Respuestas a reviews:

Little Fausto: Entiendo cómo te sientes.. u_u No me imagino a Sebastián con una chica.. Lo lamento por todos los que no gustan el yaoi pero, para mí, Sebastián es de Ciel.. y que ahora venga una chica a suplantarlo? Noooo.. ._. En fin, me alegro que hayas posteado otro review.. :DD Es un honor para mí que pienses así sobre este fic.. Espero que muchas más personas lo lean.. :DD Viva el SebaXCiel.. :DD Y gracias por el review!

Whatsername-Sama: Wiii! :DD Gracias, yo ya te adoro solo por ser greendera.. XDD Muchas gracias por el review también y espero que te siga gustando la historia.. :DD

Katha phanthomhive: Lo sé.. ._. Claude es un tonto por sembrar dudas a Ciel, y éste ahora ya no sabe qué hacer. Yo también quiero que se quede con Sebastián.. pero, bueno, hasta yo debo sebuir el curso de la historia.. jajajaja, nah.. pueda que las cosas cambien. :DD Y, así es, Ciel ama a Sebastián pero, sus "deseos adolescentes" por así decirlo, también le están impulsando a querer intentar cosas que no había hecho antes, como sería besar a Elizabeth, no por ser ella, sino por el hecho de ser mujer.. :DD Esperemos y el padre de Sebastián también valore a su hijo algún día y, no solo a los beneficios que puede traerle.. DD: Gracias por el review! :DD

AezeMy: *abrazo virtual* No te preocupes, sé que a veces el tiempo nos queda escaso y a pesar de querer hacer las cosas uno no se alcanza.. XDD Gracias por los aplausos y, no tengo idea de a qué personaje odiabas y ahora amas, pero si imagino que probablemente al que amabas era a Elizabeth y ahora ya no te cae tan bien jajaja.. XDD Gracias por el review y besos virtuales para ti también! :DD

The02fan: *le ve nadar y mejor la rescata* XDD jajaja conste que no sé nadar.. Y, yo también quiero que Ciel se quede, que se reconcilie con Sebastián pero, el niño es necio.. XDD Aún tiene demasiadas dudas y, sobre todo ahora que su amor platónico le dijo que "siempre había querido acercarse a él.." O.O Besos con azúcar de dieta para ti también.. XDD Gracias por el review! :DD

Dianys karolina: Hola! :DD jajaja, qué mala eres porque tus amigas probablemente no van a entenderte (a menos que hayan visto la película Ted en versión "castellano" y no español latino.. XDD ) Me alegra mucho que te guste como está el fic y, te enternecen este par? :DD Me gusta que reflejen un poco de inocencia pues, de una u otra forma es un "primer amor".. :DD Gracias por el aplauso y por el review! :DD cuídate mucho también..

Saskia-san: *le da agua para que no se vuelva a desmayar* XDD Sebastián está como dicen "agotando recursos" y, ya no sabe como más demostrar su amor a Ciel, por eso le besó así.. :DD y pues, esperemos como dices que Ciel no se vaya.. DD: Gracias por el review! Y cuídate tú también.. :DD

LadyAniMangaXD: O.O Le pasó algo a tu cuenta? Jajaja, espero que no y me alegra haberte dejado intrigada porque así leerás este nuevo capítulo.. XDD Siii.. Sebastián ha intentado todo por Ciel y, esperemos que éste se dé cuenta a tiempo porque Sebastián podría terminar cansándose de que no le crea, ¿no? Y ya está por aquí el nuevo capítulo.. :DD Gracias por el review!

plop: mein gott! Qué pasó contigo? No imagino qué habrás hecho para que tu mamá no te quiera ni cerca de la computadora.. jajaja.. :DD Y gracias por esas dos palabras.. ;) y por el review! :DD

Karlafujoshi: Yo tampoco quiero que Ciel deje a Sebastián.. *-* Es el eterno debate, ¿no? Cosas que uno sufre en la vida real cuando es dejar ir a alguien o seguirle. En el caso de Ciel, pues es marcharse y seguir su sueño o renunciar a él.. DD: Yo también amo el lemmon así que no pienso que seas pervertida jajaja.. XDD "Viva el yaoi" XDD Y gracias por el review! :DD


He pasado todo el día en.. "Lo subo hoy o lo subo hasta el viernes?" Pero, ahhh.. tengo demasiadas ansias de saber qué impresión causará este capítulo así que va... lo subo hoy.. :DD

Algo a notar será que Sebastián y Ciel están creciendo y madurando.. lentamente pero por ahí van.. XDD


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Green Academy

XIV


Suspiró. Ya se encontraba "montado en la burra" como suelen decir y no se iba a bajar de ella.

