Hola chicas y chicos sé que me he desaparecido por lo que parece….años :D pero regreso con esta historia…subiré un capitulo cada semana serán aproximadamente unos 3 capítulos o 4 espero les guste.

Summary: Él la abandona sin saber que está embarazada….siete años después vuelve, pero ella no será la persona más accesible del mundo. Swift

Disclaimer: Desgraciadamente crepúsculo no es mío pero si de Meyer algún día cuando sea rica y poderosa los tendré y Meyer se morirá de la envidia Muajajajaja ntc

All Too Well

By: Lizzie Santiago

Bella POV

Esté sería mi último intento, no podía irse. No al menos sin saber que iba ser padre de mi hijo, nuestro hijo, tal vez con eso volvería en algún tiempo o al menos se quedaría a reconocer a su hijo. No tenía demasiadas esperanzas, pero sabía que él no me fallaría con una situación como está.

No podría dejarlo ir así de fácil, no cuando ambos nos amábamos de esta manera, aunque el haberme enterado esta mañana que se iba a marchar de Forks este mismo día por medio de Charlie me hacía flaquear, pero no, está vez no me rendiría…lo haría por mi pequeño Ángel.

Aumente la velocidad a 100 km/h, el motor de mi vieja pick-up hacía más sonidos espantosos de los que podría describir, temí que se parará en medio de la nada y no pudiera llegar a tiempo. Pero me aleje de la cabeza los malos pensamientos y seguí conduciendo.

Unos minutos después me haya frente a la casa de los Cullen's. La cochera estaba abierta y desde afuera se veía una pequeña reunión familiar con casi todos los miembros, excepto el más chico. Miré tan rápido que ninguno se percató de mi presencia o tal vez si pero no me tomaron en cuenta.

Sin dudar un sólo segundo fui directamente al porche hasta adentrarme a la mansión y fue ahí cuando comencé a dudar.

¿Qué pasaría si no lo reconocía? O peor ¿si no quería quedárselo? ¿Si no quería nada con nosotros, que haría yo? No, esta vez dejaría a un lado los conflictos con mi interior y me arriesgaría por todo.

Subí lo más rápido que pude las escaleras hasta llegar a su amplia recamara. Abrí lentamente la puerta y con la nuca cubierta de sudor entre y cerré, poniendo el pestillo, a mis espaldas.

¿Por qué te vas?— dije con los ojos cristalinos, trataba de aguantar las lágrimas con todo mi ser, no quería que me viera llorar—Mejor dicho, ¿Por qué te vas sin tan siquiera avisarme?

Él se tensó al oír mi voz ahí y dio media vuelta para encararme, su mirada era perdida, ni siquiera me vio a los ojos, y su rostro mostraba cansancio, tal vez no había dormido bien la noche anterior.

¿Qué haces aquí?—Dijo con la voz fría evadiendo mi pregunta— ¿Quién te dejo entrar? Di instrucciones de que no se te dejara pasar por nada del mundo.

¿Por qué te vas?—volví a preguntar esta vez siendo yo la que evadiera su pregunta, el tono de su voz me dolía demasiado.

Eso no es de tu incumbencia— dijo poniendo dos bolsas negras frente a mí—Ahí está todo lo que alguna vez me diste, no puedo llevármelas. Sólo me estorbarán, además son porquerías sin valor ni mucho menos importancia. Haz lo que quieras con ellas.

Sus palabras atravesaban mi corazón como si fueran puñaladas. ¿Qué era lo que le estaba sucediendo? hace tan sólo 5 horas todo era más que normal y habíamos quedado vernos el lunes en el instituto. ¿Acaso había dicho o hecho algo que le molestará? Si fuera así tal vez podría solucionarlo retractándome.

¿Qué te sucede?—Lo miré y ya no pude evitar más las lágrimas, nunca me había hecho llorar, al menos no por dolor.

Los ojos se le salieron de orbita, apretó los puños hasta que los nudillos se le pusieron blancos y como de costumbre, cuando se molesta, se tomó el puente de la nariz.

Me sucede que ya no te aguanto, no te soporto— Se me acercó echando humo por todos lados— Es insoportable tu compañía, esos 300 dólares que me pagaron para quitarte la virginidad no valieron la pena. Ni si quiera por tener sexo cuando quería en donde quería. Me dabas asco Isabella eres sólo un bicho raro.

