Sé muy bien que me tarde demasiado en actualizar, pero aquí he regresado con el final de esta épica historia. Advierto que este capítulo contiene mucho drama y puede que no sea el final que esperaban.

Summary: Él la abandona sin saber que está embarazada….siete años después vuelve, pero ella no será la persona más accesible del mundo.

Disclaimer: Desgraciadamente crepúsculo no es mío pero si de Meyer algún día cuando sea rica y poderosa los tendré y Meyer se morirá de la envidia Muajajajaja ntc

Bella Pov

Mis manos me sudaban y el vestido comenzaba a estorbarme, la ceremonia no tardaría en empezar y mis nervios estaban a flor de piel. Sentía el ataque de pánico muy cerca, quería encerrarme en el baño para ponerme a llorar como una pequeña niña. Al parecer todo tipo de emoción que hubiera estado guardando todos estos meses se había acumulado para el gran día.

—Alice, no sé si pueda con esto—en estos momentos agradecía el maquillaje contra el agua que me había aplicado la duendecilla en la mañana—. Creo que en cualquier momento tropezaré y arruinaré toda la ceremonia, incluyendo el vestido.

Tenía que reconocer que el esfuerzo de mi futura cuñada había resultado todo un éxito, estaba completamente segura de que no podría existir otro vestido que quedará tan bien con mi personalidad cómo el que traía puesto. El corte tipo sirena hacían resaltar mi cintura y mi cadera, el escote en V mostraba lo suficiente como para que mis pechos lucieran firmes y perfectamente redondos, y el velo en doble capa al unirse con el vestido me hacía parecer unos centímetros más alta de lo que normalmente lucía.

—Estoy segura que serás lo suficientemente precavida como para no lucir tan torpe el día más importante para una mujer—me retoco una vez más con polvo.

Era tan extraño sentir la sensación de euforia en mi estómago, la mayoría de veces que empezaba a llegar a mí simplemente la evadía para pensar en algún que deber doméstico, y ahora no tenía que pensar en nada. La salud de Eddie estaba excelente, Edward me había pedido que dejara de trabajar para hacerme cargo de los deberes de la cabaña, las cafeterías de mi futuro esposo iban mejor que nunca y la mayoría de mis sueños se había cumplido.

Al despejarme de todo esto no tenía más que pensar en Edward, en cada detalle que habíamos pasando tanto juntos como separados, cada obstáculo librado, cada error enmendado, cada caricia, cada palabra, cada momento desde aquel día en el que nos conocimos, nueve años antes.

Aquí estaba yo esta noche otra vez, riéndome de una manera forzada y fingiendo sonrisas cómo si me sintiera cómoda rodeada de tanta gente extraña y desconocida. Siempre era el mismo y solitario lugar, la cochera de Jessica. Aun no entendía porque seguía viniendo todas las noches, pero sin duda el hecho de que decirle no a la señorita Stanley era casi imposible.

Apenas tenía un mes de haber llegado al pueblo, Marzo mitad del semestre. La gente aún me miraba y preguntaba si era Isabella Swan, cómo si la piel pálida y las facciones en el rostro no delataran el parecido que tenía con mi madre. Supongo que casi todo el mundo la conocía aquí, la mayoría me decía que era hermosa o me contaban alguna historia vivida con ella, cómo si eso me interesara demasiado.

Me imaginaba estás paredes como si estuvieran hechas de inseguridad y falsedad, al concentrarme en las miradas de las personas a mi alrededor sólo podía distinguir deseo adolescente y soledad. Inspeccione cada rostro con el fin de hacerme a la idea de cuantas personas se encontraban en la misma habitación que yo, al cabo de una hora había memorizado por completo el rostro de cada individuo. Creí dominar todo el escenario hasta que lo vi al final de la habitación, recargado en una esquina con un vaso de ponche en la mano y discutiendo con una pequeña chica de cabellos negros y alborotados.

Él no me miraba así que sin sentirme culpable o incomoda pude observarlo detalladamente, ojos esmeralda, piel tan blanca como la del mármol – a su lado la mía no parecía tan rara-, aunque tenía los músculos discretos estaba perfectamente definidos y su cabello, cobrizo, se enredaba como un torbellino haciéndole lucir una belleza descomunal. Su mirada se detuvo rápidamente en mí y podía descifrar la interrogatoria "¿Nos conocemos?", pude vislumbrar su silueta al otro lado de la habitación acercándose a mí.

No te ves muy a gusto—su voz era como la de los mismos ángeles. Normalmente los chicos no me ponían de esa forma, trate de controlarme.

Creo que no soy la única ¿o sí?— ¿acaso era el único que notaba mi incomodidad?

Tomo un sorbo de su ponche y se encogió de hombros, un gesto que en lo personal me parecía ofensivo. Era cómo evadir, aunque en realidad era yo la que lo estaba evadiendo.

