Bieeeen, ya he aprendido a poner comentarios en los fics 3 La verdad es que esta web se me resiste un poco y como la uso poco pues no me entero muy bien de como va. Bueno, este pequeño drabble lo escribí como regalo de cumpleaños para una amiga y el otro día lo encontré asi que me decidí a subirlo. Además, estoy contenta por la buena acogida que tuvo mi otro fic y no me lo esperaba. Asi que espero que este también os guste :D Gracias por leerme!

Disclaimer: Los personajes de TMI no me pertenecen, pertenecen a Cassandra Clare.


Y yo a ti

El Gran Brujo de Brooklyn no era una persona dada a los enamoramientos. Nunca había sentido especial interés por el amor. Consideraba a las personas que se acercaban a él como un mero entretenimiento pasajero en su eterna vida. No necesitaba tener a alguien permanente pudiendo elegir constantemente con quien acostarse. También sabía que en su vida no podía tener nada permanente. Aun así, alguna vez intentó adentrarse en los misterios del amor. Probó con mortales. El problema fundamental era que sí o sí los acabaría perdiendo, con el consiguiente dolor posterior. Descubrió lo doloroso que era querer a alguien y que termine marchándose de tu vida sin posibilidad de retorno. Por ello, estuvo con otros, mentalizado ya de su inevitable muerte. La consecuencia de esto fue sentir por ellos un mero cariño pues no consideraba que mereciera la pena amar a alguien a quién no puedes poseer eternamente. Decidió intentarlo con inmortales. ¿Resultado? Te acabas cansando de ver a la misma persona durante años y años. Quizá fue porque en verdad no consiguió enamorarse de ninguno de ellos. Por eso decidió que era más práctico saciar sus apetencias carnales a intentar tener algo serio. Tampoco le interesaron nunca los "te quiero". Creía con firmeza que la mayoría eran dichos con demasiada facilidad y con unos sentimientos débiles, nada profundos. Raras veces contestaba con un "y yo a ti" y las ocasiones en las que lo hacía, eran palabras huecas y vacías de significado.

Por eso su corazón latió con fuerza cuando un "te quiero" se escapó de sus temblorosos labios. Fue apenas un susurro, pero fue perfecto. Y más teniendo en cuenta el conjunto. Sus mejillas rojas, mostrando la vergüenza que sentía. Su cuerpo desnudo y a merced del suyo, con sus dedos entrelazados en su pelo. Los ojos azules brillando con intensidad en la penumbra y la boca entreabierta, ligeramente hinchada por los besos constantes. En resumen, una imagen que Magnus tardó apenas unos segundos en grabar a fuego en su memoria. En ese instante, con su pequeño nefilim recostado en su cama y sonrojado después de haberle hecho el amor, el Gran Brujo confirmó lo que hacía varios meses sospechaba: que, efectivamente, estaba loca y perdidamente enamorado de él. Era consciente de las consecuencias. Sabía que Alec era mortal y que tenía muchas posibilidades de morir en batalla, como cazador de sombras que era. Sabía también las dificultades a las que se enfrentaría su novio (ya no podía considerarle de otra forma) debido a la férrea tradición de los nefilim y sus problemas para aceptar a un cazador homosexual. Y sabía que la sombra de una futura pérdida flotaba sobre sus cabezas, como un murmullo helado que les recordaba que aquello estaba prohibido. Pero si algo caracterizaba a Magnus era que siempre conseguía lo que quería. Y quería estar con Alec. Porque amaba a Alec. Supo que por primera vez se había enamorado de verdad. Así como que por primera vez el "y yo a ti" estaba cargado de un amor y una ternura que nunca, a lo largo de sus ochocientos años de vida, había experimentado.