Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es Lissa Bryan, yo sólo traduzco.

Beta: Isa.


Diosa Oscura

Por Lissa Bryan

~.~

Capítulo 7

..

Jacob nunca supo que era claustrofóbico, hasta ahora, y no era un momento particularmente conveniente para descubrirlo. Se paseó por el estrecho espacio del contenedor, agitándose más cada momento. Se sentía caliente y bochornoso. Bella era la única que no estaba empapada de sudor. El contenedor se meció ligeramente con el movimiento del barco, agregándole un ligero factor desorientador que lo empeoraba más.

Bella estaba acostada en un manta junto a Edward, mirando Plaza Sésamo en un reproductor portable de DVD que Rose había llevado. Jacob se había impresionado con su consideración.

Bella iba a mitad de la lección con la letra "W" y Edward seguía repitiendo el segmento para que ella pudiera practicar el sonido.

Ca, caminar —decía el narrador, y lo acompañaba la imagen de un niño caminando por un pasillo escolar.

—Caa, ca-minar —repitió ella e hizo una mueca.

—Caminar —repitió Edward, y señaló a Jacob para que ella supiera que ésa era la acción a la que se refería, no el niño.

Ag, agua. —Un brillante chorro apareció en la pantalla.

—Agg, agua. —Bella se veía frustrada por no poder repetir bien el sonido.

Edward pausó el video.

—Ed-wuh-erd.

—Ed-ooah.

—Mira mis labios, Bella. —Se señaló la boca y repitió lentamente la "W" unas veces.

Ella intentó mover los labios como se debía y terminó con un lindo puchero, como si quisiera un beso.

—Oouh… wuh. Ed… wuh… ¡Edwurr! ¡Edwurr!

—¡Lo lograste! —Edward le sonrió con alegría. La besó impulsivamente en la mejilla y luego se sonrojó con fuerza. Bella sonrió complacida.

Jacob quería estar en el suelo con ellos, celebrando sus logros, pero se sentía como un animal enjaulado, y la jaula parecía estar encogiéndose. Llegó a la orilla del contenedor y se dio la vuelta para marchar hasta el otro lado. Él nunca había estado en la cárcel, a diferencia de su hermano Emmett, así que nunca había tenido la experiencia de estar confinado en un área pequeña que no podía dejar a su antojo.

Un recuerdo medio olvidado de un viaje de campo en la escuela apareció en la mente de Jacob. La clase había seguido a su guía a una exposición de lobos y, mientras que los otros animales descansaban en un espacio lleno de luz solar en el centro de su gran encierro, un lobo paseaba rápidamente de ida y vuelta frente al grueso vidrio de la ventana, para deleite de los visitantes del zoológico que jadearon y le tomaron fotos de cerca. Ellos no parecían ver el estrés evidente del animal como Jacob lo hacía. Cuatro pasos en cada dirección, y al final, tocaba con su pata la orilla de piedra que estaba debajo del marco de la ventana. De ida y vuelta, una pata raspaba la orilla. Un bache estaba siendo excavado justo debajo de la ventana, testificando silenciosamente la cantidad de tiempo que el lobo pasaba haciendo esto cada día. Los ojos de Jacob se encontraron con los del lobo por un instante que se congeló, y su joven corazón se rompió a causa de esa majestuosa criatura, encarcelado para la diversión del hombre. El lobo parecía decir que la jaula era una jaula, sin importar qué tan grande o "natural" fuera. Jacob se había quedado callado por el resto del día, y su profesora se dio cuenta que algo no andaba bien. A él le faltaban palabras para explicar lo que estaba sintiendo, aunque Edward sí lo entendió. Edward siempre entendía.

Jacob se dio vuelta sobre sus talones de nuevo para regresar al otro lado del contenedor y Edward levantó la vista.

—¿Jacob? ¿Por qué no te sientas? Te daré algo para que bebas.

—¿C'rvza? —sugirió Bella.

—No, no tenemos cerveza —replicó Edward—, aunque es una buena idea.

—No hay suficiente aire aquí. —Jacob tiró del cuello de su camiseta, sentía que lo estaba estrangulando. Las sombras que escapaban a la linterna Coleman parecían estar sobre él.

Edward le puso una mano en el hombro y llevó a Jacob hasta la silla que estaba vacante junto a Rosalie. Jacob se dejó caer en la silla, hundiéndose como si no tuviera huesos, y su respiración empezó a agitarse.