Al menos mi novia no me gritoneo en aquella esquina—le señale el lugar donde lo había visto con la chica de cabellos oscuros.

Por favor—comenzó a reír—, ella sólo es una hermana caprichosa que quiere quedarse un rato más aunque su hermano y su tapadera se muera del aburrimiento.

No sé si eso me dio más ánimos para seguir la conversación, pero tenía la extraña sensación de confortabilidad.

Bella—le estiré la mano en forma de saludo, la tomo y le dio un delicado beso. Sus labios se sentían calientes y carnosos en mi mano, era una sensación como la de un corto circuito.

Edward.

Toda la noche me la pase conversando con el chico misterioso, nunca había estado tan hipnotizada por una personalidad, pero la de él hacía que perdiera el control. Me hacía olvidar el respirar y el cómo mantenerme de pie, mi torpeza empeoraba a su lado y de la nada me había declarado tartamuda. Sin darme cuenta alguna la una de la madrugada llego rápidamente y tuve que despedirme de Edward.

Es una lástima que tengas que irte, ahora oficialmente moriré de aburrimiento—me susurro en el odio, la música estaba demasiado alta como para tener una conversación a una distancia prudente.

El turno de mi padre termina a las tres, quiero estar bañada y en cama cuando él llegue a casa—en realidad Charlie no sabía que las últimas tres noches me había pasado en casa de Jessica, escuchando su grupo de música.

Vamos te acompaño a tu auto, ya es muy tarde y sería una lástima que pasara el resto de la noche golpeando a estúpidos ebrios que quieran propasarse contigo.

Me puso su abrigo en los hombros, cosa que no me importo ya que el frío a estas horas estaba peor que nunca. Él camino fue silencioso, pero no incómodo.

¿Crees que el jefe Swan me recompensaría si le informo que su hija a estado saliendo a hurtadillas mientras el vigila la seguridad de su nación?—su mirada era penetrante, con la luz de los faros podía ver mejor la intensidad de sus apasionados ojos.

No te atreverías, Cullen— dije una vez que supe que me había descubierto.

Se colocó demasiado cerca de mí y mi corazón comenzó a saltar desbocadamente de mi pecho, la respiración era entrecortada. Me sentía hiperventilar.

¿Me estás retando, Ángel?—la profundidad de su voz y su aroma casi logran noquearme hasta que su palabras me trajeron de vuelta

¿Cómo fue que me dijiste?—no estaba segura de lo que había escuchado, la mirada en sus labios me desconcentraba.

Te dije lo que eres, un Ángel.

—Cuenta diez después de que yo entré por esa puerta y será tú turno para entrar con ella— escuche a lo lejos la voz de Alice, estaba tan aturdida que apenas podía ponerles atención.

—Claro, aunque temo que debo arrastrarla—Charlie me sacudió del brazo—, parece un cadáver.

—Pues ya sea arrastrándola, cargándola o aventándola la llevas al altar. A un lado de mi hermano—le contestó la duendecilla.

—Estoy bien papá, solamente no me dejes caer—mi garganta estaba seca.

No lograba concentrarme en algo preciso, ni siquiera en algún pensamiento. Era una sensación desconocida, cómo si mi mente estuviera desconectada y permaneciera flotando por el aire sin rumbo fijo. Lo cierto era que tenía miedo, un gran miedo.

Los últimos días Edward se había comportado lejano y desconocido, pero sólo conmigo porque con su hijo era como si nada hubiese pasado.

De repente una sensación conocida empezó a propagarse por todo mi pecho, desde mi corazón hasta mi estómago. Esa sensación era la misma que me había provocado el desmayo de mi pequeño hace casi un año atrás y fue lo que me hiso girar mi cabeza a todos lados para buscarlo. Entonces lo encontré y las voces empezaron a invadir mis oídos estrepitosamente.

—Carlisle, no está respirando….

—No tiene pulso….

La sensación que había sentido antes subió lentamente por mi garganta hasta llegar a lo más profundo de mi cabeza y sacudirme ferozmente provocando que una ola negra me acogiese para llevarme a lo más profundo del mismo infierno.

La sacudida que me provocaron dos manos de hierro hiso que logrará salir del infierno en el que me estaba quemando.

—Seguramente a ti se te cayó, maldita—escuchaba a lo lejos la voz feroz de Edward, mis pesadillas habían cobrado vida—. Por tu culpa mi hijo está muerto.

Las peores palabras que pudieron haber escuchado mis oídos habían cobrado vida, desequilibrada trate de zafarme de esas manos tan firmes y comencé a buscar a mi pequeño. Con trabajos pude recordar el cuarto donde había estado en todo su tratamiento, corrí esquivando a todo el que se me pusiera por delante. Cuando logre entrar al cuarto toda la vida se me vino abajo.

