Nota de la autora:

¡Hola a todos!

De nuevo, gracias a todos por los reviews del capítulo anterior ^_^ Significa mucho y me motiva a escribir más XD ¡Ahh, y estoy enamorándome cada vez más de Saito y ustedes, chicos! XD

(...)

Por cierto, el largo de este capítulo es de unas 4300 palabras... (...) Bueno, pero por ahora, ¡sólo disfruten este capítulo! XD


Pétalos de tiempo

III

Visita


Semanas habían transcurrido desde el incidente que envió a Saito al futuro. Mientras sus heridas sanaban, Koudou y Chizuru se encargaron de enseñarle acerca del nuevo mundo.

Aunque Saito intentó mantener su fría naturaleza, le fue imposible ocultar su conmoción cuando Chizuru le mostró cómo funcionaba una televisión, una computadora, el teléfono y demás aparatos electrónicos. Podía asegurar que Saito hacía lo mejor posible para adaptarse con rapidez para no ser una molestia. Estaba bien que aprendiera sobre aquello, aunque criticaba muy seguido las formas de hablar de la época moderna y la moda mientras miraba TV, calificándolo de "descortés" o "inapropiado".

—Yukimura, lamento decir esto, ¿pero realmente vas a ir a la escuela con una falda tan corta? —Le preguntó un día cuando estaba por salir de su casa.

—Ya te dije que es el uniforme habitual en las secundarias. Todo el mundo lo usa —repitió Chizuru, ya acostumbrada a tener que decírselo casi todos los días.

Interiormente, le hubiera gustado decir lo mismo de la larga cola de caballo y la anticuada remera de Koudou que él usaba. Ese hombre definitivamente necesitaba una renovación.

Saito dejó salir un suspiro.

—He visto al Vice-Comandante en ropas occidentales, pero jamás hubiera creído que evolucionarían en algo así —Entrecerró los ojos y le dedicó una mirada seria—... Escucha, te debo una, así que lo digo por tu propio bien y...

—Está bien, está bien —Chizuru le cortó el discurso. No era como si estuviera preocupado por ella o algo por el estilo: sólo se sentía en deuda con la familia Yukimura.

—Y hablando de eso, mañana —Saito posó la vista en el suelo, viéndose incómodo—... Cuento contigo.

Chizuru le sonrió. Ya que el día siguiente era sábado y Saito se encontraba lo suficientemente sano, saldrían así podía aprender más cosas sobre la era moderna. Hasta ahora, sólo las había visto de lejos en la televisión. Chizuru rió al recordar la primera vez que Saito vio autos y motocicletas en la TV, y estaba aún más sorprendido cuando le dijo que había millones de esas en las calles. De algún modo, presentía que Saito se sentía levemente emocionado en vez de asustado en ese respecto, y se preguntó si acaso formaba parte de la naturaleza masculina interesarse en asuntos automovilísticos.

—¡Papá, ya me voy! —gritó Chizuru a Koudou, quien se hallaba acondicionando la clínica antes de abrir. Se marchó rápidamente antes que Saito pudiera decir "Qué manera más informal de dirigirse a alguien mayor."

Pero mientras más se acercaba a la escuela, más pesados se hacían sus pasos. Siempre había sido de ese modo. Odiaba ir a la escuela, porque significaba que tendría que ponerse esa máscara de alegría nuevamente. Se dio ánimos al pensar que saldría con Saito al día siguiente. A pesar de no hablar mucho con ella, Chizuru se sentía a gusto siendo ella misma con él. Además de eso, veía su inocencia ante las cosas nuevas que experimentaba como el lado adorable de un fiero samurai.

Sacudió la cabeza al pensar en eso. No era tan fácil vivir bajo el mismo techo que un hombre así de atractivo, especialmente si eras alguien que se la pasó fingiendo durante toda su vida, y dicho hombre era la única persona que podía ver a través de tus mentiras...