"No puedo, Sebastián. No puedo."

En su mente divagando las palabras que había dicho al moreno cuando éste le empujó, haciéndolo caer en la cama. Bien sabía lo que seguía y, le gustaba. Sin embargo, sabía que debía hacer algo más antes de llamar a Sebastián su "alma gemela". Y era eso. Sexo… pero, no con un hombre.

-Elizabeth… - Jadeó, deslizando una mano en medio de las piernas de la joven, quien accediera a salir con él a cambio de un par de cervezas. Ciel solo había bebido una vez, la vez en que él y Sebastián habían ido a un bar. No obstante, no fue un impedimento.

"Quítate Sebastián. Tengo algo que hacer antes de decir que te amo solamente a ti…"

El moreno le había mirado con claro dolor y, el ojiazul ahora no se perdonaba eso. Sebastián estaba sufriendo por su culpa. Mentira. Ciel creía que era posible que ni siquiera le importara, que él simplemente fuera un juguete. "¡Maldito Faustus! Yo era tan feliz con Sebastián hasta que usted me sembró la duda…" El otro lado de su mente decía: "Dudas porque ni siquiera tú mismo te crees merecedor del amor de un sujeto como él."

Tenía dos por ciento de mentira y noventa y ocho de verdad. Ciel jamás se había creído merecedor del moreno. Es que… ¡era demasiado para él! Los niños bien que tienen novias rubias y rostros hermosos, no se fijan en niños de catorce años a quien sus amigos le gritan "Nerdiel".

Su mano volvió al muslo de la niña rubia, buscando con desesperación ése órgano suave que sus dedos, ligeramente pegajosos por la cerveza, anhelaban tanto.

-Mmm… - Gimió ésta. – Puedo darte mucho más si me das otras cervezas. – Bromeó. O por lo menos, eso creía el ojiazul. Lizzie se había vendido más de una vez por un poco de droga. Ella misma se lo había contado entre risitas cuando compraron las cervezas en una estación de gasolina – cada una tres veces más cara de lo normal porque eran "menores"-. Todo lo que la rubia decía ser frente a sus padres, era un mero fingimiento.

"Yo lo intenté, Ciel. Pero, ya entiendo." Los mechones de Sebastián, moviéndose suavemente cuando éste se puso de pie y le dejó. El ojiazul se asomó por la ventana unos minutos después, cuando calculó que el moreno ya iría enfilando hacia la salida a través del jardín.

"¿Qué ha sucedido?" Preguntó Madame Red, viéndolo correr escaleras abajo. Ciel estaba huyendo de su propia casa como si de ello dependiera su vida.

"Nada, tía. Tengo que visitar a Elizabeth. Hay algo que debo contarle." Y la tía, inocente, rió, pensando que el menor estaba tan ansioso por ver a la rubia que había olvidado la existencia del teléfono y el internet.

Ciel destapó otra cerveza y recostó a la rubia en el baño nuevamente. Se inclinó para oler su cuello y percibir el aroma a alcohol que ahora emanaba de ella. Era mucho más sensual en Sebastián pero, se había prometido a sí mismo llevar a cabo esta "odisea" hasta el final.

Lizzie bebió un cuarto de la botella de un trago y haló al ojiazul hacia ella. Sus labios se encontraron, la mano traviesa de Ciel encontró el suave vello púbico de la joven. Rascó suave y sensualmente, tal como el moreno lo había hecho con él alguna vez.

Bajó las pantaletas de la rubia y la cremallera de sus pantalones. Su miembro estaba apretándose contra la tela y moría por liberarlo. Por primera vez era él quien mandaba. Lizzie obedecía, abría las piernas y se ofrecía a él como la mejor de las tentaciones. – Ciel… por favor… tócame. – Susurraba, desabotonando su blusa y dejando al descubierto su pecho, adornado por sus dos senos recién desarrollados.

