sta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es Lissa Bryan, yo sólo traduzco.

Muchísimas gracias a mi querida Isa por la corrección de este capítulo.


Diosa Oscura

Por Lissa Bryan

~.~

Capítulo 6

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La Diosa Oscura se recostó en la tina del baño y agarró un montón de esa espuma gruesa y extraña que crecía del agua. La sopló de sus dedos para verla volar gentilmente al aire.

Le gustaba lavarse en este mundo nuevo. Nunca antes había tenido un contenedor de agua lo suficientemente grande para meterse; su gente se lavaba usando botes de agua. ¡Y estaba caliente! Si el agua se enfriaba, lo único que tenía que hacer era girar el disco para que cayera más agua caliente. Y cuando terminaba el agua se iba por un hoyo. Se preguntó a dónde iría.

La única desventaja es que no podía conseguir que alguno de los hombres la lavara. Ellos la cuidaban a su propia manera; Ed'urrr había tallado cuidadosamente la tina con una tela blanca y un poco de su jabón frutal antes de llenarla para ella, pero cuando intentó hacerlo quedarse y que se metiera al agua con ella, se puso rojo y se atragantó con las palabras. Había salido corriendo del cuarto cuando ella se abrió la bata. Esas personas eran muy extrañas cuando se trataba de desnudez, pensó al desvestirse. Incluso usaban una segunda capa de ropa sobre la piel, algo innecesario y de lo cual ella no podía entender el propósito.

Metió la cabeza al agua para enjuagarse. Nunca antes se había lavado el cabello ella sola. Sus sacerdotes la habían cuidado desde que era un bebé. No le gustaba la forma en que el jabón con olor a fruta le hacía sentir el cabello. Había otras botellas, pero no sabía qué contenían.

Se acostó inmóvil bajo el agua, disfrutando la forma en que apagaba los sonidos que escuchaba. Las burbujas se cerraron, llenando el lugar de agua clara que su cabeza había hecho. Y, mientras las burbujas se juntaban sobre sus ojos, los recuerdos se juntaron también.

Había sido llevada a los sacerdotes cuando era niña. Su madre había visto su juguete para morder dando vueltas en el aire sobre su cuna y supo que su bebé era una Encarnación, la única nacida en siglos. Siempre se había preguntado si habría sido difícil para su madre renunciar a ella. No lo sabía. Nunca la volvió a ver y era demasiado joven para recordarla. En ese entonces también tenía nombre, pero no recordaba cuál era. Era extraño tener uno ahora, pero les permitía que la llamaran "Bella" porque ellos no sabían cómo pronunciar el título por el cual debían dirigírsele. Ella entendía; tampoco podía pronunciar algunas de sus palabras.

Sus primeros recuerdos eran los de su vida en el templo que le habían construido, de sus sacerdotes jugando con ella, cantándole, llevándole las ofrendas de la gente. La protegían, mimaban, le daban cariño físico, la hacían sentir protegida y amada. Extrañaba ese sentimiento. Ni Ed'urrr ni Shaykob se acurrucaban con ella en la cama, por eso siempre se envolvía cómodamente en una manta, eso se sentía como ser abrazada.

Cuando alcanzó la madurez la habían llevado en un largo viaje al otro templo, en el que habitaba la mujer en quien había encarnado previamente la Diosa. Se veía triste cuando se abrió la vena sobre un cuenco.

—No estoy lista —había dicho suavemente al ver a su remplazo beber la sangre que había vaciado.

El cambio a una diosa había sido horrible, su cuerpo se transformó con una violenta enfermedad y un dolor indescriptible. No recordaba mucho de eso, y estaba agradecida por ello. La siguiente tarde, al despertar, ya era una divinidad y la Encarnación anterior ya se había ido. La piedra en el pináculo de su templo había sido removida y cuando el sol llegó a su punto más alto, ella ya no estaba. Sus cenizas fueron depositadas al fondo de su cama para hibernación y la tapa había sido puesta en su lugar por última vez. Sus posesiones habían sido empacadas en bolsas para llevarlas al nuevo templo, porque pertenecían a la Diosa, sin importar el cuerpo en que habitara. El templo fue sellado y abandonado.

