CAPÍTULO VIII – BABI y H: EL REENCUENTRO

Luego de la visita de Valeria a casa de Perla, esta y su madre Babi se dispusieron a llevarla de nuevo a su casa, tal como se lo habían prometido. Todo marchaba normalmente y sobre rieles… Hasta que Babi descubrió la camioneta de Hugo saliendo para retornar a su trabajo. Tras un duro altercado con su hija, Babi se lanzó en búsqueda de Hugo, yendo a todo o nada con su coche tras la camioneta de él.

Hugo viajaba tranquilo. Ni se percataba que lo estaban persiguiendo. Cuando llegó a un cruce de avenidas, lo detuvo un semáforo en rojo. En ese momento, Babi consiguió darle alcance con su Mercedes negro y lo apareó por la izquierda. Estaba completamente desencajada, respirando a ritmo acelerado. Por fin lo tenía cerca después de más de 20 años sin saber de él. 20 años en los que negó un amor verdadero por el que se desvivía. 20 años de sufrimientos por las noches, esperando que venga a buscarla, para liberarla del dolor que le causaba el no tenerlo al lado y el vivir un amor de papel que podía llegar a romperse en cualquier momento. 20 años de puro dolor. 20 años, a los que quería ponerle fin.

Bajó la ventanilla polarizada de su coche para ver mejor a Hugo. De esa forma, consiguió capturar su atención y logró que gire la cabeza hacia ella. Al verla, la descubrió completamente agitada y con lágrimas derramándose en su cara. Sin embargo, no la reconoció. Volvió su vista al frente un tanto extrañado: "¿Qué le pasa a esa mujer que me mira de esa forma?" pensó y retomó la marcha al dar el semáforo en verde. Babi continuó su persecución sostenida, hasta que Hugo dobló en una calle semivacía, yendo hacia la oficina. Al tomar esa calle, Babi aceleró, lo rebasó en velocidad y tomó media cuadra de distancia. Al llegar a mitad de cuadra, atravesó el Mercedes cerrando el paso. Hugo frenó creyendo que podía tratarse de un secuestro y comenzó lentamente a sacar un revólver que llevaba siempre guardado bajo el asiento de Gin, para defenderse ante cualquier eventualidad. Babi bajó del coche y comenzó a caminar lenta pero decididamente hacia Hugo. Solo así él la pudo reconocer, por lo que guardó su arma y bajó de la camioneta. Se quedó unos segundos parado, viendo como aquella mujer que alguna vez fue el gran amor de su vida, se acercaba lentamente como un alma en pena. De golpe ella paró su marcha:

- ¿Hache? – preguntó a distancia

- ¿Babi? – se preguntó él.

Tras estas preguntas, Hugo se acercó rápidamente a ella y ella reaccionó yendo hacia él. Después de más de 20 años podían estar viéndose cara a cara.

- Hola - saludó ella un tanto nerviosa.

- Hola - saludó él sin entender.

- ¿Cuánto tiempo no?

- Eso digo yo. Cuanto tiempo y nunca más me has hablado.

- Necesito hablarte Hache - pidió ella.

- ¿Qué buscas? ¿Qué es lo que quieres de mí? – cuestionó él.

En ese momento, Babi sacó de su cartera una tarjeta de presentación suya con su teléfono.

- Esta noche por favor, quiero verte en nuestra playa. Necesito hablar contigo. Llámame por favor – dijo ella metiéndole la tarjeta en el bolsillo.

- Pero Babi…

- No por favor. Necesito verte. No me dejes... por favor.

Dicho esto, Babi le dio un beso en el rostro y corrió a sacar su coche del camino. Hugo se quedó paralizado en medio de la calle sin saber qué hacer ni a donde ir. Sin lugar a dudas, ese reencuentro le reavivó las cenizas de los recuerdos que había soñado, en el día de su vigésimo aniversario de casado con Gin. Finalmente reaccionó, subió a su coche y retomó el sendero hacia su trabajo.

