Buenoooo! Finalmente llegó el 20 de marzo! Y tengo que decir que GoodBye stranger me dejó completamente... NO! No hay palabras para describir mi estado emocional en este momento. Sin mencionar que volvieron a usar varias ideas que yo ya había pensado. La vez anterior fue lo de olvidar en nombre de Crowley, que yo lo usé en mi primera historia, "El otro lado del camino", en el primer capítulo y luego en uno que se llama "Cara a cara" entre los últimos párrafos lo van a encontrar... También acerca de que Crowley no es gay... también escribí sobre eso... aunque aclaro que mi impresión general es que el rey del infierno le entra a cualquier cosa... sin distinción de géneros. Y...Yo sé que no me van a creer! Pero en el fic que estoy escribiendo justo ahora, en uno de los capítulos, Crowley manda a Erika a tierra santa a buscar algo que no menciona y a lo que ni él ni sus demonios pueden tener acceso. Cuando ella llega se encuentra con que es la tabla de los demonios y no sólo con que está protegida contra demonios... También lo está contra los ángeles! Igual que en la cripta de Lucifer! Ojalá pudiera publicarlo, pero lo cierto es que aún estoy trabajándolo... Lo malo fue enterarnos que probablemente toda la cosa acerca del sastre escocés fuera puro verso... lo que me obligaría a editar o directamente eliminar uno de mis capítulos. Pero también he pensado en publicar mi material "no aprobado" jeje! Ya veremos.

Además de que con todo este tema del affaire de Naomi con Crowley (cosa que no va a hacer feliz a Erika, desde ya lo digo) me llené de head cannons los que estoy publicando muy atropelladamente en mi Tumblr...

Por ahora mejor vamos continuando con la temporada 7 y ya veremos cómo va todo... Espero que les guste este cap. Está lleno de Castiel feels... como para ponernos a tono con lo de 8x17...

Abrazo!


Hasta nunca, ángel mío.

A lo largo y a lo ancho de la tierra Castiel continuaba haciendo desastres. Y mientras eso ocurría los que alguna vez habían sido sus amigos y aliados, tuvieron la obligación de convertirse en sus enemigos.

Pero Erika, no. No podía. Sentía una obligación mayor que la de sus congéneres. Era la obligación de ayudar a Castiel a salvarse de sí mismo. La obligación moral que recaía sobre ella por haber permitido que todo se saliera de control. En verdad había pensado íntimamente, al igual que Cas, que abrir el purgatorio era la mejor estrategia contra Raphael. Ahora todos pagaban el precio de su error. Del error de ambos. Ella, la humanidad. Balthazar. Una incontable cantidad de víctimas en el cielo, seguidores de Raphael, a quienes según Bobby y Dean, Castiel dijo necesitar aleccionar. El propio Sam, cuyos delirios parecían cada vez más intensos y abrumadores. Los llamados por Castiel falsos profetas, aunque algunos de ellos auténticos canallas, eran víctimas igualmente.

Sentada en el suelo de la enorme biblioteca a la que Crowley la llevara para encontrar el plan B, ahora estaba intentando hallar el plan C, o tal vez el plan Z… no lo sabía.

Una presencia detuvo su lectura. Sin reparar siquiera en el blanco, apuntó su escopeta de memoria hacia la trampa de demonios que tenía instalada en la única entrada y disparó a mansalva. Una oleada de insultos le obligó a levantar la cabeza.

– ¿¡QUÉ CARAJO HACES!? –demandaba la voz de Crowley lamentando las múltiples heridas que el cartucho de sal le había infligido en casi todo su cuerpo, pero básicamente en el centro del pecho. – ¿¡QUE NO MIRAS ANTES DE APRETAR EL GATILLO?!

Erika lo contempló estupefacta y boquiabierta, con los ojos inmensos ante su inesperada aparición.