Mucho tiempo pasó, pero ella no supo cuánto. Midió el tiempo por la rotación de sus sacerdotes al crecer, envejecer y morir, y luego uno nuevo era traído para ser entrenado y tomar su lugar, solo para crecer y morir también. Su corazón se cansó de las pérdidas. Hibernaba cuando ya era demasiado para soportarlo y, aunque pasaron eras infinitas, ninguna Encarnación nueva nació para tomar su lugar. Ella comenzó a anhelarlo. Luego, había perdido a su Elegido por la enfermedad de la sangre dulce y sintió como si su corazón hubiera muerto con él. Entró de nuevo en hibernación y luego se había despertado en este nuevo mundo extraño donde muy pocas cosas tenían sentido y parecía que habían olvidado que debían adorarla.

¿Qué creían que hacía caer la lluvia? Los hombres no la habían llevado a otro templo, y no había visto a ninguno de los dos rezar o hacerle ofrendas a otro dios. Pero en este extraño mundo no se sentiría sorprendida si tuvieran un artefacto que creara la lluvia para ellos. Tal vez ya no necesitaban dioses porque podían hacer todo por sí mismos.

¡Bella!—gritó Ed'urrr, su voz sonó apagada por el agua. La agarró de los hombros sacándola del agua, las facciones de él estaban retorcidas de pánico. Ella parpadeó confundida y el gimió, suspirando de alivio. Susurró algo y la abrazó con fuerza.

Ella se dio cuenta que lo había asustado al acostarse bajo el agua de esa forma. Él no sabía que ella no necesitaba respirar. Ella le tarareó y acarició su espalda. Él se alejó un poco y besó sus dos mejillas, entonces se detuvo por un doloroso momento infinito, y luego sus labios encontraron los de ella.

Era un beso que era completamente Ed'urrr; tímido y dulce, tentativo al principio, sus labios gentiles y aventureros. La lengua de él salió y tocó el labio de ella, luego retrocedió antes de regresar lentamente de nuevo para trazar la orilla de sus labios. Ella los abrió y tocó la lengua de él con la suya. Eso lo hizo alejarse ligeramente, pero luego se rindió a sus deseos y la besó de manera salvaje, apasionada, como si no pudiera tener lo suficiente del sabor de su boca. Ella enredó los dedos en el cabello de él y lo urgió a seguir.

Las manos de él trazaron lentamente de su espalda a sus costillas y luego las subió hasta acunar uno de sus pechos en su mano. Su dedo acarició su pezón y ella gimió. Como si el sonido hubiera roto un hechizo, él se apartó y su rostro se enrojeció al intentar tartamudear algo. Ella sonrió suavemente y acunó su mejilla.

—Bien —dijo ella. Era una palabra que escuchaba con mucha frecuencia de Jacob, y parecía significar que encontraba la situación aceptable—. Bien.


No estaba bien. Si él hubiera estado pensando con claridad después de sacarla del agua nunca lo hubiera hecho.

Recordó una asamblea a la que había asistido en preparatoria. Un drogadicto reformado que les había dado una conferencia sobre los peligros de la heroína. La pruebas una vez, advirtió, y ya eres adicto de por vida.

Bella parecía ser su marca personal de heroína. Ya ansiaba por volver a probar sus labios, sentir su frío aliento en el rostro, sus dedos enredados en su cabello. Y, oh Dios, poder sentir su suave piel de seda. Sus manos dolían por tocarla de nuevo.

Él nunca debió haberla besado, nunca debió probar esa primera vez.

—Lo siento —le dijo de nuevo. Se puso de pie y agarró una de las toallas del estante de metal que estaba sobre el inodoro y se la dio.

