Disclaimer: HP no me pertenece. Todo lo que reconozcan es de Rowling. La trama es mía.


Capítulo 7

Aquella noche, Sam se quedó en el cuarto de Lisa. Ninguno de los dos durmió. Tampoco hizo falta. Con mirarse, ya sabían lo que el otro quería. Hicieron el amor más veces de las que Sam podía recordar. Porque no se saciaban. Se necesitaban. Se buscaban. Y no podían distanciarse.

No lo hicieron sólo en la cama… Utilizaron la mesita de noche de Lisa (la volcaron)… Utilizaron las paredes… El lavabo del baño… La tina del baño… En todas las posiciones… En todas las formas.

Y ahora estaban acostados, uno al lado del otro. Él acariciando su cabello rubio, ella con su mano en el pecho moreno de Sam.

— ¿Por qué pareciste odiarme al principio?

Ella alzó la vista. Pareció pensativa.

— No te odiaba.

— Pues lo parecía.

— Siento haberte dado esa impresión — aseguró Lisa —. No te odiaba, en serio.

— ¿Y entonces?

Lisa lo pensó por unos momentos. ¿Se atrevería a contarle? ¿Podría confiar en Sam? Él le había dado suficientes pruebas de que podía. De que no la juzgaría. Que la escucharía. Sin importar lo cabreados que estuvieran el uno con el otro, Sam siempre la escuchaba.

— Me recordaste a mis dos ex novios.

— ¡Ugh!

— Sí, lo sé — Lisa se rió —. Supongo que creí que serías tan idiota como ellos.

— ¿Por qué?

Lisa suspiró. Sam aguardó a que ella hablara.

— Porque tengo un gusto por los idiotas. Por los chicos que no me van a tratar bien — Ella se encogió de hombros —. Es ese tipo de chico galán que se cree el último oasis en el desierto y que piensa que todas las chicas deben estar a sus pies.

— ¿Pensabas que era así?

— Al principio — admitió la rubia.

— ¿Y ahora? — la presionó Sam.

— Ahora sé que fui muy estúpida. Que tú jamás serías de esa forma.

— Gracias a Merlín - dijo Sam aliviado.

— Sí… Siento hablar de mis ex.

— Yo te pregunté, ¿no?

— Sí, lo hiciste… — Lisa sonrió —. Pero apuesto a que no querías que te hablara de mis ex.

Él se encogió de hombros.

— Bueno, no estaba seguro de lo que debía esperar, francamente hablando.

Lisa se rió. Volvió a recostarse en el pecho de Sam.

—Eres genial, en serio.

— Lo sé.

Ella lo golpeó juguetonamente en el costado. Él fingió que le dolía. Ella lo besó en la punta de la nariz para calmarlo. Y él exigió un beso con todas las de la ley.

— Podría hacerme adicto a esto — advirtió Sam.

— Eso sería muy malo — bromeó Lisa —. ¿Debo preocuparme por mis labios?

— No - negó Sam —. Ellos son la droga, yo soy el adicto.

— Ya.

El alba los encontró cansados, pero muy satisfechos.

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La semana pasó muy rápidamente. Todas las noches estaban juntos. Bautizaron todos los lugares de la Sala de Aprendices. El laboratorio de Pociones. La pequeña biblioteca. El baño… Gemían. Jadeaban. Se retorcían uno contra el otro.

A veces descansaban en la cama de Lisa, o en la de Sam, según tuvieran más a mano. A veces conversaban:

— ¿Entonces eres hijo de Sirius Black?

— Sí — fue la escueta respuesta de Sam. Aún no se sentía cómodo hablando de un padre que nunca conoció.

— Mi padre me contó cosas de é — siguió Lisa —. Al parecer no fue ningún santo.

Sam se encogió de hombros.

— Todo el mundo tiene sus virtudes y sus defectos.

— Claro — le concedió Lisa.

Sam decidió decirle algo que le tenía confundido:

- Su ahijado… Bueno, el fue padrino de alguien y pues… El caso es que él me está esperando para hablar.

