Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es Lissa Bryan, yo sólo traduzco.

Gracias a Isa por revisar y corregir este capítulo.


Diosa Oscura

Por Lissa Bryan

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Epílogo

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Seis meses después…

—Edward, amigo, tu corbata está chueca. —Jacob frunció el ceño ligeramente mientras se la ajustaba. Bajó la vista y sonrió cuando notó que los calcetines de Edward no eran par. Edward ya no era daltónico, pero seguía distrayéndose cuando su cerebro estaba concentrado en la física. Incluso ahora, Edward tenía esa mirada ligeramente vacía en sus ojos, lo cual le dijo a Jacob que él estaba en alguna tangente mental, probablemente su cerebro estaba revolviéndose en torno a ecuaciones o formulas.

—Listo. —Jacob retrocedió un paso para ver los resultados y quitó un hilo errante de la manga del esmoquin de Edward. En su solapa había una flor de seda hecha por Alice; los elfos se opusieron con vehemencia a la idea de matar flores para usarlas de adorno, y los humanos se negaron a usar flores con las raíces todavía pegadas para poder ser replantadas.

Cuando Nessa insistió que quería flores para su boda, los elfos se habían ofrecido a decorar por ella. Nessa siempre había soñado en tener su boda en una hermosa iglesia, pero ninguno de ellos era miembro de una congregación, así que tuvieron que encontrar una catedral abandonada en Detroit. Terminó siendo lo mejor, pensó Jacob, porque a nadie le molestaban los árboles de cerezo y magnolias que habían salido del piso para alinearse en el pasillo central, o las ramas adornadas con exuberantes rosas que cubrían las paredes. Incluso habían puesto una alfombra de pasto que creía en el piso, lleno de pequeñas violetas moradas. Ya que tenían que hacer la boda durante la noche para acomodar a sus invitados nocturnos, cientos de velas iluminaban la habitación.

Los elfos fueron lo suficientemente considerados para decorar dos vestidores para el novio y la novia. El vestidor de Jacob tenía asientos hechos de madera que se había tejido por sí solo para crear muebles. Los elfos no hacían nada que fuera simple o utilitario. No, esas eran obras de arte, la madera se curvaba y torcía en elaborados diseños. Era algo extraño sentarse en una silla y darte cuenta de que seguía viva. Jacob tenía horribles visiones de esas cosas atrapándolo y se había negado a ponerse cómodo.

Jasper no tenía tales reparos. Estaba descansando en uno de los asientos, leyendo una revista People y bebiendo YooHoo. Él y Alice se habían casado hace unos meses y Jacob tenía que admitir que Jasper había resultado ser un buen esposo para la hermanita de él y Emmett. Jasper seguía trabajando en la universidad, pero lo habían promovido a jefe del departamento de mantenimiento. Él y Alice nunca serían ricos, pero era un trabajo estable que pagaba por la hipoteca de la pequeña casa que habían comprado, y les proporcionaba seguro médico a Alice y los niños.

Alice había conseguido un trabajo más estable cantando villancicos para comerciales. Nunca sería una súper estrella, pero de todas formas no quería eso. Finalmente había descubierto lo que quería en su vida, y eso era ser feliz con su esposo y criar a sus hijos. Tanto ella como Jasper todavía tenían mucho por madurar, pero estaban trabajando juntos en ello con una terapeuta.

Edward estaba murmurando algo sobre "leptón isospín doblete", Jacob ya ni estaba seguro de que fuera inglés, y caminaba de un lado a otro mientras se pasaba las manos repetidamente por el cabello. Jacob sacó sin decir palabra alguna una libreta que había empacado en su mochila para esta misma razón y se la dio. Edward la agarró con una sonrisa de agradecimiento y comenzó a garabatear, su lápiz se movía a través de la página con tanta velocidad que no era más que un borrón. Un lápiz, no una pluma, ya que Edward todavía no tenía un control perfecto sobre su fuerza y aplastaba sus plumas cuando estaba concentrado. Usualmente sus manos estaban manchadas de azul como resultado de eso.