Ella se puso la toalla alrededor de la cabeza en lugar de usarla en su cuerpo y se quedó sentada en el borde de la bañera, gloriosamente desnuda y sin pudor alguno. Él no quería ver, pero sus ojos parecían moverse con voluntad propia y se dio cuenta de que, aunque ella no había abierto el paquete de rastrillos que le había comprado, no tenía ni un solo vello en el cuerpo. Él levantó la mirada y sus ojos se encontraron. Los de ella reflejaban curiosidad. Él apartó la vista y le dio otra toalla, pero la imagen de su cuerpo perfecto se quedó quemada en sus retinas. Intentó pensar en matemáticas, béisbol, en cachorros muertos… Cualquier cosa aparte de la imagen más hermosa que había visto en su vida, un Paraíso que nunca visitaría.

Bella dejó la toalla de lado al pararse y avanzó hacia Edward. Ella pasó los brazos alrededor de su cuello.

—Ed'urrr, bien.

Él se alejó lo más gentilmente posible.

—No está bien.

El rostro de ella se arrugó y por un terrible momento él pensó que iba a llorar. Pero ella levantó la barbilla y un manto invisible de dignidad se instaló sobre su rostro. Se dio la vuelta para ponerse la ropa.

—Bella, no es que no quiera —dijo—. Sí quiero. Oh, Dios, cuánto lo deseo. Pero no creo que sea correcto aprovecharme de ti. En este momento estás emocionalmente vulnerable, y no quiero que hagas esto por soledad o dependencia. No querría nunca que fuera algo de lo que te arrepintieras.—Se pasó las manos por el cabello—. Y creo que sí lo sería. Tú eres tan maravillosa. Podrías tener al hombre que quisieras. Podrías tener a alguien…, normal. Deberías tener a alguien normal.

Bella lo ignoró a propósito mientras metía los pies en las pantuflas de conejito. Agarró su peine y salió del baño. Edward la siguió desolado.

Ella se sentó en la orilla de la cama y se echó el cabello sobre un hombro. Era torpe con el peine y se le enredaba en el cabello. Lo liberó con un sonido de queja y una mueca.

—Permíteme —dijo él y le quitó el peine. Ella lo miró a los ojos, su mirada triste y suplicante. Él suspiró y comenzó a peinarle el cabello. Estaba enredado y se sentía raro entre sus dedos. Una idea se le ocurrió y fue al baño a buscar en las bolsas el acondicionador que se aplicaba en seco. Él se lo puso en el cabello mientras se sentaban en silencio, y luego se lo peinó. La peinó mucho tiempo después de haber acabado con todos los nudos y hasta que su cabello seco estuvo brillante y sedoso; era una cascada color café oscuro en sus manos.

—Hermosa —le dijo suavemente.

Ella se giró y estiró una mano para jalar gentilmente un mechón de su salvaje cabello desordenado.

—Rmoso —repitió.

Él se rió entre dientes.

—Me alegra que pienses eso, aunque probablemente eres la única. Tanya siempre decía... —se detuvo de repente. Llevaba días sin pensar en Tanya. No desde su viaje a Walmart. Sintió un frío malestar en la boca del estómago.

—Rmoso —dijo de nuevo. Ella paso la punta de sus dedo sobre su rostro y él cerró los ojos—. Ed'urrr… ¿bien?

Asintió.

—Estoy bien.

Ella lo miró pensativamente por un momento y luego se removió en la cama para acostarse de lado. Abrió sus brazos para él y él no pudo resistirse. Se acostó junto a ella y la arrimó a su pecho. Ella se acurrucó. Él escuchó un suave sollozo y tocó el rostro de ella, encontrándolo húmedo con lágrimas.

—Oh, Bella —dijo—. ¿Por qué lloras, cariño? ¿Te lastimé al rechazarte? —Él acunó la barbilla de ella en su mano y limpió las lágrimas con sus pulgares—. Lo siento mucho, Bella. Yo…, me preocupo por ti. Quizás más de lo que debería, y es muy difícil resistirme a ti.

Aunque ella no entendiera sus palabras debió haber entendido el tono de su voz. Le sonrió temblorosamente.

—Bella bien.

Él le besó la frente, una caricia suave y persistente.