Tras el extraño encuentro con Babi, Hugo finalmente llegó a su oficina, pero no podía concentrarse en sus papeles. Debía revisar cuentas, programar reuniones, recibir directivos, pero su cabeza y su capacidad estaban disminuidas. Y más aún, con la imagen de Babi viniendo hacia él como un fantasma. Apoyó los codos sobre su escritorio y sostuvo su cabeza con los dedos en sus ojos. Quedó así un rato largo, hasta que levantó su cabeza. Se palpó sin querer su tórax, cuando sintió en el bolsillo de su saco, la dureza de la tarjeta que le entregara Babi. La sacó y leyó en ella:

"Babi Alcázar de Vidal. Diseñadora de moda de alta costura"

En esa tarjeta también figuraban, la dirección de su oficina y su número de móvil. Sostuvo la tarjeta entre sus dedos, mirándola y contemplándola, leyendo y releyendo varias veces su número de teléfono.

- Dios mío, ¿que estoy haciendo? - se preguntaba Hugo con temor. - ¿Por qué sigo haciendo estas cosas?

Soltó la tarjeta dejándola caer sobre el escritorio y se echó hacia atrás en su silla. Giró la misma, se levantó de su escritorio y se salió dirigiéndose a la puerta. Pero cuando estaba llegando, volvió a su escritorio y se abalanzó nuevamente sobre su asiento, agarrando la tarjeta entre sus manos. Tomó su celular y comenzó a discar el número, pero al instante se detuvo: "No… Así no" pensó y tomó el teléfono de la oficina para discar el interno de su secretario:

- ¡Romeo! Tengo un mandado para ti.

- Dígame señor.

- Ve al kiosco o a algún locutorio y consígueme una línea nueva de móvil

- ¿Una línea nueva? ¿Y para qué?

- Haz lo que te digo. Ven y busca el dinero.

Romeo ingresó al despacho de Hugo, tomó el dinero y salió a la calle a buscar lo que le pidió su jefe. Hugo mientras tanto seguía pensando en lo que hacía: "¿Qué estoy haciendo, Dios mío? ¿En qué terreno me estoy metiendo? Pobre Gin. La amo y la estoy por lastimar". El remordimiento lo torturaba. ¿Era realmente bueno, volver a ver a Babi después de más de 20 años y estando casado con Gin, a quien consideraba el gran amor de su vida? En ese momento, Romeo llegó con el pedido de Hugo. Cuando Romeo se retiró, Hugo comenzó a cambiar la línea de su móvil. De esa forma, Gin no sospecharía nada y Babi no podría contactarlo con facilidad.

-Bien, aquí vamos. – dijo Hugo mientras se disponía a discar.

Babi por su parte estaba en un estudio fotográfico, dando algunas directivas sobre el uso de determinadas ropas por parte de sus modelos… Hasta que le sonó el móvil. Miró extrañada el número que la llamaba y atendió:

- ¿Hola?

Hugo se paralizó al escuchar la voz de Babi a través del teléfono. No sabía que contestar.

- ¿Hola? ¡¿Hola?! – repitió Babi dos veces - ¿Hache?... ¿Eres tú?... Contesta por favor.

Hugo se asustó completamente y cortó la comunicación. Quedó desorientado con lo que había hecho: "Imbécil. Eres un cobarde Hugo Olivera. ¿Dónde quedó el mítico y valiente Hache que enamoraba a las mujeres?" pensaba. Hasta que su teléfono empezó a sonar. Atendió y lentamente se lo llevó al oído sin pronunciar palabra alguna.

- ¿Hache? ¿Estás ahí? Por favor, no me hagas esto. Necesito verte. Necesito hablarte. Necesito aclarar todas estas cosas que me están pasando. Ya pasaron más de 20 años y sigo pensando en ti, por favor, háblame. ¡Dime algo, por el amor de Dios!

- A las 8 te espero en el bar de nuestra playa. – respondió escuetamente Hugo. Tras eso volvió a cortar.

La conciencia comenzaba a martillar su cabeza. ¿Qué le diría a Gin? ¿Cómo le ocultaría lo que estuvo haciendo, todo ese tiempo fuera de la casa, donde obviamente no estaba en su oficina? Fue así que decidió volver a cambiar su línea para llamarla.

- ¿Aló? – atendió Gin.

