Título: La venganza del Mortífago y la Serpiente

Resumen: Nadie sabe qué ha pasado con él o cómo ha desaparecido. El mundo mágico está decidido a encontrarlo a cualquier costo… pero otros están también dispuestos a retenerlo por el mismo precio.

En el momento en el que Harry Potter abre sus ojos, no reconoce el lugar donde está, ni recuerda cómo ha llegado a ese sitio. Cuando escucha unos pasos acercarse, la voz que los acompaña le es inconfundible. Y entonces, por primera vez en su vida, le teme a él.

Clasificación: No menores de 18 años.

Género: Acción/Angustia/Drama/Misterio/Romance/Suspenso.

Advertencias: Lemon/Sadomasoquismo/Tortura/Violencia/Voyerismo/EWE

Disclaimer: Harry Potter, sus personajes y cualquier mención a su mundo pertenecen a J.K. Rowling y algunos más a los que les doy crédito pero que no recuerdo ahora. Este fanfiction es escrito por insana diversión, una pizca de maldad y ganas de hacer sufrir a quienes leen, pero fuera de eso, escribo sin fines de lucro, jajajaja. Aún sigo esperando mi carta de Hogwarts, donde además de nombrarme capitana de Quidditch, me regalen los derechos de Harry Potter.

Más advertencias: Éste es un relato que narra relaciones homosexuales y contiene escenas de alto contenido sexual o violento que podrían ser consideradas como ofensivas para algunas mentes. Si no te sientes a gusto con el tema, ruego abandones este fanfiction. Dicho está, sobre aviso no hay engaño.

"Este fic participa en el reto anual "Long Story" del foro La Noble y Ancestral Casa de los Black".


LA VENGANZA DEL MORTÍFAGO Y LA SERPIENTE

Por:

PukitChan

Capítulo 1. La desaparición.

Madrugada del 14 de Diciembre del 2003

Al respirar, el vapor que brotó de su boca fría le hizo esbozar una sonrisa que enmarcó con gracia su atractivo rostro pálido. No hacía nada, salvo recargar su espalda cubierta por un elegante abrigo negro, sobre la irregular corteza del árbol que estaba justo detrás de él. En Godric's Hollow había tanta tranquilidad y calma que, sólo hasta ahora, comprendía porqué Lord Voldemort nunca fue descubierto la noche en que sus pasos lo llevaron a asesinar a los Potter, de quienes, unas calles más atrás, se guardaba el recuerdo mediante una casa derrumbada.

"Tan previsible" pensó e incluso en su mente pudo notar la deliciosa satisfacción con la que pensaba esas palabras "Tan ridículamente tú: el perfecto camino que habrías elegido."

El frío se intensificó y pronto descubrió que la nieve comenzaba a caer una vez más, pese a que el camino principal todavía estaba cubierto de ella. Observó con atención cómo las luces de la casa que vigilaba parpadearon y, después de unos segundos, todo quedó a oscuras. Desde la distancia le fue fácil apreciar el brillante y blanco patronus en forma de una nutria, que se dirigía a esa casa y la atravesaba por una ventana semi abierta por donde el viento parecía colarse.

—Está hecho —musitó con deleite, relamiéndose los labios—. Ahora todo el mundo lo sabe.

Una luz de color verde destelló desde la casa: supo de inmediato que alguien había llegado rápidamente gracias a la Red Flu. Luego, un sollozo angustiado rompió la tranquilidad del lugar: ahora ella lo sabía y para él no podría haber más satisfacción que eso.

—Escucha —Una voz fémina lo llamó. Al girar el rostro hacía un lado, encontró a una mujer vestida de gris, que parecía resaltar lo oscuro de su cabello aún en medio de la noche—, no es conveniente que estemos aquí. Lo sabes, ¿cierto? En cualquier momento ellos y los Aurores harán su aparición.

—Era inevitable resistirse ante tan delicioso espectáculo —comentó él, con una sonrisa amplia que no se desvaneció en ningún momento, ni siquiera en el instante en el que una puerta se abrió con violencia y una preciosa muchacha pelirroja, siendo sostenida por un hombre mayor pero muy semejante a ella en facciones, luchaba por escapar ferozmente, con el rostro cubierto de lágrimas.