Cuando él abrió los ojos de nuevo no supo decir si era de día o de noche, así de bien bloqueaba la luz el cobertor. Bajó la vista a Bella que seguía dormida. Era de día entonces. Se sentó, frotándose los ojos con los puños como un niño.

Jacob estaba acostado en la otra cama, apoyado contra el cabecero con las pequeñas almohadas del hotel en su espalda. Estaba viendo caricaturas sin sonido, pero Edward no creía que en realidad estuviera viendo las imágenes aunque estuviera mirando la pantalla.

—Jake.

—Hola, al fin te despiertas.

—¿Qué hora es?

Jacob levantó su muñeca desnuda.

—No tengo reloj, ¿recuerdas?

—¿No hay relojes? —Edward miró por la habitación y ni siquiera vio una alarma.

—No.

Y habían regresado el celular que Rosalie les había prestado.

—Sin embargo, sé que es tarde —dijo Jacob—. Me asomé por la cortina. Diría que son las seis y algo. —Sus ojos se movieron a Bella—. ¿Se alimentó anoche?

—No, no lo hizo. —Qué extraño, siendo que un día antes había comido de ambos al menos una vez. Edward se paró cuidadosamente de la cama para no molestar a Bella y se fue al baño. El agua del baño que ella había tomado anoche seguía ahí. Edward metió la mano y destapó el tapón.

Cuando salió Jacob ya había apagado la televisión y estaba sentado a los pies de la cama. Edward puso la silla del escritorio frente a él.

—Ni si quiera sé cómo empezar con esta mierda —dijo Jacob sacudiendo la cabeza.

—Comienza con el principio —dijo Edward con mucha gravedad—, y sigue hasta que llegues al final: entonces te detienes.

Jacob se rió entre dientes.

—De acuerdo. Rosalie me dijo que sabía que Bella era vampiro porque ella es un tipo de ser humano especial que trabaja para ellos. Les llaman dayman y tienen algo como unión de almas con ellos.

Edward se rascó la cabeza.

—No intenta decir que Bella es su vampiro, ¿cierto?

—No. Ella todavía no encuentra al suyo. Bella hubiera reaccionado completamente diferente si Rosalie fuera su dayman.

Jacob relató cada detalle que pudo recordar de los dayman y el mundo vampírico. Edward escuchó atentamente, haciendo preguntas de vez en cuando, muchas de las cuales a Jacob no se le ocurrieron preguntar y Edward pudo ver que Jacob se sentía frustrado por eso.

—El punto central de todo esto es que tenemos que registrar a Bella y ella tiene que someterse a la autoridad de su Reina Vampira. No creo que Bella vaya a tener problemas con sus leyes, que prácticamente se reducen a, "No mates gente" y "No reveles que eres vampiro".

Nosotros sabemos lo que es.

—Sí, pero estamos dispuestos a guardar el secreto. También hay otros humanos normales en su mundo. Rose me contó que hay bares de vampiros a donde va la gente para que los muerdan. Algunas personas son incluso adictas a las mordidas de vampiros.

Edward podía entenderlo. En realidad, cada segundo que pasaba comprendía cada vez más esa adicción.

—Así que… ¿Te la pasaste bien mientras no estuve? —Jacob le sonrió a Edward, y Edward estaba sorprendido por no haberse sonrojado.

—Bella tomó un baño y después nos fuimos a dormir. ¿Qué tan tarde estuviste afuera?

—Más tarde de lo que hubiera querido. Rose me convenció de ir a un bar después del restaurante. Nunca antes había visto a una mujer que pudiera beber tanto. Tuvimos que tomar un taxi de regreso a nuestros hoteles y ella intentó convencerme de ir al suyo para tomar más. Hablando de eso, descubrí que en realidad tengo un límite en la cantidad de cerveza que quiero consumir en una tarde.

—¿Estás crudo?

—Horriblemente.

—Iré a comprarte unas aspirinas y jugo de naranja —se ofreció Edward.

—No te preocupes por eso. Rose llegará en un par de horas con el resto de nuestros papeles y luego podemos seguir. —Jacob estudió al milímetro la cara y los ojos de Edward—. ¿Pasa algo?