–Lo siento mucho –dijo con seriedad poniéndose de pie, yendo a asistirle. –es que hay un grupo de demonios que me han estado persiguiendo…. No esperaba que vinieses.

– ¿Un grupo de demonios? ¿Persiguiéndote? No puedo ausentarme ni un día y esos seres inservibles ya empiezan a creer que pueden hacer lo que se les antoja… -se quejó.

–Creo que responden a Meg… -declaró ella encogiéndose de hombros –como si no tuviese yo bastantes problemas….

–Meg…. Espera que le ponga las manos encima a esa puta…. Tranquila… que te guardaré una partecita para ti…. ¿Qué hacías aquí?

–Buscando una manera de devolverlo todo a la normalidad….

–Encuéntralo pronto….

–Así que al fin saliste de la madriguera…

–Tenías razón…. Si ya sé… yo también estoy sorprendido ante mi propia declaración, pero acertaste… en eso de que Castiel me encontraría….–dijo con resignación.

– ¿Y qué te ha dicho?

–Me ha perdonado la vida –dijo con sarcasmo –porque tiene planes para mí….

Ella lo miró esperando más detalles.

–Dice que seguiré en mi puesto…. –aún era notorio el sarcasmo –pero que él decide quien va al infierno…. Y quién se salva… ¡al carajo mi negocio…! le quita el noventa por ciento de la diversión a mi existencia…. –dijo tomando un vaso y la botella de whisky.

Si. Hasta Crowley se había visto afectado por sus errores…. Qué ironía….

–Te lo mereces. –sentenció ella. –Por altanero. Y mandón. ¿A dónde se fue…?-preguntó ante la súbita desaparición del demonio.


Horas más tarde, Crowley reaparecía.

– ¿Qué pasa contigo?

–Tuve una llamada de emergencia. Los Winchester… ¿te suenan de algo?

– ¿Qué querían?

–Que les consiga el hechizo con el que papi encadenó a la Muerte…. Quieren forzarle a matar a Castiel.

–No irás a hacerlo…. ¿verdad? –dijo con temor.

– ¿Y qué propones, listilla? Tu amiguito está fuera de control. O le detienes pronto o les daré a tus colegas lo que buscan.

Los días pasaban y la desesperación de Erika aumentaba. No quería perder a Cas…. Pero Crowley le había dado un ultimátum. Y no le dio mucho tiempo… aquél día en que el rey del infierno apareció con esa hoja amarillenta de papel, ella sintió que su mundo se derrumbaba.

–Tu tiempo se acabó. -dijo escribiendo algo en una pequeña nota adhesiva -Llévalo a los Winchester…. –le ordenó con frialdad.

Ella lo tomó dubitativa y con mano temblorosa. Miró a Crowley con ojos llorosos.

–Ah ah ah. Hazlo… -reprochó él.

– ¿Por qué yo? –fue el único cuestionamiento que le hizo.

– Porque eres la única en quien puedo confiar…. Esos demonios inútiles… no son de fiar…


No soportó la idea de llamar a la puerta. Si lo hubiese intentado siquiera no habría resistido la tentación de quemar esa odiosa y maligna cosa. Pasó el sobre por debajo de la puerta y salió corriendo como el viento. Cuando finalmente encontró un refugio para ocultarse, sentía que los pulmones le iban a explotar. Su carrera había sido más rápida de lo que su cuerpo estaba acostumbrado.


– ¡Qué gusto volver a verte, linda dama!

–Muerte…. ¿Qué haces aquí? –preguntó sorprendida.

–Tenemos que hablar… sobre un ángel amigo tuyo….al que ayudaste a convertirse en algo tan peligroso que hace que la guerra del Golfo parezca un juego de niños de Kinder.

–No comprendo.

–Que Castiel no es solamente un peligro para los chicos malos…. Es un peligro para el planeta completo. No podrá contener mucho más todo lo que tiene metido adentro…. Podría estallar. Creí que ya te lo habían explicado. Confiaba en que hicieras un esfuerzo mayor en la resolución de este serio problema.