El ojiazul se sintió derretir por dentro. Era demasiado. Se lanzó sobre la joven y devoró su cuello a besos, al compás de las caricias que repartía en la porción de piel que su sostén dejaba al descubierto.

-Ahhh… - Jadeó la rubia, separando las piernas un poco más y chocando los pies contra las paredes del baño donde se encontraban. – Creo que pudimos ir a alguna otra parte… - Rió, acariciando sus rizos perfectos, dando otro trago a la cerveza y mirando de reojo el techo del baño de la gasolinera.

-Sabes bien que ambos estamos demasiado…

-¿Calientes como para ir a otra parte? – Ciel asintió. Ella lanzó otra risita. – Lo sé. – Se aferró al cuello del ojiazul con la mano libre. – Fóllame, Ciel. Házmelo duro. Yo sé que ese Sebastián te ha enseñado a hacerlo bien.

"Me gustas, Ciel."

Y la primera vez que pudo saborear sus labios suaves que besaban con tanta pasión y delicadeza a la vez.

Empujò a Lizzie sobre el retrete del pequeño cuarto de baño, haciéndola recostarse un poco más, lo haría ahora o terminaría arrepintiéndose. Ya casi quería hacerlo.

El ambiente se inundó del olor de la cerveza, mezclado con los humores de ambos. La entrepierna de la rubia estaba ligeramente húmeda. Ciel acarició esa pequeña cosa llamada clítoris, de la cual había aprendido en la escuela que causaba muy buenas sensaciones cuando era excitado.

-Mmm… ¡Ahh! ¡No más, Ciel! ¡Hazlo! – Gritó Elizabeth. De inmediato, Ciel llevó una mano a su boca. En su mente imaginó que los ojos azules de la rubia le devolvían una mirada rojiza. Tomó su miembro y penetró a la joven hasta sentir como el interior de ésta palpitaba alrededor de su falo.

-Ngh… Elizabeth… - La rubia mordió la mano del ojiazul, moviendo las caderas con agilidad para sentirle aún más dentro de ella.

-¡Ah, Ciel! ¡Sigue! ¡Sigue! No te detengas… - Elizabeth gemía, aferrándose al cuello de Ciel, jadeando mientras ambos continuaban moviéndose. Sus frentes estaban ahora sudorosas y, las manos de la rubia solo se mantenían en la espalda de Ciel gracias a su camiseta.

La sangre, el semen y los deseos recorrían el miembro del ojiazul, quien ahora cerraba los ojos, apoyándose en la rubia; porque nunca antes había sido el encargado de llevar las riendas en un encuentro sexual y sus caderas comenzaban a agotarse. Solo las caderas, tal vez un poco las rodillas pues, su falo suplicaba por continuar aquella fricción enloquecedora.

Su cuerpo se había convertido en el de una bestia. Sexo, solo en eso pensaba. No le importaba siquiera si venía alguien y forzaba la puerta hasta abrirla. No. En realidad eso hubiera sido aún más excitante.

No podía más. Metía y sacaba. La velocidad crecía y Elizabeth gritaba, se tiraba de los cabellos. ¡Cómo le gustaba ver eso! Aunque en realidad hubiera preferido ver a Sebastián hacerlo. Sabía que era imposible y era mejor conformarse con lo que había.

-Liz… - Susurró el ojiazul, enterrando el rostro entre los rizos despeinados de la joven. Estaba a punto de culminar.

Elizabeth enrolló las piernas en la cintura de Ciel, aún jadeaba y movía las caderas contra el miembro duro de éste. Era como una adicción, sentía las estocadas hasta la garganta. – Ciel, ¡ah!

Ambos culminaron en ese momento. El ojiazul jadeaba, apenas fue capaz de incorporarse. Sentía que las piernas le temblaban por el esfuerzo. Lizzie pudo sentir como el menor abandonaba su cuerpo y, la humedad de su sexo dejaba un hilillo que los unía por unos segundos.

Se avocó a su cerveza y, Ciel se abrochó los pantalones y subió su cremallera. Nada. No había besos ni caricias después del encuentro porque ninguno de los dos se quería tanto. Elizabeth le hubiera besado pero, estaba demasiado ebria como para ponerse de pie y hacerlo.

