WOW! ¿Qué es este extraño e-mail de Fanfiction...? ¡Un nuevo seguidor...! *llora de felicidad*

Muchas gracias isdur por seguir esta historia, pero como le digo a todos: seguramente mi falta de talento te decepcionará tarde o temprano :D

Mis disculpas a mi escasos pero fieles (y muy apreciados) lectores por la tremenda demora en actualizar, pero les cuento que sigo sin escribir ni una línea. Cero inspiración. Espero que se me pase pronto.

En cuanto a este cap solo diré que lo he revisado hasta el cansancio con la clara impresión de que le falta "algo"y había prometido que sería un cap fenomenal y no termina de conformarme. Pero al fin me dije: basta de vueltas y a publicar.

Nota aparte fue el título que se me acaba de ocurrir. Está inspirado en el título de una excelente película (Enemy at the gates su nombre original) que recomiendo mucho.

Un saludo! Y comentan si tienen ganas :D


Enemigo al acecho.

–Bueno… aquí están… tu pedido completo –dijo el hombre robusto de gruesa barba al tiempo que depositaba en el mostrador la caja que cargaba momentos antes –Aunque francamente no puedo entender para qué puedes necesitar granadas de gas… rellenas de desengrasante…

–Oh… ¡vamos, Peter! –comentó Erika –apuesto a que no es lo más extraño que un cazador te haya pedido….

–Te puedo asegurar que si lo es. ¿Es que planeas lavarles la boca con jabón a los demonios? ¿Esa es tu nueva táctica?

Erika rió con ganas. Peter era un genio en la modificación de armas, en especial de armas de guerra. Sus padres, al igual que incontable cazadores, les habían comprado desde siempre. Y para él proveerles de su material bélico era también su negocio familiar. Era un genio. Un artista, podría decirse. Una mezcla perfecta de experiencia, talento, imaginación y buena predisposición.

Ella extrajo un sobre muy abultado del interior de su morral y lo depositó en el mostrador junto a la caja de armas.

– ¡Vaya, niña! ¿Cuándo te sacaste la lotería? Nunca me habías pagado un pedido tan grande en efectivo y de una sola vez –comentó extrañado observando el contenido del sobre.

–Tengo nuevos contactos… –dijo ella misteriosamente, mostrando el poco ánimo que tenía para explicar esa situación. –Cuídate, Peter. Te necesitamos.

–Lo haré.

La verdad es que Erika podía abastecerse en cualquier lado. Los demonios de Crowley eran capaces de proveerla decentemente, pero gente como Peter era indispensable.

En eso pensaba cuando bajaba de su auto y entraba a su casa. Deseaba fervientemente tener una tarde y/o noche decentes. Sin que nada la interrumpiera. Sentarse a ver algún partido de fútbol o quizá una mala peli de terror clase B. O en su defecto viejos episodios de alguno de sus animés favoritos. Pero deseaba fervientemente desconectarse un rato.

Llevó la caja de armas al refugio del sótano. Se llevó algunas granadas consigo, las que depositó en varios sitios de la casa. Luego guardó la compra en el refri, excepto aquellas cosas que necesitaba para preparar la cena.

Estaba trasladando las verduras a la sartén cuando sus pies tropezaron con algo. Algo invisible, pero tangible.

–Oh… por favor…Nukky. Deberías cuidar de mí, no estorbarme. ¿Cómo te las ingenias para estar siempre en el medio…? ¿No se supone que vives en la sombra o algo así? Otra vez la maldita mitología me ha vuelto a engañar… ¡Mírame! Hablando con un perro del infierno…un sábado a la noche… ¡Soy toda una ganadora!

Un rato más tarde se sentaba en la cama. Con su comida sobre la mesita de noche, revisó su colección de DVDs y seleccionó uno. Encendió la tele y el reproductor, tomó el control remoto y se recostó a comer en la cama. Pensó que si su madre hubiese estado ahí para verla le habría regañado instantáneamente.

A los pocos minutos sintió que algo subía a su cama. Algo inmenso, que casi no cabía en la superficie de la misma.

–Nukky… ya te he dicho que no te subas a la cama… Crowley ha de tener alguna regla sobre eso… ¡Quítate…! –exclamó empujándolo –Él se enfadará…

La bestia pareció responder relamiendo el rostro de la chica.

–Oh… de acuerdo. Tú ganas… pero no te daré comida.