- Hola mi amor. Soy yo, Hugo. Llamaba para avisarte que no podré estar hoy con ustedes, ya que me salió con urgencia un viaje de negocios. Lamentablemente no podré estar hoy ahí.

- Pero amor, hoy íbamos a tener la gran cena con la familia de mi hermano. Estuve esperando mucho este momento.

- Lo sé mi amor. Yo también quería estar ahí para verte reír por compartir el día con tu hermano. Y quiero que sepas que a mí más que a nadie me duele, ya que sobre qué tengo que viajar, debo estar lejos de ti amor.

- Y dime ¿A dónde vas y que harás?

Hugo no tenía pensado, lugar ni motivo del viaje, por lo que barajó:

- Voy hacia Martorell. – respondió un tanto dudoso – Sucede que hubo una partida de vehículos que no han salido bien y debo ir a renegociar por ellos.

- Bueno… Te esperaré mañana.

- Estaré contigo y te compensaré de alguna forma. Lo prometo. Adiós. Te amo. – y dicho esto colgó.

Se quedó un rato más pensando en lo que hizo. De alguna forma debía ocultarse durante un día para que nadie, absolutamente nadie se entere. Pero aun así, solo necesitaba una persona en quien confiar. Y ese era Romeo, su secretario. A las 7 y media lo fue a ver:

- Romeo, necesito tu ayuda. Si alguien viene y pregunta por mí, viajé de urgencia a Martorell. No dejes más detalles, solo eso ¿entendido?

- ¡Sí mi general! – respondió Romeo con una venia.

Hugo salió de su oficina y se dirigió a buscar su camioneta. Sin embargo, cuando iba a subirse pensó: "Si ando en la camioneta, alguno me verá y se darán cuenta que no fui a Martorell", por lo que salió a la calle y se tomó un taxi. A las 8 y 10 llegó al bar de la playa, pero Babi aun no estaba ahí. Se sentó sobre una banca y esperó. A los 5 minutos sintió que alguien le tapaba los ojos por detrás.

- Estuve esperando mucho por este momento. – dijo Babi.

- Babi… ¿Qué haces aquí?

- Pues tú me citaste. Habíamos quedado en vernos aquí

- Ya sé. Pero a lo que voy es ¿qué es lo que quieres? ¿Por qué me sigues buscando?

Babi dio la vuelta para sentarse a su lado. Su corazón comenzaba a latir muy fuerte.

- Necesito hablar contigo Hache. Pasó mucho tiempo y siento que nuestras cosas no han terminado como merecían.

- Babi, ya está todo dicho. Elegiste casarte con otro. Yo rehíce mi vida junto a Gin. Tengo una familia. No podemos seguir teniendo espacio en nuestros corazones para el otro.

- ¡Sin embargo no te puedo olvidar! Llegas a mi mente sin pedir permiso y lo desordenas todo, como cuando tenía 17 años. Hache por favor, necesito saber si puedo olvidarte o no. Aun sigo enamorada de ti ¿no lo entiendes?

Hugo no quería mentirle. El también seguía enamorado de ella. Pero tampoco quería lastimar a Gin, a quien también amaba y le jurara amor eterno, y por quien se sentía agradecido de la vida por la revolución que le provocó. Se moría de ganas de tomar a Babi en sus brazos y decirle "yo también te amo. También te sigo amando" y darle un beso que no pueda borrar. Sin embargo, no quería ser desleal a su mujer. Fue entonces que pensó que hacer y le dijo a Babi:

- ¿Quieres caminar un rato?

- ¿Por aquí?

- Caminemos. Charlemos. Saquémonos las dudas. Conozcámonos de vuelta ¿Vale?

Babi aceptó la invitación de Hugo y ambos salieron a caminar. Ella se aferró a su brazo derecho y él no se opuso. Y así fueron caminando y contándose sus cosas de la vida.

- ¿Así que has decidido formar una familia? – preguntó ella

- Sí, gracias a Dios he formado una familia muy bonita. Tengo un hijo con mi mujer.

- Ah! Por lo que veo, eres feliz. Has progresado mucho también.

- No veo razones para no serlo ¿Y tú? ¿Te casaste, tuviste hijos? ¿Qué me cuentas?