Salieron, caminaron como zombis hasta una ladera cercana a la gasolinera y se sentaron. No había nada que decir. Los dos estaban demasiado satisfechos.

Ciel destapó otra cerveza y la bebió, ahogándose pero, era lo suficientemente necio como para no contradecirse a sí mismo y beberla casi de un solo trago.

Silencio. Solo observar la carretera y beber.

-¿Te llevo a casa? – Preguntó Ciel, un tiempo después de estar ahí. Estaba comenzando a cansarse de contar los autos color rojo que pasaban por la carretera.

-Claro. – Elizabeth le regaló una sonrisa, mientras arreglaba su falda y se componía mejor el resto de la ropa. – Vamos. – El hígado debió asimilar el alcohol finalmente pues, la joven lucía mucho más "entera" ahora.

El ojiazul tomó su mano y abordaron juntos un autobús. Ahora se lamentaba pero, luego se lamentaría aún más.


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Caminaba, auto compadeciéndose de sí mismo. No tenía ganas de hablar con nadie más que con él. Él le daría lo que necesitaba para sentirse mejor y, luego, iría a casa y se metería en la cama para disfrutar de los efectos de… ella.

"¿Y qué es eso que traes, Sebastián?", había preguntado el menor.

"Es una carpeta de mi padre. Quiere que repases una propuesta de negocios con él."

"Dame acá." Cogió la carpeta, sacó los documentos y se limitó a firmarlos. "Listo. Ahora es mejor que te vayas."

"Yo lo intenté, Ciel. Pero, ya entiendo…"

Pateó una piedrecita, mientras se acercaba a la puerta. Llamó dos veces y, esperó. Metió las manos entre sus bolsillos. Sentía dolor. Dolor de televisión y dolor verdadero. Pero, ¿qué es el dolor de televisión? Bien, es aquel dolor que sufres por algo material; has roto algo, tu equipo favorito ha perdido o has perdido tu reloj; en fin, un dolor que olvidas fácilmente. En el caso de Sebastián, su "dolor de televisión" se resumía a recordar que, por causa de Ciel, había perdido hasta su reloj favorito, sin mencionar su dignidad y su postura ante sus compañeros de escuela.

El dolor verdadero era muy distinto. El dolor verdadero le martillaba las sienes diciendo "Se fue, Sebastián. Ciel se ha ido y te has quedado solo porque hasta Karen tiene a alguien. Alguien que aún no le dice que la ama pero, que lo hace. "

Volvió a llamar a la puerta y, entonces, se percató de los autos estacionados cerca. Uno era un Corvette rojo, igual al de Karen. Frunció el ceño y se acercó a verlo. La rubia siempre llevaba con ella un perro de felpa y, si se trataba de su auto…

Se asomó por el vidrio del piloto y tragó con fuerza. Ahí estaba el perro.

Maldito perro.

Ya no llamó a la puerta otra vez sino que se dirigió a la parte de atrás de la casa remolque. El roquero siempre dejaba ese lado sin llave.

"Ahh… ¡Sí! ¡Más!"

Había entrado y, de inmediato quedó paralizado. Esos gemidos no eran producto de la televisión. En su cabeza ya giraba una idea pero, quería comprobarla con sus propios ojos. Imaginar no siempre es algo bueno.

La casa solo contaba con dos habitaciones, baño y un espacio que servía tanto de sala como de cocina. Por tanto, no había demasiado espacio como para perderse y creer que se escuchaba lo que no era.

Se aproximó un poco más a la habitación de Bill y, fue entonces cuando se decidió a abrir la puerta. El dolor de televisión decía que encontraría a ese par metidos entre sábanas blancas y retozando en la cama de Bill. Las cosas no eran cómo él se las imaginaba.

No supo ni siquiera qué decir. Los dos estaban medio desnudos, follando en el suelo. Karen estaba sentada en el regazo de Bill, de espaldas a la puerta. El roquero estaba sentado dando la cara a ésta pero, tenía los ojos cerrados.

"¡Lo disfrutan tanto!", pensaba el moreno, sintiendo cólera y asco.

Sebastián solo atinaba a apretar los dientes y observar. En su cabeza, la canción que había escuchado en la radio de su auto unos minutos antes.