No lo podía creer ¿los 6 meses que estuvimos juntos fueron una farsa? Un vil engaño a mi corazón y a mi cuerpo. Sólo se había metido en mi vida para escurrirse por debajo de mis sábanas, y después ir corriendo con sus amiguitos alardeando de haberle abierto las piernas a la nerd Swan.

Edward, ya está listo todo. Te esperamos afuera—se escuchó la voz de su madre gritando desde la sala.

Tomo unas maletas que estaban a lado de su cama, me rodeo y cuando escuche quitar el pestillo grite:

Espera—la respiración se me acelero y el cuerpo me tembló.

Pero al momento de haber gritado me arrepentí, no tenía el menor caso decirle lo que ocurría si no le importaría en absoluto. Y si le importaba ese sería su castigo. Yo era suficiente madre para mi bebé y no me importaría ser padre también. Ya que mi compañía insoportable le incomodarían ¿no? Pues perfecto se quedaba sin nosotros dos. Mi decisión estaba tomada y a partir del día de hoy el nombre de Edward Cullen o de alguno de los Cullen estaba prohibido, le conseguiría un buen padre a mi bebé. No importaba hacer unos cuantos movimientos en mi vida y abandonar algunas cosas como el amor hacia su padre, por el bienestar de mi bebé.

¿Qué quieres?—contesto entre dientes y de espaldas a mí.

No vuelvas o me aseguraré que Charlie te de un balazo entre los ojos—Está vez mi voz tomó otro tono, uno tono mucho más duro y frío.

Cómo digas—Abrió la puerta y antes de dar un portón dijo—cierra al irte…

El claxon sonó por tercera vez fuera de la casa de Charlie

—Eddie, apúrate tío Jacob empieza a desesperarse y si demoramos demasiado terminará por dormirse en el volante— dije riendo porque probablemente fuera cierto. Mi querido mejor amigo Jacob Black era el hombre más perezoso y dormilón que había conocido.

Mi hijo de tan sólo seis años bajo a tropezones los escalones, tomó su mochila, mi bolsa, mis llaves y abrió la puerta haciendo una caravana.

—Adelante hermosa dama—dijo imitando a su tío Jake siempre que me abría la puerta.

Me limite a salir y soltar una leve risita, una vez en el carro de Jacob nos limitamos a charlar sobre los planes para el próximo fin de semana, cumpleaños de Eddie, teníamos pensado ir a Phoenix con su abuela pero en el trabajo me había negado las vacaciones debido a que el nuevo director llegaría a la ciudad y necesitaba un tour por el hospital y explicaciones sobre cómo era el método de trabajar aquí. A mi opinión no era la gran cosa, el hospital era demasiado pequeño y con una semana bastaría, pero al parecer Tanya no opinaba igual que yo y mis vacaciones llegarían hasta navidad, dos días después del cumpleaños de Eddie.

Ser madre soltera no había resultado tan fácil como yo creía aunque desde el principio había tenido el apoyo de mi familia. Con mi familia me refería a Charlie, Jacob, Sue e incluso Billy. Me habían apoyado de distintas formas como por ejemplo; dinero, comida, techo, ropa, amor. Pero aunque todo ello nos lo hubieran dado de corazón, no habían podido llenar un vacío en nuestros corazones, el vacío de un padre, el vacío de un esposo, el vacío de Edward Cullen.

—Mami—la voz de mi pequeño me saco de mi ensoñación —Ya hemos llegamos a tu trabajo.

Me había metido tanto en mis pensamientos que no me había dado cuenta que habíamos llegado y apuesto a que llevábamos bastante parados aquí. Ya que Jacob había apagado el carro.

—Gracias por traernos, Jake—dije tomando mi bolso y dándole un beso en la mejilla —Y tú pequeño Angelito paso por ti a las 3, hoy iremos a comer a Port Angels, tú abuelito ira con abuela Sue a pescar cerca del lago Raiser. Volverán hasta el lunes así que esté fin de semana es sólo nuestro pequeño astronauta.

—Hee!—Grito mi bebé y viéndome con ojitos suplicantes dijo—¿y luego podemos ir por un helado de fresas con crema, mami?

