Otro día más, nuevamente inmerso en esta oscura soledad, me pregunto cuanto tiempo tiene desde que me quede despertó, aquella niña que me acepto como su humilde sirviente, desde aquel día que le jure mi lealtad, Sir Integra Fairbrook Wingates Hellsing, me pregunto cuantas veces la eh obligado a tomar las muertes en sus manos, tan solo soy un perro para ella, ella es el ama y yo su mascota.

Llevo desde que ella me despertó recibiendo sus ordenes, mi condesa, mi ama, yo soy el conde, pero ella es la condesa que deseo proteger, esto será lo que llaman sentimientos, verle dormir, verla enojarse o tratar de defender a sus súbditos, cuantas veces no eh visto la preocupación en su rostro. Nuevamente le puedo ver, cada día que pasa mi corazón muerto late mas por ella, el simple hecho de recordar, odio los sentimientos humanos albergados en mi, nuevamente camino por los pasillos vacios de la mansión, la única que permanece despierta es Victoria, mas ella está ocupada en otras cosas.

Eh llegado, la puerta que me separa de ella, atravesarla o tocarla, que debería hacer, solo quiero que me mire con esos ojos azules, su mirada fría e insípida, que no me demuestra ninguna reacción al verme, mas aun así quiero que me mire. La sangre de una virgen, cuantas veces le preguntare que si desea que le convierta, mas se que lo único que obtendré por respuesta es un no, nuevamente, toque despacio a su puerta, puedo escuchar las palpitaciones de su corazón, se acerca, que debería decir, ella a abierto la puerta, mi mirada se posa en la suya, le sonrío, parece sorprendía, le eh preguntado si puedo pasar, ella asintió, se acerco a su buro, tomo su porta puros sacando uno de este, lo ah encendido, el aroma al puro ah invadido la habitación.

Claro que eso no me molesta, me acerque a ella, le quite el puro de la mano colocándolo sobre el cenicero, ella me miro fríamente y me grito, ¿Qué demonios haces Alucardo?, tan solo le respondí con una sonrisa, pose mis labios sobre los de ella, pude sentir la mirada de Victoria, mas le ordene que se fuera, ella lo hizo, ahora estábamos solos ella y yo, trataba de empujarme, mas le abrase, eso no le permitiría alejarme, le recosté lentamente en la cama, retire lentamente los botones de su blusa, ella tan solo me miraba con su mirada fría, su sonrojo parecía carbones encendidos en el, continúe con mis actos hasta tomar la virginidad de mi maestra, ella gemía entre placer y gritos de enojo, mas aun así me correspondía.

Al día siguiente todo volvió a ser como antes, pero podía mirar en su rostro una diferencia, cada vez que ella me miraba su sonrojo aparecía, no sabía cómo corresponder así que solo sonreía para ella, después de todo ella era mi ama, y yo solo su perro, su perro de caza, solo Victoria Celas sabia de mi pecado cometido.