"No es como si me gustara. Sólo me siento cómoda... un poco... cuando estoy con él. ¡Un minuto! ¿Por qué estoy pensando de este modo?"

Chizuru estaba divagando, cuando su celular sonó. Tomó una bocanada de aire al ver el nombre de su querido en la pantalla.

—¿Sí, Kazama-senpai? —Ni bien atendió la llamada su cuerpo comenzó a temblar.

—Ha pasado un tiempo, perra —gruñó Kazama. Era obvio que no estaba de buen humor. Chizuru se sintió repentinamente miserable.

Se quedó callado un momento, y Chizuru sintió escalofríos al escuchar su voz serpenteante.

—Si mi memoria no me falla... no, siempre tengo razón... tu papá trabaja en un hospital los fines de semana, ¿cierto? Así que significa que estarás sola en casa mañana... ¿Te molesta si voy?

Chizuru tenía el corazón en la boca. Kazama nunca había estado en su casa y, sumado a sus palabras, Chizuru sabía que el plan de inesperada visita en sí ya presagiaba malas noticias. Algo malo iba a ocurrir.

—K-Kazama-senpai... mañana tengo que... —Intentó contener las lágrimas.

—¿Qué? ¿Vas a negarte a tu novio? —inquirió con voz irritada.

—No...

—¿Entonces qué dices, te molesta si voy mañana?

—De acuerdo... T-te estaré esperando...

Con una risa cruel, Kazama cortó la llamada.

Chizuru se secó las lágrimas. Alzó la vista al cielo, lamentándose por su patética existencia. Se suponía que mañana iba a ser un día divertido. Pero en cuestión de segundos, Kazama había dado vuelta todo. Para empeorar las cosas, tenía que continuar sonriendo en la escuela después de aceptar la nefasta cita, o sus amigos iban a interrogarla sobre qué había sucedido.


Ya había caído la tarde cuando llegó a casa sin un mínimo de espíritu. Pensó que su hogar era el único lugar en el que se sentía cómoda, y ahora sería el sitio para las cosas que Kazama tenía planeado hacerle.

—Ya llegué... —murmuró Chizuru y le dio un vistazo a la clínica. Normalmente hubiera ido para ayudar a Koudou, aprovechando el tiempo libre, pero esta vez, sólo quería estar sola.

—Bienvenida, Yukimura —La voz de Saito la sorprendió.

Cargaba una pila de documentos, que reconoció como los archivos de algunos pacientes. Como Saito no quería holgazanear, se había ofrecido a ayudar a Koudou con sus papeles. Ella asintió y trató de esbozar una sonrisa, pero los ojos zafiro del hombre la miraron profundamente, y falló. Se le humedecieron los propios e intentó evitar el contacto visual.

—Dile a papá que tengo mucha tarea que hacer y no puedo ayudarlo esta vez —Su voz temblaba. No importaba cuánto deseara ocultarlo, le era imposible—. Y acerca de mañana... lo siento, pero tendremos que cancelarlo... porque mi novio quiere venir a casa.

—¿Tu novio? —preguntó.

Chizuru asintió débilmente.

—Sí, pero por favor, no le cuentes a papá. Nadie sabe de nuestra relación.

Repentinamente, Saito se acercó a ella, aumentando sus deseos de llorar. Susurró:

—¿Es este hombre... el que te hace llorar?

—No —contestó Chizuru y enfocó sus ojos marrones en él.

Cuando enfrentó esos irises cerúleos puros y que la instaban a decir la verdad, no pudo hacer más que llorar. Antes de apenas notarlo, se había precipitado a las escaleras para escapar y su mano atrapó su muñeca.

—Estás mintiendo —declaró tranquilamente—. Sé que no es asunto mío, pero me salvaste la vida, así que...

—¿Te sientes obligado a protegerme? —completó Chizuru. Se sentía inesperadamente molesta. Simplemente quería estar sola y esperar el terrible futuro que la esperaba.