—¿Está bien? —preguntó Rosalie. Ella estaba desparramada en su silla de jardín, bebiendo refresco de dieta mediante un popote, con un paquete de enfriamiento colgado de su cuello y los pies arriba de la hielera. Tenía una novela de romance en su mano y en la portada, un hombre rubio masivamente musculoso abrazaba a una mujer cuyos pesados senos parecían estar en peligro de estallar espontáneamente fuera de su vestido.

—Sí, estará bien. Vamos, Jake. Relájate, ¿de acuerdo? Saldremos pronto, te lo prometo.

Rosalie bajó los pies de la tapa roja de plástico de la hielera y se inclinó hacia adelante como si fuera a ayudar a Edward a buscar hasta que encontró lo que quería. Sacó una lata de Pepsi chorreando hielo derretido. Jacob no la aceptó. No la quería. Él quería salir de la maldita caja.

Bella se puso de pie ligeramente y se acercó para arrodillarse junto a la silla de Jacob con expresión pensativa.

—¿Shaykob?

Él la miro y, de repente, ya no podía apartar la mirada, era como si sus ojos hubieran sido atornillados a los de ella. Una extraña sensación soñadora flotó sobre él, todo parecía distante y confuso, a excepción de esos ojos café chocolate que lo mantenían cautivo.

—Shaykob, bien. —Su voz parecía hacer eco en la cabeza de él, llenando su mente del modo en que sus ojos llenaban su visión, hasta que fue ella la única cosa que él podía ver.

Y luego, como si ella lo hubiera liberado de algún tipo de hechizo, se terminó. Parpadeó y se acomodó en su silla. Vio la Pepsi que Edward todavía le ofrecía y la tomó de su mano.

—Gracias, hombre.

—¿Estás bien?

—Sí, bien. —Jacob estaba sorprendido, pero sí se sentía bien. La presión de la ansiedad se había liberado de su pecho e incluso se sentía más frío. Se dejó caer cómodamente en su silla y miró a Bella reasumir su lugar sobre la manta. Edward se sentó junto a ella.

—¿Se terminó tu video? ¿Quieres ver otro?

—E'nuevo —dijo. Parecía determinada de hacerlo bien esta vez. Edward volvió a poner el mismo episodio y cantó la canción con gusto, haciéndola reír.

Rose ni siquiera había levantado la vista de su libro. Quizás ella ya estaba hastiada con todo lo referente a la magia de los vampiros. Tomó otro trago de su coca de dieta y miró a Jacob.

—¿Qué? ¿Por qué me ves?

Jacob no pudo pensar en otra razón aparte de que le gustaba verla. Y eso sonaba demasiado raro para decirlo en voz alta.

—Estoy viendo tu libro —mintió.

Ella golpeó la portada con una de sus uñas.

—¿Lees novelas de romance?

Jake le sonrió. En realidad sí lo hacía. Había leído bastantes. Otros hombres no entendían lo valiosos recursos que eran esos libros, por su visión dentro de la mente femenina y los abundantes consejos sobre las cosas que las mujeres encontraban románticas.

—¿Te sorprende?

—¿Qué sepas leer? Me asombras. —Rosalie le sonrió—. Si quieres te lo puedo prestar cuando lo acabe.

—Siempre y cuando me ayudes con las palabras difíciles.

Se rió y a Jacob le gustó ese sonido. Ella no tenía esa risita coqueta. Echó la cabeza atrás y se rió de verdad, y él vio que eso hacía brillar sus ojos. Era una lástima que ella no fuera su tipo, se recordó él.

Hubo un fuerte estruendo en la puerta y el chirrido protestante de metal contra metal al abrir la puerta del contenedor. Bella se movió tan rápido que se convirtió en un borrón. Cargó hacia el frente de su grupito y cayó en una posición agachada lista para pelear.

—¡No, Bella, está bien! —le dijo Rose y Bella se enderezó luego de mirar a Edward y a Jacob para asegurarse de que ellos coincidieran. Todos caminaron hacia el marco de la puerta del contenedor, suspirando con alivio cuando el aire frío los golpeó.