Al ver el cuerpo sin aliento de mi hijo sobre la cama me tire al suelo llorando, la respiración me fallaba y apenas era conciente de lo que hacía. Me arrastre por el suelo para llegar hasta la cama y lo tome entre mis brazos para besarle su rostro y después susurrarle al oído:

—Ven conmigo, cariño, volaremos lejos de aquí—le arrulle mientras mis manos acariciaban su congelado rostro—. Lejos de esta fría habitación y esté hospital gris desaparecerá. Tú has sido mis mejores siete años.

El camino a casa había sido demasiado lejano para procesarlo, sólo recuerdo el color verde y el leve sonido que provocaba la lluvia en la ventada de la patrulla de Charlie. Mi mente estaba ausente de mí, como si de alguna extraña forma yo solamente fuera un cuerpo andante con funciones motoras. Sólo eso, era peor que sentir dolor ya que no podía sentir nada y todo lo que alguna vez había considerado relevante me parecía absurdo.

Supongo que lo malo de vivir en un pequeño pueblo es que los chismes llegan más rápido de lo habitual así que para cuando llegamos a la cabaña del hospital, el porche ya estaba lleno de flores y arreglos de esos que son típicos en los funerales.

En esos momentos las ganas de salir volando de aquí con mi pequeño Eddie era lo único que interesaba, que más daba el sufrimientos de todos los demás. Nadie podría saber o tan siquiera llegar a sentir la milésima parte de lo que yo sufría, si es que se le puede llamar así, en aquellos momentos.

En el primer momento en el que toque la cabaña salí corriendo despavoridamente hacia la habitación de mi pequeño niño sin darme cuenta de mis actos, tome sus dos dinosaurios de juguete preferidos y en aquel preciso momento todo el dolor que había estado guardando al igual que los gritos y la agonía se apodero de mi para salir a la superficie.

— ¿Por qué?—grite mientras me tiraba al suelo pasándome los juguetes de Eddie por el rostro—Dios, devuélveme a mi hijo. Te doy mi vida por él, pero por favor tráelo a la vida.

Es triste saber que los mejores 7 años de tu vida han pasado con la muerte de un hermoso pequeño de ojos esmeralda. En verdad llegue a pensar que esto era un milagro, que dios me había concedido el milagro de conservar a mi hijo. ¿Pero que pasaba si el milagro había sido pasar un momento con él?

Vagamente escuchaba las condolencias de todos y cada uno de los invitados a la boda, algo trágico en lo que se había convertido el día que supuestamente sería el más feliz de mi vida. Sentía un brazo caliente a mi alrededor, no pude saber de quién era hasta que levante la vista y descubrí que se trataba de mi buen amigo Thomas. Al igual que los demás tenía ojos y nariz roja, era sorprendente cómo todos sólo se acercaban y decían un "Lo lamento". ¿Nadie sabía algo más que decir? ¿Qué se puede decir de un hermoso niño que ha muerto?

Edward no se dirigió ni un momento a mi lado, al menos esperaba que me diera un abrazo. Pero se la paso en una esquina apartado de todo el mundo y de vez en cuando lanzándome miradas furtivas desde esos ojos esmeraldas que ahora parecían asesinos.

Al igual que el funeral más días pasaron, me llevaron con cientos de psicólogos e intentaron terapias nuevas. Aunque por sus reacciones nada funciono. Ya me había acostumbrado a verlos traer cara airada y a ocultar las lágrimas de sus rostros, a pesar de que no había un sólo momento en el que yo no tuviera lágrimas en el mío.

Pronto tuve que ir a visitar al doctor, había perdido peso y color, tenía cardenales sin razón, ojeras demasiado remarcadas y pérdida de cabello. Al parecer la falta de comida y de sueño me había causado anemia. Me recetaron todo tipo de vitaminas y sueros, pero a pesar de todo eso mi apetito seguía disminuyendo y yo dejaba de intentar de sobrevivir.

Llegué a pensar en Charlie, pero después recordé que él tenía que vivir por Sue. Ella sabría cuidarlo y ayudarlo a superar el trauma de perder una hija, sería duro para él aunque no imposible.

No había oído hablar de Edward ni una sola vez ni mucho menos verlo. Su familia iba a visitarme a la casa algunas veces por mes y nunca faltaban al cementerio cuando se cumplía un mes más de esté martirio. En cambio Edward, lo hacía.

Yo sabía bien que aún seguía en Forks, había visto su carro pasar rumbo al hospital varias veces, pero también sabía que nunca me volvería a buscar y que yo tampoco lo buscaría. Aunque tal vez él tuviera razón al pensar que la muerte de Eddie había sido culpa mía, debí haber sido mucho más cuidadosa con él.