Le dedique una sonrisa amable y le di un beso en su frente, era tan parecido a su padre y provocaba un efecto irresistible igual al de Edward, pero de otro modo mucho más angelical y tierno. Uno más eficaz.

—Claro que sí, mi vida—tome su lunch y se lo di—Hoy te puse un sándwich de atún, manzanita picada con limón y un jugo de durazno. Te acabas todo, campeón. Te amo.

Le di un beso en la mejilla y salí del carro, inmediatamente un viento helado me caló la cara y fue como si viajará siete años atrás.

Había olvidado mi chaqueta en el auto de Edward y ahora moría del frío, estoy más que segura que en mi frente decía "Próximamente escultura de hielo", no me animaba para nada interrumpir a Edward que contaba su historia sobre como jugaba beisbol con su familia en un prado cerca de su casa, que más bien parecía mansión, sólo para decirle "Hey, soy lo bastante estúpida para olvidar mi chaqueta en el país más húmedo y frío de todo Estado Unidos ¿podemos regresar?"

—…entonces no sé de donde saco tales fuerzas Rose y golpeo fuertemente la pelota…casi sale del prado, pero por suerte logre alcanzarla y la tire en dirección a mi madre que la puso en el tapete antes de que Rose terminará la carrera. Rose puede ser la mejor bateando, pero no hay nadie más rápido que Edward Cullen…eso está científicamente comprobado—dijo metiendo sus manos a sus bolsillos.

Me encantaba como se emocionaba al recordar aquel deporte que le apasionaba tanto a ratos tenía la vista perdida y a ratos me observaba fijamente a los ojos, con sus ojos cristalinos y verdes como un par de esmeraldas.

Pues yo nunca he jugado beisbol y la verdad no pienso hacerlo, me encanta verlo en el televisor con Charlie, pero jugarlo es muy diferente, estamparía en el suelo antes de que dijeran "Bola"—dije lo último con más sarcasmo de lo permitido.

Edward soltó una carcajada ante mi comentario lo cual provoco una risita discreta de mi parte, no porque me pareciera gracioso, ya que el hecho de ser torpe y terminar en el suelo no me era muy grato, sino porque su risa era como campañillas de ángel.

Apuesto a que yo te podría mantenerte de pie, Ángel—Dijo tomándome por la cintura y colocándose enfrente de mí.

¿Acaso me había leído el pensamiento? Me sonroje al instante .

¿Ángel?—pregunte casi en un susurro, temía que al hablar me castañeara los dientes—No soy un Ángel.

Sí, tienes demasiada razón, no eres un ángel―dijo en un tono pausado y serio―Eres mi Ángel y eso es una gran diferencia.

Ninguno de los dos dijo nada más hasta llegar a la pequeña plaza que estaba en el centro de Port Angels para ofrecerme ir por un helado el cual, a pesar de estar muriendo congelada, acepte sonrojado. El pidió uno mediano de fresas con crema y yo uno pequeño de nuez. Al parecer la gente le aturdía, así que le propuse dar un paseo por el parque. MALA IDEA!, hacía el doble de frío que cuando entramos a la plaza y el helado no ayudaba mucho.

¿Te gusta tu helado, Ángel?―me pregunto besando mi oreja ¿Que no sabía hacer eso mientras caminaba era peligroso?

Me volteé y le di un pequeño beso y seguí caminando.

No soy Ángel―me arrepentí al instante de decir eso ya que mis dientes castañearon, quise solucionarlos susurrando―Si, está delicioso.

Me miro con ojos sospechosos y al instante se quitó su abrigo de aproximadamente 1000 dólares y me lo trato de poner ya que yo me apartaba cuando lo acercaba a mis hombros.

Bella, no seas necia y ponte el abrigo. Tienes frío―insistía tomando con una mano su helado y con la otra forcejeando con el abrigo .

No, en verdad que no tengo frío―trate de mentir pero mis dientes me traicionaron de nuevo.

Bella, no sabes mentir―rio como loco ―si fueras actriz morirías de hambre.

Si te hace feliz, ser actriz no entra en mis planes de profesión―dije aparentando estar enojada pero era imposible, eso hizo que soltara un bufido.

Hazlo por favor, por mí―Y me vio con ojos suplicantes de los que no me pude resistir, tome su abrigo caro y me lo puse de mala gana.

