Ohayo chicas :D

como lo prometido es deuda aqui les traigo la historia, espero que les guste tanto como a mi

y que la disfruten al máximo xD

sip, es otra adaptación...la verdad es que tengo un one-shot escrito por mi,

pero esta reservado para una fecha especial y todavia falta mucho para eso :3

sobre está historia: les ruego que tengan paciencia con la contii, perdonen los errores si los hay

y no tengan en cuenta el espeacio geográfico x3

ahh y onegaii D': recibos donaciones de likes a mi pagina de Fb Amy Lee Uchiha Hiragizawa

con cada like contribuyes a motivar a la autora para la contii xD

Los personajes son propiedad de Mashashi Kishimoto y la historia pertenece a Chantelle Shaw

sin más...feliz lectura c:

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UNA AVENTURA EN EL PARAISO

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Capítulo 1

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Sakura Haruno sacó el teléfono móvil del bolso y leyó el mensaje de texto que había recibido de Hinata Uchiha, que le explicaba cómo llegar a la isla japonesa propiedad de su hermano Sasuke .Como voy a casarme en Hokkaidō, sería estupendo que pudieses venir a la isla a trabajar en el diseño de mi vestido, para que pudieses hacerte a la idea del entorno. Puedes tomar el ferry en el puerto de Lavrion en Tokio hasta la isla de Kea. Dime aqué hora tienes planeado llegar y me aseguraré de que te esté esperando un barco para traerte a Hokkaidō .Hacía diez minutos que había llegado el ferry y ya estaban desembarcando los últimos pasajeros. En el muelle había varias barcas de pesca, que se balanceaban suavemente sobre el mar color cobalto que reflejaba el cielo azul. El pequeño puerto de Korissia era un lugar pintoresco. Ante él se alineaban las casas blancas y cuadradas, con tejados color terracota, y detrás de estas se levantaban las montañas, bañadas con los alegres colores de las flores silvestres.

Sakura apreció la belleza de aquel lugar, aunque, después del vuelo de cuatro horas a Tokio y otra hora más en ferry, estaba deseando llegar a su destino. Tal vez alguna de aquellas barcas de pesca estuviese allí para recogerla. Se hizo sombra con la mano y vio a un grupo de pescadores charlando, ajenos a ella. Los demás pasajeros del ferry se fueron hacia la ciudad. Sakura suspiró, tomó sus maletas y echó a andar hacia los pescadores. El cálido sol de mayo era una delicia, en comparación con el frío que había dejado atrás en Londres. Hizo una mueca al recordar la reacción de su hermano Gaara cuando le había contado que iba a pasar una semana en Japón , mientras él se quedaba en la vieja casa flotante que tenían en el Támesis.

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Flash Back

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–Al menos, piensa en mí mientras estés codeándote con algún multimillonario japonés en ese paraíso –había bromeado–. Mientras tú te pones crema solar, yo estaré poniéndole parches al barco, otra vez, antes de irme a Gales a una sesión de fotos.

–Voy a trabajar, no a tomar el sol –le había respondido ella–. Y no creo que tenga la oportunidad de estar con Sasuke Uchiha. Hinata me dijo que su hermano pasa mucho tiempo en las oficinas centrales de la empresa, en Tokio, o visitando proyectos por todo el mundo. Hasta decidieron la fecha de la boda de acuerdo con la agenda de Sasuke. Al parecer, solo tenía libre la última semana de junio.

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End Flash Back

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Sakura frunció el ceño mientras seguía andando por el muelle. Hinata le había mencionado en múltiples ocasiones a su hermano, y era evidente que lo adoraba, pero ella tenía la impresión de que Sasuke Uchiha era un hombre acostumbrado a salirse siempre con la suya, y que Hinata se sentía intimidada por él. Incluso el hecho de que ella tuviese que diseñar y hacer el vestido de novia de Hinata, así como los de sus dos testigos, en cinco semanas en vez de en los seis meses que solía necesitar era, en parte, culpa de Sasuke. Aunque él no tenía la culpa de que el primer diseñador al que había acudido su hermana la hubiese dejado tirada. Hinata no le había dado detalles al respecto, pero la insistencia de Sasuke de que la boda siguiese celebrándose a finales de junio debía de haberla presionado mucho. De hecho, había estado a punto de ponerse a llorar cuando había ido a verla al estudio, y se había sentido muy aliviada cuando Sakura le había asegurado que podría tener el vestido a tiempo.