Las luces de la cubierta del barco eran cegadoras. Jacob parpadeó al sentir que sus ojos picaban por todo el brillo. Una exuberante mujer con curvas y cabello castaño oscuro estaba de pie en la puerta. Dijo algo en español, primero a Rosalie y luego a Edward, quien le respondió en el mismo idioma. Salieron de ahí.

—Ésta es la Capitana Irina —dijo Rosalie, y los presentó uno por uno. Bella le dijo "Ula" cuando la capitana le ofreció su mano, copiando lo que Rosalie y Jacob habían hecho. La capitana empezó a decir algo más, pero entonces un hombre salió de las sombras y se quedó callada luego de una nerviosa mirada en su dirección.

—Oh, joder —murmuró Rosalie al verlo. Jacob intentó no quedarse viéndolo, pero el tipo era increíblemente alto. Jacob mismo media poco más de 1.80, pero este hombre se alzaba sobre él. Tenía que estar cerca de los dos metros. Era esbelto, con largo cabello castaño y ojos verdes, lo más brillantes que Jacob había visto jamás, demasiado verdes para ser naturales en realidad. Casi parecían brillar bajo las luces de la cubierta.

—Hola Jinx —dijo Rosalie, en el mismo tono que podría haber usado para decir, "Hola, viruelita."

—Hola Rosalie. ¿Cómo estás?

—Sudorosa y rencorosa, Jinx —dijo Rosalie afablemente—. Así que, si no te molesta…

—Sígueme la corriente por un momento. Deseaba conocer a la encantadora Diosa.

Los ojos de Rosalie se achicaron y se paró frente a Bella.

—¿Cómo sabías sobre ella?

Se rió entre dientes.

—¿No te dijo Brady que ahora vivimos juntos?

—No. No me di cuenta de que Brady tenía tan mal gusto.

—En realidad, él tiene muy buen sabor. —Jinx pasó junto a ella y le hizo una reverencia a Bella. Él dijo unas palabras, y los ojos de Bella se agrandaron y gritó con placer. Ella empezó a decir una oleada de palabras y Jinx asentía al escuchar, luego respondió con gravedad.

—¿Conoces su lenguaje? —preguntó Jacob estúpidamente.

—Sí —le lanzó Jinx antes de regresar a su conversación con Bella.

—¿Qué está diciendo? —demandó Jacob. Cientos de preguntas se amontonaron en su mente al mismo tiempo.

—Oh, un poco de esto y de aquello —respondió Jinx—. Entren para acomodarlos en sus cabinas. —Se giró para avanzar, pero Jacob lo agarró del brazo.

—Por favor, no hemos podido hablar con ella. Hay algunas cosas que nos gustaría...

Jinx agitó una mano para detenerlo y soltó su brazo del agarre de Jacob.

—La mejor manera de aprender un lenguaje es a través de la sumersión. Ella aprenderá más rápido si no me tiene a mí traduciéndole todo. —Con eso se fue, con la capitana y una entusiasmada Bella parlanchina siguiéndolo.

Jacob y Edward compartieron una mirada de incredulidad.

—Qué cabrón —murmuró Jacob.

—Sí que lo es —respondió Rose con una profunda sinceridad.

Jinx guió al pequeño grupo por un conjunto de escaleras hacia el centro del barco, dando vuelta en una esquina, y bajó por un largo pasillo antes de detenerse frente a un conjunto de puertas, cada una con números de más de un dígito. La capitana les dio una llave a cada uno. Edward iba traduciendo para Jacob lo que ella decía. Ésas eran las habitaciones de los oficiales y deberían sentirse muy cómodos, les dijo. Si necesitaban algo solo tenían que pedirlo. Les dio un apretón de manos a todos y se fue.

Bella trazó la llave con su dedo y le dio vueltas al pequeño llavero de plástico con forma de diamante. Jinx se la quitó y abrió su puerta, señalando el número en la puerta que era igual al del estampado en el plástico. Él la siguió adentro y cerró la puerta tras de él, tan rápido que Edward se golpeó la nariz con ella cuando intentó seguirlos.

Retrocedió, sobándose la nariz y viendo alarmado a Rosalie.

—¿Qué deberíamos hacer? ¿Él… Ella estará bien?

—No la lastimará —dijo Rosalie—. No te preocupes por eso. Ella puede romperlo como si fuera una ramita si intentara lastimara de alguna manera, pero ése no es su estilo.

Edward giró el pomo. Estaba cerrado. Levantó el puño para golpear la puerta, pero se detuvo cuando Jacob palmeó su brazo.