—¡Déjame Bill, maldita sea! —gritaba ella—. ¡Déjame!

—¡Ginny, cálmate! ¡Es posible que no sea él!

Los dos ignorados espectadores parecían disfrutar enormemente aquella escena, como si fuera exactamente la situación que habían planeado y estaban esperando ahí para observar que sus premoniciones se cumplían al pie de la letra.

—Estúpido orgullo de Gryffindor —comentó lentamente la mujer de cabellos negros, ganándose una risa de aprobación por parte del otro—. Siempre ha sido su perdición.

—Ha sido precisamente eso de lo que tanto se jactan, los que nos ha llevado a ganar el juego.

—Siempre hemos ganado.

La miró de reojo. La elegante mujer le guiñó un ojo coqueta y se acercó a él, acariciándole la piel de la mejilla con extrema suavidad, como si fuese parte de una exquisita pieza que podría romperse en cualquier momento. No encontró resistencia a sus caricias, de modo que se puso de puntillas y ladeó el rostro para depositar un beso en la comisura de los labios del hombre.

—Estoy muy, muy celosa —añadió al separar sus cuerpos.

—Pero qué sorpresa —ironizó—. ¿Tú, celosa? Aunque entiendo tus motivos… cualquier persona que pueda tenerme debe ser la más odiada del mundo.

La risa de la mujer fue opacada por los ridículos lloriqueos de la pelirroja que finalmente se había cansado de pelear y ahora se dejaba caer sobre la nieve de la entrada de la casa. Al dirigirle una mirada más atenta, contemplaron cómo aquella pequeña figura temblaba de dolor, siendo consolada por el hombre que la acompañaba, acunándola en sus brazos como un bebé.

—Vámonos —dijo, cerrando los ojos un momento para alejarse del árbol y comenzar a caminar en dirección contraria a la casa. Su acompañante femenina asintió y lo siguió con la misma dignidad con la que el otro caminaba. —Sólo quería ver cómo su pequeño y perfecto mundo se derrumbaba.

Ellos no voltearon en ningún momento, ni siquiera cuando un destello de luz cubrió a Godric's Hollow, anunciando la llegada de los Aurores.


~∞•∞~

Las gotas que caían interminablemente de alguna tubería descompuesta comenzaban a serle irritante. ¿Por qué nadie arreglaba eso? ¿Por qué dejaban que ese sonido continuara? Malditos. ¿Acaso no utilizaban magia? ¡¿Acaso ni siquiera eso podían arreglar?!

—¡Callen ese estúpido ruido! —gritó. Escuchó unos pasos obedeciéndole para su sorpresa e instantáneamente el ruido cesó, dándole paso al silencio. Y eso fue peor, mucho peor.

—Weasley, cálmate.

Ron levantó la vista llena de rabia. Sus puños se cerraron, destrozando sin querer las gafas que tenía en sus manos, cuando encontró a Ernie Macmillan tratando de calmarlo con una sonrisa en los labios, posiblemente intentándole fundirle ánimos. Lo odió con todas sus fuerzas: tanto al hombre como a su imbécil sonrisa perfecta. El vidrio de aquellas gafas se clavó en sus manos cuando las contrajo aún más y sin saber porqué, se arrojó contra el Hufflepuff para golpearlo a puño limpio y sin piedad.

Algunos gritaron y otros corrieron a separar a los dos hombres que se atacaban como fieras, mirándose con un repentino odio que nadie sabía de dónde había surgido. Ron, agitado, sintió dolor en su estómago mientras Macmillan escupía sangre, enfurecido.

—¡Estúpido! —gritó Ernie.

—¡Tú eres el estúpido! —exclamó Ron, apenas siendo contenido por un hombre que en ese momento no tenía ganas de reconocer.

Ambos parecían estar dispuestos a continuar la pelea frustrada y, pese a que todos comprendían la rabia de Weasley, sabían que lo último que necesitaban esa noche eran más problemas. Afortunadamente para los que estaban en el escenario, todo pareció serenarse cuando el conocido patronus de Hermione hizo acto de aparición para flotar alrededor del pelirrojo. Ron dejó de forcejear y miró fijamente la nutria que danzaba y se acercaba con cariño a su rostro, para transmitir su mensaje.