Pero un llano viajero en el tiempo que conocía hacía pocas semanas actuaba como si la conociera hace años. Incluso en su niñez ninguno de sus amigos conocía su verdadera personalidad. Se dio la vuelta bruscamente y sonrió con amargura.

—Escucha, sólo porque te salvé no quiere decir que tengas que ser mi guardaespaldas... Si lo haces porque te sientes en deuda, no lo necesito. Soy perfectamente capaz de cuidarme sola. Además, no te quedarás mucho aquí, volverás cuando la máquina se arregle. No me trates como si fuera tu Comandante o algo cercano a eso...

Saito entrecerró los ojos, demostrando su obvia molestia al meter Chizuru en el medio a su Comandante, a quien respetaba. Mientras pronunciaba las palabras, más patética se sentía.

—Te agradecería si te quedaras en tu habitación mañana... Y, por favor, deja de exponer mis mentiras. Sólo... por favor.

Dicho esto, subió las escaleras y lloró en su habitación. Sabía que sus palabras podrían haber herido a Saito, que no tenía nada que ver en el asunto. Durante las semanas anteriores, había disfrutado mucho ser ella misma cuando lo tenía cerca. Pero en esos momentos se había sentido iracunda con él, porque había desmantelado toda su actuación cuando más la necesitaba.

"Quizás sea mejor para mí continuar actuando... Quizás es mejor para mí no conocerlo en absoluto..."


Por la mañana, desayunaron en gélido silencio. Koudou miró a Saito y Chizuru con confusión, pero ambos continuaron comiendo como si nada ocurriese. Después de que su padre se marchara al hospital, Saito se quedó en el segundo piso como ella le había indicado. Se sintió agradecida que no le preguntara nada. No quería pensar en lo que podría hacerle Kazama a él o a ella, si sabía que había otro hombre viviendo en la clínica Yukimura. Ahora se había quedado sola en el living, esperando la llegada de su novio.

El sonido del timbre la sobresaltó. Abrió la puerta lentamente y vio a Kazama y su característica sonrisa ladina. Aparcó su auto deportivo blanco frente a la casa.

—B-bienvenido, Kazama-senpai —Chizuru hizo una reverencia, pero Kazama la empujó y se metió al living. Tomó la posición más cómoda en el sofá y contempló a su novia.

—¿Qué clase de atuendo es ese? ¿No podías usar algo mejor en mi primera visita?

—P-pero, estamos en casa, yo... —Chizuru no podía decir nada para defenderse. Ni siquiera había pensado que Kazama le haría un comentario sobre su ropa demasiado casual.

Se puso de pie, aproximándose a ella.

—Al menos podrías haberte puesto un hermoso vestido, bien apretado, por supuesto —La llevó contra su pecho y susurró—... porque es más fácil de quitar...

Antes que pudiera decir nada, sus manos la habían arrastrado al sofá y cubierto su boca para evitar que gritara o intentara luchar. Este muchacho era un estudiante de último año de secundaria y se graduaría en pocos meses, pero su comportamiento era peor que el de un animal salvaje. Se ubicó encima de Chizuru y sonrió cruelmente.

—¿Esperabas que hiciera esto, verdad? Pero no pudiste negarte. Bueno, no puedo culparte, alguien como yo es irresistible...

"¡Me estás forzando! ¿Qué tiene eso de "irresistible"? ¡Eres un maniático narcisista!"

Kazama le quitó la camiseta mientras lloraba silenciosamente. Había liberado a Chizuru de sus manos, pero aún así, la chica no tenía las agallas para gritar, a pesar de saber que Saito iría inmediatamente a ayudarla. Pero no quería meterlo en ese problema. Como siempre, estaba tratando de cargar con el peso ella sola. Gimió de desesperación cuando el rubio le sacó los pantalones, luego de besarla con lujuria. Sus labios y sus manos se deslizaban sin resistencia por su cuerpo ahora sólo cubierto por la ropa interior.

