobre su nueva invención, Chizuru lo había mirado duramente.

—Sabes que crear tal cosa es imposible. Simplemente detente, o vas a hacer explotar la casa —Suspiró largamente antes de percatarse de algo—. ¡Oh, no, voy a llegar tarde!

Chizuru estaba lista para echar a correr con todas sus fuerzas, pero antes vio a su padre con sus ojos marrones enfadados una vez más.

—Y no intentes hacer cosas raras mientras estoy en la escuela, papá.

Koudou suspiró.

—Realmente, Chizuru... Sería mejor que te consiguieras un novio antes de seguir retando a tu padre...

Una sonrisa amarga empezó a formarse en los labios de la muchacha. Hizo una pequeña reverencia antes de salir corriendo de la casa. No podía permitirse llegar con retraso, o la interrogarían hasta encresparle los nervios. Que la gente viera sus errores le resultaba la cosa más aterradora del mundo. Mientras corría, recordó las palabras de Koudou.

"¿Un novio? Ya tengo uno, papá... Sólo que no quiero decírtelo. No, es mejor para ti que no lo sepas..."

—¡A salvo! —Chizuru jadeaba por la carrera cuando llegó a las puertas de la escuela, justo antes de que el timbre sonara.

Caminó hacia el aula con una sonrisa falsa, saludó a sus amigos y fingió disfrutar las clases.

"Estoy aburrida..."

—Oye, Chizuru-chan —De pronto, escuchó el murmullo de la chica que se sentaba detrás suyo.

"¿De nuevo? Vamos, ya sé lo que quieres decirme..."

Chizuru volteó un poco la cabeza y sonrió.

—¿Qué ocurre, Yui-chan?

Su amiga sonrió pícaramente y la miró esperanzada.

—¿Podrías reemplazarme en el aseo del aula después de clases, Chizuru-chan? En realidad, hoy me toca, pero tengo una cita, así que...

Siempre había sido así.

—De acuerdo —respondió tranquilamente Chizuru, y enfrentó su escritorio de nuevo.

Como nunca se rehusaba a los pedidos ajenos, algunas personas habían tomado ventaja de ello. A menudo acudían a ella cuando necesitaban algo, sabiendo que Chizuru los ayudaría. Justo como aquella chica. Mentiría si dijera que no le molestaba, pero nunca lo demostraba. Pensaba que, si se negaba, la gente no querría ser su amiga. Lo temía. Así que intentaba complacer a todos, así no los perdía... Aunque dicho así, sonaba hasta irónico.

Y lo mismo pasaba con su novio...

Chizuru había terminado de limpiar el salón, cuando su celular sonó. Contuvo el aliento al ver el nombre en la pantalla.

Kazama Chikage.

—Um... ¿sí, Kazama-senpai? —respondió la llamada dudosamente. Había olvidado decirle a su querido que llegaría tarde.

—Dije que te estaría esperando hoy en mi aula después de la escuela —Escuchó el tono irritado de Kazama—. ¿Estás tratando de escapar?

—¡No! —contestó Chizuru— Es sólo que... hoy es mi turno de asear el salón. ¡Estaré allí en un momento, sólo espérame!

Corrió lo más rapido que pudo y se encontró con la sonrisa satisfecha de Kazama. Chizuru odiaba a este cretino, dos años mayor que ella. La había salvado de un grupo de ladrones hacía algo de un mes. Era esperable, pues el rubio era heredero de una muy conocida familia de la yakuza, y simples rateros no podrían contra él. Estaba muy orgulloso de su identidad, siempre presumiendo al respecto. Después de ayudarla, Chizuru le había preguntado que podía hacer para recompensar su gratitud. Y, sorpresivamente, Kazama sabía un poco sobre esta chica, la que nunca decía que "No" a nadie. Así que le pidió ser su novia. Aunque se había quedado pasmada al escuchar la proposición, simplemente asintió, sin poder negarse. Su relación estaba oculta del público, tal y como Kazama lo deseaba.

Y eso era porque Kazama sólo veía a Chizuru como su juguete... no como su novia.

La empujó contra la pared rudamente, y sus ojos carmesí la observaron.

—¿Cómo te atreves a hacerme esperar? —Chizuru intentó contener las lágrimas cuando Kazama la agarró de la cintura y le plantó un beso fiero en los labios.

Podía sentir sus manos deslizarse libremente por su cuerpo. Siempre había sido así. Inconscientemente, Chizuru lo apartó de ella. Lo miró de frente. No podía soportarlo más.

—Kazama-senpai, quiero...