Lisa lo miró con los ojos abiertos de par en par. Decir que estaba sorprendida, era quedarse corto. Sí, habían hablado, sí consideraban que su relación era un poco más estrecha que al principio, pero Lisa no consideraba que habían llegado al punto en el cual se confiaban secretos.

— ¿Te asusta esa posibilidad?

— Me asusta hablar con él, sí.

Lisa asintió. Poco a poco iba entendiendo a Sam.

— No eres tan confiado como aparentas ser, ¿verdad?

— No siempre — admitió el moreno.

— Está bien — aseguró Lisa —. Es normal sentir miedo. Nerviosismo. Es normal que no queramos conocer a alguien.

— Pero es el ahijado de mi padre.

— Pero eso no hace que sea automáticamente de tu confianza, ¿o sí?

— No, creo que no…

Lisa sonrió. Como si ya hubiera entendido eso. Como si ya supiera que él iba a decir lo que acababa de decir.

— Entonces tienes tiempo. Deja que las cosas sigan su curso. Deja que todo fluya.

— ¿Tú crees?

— Ajá.

— Bien, entonces lo haré.

Y volvió a besarla.

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La cotidianidad es una cosa rara, piensa Sam con una sonrisa cotidiana.

A veces dulce.

Dulce como el aroma del chocolate. Dulce como el olor del café recién hecho.

Hay besos dulces que se dan en la comisura de los labios. En las mejillas. Besos que son el preludio de algo mucho más grande y delicioso.

Hay sonrisas amplias. Hay abrazos. Hay momentos compartidos frente al fuego.

Pero a veces la cotidianidad no es absoluto dulce.

Es triste. Cruel. Y te llena de irritación.

Es Lisa levantándose con rapidez en las mañanas, sin entender que Sam quiere despertar a su lado.

Es Sam dejándose un reguero en el baño. La pasta de dientes abierta. Y la toalla en el piso.

Son miradas fulminadoras. Gruñidos. Y palabras que llegan a insultos.

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— Eso te recuerda que es real — dijo un divertido Neville, cuando Sam le relató a grandes rasgos sus problemas —. Te recuerda que tienes una mujer real y una relación real con ella. ¿No esperabas tener siempre momentos dulces, no?

— No — admitió Sam —. Pero esperaba que al menos las peleas se redujeran… un poco.

— ¿Con ustedes dos? — se burló Neville —. Tendrán suerte si sobreviven al primer mes.

— Jaja. Qué gracioso — ironizó Sam.

Neville se encogió de hombros.

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Ted opinaba que Sam era muy valiente.

— Todos dicen que Lisa Smith tiene un humor de perros.

— ¿No es bastante mayor para que ella no te permita que le digas eso? - le preguntó Sam divertido.

— Lo es, sí — dijo Ted encogiéndose de hombros —. Pero yo sólo digo lo que pienso.

— Ya.

— Bueno, pero si está contigo algo bueno debe tener, ¿no?

— Sí, te aseguro que sí - sonrió Sam.

— Aunque de todas formas pelean, ¿no?

Ahora fue el turno de Sam de encogerse de hombros.

— Um… Neville dice que a veces las peleas son condimentos en la relación.

— Pero el tío Neville y la tía Hanan no tienen peleas — observó Ted.

— No, pero dice que tiene unos amigos que pelean todo el tiempo.

Ted pareció emocionado.

— ¡Ah, sí! Esos son los tíos Ron y Hermione.

— ¿Les llamas tíos?

Ted se encogió de hombros.

— Me acostumbré a llamarles así. Sé que no son mis tíos pero… Bueno, son lo más parecido a tíos que tengo. Todos los Weasley son geniales, en serio. Y bueno… si cierro los ojos puedo… puedo imaginar que son mi familia real. Que Molly Weasley es mi abuela, que Arthur Weasley es mi abuelo, que sus hijos son mis tíos y… bueno que los hijos de sus tíos son mis primos. — Ted se detuvo. Azorado hasta el punto de que su cabello se volvió rosa. — Es estúpido, ¿verdad?

Sam negó con la cabeza.