"En la radio hay un pollito. En la radio hay un pollito.

Y el pollito pío, el pollito pío, el pollito pío."

Sentía que enloquecería si el estribillo se repetía una vez más y, aún más si continuaba viendo eso.

-¡Par de pedazos de mierda! – Gritó, sintiendo un placer morboso en interrumpir el gozo ajeno.

Karen lanzó un grito. – Seb- Sebby, yo… ah… esto no es lo que piensas. – Jadeando. Su rostro aún perlado por el sudor.

-Seb, amigo. Tú… tú sabías bien que yo… -Bill se puso de pie, intentando subirse los pantalones y abrocharlos pero, sus dedos temblaban sin dejarle.

-Yo te puedo explicar, mi amor. – Sebastián solo miraba a ambos, esperando la supuesta explicación. Las lágrimas amenazaban con salírsele. No era que quisiera a Karen pero, aquello era la gota que derramaba el vaso. – Es que tú jamás tienes tiempo para mí.

No, se había equivocado. La vena de su frente saltó en ese momento. - ¡Joder, Karen! – La tomó por los hombros y la sacudió. La rubia gritó, asustada de los ojos brillantes y encolerizados de Sebastián. - ¡Puta! ¡Ahora vas a decir que por mi culpa me has puesto los cuernos! – Soltó el agarre solo para darle una bofetada que la mandó al suelo.

-¡Basta, Sebastián! – Alegó Bill. - ¡Déjala! ¡Pelea conmigo si eso quieres! – El roquero tomó al moreno de la camisa, atrayéndole hacia él. Sebastián, quien era de mayor altura, le proporcionó un puñetazo en el rostro, haciendo que la nariz de Bill sangrara y obligándole a perder el equilibrio.

Miró a ambos, podría haber seguido desquitándose como un animal pero no quería. Se limpio el sudor del labio superior con el revés de la mano y, decidió que era mejor marcharse. – Váyanse a la mierda los dos… - Masculló, justo antes de abandonar esa habitación y ese remolque.

Caminó hasta su auto, subió al él y arrancó. Solo fue capaz de avanzar un par de calles antes de necesitar detenerse y echarse a llorar. Ya lo suyo era demasiado. Le traicionaba su novia, su mejor amigo y Ciel le dejaba. De todos, era lo del menor lo que más le afectaba, al igual que lo de Bill. Karen no, de ella esperaba algo así pues, él tampoco le había respetado. Sin embargo, no podía contener la tristeza de ese momento. Todo el magnífico castillo que la vida había construido para él, acababa de caer sobre su cabeza.

Subió la vista, intentando encontrar consuelo en algo. Cualquier estupidez en ese momento le vendría bien. Las mujeres tenían prerrogativa en esas cosas pues, cuando se sentían mal solo corrían a una tienda, compraban algo y eso les ayudaba pero, Sebastián dudaba que algo así pudiera ayudar en su caso. Entonces le vio, Ciel iba cruzando la calle, justo frente a su auto.

Subió la vista, intentando encontrar consuelo en algo. Cualquier estupidez en ese momento le vendría bien. Las mujeres tenían prerrogativa en esas cosas pues, cuando se sentían mal solo corrían a una tienda, compraban algo y eso les ayudaba pero, Sebastián dudaba que algo así pudiera ayudar en su caso. Entonces le vio, Ciel iba cruzando la calle, justo frente a su auto.

-¡Ciel! – Exclamó. Con una mano limpió su rostro y volvió a asomarse por la ventanilla. - ¡Espera, Ciel!

El ojiazul iba cabizbajo. Acababa de hacer algo por lo que siempre se sentiría como el idiota americano de la historia. La voz del moreno retumbó en sus oídos. - ¿Sebastián? – Musitó, sintiéndose como un niño pequeño que encuentra a sus padres luego de haberse perdido en el supermercado.

Sebastián echó el auto a andar hasta detenerse al lado del menor. - ¿Estás bien? – El rostro de Ciel respondía la pregunta claramente pero, Sebastián quería asegurarse de no importunarlo. -¿Quieres subir? – Preguntó al ver que no obtenía respuesta.