Pero no encontró modo de continuar con sus palabras. Nunca decía lo que pensaba, y ésta no era la excepción, ni siquiera en un momento tan crítico.

"¡Quiero terminar contigo, bastardo!"

—¿Quieres... qué? ¿Acaso sabes quién soy? ¿Sabes lo que podría hacer si alguna vez me contrariaras? —La cara de Kazama estaba a centímetros de la suya.

Una sonrisa maliciosa se formó en sus labios y abofeteó el pálido rostro de su novia. Chizuru intentó ignorar el dolor y se secó las lágrimas.

—No es nada... Lo siento —Con eso, Kazama le dedicó una renovada sonrisa de satisfacción antes de besarla y perderse en su figura de nuevo.


El atardecer acompañó a la triste muchacha en su camino de vuelta a casa luego del acoso de su propio novio. Afortunadamente, Kazama no había llegado más lejos, pero Chizuru sabía que la posibilidad podía darse en cualquier momento. Ese hombre podría hacer cualquier cosa, incluso asesinar, para obtener lo que quería. Le aterrorizaba la idea de que Kazama fuera a poner en peligro a su padre si alguna vez le decía que quería terminar esa enferma relación.

—Estoy en casa... —dijo débilmente al entrar.

Sin embargo, se sentía aliviada cada vez que llegaba finalmente a casa. Y el hecho de que el día siguiente era el comienzo del fin de semana relajaba su corazón un tanto más. Al menos no tenía que actuar por dos días. Por otro lado, le preocupaba seriamente que Kazama la llamara y la invitara a una "cita".

"Me daré un baño... Estoy segura que me va a calmar, después de un día tan desafortunado..."

Chizuru estaba a punto de subir las escaleras, cuando de la nada se escuchó un sonido estridente.

"¿O debería decir... un día espantoso?"

Abrió la puerta del laboratorio de par en par. El delgado humo negro había llenado la habitación entera. Tosió y exclamó:

—¡Papá! ¡¿Cuántas veces más tengo que decírtelo para que entiendas?!

—Lo siento, Chizuru —Apenas si podía ver a su padre tras el humo.

Y cuando finalmente se dispersó, lo miró fijamente, a él y su extraña máquina.

—¡Deja ya todas estas bromas, de lo contrario no van a venir más pacientes... van a temer que los uses como conejillos de indias!

Koudou resopló.

—No estoy tan loco, Chizuru —Y entonces observó a su ahora rota máquina del tiempo—. Sigo fallando cerca del final...

—¡Por supuesto! Para comenzar, era obvio —dijo airadamente y se acercó al artefacto.

Podían apreciarse claras fisuras por todas partes. Parecía que éste también era un fracaso, igual que los anteriores. Chizuru tocó la parte de la máquina que se veía como una puerta. Koudou quería usarla como un portal para viajar a través del tiempo... lo que era totalmente imposible, incluso en la era moderna. Dirigió sus ojos a su molesto padre y sonrió.

—Ahora, papá, ¿qué tal ser un doctor común y corriente? Sólo deja atrás este bizarro hobbie...

Sin embargo, Chizuru no pudo continuar su frase, o más precisamente, no pudo. Un inquietante escalofrío recorrió toda su columna al sentir algo húmedo sobre su pie, que provenía por detrás suyo. Tomó una bocanada de aire al ver el líquido rojo fluir lentamente desde una pequeña abertura entre la puerta de la máquina del tiempo y el piso. Se quedó congelada. Su casa era una clínica, después de todo. Había ayudado a su padre con infinidad de pacientes heridos y había visto el líquido escarlata muchas veces. Sabía perfectamente lo que era.

La sangre de alguien.

—Aléjate, Chizuru —Koudou se percató de ello y se acercó más a la máquina—. Tengo el presentimiento de que tuve éxito en ésta... —Había una pizca de excitación en su voz, a pesar de la expresión seria que mantenía al ver la sangre.

—Papá, ahora sí que estás hablando como un verdadero científico loco —Chizuru temblaba mientras Koudou intentaba abrir la puerta.

Era bastante difícil, más porque ya estaba rota. Chizuru inhaló mucho aire, preparándose para ver lo que fuera que iba a salir de esa máquina. No le temía a la sangre, pero si esa cosa era algún cuerpo en condiciones horribles, entonces la historia era distinta. Finalmente, Koudou forzó la puerta a abrirse. El nítido aroma a sangre llenó el cuarto, y desde el interior de la máquina del tiempo, el cuerpo de un hombre joven cayó.