"Bill está con Ginny en estos momentos. El resto de los Aurores van en camino a Godric's Hollow."

Lo soltaron finalmente, porque Ron no tuvo más fuerza para sostenerse en pie. Sus manos golpearon la nieve, con la misma rabia con la que antes había atacado a Ernie. ¿Qué podrían hacer los estúpidos Aurores que Harry no? ¡Su amigo era el mejor de entre ellos! ¿Por qué creían que…?

Sus pensamientos no llegaron a concluirse porque en su estómago un enorme vacio pareció dejarle sin aliento durante varios instantes. Palideció. ¡Ginny, por Merlín! Si para él había sido como un desgraciado golpe en los testículos, para su hermana debería ser mortal. No podía ni siquiera pensar en la forma en la que habían llegado a esa situación. Además, seguramente pese a escuchar las explicaciones de otras personas, querría escuchar la suya. ¡Morgana! ¿Cómo rayos le diría que él había sido el último que lo había visto?

¿…cómo podría decirle a su hermana que Harry Potter había desaparecido?


~∞•∞~

Con elegancia, retiró el abrigo que lo cubría dejándolo en el respaldo del sofá más cercano. Caminó en silencio hacía la chimenea mientras se desabotonaba la camisa y aflojaba la corbata negra que combinaba de manera perfecta con su nívea piel. Se fijó en el fuego, olfateando el dulce aroma que inundaba una de las habitaciones principales. Cuando terminó de desvestirse, colocó sobre su cuerpo desnudo la simple prenda de una pieza que parecía hacerlo relucir.

Desvió la mirada hacía la cama donde su esposa, Astoria, dormía tranquilamente, con el cabello largo cayéndole hacía el costado izquierdo, rozando de manera sensual su cuello, exponiendo también parte de su atractiva anatomía.

Draco Malfoy sonrió, relamiéndose los labios ante tan sugerente escenario. Con gusto, caminó hacía la cama y se hundió en ella, atrayendo a la mujer a sus brazos, quien abrió los ojos aunque aún somnolienta. El rubio se inclinó y besó sus labios con suavidad.

—¿Todo bien en San Mungo? —preguntó en un susurró, sin poder modular bien la voz.

—Los mismos llorones de cada día y noche —respondió y su esposa rió, pues sabía que, pese a ese tipo de comentarios, Draco adoraba su profesión

—Entonces ha sido un día productivo —concluyó ella, cerrando los ojos y acurrucándose en el pecho de su marido, quien la abrazó y no permitió que se alejara de él.

—Sí, Astoria. Ha sido un día productivo.


~∞•∞~

Caminaba, con la angustia surgiendo más a prisa a medida que sus pasos se aceleraban. Jadeó, reprimiendo con todas sus fuerzas el deseo de simplemente olvidar y llorar un poco más, pese a que su bonito rostro aún estaba enmarcado por el rastro de unas lágrimas ya secas. ¿Desde cuándo los pasillos del Ministerio eran tan largos? Aquella misma mañana mientras hacía ese camino en sentido contrario, no parecían ser tan inmensos, oscuros e intimidantes como lo eran en ese momento. El sonido que hacía su túnica al rozar parecía tener un extraño efecto de bálsamo en ella, como para evitar que perdiera el control y gritara, ahí, sin más.

No podía creerlo. No quería creerlo: el rumor había viajado con una rapidez impresionante al Ministerio de Magia, donde a esas alturas, le sorprendía que aún no hubiese chocado con algún maldito reportero del Profeta, intentando ganar la exclusiva noticia que sin duda voltearía de cabeza al mundo mágico una vez más. Quizá, pensó, el Ministro tendría algo que ver con tanta calma.

Sin percatarse cómo, sus pasos la habían llevado al Departamento de Seguridad Mágica. La movilización en ese lugar para alguien que fuese un simple visitante no podría ser catalogada de anormal; pero para ella, que había pasado mucho de su tiempo libre platicando ahí con sus amigos de la escuela, era otro asunto: la gente se movía discreta, intercambiando panfletos e información entre susurros. Asentían, se miraban fijamente y después el movimiento de manos y papeles volvía a funcionar.