-Gracias. – Ciel restregó un poco sus cabellos. Tenía un aroma extraño, él mismo podía percibirlo. Subió al auto y se sentó en el asiento del copiloto.

-Hueles extraño. – Comentó el moreno.

-No digas nada. Solo… solo vayamos a alguna parte donde ni tu familia ni la mía puedan interrumpirnos. – Y no le miraba al rostro. Sebastián sabía que escondía algo y era grave.

-Ciel, ¿qué has hecho? – Le miró fijamente pero, el ojiazul seguía perdido en observar sus dedos.

-Por favor, Sebastián. No insistas. – Y el rostro del menor fue de súplica. – Hice algo muy malo, ¿de acuerdo?

Sebastián aspiró fuerte, intentando componer el estado acuoso en el interior de su nariz. – Bebiste hasta casi caer, ¿no? – Esbozó una sonrisa, sintió ternura de imaginar al ojiazul siendo víctima de la consciencia por beber de más.

-Sí… Bueno, no exactamente. – Suspiró y miró al moreno fijamente. – Yo te amo a ti, Sebastián.

-Lo dices como si fuera algo terrible que acabas de descubrir. – Sebastián rió, por primera vez después de todo lo que le había sucedido. – Yo también te amo a ti. Tú lo sabes, he intentado que arreglemos lo nuestro pero, tú no quieres.

El mayor arrancó el auto y las calles comenzaron a parecer más cortas conforme la velocidad crecía. Ciel le dio la espalda a Sebastián y se ocupó de contemplar el paisaje que se acercaba y alejaba de ellos. – No sé cómo arreglarlo es todo.

-¿Quieres seguir bebiendo? - Ciel se giró para verle y, Sebastián prosiguió con su invitación. – Porque de solo verte ya se me antojó… beber. No pienses nada más. – Concluyó, con una sonrisa ladeada. El ojiazul se sintió aún peor por mentirle. - ¿Adónde quieres ir?

-Donde sea. Es tu auto.

-Vamos a The Heaven. – Mordió su labio inferior. – Esta vez no traigo solo el reloj. – Sonrió, mostrando la billetera llena. – Hice una oportuna parada en la habitación de mis padres antes de salir de casa.

Ciel rió, olvidando momentáneamente sus problemas. – Bien. Vamos.

Y el resto del trayecto ambos estuvieron en silencio. El mayor con la vista al frente y la mente dividida. Sentía vergüenza de contarlo. Ese día había llegado a los diecisiete verdaderamente. Algo en él había madurado y, sabía que no volvería a ser el mismo ingenuo de antes. Ciel, por su parte, se debatía sobre el momento en que diría al moreno lo que había hecho. No podía mentirle eternamente. Ahora, entendía que cuando amas a alguien, no le mientes ni le traicionas porque no existe amor que acune ese tipo de cosas.

Sebastián estacionó y, Ciel se preparó mentalmente para hablar. – Sebastián, debemos hablar.

-No. Ahora no. Sabes lo que quiero.

El ojiazul tragó en seco y esperó inmóvil por el mayor. Sebastián le abrió la puerta y le sacó del auto con un "tirón elegante"; elegante porque quería conquistarle para hacerlo suyo, beber con él, hacer todo con su frágil y deliciosa persona.

El moreno le llevó arrastras hasta que ambos entraron al establecimiento. Joker y Beast les miraron con una sonrisa.

-Ya comenzábamos a extrañarlos. – Saludó la joven, ataviada con un ajustado vestido negro. Corsé en la parte superior que iba ampliándose hasta convertirse en una falda y darle el aspecto de una muñeca Barbie. – Como ven, aquí siempre estamos abarrotados. – Sonrió, señalando el lugar a su alrededor con un gesto. Había gente por todas partes.

-Así es. – Añadió Joker. – Pero siempre hay espacio para ustedes dos.

-Quiero el "lounge". – Musitó Sebastián. – Una botella de vodka, jugo de naranja, hielo y dos vasos.

Joker alzó una ceja. – No lo violes después de eso, ¿eh? – Y echó a reír, señalando a Ciel con la mirada.

-No te preocupes. Le violaré antes para que esté consciente. – Dijo con sarcasmo, riendo a la vez.