¿Contento señor Cullen?―dije molesta comiendo un trozo de nuez.

Vamos sonría mi futura señora Cullen―dijo metiéndome un dedo lleno de su helado en la boca.

Me pare en seco y puse los ojos como platos.

Soy alérgica a la fresa ―grite llevándome las manos a la garganta y tosiendo

Edward me tomó por el rostro y asustadísimo decía " Amor, perdóname, no sabía, lo siento, vamos al hospital!"

No pude más y solté la carcajada más grande de toda mi vida. Era tan gracioso.

Y decías que era una pésima actriz― dije riéndome y echando a andar de nuevo, por la calle oscura de la pequeña ciudad.

Después de medio segundo Edward reía junto a mí. El aire me pegaba en la nuca alborotándome los cabellos y llevándolos a mi rostro. Entonces sin pensarlo susurre "TE AMO" y me detuve, él siguió caminando y por verme no se dio cuenta de que el semáforo estaba en rojo. Lo jale lo antes posible y quedo frente a mí.

No sabes cuantas veces he soñado que me lo decías―acerco mi rostro a su rostro y me beso con más amor que otras veces, pego nuestras frentes y cuando termino el beso dijo―TE AMO mi Ángel.

Recordar con tanta lucidez aquellos momentos a su lado me resultaba sumamente doloroso. Me hacían sentir como un pedazo de papel roto tirado por ahí en alguna calle ya que siempre he recordado todo muy bien.

Sin darme cuenta llegue a la cálida recepción del hospital, salude a Jenna con un beso en la mejilla y le pregunte sobre sus pequeños; Emma y Patrick. Después seguí mi rumbo a mi cubículo, fuera de la oficina del director.

Esta mañana me había traído Jake al trabajo y había ido a dejar al niño porque le tuve que prestar mi auto a Embry, el día anterior su padre había enfermado y cuando eso sucedió él se encontraba en mi casa, Jacob lo había abandonado antes de irse a Seattle, su madre había hablado a mi casa y Embry salió a toda prisa en mi coche a su casa con la promesa de traerme hoy la pick-up.

Llegue a mi cubículo, deje mi bolsa en el escritorio y mi abrigo en el perchero, encendí la computadora. El informe sobre el nuevo director al fin estaba en mi escritorio, puse la cafetera y me senté a hojearlo.

Nada fuera de lo común 50 años, graduado con honores, 15 reconocimientos a lo largo de su carrera, proveniente de New York, casado, hijos, todo un profesional y bueno a todo esto ¿cuál era el nombre del doctor modelo del año?

La cafetera hizo ese sonido que tanto me molestaba cuando estuvo lista, me apresure a callarla de inmediato, me serví una taza y le puse 3 cucharadas de azúcar y fui de nuevo a sentarme pero esta vez algo había cambiado, al plano se había agregado algo más, más bien, se le había agregado alguien. Frente a mí se encontraba Carlisle Cullen con sonrisa amable y mirada relajada.

― ¿Qué hace aquí?―dije entre dientes, sentía el cuerpo rígido cómo una piedra.

― ¿Bella, como haz estado?― dijo amable y notablemente apenado, pero cuando notó que no tenía intención de contestarle respondió―Mi familia y yo hemos vuelto, soy el director de nuevo.

Me moría de ganas de saber si se refería a todos cuando decía familia. Deje la taza en mi escritorio y tome un archivo con los informes de cada uno del personal docente y se lo estiré.

― Bien doctor Cullen ahí tiene los informes, me tome la molestia de ordenarlos por aula y después por orden alfabético empezando por el apellido.

― ¿No vas a contestar mi pregunta Bella? ―dijo tomado el informe entre las manos y añadió―Sabes que me puedes decir Carlisle nada ha cambiado.

Cerré mis puños ¿Qué nada había cambiado? Me habían abandonado sin decirme una sola palabra, había tenido que ser madre soltera de un bebé de su hijo, había dejado mis estudios para trabajar, me había hundido en la depresión ¿y se atrevía a decir que nada había cambiado? Lo mire con desconcierto.

―He estado bien, gracias― espete entre dientes y en tono aún más frío añadí―Muchas cosas han cambiado y preferiría no me llamará por mi nombre de pila señor Cullen.

Ya sabes chiquillos…reviews :D