—¡Weasley!

Aquel grito le hizo contraer por un momento su cuerpo. Tardó unos segundos en girar hacia la dirección de donde le llamaban porque, pese a que llevaba ya medio de año de casada, aún no se terminaba de acostumbrar a ser llamada de otra forma que no fuese su apellido de soltera.

—Ministro —respondió ella, haciendo un leve asentimiento con su cabeza. Contrajo sus labios cuando observó cómo Kingsley Shacklebolt se acercaba a ella con una entereza y calma que en ese momento era terriblemente envidiable.

—¿Es cierto… lo que dicen? —cuestionó en voz baja.

Hermione Weasley hubiese querido decirle con todas sus fuerzas que era un estúpido rumor sin fundamentos, que los Aurores, que el mismo Ron se habían equivocado. Pero negar la verdad sería tan patético como afirmar que todos los muertos tras la guerra regresarían alguna vez.

—Es verdad —confirmó con seriedad—. Nadie sabe qué ha pasado con Harry… ni siquiera si está vivo o muerto.

Mientras cerraba los puños, ella nunca supo de dónde había sacado la fuerza necesaria para decir esas palabras.


~∞•∞~

Aquella mañana, cuando la primera lechuza del día cruzó su mansión, escuchó una profunda exclamación de parte de su esposa. Levantó su vista del humeante té para prestar atención a Astoria, quien, con la mano izquierda cubriendo su boca, parecía leer con sumo interés el artículo principal del Profeta.

—¿Qué ocurre? —preguntó Malfoy, ya que Astoria parecía estar ignorándolo por completo. Ella, sobresaltada, lo miró y extendió el diario que tenía en sus manos.

—Potter —exclamó—, ha desaparecido.

Draco levantó la ceja en un acto mecánico y tomó el diario entre sus manos. Leyó con atención un artículo que narraba que, apenas la noche anterior y en medio de algún conflicto, Harry Potter había desaparecido. Se especulaba el uso de las maldiciones imperdonables, pero en ningún momento el cuerpo del moreno había aparecido. Temían también que hubiese escapado lesionado y ahora no lograra sanar o estuviese perdido. La última posibilidad por lógica, era un secuestro. Pero, ¿quién en su sano juicio se atrevería a secuestrar al niño que vivió? Aquello era tan estúpido como pararse frente a Voldemort y decirle que no se atrevería a asesinarle.

—Seguro que aparecerá en cualquier instante, con una sonrisa, medio maltratado pero vivo, diciendo que ha salvado el mundo una vez más —comentó con desdén, arrojando el diario hacía la mesa.

—Draco… —gimió Astoria al ver la acción de su marido, pero éste volvió a concentrarse en su té, hasta que nuevamente algo irrumpió la calma de Malfoy Manor. Un sonido tronó afuera.

—¿Qué pasa ahora? —Se preguntó Draco con voz fastidiada y un punzante dolor de cabeza, incorporándose de la silla para caminar hacía la entrada de la mansión.

Cuando abrió la puerta, lo último que esperaba ver, a decir verdad, era a cuatro de sus elfos domésticos intentando impedir el movimiento de alguien que, a fuerza bruta, trataba de acceder al interior. Pensó en las protecciones que se erguían y rodeaban la mansión, cayendo en cuenta de porqué no habían funcionando cuando, en medio de todo el alboroto, reconoció una ondulante cabellera rojiza que siempre le había irritado.

—Weasley.

La voz tranquila pero fuerte de Draco, impuso la calma. Los elfos dejaron de rodear al hombre pelirrojo que parecía furioso, y se inclinaron con una suave reverencia ante su amo. Ron Weasley, sin embargo, simplemente gruñó de mal humor, uno que se veía por la forma en la que su rostro claramente ardía de pura rabia.

—¡Tratamos detenerlo, amo! —chilló un elfo—. ¡Pero las protecciones no funcionan ante los Aurores desde que…!