Ciel prefirió pretender que no escuchaba nada. - ¿Qué es eso del "lounge? – Preguntó, cuando la pareja se alejó para preparar el lugar y servir las bebidas que pedía el mayor.

-Es un lugar que me gusta mucho. Si solo vamos a beber, no veo la razón para pedir una habitación. – Respondió el moreno. - A menos que quieras que vayamos a una.

-N-no.

Avanzaron hasta el lounge, el cual no era más que una mesa, apartada de las demás y rodeada por una cortina. La mayor diferencia a los ojos de Ciel, era el sillón modular que había. Estaba forrado en cuero negro y lucía mucho más cómodo que cualquier otra silla del lugar. Ahora entendía por qué Joker decía que cualquier cosa podía suceder ahí.

Tomó asiento, mientras observaba a Sebastián preparar dos bebidas. – Son dos "Screwdriver". – Comentó el moreno. Ciel no le prestó demasiada atención, se limitó a tomar el vaso y beberlo tan rápido como podía.

Sebastián echó a reír. - ¡Vaya! Y yo creyendo que serías quien no podría beber siquiera uno.

-¡Cállate! – Protestó el ojiazul, mientras las lágrimas corrían por su rostro. – Hice algo terrible. – Sujetó su cabeza entre ambas manos. – Me acosté con Elizabeth.

El moreno no pudo reír más. Se quedó completamente asombrado. – Pero, ¿por qué?

-Te lo dije… Te dije que necesitaba probar una última cosa antes de decir que te amo solo a ti.

Sebastián bebió su vaso de un solo trago. Sentía como si su corazón fuera a explotar. Ese día ya podía ser nombrado su "apocalipsis personal". No descansaba de una cosa para llegar a otra. – Me jodes, Ciel.

Ciel se puso de pie y tomó el rostro del moreno, quien intentó apartarse pero, fue detenido nuevamente. – Perdóname, Sebastián. Tenía que hacerlo. – El moreno tragó en seco y miró hacia abajo. – Tú has vivido mucho en tu vida pero, esto para mí es lo primero.

-¿Y no podías quedarte con eso? ¿Tenías que ir y acostarte con ella? – Reclamó, intentando reemplazar el dolor por disgusto.

-Eras… eras el primero en mi vida. Y, Elizabeth me gustaba antes. Pensaba que hasta podría estar confundido. – Musitó, mirando hacia abajo. – Sé que no tengo las suficientes justificaciones para haberlo hecho. Perdóname, Sebastián. Por favor. Yo jamás debí hacerlo… ahora me doy cuenta que solo te amo a ti.

El moreno enjugó la lágrima que resbalaba por su rostro. Era capaz de olvidar lo de Karen, pero eso... ¿por qué? Aunque, entendía otra cosa, la rabia que Karen hubiera sentido al saber lo suyo con Ciel. Lo que todas las otras chicas habían sentido cuando él les traicionaba con su mejor amiga. Por lo menos, él ni siquiera conocía bien a Elizabeth. – Pero morías de ganas por follártela. – Masculló.

-Igual, pronto me marcharé y no tendrás que lidiar más con eso. – El ojiazul volvió a su asiento, a su vaso y a intentar alejarse del moreno.

-¿Qué? ¿Adónde irás? – Sebastián se giró para encarar al menor.

-Ah… Me voy a Harvard. – Ciel sirvió un poco más de jugo. Sus manos temblaban, como si temiera la desaprobación del moreno ante la acción. – Aprobé el examen y seré parte de un sistema experimental para gente de mi edad. – "Gente" porque Ciel no se consideraba ni un niño ni un adolescente.

-No irás a ninguna parte. – Susurró Sebastián.

-¿Qué dices? – Preguntó el menor interesado.

-Dije que no irás a ninguna parte… - Y acto seguido, empujó al menor a la parte más larga del módulo, haciéndole quedar acostado. – Dices que me amas a mí, ¿no es así?

-Es así, Sebastián. – Respondió Ciel, sonrojado debido a la cercanía del rostro de Sebastián. – A ti. Solo a ti.

-Entonces, no me dejes colgado... – Musitó el moreno, sonriendo contra el cuello de Ciel. Aún podía sentir el perfume de la rubia y, eso le estaba excitando aún más. – Voy a borrarla hasta de tus pensamientos.

