Bella

—Ya deberíamos darles la noticia —susurré a Edward. Hacía mucho tiempo que veníamos meditando sobre el asunto, sabíamos que sería difícil, pero también sabíamos que debía hacerse. El vínculo con nuestra hija se debilitaba cada vez más. Si terminaba por romperse ya no podríamos vivir tranquilos, no sabiendo que ya no nos quería.

—Sí, tienes razón. —me respondió, con la mirada ida— Aunque no van a tomarlo bien, Alice lo vio.

Nos dirigimos hacía la casa en donde Renesmee y Jacob recibirían la noticia. Alice nos esperaba en la entrada con aspecto preocupado y el resto de la familia ignoraba la escena que iba a realizarse.

—Renesmee, Jacob —los llamó Edward al entrar en la sala. Renesmee paró de colorear y alzó la mirada hacía su padre, Jacob se enderezó en su asiento y nos observó con cautela—. Con Bella hemos decidido tomarnos unas vacaciones familiares.

— ¿Adónde iremos? —preguntó Renesmee con una sonrisa en su rostro, hasta ahora lo estaba tomando bien. Jacob se relajó de nuevo.

—Eso lo hablaremos luego. —agregué. Miré a Edward esperando a que este soltara la "bomba".

—El asunto es que iremos los tres solos —aclaró Edward, observando con seriedad a Jacob.

—¿Bella se quedará?—preguntó este haciéndose el tonto.

—No, tú lo harás —le volvió a aclarar Edward. Renesmee frunció el ceño y corrió hacía Jacob, abrazándolo con fuerza.

—¡Yo no me voy! —exclamó la pequeña abrazándolo aún más fuerte—. Yo quiero a mi Jacob —sollozó, enterrando su rostro en el pecho de este.

—Por favor bebé —le dije tratando de desprenderla—. Son sólo unos días, no es para tanto —traté de consolarla.

—¿Por qué Jake no puede venir? —nos preguntó, mirándonos con ojos llorosos.

—Eso quisiera saber yo —gruñó él.

—Nessie, estás con él todo el día. —le reprochó Edward, ignorando el comentario de Jake— Lo justo sería que estés unos días a solas con nosotros.

—¡Que no voy! —Gritó la pequeña dando una patada al sillón de la sala.

—Renesmee Carlie Cullen —comenzó Edward, irritado— ¿Qué ocurre con tus modales? No debes patear el sillón de Esme, y mucho menos gritarle así a tus padres. —la regañó. La pequeña estaba a punto de largarse a llorar, pues era la primera vez que alguien la retaba y le negaba algo. Jacob miró desafiante a Edward, pero este volvió a ignorarlo.

Sabía que sería difícil despegarlos, así que me había encargado de idear un plan de respaldo. Sonreí en mi interior y caminé hacia mi hija.

—Está bien cariño, si no quieres ir no vallas —mentí, inclinándome hacía ella. Luego salí afuera, indicándole a Edward que me siguiera. Nos encaminamos al garaje, donde comenzaba mi plan.

Estuvimos unas dos horas discutiendo los últimos detalles. Mi idea no era muy sensata, más era lo único que teníamos, y debíamos ser rápidos para que funcionara. Sentimos unos pasos acercarse y nos volvimos a la casa, encontrándonos con Jacob.

—Deberían saber que no pueden separarnos. —Amenazó— No sé qué es lo que quieren lograr al intentarlo, pero desde ya les aviso que no se los permitiré— Dicho esto entró al hogar, y le seguimos con rapidez. Edward apretaba los puños y fulminaba con sus ojos dorados la nuca del moreno. Vaya uno a saber lo que pensaba este último para causar tal reacción.

Me irritaba que se metiera tanto en nuestras vidas, odiaba que se hubiera imprimado en Renesmee. Lo único que le pedíamos luego de años soportándolo era un pequeño tiempo para convivir en paz con nuestra hija, y aun así dificultaba todo. Iba a llevármela para establecer límites entre él y nosotros. Límites que deberíamos haber puesto mucho antes de que ella naciera.

Renesmee dormía plácidamente en los brazos de Rosalie mientras el idiota la cuidaba de lejos. Admito que estaba a punto de perder el control y golpearlo.

—Rosalie ¿Podrías acostarla? —le pedí, apoyándome en el brazo del sillón.