—¿Qué si pasa algo? No, claro que no. ¿Por qué pensarías que pasa algo cuando obviamente no pasa nada? Nada en absoluto. ¿Por qué preguntas? —Jacob cruzó los brazos y esperó—. Te digo que no pasa nada,todo está bien.

Jacob alzó una ceja.

Edward suspiró.

—La bese. No pretendía hacerlo. Solo…, pasó.

—Es tu esposa, hombre. Puedes besarla si quieres.

—No es mi esposa de verdad —protestó Edward—. Por Dios santo, ni siquiera hemos salido en una cita.

—Pues lo será por los siguientes dos años. Y te diré una cosa: mejor ella que Tanya.

—Tanya rompió nuestro compromiso justo antes de venirme.

—Lo lamento si te lastimó, pero no me puede verla irse. Esa perra caza fortunas nunca fue buena para ti.

Como de costumbre, Edward abrió la boca para detenerlo, pero luego la cerró de nuevo. Jacob tenía razón, Tanya era una caza fortunas y también una perra, pero la verdad del asunto era que él la había usado a ella tanto como ella a él. Ella había sido su escudo, su excusa, una manera de quitarse de encima a Esme sin confrontación por tener que sentar cabeza y producir nietos. Pensar en su madre despertó el mismo malestar que cuando pensaba en Tanya. Iba a estar sorprendida cuando regresara de Catalupa con una esposa a su lado. Por mucho que le desagradara Tanya, ella no estaría feliz cuando se encontrara con una fait accompli* nuera.

—Voy a bañarme —anunció Edward. Agarró ropa limpia de su maleta y se fue al baño. Necesitaba tiempo para pensar, pero sus pensamientos estaban enredados y eran inconexos. Agachó la cabeza y dejó que el agua caliente le cayera por el cuello bajando a su espalda.


Bella se despertó como siempre, instantáneamente alerta y mirando a su alrededor. Vio a Jacob y se arrastró por la cama para lanzarse a sus brazos.

—¡Shaykob!

—Vaya, Bella, cielo. —Jacob le palmeó la espalda con torpeza—. ¿Creíste que no iba a regresar?

—Shaykob, Bella no bien —susurró, y una lágrima rosa bajó por su mejilla.

—Aw, cariño. —Jacob se movió a los pies de la cama y la puso en su regazo. Ella apoyó la frente en el hombro de él y empezó a sollozar. Jacob le acarició la espalda y le susurró cosas tranquilizantes en el cabello. Y fue eso lo que vio Edward cuando salió del baño; Bella sollozando y Jacob consolándola en sus brazos.

—Yo-uh… —El rostro de Edward se ruborizó con culpabilidad—. Yo uh…, tengo que ir por algo. —Y con eso salió apurado de la habitación, cerrando la puerta tras de sí con un ruidoso bang que causó una mueca en Bella.

—¿Estás bien? —le preguntó Jacob.

Bella asintió y se limpió las mejillas con fiereza, como si estuviera enojada con las lágrimas.

—¿Qué pasó, cariño? Ustedes dos se veían tan a gusto anoche. ¿Qué te hizo llorar?

—Ed'urrr. —Frunció los labios en forma de beso luego hizo el movimiento de estar apartando a alguien—. ¿Ed'urr bien? —dijo con voz suplicante, y luego cruzó los brazos mirando a todos lados menos al rostro de él, una imitación perfecta de Edward cuando estaba estresado—. Ed'urrr: "¡No bien!"

Él asintió.

—Me dijo que te besó. No estás enojada por eso. Estás enojada porque se detuvo.

—Bella… ¿No bien? —preguntó, su frente se arrugó con preocupación.

—No, no es eso. Le gustas mucho, pero se siente culpable. Lo sé. Ese chico inteligente a veces puede ser muy estúpido. Solo dale tiempo, cariño. Lo resolverá. Te lo prometo.