—¿Te gusta? —Sonrió pícaramente mientras le acariciaba los senos.

Chizuru no podía detener el llanto, pero contenía su sonido para ser silenciosa. Sintió pánico cuando sus largos dedos comenzaron a quitar su ropa interior, con un irresistible deseo de ver ese cuerpo completamente desnudo. Ya era bastante triste e irónico ser violada en su propia casa, y además no tener ni una pizca de coraje para rehusarse.

—¡Otra grosería más y no te perdonaré!

El sonido del metal le siguió a esa voz. Cuando Chizuru abrió los ojos, la punta de la espada de Saito estaba a apenas centímetros del cuello de Kazama. Éste saltó del sofá inmediatamente y sacó una pistola de su cinturón, enfrentando al poderoso samurai.

—¿Quién eres tú? —rugió Kazama, arma en mano, listo para balear a quien fuera ese sujeto desconocido que lo había fastidiado.

—No tengo ninguna obligación de decírtelo —respondió fríamente, aún en posición de combate.

Chizuru no podía moverse ni hablar. Estaba paralizada en el sofá, intentando serenarse. Si continuaban, podían llegar a matarse. Sabía que Kazama se encargaba ocasionalmente del trabajo sucio de la yakuza, así que no le sorprendería saber que había asesinado a algunos. Y Saito, por no mencionarlo, había acabado con incontables vidas. La tensión se palpaba en el aire, partiendo de ambos hombres. Se sintió aliviada al escuchar la voz de Saito tras un denso silencio.

—Vete y nunca más vuelvas.

Kazama lo miró de arriba a abajo, preguntándose si acaso existía una persona tan anticuada en la era moderna, con ese cabello alborotado y largo y esa camisa que lo hacía ver como un anciano. Para un tipo narcisista como Kazama, la apariencia de Saito le daba ganas de vomitar.

—¿Tienes miedo? —preguntó el rubio, sintiéndose orgulloso de poder intimidar al tipo de cabello violeta.

Pero su sonrisa desapareció cuando su arma cayó de su mano con un imperceptible pero ágil movimiento de katana. Parecía que no estaba enfrentando a un contrincante común y corriente.

—Lo diré una vez más —dijo Saito. La repugnancia centelleaba en sus ojos azulados—: Vete y no te atrevas a volver.

Kazama se quedó congelado antes de volver sus ojos iracundos a Chizuru, quien yacía aún en el sofá.

—Recordaré esto, perra —Volvió a Saito—... y tú también, basura.

Saito siguió con la mirada sus pasos hasta que salió azotando la puerta. Cuando el motor del auto no se escuchó más, envainó su espada y observó a Chizuru, que tenía el cuerpo bañado en sudor frío. Había sido demasiado para ella. Ahora estaba aterrada de que Kazama se vengara haciéndole algo a su familia o a Saito. Las lágrimas se deslizaban mientras se cubría el rostro pálido con ambas manos. Nunca había estado tan asustada en su vida. Algo liviano envolvió su pequeña figura. Abrió sus ojos llorosos y vio a Saito cubriéndole el cuerpo con una sábana blanca que tomó de la clínica. Su amabilidad la hizo sentir aún más miserable. Un hombre que conocía hacía poco tiempo ya la había visto en ropa interior, y casi sin ella, si acaso hubiera llegado un segundo más tarde.

Saito no dijo nada y permaneció sin expresión visible en su rostro. Se deshizo del arma de Kazama y de las ropas arrugadas de Chizuru. Hubiera jurado escucharlo murmurar algo como "Te dije que no mostraras tanta piel" al tomar sus livianos pantalones cortos.

Paulatinamente, su shock comenzó a desvanecerse, y sintió una cómoda calidez sin razón. La sensación se hizo más profunda cuando Saito se acercó a ella.