—Déjala, hombre. No ha podido hablar con nadie desde que despertó. Quizás él le explicará algunas cosas. Vamos adentro.

Eso a Edward no le gustaba, pero siguió a los otros a la habitación de Jacob. La capitana no había estado exagerando acerca de la comodidad de sus cuartos. Era una suite pequeña, decorada suavemente con colores beige, pero tan bien equipada como en un hotel de clase media. La habitación y el baño estaban a la derecha, a través de un par de puertas, y tenía una salita con una pequeña cocina en la parte de atrás. Había dos sofás acomodados paralelamente con una mesa para café en medio. Una pantalla plana estaba montada en la pared.

—¿Quién jodidos es ese hombre? —preguntó Jacob dejándose caer en uno de los sofás. Edward se quedó de pie hasta que Rosalie se sentó y luego se sentó junto a Jacob, frente a ella.

Rosalie se frotó los ojos.

—Es un hada.

—¿Homosexual? —Jacob había descubierto eso por la conversación en cubierta acerca de Brady.

—No, hada. H-A-D-A. Y en realidad es bisexual.

—¿Qué es un hada? —preguntó Edward—. Solo he escuchado que usan esa palabra en el contexto de los cuentos de hadas. —Rosalie se le quedó viendo y Edward se rió—. Vamos. ¿No me dirás que ese tipo es un hada?

—Es un Elfo Mayor, en realidad.

—Tienes que estar bromeando —bufó Jacob.

—No estoy jugando, chicos.

—Es…, es difícil de creer, Rosalie —dijo Edward y su expresión revelaba que por lo menos sentía algo de escepticismo.

Rosalie rodó los ojos.

—Tienes un vampiro de cinco mil años en la habitación de enseguida, ¿pero dibujas un límite al aceptar que existen las hadas?

—Bueno punto —le concedió Jacob. —¿Cómo lo conoces? ¿Los elfos y vampiros,… salen juntos?

—No mucho. No quedan muchos en este mundo.

Edward achicó los ojos.

—¿Este mundo? Eso implica la existencia de otro.

—Leí tu investigación de la Teoría de Cuerdas —dijo Rosalie—. Sé que no estás muy interesado con el concepto de dimensiones paralelas...

—Oh, Dios. —Edward se frotó la frente.

—¿Podemos saltarnos eso ahora? —preguntó Jacob rápidamente, antes de que eso se convirtiera en una discusión acerca de la física—. ¿Qué es lo que quiere? ¿Y cómo es que habla Catalupan antiguo? ¿Y por qué es tan cabrón? ¿Cómo lo conoces?

Rosalie alzó las manos en un gesto de detente.

—Una cosa a la vez. No sé qué es lo que quiere y no sé cómo es que habla Catalupan, pero es increíblemente viejo. Y, el porqué es tan cabrón, pues a los elfos no les suelen agradar mucho los humanos. Ellos son criaturas de la naturaleza, protectores de las hadas y guardianes del bosque. Les tienen rencor a los humanos por destruir tanto del mundo natural.

—¿Pero les agradan los vampiros?

Rosalie vaciló.

—Vampiros…, um… Ellos solían mantener en orden la cantidad de humanos. Los Elfos Mayores creen en algo llamado El Balance. Es como su religión, un sistema de revisiones y balance.

—Estasis —dijo Edward.

Rosalie asintió.

—Exacto. Y creen que este mundo está muriendo porque El Balance ha sido tan trastornado. No le tienen mucho cariño a la Reina Victoria a causa de sus leyes que prohíbe matar humanos, lo que, en sus ojos, solo empeorará el problema.

—Bien, ¿quién es Brady, el chico que mencionó?

—Un vampiro que conozco a causa de mis negocios en documentación. Es el dueño del barco. De la compañía naval entera, más bien. Sabía que tenían un puerto de salida en Catalupa, así que lo llamé cuando empezó a parecer que no podríamos salir del país con rutas normales. Me debía un favor.

—¿Y le dijiste a Brady lo que Bella era?

Rosalie se vio insegura por un momento, una vulnerabilidad que Jacob no estaba acostumbrado a ver en ella.

—No creí que fuera necesario mantenerlo en secreto. No sabía que estaba viendo a Jinx.

