Capítulo 15

Mis hermanos siempre llevan vaqueros —dijo Serena a Darien antes de que se vistiera el domingo por la mañana.

Entendió la indirecta y se puso vaqueros.

—Es mejor que vayamos en mi coche —dijo ella ya a punto de salir.

—No tiene sentido ocultar quién soy —la miró resuelto.

Cierto, pero no quería restregarles su riqueza llegando con un rutilante BMW.

—Es un primer encuentro —lo miró igual de desafiante—. ¿Qué quieres que vea mi familia, a ti o a tu coche?

Era una prueba importante y, para intenso alivio de Serena. Darien aceptó su punto de vista.

—Vale, vamos en el tuyo —sonrió irónico—. Si eso ayuda a que te relajes…

Suspiró y consiguió sonreír.

—No puedo evitar sentirme un poco ansiosa. Quiero que les gustes.

—Yo también —le acarició una mano.

Eso le quitó un poco de peso del corazón. Mientras conducía hacia Ryde, seguía diciéndose que Darien siempre había sido un maestro a la hora de manejar las situaciones y que manejaría aquélla tan bien como había manejado la barbacoa con los obreros. Sin embargo ése no era el problema realmente. Si su relación tenía alguna posibilidad de futuro a largo plazo, esa visita podía ser la primera de muchas, no una sola ocasión fácil de negociar. La gran pregunta era si él querría repetir la experiencia o no.

Aparcó el coche en la calle adyacente a la de la casa de sus padres.

—¿Cuál es la casa? —preguntó Darien.

Las casas eran todas edificaciones corrientes de ladrillo, como la de sus padres, de arquitectura muy básica. Eso no quitaba para que fuera una vecindad agradable, amistosa y cuidada, con pulcros jardines bien atendidos. Y Serena no iba a disculparse por la falta de clase. De allí era ella y era donde volvería si él no podía aceptarla.

—No se ve desde aquí. La de mis padres está en una calle sin salida y los niños estarán fuera jugando al criquet. No quiero que mi coche se interponga en su camino. No está lejos.

—¿Criquet callejero? —pareció sorprendido.

—Es una tradición familiar de cada Domingo de Pascua por la mañana —señaló a sus hermanos que, habían visto su coche y les saludaban con la mano—. Esos son Haruka y Kelvin pendientes del tráfico y de las bolas que se marchan lejos.

—Parece divertido. ¿Puedo jugar yo?

—Si quieres. Aunque primero tendrás que conocer a alguien más. Mi madre y Amy y mis cuñadas estarán en la cocina preparando la comida.

Se alejaron del coche y Serena vio a sus hermanos observando a Darien mientras caminaban hacia ellos.

Eran mayores que él, en la cuarentena, y les sonreían como si estuvieran contentos de ver a su hermana pequeña con un hombre detrás. Se hicieron las presentaciones sencilla y cálidamente. Llamaron a los niños para que fuera a saludar a su tía y al amigo de ésta. El juego se interrumpió y después entre gritos pidieron a Darien que jugase con ellos después de haber saludado a Nan y Pop.

No hubo ninguna situación extraña en ninguna de las presentaciones. Darien impresionó a todo el mundo al saberse sus nombres y suficientes cosas sobre ellos para empezar una conversación. Cuando su padre lo sacó de la cocina para que se uniera al partido, su madre dio un abrazo a Serena diciendo que era un hombre encantador.

—Es demasiado, creo —dijo Amy preocupada—. Quiero decir que… debe de estar acostumbrado a que las mujeres caigan rendidas a sus pies. Ten cuidado con tu corazón Serena. Puede que no esté hecho para buen marido.

—Ésa es una de las razones por las que era reacia a implicarme demasiado con él —le confesó Serena—. Pero cuanto más lo conozco, más me gusta, Amy. No por su riqueza ni por lo guapo que es. Al principio eran barreras para mí también. No sé dónde lleva esta relación. De momento sólo me gusta estar con él. ¿Vale?

—Vale —sonrió y alzó la mano—. Crucemos los dedos para que te salga todo bien. Y ahora cuéntanos más cosas de él.

Serena tuvo mucho cuidado en dar sólo información positiva. Se concentró en sus padres, volcados en sus carreras académicas, cómo aprendió a cocinar de su abuela, el internado, sus juegos de mesa. Pareció satisfacer la curiosidad general.

Su madre estaba asando la tradicional pierna de cerdo con su guarnición. Los hombres ya habían preparado la mesa en el salón con las veinticuatro sillas que hacían falta y mientras las mujeres charlaban pusieron todos los adornos típicos de Pascua. Pusieron un ponche de frutas para los niños y unas botellas de vino para los adultos. Todo estaba precioso y Serena esperó que Darien disfrutara de lo que sólo era una ruidosa comida con su familia.