No noté el momento en el que cayo y se golpeó ligeramente la cabeza, causándose un coagulo de sangre en el cerebro, el cual fue directo a su corazón impidiendo el bombeo de más sangre al resto del cuerpo y forzando a que su pequeño corazón se detuviera. Nada se pudo hacer.

—¿Crees que si venga la haría comer un poco?—Escuche la voz preocupada de Charlie susurrar en la cocina—En esté mes ha perdido más de 7 kilos.

—Tal vez— era la voz vacilante de Alice—, pero la verdad es que él no quiere verla.

Baje los escalones sigilosamente para que no notaran mi presencia e interrumpieran su discreta charla.

—Maldito hijo de…— mi padre hizo una pausa para después decir torpemente—Lo siento Esme, tú no tienes la culpa de las cosas que haga tú hijo.

—Descuida, Charlie— Era la voz amable de Esme—Mi hijo está cometiendo nuevamente errores grandes y este medio año que ha transcurrido tampoco ha sido fácil para él. Aunque eso no es pretexto para la atrocidades que está haciendo.

— ¿Cuánto es que pesa Bella ahora? —Se escucho la voz de Carlisle.

—Casi 30 kilos,—La angustia era notable en el tono de voz de Charlie—El mes pasado pesaba 36, el antepasado 39 y así ha ido estos meses, 43, 47 50. Me preocupa el resultado del mes siguiente.

Miré mis manos y mi abdomen debajo de mi sudadera gastada, era cierto. La piel estaba pegada al hueso y en vez de mi color habitual albino, tenía un extraño color verduzco con algunos cardonales tenues. Al principio mi apariencia me causo una gran impresión, pero después lo solucione con el pensamiento de no volver a mirarme el cuerpo directamente.

Harta de escuchar lo deprimente que era mi situación, tanto física como sentimental, decidí subir a darme un relajante baño de burbujas en la bañera. Por alguna razón estar dentro del agua tibia con los ojos cerrados y completamente relajada, me hacía sentir como si nada hubiese sucedido. Cómo si por primera vez después de varios meses el hueco de mi pecho pudiera al menos taparse.

Está vez puse el agua más caliente de lo debido y decidí no ponerle pestillo a la puerta, tomé una pastilla tranquilizante, retiré la bata mi cuerpo desnudo y me sumergí en la tina. Pero algo había cambiado en mí, cansada de estar triste, de estar enfadada con la vida, de cargar con el propio peso de mi cuerpo cerré los ojos para no abrirlos jamás.


Cuando el dejo de llevarle sus flores favoritas y ella de escribirle poemas todo se desmoronó. Lo que un día fue el amor más puro que la tierra pudo haber creado, en amargura y odio se convirtió. Durante mucho tiempo ella quiso volver el tiempo atrás, a aquellos días en los que su familia estaba junta, aquellos días de placer y amor.

Ahora las cosas ya no se pueden ver igual, todo fue cubierto por una luna fría, por el mar bravo y letífero de olvido que solía ser de un azul igual que el cielo. Las estrellas brillan, la luna los congelo y su ángel sufre.

Al pasar los años él se olvidó de todo aquello que sintió y prometió cuando la conoció. Se alejó de ella sin darse cuenta que la necesitaba más que a nada en el mundo, deseo su muerte y la odio hasta los huesos. Al pasar mes tras mes no sintió alivio alguno odiándola, cada mañana que pasaba frente a su casa sus decisiones flaqueaban y los deseos de verla incrementaban.

El mismo día que decidió deshacerse de todo aquel mal que corría por sus venas e ir por su amada, la encontró en una bañera inconsciente, se acercó con el temor en la piel. Toco su cuerpo frío, entonces supo que la tristeza la mató.

Ahora él camina por el césped, cabizbajo, ebrio y llorando. En una mano lleva las flores que solían ser las favoritas de ella y en la otra el primer poema que escribió cuando la conoció.

Se acerca a la tumba más lejana y más fría del lugar, arrodillándose comienza a llorar su dolor. Aquel de perder a todos tus seres más amados, aquel de la decepción, aquel del dolor. Ahora es él aquel que solamente quiere regresar el tiempo que ha pasado para poder perderse así en la dulzura de su voz.

Se los dije, no es lo que esperaban o ¿sí?

Perdonen por el final, pero quería ser algo más cruda. A veces una se cansa de escribir finales felices para todo porque siempre son tan predecibles, además no estaba de ánimo para darle a nuestros personajes favoritos esa felicidad de la cual no está presente en este momento.

Espero sus Reviews, tal vez y me anime a hacerle otro final, uno feliz o un Edward Pov, para que sepan que ocurrió desde su punto de vista. No es nada seguro, pero dejen sus opiniones al respecto.