—¿Y Jinx? ¿Cómo es que lo conoces?

—También los elfos necesitan documentos para funcionar en el mundo humano.

—¿Qué puede querer con Bella?

—Supongo que lo descubriremos pronto. La sutileza nunca fue el fuerte de Jinx.


La Diosa Oscura se permitió ser guiada dentro de la cámara por ese hombre extraño, aunque la puso nerviosa cuando dejó afuera a Edwurr. Había sido una sorpresa escuchar su propio lenguaje de nuevo, pero una sorpresa placentera. En cubierta él la había llamado por su título apropiado, y le dijo que su nombre era Jinx y que quería conocerla. Él había sido muy amable con ella, pero ella todavía sospechaba al estar encerrada en una habitación a solas con él.

Su aroma era extraño. No olía a humano. Olía a bosque, una mezcla embriagadora de cosas verdes, corteza de árbol húmeda y tierra, un aroma que ella recordaba bien de cuando solía jugar en los bosques de niña. Cerró los ojos cuando una memoria llegó a ella, era de uno de sus sacerdotes al cual quería como a un padre, Iatoay, saltando de detrás de un árbol para cargarla en brazos mientras ella se revolvía de risa.

El hombre alto le hizo una reverencia de nuevo y se dirigió a ella con los títulos apropiados, como había hecho cuando salieron de la caja de metal.

—Diosa Oscura, Señora de la Noche, Dama de la Lluvia, yo soy Jinx y ruego poder hablar con usted.

—¿Cómo sabes quién soy, Jinx? —preguntó. Nadie más parecía saberlo.

—Conozco a alguien que habitó en sus tierras.

Ladeó la cabeza.

—No eres un dios. —Ella podía escuchar el latido de su corazón, el silbido de la sangre a través de sus venas. ¿Cómo es que había vivido tanto tiempo?

—No, Diosa. Soy un Portador de Hojas.

Ella agrandó los ojos. Había escuchado de los de su tipo, claro. Una de ellas era adorada por su gente como la Diosa de la Luz, pero nunca la había conocido. Los Catalupans creían que juntarlas traería el fin del mundo. Sus templos habían estado en lados opuestos de las tierras para evitar que sus caminos se cruzaran.

—¿Ella sigue...?

—Sí, lo está, aunque la gente ya no la adora. Se desvanece al mismo ritmo que desaparece el bosque de su corazón.

Ella sabía que los Portadores de Hojas tenían una simbólica relación con las selvas.

—¿Está muriendo? —Un golpe de culpabilidad la hizo hacer una mueca. ¿Su larga hibernación los había llevado a la escasez de lluvia?

—No, Diosa, está siendo destruida por humanos. Queda muy poco de ello.

Ella estaba asombrada. El bosque que ella conocía se extendía por cientos de caminatas en todas las direcciones, con solo pequeñas parcelas que habían sido limpiadas para los cultivos, y aun así, las tierras eran usadas solo por unos años antes de ser regresadas a los árboles. ¿Cómo podría haberse ido todo? ¿De verdad estas personas necesitaban tanta madera? No había visto ningún incendio desde que despertó.

—¿Por qué no me despertaron?

Shinx se veía triste.

—Llegó gente atravesando las aguas saladas y mataron a mucha gente con enfermedades y guerra. Destruyeron los textos sagrados y obligaron a la gente a adorar a su dios. Tus sacerdotes fueron puestos bajo la espada cuando se negaron a dejar de adorarte y tu templo fue olvidado. Es su lenguaje el que habla ahora la gente de tu tierra, y todavía adoran a su dios.

Lágrimas llenaron sus ojos. La pila de esqueletos en el piso… Sus sacerdotes eran guerreros entrenados, expertos en el club de la batalla, para poder protegerla mientras dormía. ¿Habrían sido esos que cruzaron las aguas saladas tan poderosos, tan imparables? Si sus sacerdotes hubieran sido capaces de despertarla, ella podría haber salvado a su gente. Un sollozo la ahogó al pensar en el terror y dolor que debieron haber sufrido.

¿Cuál era su propósito ahora, si no había nadie para adorarla y su llamado a la lluvia ya no era necesitado? Estaba perdida, a la deriva, inservible

Jinx leyó correctamente su expresión.

—Estás aquí por una razón, Diosa, incluso si no lo sabes en este momento. Tu destino te ha traído aquí, te ha preservado, te ha fortalecido por una razón.