Se escabulló al jardín trasero y ocultó los huevos de Pascua antes de que los niños entraran en tropel desde la calle. Los llamaron para que se lavaran las manos y se sentaran, lo que hicieron alegres. Por los comentarios que oyó, Darien se había ganado a los niños por las pelotas fáciles de agarrar que había golpeado cuando bateaba y las que había lanzado cuando bateaban ellos.

Control magistral, pensó Serena encantada de que lo hubiera aplicado al juego para que fuera más divertido.

Empezó a relajarse en la comida. Darien se unió desenfadado a todos los temas de conversación que salieron, aunque escuchó más que habló. Alabó a su madre por el asado, el mejor que había comido. Rió los chistes de sus hermanos. Realmente pareció pasarlo bien.

Después de la tarta, permitieron a los niños ir a buscar los huevos de Pascua. Escaparon de las sillas chillando, todos menos Joshua, que permaneció sentado contando una y otra vez los huevos de la tarta que le habían tocado. Amy se levantó para animarlo a que fuera con los demás. Él ignoró su esfuerzo y cuando lo tomó de la mano, se soltó y la golpeó en el brazo para que le dejara en paz, después pasó a una rabieta mayor y lanzó sobre ella una lluvia de golpes.

Estaban acostumbrados a esas reacciones del niño, pero Amy estaba avergonzada porque hubiera sucedido delante de Darien, se echó a llorar desesperada por no ser capaz de manejar a su hijo autista. Su marido, Richard, corrió a su lado, agarró a Joshua, se lo echó al hombro y lo sacó del salón.

—Lo siento… lo siento mucho —lloró Amy cubriéndose el rostro con las manos.

Su madre la rodeó con los brazos, le dio palmadas en la espalda y le habló suavemente.

—No te lo tomes así, todos lo comprendemos.

—Le he estropeado el día a Serena —lloriqueó.

—No —dijo Serena acercándose a su hermana.

Si Darien estaba molesto por un niño así que perdía el control, peor para él. Ninguna familia era perfecta, pero la que no se daba apoyo mutuo era la más triste.

Para su asombro. Darien se acercó a ellas y se dirigió a su hermana con voz suave.

—¿Te importaría si probara con algo que podría interesar a Joshua a ver si se tranquiliza?

—Oh, Dios, ¿qué? —lloró.

Sacó del bolsillo lo que parecía una libreta fina.

—¡Mira! Es un videojuego de bolsillo. Serena me ha dicho que a Joshua le fascinan los números. Tiene un programa que puede que atraiga su atención. ¿Qué te parece si probamos?

Amy sacudió la cabeza sorprendida. Serena también estaba asombrada. Su madre tomó las riendas.

—Vamos, Amy, dale a Darien la oportunidad de que haga que Joshua se interese por algo.

—De acuerdo —respondió aturdida.

Darien salió del salón. Serena y su madre empezaron a recoger la mesa para hacer algo. Los demás adultos se levantaron a ayudar.

—Has cazado un buen tipo, Serena —dijo Haruka.

—También se le han dado muy bien los otros niños —señaló Kelvin.

Se ruborizó de placer porque les gustara Darien y se sintió obligada a advertirles que podía no ser una relación seria.

—No llevamos juntos mucho tiempo… —empezó.

—No hace falta estarlo para saber que se ha encontrado a alguien especial —dijo su madre.

—Sí, yo no tendría prisa por dejarlo. Serena —aconsejó Mina

—Échale el lazo y sujétalo —dijo Keith con una sonrisa.

Todos se echaron a reír aunque Serena no podía dejar de pensar que estaban completamente equivocados.

No había ninguna duda de que Darien era especial. El problema era si ella era especial para él. Desde luego estaba haciendo un gran esfuerzo para ganarse a su familia. Si conseguía tranquilizar a Joshua, sería el héroe del día.

Su madre había abierto la caja de bombones de Darien y la había puesto encima de la mesa. Estaban a punto de sentarse para tomar el café, cuando los tres adultos desaparecidos volvieron con sonrisas en los rostros.

—¡No puedo creerlo! —dijo Amy feliz—. Ethan le ha ensenado a Joshua lo que era un sudoku y se ha quedado cautivado.

—El problema es que no querrá devolverte la maquinita. Darien —dijo Richard sincero—. Si me dices lo que cuesta, te la pago.

—No, por favor… me encanta que se la quede.

—No puedo permitir que hagas eso —dijo Richard.

—Para serte sincero, no la he comprado para mí, Richard, la he comprado para él.

Hubo un momento de silencio.

Darien dedicó a Serena una tímida sonrisa y después explicó cómo se le había ocurrido.