—Claro Bells —respondió con una sonrisa. Llevó a la pequeña con suavidad, acariciando sus rizos con ternura. No era ningún secreto que adoraba cuidarla.

Jacob salió afuera por un rato mientras Rosalie subía las escaleras, y Edward lo siguió. Debía ir a por el Volvo mientras yo recogía a Renesmee. Las maletas ya se encontraban en el baúl, las habíamos preparado con anticipación.

Salí fuera de la casa para poder distraer a Jacob, pero este ya no se encontraba ahí. Detrás de mí un enorme lobo entró a la casa, di la vuelta y entré junto a él para ver qué hacía. Subió las escaleras y pude oír cómo se acomodaba en la puerta de la habitación de Renesmee, cortando así todas las maneras de entrar, pues la ventana se encontraba cerrada bajo llave. Por supuesto eso no nos detendría, el problema era que el ruido la despertaría.

Esperamos una hora hasta que Jacob se durmió. Evitaba hacerlo, aunque su sueño era delatado cada vez que ladeaba la cabeza, casi dormido. La noche anterior Renesmee había tenido pesadillas y él no descansó por quedarse a su lado. También estábamos Edward y yo, pero sólo sobrábamos en la escena. Esto ya era costumbre, y fue una de las causas que impulsaron el viaje.

Cuando al fin se dio por vencido subí con delicadeza. Pasé por encima de su lomo y abrí la puerta con mucho cuidado y rapidez. Saqué a mi niña de la cama, y, luego de destrabar la ventana, salté con ella dormida en mis brazos. Mala idea. Jacob se despertó y al ver la puerta abierta corrió con sus cuatro patas escaleras abajo. Me apresuré y corrí a toda velocidad hacía el Volvo. Acomodé a Renesmee en el asiento de atrás (Edward había puesto una manta y una almohada) y volví la vista hacía adelante, viendo como un enorme lobo se aproximaba a toda velocidad.

—¡Arranca! —le grité a Edward, más el Volvo no se movió. Vi el indicador del combustible y deseé darle una buena golpiza. —¡¿Cómo no le cargaste nafta?!— reproché.

—Shhh—Me indicó él, señalando a Renesmee removiéndose en el asiento, media dormida aún. Bajó del auto a velocidad vampírica y la tomó en brazos. Acto seguido corrió hacia el garaje en dirección a mi Ferrari. Le seguí mientras veía como Jacob se encontraba a metros de nosotros. Gracias a Dios Edward tuvo en cuenta su posible reacción y aparcó el auto lejos de la casa.

Al llegar al garaje me subí al asiento del conductor y en cuestión de segundos estábamos en la calle. Sin embargo la distancia de Jacob se acortaba.

—¡Nos está siguiendo!—grité en susurros.

—Ya lo sé, ¡acelera!—me respondió Edward del mismo modo. Miré hacia atrás para comprobar la proximidad del lobo, y me quedé sorprendida.

—Pero… ¿qué?— dije dudando y verifiqué si lo que veía era cierto; Jacob había desaparecido.

—¡Bella!, ¡Mira hacia adelante por el amor de Dios! —me gritó Edward. Le obedecí y vi como casi nos estampábamos con un árbol. Doblé justo a tiempo para evitarlo.

—Shhh—le regañé sarcásticamente, él me fulminó con la mirada.

Con asombro contemplé que Renesmee seguía dormida. Vaya que tiene el sueño pesado, pensé, anonadada. Volví a mirar hacia delante y vi a Jacob parado en el pavimento en posición desafiante. Gruñendo nos saltó encima y lo único que pudimos ver fue a un lobo desgarrando el capó. Viré hacía un anuncio publicitario y Jacob voló por los aires.

—¡Lo siento Jake! —grité por la ventana en dirección a dónde creía haberlo visto aterrizar. Edward me golpeó en el brazo con suavidad, haciéndome recordar que teníamos una niña dormida con nosotros. A lo lejos se escuchó un lastimero aullido.

—Al fin lo perdimos—suspiré aliviada, pero mi alivio no duró mucho ya que Renesmee se estaba despertando. Bostezó y nos sonrió, más su sonrisa se borró en cuanto vio donde se encontraba.

—¿Dónde está Jake? —preguntó al borde de las lágrimas, pues estaba acostumbrada a verlo apenas despertaba.

Edward y yo intercambiamos miradas nerviosas.