–Es que no sé que hacer… -dijo ahogándose en su propia angustia.

–Ya se los advertí a tus amigos, pero sé que no lo lograrán. Por eso recurro a ti. Porque sé que eres mas lista que ellos… tienes que convencer a Castiel de que devuelva esas almas a donde pertenecen… porque ¿sabes? El purgatorio no solo es el sitio a donde van los hijos de Eva cuando mueren. No. Dios lo creó con un propósito principal. Meter ahí cosas que no podían andar dando vueltas por la tierra, ni por el cielo… cosas que hasta en el infierno hubieran sido peligrosas, y que son casi tan antiguas como la creación misma…. Aunque no lo creas, hasta Dios comete errores y esos errores ahora están dentro de Castiel.

Ella escuchaba sin interrumpir lo que imaginó eran palabras infinitamente sabias, de un ser tal vez más poderoso que Dios mismo. Respetaba al jinete, aunque la mayoría de las veces no entendía de qué le estaba hablando. Pero guardaba silencio y escuchaba. Atentamente. Porque sabía que debía aprender lo más que fuese capaz de ese ser tan antiguo como el Universo mismo, o más quizás. Y la Muerte la respetaba por eso. Y por eso mismo recurría a ella ahora.

–Castiel tiene que devolver las almas al purgatorio, cuanto antes.

– ¿Pero cómo?

–Habrá otro eclipse. Asegúrate de convencerlo antes.

–Haré mi mayor esfuerzo. ¿De cuánto tiempo dispongo?

–48 horas….sé que no quieres perder a Castiel. Pero no puedes hacer nada para evitarlo. Él morirá de todas formas.

Ella intentó contener las lágrimas, pero no lo consiguió.

–Entiendo…. –murmuró cruzándose nerviosamente de brazos. –yo haré hasta lo imposible…

–Lo se… eres lista. …recuerda… 48 horas…


Crowley se sentó pesadamente detrás de su lujoso escritorio al tiempo que se aflojaba la corbata. Era signo de que las cosas marchaban muy pero muy mal.

– ¿Has visto a Castiel? –le interrogó la chica.

–No…. ¿por qué no le llamas?

–Ya lo hice. No ha venido…. No se si sea bueno o malo…

Crowley resopló ruidosamente. Erika saltó de su silla.

– ¡Pero claro! ¡Cómo no lo pensé antes! Tú eres la mejor pista para llegar a él….

– ¿Qué? No me usarás de cebo…. –advirtió.

–No hará falta… Crowley… fuiste el rey de las encrucijadas….

– ¡Qué! ¿Vas a redactar mi biografía? ¿O mi epitafio?

–Ninguna… tonto… eres un idiota. Y te juro que si no me hiciera falta tu retorcida mente me levantaría y me iría… lo que trato de decir es que Castiel anda por ahí eliminando a los males de la humanidad…. Y dime algo: ¿quién conoce mejor que nadie a esa clase de gente, sino el ex rey de las encrucijadas? La mayoría han sido tus clientes… o tus clientes potenciales…. Tú mejor que nadie sabes donde está el mal… los que hacen daño a los demás… los que solo se preocupan por su propio bienestar…

–Si… si… ya entendí. Deja tu infecciosa moralidad de lado.

–Bien… Crowley. Responde esto: ¿qué sitio sería el mejor para realizar uno de tus acuerdos… en este preciso momento? ¿En dónde encontrarías al gran cliente?

–Déjame ver las noticias en tu portátil.

Miró los titulares durante varios minutos. Luego dijo:

–Bien… tengo varios candidatos. Toma nota.


Pidió ayuda a Chris y Garth, no obstante les ordenó que no intervinieran. "Si lo ven, solo llámenme. ¿Ok?" les había dicho. Necesitaba cubrir terreno, pero no necesitaba a sus amigos en peligro.