Edward cambiaba rápidamente de página mientras las iba llenando con ecuaciones y lo que parecía ser representaciones de moléculas rodeadas de letras griegas. Jacob sonrió y se giró hacia el espejo para ajustarse su propia corbata. La súper velocidad de los vampiros había sido muy útil para conseguir poner las ideas de Edward en papel antes de que su cerebro avanzara a la siguiente idea.

La universidad no había ni pestañeado ante el nuevo horario nocturno de Edward, probablemente porque el trabajo que producía era incluso más remarcable que antes. Su mente era más clara, le había dicho Edward a Jacob, y era mejor para detectar las conexiones entre conceptos aparentemente inconexos.

Él estaba trabajando en una nueva teoría de la física, una que podría terminar tirando a la Teoría de Cuerdas de su pedestal. Todavía seguía en las primeras etapas, pero la palabra se estaba regando mientras que su trabajo era comentado en los círculos científicos. Rose intentó explicarle a Jacob que parecía posible que Edward podría estar en camino a producir la escurridiza Teoría de la Gran Unificación, una sola teoría que explicaría todas las extrañas y maravillosas peculiaridades en el mundo de la física.

Una de las primeras cosas que Edward había hecho fue borrar los recuerdos de Jacob que tenía Jessica, y su plan con Lauren y Tanya. Jessica ahora recordaba a Jacob como un nerd aburrido y su relación con Alice como una cita casual. Ella iba a graduarse en el verano. Todos exhalarían un suspiro de alivio cuando se fuera.

El raspar del lápiz de Edward se detuvo abruptamente. Edward parpadeó y sus ojos se enfocaron cuando se encontró con la mirada de Jacob en el espejo.

—¿Dónde está Bella? —preguntó.

Jacob se encogió de hombros.

—Probablemente haciendo sus mierdas de reina de los elfos. Abrazando árboles o dándoles algún título importante a los conejos. No te preocupes. Estará aquí.

Bella se había adaptado bien a sus obligaciones como Reina de los Elfos, y más que nada, los elfos parecían felices de verdad con su reinado, aunque nadie hubiera imaginado nunca que estarían contentos de seguir a un vampiro. En lugar del éxodo lento y triste de los elfos al Alter Mundo, ahora los elfos estaban regresando a esta dimensión. Bella, con su gabinete de miembros seleccionado personalmente, los mandó en grupos para "asentarse" por todo el mundo y revivir las antiguas colinas de elfos. Y mientras iban regresando más de ellos, el poder de los elfos crecía una vez más hacia lo que alguna vez había sido.

Los ecologistas estaban sorprendidos al ver terrenos industriales abandonados comenzar a florecer una vez más. En los ríos, la población de peces comenzaban a recuperarse mientras que los niveles de contaminación bajaban inexplicablemente. Tomaría tiempo; los elfos tenían un trabajo de cientos de años delante de ellos. Pero parecía que podían ayudar al planeta a recuperarse del daño ahora que su concentración y energía estaban dirigidos a "hacer flores" como Bella les había ordenado, en lugar de esperar al día en que los humanos fueran diezmados. Todo lo que necesitaban era un líder que los encaminara en la dirección apropiada. Los elfos estaban felices de hacer lo que la naturaleza les había encargado hacer.

Y Jacob también estaba haciendo de nuevo lo que se suponía debía hacer. Edward la patrocinaba excavaciones y pagaba las exorbitantes cuotas de seguros (y a veces sobornos para asegurar los permisos.) Jacob se había quejado del gasto hasta que Edward le explicó que quería gastar su dinero en cosas que contribuyeran a la suma del conocimiento humano. Y no es como si le fuera a faltar, dijo con un encogimiento de hombros. Ya tenía más dinero del que podría gastar en múltiples vidas, y los vampiros tenían mucho tiempo para ver las inversiones a largo plazo dar frutos. Hasta ahora Jacob no había hecho ningún maravilloso descubrimiento como el templo en Catalupa y sus investigaciones eran repudiados por el mundo académico, pero Jacob estaba contento con que, eventualmente, serían aceptados, incluso si eso no pasaba en su vida. Edward se aseguraría de que su trabajo no se perdiera.