—¡Basta! —calló al instante Draco, siendo obedecido. Sin poder evitarlo más tiempo, observó los ojos azules de Ron que ahora se clavaban como dagas a los suyos.

—¡¿Qué le hiciste, Malfoy?! —gritó, hambriento de venganza.

—Con que… —Draco entrecerró sus ojos, hablando sin alterarse siquiera un poco. Los elfos se encogieron en sí mismos, habían visto esa mirada de advertencia en su amo y optaron por no moverse—, vienes a mi casa y entras en ella, abusando de tu reciente puesto como Auror, para exigirme… ¿qué cosa?

—¡No te hagas el estúpido! ¡Sé que fuiste tú, maldito cabrón!

Ron, con una velocidad impresionante, sacó su varita, pero no llegó a formular ningún hechizo por un nuevo sonido que sacudió un instante el suelo. El rubio levantó por enésima vez la vista, encontrándose a Hermione Granger apareciendo a unos pasos de ellos. A pesar de estar lejos, podía observar con facilidad las profundas ojeras que ensuciaban su rostro preocupado y angustiado. Ella agitó su cabello, como si con ese gesto pudiera despejarse, y al encontrarlos, corrió hacía su dirección.

—¡Ron, basta! —gritó Hermione agarrando su brazo. Por fugaz instante, a Draco le pareció comprobar que la mirada del pelirrojo se rendía ante la llegada de la mujer, revolviéndole el estómago.

—¡No, Hermione, sé que fue él!

—Potter —pronunció Draco, y sus sospechas fueron confirmadas cuando los otros se tensaron y callaron—. ¿Me están culpando a mí… de la desaparición de Potter?

—Lo lamento, Malfoy —Se adelantó a disculparse Hermione—. No… no es así.

—¡Hermione! —bufó Ron.

—Veo que Weasley no opina lo mismo que tú… —comentó con gracia, bajando el último escalón. Notó que sus elfos comenzaban a temblar, así que los miró y murmuró un "váyanse" con el que ganó un fruncimiento de ceño por parte de Granger. Siguió caminando hasta quedar frente a frente con la pareja, y los observó con frialdad—. ¿Esperan ver aquí a Potter, secuestrado? Qué agallas tienes, Weasley… pero sin duda sigues siendo el mismo idiota del colegio. Te recuerdo que el Ministerio tiene controlados mis movimientos desde que la guerra terminó y por los próximos dos años. —Al notar un dejo de frustración, continuó—: ¿Quieres comprobarlo? Anoche estuve en San Mungo, corre hacía allá… algunos sí sabemos hacer nuestro trabajo, comadreja.

—Maldito hurón —masculló por lo bajo.

—¡Basta ya, Ron! —terció Hermione, rodeándole con ambos brazos. Luego de asegurarse de mantenerle lo suficientemente agarrado, la mujer se dirigió a Draco, ofreciéndole una disculpa con la mirada por la actuación de su marido—. Perdona esta intromisión, es normal que estés enfadado. Pero si de algo sirve, ten cuidado: El departamento de Seguridad Mágica está comenzando un gran movimiento por… —mordió su labio, parecía no poder continuar—. En cualquier momento podrán venirte a ver, por el pasado, ya sabes…

—Lo que quieres decir es que me estarán vigilando, por si soy cómplice de que Potter haya desaparecido, debido a que en el pasado fui parte de los mortífagos, ¿no?

—Así es, Malfoy —Ron escupió cada palabra—. Te estaremos vigilando.

Seguramente con el afán de evitar otra pelea, Hermione murmuró una despedida avergonzada y desapareció junto con su esposo, regresando la paz a Malfoy Manor. Para Draco, le fue inevitable resoplar cuando Astoria, que seguramente había escuchado cada parte de la discusión, colocó una mano cálida sobre su hombro.

—Draco, ¿estás bien, querido?

—Claro que sí.