Los ojos de Koudou se abrieron, shockeados por la sorpresa y se quedó petrificado en su lugar. Pero Chizuru se las arregló para atrapar al hombre malherido antes de que golpeara el piso. Pudo sentir su respiración, a pesar de ser muy débil. Su cabello violáceo, desordenado y teñido de sangre, la rozó. La muchacha se sorprendió al ver que sostenía fuertemente una katana con su mano izquierda.

Pero se dio cuenta que ese no era el momento indicado para estar conmocionada. Trató de calmarse y le habló a su padre.

—Papá, quien sea que es él, tenemos que ayudarlo, ¡está apenas vivo!

—Ah, sí —Koudou volvió a la realidad y entonces se apuraron a llegar a la camilla que usaba con sus pacientes.

Luego de dejarlo sobre ella, se deshizo de su katana y de un wakizashi que tenía atado en el derecho de la cadera. Chizuru le desató el cabello y le abrió las ropas rápidamente para ver las heridas con más cuidado. Vestía una yukata negra con una bufanda blanca alrededor del cuello. Por encima de esa vestimenta, usaba un haori celeste claro, con un diseño parecido a unas montañas blancas. Chizuru sintió que había visto ese tipo de haori antes, pero no lo recordaba con claridad. Después de unas cuantas horas, Koudou y Chizuru terminaron de atender y vendar las heridas del misterioso hombre. Chizuru cogió uno de los pijamas de su padre y lo despojó de sus ropas andrajosas. Ahora que estaba limpio, podía apreciar su rostro claramente, y tenía que admitir que el tipo inconsciente tenía una cara encantadora.

—La máquina del tiempo funcionó, aunque no como hubiera querido —Koudou rompió el silencio, y cuando su hija lo miró, demandando una explicación lógica, continuó—. El propósito principal de este artefacto era llevarnos por las diferentes eras, pero aquí se ha dado el efecto contrario... Hubo un caos en el flujo del tiempo que ha traído accidentalmente a una persona del pasado.

Chizuru escuchó cada palabra con atención y pensó que se había vuelto demente. Tal cosa era imposible. Incluso se le dio por pensar que quizás Koudou había contratado a alguien para actuar como un ensangrentado viajero del tiempo para sorprenderla al volver de la escuela... Pero no importaba cómo mirara a ese hombre: sus heridas eran reales, no estaba actuando... Y Koudou no estaba tan loco como para encerrar a una persona casi muerta en un dispositivo peligroso como aquel.

A juzgar por su apariencia, y si las palabras de su padre eran ciertas, Chizuru estaba bastante segura que era un samurai, y que se hallaba en el campo de batalla o en medio de un duelo antes de ser accidentalmente enviado a la época moderna.

—Entonces... ¿qué haremos con él? —Chizuru intentó serenarse— La máquina está rota, ¿verdad? ¿Eso significa que no podemos enviarlo a su era?

Koudou asintió.

—Sí... Odio tener que decirlo, pero no me es posible reenviarlo, al menos no por ahora. Supongo que no tenemos más opción que dejarlo quedarse con nosotros. Tenemos enfrentar la responsabilidad de lo que ha ocurrido.

Chizuru abrió los ojos con incredulidad.

—¿Qué quieres decir con "nosotros"? Si sólo hubieras dejado de trabajar con esa cosa loca, ¡esto no hubiera pasado!

Pero su mirada se suavizó al ver los ojos esperanzados, casi emocionados, de su padre. Sabía que el doctor planeaba interrogar al hombre luego de recuperarse, si es que acaso era un verdadero samurai venido del pasado. Hubo un momento de silencio, antes de que Chizuru suspirara con resignación, sabiendo que no había otras alternativas.

—De acuerdo, supongo que tienes razón. Ahora, ¿qué tal si lo llevamos arriba? Hay una habitación vacía junto a la mía. No es bueno dejarlo en la camilla.

El doctor le dedicó una sonrisa aliviada y le agradeció. Ella ignoró a su excéntrico padre, que la había arrastrado junto consigo a todo ese embrollo. Había leído algunas novelas y visto unas cuantas películas sobre viajes en el tiempo: algunas veces por medio de una máquina, otras por magia, o al ser absorbido por un agujero negro... Pero nunca creyó que fuera algo real.

Juntos, habían llevado al hombre misterioso a la habitación y ahora yacía en la cama. Por razones de seguridad, Koudou se llevó las espadas, pensando que era probable que, en medio del pánico de encontrarse en un mundo nuevo, ocurriera algo peligroso. Su idea original era encerrarlo en la habitación por las dudas, pero Chizuru lo regañó, diciendo que sería inapropiado y podría infundirle sospechas al hombre. Después de un corto debate y de convencer a su padre de que estaría bien, Chizuru ganó. Antes de salir de la habitación y cerrar silenciosamente la puerta, le dio una última mirada al sujeto dormido.