—No sé cuál sea esa razón —confesó.

Él sonrió.

—Te ayudaré a descubrirlo.


El amanecer llegaba rápido y la Diosa Oscura estaba sola en su habitación. Se sentó a los pies de su cama con las rodillas dobladas contra su pecho. Nadie había venido a su habitación, así que al parecer se suponía que ella tenía que dormir sola ahí, aunque su cama era lo suficientemente grande para que cupieran muchos. Había aceptado, con reticencia, que nadie se acurrucaría con ella al dormir, pero la idea de estar completamente sola en la gran cama era horrible.

Se bajó de la cama y se acercó a la ventanita rectangular, cubierta con esa sustancia transparente que Edwurr llamaba "vidrio". Había una pequeña palanca a un lado y cuando la movió, el vidrio se hizo a un lado sobre una ranura de metal. Una suave brisa entró en la habitación, aromatizada con el agua salada. Shinx le dijo que Edwurr y Shaykob la estaban llevando a su tierra, un lugar muy lejano. Ella encontró que eso era consolador; ellos querían quedarse con ella, así que se preocupaban por ella, incluso si no se acurrucaban. Shinx le dijo que no se lo tomara a pecho. En su cultura no se acurrucaban mucho, usualmente solo lo hacían luego de tener relaciones sexuales, lo cual ella creyó que era muy triste. El cielo comenzaba a iluminarse en el horizonte. Necesitaba acostarse pronto. Shinx le había ofrecido acurrucarse con ella, pero algo en él la inquietaba y se había negado.

Asomó el cuello por fuera de la ventana y jadeó ante la altura que había hasta el agua. Nunca antes había estado en un bote, nunca había visto uno tan enorme. Era más grande que cualquier edificio de su época, incluso más grande que unas de las villas que había visto. ¡Y estaba hecho de metal! Se preguntó cómo permanecería a flote, especialmente con la enorme cantidad de cajas que tenía arriba. Más magia que no podía entender.

Suspiró. Era una de las millones de preguntas que quería hacer, pero probablemente para cuando aprendiera su lenguaje, ya tendría un millón más. Cerró la ventana mirando la poca atractiva cama, y su mandíbula se tensó con determinación.


Edward escuchó que el pomo de su puerta se sacudía y se levantó de uno de los sofás, donde había estado sentado mientras usaba la mesa de centro y un bloc de notas para escribir ecuaciones. La declaración de Rosalie acerca de dimensiones alternativas había echado a volar su imaginación y su pluma volaba sobre el papel, dejando garabatos casi indescifrables a su paso. La soltó con el ceño fruncido y fue a la puerta.

La abrió y encontró a Bella intentando usar su llave para abrir la puerta. La punta de la llave estaba doblada por la presión que habían usado sus dedos al intentar forzarla a abrir. Le sonrió a Edward y lanzó sus brazos alrededor de su cuello. Él parpadeó ante su entusiasmo, y palmeó incómodamente su espalda hasta que lo soltó.

—¿Qué pasa, cariño? —le preguntó.

—Bella, cama —dijo ella señalando la de él.

—¿Quieres dormir aquí? —preguntó. Él señaló la cama y juntó sus manos en un lado de su mejilla, ladeando la cabeza en ellas como si fueran una almohada.

Ella asintió con la mirada suplicante. No había forma de que él pudiera negarse ante eso.

—Bien.— Él se fue a bajar las persianas y cortinas de la ventana.

Bella puso la mano sobre su estómago e intentó decir la palabra que siempre decía cuando hacía ese gesto.

—Hmbre.

Él se sonrojó pero aun así se sentó a los pies de la cama y le ofreció su muñeca. Ella lo ignoró y saltó sobre él juguetonamente, haciéndolo caer sobre su espalda mientras ella se sostenía sobre él apoyada en sus codos. Ella lo miró. Por un momento infinito, sus ojos se miraron y luego ella bajó la cabeza. No hubo dolor cuando sus dientes perforaron la piel de su garganta, pero él podía sentir sus suaves labios moviéndose contra su piel mientras ella chupaba y sorbía, y el suave tacto de su lengua cuando atrapó una gota que se le había escapado. El placer lo golpeó casi al instante, extrañamente poderoso, pero en lo que estaba concentrado era en la sensación de su boca sobre él. Era el momento más erótico de su vida y deseaba con todas sus ganas no estar usando todavía sus vaqueros porque el confinamiento se estaba poniendo doloroso.