Frunció el ceño todavía más al recordar cómo lehabía temblado la voz al pedirle que fuese a Hokkaidō aempezar el diseño. Sakura todavía no conocía a Sasuke Uchiha, pero ya le caía dijo que no era justo que su relación con Orochimaru Miyazawa , el hombre dominante que había creído queera su padre, influyese en su manera de ver a otros hombres. Seguro que el hermano de Hinata era encantador. Al menos, así se lo parecía a muchas mujeres, a juzgar por lo que decían de él en la prensa del corazón.

Una lancha motora que surcaba el mar captó su atención. La vio aminorar la marcha y acercarse al muelle. Era un barco que llamaba la atención, pero lo que hizo que a Sakura se le acelerase el corazón no fue la lancha, sino el hombre que la conducía. Cuando Hinata le había dicho que alguien iría a recogerla para llevarla a Hokkaidō, a Sakura ni se le había pasado por la cabeza que pudiese tratarse de Sasuke Uchiha en persona. Las fotografías que había vistode él en periódicos y revistas no le hacían justicia. Tenía el mismo pelo moreno y grueso, el mismo rostro cincelado, los mismos labios sensuales, pero una fotografía no podía captar su aura de poder, el magnetismo que irradiaba, que hacía imposible apartar la vista de él.

–¿Es Sakura Haruno? –le preguntó con voz profunda y grave.

Ella sintió calor.

–Sí –balbució con el corazón latiéndole a toda velocidad mientras él amarraba la motora al muelle.

–Soy Sasuke Uchiha –se presentó él, acercándose con paso seguro.

Era muy alto, tenía las piernas largas, enfundadas en unos vaqueros desgastados. La camiseta negra marcaba un abdomen fuerte y musculoso y el cuello en V revelaba un torso blancuzco y cubierto de poco de bello. ¡Era impresionante! Sakura tragó saliva. Era la primera vez en su vida que se sentía así delante de un hombre. Tenía el corazón acelerado y le sudaban las palmas de las manos. Quería hablar, hacer algún comentario banal acerca del tiempo para romper la tensión, pero tenía la boca seca y, al parecer, su cerebro había dejado de funcionar. Deseó que él no llevase gafas de sol. Tal vez, si pudiese verle los ojos, le impondría menos respeto.

La profesionalidad llegó por fin al rescate y Sakura le tendió la mano.

–Encantada de conocerlo, señor Uchiha – murmuró–. Hinata me habló de usted cuando estuvo en mi estudio de Londres.

Sakura tuvo la sensación de que él dudaba un instante antes de darle la mano. Lo hizo con firmeza, y ella volvió a ser consciente de su poder y de su fuerza. Luego le soltó la mano, pero en vez de apartarse, la agarró del brazo.

–Es un placer, señorita Haruno –respondió él con cierta impaciencia–. Necesito hablar con usted. ¿Le importa si buscamos algún sitio donde podamos sentarnos?

Sin esperar su respuesta, tomó la mayor de sus maletas, se la metió debajo del brazo y echó a andar por la carretera, hacia un bar que tenía terraza. Sakura intentó seguir su paso a pesar de los tacones. Cuando llegaron a la terraza, Sasuke le ofreció una silla y luego se sentó enfrente de ella, pero Sakura había ido a Japón a trabajar, no a disfrutar del sol, y estaba deseando empezar.

–Señor Uchiha…

–¿Qué desean? –preguntó un camarero.

Sasuke le habló en japonés y la única palabra que entendió Sakura fue «wain», que sabía que era «vino».

–Yo quiero un zumo, por favor –dijo enseguida.

El camarero miró a Sasuke, casi como si le estuviese pidiendo permiso para llevarle el zumo a Sakura . Esta se miró el reloj y vio que hacía ocho horas que había salido de casa. Tenía calor, estaba cansada y no estaba de humor para complacer a un hombre con un ego descomunal.

–Señor Uchiha, la verdad es que no quiero tomar nada –le dijo en tono seco–. Me gustaría ir directamente a Hokkaidō. Su hermana me ha encargado el diseño de su vestido de novia y, dado que solo tengo un mes de plazo, necesito ponerme a trabajar de inmediato.