—Ya había hecho la compra antes de que Serena me prohibiese traerles regalos a los niños. Me había hablado de la fascinación por los números y me llamó la atención porque los números siempre han desempeñado un gran papel en mi vida. Por alguna razón, me metí la máquina en el bolsillo sólo por si surgía la posibilidad de jugar con él. Sinceramente yo no voy a utilizarla.

Más silencio que hizo que una serie de punzadas recorrieran la espalda de Serena.

Esa era la clase de cosas que había querido evitar, la evidencia de lo fácil que le resultaba a Darien comprar cualquier cosa sin pensar en el precio.

El caro regalo podía herir el orgullo de Richard. Podía acabar con lo bien que había caído a su familia hasta entonces, hacer que vieran que el gran financiero sólo pretendía comprarlos. Que era lan rico que no podía comprender las dificultades por las que habían pasado y que habían superado en parte gracias a él.

Aunque el regalo podía ser bienvenido, quien lo hacía podía despertar resentimiento. Serena era dolorosamente consciente de lo negativamente que ella había reaccionado a Darien hasta que lo había conocido mejor.

Amy rompió el incómodo silencio.

—Eso es muy considerado por tu parte. Darien, muy amable —dijo con aprecio.

—Sí —añadió Richard sonriendo y añadió—: Siempre he encontrado extraña la fijación de Joshua con los números. Jamás lo habría relacionado con un juego —dio a Darien una palmada en el hombro—. Me alegro de que tú lo hayas hecho. A lo mejor es un primer pesa para él.

Suavizaron la metedura de pala que había sido que no aceptara que Richard le pagara el juguete.

El grillete que Serena tenía en el corazón, se aflojó.

Darien se dirigió con un gesto de disculpa al resto de la familia.

—Espero que al resto de los niños no les importe.

—No creo —dijo Haruka alegre—. Están demasiado ocupados embadurnándose la cara de chocolate. Como nosotros. Será mejor que los tres nos sentemos antes de que nos acabemos los bombones.

—Si te has comido todos los rellenos de caramelo. Haruka, te arranco la cabellera —amenazó Amy acercándose a mirar la caja.

—Ya no tengo tanto pelo como para preocuparme —respondió con una sonrisa.

Todo el mundo se echó a reír y la tensión que le quedaba a Serena desapareció. Darien volvió a ocupar su silla junto a ella y ella le hizo una caricia rápida en una mano agradecida por lo que había hecho con Joshua y aliviada porque su generosidad no hubiera despertado resentimiento, al menos en la superficie. Lo que pensasen de verdad, jamás sería comentado en su presencia.

El ambiente de fiesta se recuperó pronto.

Haruka abrió una botella de champán e insistió en que bebieran una copa porque había cosas por las que brindar. A su hermano mayor le encantaban los discursos.

—Este año ha sido difícil para algunos de nosotros. Es estupendo haberlo dejado atrás con mejores tiempos en perspectiva —empezó serio arrancando murmullos de aprobación—. El primer brindis quiero hacerlo por nuestra hermana pequeña. El resto de nosotros no hemos estado en posición de ayudar a papá y mamá cuando lo necesitaban y Serena asumió el reto como la campeona que es. Todos apreciamos lo que has hecho. Serena, y sí hay algo que alguna vez podamos hacer por ti, sólo tienes que pedirlo.

Más murmullos. Serena se ruborizó encantada.

—Por Serena —siguió Haruka.

Todos brindaron.

—Después, quiero agradecer a Darien por haberse hecho cargo de las inversiones de nuestros padres, conviniendo lo que parecía un negro pozo en una buena mina —sonrió a Darien—. Ha sido una gran alegría dejar de ver a nuestros padres preocupados. Por ti, Darien.

De nuevo brindaron todos.

Darien se movió en la silla incómodo. Después alzó una mano para protestar.

—No, no puedo aceptar eso, Haruka. Lo que hice… no lo hice pensando en sus padres, ni en ustedes, ni siquiera los conocía —sonrió a Serena—. Fue para conseguir a esta mujer, para conseguir estar más tiempo con ella, porque la quería en mí vida y estaba a punto de dejarme.

—Bueno, pensábamos que había un poco de interés egoísta —dijo Haruka escueto—, pero eso no altera el hecho de que les has cambiado la vida y te mereces un reconocimiento por ello.

—Entonces deja que yo reconozca algo también —señaló Darien—. Ahora que he estado con ustedes, veo más claramente por qué Serena es la persona tan especial que es. Al ser hijo único, no tengo vuestra experiencia de la familia, pero hoy he comprendido por qué significa tanto para ella. Comparten algo muy especial. Es lo que me gustaría hacer en mi propia vida, y espero que Serena… —se volvió hacia ella con los azules ojos brillantes por la determinación— quiera hacerlo conmigo.