Nessa había resultado ser una entusiasta pareja de excavaciones y asistente. No se quejaba por el calor, bichos o el agotador trabajo que había producido sólo unos pedazos de cerámica, y mantenía las notas y archivos de Jacob tan bien organizados que él no sabía cómo es que había estado funcionando sin ella. Quizás era su naturaleza de dayman lo que la hacía adaptarse lo que necesitaban aquellos que la rodeaban, pero él creía que era el amor que sentía por él lo que la hacía ser la mejor pareja que un hombre pudiera desear tener.

Nessa no había conocido a su vampiro y tranquilamente había dado de baja su nombre de la base de datos. Jacob se había opuesto porque recordaba lo que había escuchado sobre los daymen sintiendo siempre un doloroso vacío hasta que encontraban a su vampiro, pero Nessa había sacudido la cabeza con una sonrisa mientras lo abrazaba.

—No me falta nada en la vida. Tengo todo lo que necesito justo aquí para hacerme perfectamente feliz.

Jacob seguía sin estar seguro de ser suficientemente bueno para hacerla feliz, pero iba a morir intentándolo. Sonrió a su reflejo. Quizás era tiempo para que volviera a leer esas novelas de romance de nuevo.

La puerta se abrió y Bella entró. Edward soltó su libreta y sus ojos se abrieron como platos al mirar la visión de belleza frente a él.

Los elfos tenían ideas muy firmes sobre cómo debería verse su reina, y es por eso que Bella siempre estaba elaboradamente peinada, espectacularmente vestida y acentuada con un perfecto maquillaje de modelo. Afortunadamente para ella, las hadas eran las que la acicalaban con su sutil magia, usando hechizos para ondear al instante su cabello en intrincados diseños o cambiar su ropa en un parpadeo.

Por alguna razón, las hadas adoraban a Bella, y la seguían en forma de pequeñas nubes brillantes. Como humano, Jacob sólo captaba ocasionales vistazos de ellas por el rabillo del ojo, un pequeño destello de oro que se desvanecía en cuanto intentaba mirarlo directamente, pero Edward sí podía verlas y decía que el aire alrededor de Bella siempre brillaba con sus luces.

Todas las hadas querían vestir a su reina y peinarle el cabello, así que habían decidido turnarse. Pero, las hadas no tenían muy claro el concepto del tiempo, y cada turno variaba en longitud, desde horas hasta sólo momentos. Cada vez que salía, Bella tenía que ordenarles estrictamente que no cambiaran su apariencia hasta que ella dijera que era permitido hacerlo de nuevo.

Actualmente Bella llevaba un vestido rosa que parecía haber sido diseñado para El Señor de los Anillos. Al parecer la película había acertado en eso: parecía que la moda de los elfos no se había actualizado desde la Edad Media. Llevaba una tiara cristalina que lanzaba prismas del arcoíris cuando captaba la luz. Jacob le había preguntado por eso, porque a él le parecía que era vidrio, pero le dijeron que en realidad era algo llamado madera de dalla, la cual crecía en el Alter Mundo. Árboles de cristal. Jacob sacudió la cabeza. Una locura.

Bella llevaba con ella dos elfos de guardia, otra cosa en la que insistieron los nuevos súbditos de Bella. Uno era una criatura alta y callada con cabello blanco, y la otra era la elfa de cabello rosa que había sanado a Jacob. Su nombre era Petal, y cuando Bella había querido recompensarla por su amabilidad, la posición de ser guardia de Bella fue lo que Petal pidió. Los otros elfos habían objetado, querían que Bella estuviera cuidada por un segundo guerrero, no una sanadora, pero Bella se había negado a ceder. Petal y Jacob intercambiaron sonrisas. Ella le agradaba. Era una buenísima jugadora de póker.

—Nessa dice lista —dijo Bella.