~∞•∞~

Como un martilleo incesante, punzadas de dolor golpeaban su cabeza con una fuerza impresionante. Al abrir la boca para tomar un poco de aire, el dolor que atacó sus pulmones se sintió como si mil agujas le perforaran en extrema lentitud, sólo para hacerlo sufrir. ¿Dónde estaba? Aunque intentara abrir los parpados, sabía que era inútil: la presión que le rodeaba la cabeza y le hacía arder los ojos era el más claro indicio de que alguien se había tomado la molestia de cubrírselos con algo. Intentó mover las manos pese al dolor creciente, que avanzaba más rápido a medida que se iba haciendo consiente de ello, pero tarde comprendió que estaba completamente inmovilizado.

¿Qué había ocurrido? Por más que estrujó sus memorias sólo tenía imágenes fugaces de Ron y él riendo, Ron gritando, él tomado por sorpresa y después de eso un alarido de dolor de parte de ambos ante el terrible impacto de uncrucio. Luego… oscuridad. Mucha oscuridad. ¿Ron estaría cerca de él? ¿También le habría pasado algo?

Quiso gritar el nombre de su amigo pero su garganta estaba tan cerrada y sus labios tan resecos, que lo único que alcanzaba a emitir eran gemidos vergonzosos que revelaban la naturaleza de su situación; por si fuera poco, el ambiente era helado y sentía entumidas varias partes de su cuerpo, por lo mismo, ni siquiera podía sentir si estaba si quiera cubierto por alguna prenda de vestir.

Mierda. ¿Cómo se supone que había llegado ahí? ¿Quién? ¿Por qué? Maldeciría si por alguna clase de estupidez Voldemort estuviera vivo o algo así. Jadeó y trató de actuar por una vez como Hermione, logrando que la razón se impusiera sobre la locura: él había matado a Tom, además de que ese sujeto enfermo no haría las cosas a escondidas, secuestrándolo… no, seguramente lo mataría en un torneo de Quidditch o algo parecido si con eso lograba que lo vieran miles de magos del mundo. Pensándolo de ese modo, ¿qué podría ser peor que Voldemort? Sólo necesitaba una oportunidad, por pequeña que ésta fuera para descubrir lo que pasaba y liberarse de aquello.

Aun así, no dejó de pensar en la mala suerte que parecía tener un cariño especial con él. Cuando todo estaba bien, excelente, algo ocurría que pasaba a joder todo lo demás. Su cuerpo se tensó de enfado, intentando mentalmente atraer su varita mediante un accio. Espero unos segundos, pero no tardó en darse cuenta de que estaba perdiendo el tiempo: quien sea que fuese el que lo tenía ahí, había pensado en ello. Un escalofrío recorrió su cuerpo a medida que los silenciosos minutos pasaban: no saber nada era agobiante. Intentó otro conjuro, pero fue igual de inútil que el primero: entendió entonces de que su magia no verbal no funcionaba en ese lugar y, sin su varita, no dependía más que su entrenamiento físico como Auror… aunque no estaba seguro de que ello fuese una gran ventaja. Maldita sea, tenía que reconocer que no había demasiadas cosas a su favor.

«Piensa en algo, Harry, vamos. De cosas peores te has librado. Piensa, piensa…»

—¿Por qué tendría que hacer eso?

Harry contuvo la respiración. Lo que al inicio le parecieron ser retazos de sonidos, fueron transformándose en la voz de un hombre: era un sonido algo sofocado, quizás hasta torpe, grueso y rasposo. Una nueva punzada de dolor le pareció decir que conocía muy levemente aquel timbre; pero sus recuerdos parecían ser como una mañana luego de una tremenda borrachera, sin lograr conectar nada de manera decente. Trató de permanecer quieto cuando el molesto chillido de una puerta resonó, seguido de unos pasos que, claro está, se dirigían a él. Con los ojos cubiertos, no le quedó más opción que confiar en sus demás sentidos, que habían acudido a su llamado de auxilio, agudizándose. Pronto, una silueta estaba de pie a su lado. Incluso sentía el movimiento de su respiración.

—Podríamos arrojarle simplemente algo —agregó nuevamente aquella voz que no hablaba con él, pero que esperaba respuesta, una que Harry no escuchó, pero que sin duda obtuvo cuando se apresuró a añadir en tono molesto—…lo sé, esto es así. ¡Oh, mira! ¡Está despierto! ¿Descansaste? —preguntó la voz burlona, ahora sí dirigiéndose al moreno, que sólo gruñó.