–Sí… –dijo él, quitándose las gafas de sol y mirando a Sakura con frialdad–. De eso es de lo que quiero hablarle.

Tenía los ojos de color negro, la mirada dura e intransigente. Sakura se sintió decepcionada al darse cuenta de que no había calor en ella. ¿Cómo había podido pensar que la atracción que sentía por él podía ser recíproca? Y todavía era más ridículo que hubiese deseado que lo fuera. Intentó apartar aquella idea de su mente y se obligó a mirarlo a los ojos, consciente de la rapidez con la que le latía el corazón al estudiar sus cejas oscuras, su nariz prominente y sus generosos labios. La barba de dos días hacía que fuese todavía más atractivo.

Sakura se preguntó cómo serían sus besos. Y le sorprendió podérselos imaginar con tanta claridad. Sasuke frunció el ceño y la miró de manera especulativa. ¿Le habría leído el pensamiento? Avergonzada, Sakura se ruborizó. Todo en él rebosaba arrogancia. Sin duda, estaba acostumbrado a tener aquel efecto en las mujeres. «Tierra, trágame», pensó ella.

La vida estaba resultando ser sorprendentemente difícil. Sasuke frunció el ceño, irritado, al observar a la mujer que tenía delante y ver cómo se ruborizada. Tenía que haberle resultado sencillo informar a Sakura Haruno de que había habido un cambio de planes y ya no requerían sus servicios. Después, le habría firmado un cheque para compensarla por los gastos del viaje y la habría mandado de vuelta a Tokio. En su lugar, se quedó hipnotizado con sus ojos hades, bordeados por unas largas pestañas de color oscuro y de una vulnerabilidad inquietante. No había esperado que fuese tan guapa. Y lo que todavía le sorprendía más era cómo había reaccionado al verla. Se pasaba la vida rodeado de mujeres bellas. Salía con modelos y glamurosas mujeres de la alta sociedad, y las prefería altas, esbeltas y sofisticadas. Sakura era menuda, como una muñeca, pero desde que la había visto en el muelle, no había logrado apartar los ojos de su exquisito rostro.

Sus rasgos eran perfectos: los ojos hades y brillantes, la nariz pequeña, los pómulos marcados y unos suaves labios rosados muy tentadores. Llevaba el pelo escondido debajo del sombrero de ala ancha, pero teniendo en cuenta que tenía la tez clara, debía de tenerlo claro. El sombrero color crema con el ribete negro era el complemento perfecto para el traje de chaqueta y falda que llevaba puesto. Unos tacones negros y un bolso del mismo color completaban el conjunto. Sasuke se preguntó si iría vestida con una de sus creaciones. Si era así, tal vez no mereciese la pena preocuparse por el vestido de novia de Hinata. Apartó aquella idea de su mente, Sakura Haruno era una desconocida. La noche anterior, después de que su hermana le hubiese anunciado que había escogido a otra diseñadora para su vestido de novia, Sasuke había hecho una búsqueda en Internet y se había enterado de que la empresa de esta, Wedding Sakura, casi no había obtenido beneficios el año anterior y contaba con escaso capital.

Sasuke sabía que, en parte, era responsable de que su hermana no tuviese vestido a cinco semanas de la boda. Tenía que haberse informado y haber sabido que Tenten Ama, la diseñadora japonesa a la que le había encargado el vestido, estaba al borde de la quiebra, pero había estado de viaje cuando su hermana había ido a ver a Tenten y le había pagado el importe completo del vestido por adelantado. ¿Era culpa suya que su hermana fuese tan ingenua, tan idealista? En cualquier caso, Hinata lo era todo para él. Había hecho el papel de padre con ella durante casi toda su vida y tal vez la protegiese en exceso. Con la inminente boda, había decidido hacerse cargo de la situación y le había pedido a su amiga e internacionalmente conocida diseñadora de moda, Ino Yamanaka, que le hiciese el vestido de novia, sin saber, hasta la noche anterior, que su hermana ya

se había puesto en contacto con otra diseñadora. Tal vez fuese injusto sospechar de la señorita Haruno solo porque Tenten Ama les hubiese salido rana, pero él, al contrario que su hermana, nunca confiaba en nadie. Era una lección que había aprendido por las malas, y que le había sido de gran utilidad tanto en su vida privada como en los negocios. Tal vez se pudiese confiar en aquella diseñadora inglesa, pero quedaba muy poco tiempo para la boda y no podía arriesgarse.