Vigilaron todas las direcciones que Crowley le dio. Por mero azar Erika fue a vigilar el local de campaña de esa inmunda de Michelle Walker. Por desgracia también, o quizá por pura buena suerte, el mismo azar quiso que llegase tarde para evitar la masacre.

Se bajó del coche rápidamente, impulsada por una fuerte sensación de impotencia. Cuando llegó, Castiel estaba caído en el piso y se incorporaba con dificultad. Dio un par de pasos, tambaleante, en medio de la sangre derramada de todas las personas que allí se encontraban. Parecía desorientado.

Erika entró al local. Observó la dantesca escena con ojos incrédulos. Luego de paralizarse unos breves segundos finalmente consiguió articular:

–Castiel… -dijo con mezcla de dulzura y tristeza -¿qué has hecho…. amigo?

Él se dio la vuelta. Erika se impresionó ante las extrañas laceraciones que su rostro presentaba. Intentó avanzar hacia ella, pero solo consiguió dar un par de pasos vacilantes antes de desplomarse nuevamente. Ella se arrodilló a su lado y lo abrazó, aún franqueando la aversión que le provocaba la horrible sensación que el cuerpo del ángel le transmitía al tocarlo. Castiel temblaba como una hoja.

–Cas…. ¿qué hiciste? ¿Qué has estado haciendo…? –el llanto la quebró finalmente.

–No soy un Dios egoísta…. No soy un Dios vengativo… -repetía Castiel mientras ella le acariciaba la cabeza.

–No…. no lo eres… yo sé que no…. eres mi amigo, eres el ángel que sintió compasión por una pecadora como yo y la salvó de la muerte…. Yo creo en ti… sé que el Cas que conozco está aquí…. –apoyó su mano, manchada con la sangre de las víctimas con fuerza sobre el corazón de Castiel –esta aquí… siempre ha estado aquí… solo tienes que escucharlo…puedo sentirlo…

–Perdóname…. –le suplicó.

–No Cas… no tengo nada que perdonarte. Todo lo que hiciste lo has hecho por todos nosotros…. –besó la cabeza de Castiel y continuó hablándole sin despegar los labios de su frente –Tal vez te equivocaste, pero todos nos equivocamos alguna vez… tú nos salvaste a todos, y el que no sea capaz de verlo…. –ahora lo miraba directo a los ojos –No merece que lo ames… y aún así los amas… porque eso es lo que hace el Cas que yo conozco….

–Tú siempre estás conmigo….

–Claro que si… te quiero…ven… salgamos de aquí…


– ¿Cómo lo traes aquí? –reprochó Chris.

– ¿Y a dónde quieres que lo lleve…?

Castiel yacía sobre la cama de Erika. Apenas podía moverse. Asustaba verlo así.

– ¿Qué si se vuelve a enfadar? ¿Si le da uno de sus delirios místicos aquí y decide…?

–Cállate. –le interrumpió ella. –Si tanto le temes ¡lárgate! –advirtió.

Chris se fue de la habitación algo ofuscado.

–Estaré abajo, por si me necesitas –dijo antes de marcharse.

Se recostó junto a Castiel, abrazándolo. Trataba de consolarlo y de consolarse. No soportaba la idea de perderle. ¿Cómo podía ser posible? ¿Por qué Dios dejaba que todo esto le pase a Cas? No era justo.

– ¿Chris me teme? –preguntó el ángel.

–No… bueno. No lo sé realmente…–respondió ella.

–Pero tú… no me temes. Nunca me has temido…

–No… -afirmó esbozando una sonrisa –pero me enojé mucho contigo, eso si…

–Lo lamento…. –volvió a suplicar.

–No lo lamentes….Cas, ¿tú me quieres?

–Si….

– ¿Harías algo por mí…?

– ¿Qué cosa?

–Cas… tienes que devolver toda esa basura al purgatorio. Tienes que hacerlo por mí…. Por todos los que te queremos…. ¿lo harás?