- Me casé después de lo que te había dicho. A los 9 meses nació mi primer hijo. Tengo dos: Un hijo y una hija. Seguí estudiando y me convertí en diseñadora de moda. Mi esposo heredó la empresa constructora de su padre y mis hijos están estudiando.

- ¿Y aun con todo eso, no eres feliz? – preguntó Hugo.

- Mi felicidad hubiera sido completa, si eras tú el padre de mis hijos – dijo ella.

- ¿Pero no amas a tu marido?

- Lo quiero mucho. Me dio todo en la vida. Pero nunca nadie me ha hecho sentir viva, como lo hiciste tú. Nunca supo ocupar tu lugar. No quiero lastimarlo, ya que dedicó su vida a hacerme feliz. Pero ya siento que esto no puede continuar. Hache, te quiero conmigo. – pidió ella.

- Babi, no puedo hacerlo. Me pones en una encrucijada. Estoy casado, amo a mi mujer. Pero te veo así y…

- ¿Y?

- No puedo verte así. – Dijo deteniendo el paso para ponerse frente a frente con ella.

Quedaron así un largo rato. Congelados. Muy cerca el uno del otro. Babi empezó a abrir sus labios como queriendo beber agua de un manantial, mientras que a Hugo la respiración comenzaba a acelerársele. Pero pronto reaccionó:

- No

- ¿Por qué? ¿Por qué no?

- No, aquí no. Este no es el lugar. - dijo Hugo.

- ¿Y a donde quieres ir?

Frente a ellos estaba un Hotel costero. Hugo lo descubrió y le dijo a Babi.

- Le dije a mi esposa que me iba de viaje a Martorell. ¿Me acompañas?

- Donde sea, hasta el fin del mundo. Yo le dije a mi esposo que debía ir a Bilbao.

- Pues vamos a ambos lados – propuso Hugo – Tenemos tiempo hasta mañana.

Hugo la tomó de la mano y la llevó al hotel. Pidieron una habitación especial por dos días y fueron a instalarse allí. Cuando llegaron a la habitación, por fin Hugo tomó del brazo a Babi, la enfrentó hacia él y comenzó a besarla apasionadamente. Una vez en su poder, comenzaron a quitarse la ropa sin parar de besarse e hicieron el amor, como si fuese la primera vez en su vida. Babi no paraba de extasiarse, sintiendo nuevamente el calor del gran amor de su vida, quemándole la piel. Hugo comenzaba a delirar sintiendo la suavidad de la mujer que alguna vez supo amar.

Mientras estaban en lo suyo, Hugo descubrió algo en ella:

- Vaya, sigues llevando la "H" contigo.

- Nunca dejé de llevarte conmigo, mi amor. Te amo. – respondió ella, besándolo como la primera vez.

Aquella noche, fue toda una noche de amor entre ellos, como si fuese la última vez que la hubieran vivido. Fue como si nunca antes lo hubieran hecho. Y así, entre cariños y muestras de amor, terminaron enredados en la cama, abrazados como dos amantes ilegales. Hugo acariciaba la cabellera de Babi, pero sentía remordimientos en su corazón por lo que estaba haciendo. Se sentía mal, culpable, sucio. No podía estar mintiéndole de esa forma a Gin. Reaccionó cuando Babi le habló:

- Quedaste mudo.

- Tú me dejas sin palabras.

- ¡Que tierno! Esto es algo con lo que he soñado todo este tiempo.

- Yo en verdad, también te extrañaba. Extrañaba estar a 3 Metros Sobre el Cielo.

- Pero no pareces tener la misma emoción que hace 23 años atrás.

- Babi… ¿No entiendes que han pasado muchas cosas? ¿No comprendes que fue mucha el agua que pasó bajo el puente? Yo no me puedo sacar de la cabeza el día que nuestro amor se desintegró.

- ¿Quieres decir que ya no sientes nada por mí? ¿Qué de lo nuestro no queda nada?

- No, no es eso lo que quiero decir. Es que… Lo que vivimos se destruyó por las cosas que sucedieron. Traté de olvidarte. Creí haberlo hecho. Formé una familia. Amo a mi mujer… Pero vienes y te me apareces así… Y el mundo que estaba viviendo no resultó ser otra cosa que una caja de cristal que puede llegar a romperse.