Se inclinó hacia delante y estudió los delicados rasgos de Sakura. Era muy atractiva, pero él solo debía pensar en su hermana. Aquella inesperada atracción era intrascendente y estaba seguro de que se olvidaría de ella un par de minutos después de que hubiese vuelto a subirse al ferry. No obstante, era una pena. En otras circunstancias no habría perdido ni un momento en intentar seducirla…

Sakura deseó que Sasuke Uchiha dejase de mirarla así. Cada vez se sentía más acalorada y, en cuanto les hubieron llevado las bebidas, se tomó su zumo de un trago.

–Veo que al final sí que tenía sed –comentó él en tono seco.

Ella se ruborizó.

–Llevo todo el día viajando –comentó.

–Se lo agradezco… Y sé que lo último que quiere oír ahora es que el viaje era innecesario, pero me temo que debo informarle de que mi hermana ha escogido a otra diseñadora para que le haga el vestido de novia y ya no requiere sus servicios.

Durante unos segundos, Sakura lo miró fijamente, en silencio.

–Pero…

–Espero que esto sea suficiente para compensar el dinero y el tiempo gastados –continuó Sasuke, abriendo la cartera y tendiéndole un trozo de papel.

Aturdida, Sakura tomó el cheque. La cifra escrita en tinta negra cubría los gastos del viaje cien veces, pero no pudo aliviar su decepción.

–No lo entiendo –admitió despacio–. Ayer mismo recibí un mensaje de texto de Hinata en el que me decía lo emocionada que estaba porque yo fuese a diseñarle el vestido, y que estaba deseando que llegase. ¿Me está diciendo que ha cambiado de opinión?

Vio dudar a Sasuke, pero su respuesta fue:

–Me temo que sí.

Sakura no supo qué decir. Sintió que le faltaba el aire, como si alguien le hubiese dado un puñetazo en el estómago. Miró fijamente el cheque y notó que se le nublaban los ojos. No podía llorar, pero iba a hacerlo. La boda de Hinata era el mayor acontecimiento social del año. Sasuke Uchiha era uno de los hombres más ricos de Japón y mucha gente importante iba a asistir a la boda de su única hermana.

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Flash Back

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–En realidad, no conozco ni a la mitad de los invitados –le había confesado Hinata a Sakura–. Si te soy sincera, habría preferido algo más íntimo, pero sé que Sasuke está decidido a convertir mi boda en el día más memorable de mi vida, así que no puedo quejarme.

Aquel encargo habría dado mucha publicidad a Wedding Sakura, le habría granjeado otros pedidos y la habría ayudado a devolver el préstamo al banco. Pero Sakura se dio cuenta de que no solo estaba decepcionada porque había perdido una oportunidad de negocio, sino porque Hinata le había caído bien desde el principio y pensaba que la sensación había sido mutua. Por eso no entendía que hubiese cambiado de opinión. No tenía sentido.

Frunció el ceño al recordar algo que Hinata le había dicho cuando había estado en su estudio:

–Sasuke quiere que sea Ino Yamanaka quien me haga el vestido.

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End Flash Back

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Sakura conocía a Ino Yamanaka y sabía que era una de las diseñadoras favoritas de las actrices de Hollywood.

Miró con desconfianza al arrogante hombre que tenía sentado delante y se preguntó si Sasuke se habría salido con la suya. ¿Habría presionado a su hermana para que se decidiese por la diseñadora que le gustaba a él?

Solo había una manera de averiguarlo, y era preguntándoselo a Hinata. Así que Sakura sacó el bolso y tomó su teléfono. Se dio cuenta de que, al otro lado de la mesa, Sasuke

ya no parecía tan relajado y que la observaba atentamente.

– ¿Tiene que hacer una llamada ahora? –inquirió, frunciendo el ceño.

–Tenía un acuerdo con su hermana –le informó ella–. Solo me gustaría comprobar que Hinata está decidida a encargar su vestido de novia a otro diseñador. Eso, si es que ha sido ella la que ha tomado la decisión.

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nyaa espero que les haya gustado el cap y si quieren contii comenten :D

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Gracias por leer

y no olviden dejar reviews

Hasta la proxima!

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Amy Lee Uchiha Hiragizawa Way