Toque mortal.

La camioneta negra chocó contra mi pecho. Volé unos cuantos metros y caí en el pavimento. Mi carne se desprendió con facilidad y la sangre tibia corría por mi espalda y mi pecho.

El dolor punzante de los huesos rotos se hizo más profundo. Las costillas rotas pinchaban y agujereaban mi tórax y mis pulmones.

Ahora no podía respirar. Sin importar cuándo intentara tomar aire. Este nunca llegaba

Algo tibio bajó por mis mejillas. Eran mis lágrimas.

Duele, duele demasiado. DUELE

Una oscuridad que había visto antes cubrió mi campo de vista. El dolor aplastante se difuminaba, me sentía aterrada. Odio esta sensación

Me dejé llevar, cerré mis ojos y abrí mi alma a la muerte.

Me desperté jadeando desesperada buscando aire. Puse mi frente en el colchón y recogí los brazos hacia mis costados, arrastrando las sábanas con ellos.

- ¿Qué te pasa?- dijo la voz de Ana con preocupación- Bella… Bella. ¡Responde!

Ella se acercó a mí desde mi izquierda y yo salté hacia atrás. Arrastrándome en mi cama hasta golpearme contra la pared. Ella se acercó un poco más y extendió su mano hacia mí. Sus ojos color miel se nublaron con preocupación.

- ¡NO ME TOQUES!- grité y ella recogió su brazo asustada.

Me levanté de un salto y salí de la habitación hacia el baño que estaba al cruzar el pasillo. Cerré la puerta tras de mí y llegué hasta el lavamanos donde apoyé mis manos.

Mi respiración se volvió más calmada, pero los temblores que recorrían todo mi cuerpo pegajoso, por el sudor frío no cedían

- ¿Qué sucede aquí?- dijo una voz ahogada por la puerta del baño. Era Beatrice, la enfermera de guardia. Tocó la puerta del baño- Isabella. ¡Isabella! ¡abre la puerta!

Abrí la puerta y me encontré con una mujer regordeta de cabello gris y ojos color café grisáceo, vestida totalmente de blanco.

- ¿Por qué tanto escándalo?- dijo con paciencia, que había adquirido por tantos años trabajando en este lugar.

- Tuve… una pesadilla- mentí en un susurro. No pude mirar su cara. Las mentiras se me daban muy mal, pero no podía decirle la misma historia de siempre, porque sabía que no me creería.

- Vuelve a la cama. Necesitas dormir- Puso su mano en mi espalda y me estremecí. Di rápidos pasos hacia mi habitación para evitar el contacto con ella.

Beatrice suspiró resignada. Sabía muy bien lo que estaba pensando.

El cuarto era blanco, con camas de metal y sábanas de un inmaculado gris. Mi compañera, Ana, me estaba viendo con preocupación desde su cama. Yo le devolví la mirada.

- No debiste hacerlo Ana- le advertí en voz baja.

- ¿Qué viste?- dijo temblando un poco.

No sabía qué decirle, ¿Le aterrarían los detalles de su muerte? Ana no le temía morir. Por eso la habían mandado aquí

Miré reflexiva las vendas que rodeaban sus muñecas, estaban un poco manchadas de sangre. Apenas ayer, estaba recostada en una camilla, pálida, apenas aferrándose a la conciencia, pero ahora sabía que así no sería su muerte

- ¿Por qué me tocaste Ana?- pregunté y ella volteó el rostro para que no la pudiera ver.

Suspiré y caminé de regreso a mi cama. Me senté con el chirrido de los resortes y puse mi cabeza sobre la aplastada almohada.

Volteé hacia la pared y busqué la forma de quedarme dormida nuevamente.

- Quiero morir- me confesó en un triste susurro desde su cama- Bella, por favor… dime.

- Buenas noches- dije de manera cortante. Ella entendió que no me sacaría nada y se fue a dormir.

Mi nombre es Isabella Marie Swan, con sólo un toque sé cómo vas a morir