- Pero ¿aun me sigues amando?

- Creo que sí… Lo que hemos vivido hoy no me lo podré olvidar nunca. No podré, porque vendrá a mi mente cuando menos lo espere. Y así como fue hermoso, va a ser igual de doloroso. Babi, te amo. Pero no puedo estar contigo.

- Yo también te amo Hache. Te amo y no puedo dejar de pensar en ti. Fuiste el hombre de mi vida. Me hiciste vivir la vida como nunca. No me pidas que deje de recordarte.

- Siempre estarás en mi corazón. Siempre te recordaré. Pero no me pidas que te considere como algo más que un recuerdo. No puedo estar contigo, te lo reitero.

- Pues si no puedes quedarte conmigo, algo tuyo me llevaré. – dijo Babi y comenzó a acariciar la cabellera de Hugo.

- Te llevas mi corazón y mi amor.

- No… Algo material. – y una vez que Babi dijo eso, le tomó un mechón de su cabello y se lo arrancó.

- ¡Aaaaauuuuuuu! ¿Qué haces, loca? ¿Cómo vas a arrancarme los pelos así? – gritó Hugo.

Babi no paraba de reírse.

- Me llevaré conmigo este mechón de pelos. Solo así, podré recordar tu presencia.

- ¿Y qué? ¿Andarás por toda España exhibiéndote con el mechón por todos lados?

- Hache no seas idiota. - dijo Babi lanzando una suave carcajada.

Hugo la volvió a besar y fue así que terminaron esa noche juntos, en ese cuarto de hotel. Finalmente la noche se les fue entre besos y caricias, quedando abrazados en la cama y durmiendo juntos, como alguna vez lo hicieran en su juventud.

Al día siguiente, Babi despertó primero, pero ya era muy tarde. "Debo ir al estudio. Gustavo seguro querrá ir al aeropuerto a recibirme" pensó y se levantó cuidadosamente. Hugo dormía plácidamente sin darse cuenta que su amada se levantaba. "Mi príncipe. Mío y solo mío. De nadie más" pensó Babi, mientras se vestía y lo observaba dormido. Se terminó de vestir, salió a la calle y tomó un taxi con rumbo a su oficina. Llamó a Gustavo y le avisó que "había llegado" y que lo esperaba en la oficina.

A las pocas horas, Hugo se levantó. Se desesperó por la ausencia de Babi, hasta que descubrió una nota sobre la mesa:

"Hache, me tuve que ir. No voy a correr el riesgo de que mi esposo nos encuentre. Lo que viví anoche realmente me hizo sentir viva. Me has hecho revivir, mi amor. Te amo. Eres mi príncipe. Mío y solo mío. De nadie más. Gracias por la noche que vivimos. Te amo. Tu princesa, Babi".

Hugo abolló el papel en su mano y se dirigió a su teléfono. Se había olvidado de cambiar la línea, por lo que Gin a esa hora estaría más que furiosa con él, porque no atendía sus llamados. Verificó su vieja línea y descubrió 10 llamadas perdidas de Gin: "Joder, me las voy a terminar cagando", pensó. Se bañó muy bien, se puso su ropa, salió a la calle y tomó un taxi hacia su oficina. Una vez allí, recibió el parte diario de Romeo y le avisó que solo fue por su camioneta. Una vez sobre ella, llamó a Gin para avisarle su regreso. Cuando llegó a casa, su mujer lo esperaba:

- ¡Mi amor! Me has tenido preocupada.

- Lo siento mi reina. No tenía señal y no pude hablarte.

- Pero ¿qué tal te fue?

- Muy bien. Los negocios salieron bien.

- Pero ¿Por qué llevas esa cara de tragedia?

- Gin, si tú me permites, estoy muy cansado. Solo déjame ir a dormir.

Hugo fue corriendo a su cama y se abalanzó sobre ella. Quedó tirado boca abajo recordando todo lo que había hecho y mientras lo hacía, rompió a llorar amargamente hasta quedar dormido.