Y cómo si intentara molestarla adrede buscó su mano con el hocico… o lo que Erika pensó que era el hocico…

– ¿No ves cómo eres…? No tengo trozos de muertos… solo es pollo con vegetales… lo ves… –dijo tomando un espárrago –son espárragos… los cerberos no comen espárragos…

El perro le quitó la verdura de la mano y se la comió.

–Bueno… parece que sí… –dijo con incredulidad.

Contempló pensativa por un momento el espacio en la cama que imaginó que el animal ocupaba.

–Creo que soy tu única amiga… pero eso no es lo peor… creo que tú eres mi único amigo… –comentó con tristeza, buscándolo para acariciarlo –Ven aquí… no puedo verte chico… –continuó ofreciéndole un trozo de pollo que la bestia devoró en una fracción de segundo y abrazándolo por el cuello.


Colocó el plato en la cama para que el perro comiera las sobras, las que consistían en casi todo lo que había preparado. Había perdido el apetito. No sabía por qué. Ocupó su mente en las imágenes animadas, las cuales despertaban su fascinación aún cuando conocía de sobra desde los diálogos y hasta la música.

Un gruñido del cerbero la sacó de su concentración.

– ¿Qué pasa…? –le preguntó.

Apagó la tele y escuchó con detenimiento. No oía nada, pero tenía la impresión de que algo no andaba bien.

–Claro…¿Era mucho pedir una noche tranquila? –preguntó con sarcasmo –Quédate aquí –le ordenó a la bestia –te llamaré si te necesito.

Se levantó, tomó su pistola y se la guardó en la cintura. Avanzó firme pero sigilosamente. Revisó todas las habitaciones de la planta alta, hizo lo propio en la planta baja. Nada. Bajó al sótano. Solo silencio.

"Tal vez fue mi imaginación" pensó. "Pero si fue así… ¿por qué se alertó el perro?" se dijo a sí misma.

Se disponía a subir las escaleras cuando una figura emergió de la obscuridad, atacándola. Quedó atontada en el suelo, maldiciéndose por su falta de precaución. Estaba acorralada, en la semi penumbra, por un atacante desconocido y en la única habitación que sólo tenía una entrada.

Retrocedió arrastrándose. Sacó su arma y disparó. Cuatro disparos. Todos certeros. Ninguno de ellos pareció detener al agresor.

–Hierro consagrado… ¡qué bien se siente…! –exclamó el agresor.

–Leviatán… -murmuró ella.

– ¿Me pregunto si eres tan dura cómo dicen….?

Ella se puso de pie y le atacó con la espada del arcángel. Hundiéndola totalmente en su cráneo, desde la barbilla hacia arriba, atravesando toda su cabeza. El monstruo no se inmutó. Se quitó la espada y la arrojó a un lado violentamente.

– ¡Qué cosquillas…! –exclamó.

Inmediatamente abrió su espantosa boca totalmente llena de dientes exhibiendo su asquerosa lengua viperina al mismo tiempo.

Erika se paralizó una fracción de segundo. Rápidamente recordó que no estaba sola. Llevó sus dedos a la boca y silbó estruendosamente. El cerbero respondió instantáneamente, ubicándose entre ella y el monstruo, gruñendo ferozmente. El leviatán lo miró con sorpresa.

–Vaya… ¡Qué linda mascota! No está mal un aperitivo antes de la cena. ! –comentó sarcásticamente cuando el animal lo atacaba arrojándolo al suelo

Erika se hizo del borax y corrió escaleras arriba, echando un último vistazo a la dantesca escena en la cual el monstruo comenzaba a devorar al cerbero. Su sangre se desparramó violentamente por todo el sótano acompañada por un horrible y mortal chillido.

Otro agresor la esperaba en la entrada a la cocina. Le lanzó la granada sin pensárselo y continuó corriendo. No tenía interés de quedarse viendo si había sido o no efectiva.

Intentó salir de la casa, pero alguien la tomó del cuello de la camiseta, arrojándola al suelo.

"¿Es que acaso Dick ha enviado a todo su ejército a por mí…?" se preguntó.

Corrió por uno de sus móviles y marcó el número de Crowley en el discado veloz. Pero el teléfono le fue arrebatado, no obstante ella comprobó que el display continuaba encendido e indicaba que la llamada había sido atendida, de modo que gritó con todas sus fuerzas:

– ¡AYÚDAME! ¡AYÚDAME!

Sus gritos fueron callados de un golpe de puño en su boca, que comenzó a sangrar copiosamente. El dolor fue tan intenso que tubo sus dudas acerca de si todas sus piezas dentales estaban en su sitio.