—¿Puedes caminar?

Chizuru quiso responder, pero entonces la realidad la azotó. Se sentía avergonzada de sí misma: había decidido dejar a Kazama hacer lo que quisiera con ella, pero no cabía en sí del alivio cuando Saito apareció. Su voz se negó a salir. Se ocultó aún más con la sábana y lloró. Intentaba hacerse la fuerte, pero sólo era una niña que todavía necesitaba a las personas. Aún lamentándose, sintió que alguien la alzaba del sofá. Vio el rostro inexpresivo de Saito. El hombre la estaba cargando entre sus fuertes brazos.

—S-Saito-san...

Silencio.

—S-Saito-san, yo...

—Estúpida.

No dijo nada. Tenía razón. Era una chica estúpida, demasiado asustada como para confiar en otros, pensando que podía enfrentar todos los problemas sola. Escondió el rostro en el pecho de Saito mientras la llevaba al segundo piso.


Al llegar a su habitación, la acostó gentilmente en su cama. En realidad quería pedirle a Chizuru que se pusiera algunas ropas, pero sentía su cuerpo temblar todavía. Suspiró y la abrigó con una manta. Ella le dio la espalda rápidamente. No podía enfrentarse a los irises azules de Saito en ese momento.

—No preguntaré al respecto —Le habló a su espalda temblorosa—, pero está bien llorar.

Estaba por irse, cuando la escuchó murmurar algo sofocado por la manta. Se dio la vuelta.

—Perdón, pero no te escuché.

—Quédate.

Luego de esa única palabra, rompió en llanto. Se había sentido muy triste y terriblemente sola por demasiado tiempo. Aunque Saito no hacía ni decía nada para consolarla, su mera presencia era suficiente para hacerla sentir segura. Al menos, sabía que no estaba sola en esos momentos. Y extraño, porque generalmente prefería llorar en soledad.

Lloró hasta dormirse y luego se despertó sin una noción de las horas que habían pasado. Se sentía levemente mejor, aunque la imagen de Kazama aún no desaparecía de su cabeza. Miró el reloj y se levantó inmediatamente al percatarse que eran las siete de la tarde, lo que significaba que había dormido casi todo el día. Debía de estar realmente exhausta. Y además se sentía hambrienta. Se había saltado el almuerzo y ya era casi la hora de la cena. Suspiró al dirigirse a su armario y ponerse un pijama. No quería pensar en cómo reaccionaría Koudou si viera a su hija únicamente vistiendo una delgada sábana. Lo mismo iba para el otro hombre de la casa.

"Espera... hablando del otro hombre..."

Chizuru contuvo el aliento y se giró rápidamente. Recién había notado que Saito aún estaba en su habitación, sentado en una silla mientras leía algún libro de Historia. Aunque estaba callado y ni siquiera la miraba, no cambiaba el hecho de que se había cambiado muy holgadamente en presencia de un hombre.

—No te preocupes, no vi nada —Volvió lentamente su vista a ella, que estaba totalmente abochornada. Se quedaron así hasta que se puso de pie—. Mejor bajamos. Falta poco para que Yukimura-dono vuelva, y no sería agradable que se encontrara con una mesa vacía después de trabajar todo el día. Preparemos la cena.

—S-sí —respondió.

Saito había aprendido a usar un horno eléctrico y era bastante buen cocinero. Pero se había resignado en cuanto a comida occidental a pesar de su practicidad, ya que sólo sabía preparar platos japoneses tradicionales. Estaban juntos en la cocina, y Chizuru susurró sin verlo.

—Eh, Saito-san... ¿puede ser que estabas en mi habitación desde esta mañana?

—Me pediste que me quedara —contestó con su usual tono neutro.

Ahora se sentía culpable. No había podido evitarlo, se sentía tan asustada. Pero si Saito realmente había permanecido en su cuarto todo el día, significaba que también se había saltado el almuerzo, y muy probablemente se habría sentido aburrido.