Edward no podía soportar escuchar sus sollozos, y aun peor, saber que él los había causado. No fue hasta que cerró la puerta de la habitación tras de él que se dio cuenta que iba descalzo, vestido con sus pantalones de pijama y una camiseta. Peor aun, estaba de pie ahí sin razón alguna. Deseaba poder fumar. Al final decidió caminar hasta el Camry. Jacob lo había dejado desbloqueado con las llaves sobre el tapasol en caso de que Rosalie quisiera recogerlo o decirle a la compañía de renta de autos donde se encontraba. Edward pensó que en un lugar como éste, eso era mala idea, pero el carro seguía ahí sin ser tocado.

Entró por el lado del pasajero y metió la llave a la ignición para poder encender la radio. Pasó por las estaciones hasta que encontró música clásica. Cerró los ojos y se recostó en el asiento dejando que la música lo llenara. Debía ser algo tranquilizante.

Se sentía como mierda. Nunca debió haberla besado. ¿Será que nunca aprendería a pensar antes de actuar?

Alguien tocó la ventana y él saltó. La cara de Rosalie lo miraba desde arriba. La miró parpadeando y luego se recostó de nuevo, cerrando los ojos para que ella se fuera y lo dejara solo. Pero Rosalie no se dejaba vencer con tanta facilidad. Caminó al lado del piloto y abrió la puerta.

—¿Qué estás haciendo? —le preguntó.

—Escucho música. —Me regaño a mí mismo.

Ella se sentó y cerró la puerta.

—¿Alguna razón en particular por la que no puedas escucharla en tu habitación?

—Soy un cabrón.

—Estoy de acuerdo. ¿Pero por qué estás sentado aquí afuera haciendo pucheros? —Él cerró los ojos de nuevo—. Cierro los ojos y el mundo muere. ¿Es eso, Edward? ¿Escapas de las preguntas que no quieres responder ignorando al mundo? ¿Sabes que pienso? Pienso que no eres tan tímido como pareces. Te escondes cuando es conveniente para ti.

Él abrió un ojo.

—Te dije que era un cabrón.

Ella sonrió, y era una sonrisa gentil llena de calidez.

—No creo que seas un cabrón. Creo que, simplemente, a veces tienes miedo. Todos somos así, sabes. Pero puedes perderte de las mejores cosas que la vida tiene para ofrecer a causa del miedo.

—La cagué —confesó—. Yo…, bueno, me rendí a la tentación. Hice algo que no debí haber hecho.

Rose bufó.

—¿Según quién?

—La besé. —Edward habló en voz tan baja que apenas fue audible sobre la suave música.

—¿Y?

—Y no debí hacerlo. Ella es vulnerable, está asustada y confundida.

—O quizás solo se siente atraída a ti. ¿Consideraste eso?

Era el turno de él para bufar.

—¿Por qué? Jake es más apuesto que yo.

Rose se rió entre dientes.

—Te ves algo lindo cuando estás atontado. Además, no siempre se trata del físico, Edward. Ella se siente atraída por tu naturaleza gentil, tu amabilidad.

Tal vez era esconderse, como decía Rosalie, pero no podía continuar con esta conversación. Su rostro ardió. Él vio unas monedas en el cenicero y las agarró en la mano. Abrió su puerta.

—¿A dónde vas?

—Máquina expendedora —dijo—. Tengo sed.

Ella asintió.

—Te veo adentro.

—Sí.

Edward se quedó en la máquina como si estuviera considerando sus opciones. Finalmente compró tres sodas y regresó a la habitación cuando ya no pudo posponerlo más. Tuvo que tocar la puerta porque había olvidado su llave en su prisa por huir. Jacob respondió con mirada cuestionadora.

—¿Quieres una soda? —le ofreció Edward.

Jacob aceptó una.

—Gracias.

—¿Rose?

—No, estoy bien. —Tenía una pila de papeles junto a ella en la cama y Bella estaba acostada sobre su estómago a su lado; tenía los tobillos cruzados en el aire por detrás. Estudió uno de los pasaportes y pasó el dedo por la imagen.