–Si….lo haré.

"Tengo miedo…no quiero que te vayas… no quiero perderte." Pensó ella.

–No temas…. –la confortó el ángel –No temas por mí….


La tenue luz del amanecer apenas rozaba el horizonte. Castiel la contempló pensando en todas los amaneceres que había visto. Y en todos los ocasos también. Pensó que ese sería su último amanecer. Y se preguntó si acaso no merecía que fuese así. Se preguntó si merecía volver a ver un ocaso. Miró a la chica tendida a su lado. El sueño la había vencido, no obstante aún aferraba su mano con fuerza como una pequeña niña que se niega a despedirse de su padre antes de ir a la escuela. Pensó que era la única que siempre había estado a su lado, incondicionalmente. Y agradeció haberla conocido. Recordaba la pequeña risita que siempre le dedicaba desde su cuna cuando él pasaba a ver si estaba bien. La recordó, pequeña, cuando aún era capaz de verle, jugando en el patio de esa casa, contemplando juntos las flores del jardín. Sin intercambiar ni una palabra, no obstante entendiéndose perfectamente el uno al otro. Recordaba su malestar cuando su maestra le decía a su madre que estaba preocupada por su amigo imaginario. Luego dejó de verlo, pero aún se comunicaba en sus sueños. La recordaba adolescente, ya ignorando totalmente su presencia. Solitaria. Sintiéndose ajena al resto de la humanidad. Distinta. En todas las veces que hubiera querido decirle lo especial que era. Y que lamentaba todo lo que iban a sucederle. Y ahora estaba feliz, porque ella había superado todo ese horror. Aunque la sombra del mal aún se cernía sobre su destino. Ella luchaba cada segundo, con cada inspiración y espiración por entenderlo y evitarlo.

De pronto la voz de Sam se instaló en su mente. Le estaba llamando. Le rezaba. Le suplicaba que se detuviera. Que tenía fe en él. Que podían arreglarlo. Intentó incorporarse. Sus movimientos sobresaltaron a Erika.

– ¿Qué pasa? ¿Necesitas algo?

–Tengo que irme… -balbuceó –Sam… me está llamando. Tengo que ir…

–No estás en condiciones. Te llevaré.

–NO. Tengo que ir yo solo.

"No…. No te vayas…." –rogó en su mente. No obstante juntó todas las fuerzas que le quedaban y dijo:

–De acuerdo.

Se acercó al ángel. Lo abrazó. Un abrazo largo. Cargado de tristeza, pero también de agradecimiento. Erika quiso hablar, pero ese maldito nudo en la garganta se lo impidió. Las lágrimas invadieron sus ojos y se depositaron sobre la camisa otrora blanca y ahora teñida de sangre, humedeciéndola.

–Gracias por haber sido parte de mi vida…. No cambiaría un solo segundo de todo lo que viví a tu lado…. Cas. Te quiero. Y te juro, que si pudiera dar mi vida por la tuya, lo haría…con mucho gusto.

–No tienes que hacerlo. Soy el único responsable… y debo enfrentarlo.

Ella rodeó su cuello, y besó su mejilla y sus labios con ternura. Acarició su rostro mirando sus hermosos ojos. Su razón le murmuró que muy probablemente sería la última vez que los contemplase. Ella le gritó que se callara. Esa estúpida voz en su interior había vuelto a arruinarlo todo….

–Adiós… amigo.

Se separó de él lentamente. Hasta que el único contacto entre ellos fueron las puntas de sus dedos. Fue en ese instante en el que Castiel se desvaneció. Y fue en ese mismo momento en el que ella sintió que la parte de su corazón que la muerte de Gabriel había dejado sana, finalmente se terminaba de hacer añicos, esparciéndose en su interior como lacerantes fragmentos que insistían en recordarle que finalmente lo había perdido todo. Todo lo que amaba se había ido para siempre.