—L-lo siento —murmuró—... pero en realidad, Saito-san... estaba bien si me dejabas después de haberme dormido.

—No importa. Tampoco tenía otra cosa que hacer —dijo Saito poniendo los platos sobre la mesa. Comió en silencio y Chizuru lo miró tentativamente antes de tomar un lugar en la silla frente suyo.

—Sobre nuestro plan de salir...

—No te sobreesfuerces, Yukimura. Puedo esperar.

—No, salgamos mañana.

No respondió.

—¿Saito-san?

—¿Estás segura? Has pasado por muchas cosas hoy...

Chizuru esbozó una pequeña sonrisa. Le hacía falta un poco de aire fresco después del incidente de la mañana, y salir con Saito tampoco parecía una mala idea.

—Te llevaré a hacer algunas compras —dijo, pero los ojos del samurai se entrecerraron con negación.

—No lo necesito. Además, no tengo dinero como para g...

—Mi papá pagará. Después de todo, él te causó este problema... También había dicho que te compraría ropa nueva. En esta era, un hombre joven como tú no puede andar usando lo mismo que alguien treinta años mayor...

—¡No! ¡No puedo permitir que Yukimura-dono pague por mí! Ya ha sido suficientemente responsable y amable para dejarme vivir aquí y...

—Piensa en ello como si fuera tu sueldo. Lo estuviste ayudando con el trabajo, después de todo.

—Pero...

—Después de las compras, te voy a llevar a la peluquería.

Saito estaba bastante impresionado. Para una chica que había experimentado un abuso ese día, todavía podía parlotear. Suponía que esa conducta de su novio no era algo nuevo, aunque esta vez se había pasado de los límites. No hizo preguntas al respecto a pesar de sentir curiosidad; no quería que Chizuru tuviera que pensar en esa pesadilla de nuevo.

—Yukimura, siendo un guerrero, la apariencia no es algo importante. La habilidad con la espada es...

—Pero es importante en esta época —gruñó Chizuru. Antes que comenzara su perorata sobre el estilo de vida de un verdadero samurai otra vez, añadió—. Y si quieres adaptarte con rapidez, tendrás que seguir las reglas de este mundo.

Saito suspiró, sabiendo que no podría objetar mucho más. Interiormente, no le agradaba el modo en que el mundo había evolucionado. ¿Cómo podían los hombres de ahora preferir seguir la moda y las tendencias antes que el entrenamiento con espadas? Por más que se negara, sin embargo, tenía que aceptar la amarga realidad en la que los samurais ya no eran de utilidad.

—De acuerdo, como lo desees... —Saito se dio por vencido y Chizuru sonrió.

Después de un día tan desastroso, deseaba que la mañana la sorprendiera con algunos momentos divertidos. O al menos, que le hicieran olvidar a un bastardo llamado Kazama Chikage por un rato.

Disfrutaron de la cena mientras hablaban un poco sobre el mundo exterior, aunque Saito, como siempre, escuchaba más de lo que conversaba. Escucharon la voz de Koudou desde la entrada, que recién volvía de trabajar.

—¡Lamento llegar tarde! —Se disculpó el doctor— Pero los trenes estaban atestados hoy, casi me muero de aburrimiento en el viaje.

—Bienvenido, papá —Chizuru le sonrió con dulzura.

—Bienvenido, Yukimura-dono —dijo Saito—. Le preparamos la cena.

—¡Oh, qué gesto de su parte! —Koudou se unió a ellos y le desordenó los cabellos a su hija con cariño. Chizuru se sentía avergonzada de ello porque Saito los estaba viendo, así que apartó la mano de su padre.

—Basta, papá, ya no soy una niña...

Koudou sonrió.