— No.

— ¿Lo entiendes?

Sam asintió.

— Sí, completamente.

Ted asintió.

— Gracias.

— Siempre a la orden — aseguró Sam mientras le revolvía los cabellos.

Ted se concentró y devolvió su cabello a un suave tono azul.

— ¿Sabes? Eres como el hermano mayor que nunca tuve — y luego como si entendiera lo que había dicho, se ruborizó desde el cabello hasta la punta de los pies —. Yo… No quise decir que… Yo…

Sam contuvo la risa, y decidió sacarlo del atolladero.

— Yo siempre quise tener hermanos menores.

Ted se ruborizó con más fuerza si cabe.

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Querido Harry

¿Te he dicho cuánto te quiero? En serio, te quiero. No sabes cuánto exactamente.

Vale, ya paro. Que luego vas a decir que quiero algo.

Bueno, sí, sí quiero algo. Pero tranquilo, no es nada material. (Claro que si me compras la Nimbus 3000 yo no me pongo bravo). ¡Es broma! ¡Es broma!

Ok, ya me pongo serio. Sí, Harry me puedo poner serio de vez en cuando. No siempre, pero a veces…

Ok, estoy divagando. Ok va a ser mi nueva muletilla, te lo aseguro.

Bueno, ¿estás preparado? Porque no quiero que te pongas bravo conmigo, ¿ok? No es mi culpa, ¿vale? No sabía cómo decírtelo. Vale, ya paro, que si sigo así voy a escribir un documento.

¿Listo? Soy amigo de Sam Black.

Um…

Eh…

Pues…

Sí, así como lo lees. Sam Tyler. El hijo de Sirius Black. Somos amigos. ¡Te dije que no te enojaras conmigo, Harry! Yo te advertí. Te advertí que era un tema delicado. Pero insististe. Bueno, ahora lo sabes…

Sam es genial. Es como el hermano mayor que nunca tuve. Si James lee esto, dile que no quiero hacerlo sentir mal, ¿sí? Para mí él siempre será mi hermano favorito. Ea, si Lily lee esto dile que ella es mi princesa favorita. Vale, estoy jodido, ¿no? Ellos no la van a dejar correr. Los dos van a querer que me retracte de mis palabras. ¡Rayos! No estaba preparado para eso. Intenta que no me maten cuando vuelva, ¿sí?

Bueno…

Pues…

Ok, vamos con Sam. Como te digo, es genial. Hace bromas a diestra y a siniestra. Tiene a las chicas locas tras sus huesos. Aunque sólo es novia de una, que conste. Su nombre es Lisa Smith, y es muy seria. En serio no sé cómo es que están juntos. Supongo que todo tiene que ver con los opuestos, ¿no? Bueno, al menos eso es lo que dice Neville.

Sam es majo. En serio. No es mentira. No es para que lo aceptes una o dos semanas en casa.

Bueno, la verdad es que sí. Sería genial pasar un tiempo con él. Aunque tal vez prefiera estar con Lisa… Pero oye en Hogwarts logra compaginar sus obligaciones de herbología, con Lisa, con Lena (hermana de Lisa), y conmigo. Así que… bueno, supongo que no le resultará muy difícil, ¿oh sí?

Claro, todo depende de tu respuesta. ¿Dirás que sí, Harry? (¿Me compraras la Nimbus 3000?) ¡Qué es broma! Bueno, ¿Sam puede quedarse unos días con nosotros? De verdad me gustaría que lo conocieras. Bueno, que todos lo conocieran, incluido James.

(James si estás leyendo esto, ten por seguro que no quiero sustituirte, ¿ok? Nadie podría hacerlo. Sam es genial, pero nunca será como tú. Y vamos, yo creo que se llevarían bien).

Esperando tu respuesta, Harry.

Besos y abrazos para todos.

Con amor,

Ted.


Notas de la autora:

- ¡Al fin terminé! Este capítulo fue mucho más difícil que los anteriores. Muchas partes no me convencían, diálogos que ya no quería… en fin, lo normal.

- Espero q les guste. Saludos!