El leviatán tenía ya a Erika prácticamente entre sus manos, cuando esos tres se aparecieron de la nada, con botellas en la mano, uno de ellos bañó al agresor mientras los otros ayudaban a Erika a incorporarse.

–Vinimos a ayudarte –declaró uno de ellos mientras dejaba ver sus ojos totalmente negros –vámonos.

–Las granadas… –balbuceó con dificultad mientras la sangre chorreaba de su boca –en la alacena inferior….

Uno de ellos las halló y lanzó una al suelo. La piel del leviatán comenzó a desintegrarse mientras este gritaba de dolor.

Avanzó ayudada por los dos demonios, pero al volver la cabeza observó que el tercero era presa de un nuevo agresor aparecido luego de que la nube se disipase, y que ya abría sus fauces para devorarlo.

–No… -intentó gritar, aunque solo un débil sonido salió de su garganta ahogada de sangre –tenemos que ayudarlo… no podemos dejarlo ahí…–dijo desesperadamente.

–Ya es tarde… no puedes hacer nada. –afirmó uno de sus escoltas, arrastrándola hacia afuera.


La dejaron en una habitación en un edificio arrumbado. Le dieron hielo, agua, analgésicos vendas y alcohol.

–Estaremos afuera si nos necesitas… -dijo uno de ellos con frialdad.

Pasaron horas. La puerta se abrió y Crowley cruzó por ella. Erika lo miró con desesperación y temor. Es que él le había dicho que no debía estar sola, que se mudara a otro sitio y que necesitaba custodia. Pero ella se había negado. Le había dicho que no era una niña tonta, que sabía defenderse y que nada le pasaría. Él la miró con un dejo de reproche, hasta que ella se quebró.

–Lo siento… -murmuró –tenías razón…se comieron a mi perroooo….–comenzó a llorar –fue horrible… y a ese demonio también….

–No quiero ni imaginarlo…. –comentó con un dejo de sarcasmo –¡Por el amor de Dios...! ¡¿Tienes que llorar por todo?! – se quejó airadamente, ella parecía extremadamente sensible desde que "el ángel" se había "marchado".

Ella se lanzó en sus brazos. Él demostró su fastidio y desaprobación, no obstante le acarició la cabeza y la espalda, consolándola.

–No es tan grave… te daré otro perro…. –dijo con liviandad.

Ella suspiró, tratando de calmarse.

–Te quiero a salvo a partir de hoy. Tendrás que dejar tu casa. Al menos por ahora… ah ah ah. –la regañó anticipándose a sus protestas. –Si quieres elige tú donde vivir… si es que no quieres hacerlo conmigo, pero tienes que estar en un sitio seguro. ¿Está claro?

Ella asintió, aún acongojada.

–Lamento lo del perro...

–Está bien… te daré otro…

–Pero me simpatizaba Nukky…

– ¿Nukky...? –le interrumpió incrédulo

–Si… –respondió ella secándose las lágrimas –dijiste que se llamaba Nuke…

–Seee… su nombre era Nuke… ¡no puedes apodarlo Nukky! No es ético…

–Pero era mi amigo…

– ¡¿Amigo!? –él no salía de su asombro.

–Le gustaba robarse las frutillas de mis pasteles de chocolate…

– ¿Le has dado frutas a mi perro? –preguntó al borde de la indignación.

–Si….se comió mis espárragos hace unas horas...

– ¡Oh! ¡Eres increíble! ¿Cómo puedes contaminarlo todo con tu…moralidad?

- Él me los pidió…

– ¡Los cerberos comen personas! ¡No espárragos!

Se tomó la cabeza, con expresión de agobio.

–Bien… bien… ya –finalizó –lo dejaré pasar. Pero procura no convertir a mis demonios en beatos. ¿Es mucho pedir? -preguntó con mezcla de fastidio y cansancio en su voz.

Ella negó con la cabeza, sonriendo divertida.

– ¿Tienes un buen seguro dental? Creo que no me queda ninguna muela entera…

Crowley chasqueó los dedos y el dolor desapareció completamente ante el asombro de la chica.

– ¡Claro que tengo plan dental…! –exclamó él –Lo agregué a nuestro trato luego de tu secuestro. Lo que menos necesito es que pases meses en una cama de hospital cada vez que alguien quiere demostrar el poco aprecio que me tiene.

–Eres un hijo de puta… ¡No puedes hacer lo que se te da la gana!

– ¡Claro que si! Rey del infierno, cariño. –fue su orgullosa respuesta que le dio mientras cerraba la puerta tras de si abandonando el cuarto con un firme portazo.