Finalmente en su habitación... Ya no estaba con humor para tomar un baño, así que se cambió a sus ropas de dormir antes de echarse sobre la cama. Se quedó mirando el techo y se maldijo por llevar una vida tan patética.

"Parece que los problemas me encuentran donde sea que esté..."

La farsa de su vida ya era lo suficientemente estresante, sumado a tener que lidiar con el raro hobbie de su padre, y ahora: con un extraño viajero del tiempo que dormía en la habitación contigua. Chizuru se estaba por quedar dormida, cuando se acordó de una cosa.

"El haori celeste claro... Lo he visto en otra parte..."

Segundos después, se levantó rápidamente de la cama. Fue hacia su pequeña biblioteca y encontró un libro sobre la historia del Japón. Luego de buscar, dio con una página precisa. Si su memoria no le fallaba, incluso lo había visto en un museo durante un viaje de estudios algunos años atrás. El haori pertenecía al Shinsengumi, una fuerza de samurais de élite que solía proteger a Kyoto en el pasado...

Sus ojos recorrieron las letras con interés. El Shinsengumi fue fundado oficialmente en 1864 y se disolvió junto con la muerte de Hijikata Toshizou, su vicecomandante, en 1869... Y el año que corría ahora era el 2012. Su cuerpo se estremeció al percatarse del hecho. Si ese hombre era un auténtico miembro del Shinsengumi, significaba que había viajado casi 150 años en el tiempo.

Muy despacio, caminó de puntillas fuera de su habitación y abrió la puerta. En vez de estar asustada, la invadió una repentina curiosidad. Ahora quería darle un vistazo más atento a su inesperado invitado.

Todavía dormía al ingresar Chizuru. Examinó el rostro masculino, intentando encontrarle alguna diferencia con el de la gente de su época, pero no lo logró. En realidad, tuvo que admitir que era ampliamente más apuesto que los chicos de su clase o su desgraciado novio. Con la hermosa luz lunar que se colaba por la ventana, sus facciones atractivas eran más nítidas a sus ojos.

"¡¿Q-Qué estoy pensando?! Y más importante... ¡¿por qué vine aquí en primer lugar?!"

Se dio la vuelta para irse. Pero de repente, una mano aferró su muñeca por detrás y haló su cuerpo hacia un pecho macizo. Antes que pudiera reaccionar, otra mano le cubrió la boca, así que no gritó. Todo le temblaba cuando los almendrados ojos violetas de su captor se posaron en ella.

—No te preocupes... Eres una mujer, no te haré daño —Una voz, tan fría como profunda, murmuró contra el oído de Chizuru—. Mis espadas me han sido arrebatadas, así que estoy bastante seguro que este es el sitio de Choushu o Satsuma... No tengo idea de cómo lograron capturarme de este modo. ¿Eres una de ellos? Te liberaré si contestas a mi pregunta sin gritar.

"¿Estás loco? ¡Esta es la clínica Yukimura! ¡Y ye he ayudado, no capturado!"

Chizuru luchó para deshacerse de su agarre, pero fue inútil. La fuerza de ese hombre era poderosa. A pesar de haber asegurado que no la lastimaría, ella seguía sintiendo miedo de que pudiera hacerle algo, tal y como ocurría con Kazama. Pasado un rato, Chizuru se rindió y asintió silenciosamente, guardándose las lágrimas. El joven la liberó y ella tomó aire después de apreciar sus profundos ojos violeta. Su reacción era pasmosamente calma. No se veía como si sintiera pánico en absoluto. Más destacable, se las arregló para ponerse de pie con el cuerpo así de malherido. La gente del pasado era realmente fuerte.

—Discúlpame —murmuró el hombre, pero su mirada nunca abandonó a Chizuru—... por tocarte de ese modo. De igual manera, es mejor usar algo más apropiado que eso.

Chizuru se percató del top y los pantalones cortos de algodón que llevaba puestos. De algún modo, su miedo se había desvanecido levemente al escuchar sus palabras; parecía que no planeaba aprovecharse de ella. Se serenó antes de responder.

—Bueno, estas son ropas de dormir comunes... al menos en esta era.

Él frunció el ceño, era obvio que no había entendido. Pero Chizuru decidió continuar.