Ella se apartó y sus ojos se encontraron de nuevo. La cabeza de ella se agachó, pero esta vez para tocar con sus labios los de él, tan suave como el tacto del ala de una mariposa. Un sonido involuntario escapó de él (¿Un gruñido? ¿De verdad le gruñí a ella?) y él tomó los labios de ella con los suyos, de manera salvaje, sin pensar ni razonar, solo con el deseo de probar y ser probado, de sentir sus suaves labios bajo la gentil mordida de su boca, para mezclar su aire con el de ella. Él los giró para quedar sobre ella y enterró las manos en su cabello de seda. Las manos de ella subieron por sus hombros y él sintió sus uñas enterrarse ahí a través de la tela de su camisa.

Se dio cuenta de que el suave sabor metálico era su propia sangre, y se sorprendió al descubrir que eso solo lo excitaba más. La lengua de ella acarició la suya y el aliento de ella salió en suaves jadeos. Oh Dios, cuanto quería...

Él se alejó con reticencia y ella hizo un sonido de protesta. Él le sonrió gentilmente y peinó hacia atrás el cabello que había sido revuelto por sus manos.

—Lo siento —dijo, pero no lamentaba haberla besado. Él lamentaba decepcionarla de nuevo al no ir más lejos.

Ella le regresó la sonrisa.

—Edwurr, bien. —Frunció los labios e hizo un sonidito de besos—. Bien.

—¿Quieres decir que está bien que te dé besos?

Ella ladeó la cabeza con curiosidad.

Él bajo sus labios hacia los de ella de nuevo, con dulzura, suavidad, prolongándolo.

—Beso —susurró, y sus labios acariciaron los de ella al hablar.

—Beso —suspiró ella—. Bien, beso. —Ella cerró los ojos y acunó una mano en la nuca de él, jalándolo hacia sí. Él la besó de nuevo y se escuchó gemir en voz baja. Se dio cuenta de que sus cuerpos se movían juntos, imitando una danza primitiva, y él se detuvo con las mejillas sonrojadas de nuevo. Giró a un lado la cabeza y la mano de ella empujó gentilmente su mejilla hacia sí mientras pasaba una pierna sobre la de él.

—Edwurr, bien —dijo suavemente, y pasó los dedos sobre su frente para alejar su revoltoso cabello. Sus ojos estaban llenos de gentil compasión y Edward sentía que ella lo entendía de verdad, en una manera en que no era necesario el lenguaje. Ella entendía y de todas formas le gustaba. Sus labios se encontraron de nuevo, y Edward no estaba seguro de quién besó a quién, pero sí sabía que era el beso más sincero de toda su vida. Bella suspiró cerrando los ojos y se dejó llevar por el sueño cuando el sol salió por el horizonte.


¡No Bella!—gritó Edward, pero fue demasiado tarde para detenerla. Cayó a unos pies de distancia, sobre su espalda, en silencio e inmóvil. Edward corrió hacia el pasillo y golpeó en la puerta de Jacob. Jacob la abrió con el ceño arrugado con preocupación. Solo estaba usando los pantalones de su pijama y su cabello estaba tan salvajemente desordenado como el de Edward.

—Es Bella. —Eso era todo lo que Edward necesitaba decir. Jacob corrió de su habitación a la de Edward, donde encontró a Bella todavía acostada en el lugar donde había caído, blanca e inmóvil.

—¿Qué pasó? — acob se arrodilló junto a ella y palmeó sus mejillas. No respondió.

La cara de Edward estaba casi tan blanca como la de Bella.

—Metió su llave en la conexión. Intenté detenerla, pero...

—Joder. —Jacob le dio palmadas más firmes—. ¿Bella? Bella, vamos, despierta. —Sus ojos se levantaron hacia Edward—. No está respirando.

—No, no, no —susurró Edward. Se arrodilló y recogió el cuerpo de Bella en sus brazos. Las lágrimas se acumularon en sus ojos—. Bella, cielo, por favor.

—Llamaré a Rose —dijo Jacob—. Ella sabrá qué hacer. —Se apresuró hacia el teléfono que estaba junto a la cama, levantó la bocina y marcó el número de la habitación de Rose. Ella contestó al segundo timbre.