Edward salió de su embrujo y se acercó para tomar a Bella en sus brazos. Miró a los ojos de Bella, indefensamente embelesado. Jacob se preguntó si él se veía así de tonto cuando miraba la cara de Nessa. Eso esperaba. Edward y Bella eran prueba de que una apasionada adoración podía durar y él esperaba completamente mirar un día a Nessa, con sus ojos cafés rodeados de arrugas y cabello gris, y todavía quedarse sin palabras por su hermosura y el poder absoluto de la emoción que se hinchaba en él cuando ella sonreía.

—Despertaré a Emmett —dijo Jacob y se dirigió a la parte trasera de la habitación donde estaba su hermano acostado en un pedazo de suave pasto; se tapaba los ojos con un brazo y estaba roncando. Todo lo que dijo sobre por qué estaba tan cansado fue que Rose lo había mantenido despierto hasta tarde, pero la sonrisita soñadora que acompañó sus palabras explicó todo. La boda de Rose y Emmett estaba planeada para el otoño.

Jacob había tenido razón sobre lo enojada que estaría Rosalie cuando descubriera después de la batalla que los habían dejado intencionalmente a ella y a Emmett fuera de eso. La primera vez que vio a Jacob luego de que todo pasó, le había pegado en el estómago y luego lo había agarrado en un fuerte y lloroso abrazo. Cuando finalmente dejó de llorar lo suficiente para hablar, Rose lo llamó con unos cuantos nombres y luego le dijo:

—No somos elfos, así que no puedo sacarte un juramento para no volver a hacerlo, pero te juro que si nos vuelven a dejar atrás de esa manera, yo misma te mataré.

Emmett se sentó somnoliento cuando Jacob lo movió con la punta del pie.

—¿Hora de la boda? —preguntó.

—Ya casi. Tenemos que a ir a nuestros lugares ya. —Jacob ayudó a Emmett a ponerse de pie y le limpió el esmoquin.

—¿Estás listo para esto, hermano? —preguntó Emmett.

—Creo que he estado listo toda mi vida —dijo Jacob—. Sólo que no lo sabía.

Emmett le dio una palmada en el hombro. Salieron juntos por la puerta.

—¿Su majestad? —les dijo Petal a la reina y a su señor, que seguían extasiados el uno con el otro—. ¿Sir? ¿Su majestad?

Jacob y Emmett intercambiaron una mirada y luego se rieron. En el pasillo, esperándolos, estaba Victoria. Como siempre, vestía una camiseta de su difunto esposo con un vestido formal azul oscuro sobre ella. En realidad la combinación se veía bastante bien, en la opinión de Jacob, pero él podía imaginar lo mucho que tuvo que discutir con Esme por eso. Y con Bella, pensándolo bien, por usar el color tabú.

Entre sus brillantes ondas rojas, Victoria llevaba la corona de los vampiros, hecha de rubíes rojo sangre —por supuesto— y ónix. Había algunos que todavía se negaban a aceptar su reinado, insistiendo que Bella era su verdadera reina, pero Bella ignoraba sus apelaciones y decía "¡Hacer lo que Vickra dice!" (El inglés de Bella seguía siendo imperfecto luego de todo este tiempo porque ella se comunicaba primariamente en Quechua y dejaba que Edward tradujera por ella a los varios lenguajes utilizados por los elfos.) Victoria se sentó tranquilamente en la parte de atrás, entre los elfos acomodados en una colina con pasto que había sido creada en una pila de escombros de la catedral. Ignoró las miradas curiosas de los elfos que se preguntaban por qué ella elegiría un lugar entre ellos. Pero Jacob entendía. Tenía que doler ver tanta felicidad cuando ella había perdido a su pareja. Aún así había venido por el bien de Nessa y él lo apreciaba.

Jacob y Emmett se dirigieron al altar, atravesando el bosque encantado que los elfos habían creado en las elegantes ruinas de la catedral. Habían muchos de ellos presentes, sentados en los asientos de madera que habían sido creados para ocupado el lugar de las bancas rotas; estaban curiosos por ver una boda humana y por los amigos de Nessa, los vampiros y daymen, que ocuparon su lugar en los asientos o en el pasto. Algunos vampiros se subieron a los árboles junto a los elfos y se pusieron cómodos.