Serena se quedó paralizada. ¿Había dicho lo que había dicho? ¿Una familia? ¿Matrimonio… hijos?

Se le salió el corazón del pecho y empezó a galopar.

—¡Bien! —oyó decir a Haruka—. De acuerdo contigo en que nuestra hermana es especial y nos alegramos de que te des cuenta. Eso te hace también especial a ti. No parece mala idea que los dos den un paseo hasta detrás de un arbusto y hablen de lo que tengáis que hablar mientras recogemos la mesa para jugar al póquer.

Carpe diem… La frase se había deslizado en la cabeza de Darien.

Haruka acababa de darle la aprobación de la familia.

Esa barrera en la cabeza de Serena tenía que haberse caído. Si actuaba ya, antes de que ella pudiera pensar en algo más, podría conseguir su objetivo real.

—Sí, buena idea —dijo a Haruka con una enorme sonrisa.

Agarró a Serna de la mano, tiró de ella, la sacó al porche. En cuanto la puerta se cerró, la rodeó con los brazos y la miró a los ojos.

—No hay más pruebas, ¿verdad? —retó y antes de que contestara siguió—: Estamos bien juntos, Serena. No importa quiénes seamos. El mundo es nuestra casa si te abres a mí y admites que soy el hombre adecuado para ti. Porque lo soy. Lo sé. Y tú eres la mujer adecuada para mí. No hay duda. Podemos construir un gran futuro juntos. Tener una familia como la tuya. Nada nos detendrá. ¡Nada!

La mujer adecuada para él…

Lo decía de verdad. Se le notaba en la voz y o podía creerlo. Todas las dudas que la habían asaltado se desintegraron. Se le llenaron los ojos de lágrimas. No podía hablar. Le pasó los brazos por el cuello y lo besó.

Era el hombre adecuado para ella. En todos los sentidos. Su alma y su corazón así se lo decían, su cuerpo exultaba de pasión por él.

—Ahora eso significa algo —murmuró él separando su boca de la de ella.

La felicidad se convirtió en risa.

—Te amo, Darien Chiba. Simplemente no sabía si pensarías alguna vez que estaríamos bien juntos.

—Lo pensé el primer día que te vi —respondió con la felicidad brillando en sus ojos.

—Aún no me conocías —protestó.

—Lo supe de forma instintiva. Convencerte ha sido el problema.

—Sólo me deseabas.

—Mucho. Y una vez que te tuve, Serena Tsukino, pronto supe que no quería que te fueras jamás. Amo todo en ti. Absolutamente todo.

Eso era lo que secretamente había deseado escuchar y estaba sucediendo. De verdad.

—¿Tu padre espera que le pida tu mano para casarnos? —preguntó él alzando una ceja.

—Aún no me lo has preguntado a mí —le recordó.

—¿Tengo que ponerme de rodillas? —dijo entre risas.

—No, me gustas más a esta altura —dijo meciendo el cuerpo provocativa.

—¿Querrías… —la besó en la frente— ser… —la besó en la punta de la nariz— mi esposa? —la besó en los labios.

—Sí —dijo sin separar la boca de él.

Se quedaron más tiempo en el porche para no romper la magia del momento. Serena tuvo la sensación de haber terminado un largo viaje, aunque quedaba mucho por hablar: el desconcierto constante que había sentido ella dentro desde que habían empezado la relación, las artimañas de Darien para conseguir lo que quería, las razones por las que había decidido que era la mujer adecuada para él, su constatación de que la integridad de ella era sólida como una roca… Demasiados sentimientos para ser expresados, explicados, comprendidos.

Y un futuro que planear.

Darien quería llenar de niños la casa de Hunters Hill, jugar con ellos, sentarlos en comidas familiares, lo que se ajustaba perfectamente con los sueños de Serena. Juntos lo lograrían. Eran almas gemelas… para siempre.

Era el día más feliz de la vida de Serena.

Le pidió la mano a su padre delante de toda la familia.

Y la respuesta hizo el día aún mejor.

Domingo de Pascua.

Ninguna pesadilla… un sueño hecho realidad.

Fin


y termino TT_TT

aca en chile son nada mas y nada menos que la media noche del sabado, asi que puede que en otros paises sea mucho mas temprano xd

saben, sinceramente ya quiero un Darien que sea igual que todosssssssssss los Darien de los libros que adapta. romanticos, arrogantes y mmmm no se me ocurre otra cosa ajajja con tal que sea lindo y atento yo feliz.

gracias chicas por seguirme y me alegra muchisisimo que les gusten estos libros, no son muy conocidos y fue por eso que quise compartirlos con ustedes desde Sailor moon...aun que siempre se me pasaron uno que otro nombre real del libro (en realidad me paso con todos ajjajaja)

nos vemos o mejor nos leemos

fer n_n