—Ah, pero estoy contento. Esta mañana, pensé que ustedes dos estaban peleados por algo. Ahora me alegra que actúen como si fueran verdaderos hermanos —Dicho eso, el doctor le dio una palmadita a la cabeza de Saito, sorprendiéndolo en el acto.

Chizuru se apresuró a quitar su mano de ahí y susurró, con voz fúnebre.

—Papá, ¿qué haces? ¡No lo trates así! Discúlpate con Saito-san.

—¿Eh, hice algo malo? —susurró también Koudou, confundido.

—Quiero decir, ¡es un guerrero! Tiene un gran orgullo. No puedes tratarlo como si fuera tu hijo de diez años —Chizuru esperaba que Saito, que aún se veía bastante pasmado, no pudiera oírla. Le agradecía a los dioses que no hubiera traído su katana con él, y volvió a murmurarle a su despistado padre—. ¿Lo ves? Te está viendo con odio. Es mejor que te disculpes ahora mismo. Aunque no lleva la espada... ¡nunca sabes cuando perderás tu cabeza!

—No lo estoy viendo con odio.

Chizuru se calló y se giró lentamente hacia Saito, quien se veía incómodo. Murmuró tímidamente.

—Sólo... estoy sorprendido. Ni mi propio padre alguna vez me trató de ese modo...

—¡Por favor, perdónalo, Saito-san! —Chizuru hizo una profunda reverencia, pero Saito les dio a ambos una sonrisa.

—No hay problema. En realidad... es bastante agradable.

Bien, ahora Chizuru estaba confundida. ¿Podía ser que incluso un temible samurai añorara el afecto de una familia

Después de eso, Saito fue hacia el segundo piso luego de desearle a Koudou y Chizuru las buenas noches. Ella lo siguió unos segundos después, dejando a un aún despistado y confundido Koudou atrás.

—¡Oye, Saito-san! —Lo llamó antes de que se metiera en su habitación.

—¿Qué ocurre?

Le sonrió.

—Descansa bien, ¡porque necesitarás energía de sobra para mañana! Te voy a hacer dar vueltas por la ciudad todo el día.

Saito permaneció en silencio hasta que una pequeña sonrisa adornó sus labios.

—Tú también deberías descansar entonces, ya que pareces tener más fuerzas que yo... ¿Puedo saber la razón del cambio de humor repentino?

"¡Por supuesto que es porque mañana salgo contigo!"

—Eh... nada en particular —Chizuru se sonrojó. Saito se la quedó viendo unos instantes, y después entró con lentitud a su cuarto. Sabía que esta chica no decía la verdad, pero no la objetó.

Chizuru lo imitó y ya estaba sobre su cama abrazando una almohada y con la cara roja. No sabía por qué se sentía tan emocionada respecto al día siguiente, tanto, que opacaba lo que había ocurrido por la mañana. Sentía algo en su corazón que era extraño; algo que no podía describirse con palabras. Cuando algunas escenas románticas de película se le pasaron por la mente, las alejó con un movimiento de cabeza. No había modo que cayera en esa tontería de nuevo. El amor a primera vista o en un muy corto período de tiempo sólo existía en los cuentos de hadas. Se dijo a sí misma que sólo veía a Saito como alguna clase de hermano mayor, y que esa era la razón por la que se sentía tan cómoda a su lado.

Se quedó dormida pensando en ello una vez más. Pero podía evitar sonreír, esperando que llegara la mañana...


Nota de la autora:

¡Fin del capítulo 3! ¡Ojalá les haya gustado! ^_^

¡Gracias por leer y seré muy feliz si me dejan un REVIEW! XD


Nota de la traductora:

He aquí la tercera entrega, ¿qué les pareció? xD Estoy subiendo todos los días, así que seguro mañana o pasado estará listo el cuarto... Por cierto, amo la parte del capítulo de "¡Otra grosería más y no te perdonaré!" xDD Tal cual en el OVA 2 Sekka-roku :3

¡Un beso! xD