Por el rabillo del ojo, Jacob vio a Rose acercarse para tomar el brazo de Emmett y guiarlo a uno de los asientos. Se sentaron juntos con las manos unidas. Jacob tuvo una visión de ellos, ancianos y en paz, sentados así en un columpio en el porche, mirando juntos el atardecer.

Paul y Angela estaban sentados junto a ellos con las manos agarradas. Todavía no estaban comprometidos, pero Edward tenía la sensación de que pasaría pronto, si la forma en que Paul miraba a Angela con ojos de adoración era indicación alguna. Felix ocupaba la banca detrás de ellos, sonriendo con tanto orgullo y amor que pensarías que él era el padre de alguno de los novios. Alice y Jasper estaban a su izquierda, ella acurrucada junto a su esposo.

Esme estaba sentada en primera fila. Había volado desde Paris, donde vivía ahora. Edward dijo que estaba saliendo con un francés dueño de unos viñedos, y él estaba absolutamente feliz al pensar que su madre podría encontrar la felicidad de nuevo. Ella le sonrió a Jacob, una sonrisa sincera y de corazón, y cuando él le ofreció su mano, ella la usó para jalarlo a un abrazo. Cuando él la soltó, ella tenía lágrimas en los ojos y comenzó a decir algo. Él sabía lo que era y no era necesario.

—Está bien.

Esme se mordió el labio, luego asintió.

—Me alegra que estés aquí —le dijo él.

Ella respondió abrazándolo de nuevo. Él se apartó cuando escuchó la música comenzar: los tonos suaves y misteriosos de las flautas de los elfos, que eran tocados por un trío que estaba acomodado en los árboles junto al altar. Las puertas de la parte trasera de la capilla se abrieron y Nessa cruzó por ellas. Jacob suspiró y sintió que su rostro se estiraba en una sonrisa. La mujer más preciosa del mundo iba caminando por el pasillo y, sorprendentemente, él era hacia quien ella iba dirigida.

Nessa parecía haber sido arreglada por las hadas, y él se preguntó si había sido por voluntad propia ya que su cabello era completamente diferente al que había usado en la cena de ensayo. Sus rizos castaños le caían por los hombros, trenzados en un complicado diseño, sostenidos por un par de peinetas de perlas. Llevaba un vestido blanco de encaje con cintura estilo imperio y una pequeña cola. Las mangas eran acampanadas, se movían alrededor de sus delgadas muñecas, y al acercarse al altar, él notó que sus pies iban descalzos sobre el pasto. Sonrió aún más, si es que era posible.

Diría que era una final feliz, pero eso no era correcto. Era un comienzo feliz.


Edward tomó la mano de Bella mientras estaban de pie junto al altar y miraban la ceremonia.

—Nunca tuvimos una boda —le murmuró en Quechua, tan suavemente que los otros invitados no pudieron oírlo.

—Los elfos se han quejado de eso —respondió Bella—. No reconocen el matrimonio humano porque puede disolverse, no como un juramento de unión. Es un escándalo para ellos tener una reina no casada. Quieren que tenga una boda élfica, y pronto.

—¿Oh? —dijo Edward causalmente—. ¿Y a quién elegirás para ser tu consorte?

Bella no bromeó en respuesta.

—Serás tú. Siempre tú. Para siempre tú. He vivido un tiempo muy largo, Edward, pero nunca supe que un amor como este existía. Me has dado un extraordinario regalo, y me uniré felizmente a ti para toda la eternidad.

Edward se quedó callado por un momento, intentando pensar en una manera de ponerlo en palabras. Tantas cosas que decir, pero no había palabras para hacerlo.

—Una eternidad no será lo suficientemente larga.

Se inclinó y la besó justo cuando Jacob tomó a su novia en brazos y la besó también. El sonido de los gritos de los invitados humanos y los aplausos se desvanecieron en el fondo mientras ambos volvían a olvidarse del mundo.

No, una eternidad no sería lo suficientemente larga.

~Finis~