—Y ésta no es la prisión de Choushu o Satsuma, sino la clínica de mi familia. Mi padre es doctor y hemos atendido tus heridas. Sobre tus espadas, las tomamos por una cuestión de seguridad. Te las devolveremos más tarde.

Se produjo un silencio incómodo. Chizuru rezó porque el extraño tipo aceptara su explicación. Prefirió no decirle acerca de la máquina del tiempo de momento, ya que consideraba mejor ir paso a paso en esa clase de circunstancias. Apartó la vista de ella y miró los alrededores. Tocó el pijama que llevaba puesto con una mueca de leve confusión. Bueno, casi imperceptiblemente leve, porque parecía que este hombre carecía de muchas expresiones faciales.

Cerró sus ojos violáceos y habló templadamente.

—Y entonces... ¿cómo llegué aquí?

—¿No... no estás asustado? —preguntó dudosamente. Su reacción era demasiado calma para ser alguien que pasaba por toda una nueva situación, en el lugar más extraño que alguna vez visitaría en su vida.

—¿Por qué debería? —dijo fríamente. Para su sorpresa, se acercó más a ella y enfrentó profundamente sus ojos color chocolate— Puedo asegurar que tus ojos dicen la verdad, aunque demando más explicaciones que ésta.

"Así que... ¿este tipo puede saber si alguien miente sólo viendo sus ojos?"

Chizuru le dedicó una sonrisa amarga. Era cierto, había dicho la verdad. Pero él ni siquiera sabía que había crecido con mentiras durante toda su vida. Algunas lágrimas se asomaron al pensar en la falsa existencia que llevaba. Bien, ahora se sentía como una idiota. ¿Cómo podía llorar frente a un desconocido? Había escondido sus sentimientos muy exitosamente, durante mucho tiempo. Pero después de encontrarse a alguien que parecía poder leer almas, sentía que su debilidad podría ser expuesta. No quería que nadie supiera de ella. Le aterraba que pudieran juzgarla. Para empeorar las cosas, este hombre que se veía falto de emociones seguramente estaba pensando que era una llorona con una vestimenta ridículamente inapropiada.

—¿Te he lastimado? —preguntó tranquilamente el samurai, pero Chizuru sólo negó agitando la cabeza.

No había modo que fuera a decirle que sus palabras casuales la habían asustado. Sin embargo, las lágrimas se rehusaban a detenerse. Era embarazoso. No podía poner su cara de póker con la fría presencia de ese hombre. Era inútil.

La observó llorar unos segundos más antes de retirarse lentamente para mirar las casas modernas que se exponían desde la ventana. Chizuru no supo por qué lo hizo, pero se sintió agradecida de poder tener su tiempo para estar sola. Con su mejor voluntad y dándole un vistazo a la espalda de su invitado, detuvo las lágrimas. Caminó hacia él.

—Lo siento —murmuró, sintiéndose avergonzada.

—Está bien —dijo el joven, sin verla—. Sólo creí que no querías que te viera llorar, así que te dejé sola. No preguntaré tus razones, no es de mi incumbencia. Si necesitas volver, está bien, puedo esperar hasta mañana al resto de la explicación, porque no siento malas intenciones de ti o de este lugar.

Inconscientemente, Chizuru largó una risita. Él había dicho algo como eso. Era entendible. Un samurai debía estar atento en cada situación. Pero se sentía aliviada de que hubiera permanecido calmo y creyera en sus palabras. Más importante, Chizuru estaba sorprendida de estar mostrando sus verdaderas emociones frente a un completo extraño. Sintió que se había descargado un poco luego de llorar, a pesar de odiarse aún por haberlo hecho.

—Oye... —murmuró Chizuru.

Sin darse cuenta, posó una de sus manos sobre su espalda. Se sintió abochornada al notarlo y la apartó rápidamente. Sin preveerlo, el viajero del tiempo se dio la vuelta y ambos se miraron a los ojos.

El tiempo se congeló hasta que sus labios pronunciaron las mismas palabras, en el mismo instante.

—¿Quién eres?


Nota de la autora:

Este es el final del primer capítulo~ ¡Ojalá les haya gustado!

¡Sería muy feliz si me dejaran un REVIEW!^_^

¡Gracias por leer! XD


Nota de la traductora:

Bien, ¿qué les pareció? ¿A que está interesante? :3 Espero que la traducción les haya parecido entendible, intenté hacerla lo más correcta posible xD Seguiré subiendo en el transcurso de los días, independientemente de los reviews, pero me encantaría que me contaran sus opiniones, así se las transmito a la autora y vemos crecer esta historia en español :)

¡Un beso!