-Sebas… ¡ah! – El ojiazul profirió un grito ahogado cuando el moreno llevó la mano hasta su ingle y le proporcionó un apretón.

-¿Volverás a ser infiel? – Preguntó, lascivamente en su oído, apretando nuevamente.

-No… Mmm… Nunca más te seré infiel. – Ciel rodó los ojos hacia arriba, disfrutando del castigo que le imponía el moreno.

Sebastián tomó la botella del vodka. – Quiero que no tragues lo que pondré en tu boca, ¿de acuerdo? – El ojiazul asintió y el mayor dejó caer un poco del licor en su boca. Luego se inclinó y le besó profundamente, haciendo que Ciel tragará la mayor parte del vodka y, aún probándolo en sus labios.

-¡No hagas eso, Sebastián! – Reclamó el ojiazul, cuando la mano de Sebastián volvió a entrometerse en sus pantalones.

-Haré lo que quiera porque voy a concederte el favor de perdonarte. – Susurró al oído de menor, mordiéndolo seductoramente.

-Pero nos verán… - Se quejó, señalando a las parejas, cuyas siluetas se traslucían a través de la cortina.

-Entonces alza las caderas y no te quejes. – Musitó, obligando al ojiazul a acostarse boca abajo. Tomó sus pantalones por el cinturón y los bajó hasta que su trasero estuvo completamente expuesto, dejándolos sostenidos en sus rodillas.

Lo quería. Sí que quería sentirle dentro de él pero, ¿ahí? ¿Dónde todos podrían verlos? - ¡Ah! – Jadeó. De inmediato cubrió su boca. Sebastián sonrió, penetrándole más profundamente. Claro que nadie podría oírles pero, le encantaba como Ciel se preocupaba de ello, aun cuando disfrutaba del peligro.

-Mmm… estás apretado. – Sujetó la botella nuevamente. – Vamos, bebe un poco más. – Llevó la botella hasta los labios del menor, quien no dudó en tomarla con sus propias manos y dar un trago.

Sebastián apretó la cola de Ciel, permaneciendo inmóvil en su interior. – Muévete, Sebastián. ¡Ahh! – Gimió, alzando las caderas y moviéndose contra el miembro erecto del moreno.

-¿Lo quieres rápido? – Embistió el cuerpo del menor, recostándose casi por completo sobre él. Tomó el licor y bebió un poco más, mientras su cuerpo suavizaba sus movimientos, penetrando al menor una y otra vez.

Ciel asintió. – S-sí. No… quiero… que nos… vean… - Decía entre jadeos, sintiendo como Sebastián se abrazaba a su cuerpo. Sentirlo dentro de él era reconfortante, placentero y sobre todo único.

-Di que… solo me amas a mí... – Pidió el moreno mientras gemía, impulsándose una vez más para embestir al ojiazul con mayor rapidez y fuerza, tocando el punto dulce del cuerpo de su amado.

El menor se sujetó del cuero del sofá. Respiraba entrecortado debido a la agitación. – Solo… solo te amo a ti… Sebastián. – Sus dedos se curvaron en ese momento y, no respiró siquiera. Simplemente se dejó llevar por el orgasmo que recorrió su cuerpo al sentir a Sebastián venirse dentro de él.

-Yo también te amo solo a ti, Ciel… - Susurró el mayor, recostándose en el cuerpo de Ciel por un instante, aspirando la dulce esencia de su cuerpo. Había cambiado. Ahora el ojiazul tenía su olor. Salió de su interior y, se sentó a su lado, dejándole reposar.

Ciel se sentó con algo de dificultad y, miró al moreno confundido. Sebastián le sonrió y tomó su rostro entre sus manos, besándole suavemente. En la mente del ojiazul quedó aquello grabado como una lección.

Besos y caricias después de "eso", porque Sebastián y él sí se amaban. No era simplemente sexo, era hacer el amor. Se abrazó al moreno y, ambos quedaron ahí, en silencio, simplemente escuchando la melodía que sonaba en el antro, justo atrás de la cortina.

Find light in the beautiful sea
I choose to be happy
You and I, you and IWe're like diamonds in the sky

...

So shine bright, tonight you and I
We're beautiful like diamonds in the sky