Se tensó cuando sintió dirigirse una mano hacía él: Harry esperó un golpe, alguna maldición, inclusive hasta un objeto que lo dañara, pero nada lo preparó para sentir cómo sus labios eran humedecidos por una esponja, que dejaba caer sobre su boca sedienta, agua fresca. Aunque tenía un orgullo y la desconfianza para beber algo así, su cuerpo no resistió el impulso de absorber algo del vital líquido que le era dado. Aquello era extraño. ¿Pretendían lastimarlo? ¿Humillarlo?

La mano alejó la esponja cuando Harry pareció no desear más agua y tuvo la suficiente inteligencia para notar lo que se preguntaba en esos momentos el Auror.

—No te preocupes —murmuró—, esto sólo es el inicio del plan.

—¿Qué… diablos… quieren? —alcanzó a preguntar. Luego de beber, la garganta parecía estar más dispuesta a cooperar—. ¿Son… seguidores de Vol…?

Enseguida, sus palabras fueron calladas por un golpe en la boca de su estómago que le hizo jadear. Forcejeó, pero debido a sus ataduras, sólo consiguió lastimarse más. Sin embargo, incluso en medio de ese dolor, reconoció que la mano del hombre que lo golpeó parecía ser menos pesada de lo que aparentaba esa voz: fue cuando Harry comenzó a sospechar que él y su supuesto captor no estaban solos en esa habitación.

—Hablas demasiado —dijo la misma voz gruesa, aunque no hizo nada más que caminar, alejándose, seguramente saliendo sin cerrar de nueva cuenta la puerta y aquello le dio un mal presentimiento a Harry, que fue confirmado cuando en cuestión de segundos se sintió observado por una mirada fría y penetrante.

El silencio volvió al lugar: no escuchaba nada más que su propia respiración. ¿Acaso se estaba volviendo loco? O quizás no es que propiamente estuviera acompañado por un humano… tal vez, ¿sería algún Dementor? ¿Alguna bestia?

Su cuerpo se estremeció involuntariamente cuando oyó el chasquido de una lengua. Pasos. El movimiento y roce de unas telas. Un instante después, unas manos —cubiertas con guantes de piel de dragón— tocaron su barbilla, moviéndole de un lado a otro, como si estuviera examinándolo, cual mercancía ideal para una venta.

—Di tu nombre, cobarde… —siseó Harry, molesto. Fue respondido con una risa áspera e irreconocible para él.

—¿Acaso tienes miedo…? —mencionó por primera vez una voz susurrante cerca de su oído. El cuerpo de Harry reaccionó con sorpresa, con enojo, rabia y al mismo tiempo con un deseo incontenible de golpear y usar cualquier maldito hechizo en su contra. Pero ser prisionero sólo servía para lastimarse. —No pierdas tu tiempo intentándolo… cada gota del agua que bebiste tiene efectos temporales para reprimir tu magia. Es un plan bastante simple… te damos de beber… a cambio de que no uses poderes mágicos.

—¡Pelea de verdad! —masculló Potter.

—¡¿Acaso no te das cuentas de tu situación?! —gritó y sus manos se cerraron sobre el cuello de Harry, estrangulándolo. La respiración se acortó, el cuerpo vibró y el rostro comenzó a adquirir un tono rojizo, pero antes de que cualquier cosa pasara, lo soltó—. No ejerces poder alguno aquí, Harry Potter…

—Entonces… —tosió por el reciente ataque. Su piel ardía—, ¿qué es lo que…?

—Eso no te incumbe —aclaró, siseando cada palabra en su oído. De pronto, el frío tacto de la punta de una varita contra su frente perlada de sudor, obligó a Harry a morderse con fuerza los labios: un dulce murmullo entonaría entonces, la última palabra que el auror escucharía antes de desmayarse: —…obliviate.

~∞•∞~


Autora al habla:

¿Qué opinan? ¿Debería continuarla? ¿Les gustó?

Muchas gracias por leer y si se alguien se anima, por el review a su humilde escritora. ¡Besos!