—¿Rose? Bella se electrocutó. No se está moviendo ni respira. Sí, sé que no tiene que respirar. ¿Qué?... Metió su llave a la conexión de la pared… Deja de reír… ¡Deja de reír, maldición! ¡No es divertido! —Escuchó por un momento y luego colgó el teléfono—. Rose dice que estará bien, pero va a venir para revisarla.

Una lágrima cayó del ojo de Edward y se estrelló en el rostro de ella. Levantó la vista hacia Jacob y miró que lo veía con una extraña expresión de nostalgia. Edward abrió la boca para hablar pero la llegada de Rosalie sacó la pregunta de su cabeza.

Rosalie se arrodilló junto a Bella y la miró por un momento.

—Está bien, chicos. Solo se desmayó.

—Parece…, muerta. —La voz de Edward sonaba insegura.

Rose alzó una ceja.

—Es un vampiro, está muera.

—No, quiero decir muerta de verdad.

Rosalie sacudió la cabeza.

—Si estuviera muerta de verdad, ahora no sería más que una pila de cenizas. En serio, chicos, cálmense. Estará bien, lo prometo. Una electrocución no mataría a un vampiro. Tienes que decapitarlos o quemarlos.

Edward hizo una mueca.

Rosalie ladeó la cabeza.

—De verdad te importa ella, ¿no?

Edward bajó la vista a la cara inmóvil y blanca de Bella.

—Sí —dijo con suavidad. Más de lo que se daba cuenta.

Rosalie sonrió, como si la respuesta de él le hubiera complacido, aunque él no podría imaginarse la razón.

—Llévala a la cama —le aconsejó—. Probablemente se despertará pronto, pero es posible que no sea hasta mañana en la tarde, y estoy casi segura que querrá comer al despertarse.

—¿Quieres que me quede? —preguntó Jacob.

Él se sorprendió por esa pregunta porque había asumido que Jacob se quedaría, que querría estar al lado de Bella. Una visión de Bella sobre Jacob, bebiendo de él de la forma en que había bebido de Edward esa mañana, flotó por su mente y sacudió la cabeza automáticamente, rechazándolo. Edward le daría todo lo que necesitara, incluso si le costaba hasta la última gota.

Jacob asintió.

—Llámame si me necesitas, ¿de acuerdo?

—Gracias, Jake. Perdón por el pánico.

—No pasa nada. —Jacob se encogió de hombros—. Probablemente yo también me habría espantado…, en tu posición.

Esa última parte fue casi una pregunta. Edward lo miró a los ojos y un momento de silenciosa comunicación pasó entre ellos. Jacob asintió y se puso de pie. Palmeó el hombro de Edward con una mano antes de girarse hacia Rosalie.

—Vayamos a ver si podemos conseguir algo de cenar. Edward, te traeré un platillo.

—Gracias —dijo Edward, y no solo estaba hablando de la comida.

Jacob le sonrió, y hubo ahí un rastro de esa nostalgia.

—No hay problema, hombre. ¿Para qué estamos los amigos?


Quiero aclarar varios puntos aquí:

*Las palabras que Bella va aprendiendo en inglés si comienzan con w – water, walk – pero la traducción obviamente es diferente.

*Cuando Rosalie dice que Jinx es un hada, en realidad no utiliza la palabra fairy (que sería la traducción de hada), ella utiliza fae, es por eso la pregunta de Jacob, "Gay" y "Fae" tienen una pronunciación similar.

*Estasis: es un estado de balance entre varias fuerzas.

Ahorita no me estoy manejando con fechas de actualización porque estoy a finales de semestre y la mayoría de los días no tengo tiempo libre, pero en cuanto salga de vacaciones me pondré las pilas para actualizar más seguido.

¡Gracias por sus comentarios!

Tanya Masen Cullen, YBoaa, liduvina, wichi0705, Zanzamaru, T .J. Cohen, Deathxrevenge, Marie Sellory, Anne Masen Black, Tatahasi, mvfap18, Manu Twifics, conejoazul, PRISGPE, Cami-twilighter, Is a Beautiful Rose, Drarry aeternum, Gretchen CullenMasen, Elizabeth Lecter, lokaxtv, Soemarie Grey, CristalAlice, anamart05, Karina Masen, LizieRossemary12, MayBCullen