—Le estaba mostrando a Jake las fotos de tu boda —dijo Rosalie y se las dio a Edward. Un pequeño montón de instantáneas tomadas en los escalones de una iglesia. Bella llevaba un simple vestido blanco y un ramo de lirios en una mano. Jacob y Edward usaban trajes de vestir, cada uno con un lirio en el ojal. Todos se veían felices, especialmente Bella, cuyos ojos brillaban a causa de la risa.

—Se ven bien —dijo Edward con poco entusiasmo.

—Gracias —replicó Rosalie con voz seca—. Tu entusiasmo por el producto final hace que todo valga la pena.

Jacob se inclinó y agarró el pasaporte de la mano de Bella.

—Esto es increíble, Rose. Incluso pusiste el chip de datos. —Lo comparó con el suyo—. Aunque el mío no lo tiene.

—Así es. El tuyo fue expedido en el 2005, antes de que entraran en uso los chips. No quería que los dos tuvieran pasaportes "nuevos".

—Oye, he estado en Francia e Italia —dijo Jacob, pasando las páginas para admirar las estampas de adentro—. ¿Cómo demonios hiciste esto, Rose? ¿No dormiste?

—Para nada. Pero ya todo está hecho. Tengo el historial académico de ella, historial de antiguos trabajos, una copia de la carta de no antecedentes penales, incluso un par de fotos de bebé.

—Eres increíble —le dijo Jacob, y un poco de rubor apareció en las mejillas de Rosalie—. Ella no tendrá problema alguno en la frontera.—

—Creo haber encontrado una manera para que ni siquiera tengan que pasar por aduana, chicos.

—¿En serio? ¿Cómo?


—Tienes que estar bromeando, carajo. De ninguna manera me voy a meter a esa cosa. —Edward se alejó del contenedor de carga y miró con una horripilante fascinación cuando la grúa cargó otro y lo metió al barco.

—Solo será por unas horas —lo animó Rosalie—. Cuando estemos a salvo en el océano el capitán nos dejará salir.

—¿Éste era tu brillante plan?

Rosalie suspiró.

—Edward, solo el uno por ciento de los contenedores de carga son revisados cuando entran a los Estados Unidos. Es menos riesgoso.

Él se quedó viendo al barco de carga, a donde estaban siendo metidos los contenedores; eran siete unidades de alto. Sacudió la cabeza.

—Esto es una locura. ¿Cómo demonios saldremos?

—Estaremos en la fila de abajo —dijo Rosalie—. En serio, Edward. Todo está bien planeado. Es perfectamente seguro. Incluso nos pusieron dentro unas cómodas sillas, una hielera llena de bebidas y una lámpara para que puedas leer. Te repito que es solo por unas horas, hasta que salgamos al océano. Luego estaremos dos semanas en el barco antes de tener que entrar de nuevo para descargar en los Estados Unidos.

—Entonces, ¿por qué nos molestamos si quiera en conseguir los papeles?

—Nada es perfecto. —Rosalie se encogió de hombros. —Podríamos ser detenidos por la Guardia Costera, o descubiertos en el puerto. Y, por muy poco probables que sean esos escenarios, tendremos los culos cubiertos si eso pasa.

—¿Crees que sospecharán porque decidimos viajar en el contenedor de un barco?

Rosalie rodó los ojos.

—Les diremos que éramos demasiado pobres para comprar un boleto de avión. Como sea. Solo métete a la maldita caja.

—Esto es una mala idea.

—¿Tienes una mejor?

Edward suspiró y los siguió dentro del contenedor.


*La expresión se refiere a que algo ya está hecho, en este caso Edward ya está casado con Bella.


Bueno bueno, Edward y Bella ya van avanzando, ¿no creen? Un beso ya es ganancia, ahora solo falta que Edward deje de ser tan testarudo.

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Tanya Masen Cullen, Soemarie Grey, Deathxrevenge, Zanzamaru, terra2012, Idta, Haruhi23, Nana Black Star, Gretchen CullenMasen, YBoaa, lokaxtv, V1V1, Anne Masen Black, Alinita28, Krom, lunha222, T .J. Cohen , IsAbElA M CuLlEn, fati21